lunes, 8 de junio de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

La noche había llegado, Ada conversó con sus padres después de la cena, se disculpó por retirarse a dormir temprano pero deseaba salir de viaje en el primer bus de la mañana siguiente. Sus padres comprendían la situación y sabían que el viaje de su hija a San Andrés duraba dos horas en la carretera, era mejor para ella irse a dormir. San Andrés era una ciudad vecina no muy lejana de la ciudad de La Merced en la selva central.
Ada en su habitación prendió la lamparita que alumbraba tenuemente y le daba una atmosfera cálida y relajante a su dormitorio, por unos segundos se quedó pensando en lo que iba hacer al día siguiente de llegar a San Andrés. Temblaba de tan solo imaginar que al apagar la luz de su lamparita podía aparecer la imagen que no deseaba ver. Se asomó a la ventana para ver el cielo y la luna que alumbraba con su luz la oscuridad, no podía negar la belleza de la noche y del cielo, sin darse cuenta estaba llorando y decía en voz baja -Oh, mi Dios, ¿Por qué?, ¿Por qué?-. Cerró la ventana para no pensar, era mejor cambiarse de ropa y tratar de dormir, atormentarse en demasía era en vano, no sabía que iba a pasar en los días siguientes. Se cambio de ropa se puso la pijama, todos sus movimientos eran lentos como si quisiera detener el tiempo y que no se cumplan sus premoniciones. Sentada en la cama rezó y luego leyó la biblia, un pasaje de Juan para calmar sus nervios, el sueño no quería llegar y ella no deseaba pensar más, unas lágrimas rodaron por sus mejillas, rogaba al cielo piedad. 
Marcy en su casa del fundo también admiraba la noche, la joven decía: -madre la noche está hermosa ven asomarte a la ventana, mira como brilla la luna y todo lo alumbra con su luz-.
Sonia se acercó a su hija y constató que ella tenía razón, era una noche especial llena de belleza y encanto.
-Tienes razón Marcy, es una noche plena de luz de luna- respondió Sonia a su hija.
Marcy reaccionó con alegría y agregó: -mañana nos vamos a encontrar en el Salón Azul, Anabella, Beatriz y yo para despedirnos, la única que falta es Ada pero ella no sabe nada de nuestra reunión y despedida. Estoy feliz y a la vez triste porque no sabemos cuando nos volveremos a encontrar de nuevo aquí en San Andrés. En Lima la vida es diferente, todo cambia y cada una se dedica a lo suyo. Es una pena, verdad-.
Sonia le dio la razón a su hija pero también comentó: -Marcy, con Beatriz puedes quedar en verse algunas veces cuando vayas a la capital, no creo que sea imposible, sus horarios son distintos pero es posible encontrarse y conversar. Sé que para ti sería ideal que las cuatro amigas se reúnan pero nada es completo en esta vida-.
La joven escuchaba a su madre y sabía que decía una verdad, era ideal estar juntas las cuatro pero cuando se tiene que vivir en diferentes ciudades y llevar diferentes actividades se volvía más difícil las reuniones entre ellas. También era cierto que la vida las llevaba por diferentes caminos.
-Vamos Marcy no te pongas triste, ya es hora de irnos a dormir, yo tengo un arduo trabajo con la siembra de los plantones de café, el cultivo es delicado y necesita toda nuestra atención para que no haya problemas a futuro. Las hectáreas de Malva están quedando casi completas con la siembra, faltan las de Tania y Verna pero cuando ellas lleguen a fin de mes todo el trabajo estará  terminado por ese motivo debo ir a descansar para amanecer antes que cante el gallo- finalizó Sonia y luego beso a su hija en la frente.
-Madre, pierde cuidado, yo también me voy a dormir solo quiero terminar de leer dos hojas del diario de la abuela- contestó la joven, su madre levantó la mano y le dijo adiós.
Marcy abrió el diario de su abuela y comentó: - vamos a ver que pasa con los abuelos y cómo se resuelve su situación ante el bisabuelo Lorenzo Villacorta ¡Qué señor! ¡Qué señor!- dijo con énfasis.
Junio 26: -ahora estoy feliz de nuevo porque Harold a vuelto a frecuentar la casa a pesar de que mi padre se negó aceptar el compromiso. Él me ha pedido que acepte las condiciones de mi padre para no crear problemas y luego le cierre la puerta. Sé que tiene razón cuando me dice que esperemos hasta cumplir los dieciocho.
