Ada estaba viviendo una terrible experiencia, frente a ella tenía una premonición y no podía recurrir a nadie. Pasados unos segundos la imagen desapareció, sus manos temblaban y un escalofrío recorría su espalda. Lloraba sin poder detenerse, las lágrimas corrían por sus mejillas, levantó la fuente que había caído al piso, fue al comedor y la guardó en lo alto de una repisa; de uno de los cajones del aparador sacó el rosario que su madre guardaba, necesitaba sentarse y rezar, deseaba pedir al cielo que no se cumpla la premonición que acababa de ver. Buscó donde sentarse, no podía mantenerse en pie, lloraba con desesperación, su mente se había nublado por el miedo. Rogaba que no se haga realidad la imagen que había visto. La puerta principal de la casa se abrió, era su madre que regresaba de hacer las compras, ella no debía verla en ese estado, Ada secó sus lágrimas se puso de pie y disimuló ante su madre para que no se de cuenta que estuvo llorando, si notaba su angustia comenzaría hacerle preguntas y no deseaba eso, su madre no estaba enterada de su herencia.
-Ada- dijo su madre con entusiasmo -no te imaginas a quien encontré cerca a la iglesia, a mi amiga Cristina, puedes imaginar, a ella no la veía desde hace varios meses, te das cuenta que pequeño es el mundo, no sabía que estaba viviendo en La Merced. Yo me despedí de mi amiga en San Andrés y ahora verla de nuevo fue una gran sorpresa-.
Apenas pudo Ada contestar, sus palabras se quedaban en la garganta luego de unos segundo dijo: -si madre, es una gran sorpresa, seguro que vendrá a visitarte uno de estos días. Quiero que me disculpes tengo que salir, regreso dentro de una hora-.
La madre no tuvo tiempo de responderle a su hija, porque Ada abrió la puerta de la calle y salió con rapidez, necesitaba caminar, necesitaba estar sola para pensar, no podía continuar con la conversación. El rosario de su madre lo tenía en las manos, entró a la iglesia para rezar con devoción, necesitaba serenarse y actuar con calma, recordaba la imagen que vio frente a ella, de tan solo imaginar se quedaba sin aire. Lamentó no poder hablar con nadie, ni siquiera con su padre de lo que estaba viviendo a pesar de que él comprendía lo que su hija había heredado por la línea materna de las mujeres de su familia.
Ajenas a la tragedia y el dolor que Ada estaba viviendo en casa de sus padres. Beatriz, Anabella y Marcy celebraban en San Andrés y continuaban con la reunión. Brindaban y conversaban de su presente y planificaban su futuro, todas querian viajar a lugares exóticos, lamentaban la ausencia de Ada, con ella la reunión hubiera sido completa. El tiempo había pasado y ya era de noche cuando Beatriz se despedía de sus amigas: -Tengo que ir a ver a mi familia, mis padres están ayudando a Pancho con mis hijos, sé que por ese lado esta todo bien. Mis queridas amigas me tengo que ir, ha sido una gran felicidad vernos de nuevo. Tenemos que reunirnos otro día, mañana no puedo tengo que visitar a mis suegros, vamos a quedarnos todo el día en su casa pero todavía voy a estar en casa de mis padres unos días más antes de regresar a la capital. Tenemos tiempo para volvernos a encontrar- señaló Beatriz.
Después que Beatriz se marchó, Anabella sabía que Marcy se quedaba a dormir en su casa, su amiga no quería manejar de noche en la carretera. El cuarto de huéspedes estaba listo.
Marcy comentó con Anabella: -ha sido una gran reunión, lo hemos pasado muy bien, pero es hora de ir a descansar son casi las once de la noche, mañana tengo que salir temprano, le prometí a mi madre llegar a desayunar con ella, no quiero que se preocupe por mí-.
-Marcy, no tengas pena, comprendo cual es tu realidad, vives en el fundo, eso complica las cosas. Mi casa siempre está a tu disposición para cuando quieras pasar la noche en San Andrés- comentó Anabella y le señaló el camino hacía la habitación de huéspedes.
Marcy sabía que podía contar con Anabella pero no era su intención abusar de su hospitalidad ni de su amistad.
Al día siguiente Marcy se despidio de Anabella y partió en su jeep al fundo, parecía que había pasado varios días fuera de casa, agradecía mucho Anabella su hospitalidad pero no había mejor lugar en este mundo que su propia casa. Llegó justo a tiempo para el desayuno con su madre, se sentía feliz de verla y pasar juntas un momento, hablaron de todo, Marcy comentó sobre la reunión y lo bien que la paso entre amigas, Beatriz estuvo muy feliz del encuentro de amigas y Anabella ni que decir, estuvimos todo el tiempo en su casa y la pasamos muy bien.
-Marcy voy a usar el jeep, hoy llegan los plantones de café, la tierra está casi lista para la siembra de los primeros cien cafetales- dijo su madre con gran expectativa.
-No hay problema madre, el jeep es todo tuyo- respondió Marcy -no tengo intenciones de salir
-Bueno ya acabamos de desayunar, tengo que encontrarme con Erick en las hectáreas que son de Malva en ese terreno vamos a comenzar la siembra. Nos vemos en la tarde- dijo Sonia, abrazó y beso a su hija, luego salió para encontrarse con su hermano.
