lunes, 9 de marzo de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Marcy después de conversar con su madre respecto a la tía Malva, le dijo con entusiasmo: -voy a salir al medio día para ir al pueblo ¿vas a necesitar el jeep?- completó.
-No hija, no tengo pensado salir hoy, debo revisar unas cuentas y hablar con tu tío-.
-Entonces- dijo Marcy -debo alistarme para salir dentro de una hora, quiero visitar Anabella, no la veo desde hace varios días-.
Marcy tenía su grupo de amigas, con las que había crecido y fueron juntas al colegio, eran muy unidas. Anabella, Beatriz Ada y Marcy eran inseparables y confidentes. Habían pasado algunos años desde que salieron del colegio de las hermanas Dominicas, cada una de ellas eligió su camino. Anabella  vivía en el pueblo de San Andrés, Beatriz estaba casada y vivía en la capital, Ada se había mudado a La Merced por motivos de trabajo, su padre era un funcionario del Banco Agrario pero visitaba regularmente San Andrés para encontrarse con sus amigas. Marcy vivía con su padre en la capital y seguía  estudio superiores, visitaba a su madre en la temporada de vacaciones. Las cuatro amigas lamentaron en su momento tener que separarse, pero era la vida la que no les dio opción a elegir. Anabella, Ada y Marcy se alegraron cuando Beatriz se casó con Pancho, un joven del mismo pueblo, la celebración del matrimonio fue un evento social en San Andrés porque el padre de la novia era el alcalde en ese momento. La familia del novio tenía un fundo productor de naranjas, eran muy reconocidos por ser grandes exportadores de dicho cultivo.  Beatriz y su esposo vivían en Lima, se dedicaban administrar y controlar la exportación del cultivo familiar, ellos solían visitar San Andrés en las vacaciones. 
Marcy se despidió de su madre prometiendo llegar temprano de regreso a casa, subió al jeep y partió con dirección al pueblo, llegó a la casa de su amiga y llamó a la puerta, Anabella fue la que abrió y con gran sorpresa dijo:-mi querida Marcy, es un milagro que vengas a visitarme, cuanto tiempo ha pasado que no nos vemos.
-¡Anabella!- comentó Marcy con alegría -es una exageración de tu parte, pero bien sabes que no vivo en el fundo todo el año, ahora estoy de vacaciones-.
-Si, si lo sé pero debes creerme, te extraño a ti y a las otras amigas del grupo, recuerdas cuando siempre nos reuníamos y conversábamos hasta cansarnos, éramos inseparables, me gustaban mucho esos días- Anabella aseguró con voz de tristeza.
-Recordemos los buenos tiempo con alegría y ahora cuéntame que has hecho en todo este tiempo que no nos vimos-señaló Marcy.
-Hacer algo notable, de eso nada pero si te digo que este trimestre voy a dedicarme a ordenar las cosas de la casa y documentos de la herencia que me dejó mi abuela, ella quería que me quede con su negocio, pero aún lo estoy pensando, no sé cual será mi decisión, mi futuro depende de ello.  Lo que si debo decir antes que me olvide, vino Ada a visitarme ayer, me contó que se iba a quedar unas semanas en casa de su tía Bernarda, me pregunto por ti y como no sabía que estabas en casa de tu madre le dije que no tenía noticias tuyas. Marcy lo que si noté, es que nuestra amiga tenía una cara de preocupación, se ponía nerviosa cuando me hablaba y por momentos soltó unas lágrimas. Yo le pregunté que sucedía y ella me dijo que no debía preocuparme, que no era nada grave, no insistí con preguntas, no sé que puede estar pasando con Ada, la verdad que me alarme- confesó Ada a su amiga.
Marcy y Anabella se preocuparon por Ada, pero por el momento no podían hacer nada para ayudarla, si no sabían que le pasaba, en medio de la conversación Anabella aseguró: -si vuelve a venir Ada le voy a decir que estás en el fundo para que vaya a visitarte, Marcy estuvo de acuerdo. La visita a su amiga, se había demorado más de lo necesario, ella no quería que su madre se preocupe, si llegaba de noche. Las dos amigas se despidieron con la promesa de volverse a encontrar. 