Era cierto lo que escribía Margarita en su diario, su padre no iba a permitir compromisos ni bodas antes del tiempo señalado pero lo que ella no sabía que todos los días su padre preguntaba a Dorila si la veía triste o llorando a su hija, Dorila muy seria le decia -no señor la niña no llora, al comienzo estaba triste pero ahora ríe y conversa con el señor Harold, es más han vuelto a las lecciones de español que habían quedado suspendidas-. Lorenzo Villacorta podía comprobar lo dicho por la ama, cuando pasaba cerca de la sala escuchaba las risas y las palabras mal pronunciadas tanto de Harold como de Margarita cuando hablaba en Croata. El padre se sentía tranquilo, nunca fue su intención hacer sufrir a su hija, solo deseaba protegerla. Los hermanos de Margarita también respiraban tranquilos, la tormenta habia pasado y había paz y calma en el hogar. Harold se quedaba almorzar los domingos en la casa familiar y era bien recibido, cada día había más confianza con él.
Marcy decía en voz baja al cerrar el diario: -por fin mi Dios, los abuelos van por buen camino y directo al matrimonio para que luego yo pueda nacer que alegría y felicidad-.
Se levantó del sillón donde leía, se acercó a la ventana y preguntó: -¿Luna, si al menos pudieras decirme cual es mi futuro, sería más sencilla mi vida? ¿no es verdad?-. Se retiró a dormir pero antes constató que la puerta principal este bien cerrada y con seguro, entró en su habitación se cambio de ropa y con la pijama puesta, tenía la intención de seguir leyendo el diario, fue imposible, en segundos el sueño la venció, al día siguiente tenía su reunión a la que no pensaba faltar.
Cuando amaneció y se levantó a desayunar, su madre ya había salido al campo, Marcy dijo en voz alta: -Sonia, Sonia, eres tan responsable con tu trabajo, espero ser como tú, eres mi guía- la hija llamaba así de cariño a su madre con la que tenía una gran relación.
A las once de la mañana la joven subía al jeep y partía a San Andrés para la reunión, no sabía las sorpresas que la esperaban en el Salón Azul.
Ada en cambio había subido al bus  de pasajeros muy temprano  y ya estaba en el pueblo de San Andrés, se hospedó como siempre en casa de su tía Bernarda, hermana del padre. No comentó con ella nada al respecto de sus premoniciones ni de lo que estaba viviendo, no deseaba escuchar preguntas ni palabras de su tía. Más tarde pensaba visitar a sus amigas despedirse de ellas y partir al día siguiente o tal vez en dos días, no podía quedarse más tiempo en San Andrés. Pensó visitar primero Anabella y luego a Marcy, se refrescó un poco, se alistó y antes de salir comentó con su tía: -por favor no tomes a mal que me quiera ir pronto pero debo hacerlo para arreglar algunos documentos en Lima- Ada mintió pero no estaba dispuesta a dar explicaciones, quería a su tía y la respetaba pero en este caso, ella ignoraba cual era la situación de su sobrina. A su padre le había hecho prometer que nunca hablaría con su hermana al respecto, bastante era su pesadilla con las imágenes que aparecían ante ella.
Se despidio de su tía y salió a buscar Anabella que seguro ya estaba en el Bazar, se equivocó, Soledad la asistente le dijo que había ido al Salón Azul para reunirse con Marcy. Ada dio media vuelta para ir al encuentro con sus amigas, al entrar al café ubico de inmediato a Marcy y Anabella, las dos se alegraron al ver a su amiga y mientras se saludaban y abrazaban, cinco minutos después llegó Beatriz. No podía haber tamaña coincidencia, que alegría y felicidad, las cuatro amigas de toda una vida estaban juntas, no lo habían planificado así, pero estaba muy bien.
Ada sonreía con las ocurrencias de Anabella y apenas seguía el hilo de la conversación, su mente divagaba lejos, tal vez en otro lugar.  
Las cuatro amigas conversaban y reían, Beatriz se sentía feliz de estar junto a Ada que no veía hace más de un año, al cabo de media hora, entró al café Armando, en un solo día  tantas sorpresas, el amigo de tantos años estaba en la reunión sin proponérselo. Almorzaron juntos en el café, la confianza entre ellos era evidente, los recuerdos, la alegría y hablar de su presente era una gran satisfacción, el tiempo paso sin darse cuenta, eran las cuatro de la tarde. Llegó la hora de despedirse, todos sabían que no era fácil volver a encontrarse de nuevo. Beatriz invitó Armando a su casa de Lima y a todas las demás también. A las cinco de la tarde se fueron cada una por su camino, con algo de tristeza en el corazón. Marcy se apuro, no quería que la noche la sorprenda en la carretera. Anabella, Beatriz y Ada se despidieron de ella y tomaron el camino de sus respectivas casas.
Al día siguiente a las nueve de la mañana Sonia entró en la casa llamando a Marcy con desesperación.
Marcy salió de su habitación y dijo: -qué sucede madre, estás agitada-.
Sonia abrazó a su hija y habló con dolor: -Marcy ha ocurrido una tragedia en el pueblo, es algo horrible- entre lágrimas repitió -es algo horrible-.
-Madre- dijo Marcy con angustia y preocupación -dime por favor que ha sucedido, no me asustes, estás al borde de un colapso nervioso-. Sonia solo atinó a abrazar a su hija y llorar.


