martes, 17 de febrero de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Con el diario en sus manos Marcy leía las notas de su abuela Margarita, sus pensamientos y reflexiones. 
-Hoy- se leía en el diario -se va a celebrar la feria en el pueblo va ser una gran fiesta organizada por el municipio, mi familia esta invitada a subir al palco de honor junto al actual alcalde. Mi padre es un invitado especial y su familia también. Tengo que elegir un bonito vestido, seguro que mi madre me va ayudar en esa tarea, ella siempre tiene buenas ideas para lucir bien.
Marcy imaginaba a su abuela llena de alegría y felicidad, además de sus hermosos dieciséis años. Continuó leyendo -Celia y Margarita pueden venir ya estamos listos para ir a la feria- nos llamó mi padre, mi madre y yo justo entramos al salón principal, mi padre y hermanos exclamaron asombrados. ¡Puede existir tanta belleza junta! mi madre y yo, hicimos una venia para agradecer los cumplidos. Minutos más tarde llegamos a la feria del pueblo en el momento que se izaba la bandera para cantar el himno patrio y dar inicio a la celebración, sentados en el palco de honor,  escuchábamos las palabras del alcalde y  de las nuevas autoridades. Sin proponérmelo gire la cabeza y a unos metros de distancia vi al joven que conocí días atrás, estaba acompañado de unos amigos, él me saludo con una venia y yo hice lo mismo. Por suerte mi padre no se dio cuenta de la situación, luego de las palabras y los agasajos la familia podía pasear por la calle principal que estaba llena de gente y de puestos de venta con trabajos artesanales y adornos para el hogar, pedí permiso a mi madre para reunirme con algunas amigas que habían venido a la feria, ella estuvo de acuerdo pero me advirtió que no podía ir muy lejos, porque después estabamos invitados a la casa del alcalde para el almuerzo que había organizado. Me separé de mi familia y casi al instante se acercó a mí el joven que muy galante se presentó, me dijo que se llamaba Harold Prodanovich y que deseaba pasear a mi lado. Apenas tuve tiempo de sonreír, iba a decir unas palabras y apareció mi hermano mayor Héctor, me tomó del brazo y me dijo que mis amigas me esperaban. No pude devolver el saludo, ni dar las gracias, mi hermano me llevó al puesto de venta de refrescos, la música y la alegría de la gente no me permitía escuchar con claridad las palabras de Héctor, yo estaba triste porque no había podido conversar con Harold.
A unos metros de distancia Harold se quedó parado y uno de los hermanos Langy dijo: -no te acerques a esa joven , ella no es para ti, está muy alto y su padre jamás va dejar que la visites-.
-Mi estimado Rasso- contestó -Harold a su amigo Langy -yo estoy muy prendado de ella, es una flor bella y delicada-.
-Por eso mismo, el padre la cuida y es un hombre muy reconocido en la región, no te perdonaría ninguna falta, además para él no eres un buen partido para su hija- respondió Rasso como un modo de advertencia.
Harold Prodanovich se quedó en silencio, no iba a escuchar las razones de su amigo. Él no era un pordiosero, ni un hombre mal educado, sus intensiones eran serias y solo el tiempo diría si él era para la hermosa joven o no. Tenía que acercarse a ella para conversar y conocerse mejor, era la única forma de poder confesarle sus intenciones.
En una nota al final de la página del diario, la abuela escribía -en toda la tarde ya no vi más al joven atractivo, estoy triste a mí me hubiera gustado conversar con él y pasear por las calles del pueblo-.
Marcy cerró el diario, sus tías y su madre conversaban en el comedor, era hora de cenar, al día siguiente las hermanas de su madre iban a cerrar sus maletas y regresar a la capital, era tiempo de volver y conversar con sus respectivos esposos para ver que solución le daban a la inversión de las tierras en el fundo de su padre. 
-Tia Malva- dijo Marcy sentada a su lado -porque se quedan tan poco tiempo, recién han pasado cuatro días, siempre es agradable recibirlas en casa, me gusta escuchar sus anécdotas de niñez cuando vivían todas juntas con el tío Erick, el abuelo y la abuela. El tío era el más pequeño y ustedes lo cuidaban para que no se haga daño-
