Marcy después de conversar con su madre respecto a la tía Malva, le dijo con entusiasmo: -voy a salir al medio día para ir al pueblo ¿vas a necesitar el jeep?- completó.
-No hija, no tengo pensado salir hoy, debo revisar unas cuentas y hablar con tu tío-.
-Entonces- dijo Marcy -debo alistarme para salir dentro de una hora, quiero visitar Anabella, no la veo desde hace varios días-.
Marcy tenía su grupo de amigas, con las que había crecido y fueron juntas al colegio, eran muy unidas. Anabella, Beatriz Ada y Marcy eran inseparables y confidentes. Habían pasado algunos años desde que salieron del colegio de las hermanas Dominicas, cada una de ellas eligió su camino. Anabella vivía en el pueblo de San Andrés, Beatriz estaba casada y vivía en la capital, Ada se había mudado a La Merced por motivos de trabajo, su padre era un funcionario del Banco Agrario pero visitaba regularmente San Andrés para encontrarse con sus amigas. Marcy vivía con su padre en la capital y seguía estudio superiores, visitaba a su madre en la temporada de vacaciones. Las cuatro amigas lamentaron en su momento tener que separarse, pero era la vida la que no les dio opción a elegir. Anabella, Ada y Marcy se alegraron cuando Beatriz se casó con Pancho, un joven del mismo pueblo, la celebración del matrimonio fue un evento social en San Andrés porque el padre de la novia era el alcalde en ese momento. La familia del novio tenía un fundo productor de naranjas, eran muy reconocidos por ser grandes exportadores de dicho cultivo. Beatriz y su esposo vivían en Lima, se dedicaban administrar y controlar la exportación del cultivo familiar, ellos solían visitar San Andrés en las vacaciones.
Marcy se despidió de su madre prometiendo llegar temprano de regreso a casa, subió al jeep y partió con dirección al pueblo, llegó a la casa de su amiga y llamó a la puerta, Anabella fue la que abrió y con gran sorpresa dijo:-mi querida Marcy, es un milagro que vengas a visitarme, cuanto tiempo ha pasado que no nos vemos.
-¡Anabella!- comentó Marcy con alegría -es una exageración de tu parte, pero bien sabes que no vivo en el fundo todo el año, ahora estoy de vacaciones-.
-Si, si lo sé pero debes creerme, te extraño a ti y a las otras amigas del grupo, recuerdas cuando siempre nos reuníamos y conversábamos hasta cansarnos, éramos inseparables, me gustaban mucho esos días- Anabella aseguró con voz de tristeza.
-Recordemos los buenos tiempo con alegría y ahora cuéntame que has hecho en todo este tiempo que no nos vimos-señaló Marcy.
-Hacer algo notable, de eso nada pero si te digo que este trimestre voy a dedicarme a ordenar las cosas de la casa y documentos de la herencia que me dejó mi abuela, ella quería que me quede con su negocio, pero aún lo estoy pensando, no sé cual será mi decisión, mi futuro depende de ello. Lo que si debo decir antes que me olvide, vino Ada a visitarme ayer, me contó que se iba a quedar unas semanas en casa de su tía Bernarda, me pregunto por ti y como no sabía que estabas en casa de tu madre le dije que no tenía noticias tuyas. Marcy lo que si noté, es que nuestra amiga tenía una cara de preocupación, se ponía nerviosa cuando me hablaba y por momentos soltó unas lágrimas. Yo le pregunté que sucedía y ella me dijo que no debía preocuparme, que no era nada grave, no insistí con preguntas, no sé que puede estar pasando con Ada, la verdad que me alarme- confesó Ada a su amiga.
Marcy y Anabella se preocuparon por Ada, pero por el momento no podían hacer nada para ayudarla, si no sabían que le pasaba, en medio de la conversación Anabella aseguró: -si vuelve a venir Ada le voy a decir que estás en el fundo para que vaya a visitarte, Marcy estuvo de acuerdo. La visita a su amiga, se había demorado más de lo necesario, ella no quería que su madre se preocupe, si llegaba de noche. Las dos amigas se despidieron con la promesa de volverse a encontrar.
Antes de regresar a su casa paso por el correo, debía recoger algunas cartas y telegramas enviados a su madre y ella, esperaba tener noticias de su padre. A Sonia no le gustaba que su hija regrese a casa cuando estaba oscureciendo, después de la terrible experiencia que tuvo en el camino el año pasado. Marcy podía recordar con claridad el hecho, ella venía por la carretera en el jeep y se encontró con una gran piedra en el camino, no podía avanzar pues la piedra se lo impedía, sobreparó y en segundos dos hombres se abalanzaron sobre el carro, con armas en las manos, querían quitarle el jeep y sabe Dios que más, ella daba de gritos y si no fuera porque atrás venía el carro de un vecino cercano al fundo, Marcy no lo hubiera contado. El vecino se detuvo, sacó su arma y comenzó a disparar contra los hombres que al acto se hicieron humo entre el bosque que rodeaba la carretera al sentir los disparos. Marcy lloraba frente al timón, estaba paralizada por el miedo, pensó que la iban a matar, fue una experiencia que la dejo nerviosa por varias semanas. Gracias a la presencia del vecino no sucedió nada, él la ayudó, nunca antes había pasado algo así, San Andrés siempre fue un pueblo tranquilo y amable. La policía estuvo buscando por varias semanas a los malhechores pero desaparecieron, estos hombres tenían que ser forasteros.