Marcy tenía todo el día para estar en el fundo, quería arreglar algunas cosas pero antes de ello iba a salir de la casa para dirigirse al lugar donde estaban los árboles de caoba que tanto ambicionaban los aserraderos. Caminó sin prisa, los árboles no estaban muy lejos, ya a la distancia los podía divisar, en realidad ¡Qué hermosos eran! Se levantaban al cielo con orgullo de ser los reyes de la región, sus troncos eran fuertes y grandes, treinta o cuarenta metros de altura podían alcanzar sus copas. Marcy se acercó a uno de ellos lo abrazó con fuerza, sus brazos no podían cerrarse era demasiado grande, de la emoción unas lágrimas cayeron por sus mejillas -¡Cómo cortar y vender tan hermosas maravillas de la naturaleza!-exclamó, eso era imposible. Recordó que en su niñez solía jugar y correr entre estos gigantes de la naturaleza que protegían con sus sombras el fundo. Se quedó contemplando por una hora a los grandes árboles, hablaba con ellos les prometió que nunca serían talados ni arrancados de su hogar, sentía que nada en el paisaje sería igual, sin estos bellos gigantes.
Después de despedirse, se dio media vuelta y regresó a la casa, la mañana aún era joven, se dio un baño se cambio de ropa y arregló su habitación, sobre el velador la esperaba el diario de la abuela Margarita, no pudo más, tenía que enterarse porque el abuelo Harold estaba tan misterioso en el viaje que iba hacer a la capital.
Margarita escribía en su diario, Junio 18: - no comprendo porque Harold estuvo tan misterioso en su viaje a Lima, han pasado tres días y no sé nada de él, supongo que ya vendrá, su fundo no puede estar sin su presencia mucho tiempo, tiene un capataz que está a cargo pero él es tan exigente consigo mismo y con el fundo, en fin supongo que ya vendrá- terminó de escribir Margarita.
Harold Prodanovich demoró más de una semana en regresar, Margarita ya estaba preocupada por él, pensaba que tal vez le había ocurrido algo, quiera Dios que no sea así, rogaba al cielo.
Junio 27, escribía Margarita: -por fin Harold a regresado, ha venido a visitarme y me trajo chocolates y una colonia que huele a rosas, su aroma es deliciosa y perfumada. Me dijo -para la flor más bella de San Andrés- yo sonreí y observe que aún seguía con una actitud misteriosa, luego Harold muy serio agregó:
-Margarita cierra los ojos- yo obedecí y cuando abrí los ojos había puesto en mi mano una bella sortija de compromiso, ese era el gran misterio que me ocultaba. Estaba sin palabras, solo atiné a contestar
-es una sortija hermosa-. Harold comentó -primero debo hablar con tu padre necesito su permiso para pedir tu mano, no quiero hacerlo sin su consentimiento-. Mi padre estaba en casa, fui a buscarlo al estudio y comente -padre Harold quiere hablar contigo- mi padre molesto contestó -por fin ha regresado, dile que pase- fue toda su respuesta.
Harold entró al estudio y cerró la puerta, Margarita se quedó en la sala esperando la respuesta de su padre, estaba tan feliz que no imaginaba la conversación que se desarrollaba entre su padre y su novio.
-De que se trata tanto misterio- comentó con voz grave Lorenzo Villacorta.
-Señor, pretendo pedir su permiso para comprometerme con su hija, mis intenciones son muy serias- respondió Harold.
-Quieres comprometerte con mi hija- señaló el padre -veo que tienes el anillo, ya puedes ir guardando ese anillo, yo no te voy a entregar a mi hija hasta que cumpla los dieciocho años, ella ahora es muy joven para un compromiso, ahora puedes retirarte, no tengo más que decir- fueron sus últimas palabras.
Harold no tenía oportunidad de hablar, Lorenzo Villacorta fue directo y cortante. Cuando regreso al lado de Margarita solo dijo: -es mejor que me vaya ahora, no puedo hablar, tu padre no aceptado mi petición de compromiso-.
Margarita respondió: -Harold por favor espera, yo voy hablar con él-.
-No, es mejor que no digas nada, yo voy a regresar otro día y vamos a conversar- contestó Harold y salió de la casa.
Margarita cayó de bruces al suelo, lloraba desconsolada, su madre entró a la sala abrazó a su hija y comentó: -Margarita serénate, calma hija mía, tu padre tiene razón eres muy joven para un compromiso, debes esperar hasta cumplir los dieciocho años, en ese tiempo tú y Harold se van a conocer mejor y sabrán si son el uno para el otro. Además tu padre no le ha cerrado la puerta, él puede seguir viniendo.
Margarita no escuchaba a su madre, ésta ordenó a Dorila traer un vaso con agua de azahar para calmar los nervios de su hija. La joven seguía llorando y entre lágrimas repetía -¡por qué, por qué mi padre es así! ¡él no tiene corazón!. Se abrazó a su madre sintiendo un gran dolor.
CONTINUARÁ


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