-Si es verdad, Erick era muy consentido por nosotras, al ser el más pequeño, teníamos miedo que le suceda algo o se haga daño, luego creció y era el más ágil en subir a los árboles nadie le podía ganar, él se reía de nosotras porque no lo podíamos alcanzar y no sé Marcy si tu madre te ha contado pero fue Erick quien salvó a Verna de ahogarse en el río, para todos fue una experiencia horrible. Estabamos los hermanos bañándonos en la orilla del río, cuando Verna se alejó y la corriente la arrastró, ella daba de gritos porque se hundía, nosotras también gritábamos y Erick sin pensarlo se arrojó a las aguas para salvarla, por unos segundos los dos desaparecieron y luego vimos a Verna salir a flote pero en su desesperación hundía a Erick, él reaccionó con fuerza y se separó de ella, no le quedó otra cosa que tomarla del cabello por la espalda y arrastrarla a la orilla. Todas corrimos hacia ellos y nos abrazábamos, llorábamos y prometimos que nunca más iríamos hasta el fondo del río y menos si estabamos solas. Verna le pidió perdón a Erick por hundirlo y él contestó -hubiera sido peor que te ahogues en el río, sin ti hermana la vida hubiera sido una tragedia- se abrazaban y lloraban juntos ¿Recuerdas ese episodio Verna?- preguntó al final Malva. 
-¡Qué si recuerdo!- exclamó -nunca voy a olvidar ese día, su accionar me unió más a nuestro hermano, él salvó mi vida- contestó Verna y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Nada, nada de tristezas- exclamó Sonia -ahora vamos a brindar por nosotras las hermanas Prodanovich y por Erick, el mejor de los hermanos-. 
Sacó las copas para servir el vino, la botella de vino que había comprado para la ocasión, no siempre estaban juntas en familia. Todas las hermanas levantaron sus copas y al mismo tiempo dijeron ¡Salud! en voz alta. Marcy las acompañó en el brindis, era feliz al ver juntas a sus tías y a su madre, fue un momento emotivo de unión y calidez. Si alguna vez hubo rencillas entre ellas, se arreglaban de inmediato, eso les había enseñado la abuela Margarita. Ella siempre les decía -los lazos de familia y de sangre siempre perduran y son más fuertes que ningún otro lazo, no lo olviden-.
Al día siguiente Malva, Tania y Verna se despedían de Erick, su esposa y sobrinos, prometían que pronto tendrían una respuesta con respecto al fundo. Marcy y Sonia las llevaban al pueblo a la estación del bus. Allí se despidieron las hermanas y prometieron regresar más seguido. De regreso a la casa del fundo Marcy le pidió a su madre sacar la foto donde estaba los abuelos en el día de su boda.
-¿Madre por qué está la foto de los abuelos en el baúl?- preguntó Marcy
-Hija ha sido un descuido de mi parte, para mí fue muy triste cuando ellos partieron, al punto que lloraba cuando veía su foto, por eso la guardé, como bien sabes, recién me había separado de tu padre entonces el dolor fue doble, lo que debo decir es que nuestra separación fue amistosa, tú conoces bien la historia- señaló al final Sonia.
Marcy conocía la historia de sus padres, habían hablado con ella para explicarle que si bien no resultaron como pareja, siempre iban a ser sus padres y podía contar con ellos en todo momento. Por eso en los meses que la joven estudiaba vivía en casa de su padre en la capital y en las vacaciones vivía con su madre en el fundo, era un arreglo que le favorecía, tenía lo mejor de los dos, además ya no era una niña y podía comprender bien la situación. Lo mejor de todo es que contaba en su vida con el amor y la atención de cada uno. 
Marcy ya no iba ir al pueblo ese día, por lo tanto estaba ensimismada leyendo el diario de la abuela, en sus páginas podia leer todo la que ella pensaba. Abrió el diario en la pagina que la fecha indicaba: 
24 de Marzo: -Mi padre ha tomado cartas en el asunto con respecto a Harold, mi hermano Héctor le contó que lo encontró cerca a mí. Cuando mi padre me preguntó le dije que sí, que Harold Prodanovich se había acercado a saludarme y yo contesté su saludo: -padre el fue en todo momento amable y educado- respondí. Mi padre solo movió la cabeza, en su rostro tenía una expresión seria, dio la orden que no podía salir a la calle para nada, me pareció una medida injusta. Mi madre intervino para hacerlo razonar, pero él no quiso escucharla. Me encerré en mi cuarto, era tan injusto lo que me sucedía, al día siguiente me enteré por Anselmo, mi otro hermano, que mi padre había mandado a Héctor  a averiguar todo con respecto a Harold, quién era, donde venía, quién era su familia, en fin, yo estaba destrozada, recuerdo que Anselmo me dijo: -hermanita nuestro padre te está protegiendo, él no sabe ni conoce a ese joven que se te acerca, además es bastante mayor que tú, eso es lo que más le disgusta-.
A los pocos días de ese incidente y yo encerrada en mi habitación consolada solo por mi madre, llegó Héctor y se encerró con mi padre en la biblioteca para informarle todo la que había averiguado sobre Harold. Era mi sentencia, nunca más lo volvería a ver, mi madre me repetía que mi padre quería evitarme malas experiencias y yo decia en voz alta que malas experiencias si no puedo hablar con Harold y conocerlo mejor.
Marcy detuvo su lectura, ¡como era posible qué el bisabuelo se comporte de esa manera! su actitud era exagerada, pobre abuela Margarita pensó. Se dio un golpe en el pecho por vivir en otro tiempo y por tener unos padres comprensivos con los que se podía hablar. 