Antes de regresar a su casa paso por el correo, debía recoger algunas cartas y telegramas enviados a su madre y ella, esperaba tener noticias de su padre. A Sonia no le gustaba que su hija regrese a casa cuando estaba oscureciendo, después de la terrible experiencia que tuvo en el camino el año pasado. Marcy podía recordar con claridad el hecho, ella venía por la carretera en el jeep y se encontró con una gran piedra en el camino, no podía avanzar pues la piedra se lo impedía, sobreparó y en segundos dos hombres se abalanzaron sobre el carro, con armas en las manos, querían quitarle el jeep y sabe Dios que más, ella daba de gritos y si no fuera porque atrás venía el carro de un vecino cercano al fundo, Marcy no lo hubiera contado. El vecino se detuvo, sacó su arma y comenzó a disparar contra los hombres que al acto se hicieron humo entre el bosque que rodeaba la carretera al sentir los disparos. Marcy lloraba frente al timón, estaba paralizada por el miedo, pensó que la iban a matar, fue una experiencia que la dejo nerviosa por varias semanas. Gracias a la presencia del vecino no sucedió nada, él la ayudó, nunca antes había pasado algo así, San Andrés siempre fue un pueblo tranquilo y amable. La policía  estuvo buscando por varias semanas a los malhechores pero desaparecieron, estos hombres tenían que ser forasteros.
Su madre ya la esperaba en el portal de la casa cuando Marcy llegaba en el jeep, de inmediato comentó con énfasis: -madre ya llegué, estoy bien-.
-Hija me has tenido preocupada, ya casi es de noche, sabes bien que no me gusta que estés fuera tan tarde-. respondió su madre.
Marcy aseguró a su madre: -no te preocupes estoy bien, sin darme cuenta se pasó la hora conversando con Anabella pero ya estoy aquí, prometo que otra vez no voy a demorar-.
-¿Quieres cenar?- preguntó Sonia.
-No madre, en casa de Anabella he comido un refrigerio abundante, mi estómago no da más, ¿te molesta si me voy a mi habitación? estoy algo cansada-.
La madre movió la cabeza en señal de aceptación, Marcy se fue a descansar, se preparó para dormir, se puso la pijama y del velador tomó el diario de su abuela, lo abrió en la página que se había quedado y antes de empezar a leer miró la foto de sus abuelos el día de su boda, sonrió y se acomodó en la cama sobre las almohadas y comenzó su lectura. 
La abuela Margarita escribía: -Harold estaba desconcertado, por fin había entrado a la casa y había conseguido permiso para visitarme, no sabía que decir, solo me miraba nervioso. Yo le hablé del clima y el calor que hacía, luego le pedí que tome asiento en el sillón cerca a mi, él solo atinó a contestar -si, eso es cierto, en estos días a subido la temperatura, vamos a tener un verano caluroso-. Poco a poco nos fuimos acostumbrando a nuestra mutua presencia y conversamos con más soltura. Le pedí disculpas por la actitud de mi padre y las flores que trajo el otro día. Él es un buen hombre pero un poco desconfiado, ya lo vas a ir conociendo y me darás la razón. Ese primer día de visita, terminó muy bien, le pedí a Dorila que traiga un refrigerio para los dos. Harold y yo seguimos conversando sobre el pueblo y su gente, sus costumbres, cuando Dorila se puso de pie y dijo -señorita son las seis de la tarde, su padre ha ordenado que la visita se acabe a esa hora-. Nos pusimos de pie yo le dije a Harold que lo acompañaba a la puerta, Dorila venía dos pasos atrás de nosotros, nos despedimos con una venia, él no me podía tocar y yo tampoco debía acercarme demasiado. En la puerta me dijo -mañana nos vemos, voy a estar puntual-. Sonreí, estaba feliz esa noche no pude dormir, Harold era amable y un caballero, me agradó su conversación sobre él y yo le conté sobre mí y mi familia.
