La noche había llegado, Ada conversó con sus padres después de la cena, se disculpó por retirarse a dormir temprano pero deseaba salir de viaje en el primer bus de la mañana siguiente. Sus padres comprendían la situación y sabían que el viaje de su hija a San Andrés duraba dos horas en la carretera, era mejor para ella irse a dormir. San Andrés era una ciudad vecina no muy lejana de la ciudad de La Merced en la selva central.
Ada en su habitación prendió la lamparita que alumbraba tenuemente y le daba una atmosfera cálida y relajante a su dormitorio, por unos segundos se quedó pensando en lo que iba hacer al día siguiente de llegar a San Andrés. Temblaba de tan solo imaginar que al apagar la luz de su lamparita podía aparecer la imagen que no deseaba ver. Se asomó a la ventana para ver el cielo y la luna que alumbraba con su luz la oscuridad, no podía negar la belleza de la noche y del cielo, sin darse cuenta estaba llorando y decía en voz baja -Oh, mi Dios, ¿Por qué?, ¿Por qué?-. Cerró la ventana para no pensar, era mejor cambiarse de ropa y tratar de dormir, atormentarse en demasía era en vano, no sabía que iba a pasar en los días siguientes. Se cambio de ropa se puso la pijama, todos sus movimientos eran lentos como si quisiera detener el tiempo y que no se cumplan sus premoniciones. Sentada en la cama rezó y luego leyó la biblia, un pasaje de Juan para calmar sus nervios, el sueño no quería llegar y ella no deseaba pensar más, unas lágrimas rodaron por sus mejillas, rogaba al cielo piedad.
Marcy en su casa del fundo también admiraba la noche, la joven decía: -madre la noche está hermosa ven asomarte a la ventana, mira como brilla la luna y todo lo alumbra con su luz-.
Sonia se acercó a su hija y constató que ella tenía razón, era una noche especial llena de belleza y encanto.
-Tienes razón Marcy, es una noche plena de luz de luna- respondió Sonia a su hija.
Marcy reaccionó con alegría y agregó: -mañana nos vamos a encontrar en el Salón Azul, Anabella, Beatriz y yo para despedirnos, la única que falta es Ada pero ella no sabe nada de nuestra reunión y despedida. Estoy feliz y a la vez triste porque no sabemos cuando nos volveremos a encontrar de nuevo aquí en San Andrés. En Lima la vida es diferente, todo cambia y cada una se dedica a lo suyo. Es una pena, verdad-.
Sonia le dio la razón a su hija pero también comentó: -Marcy, con Beatriz puedes quedar en verse algunas veces cuando vayas a la capital, no creo que sea imposible, sus horarios son distintos pero es posible encontrarse y conversar. Sé que para ti sería ideal que las cuatro amigas se reúnan pero nada es completo en esta vida-.
La joven escuchaba a su madre y sabía que decía una verdad, era ideal estar juntas las cuatro pero cuando se tiene que vivir en diferentes ciudades y llevar diferentes actividades se volvía más difícil las reuniones entre ellas. También era cierto que la vida las llevaba por diferentes caminos.
-Vamos Marcy no te pongas triste, ya es hora de irnos a dormir, yo tengo un arduo trabajo con la siembra de los plantones de café, el cultivo es delicado y necesita toda nuestra atención para que no haya problemas a futuro. Las hectáreas de Malva están quedando casi completas con la siembra, faltan las de Tania y Verna pero cuando ellas lleguen a fin de mes todo el trabajo estará terminado por ese motivo debo ir a descansar para amanecer antes que cante el gallo- finalizó Sonia y luego beso a su hija en la frente.
-Madre, pierde cuidado, yo también me voy a dormir solo quiero terminar de leer dos hojas del diario de la abuela- contestó la joven, su madre levantó la mano y le dijo adiós.
Marcy abrió el diario de su abuela y comentó: - vamos a ver que pasa con los abuelos y cómo se resuelve su situación ante el bisabuelo Lorenzo Villacorta ¡Qué señor! ¡Qué señor!- dijo con énfasis.
Junio 26: -ahora estoy feliz de nuevo porque Harold a vuelto a frecuentar la casa a pesar de que mi padre se negó aceptar el compromiso. Él me ha pedido que acepte las condiciones de mi padre para no crear problemas y luego le cierre la puerta. Sé que tiene razón cuando me dice que esperemos hasta cumplir los dieciocho.
Era cierto lo que escribía Margarita en su diario, su padre no iba a permitir compromisos ni bodas antes del tiempo señalado pero lo que ella no sabía que todos los días su padre preguntaba a Dorila si la veía triste o llorando a su hija, Dorila muy seria le decia -no señor la niña no llora, al comienzo estaba triste pero ahora ríe y conversa con el señor Harold, es más han vuelto a las lecciones de español que habían quedado suspendidas-. Lorenzo Villacorta podía comprobar lo dicho por la ama, cuando pasaba cerca de la sala escuchaba las risas y las palabras mal pronunciadas tanto de Harold como de Margarita cuando hablaba en Croata. El padre se sentía tranquilo, nunca fue su intención hacer sufrir a su hija, solo deseaba protegerla. Los hermanos de Margarita también respiraban tranquilos, la tormenta habia pasado y había paz y calma en el hogar. Harold se quedaba almorzar los domingos en la casa familiar y era bien recibido, cada día había más confianza con él.