Tomó de nuevo el diario y leyó: Mi padre Lorenzo Villacorta no sabía que Harold al ver que pasaban varios días sin verme en el pueblo, se acercó hasta la casa para hablar con él su intención era pedir  permiso para visitarme. Mi padre en una actitud necia lo botó de la casa y no quiso recibirlo.
Yo estaba avergonzada y mi madre por fin intervino para hacerle ver a mi padre su error y lo equivocado que estaba, él se mantuvo en sus trece y comentó: -Celia todo lo hago es por el bien de nuestra hija, no intervengas-. 
-Como no voy a intervenir- contestó mi madre -es mejor Lorenzo que cambies de actitud y recibas a ese muchacho para ver que desea. No te cierres en tus ideas, estás alejando a tu hija que tanto te quiere-.
Lorenzo Villacorta no contestó, tomó su sombre de ala ancha y salió de la casa, se iba a su fundo ganadero donde estaban sus hijos, él tenía que controlar todo.
Marcy cerró de golpe el diario y salió de su habitación: -madre, madre- buscaba a Sonia, la encontró en el portal regando las plantas -puede ser posible que el bisabuelo se comporte de forma tan cruel con su hija- comentó indignada Marcy.
-Sigues leyendo el diario de la abuela- dijo Sonia con serenidad -todavía no emitas juicio, más adelante verás como son las cosas-.
-Madre, en los tiempos actuales, la actitud del bisabuelo sería anacrónica y absurda- contestó Marcy con el diario en la manos.
-Eran otros tiempos y la vida solía ser muy conservadora, una mujer joven no podía elegir con libertad su camino a menos que los padres estén de acuerdo- sentenció con paciencia la madre al ver a su hija sofocada por la indignación. 
Marcy no estuvo muy de acuerdo con su madre pero no debía emitir algún juicio todavía.
Habían pasado pocos días cuando de pronto apareció en el lumbral de la puerta de la casa del fundo la tía Malva, sorprendió a Sonia y a Marcy, ella no había comunicado que iba a regresar tan pronto. 
Malva al ver el desconcierto de su hermana y sobrina comentó en voz alta: -mi querida hermana parece que acabas de ver a un fantasma-.
-Bueno, no puedes negar que venir sin avisar y aparecer así de la noche a la mañana es para sorprender. Ha sucedido algo, no me asustes por favor- su voz era de preocupación por su hermana mayor.
-Calma Sonia, no ha sucedido nada grave, tenía que venir para conversar con Erick y contigo sobre mis intereses en el fundo, solo quiero recuperar un poco el aliento y sentarme, el carro que me trajo hasta aquí tenía en mal estado las llantas y rebotaba por todo el camino, mi cintura ha pagado las consecuencias, me duele demasiado voy a sentarme. Si no mande un aviso es porque no quería molestar a mis hermanos- respondió Malva adolorida.
-Claro, tienes razón, siéntate para que descanses voy a pedir a Josefa que traiga refrescos para que te alivies, el calor a esta hora del día es muy fuerte- respondió Sonia. 
-Marcy por favor- pidió ayuda la tía Malva a su sobrina -puedes llamar al tío Erick para hablar con él sobre la propuesta de Verna y Tania, ellas me han dado sus cheques con el dinero pactado, en el primer envió, mi caso es diferente-. 
Marcy fue a casa del tío que por suerte no había partido al pueblo para hacer sus gestiones. Erick apareció con el ceño fruncido por la preocupación, su hermana había llegado al fundo, pasaba algo malo con ella. 
Malva ni bien vio la expresión de preocupación en la cara de Erick comentó: -no ha pasado nada grave conmigo, tenía que venir porque traigo los cheques de Tania y Verna con algunos documentos para firmar y explicar cual es mi situación y el por qué no puedo invertir en el fundo-.
Erick y Sonia se acomodaron cerca a Malva para escuchar con atención sus explicaciones y ver los documentos que traía para firmar. Al parecer Tania y Verna estaban de acuerdo porque mandaron sus cheques pero con Malva era distinto, a veces ella solía ser un poco complicada y difícil en su manera de proceder  
-Mis queridos hermanos- dijo sonriendo Malva -ustedes saben que mi esposo y yo tenemos una empresa de diseño y construcción, ahí hemos puesto todo nuestro capital y no podemos mover dinero alguno para invertir en otro proyecto. Alejandro y yo después de darle varias vueltas al tema y estudiar los números de arriba a bajo, llegamos a la conclusión que es mejor vender mis hectáreas para aumentar el capital en nuestra empresa-.
Erick y Sonia se quedaron sin voz, todo podían pensar menos que Malva vendiera sus tierras, no estaban de acuerdo. Marcy también se estremeció, la tía iba a vender parte de las tierras del abuelo Harold que tristeza que dolor. 



CONTINUARÁ      
                 
       
       
                 
         
                

 

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