lunes, 16 de marzo de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Harold Prodanovich y Margarita Villacorta habían logrado una sincera  amistad. Todas las tarde él visitaba puntual la casa de la joven que le había robado el corazón. Solo tenían  dos horas para conversar y conocerse mejor.
22 de Mayo escribía Margarita en su diario: -Hoy día tengo planeada una sorpresa para Harold, creo que él se va asombrar con mi propuesta. Estoy esperando que el reloj marque las cuatro de la tarde para escuchar la puerta y la voz de Dorila anunciando su visita. Ya es la hora, son las cuatro de la tarde ¡Qué felicidad! casi puedo escuchar la voz de Harold y los pasos de Dorila que me llaman: 
-Señorita Margarita ya vino a visitarla el joven- no terminaba de hablar y yo ya estaba en la sala para encontrarme con Harold. Nos saludamos con cortesía y amistad, él como siempre muy atento conmigo. Tomamos asiento en la sala, Dorila hace lo propio y se sienta en una esquina. Conversamos de como ha sido su día y de como ha sido el mío, luego yo le digo que espere un poco y me pongo de pie, traigo del escritorio de mi padre una cartilla del abecedario, me acerco a él y se la doy en sus manos, luego le comentó: -Harold, tú me has dicho en algún momento que sabes hablar el español más o menos pero no lo sabes escribir ni leer, entonces yo te propongo ensañarte las letras del abecedario y poco a poco vas aprender a escribir en español, no es complicado, aprender a leer, te ayudara a entender mejor cuando alguien te escribe o te habla-. Harold me contestó sonriendo -si estás dispuesta a ser mi profesora yo te prometo ser un alumno aplicado-. Desde ese momento comenzamos a estudiar el abecedario para que conozca la letras en español, luego pasaremos a unir sílabas hasta formar pequeñas oraciones, ambos estabamos entusiasmados y nos dedicamos a la tarea de aprender el ABCD. Tengo que decirlo al principio nos reíamos con la pronunciación de Harold para llamar las letras por su nombre pero juntos vamos a lograrlo, ¡estoy segura!. 
Marcy leía el diario de su abuela y sonreía con la escena, seguro el abuelo no pronunciaba bien las letras, ya podía imaginar la situación divertida de ambos. Se sentó al borde de la cama para mirar la foto de sus abuelos, se les podía ver felices y enamorados, sus sonrisas lo decían todo. Dio un gran suspiro de emoción y después continuó con su lectura. 
24 de Mayo escribía Margarita: -siento una gran felicidad por Harold juntos estamos avanzando en el aprendizaje, hay todavía varias equivocaciones y risas de nuestra parte pero mi alumno favorito quiere aprender y se está tomando muy en serio cada clase. Dorila nos interrumpe como siempre cuando nos trae una refacción para descansar un rato de las lecciones y a las seis de la tarde muy directa nos dice:- la visita ha terminado son órdenes de su padre-. Nosotros no podemos protestar, Harold como buen alumno se lleva la cartilla a su casa para repasar las letras y aprender bien una por una, yo lo acompaño hasta la puerta y lo veo partir en su vieja camioneta hasta el día siguiente. Tengo que aclarar también que no nos despedimos con un beso a con un apretón de manos, solo una venia y nada más. Dorila está atenta a cada movimiento, vuelve a repetir -son órdenes de mi padre- me aclara. Yo no protesto, estoy de acuerdo, por ahora la amistad de Harold es suficiente. 
Mi madre en la noche ha entrado a mi habitación para conversar conmigo, me habló directamente: 
-Margarita han pasado varios días y veo que cada vez estas más feliz con la visita de Harold, piensas seguir viéndolo o solo es una cortesía de tu parte- yo contesté en el acto -Madre estoy feliz con la visita de Harold, estamos contentos el uno con el otro, es un hombre muy considerado. No tuve respuesta de mi madre, creo que ya comprendió mis palabras. Al día siguiente después de que Harold termino sus lecciones y se habia marchado, mi padre me llamó a su estudio y me preguntó si voy a seguir recibiendo la visita de mi joven amigo, yo contesté que sí y agregué -padre es una persona muy agradable y nos comunicamos bien. No pensé escuchar lo que mi padre me dijo -esta bien entonces pueden seguir las visitas-. Me sorprendió su actitud porque él estaba en contra de la presencia de Harold. 
Marcy cerró el diario de su abuela, quería hablar con su madre y hacerle algunas preguntas al respecto: -Madre, madre- comenzó a llamar. 
-Aquí estoy Marcy en el comedor- contestó Sonia.
-Madre quiero preguntar ¿Cuánto tiempo estuvieron de novios los abuelos?- dijo Marcy.
-Si contesto tu pregunta, no tiene gracia, eso lo vas a descubrir leyendo el diario, no te voy ha adelantar nada para que sigas con la historia-. señaló su madre. 
-Bueno voy a descansar un rato de la lectura- respondió Marcy -iré a dar una caminata hasta la laguna que está cerca y luego regreso-.