Su madre ya la esperaba en el portal de la casa cuando Marcy llegaba en el jeep, de inmediato comentó con énfasis: -madre ya llegué, estoy bien-.
-Hija me has tenido preocupada, ya casi es de noche, sabes bien que no me gusta que estés fuera tan tarde-. respondió su madre.
Marcy aseguró a su madre: -no te preocupes estoy bien, sin darme cuenta se pasó la hora conversando con Anabella pero ya estoy aquí, prometo que otra vez no voy a demorar-.
-¿Quieres cenar?- preguntó Sonia.
-No madre, en casa de Anabella he comido un refrigerio abundante, mi estómago no da más, ¿te molesta si me voy a mi habitación? estoy algo cansada-.
La madre movió la cabeza en señal de aceptación, Marcy se fue a descansar, se preparó para dormir, se puso la pijama y del velador tomó el diario de su abuela, lo abrió en la página que se había quedado y antes de empezar a leer miró la foto de sus abuelos el día de su boda, sonrió y se acomodó en la cama sobre las almohadas y comenzó su lectura.
La abuela Margarita escribía: -Harold estaba desconcertado, por fin había entrado a la casa y había conseguido permiso para visitarme, no sabía que decir, solo me miraba nervioso. Yo le hablé del clima y el calor que hacía, luego le pedí que tome asiento en el sillón cerca a mi, él solo atinó a contestar -si, eso es cierto, en estos días a subido la temperatura, vamos a tener un verano caluroso-. Poco a poco nos fuimos acostumbrando a nuestra mutua presencia y conversamos con más soltura. Le pedí disculpas por la actitud de mi padre y las flores que trajo el otro día. Él es un buen hombre pero un poco desconfiado, ya lo vas a ir conociendo y me darás la razón. Ese primer día de visita, terminó muy bien, le pedí a Dorila que traiga un refrigerio para los dos. Harold y yo seguimos conversando sobre el pueblo y su gente, sus costumbres, cuando Dorila se puso de pie y dijo -señorita son las seis de la tarde, su padre ha ordenado que la visita se acabe a esa hora-. Nos pusimos de pie yo le dije a Harold que lo acompañaba a la puerta, Dorila venía dos pasos atrás de nosotros, nos despedimos con una venia, él no me podía tocar y yo tampoco debía acercarme demasiado. En la puerta me dijo -mañana nos vemos, voy a estar puntual-. Sonreí, estaba feliz esa noche no pude dormir, Harold era amable y un caballero, me agradó su conversación sobre él y yo le conté sobre mí y mi familia.
Al día siguiente como prometió estuvo puntual, al abrir la puerta tenía en las manos un ramo de flores, entonces me dijo muy serio -he traído estas flores para la flor más hermosa, son Margaritas como tú- estaba nervioso, creía que mi padre saldría de algún lado para tirarle las flores en la cara como la vez anterior. Yo agradecí su delicadeza, las flores eran hermosas, al dármelas nuestras manos rosaron, el rubor subió a mis mejillas, no sabía que decir, él se disculpó -fue sin querer- dijo. Mi corazon latía muy rápido y le dije turbada que tome asiento, luego mandé a Dorila a que ponga las flores en agua. Los dos nos quedamos solos en silencio en la sala por unos segundos, Dorila entró al instante, ambos sonreímos y comenzamos a conversar, sobre nuestros gustos y preferencias. Harold me confesó que le gustaba el clima caluroso, del lugar, de donde él venía el frío era intenso, la lluvia y nieve también. Yo le decía que me hubiera gustado conocer esos inviernos y el contestaba que no sabía lo que decía -Margarita el frío en el invierno es fuerte y si no tienes con que calentarte es aún peor-.
Marcy por un segundo detuvo su lectura, sonrió al imaginar a sus abuelos muy formales y muy jovenes sentados en la sala pero era la costumbre de esos días y nadie lo ponía en discusión.
21 de mayo escribía Margarita: -Harold se ha convertido en mi confidente y yo en su confidente, en algún momento me contó sus experiencias en la guerra y como casi lo daban por muerto. Unos enfermeros se acercaron a mi cuerpo que estaba tendido en el suelo, uno de ellos dijo -éste está muerto pongámoslo con lo demás- al levantarme di un grito de dolor pero no podía hablar -¡está vivo! ¡está vivo!- gritaron los enfermeros -llevémoslo a la enfermería-. Perdí el conocimiento, no sé cuanto tiempo estuve así, cuando desperté un doctor me dijo: -has tenido suerte o el cielo se apiadó de ti, yo pienso que aun eres joven y eso te ayudado, da gracias a Dios por concederte un milagro-. Siempre he pensado que si no hubiera gritado de dolor, tal vez hubiera sido enterrado vivo. Por esa experiencia de guerra sufrí muchos meses pesadillas, me veía corriendo en el campo de batalla bajo fuego, caía y me levantaba y luego volvía a caer era un eterno dolor, de pronto me despertaba dando de gritos-.
Yo escucho sus relatos y muero de dolor, Harold siendo tan joven ha vivido una terrible experiencia, escribía Margarita al final de la pagina en su diario.
CONTINUARÁ