Al día siguiente como prometió estuvo puntual, al abrir la puerta tenía en las manos un ramo de flores, entonces me dijo muy serio -he traído estas flores para la flor más hermosa, son Margaritas como tú- estaba nervioso, creía que mi padre saldría de algún lado para tirarle las flores en la cara como la vez anterior. Yo agradecí su delicadeza, las flores eran hermosas, al dármelas nuestras manos rosaron, el rubor subió a mis mejillas, no sabía que decir, él se disculpó -fue sin querer- dijo. Mi corazon latía muy rápido y le dije turbada que tome asiento, luego mandé a Dorila a que ponga las flores en agua. Los dos nos quedamos solos en silencio en la sala por unos segundos, Dorila entró al instante, ambos sonreímos y comenzamos a conversar, sobre nuestros gustos y preferencias. Harold me confesó que le gustaba el clima caluroso, del lugar, de donde él venía el frío era intenso, la lluvia y nieve también. Yo le decía que me hubiera gustado conocer esos inviernos y el contestaba que no sabía lo que decía -Margarita el frío en el invierno es fuerte y si no tienes con que calentarte es aún peor-.
Marcy por un segundo detuvo su lectura, sonrió al imaginar a sus abuelos muy formales y muy jovenes sentados en la sala pero era la costumbre de esos días y nadie lo ponía en discusión.
21 de mayo escribía Margarita: -Harold se ha convertido en mi confidente y yo en su confidente, en algún momento me contó sus experiencias en la guerra y como casi lo daban por muerto. Unos enfermeros se acercaron a mi cuerpo que estaba tendido en el suelo, uno de ellos dijo -éste está muerto pongámoslo con lo demás- al levantarme di un grito de dolor pero no podía hablar -¡está vivo! ¡está vivo!- gritaron los enfermeros -llevémoslo a la enfermería-. Perdí el conocimiento, no sé cuanto tiempo estuve así, cuando desperté un doctor me dijo: -has tenido suerte o el cielo se apiadó de ti, yo pienso que aun eres joven y eso te ayudado, da gracias a Dios por concederte un milagro-. Siempre he pensado que si no hubiera gritado de dolor, tal vez hubiera sido enterrado vivo. Por esa experiencia de guerra sufrí muchos meses pesadillas, me veía corriendo en el campo de batalla bajo fuego, caía y me levantaba y luego volvía a caer era un eterno dolor, de pronto me despertaba dando de gritos-.
Yo escucho sus relatos y muero de dolor, Harold siendo tan joven ha vivido una terrible experiencia, escribía Margarita al final de la pagina en su diario. 


CONTINUARÁ                              
       

                      

 

lunes, 2 de marzo de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Marcy estaba contenta, mientras leía el diario parecía que la situación entre su abuelo Harold y el bisabuelo Lorenzo si iba ha arreglar. No podía cerrar el diario, por lo menos deseaba saber que iba a pasar con ellos en las siguientes páginas. 
Mi madre- escribía Margarita -entró sonriente al estudio, ella deseaba que se rompa el hielo entre el padre y el joven pretendiente, que ambos puedan conversar con serenidad-  está de más decir que mi madre conoce bien a su esposo y sabe que a veces puede ser muy terco y áspero en su trato. 
Celia muy solícita sirvió la limonada a cada uno, mientras en la sala había silencio total. Mi madre se detuvo un momento y luego se sentó en uno de los muebles cerca a la ventana, desde ahí podía escuchar la conversación, Dorila se retiró con la bandeja y cerró la puerta.
Mi padre no podía decirle a mi madre que se retire del estudio, después de todo ella era la madre y quería escuchar y conocer a Harold.
Minutos después mi padre preguntó: -bien joven ¿Cuál es el interés real en mi hija? veo demasiada insistencia de su parte-
Harold contestó: -Señor, como le dije al comienzo de nuestra conversación, tengo interés en visitar a su hija y deseo su permiso, ella es una joven que ha cautivado mi corazón-.
Lorenzo Villacorta observó al joven que tenía al frente, luego miró a su esposa, ella se mantenía en silencio, no quería intervenir, era mejor de esa forma.  