La laguna de la que hablaba Marcy quedaba muy cerca del fundo, era una fuente de agua cristalina que brotaba de las entrañas de una montaña cercana, los nativos del lugar decían que era agua de puquio porque salía del vientre de la montaña. Era el lugar preferido de Marcy, cuando quería descansar y olvidarse del mundo y sus problemas. En la laguna todo era paz y serenidad, solo se podía escuchar la caída de agua sobre una roca. Sentada en uno de los bordes, Marcy se acordaba de las palabras de Anabella con respecto a la amiga de ambas, Ada. Qué problemas podía tener, qué era lo que la atormentaba, por unos segundos una luz iluminó su mente, ella conocía el secreto de Ada, su amiga se lo había confiado cuando estaban en el colegio con la promesa de no contarselo a nadie. Marcy cumplió  su palabra y nunca mencionó el secreto a nadie. Habló en voz alta como para aclarar sus pensamientos -En la tarde iré a visitar Ada para conversar con ella y saber que es lo que le está sucediendo-. Mientras tanto deseaba disfrutar de la paz y serenidad en la laguna, su mente se recreaba con los pececillos diminutos que se acercaban a sus pies para querer morderlos y de alguna pequeña tortuga que venía para ver si había algo de comida para ella. Marcy lamentaba haber olvidado ese detalle, traer verduras y frutas frescas cortadas en pequeños trozos para su amiga. El clima la acompañaba, el calor de ese momento no era abrumador y le permitía estar en la laguna sin sofocarse, paso una hora o tal vez más cuando escuchó una campana, era el llamado de su madre porque quería que se acerque a la casa para saludar a una visita. Se puso de pie y caminó por el sendero que la llevaba directo al llamado de su madre, no tenía prisa en llegar, quien sea que haya venido debia esperar. Su asombro fue grande al ver que se trataba de su amiga Ada que casualidad, había estado pensando en ella.
-Ada que agradable sorpresa, justo ahora en la tarde iba ir a visitarte a casa de tu tía Bernarda- agregó Marcy con entusiasmo. Se acercó a su amiga y la abrazó.
-Marcy- dijo su madre -voy al pueblo hacer unas compras, Josefa viene conmigo, vas a necesitar el jeep-. 
-No madre, no voy a salir por el momento- respondió y acto seguido invitó a su amiga a pasar a la salita pequeña al otro lado de la casa.
-Bien, no tardo, regreso pronto.- respondió Sonia.   
Ada siguió a Marcy, siempre le había gustado la casa que construyó el abuelo Harold, era tan amplia y fresca, el calor casi no se sentía, los muebles eran parte de un bonito decorado campestre y de ciudad una mezcla muy original.
-Ada- comentó Marcy -voy a traer unos refrescos y galletas no tardo, tú toma asiento, enseguida estoy contigo-. 
Su amiga se sentó junto al gran ventanal que dominaba la salita, desde ahí se podía ver el bosque y la hermosa vegetación.
Cuando Marcy entró en la salita con los refrescos y las galletitas, observó a su amiga que miraba por la ventana, tenía el rostro triste y se veía fatigada. 
-Mi estimada amiga, no sabes la alegría que me da verte de nuevo, yo iba a visitarte en la tarde pero veo que me has ganado. Sentí mucha tristeza cuando me entere por Anabella que te habías mudado a la Merced, como bien sabes yo estaba en Lima, pero ahora ha sido una gran idea que visites unas semanas a tu tía Bernarda, así podemos vernos y conversar. Anabella también quiere reunirse y volver hacer el grupo alegre de siempre-.
-Si, yo también quería reunirme con ustedes, siento mucho que Beatriz no esté en San Andres añoro conversar sobre nuestras vidas y actividades, ahora que estamos separadas y no es fácil volvernos a reunir- contestó Ada puso el vaso de refresco sobre la mesa y comenzaron a brotar sus lágrimas.
Marcy se alarmó y dijo con voz nerviosa: -que sucede Ada, algo ha pasado con tu familia-.
-No, no... no es mi familia, soy yo Marcy, estoy a punto de perder la cordura con lo que me está sucediendo- habló Ada y rompió a llorar. 
-Ada, no sé que puede estar pasando contigo pero dime algo, me estás asustando con tu actitud, debes calmarte y conversar para que  pueda entender- susurro Marcy.
Un silencio se produjo entre las dos amigas, Ada se llevó las manos al corazón y un segundo después contestó: -sé que puedo confiar en ti, siempre has guardado mi secreto y nunca has comentado nada con nadie. Ahora las cosas han empeorado conmigo y creo que voy a morir de angustia-.
Marcy se levantó de su asiento para abrazar a su amiga, se preocupó seriamente por ella, nunca antes la había visto así, la voz le temblaba y las lágrimas bañaban su rostro, presionaba sus manos con fuerza. Sabía desde siempre que Ada tenía un don o algo parecido que le daba la capacidad de presentir las cosas antes que sucedan, eso la asustaba sobremanera. Quería ayudar a su amiga pero debía saber que otra cosa la estaba atormentando. 



CONTINUARÁ  
      
                        


               
   

 

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