CONTINUARÁ 
        
  
  
      
         

 

lunes, 1 de junio de 2026

CAFE, MI CULTIVO DE CAFÉ

Anabella lamentó la partida de su amiga Beatriz, Marcy dijo: -es una pena que nos dejes pero como dices, el trabajo los llama-. 
-Beatriz a qué no sabes quien está en San Andrés- habló Anabella.
Beatriz moviendo la cabeza respondió: -No, no sé de quien me hablas-.
-De Armando nuestro amigo, después de varios meses a vuelto a San Andrés-.
-No puede ser- contestó Beatriz -yo no sé nada de él desde hace mucho tiempo, creo que estaba de viaje en Pucallpa-
-Si, así me dijo cuando fue a visitarme al Bazar, yo me quede sorprendida cuando lo vi entrar- contestó Anabella.
Beatriz con una sonrisa cómplice susurró: -si, ya sabemos cual fue tu sorpresa-.
-No, no bromees con eso Beatriz, me alegro igual que ustedes de volverlo a ver- contestó Anabella con las mejillas rojas de vergüenza.
Marcy interrumpió para decir algo: -bueno, Armando es amigo de todas nosotras creo que él ahora esta en su fase de viajero, ¿Porqué no lo invitamos a reunirse con nosotras?, aquí en el Salón Azul y ponernos todos al día sobre nuestras vidas. ¿Están de acuerdo?-.
-Tienes razón, Marcy estoy de acuerdo, pero debe ser mañana mismo, queridas amigas recuerden que yo viajo, no sabemos si él podrá aceptar nuestra invitación- advirtió Beatriz a sus amigas.
Anabella contestó: -si él viene de nuevo a visitarme al Bazar yo le comento sobre la invitación y les aviso dentro del plazo antes de tu viaje-.
Todas aceptaron el comentario de Anabella, luego Marcy dio un giro a la conversación cuando comentó que tenía varias fotos de cuando estaban todas junto, Armando y los demás compañeros en el Kínder. -Son fotos tiernas, vernos a todos en grupo con nuestras caritas sonrientes y muy pequeñitos-.
-Si esos recuerdos son añorados a través de los años, ahora míranos, estamos adultos y con un pie para irnos del pueblo- sentencio Anabella.
Marcy preguntó a su amiga: -¿piensas dejar San Andres?-
-A veces quisiera vender el Bazar y la casa e irme con toda liberta a otro sitio- contestó Anabella.
-Ten cuidado con lo que deseas- respondió Beatriz -tienes una situación privilegiada, no te falta nada y sobre todo tu vida esta resuelta económicamente hablando-.
Marcy también opinó: -por la mistad que hay entre nosotras, te digo no tomes decisiones sin pensar antes en las consecuencias. El negocio que tienes puede exigir mucho de tu presencia pero tienes una asistente que te permitir ausentarte del Bazar por unos días y tomarte un tiempo libre-. 
Anabella movió la cabeza con resignación, les dio la razón a sus amigas, era cierto nada le faltaba y su Bazar andaba muy bien gracias a su abuela que le habia enseñado como llevar el negocio.  
Luego de dos horas de conversación, recuerdos y risas la tres amigas se despidieron: -mañana nos encontramos en el Salón Azul a la misma hora para despedirnos ¿les parece?- preguntó Beatriz.
-Si, si- contestaron Anabella y Marcy: -estamos de acuerdo, solo se puntual-.
-¡Prometo! prometo ser puntual- contestó  Beatriz con una gran sonrisa y se fue a su casa. 