Mi padre contestó con gesto de desagrado, escribió Margarita en su diario: -si concedo el permiso de visitar a mi hija, solo van a ser dos horas desde la cuatro hasta la seis de la tarde, ni un minuto más, en todo momento estará con ustedes Dorila, la dama de compañía y solo podrán conversar en la sala. Aún no tomo la decisión, venga usted mañana y le daré mi respuesta- Lorenzo Villacorta fue breve al hablar, se puso de pie y dio por terminada la conversación. Harold hizo lo propio y también se puso de pie, asintió con la cabeza, en las manos tenía un sombrero para protegerse del sol, algo nervioso se despidio de mi padre y de mi madre que lo miraba sonriente.
Más tarde en mi habitación, mi madre me contó que mi padre ya no tenía tanto fastidio por Harold pero conservaba la desconfianza con respecto a él: -Lorenzo- comentó mi madre en el estudio -nuestra hija es una joven muy serena, va a tomar las cosas con calma, por favor confía en ella-.
-Celia yo confió en nuestra hija pero no confió en él, no lo conozco y no sé quien es- respondió mi padre preocupado.
Mi madre abrazó a su esposo y contestó: -ellos van e estar en la casa, conversando en la sala y Dorila estará presente que más podemos pedir, a mi me parece que es un joven correcto y responsable. No creas que no he preguntado por él y todos los que lo conocen dicen lo mismo, que es un hombre serio, trabajador, además de ser dueño de un fundo de cultivo de café. Tanto como a ti, también a mí me preocupa Margarita y su futuro, vamos a tener paciencia y ver que sucede en las próximas semanas. Tal vez a nuestra hija no le agrada el joven después de conversar con él y no suceda nada entre ellos  ¿comprendes Lorenzo lo qué estoy hablando?-.
Mi padre no contestó, solo se quedó pensando en las palabras de mi madre, al final movió la cabeza y la  abrazo.
Al día siguiente en la mañana los hermanos Langy conversaban con Harold en la casa del fundo se veían felices por su amigo, al fin había logrado entrar en la casa de Margarita, Luvio Langy el segundo hermano comentó: -Mi querido amigo te ha costado entrar en la casa de la joven y hablar con el padre, me parece que has dado un paso gigante-.
-¡Si Harold!- exclamó Morten el último hermano Langy -creo que ahora será más fácil conversar con Margarita y conocerla mejor. Es un gran avance y el padre no podrá decir nada-.
-Serenidad amigos, hasta un punto comprendo al padre, Margarita es su única hija y desea protegerla, es lo que haría cualquiera. Hasta hora la familia no me conoce y es normal que desconfíen de mí. Eso no me desagrada, al contrario es parte de ser una familia unida- finalizó Harold con la seguridad de un hombre enamorado.
En la casa de la familia de Margarita, el padre habla con su hija unas horas antes que llegue Harold:
-Mi querida hija, hemos llegado a un acuerdo con tu madre, voy a permitir que el joven pretendiente entre en la casa y converse contigo, ya te he explicado como van a ser las normas y él también las conoce, cualquier inconveniente estamos para ayudarte-.
-Padre no te preocupes, estoy al tanto de todo y no va ha ser falta ninguna seguridad, solo tengo que agradecer tu comprensión- respondió Margarita.
 En la tarde del mismo día, Harold Prodanovich estaba al frente de la puerta de la casa familiar, se sentía nervioso, no sabía cuál sería la respuesta del padre y si podría ver a la joven con quien soñaba todos los días. Por fin se decidió y tocó la puerta Dorila abrió y lo condujo a la sala, allí lo esperaban los padres y Margarita, él hizo una venia para saludarlos y de inmediato el padre le indicó que tome asiento: 
-Margarita te presento a Harold, es un joven que ha venido a visitarte-. 
Harold se puso de pie y se acercó a darle la mano a la joven que lo miraba y sonreía, ella estiró la mano para corresponder el saludo:
-Es un gusto conocerlo, aunque ya nos hemos encontrado en el pueblo en varias oportunidades-comentó Margarita.
Celia, la madre se dirigió al joven: -tome usted asiento para que podamos conversar- le señaló el mueble que estaba junto a la mesita de centro.
