lunes, 2 de marzo de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Marcy estaba contenta, mientras leía el diario parecía que la situación entre su abuelo Harold y el bisabuelo Lorenzo si iba ha arreglar. No podía cerrar el diario, por lo menos deseaba saber que iba a pasar con ellos en las siguientes páginas. 
Mi madre- escribía Margarita -entró sonriente al estudio, ella deseaba que se rompa el hielo entre el padre y el joven pretendiente, que ambos puedan conversar con serenidad-  está de más decir que mi madre conoce bien a su esposo y sabe que a veces puede ser muy terco y áspero en su trato. 
Celia muy solícita sirvió la limonada a cada uno, mientras en la sala había silencio total. Mi madre se detuvo un momento y luego se sentó en uno de los muebles cerca a la ventana, desde ahí podía escuchar la conversación, Dorila se retiró con la bandeja y cerró la puerta.
Mi padre no podía decirle a mi madre que se retire del estudio, después de todo ella era la madre y quería escuchar y conocer a Harold.
Minutos después mi padre preguntó: -bien joven ¿Cuál es el interés real en mi hija? veo demasiada insistencia de su parte-
Harold contestó: -Señor, como le dije al comienzo de nuestra conversación, tengo interés en visitar a su hija y deseo su permiso, ella es una joven que ha cautivado mi corazón-.
Lorenzo Villacorta observó al joven que tenía al frente, luego miró a su esposa, ella se mantenía en silencio, no quería intervenir, era mejor de esa forma.  
Mi padre contestó con gesto de desagrado, escribió Margarita en su diario: -si concedo el permiso de visitar a mi hija, solo van a ser dos horas desde la cuatro hasta la seis de la tarde, ni un minuto más, en todo momento estará con ustedes Dorila, la dama de compañía y solo podrán conversar en la sala. Aún no tomo la decisión, venga usted mañana y le daré mi respuesta- Lorenzo Villacorta fue breve al hablar, se puso de pie y dio por terminada la conversación. Harold hizo lo propio y también se puso de pie, asintió con la cabeza, en las manos tenía un sombrero para protegerse del sol, algo nervioso se despidio de mi padre y de mi madre que lo miraba sonriente.
Más tarde en mi habitación, mi madre me contó que mi padre ya no tenía tanto fastidio por Harold pero conservaba la desconfianza con respecto a él: -Lorenzo- comentó mi madre en el estudio -nuestra hija es una joven muy serena, va a tomar las cosas con calma, por favor confía en ella-.
-Celia yo confió en nuestra hija pero no confió en él, no lo conozco y no sé quien es- respondió mi padre preocupado.
Mi madre abrazó a su esposo y contestó: -ellos van e estar en la casa, conversando en la sala y Dorila estará presente que más podemos pedir, a mi me parece que es un joven correcto y responsable. No creas que no he preguntado por él y todos los que lo conocen dicen lo mismo, que es un hombre serio, trabajador, además de ser dueño de un fundo de cultivo de café. Tanto como a ti, también a mí me preocupa Margarita y su futuro, vamos a tener paciencia y ver que sucede en las próximas semanas. Tal vez a nuestra hija no le agrada el joven después de conversar con él y no suceda nada entre ellos  ¿comprendes Lorenzo lo qué estoy hablando?-.
Mi padre no contestó, solo se quedó pensando en las palabras de mi madre, al final movió la cabeza y la  abrazo.
Al día siguiente en la mañana los hermanos Langy conversaban con Harold en la casa del fundo se veían felices por su amigo, al fin había logrado entrar en la casa de Margarita, Luvio Langy el segundo hermano comentó: -Mi querido amigo te ha costado entrar en la casa de la joven y hablar con el padre, me parece que has dado un paso gigante-.
-¡Si Harold!- exclamó Morten el último hermano Langy -creo que ahora será más fácil conversar con Margarita y conocerla mejor. Es un gran avance y el padre no podrá decir nada-.
-Serenidad amigos, hasta un punto comprendo al padre, Margarita es su única hija y desea protegerla, es lo que haría cualquiera. Hasta hora la familia no me conoce y es normal que desconfíen de mí. Eso no me desagrada, al contrario es parte de ser una familia unida- finalizó Harold con la seguridad de un hombre enamorado.
En la casa de la familia de Margarita, el padre habla con su hija unas horas antes que llegue Harold:
-Mi querida hija, hemos llegado a un acuerdo con tu madre, voy a permitir que el joven pretendiente entre en la casa y converse contigo, ya te he explicado como van a ser las normas y él también las conoce, cualquier inconveniente estamos para ayudarte-.
-Padre no te preocupes, estoy al tanto de todo y no va ha ser falta ninguna seguridad, solo tengo que agradecer tu comprensión- respondió Margarita.