Marcy se despidio de sus amigas, subió al jeep para partir rumbo al fundo, Anabella caminó unas cuadras hasta llegar al Bazar, tenía una asistente que cubría su puesto cuando ella tenía que salir ha hacer alguna diligencia o reunirse con sus amigas. Soledad era de toda su confianza y una buena empleada.
Marcy en la carretera se acordaba de Ada y lo bueno que hubiera sido que las cuatro amigas se reunieran para conversar y pasar un tiempo juntas. Estaba realmente preocupada, no sabía nada de ella ni de como le fue en la visita a sus padres. Su futuro era complicado, con ese don que la hacia sufrir. Marcy se sentía un poco culpable cuando habló con Ada la última vez, fue muy directa y hasta dura con sus palabras, se dejó llevar por el miedo a lo desconocido y a no querer saber nada de muertes. Por qué su amiga tenía que heredar la tendencia de ver más allá de la realidad y presentir el final de otras personas. Era muy triste y dolorosa su situación. 
En la ciudad de La Merced Ada preparaba su equipaje, habia hablado con su madre que partiría al día siguiente muy temprano, esta le dijo. -yo quería acompañarte a la capital para dejarte instalada pero tú vas primero a San Andres-. 
-Madre quiero despedirme de mis amigas, no sé cuando las volveré a ver, contigo es diferente, tú puedes ir a la casa de pensión de la señora Herminia cuando quieras yo estaré esperándote-.
La madre de Ada aceptó con algo de tristeza pero su hija tenia razón, además ya era una joven adulta para tomar sus decisiones, Confiaba en ella.  
Marcy llegó a su casa en el fundo decidió no pensar más en la vida de Ada. Sonia aun no llegaba del campo. De nuevo la molestia de las visitas inesperadas y no deseadas de los agentes de los aserraderos, esta vez quien venia a importunar era un agente del aserradero Hurtado. 
-Buenas tardes señorita- saludó el agente -hemos venido a ofrecer una buena oferta por los árboles de caoba, esta es una oportunidad única-.
Marcy no quería ser malcriada, pero no lo dejo terminar de hablar al agente y contestó: - usted no a visto el letrero en la entrada del fundo, con letras muy grandes que dice que los árboles no están en venta, haga el favor de retirarse, no deseo llamar  a mi seguridad para que lo acompañe a la salida-.
-No ha escuchado mi oferta, es la mejor oferta que van a recibir- insistió el hombre.
-No vamos a vender un solo árbol y no hay nada más que hablar- contestó Marcy a punto de perder la paciencia. El agente tuvo que retirarse. Es el colmo pensó Marcy en su habitación mientras se cambiaba de ropa a una más cómoda. Hasta cuando van importunar estos agentes con propuestas de compra de árboles que no se van a vender.
Se sentó en la salita de recibir para esperar a su madre, tenía el diario de la abuela Margarita en las manos, abrió el cuaderno y comenzó a leer ya más tranquila: -hoy día es sábado, ya perdí la noción del tiempo, han pasado dos días y no se nada de Harold, supongo que está molesto y ha decidido no venir más, si su amor por mí se acabó, entonces no era un amor verdadero.
Harold Prodanovich estaba en su fundo, se sentía molesto pero no con Margarita, ni con el padre era la circunstancia que estaba viviendo que lo molestaba. Los hermanos Langy habían ido a visitarlo, después de enterarse de la triste noticia. 