Harold tenía las mejillas encendidas por el calor  de sus nervios, el padre y la madre lo observaban para tratar de conocerlo mejor. Él sentía que estaba siendo esquilmado de pies a cabeza por los padres de la bella joven. Sintió un gran alivio y pudo respirar más tranquilo cuando Lorenzo y Celia después de unos minutos de conversación se pusieron de pie para retirarse, Dorila la dama de compañía entró en la sala y en una de las sillas que había en la esquina se sentó para acompañarlos como lo había ordenado el padre de Margarita.
Por unos segundos Harold no podía articular palabras, tenía al frente a la joven que le quitaba el sueño, no sabía como empezar la conversación. Margarita fue la que rompió el silencio y comentó sobre el clima y el calor que estaba haciendo a esas horas de la tarde. 
Marcy cerró de golpe el diario  de su abuela, se sentía  emocionada, casi daba un grito de felicidad, el abuelo conversaba con la abuela Margarita y no sabía que decir. La nieta podía imaginar la escena con sus dos abuelos jóvenes mirándose mutuamente y lo incómodo que suele ser los primeros días cuando se conoce a una persona. 
Desde el comedor podía escuchar las voces de su madre, el tío Erick y la tía Malva, los tres leían en voz alta el contrato con respecto a las hectáreas que le correspondían a  Malva. 
-Erick, estoy de acuerdo con todas las cláusulas que tiene el contrato, solo difiero con esta última que dice que el terreno será entregado al final de haber terminado la segunda cosecha,  de ahí en adelante va a pasar a mis manos- aclaró Malva.
-Lo que va a suceder es que terminado el tiempo estipulado por el contrato, tú te harás cargo de tus hectáreas y tendrás que invertir el dinero necesario para mantenerlas en optimas condiciones y que sigan produciendo- contestó Erick.
-Para ese momento no sé si estaré en condiciones de a ser frente a los gastos que conllevan las tierras- dijo al instante Malva.
-Malva no te hagas problemas, estoy segura que para ese tiempo tu empresa estará en buenas condiciones y podrás invertir en el cafetal que te corresponde, tómalo como un ahorro, además para ese tiempo veremos que sucede no te adelantes a los acontecimientos- aseguró Sonia.
Marcy salió de su habitación para enterarse que sucedía con la tía Malva, sabía que hablaban del contrato de tierras. se sentó junto a su madre para escuchar.
El tío Erick comentó: Sonia tiene razón, no debes pensar en el futuro, hay que seguir trabajando para lograr salir adelante. Nos espera un arduo trabajo para limpiar y sembrar los cafetales. El futuro es algo que no debe preocuparte por el momento-.
Malva medito un instante y respondió: -está bien, estoy de acuerdo, vamos a firmar los documentos y espero que todo vaya bien, de todas maneras manténganme informada de cada paso para saber como va desarrollando el cultivo. Yo sé que puedo confiar en ustedes total es plata suya la que van invertir para lograr un óptimo resultado-.
Erick, Sonia y Malva firmaron los documentos y todo quedó claro sobre la mesa, con Tania y Verna no había problema, ellas se habían comprometido en enviar el dinero el veinticinco de cada mes hasta completar la cantidad acordada. Erick se iba a encargar de supervisar los trabajos en el campo sin cobrar un centavo e informar a sus hermanas los avances, además ellas podían venir a visitar y ver en persona los resultados del cultivo.
Malva al día siguiente se despedía de sus hermanos en la estación de bus, ella odiaba manejar en la carretera, por eso nunca viajaba en su camioneta, salvo que lo hiciera con su esposo.
De regreso al fundo Marcy comentó con su madre: -la tía Malva siempre ha sido difícil para tomar decisiones-.
-Marcy- respondió su madre -mi hermana mayor siempre ha sido complicada, aunque debo admitir que ahora que tiene una empresa junto a su esposo, se a vuelto más practica y rápida en tomar decisiones-.
La tía Malva y sus hermanos eran una familia unida y trataban de mantenerse de esa manera, la madre siempre los había criado en unión familiar.


CONTINURÁ