 En la tarde del mismo día, Harold Prodanovich estaba al frente de la puerta de la casa familiar, se sentía nervioso, no sabía cuál sería la respuesta del padre y si podría ver a la joven con quien soñaba todos los días. Por fin se decidió y tocó la puerta Dorila abrió y lo condujo a la sala, allí lo esperaban los padres y Margarita, él hizo una venia para saludarlos y de inmediato el padre le indicó que tome asiento: 
-Margarita te presento a Harold, es un joven que ha venido a visitarte-. 
Harold se puso de pie y se acercó a darle la mano a la joven que lo miraba y sonreía, ella estiró la mano para corresponder el saludo:
-Es un gusto conocerlo, aunque ya nos hemos encontrado en el pueblo en varias oportunidades-comentó Margarita.
Celia, la madre se dirigió al joven: -tome usted asiento para que podamos conversar- le señaló el mueble que estaba junto a la mesita de centro.
Harold tenía las mejillas encendidas por el calor  de sus nervios, el padre y la madre lo observaban para tratar de conocerlo mejor. Él sentía que estaba siendo esquilmado de pies a cabeza por los padres de la bella joven. Sintió un gran alivio y pudo respirar más tranquilo cuando Lorenzo y Celia después de unos minutos de conversación se pusieron de pie para retirarse, Dorila la dama de compañía entró en la sala y en una de las sillas que había en la esquina se sentó para acompañarlos como lo había ordenado el padre de Margarita.
Por unos segundos Harold no podía articular palabras, tenía al frente a la joven que le quitaba el sueño, no sabía como empezar la conversación. Margarita fue la que rompió el silencio y comentó sobre el clima y el calor que estaba haciendo a esas horas de la tarde. 
Marcy cerró de golpe el diario  de su abuela, se sentía  emocionada, casi daba un grito de felicidad, el abuelo conversaba con la abuela Margarita y no sabía que decir. La nieta podía imaginar la escena con sus dos abuelos jóvenes mirándose mutuamente y lo incómodo que suele ser los primeros días cuando se conoce a una persona. 
Desde el comedor podía escuchar las voces de su madre, el tío Erick y la tía Malva, los tres leían en voz alta el contrato con respecto a las hectáreas que le correspondían a  Malva. 
-Erick, estoy de acuerdo con todas las cláusulas que tiene el contrato, solo difiero con esta última que dice que el terreno será entregado al final de haber terminado la segunda cosecha,  de ahí en adelante va a pasar a mis manos- aclaró Malva.
-Lo que va a suceder es que terminado el tiempo estipulado por el contrato, tú te harás cargo de tus hectáreas y tendrás que invertir el dinero necesario para mantenerlas en optimas condiciones y que sigan produciendo- contestó Erick.
-Para ese momento no sé si estaré en condiciones de a ser frente a los gastos que conllevan las tierras- dijo al instante Malva.
-Malva no te hagas problemas, estoy segura que para ese tiempo tu empresa estará en buenas condiciones y podrás invertir en el cafetal que te corresponde, tómalo como un ahorro, además para ese tiempo veremos que sucede no te adelantes a los acontecimientos- aseguró Sonia.
Marcy salió de su habitación para enterarse que sucedía con la tía Malva, sabía que hablaban del contrato de tierras. se sentó junto a su madre para escuchar.
El tío Erick comentó: Sonia tiene razón, no debes pensar en el futuro, hay que seguir trabajando para lograr salir adelante. Nos espera un arduo trabajo para limpiar y sembrar los cafetales. El futuro es algo que no debe preocuparte por el momento-.
Malva medito un instante y respondió: -está bien, estoy de acuerdo, vamos a firmar los documentos y espero que todo vaya bien, de todas maneras manténganme informada de cada paso para saber como va desarrollando el cultivo. Yo sé que puedo confiar en ustedes total es plata suya la que van invertir para lograr un óptimo resultado-.
Erick, Sonia y Malva firmaron los documentos y todo quedó claro sobre la mesa, con Tania y Verna no había problema, ellas se habían comprometido en enviar el dinero el veinticinco de cada mes hasta completar la cantidad acordada. Erick se iba a encargar de supervisar los trabajos en el campo sin cobrar un centavo e informar a sus hermanas los avances, además ellas podían venir a visitar y ver en persona los resultados del cultivo.
Malva al día siguiente se despedía de sus hermanos en la estación de bus, ella odiaba manejar en la carretera, por eso nunca viajaba en su camioneta, salvo que lo hiciera con su esposo.
De regreso al fundo Marcy comentó con su madre: -la tía Malva siempre ha sido difícil para tomar decisiones-.
-Marcy- respondió su madre -mi hermana mayor siempre ha sido complicada, aunque debo admitir que ahora que tiene una empresa junto a su esposo, se a vuelto más practica y rápida en tomar decisiones-.
La tía Malva y sus hermanos eran una familia unida y trataban de mantenerse de esa manera, la madre siempre los había criado en unión familiar.


CONTINURÁ         

   
   
       
   
      
          
    

 

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