Rasso Langy dijo primero: -querido amigo estamos enterados de lo sucedido, tal vez sería bueno terminar ese romance y buscar otra joven con un padre menos complicado-.
Luvio estuvo de acuerdo con su hermano mayor: -Harold no puedes seguir tolerando a ese hombre-.
Y por último Morten agregó: -estoy de acuerdo con mis hermanos pero tengo otra propuesta, porque no te la robas de su casa, esa sería una solución-.
Harold miró a sus amigos y sonrió: 
-Los he escuchado porque les tengo gran aprecio y porque los considero mi familia, no voy hacer nada de lo que me dicen, mi corazon ha elegido a Margarita y estaré con ella hasta el final, pase lo que pase-. Sacó la sortija de su cajita y la mostro a sus amigos. 
-Hace dos días que no la veo y ya no aguanto más, quiero ir a su casa y hablar con ella. Amigos voy a tener que dejarlos- finalizó Harold y con la sortija en el bolsillo fue a visitar a Margarita.
Los hermanos vieron partir a Harold, estaban desconcertados, conocían a su amigo y lo que se proponía lo cumplía.
Marcy se encontraba al borde de la emoción leyendo el diario, entonces dijo en voz alta. -¡Bravo abuelo, así se hace!- y reía de felicidad, sabía cual era el final de la historia pero no conocía los pormenores, ni los detalles.
Tocaron la puerta principal de la casa Villacorta, Dorila fue abrir, se alegró al ver que se trataba de Harold Prodanovich, lo hizo pasar a la sala y corrío a llamar a la niña Margarita que estaba triste por la ausencia de su novio y de las palabras que había escuchado a su padre en la mañana después del desayuno:
-Te advertí Celia- le decía a su esposa -ese hombre no tiene un amor verdadero por nuestra hija, van dos días y no viene-.
Estaba equivocado el bisabuelo, Harold estaba parado en medio de la sala esperando a Margarita, la joven entró y vio a su novio, lentamente se acercó a él y  dijo: -¿por qué demoraste tanto en venir? yo te esperaba, cada minuto cada hora cada día-. 
Harold se acercó a su amada y la abrazó, Dorila hizo la que no se dio cuenta, quería que los jóvenes terminen juntos.
-Vamos hacer lo que quiere tu padre, esperaremos hasta que cumplas los dieciocho y entonces este anillo será tuyo y podremos casarnos- sentencio Harold. Margarita sonrió y estuvo de acuerdo con su amado.
Marcy estaba demasiado emocionada, no podía seguir leyendo, ¿Qué protocolo había que seguir? pensó enojada. No estaba de acuerdo con el bisabuelo Lorenzo, para ella era demasiado exigente con el abuelo Harold, ¿tenía razón? o ¿no tenía razón? esa era la pregunta que la cuestionaba.
Sintió los pasos de su madre y fue rápido a su encuentro: -Madre, madre- le decía.
-Marcy, mi querida Marcy, de nuevo me vas a cuestionar sobre la conducta del bisabuelo, lee el diario para que despejes todas las dudas, yo no puedo adelantar los hechos, si no pierden el interés para ti-. aclaró Sonia a su hija.
-Madre solo quería hacer una pregunta ¿por qué el abuelo Harold no se robó a la abuela Margarita y se la llevó lejos?-.
-Hacer eso habría sido un deshonor para mi padre, él nunca actuaria de esa forma- contestó Sonia a su hija y la abrazó.


CONTINUARÁ