Marcy decía en voz baja al cerrar el diario: -por fin mi Dios, los abuelos van por buen camino y directo al matrimonio para que luego yo pueda nacer que alegría y felicidad-.
Se levantó del sillón donde leía, se acercó a la ventana y preguntó: -¿Luna, si al menos pudieras decirme cual es mi futuro, sería más sencilla mi vida? ¿no es verdad?-. Se retiró a dormir pero antes constató que la puerta principal este bien cerrada y con seguro, entró en su habitación se cambio de ropa y con la pijama puesta, tenía la intención de seguir leyendo el diario, fue imposible, en segundos el sueño la venció, al día siguiente tenía su reunión a la que no pensaba faltar.
Cuando amaneció y se levantó a desayunar, su madre ya había salido al campo, Marcy dijo en voz alta: -Sonia, Sonia, eres tan responsable con tu trabajo, espero ser como tú, eres mi guía- la hija llamaba así de cariño a su madre con la que tenía una gran relación.
A las once de la mañana la joven subía al jeep y partía a San Andrés para la reunión, no sabía las sorpresas que la esperaban en el Salón Azul.
Ada en cambio había subido al bus de pasajeros muy temprano y ya estaba en el pueblo de San Andrés, se hospedó como siempre en casa de su tía Bernarda, hermana del padre. No comentó con ella nada al respecto de sus premoniciones ni de lo que estaba viviendo, no deseaba escuchar preguntas ni palabras de su tía. Más tarde pensaba visitar a sus amigas despedirse de ellas y partir al día siguiente o tal vez en dos días, no podía quedarse más tiempo en San Andrés. Pensó visitar primero Anabella y luego a Marcy, se refrescó un poco, se alistó y antes de salir comentó con su tía: -por favor no tomes a mal que me quiera ir pronto pero debo hacerlo para arreglar algunos documentos en Lima- Ada mintió pero no estaba dispuesta a dar explicaciones, quería a su tía y la respetaba pero en este caso, ella ignoraba cual era la situación de su sobrina. A su padre le había hecho prometer que nunca hablaría con su hermana al respecto, bastante era su pesadilla con las imágenes que aparecían ante ella.
Se despidio de su tía y salió a buscar Anabella que seguro ya estaba en el Bazar, se equivocó, Soledad la asistente le dijo que había ido al Salón Azul para reunirse con Marcy. Ada dio media vuelta para ir al encuentro con sus amigas, al entrar al café ubico de inmediato a Marcy y Anabella, las dos se alegraron al ver a su amiga y mientras se saludaban y abrazaban, cinco minutos después llegó Beatriz. No podía haber tamaña coincidencia, que alegría y felicidad, las cuatro amigas de toda una vida estaban juntas, no lo habían planificado así, pero estaba muy bien.
Ada sonreía con las ocurrencias de Anabella y apenas seguía el hilo de la conversación, su mente divagaba lejos, tal vez en otro lugar.
Las cuatro amigas conversaban y reían, Beatriz se sentía feliz de estar junto a Ada que no veía hace más de un año, al cabo de media hora, entró al café Armando, en un solo día tantas sorpresas, el amigo de tantos años estaba en la reunión sin proponérselo. Almorzaron juntos en el café, la confianza entre ellos era evidente, los recuerdos, la alegría y hablar de su presente era una gran satisfacción, el tiempo paso sin darse cuenta, eran las cuatro de la tarde. Llegó la hora de despedirse, todos sabían que no era fácil volver a encontrarse de nuevo. Beatriz invitó Armando a su casa de Lima y a todas las demás también. A las cinco de la tarde se fueron cada una por su camino, con algo de tristeza en el corazón. Marcy se apuro, no quería que la noche la sorprenda en la carretera. Anabella, Beatriz y Ada se despidieron de ella y tomaron el camino de sus respectivas casas.
Al día siguiente a las nueve de la mañana Sonia entró en la casa llamando a Marcy con desesperación.
Marcy salió de su habitación y dijo: -qué sucede madre, estás agitada-.
Sonia abrazó a su hija y habló con dolor: -Marcy ha ocurrido una tragedia en el pueblo, es algo horrible- entre lágrimas repitió -es algo horrible-.
-Madre- dijo Marcy con angustia y preocupación -dime por favor que ha sucedido, no me asustes, estás al borde de un colapso nervioso-. Sonia solo atinó a abrazar a su hija y llorar.
CONTINUARÁ



