Marcy leía atónita el diario de su abuela, se preguntaba ¿Cómo era posible que su padre Lorenzo Villacorta haga sufrir a su hija? era imposible que un padre pueda tratar de esa forma a su propia hija. Estaba indignada y su madre no se encontraba en casa para poder comentar con ella lo que estaba sintiendo. El pobre abuelo Harold, pensaba Marcy, lleno de ilusión compró en la capital la sortija de compromiso para pedir la mano de su amada y resultó que fue rechazado y tratado de cualquier manera, era algo inaudito. Marcy se calmó, respiró profundamente para volver abrir el diario y seguir leyendo este episodio de la vida de sus abuelos.
-Mi madre al verme desesperada me llevó a mi dormitorio- escribió Margarita en su diario -ella me decía que me serene- pero yo no podía dejar de llorar y lamentar mi suerte. Mi madre me ayudó a sentarme en la cama, cerró la puerta de mi habitación y me hablaba despacio para explicarme cual era la situación con respecto a mi padre y Harold. -Mi querida Margarita tu padre solo intenta protegerte, eres muy joven para un compromiso de boda, espera a que se cumpla el tiempo y si los dos quieren aun casarse, lo podrán hacer con plena libertad. Comprendes lo que digo-. yo contesté -madre yo comprendo lo que dices, pero hay muchas jóvenes de mi edad que se casan y nadie se opone-. Mi madre se acercó y se sentó a mi lado y luego dijo -es verdad que hay jóvenes que se casan a tu edad pero tú no eres esas jóvenes, lo que pretendemos es que conozcas mejor a Harold y puedan saber si realmente se van a comprender. El matrimonio no es un juego o un simple deseo, nosotros tus padres queremos que seas feliz al lado del hombre correcto-. Mi madre terminó de decir estás palabras cuando se abrió la puerta de mi habitación, era mi padre que entraba, dio unos pasos frente a mi y con voz serena pero firme me habló -Margarita tal vez me veas como un padre cruel, pero solo pretendo protegerte y darte tiempo a madurar no solo como persona sino a madurar tus sentimientos. No deseo escuchar ni un solo lamento más de tu parte. Harold Prodanovich puede seguir viniendo a la casa para visitarte y llegado el momento de que cumplas la edad podrán comprometerse. No voy aceptar ninguna oposición a lo que estoy diciendo, te pido serenidad y que me demuestres madurez, con el tiempo si el sentimiento es real se darán cuenta los dos que tenía razón-. no pude contestar, mi padre no lo permitió, él se dio media vuelta y salió de mi habitación. Mi madre me dijo -no vayas contra la voluntad de tu padre en este punto tiene razón, solo te está protegiendo-. Yo contesté -esto no se lo voy a perdonar a mi padre y voy a obedecer su voluntad-.
Héctor y Anselmo buscaron a su padre para hablar con él. Héctor fue el primero en decir que no estaba de acuerdo con su decisión y pensaba que era muy severo con Margarita y Harold. Anselmo estuvo de acuerdo con su hermano y agregó -¿padre no crees qué estas exagerando?-.
Lorenzo Villacorta contestó con rigor a sus dos hijos: -a los dos les advierto que no intervengan en este asunto, yo ya he ordenado lo que se va hacer y eso será, no hay más que decir-.
¡No!, ¡no puede ser!, pensaba Marcy cuando cerró el diario de la abuela, el bisabuelo era demasiado rígido con sus hijos. Es verdad que su hija era bastante joven pero en aquellos tiempos la vida era así, la gente se casaba joven. Tengo que calmarme, sé que al final los abuelos se casaron, sino yo no estaría aquí sentada frente al gran ventanal leyendo su historia de vida. Me duele su situación pero también siento cólera que la abuela no podia elegir con libertad cuando y con quien casarse.
Escuchó que la puerta de casa se abría y la voz de su madre la llamaba: -¡Marcy ya llegue! ¿estás en casa?-
-Madre aquí estoy- exclamó la joven y salió al encuentro de ella.
Sonia notó a su hija molesta y agregó -estas leyendo el diario de tu abuela-.
-Si madre, sigo leyendo el diario y estoy en la parte en que el bisabuelo maltrata a su hija porque ella deseaba casarse, ¿no entiendo su actitud?-. levantó las manos con fastidio.
-Hija, no voy adelantarme en los eventos del diario, eso debes leer tú, lo único que puedo decir es que el padre desconfiaba de Harold por la diferencia de edad que existía entre ellos, sigue leyendo y más adelante vas a comprender los motivos del bisabuelo.
Marcy respiró profundamente y comentó: -por nada del mundo me hubiera gustado vivir en la época de la abuela Margarita, creo que hoy en día hay la libertad para elegir, por ejemplo yo me puedo casar mañana y tú ni mi padre se van a oponer-
Sonia sonrió a su hija y dijo: -espero que no se te ocurra hacer tal cosa... ¡verdad!. "Aun tienes mucho pan que rebanar" como decía mi madre-.
-Ahora Marcy, hagamos un paréntesis- habló Sonia -estamos en todo el trabajo de la siembra en el fundo, los plantones de café tienen que estar sembrados antes de que termine la semana, mañana llegan cien plantones más del vivero El Cafetal que nos está mandando puntualmente las plantas. Erick se encarga de supervisar el lado norte y yo el lado sur, en agricultura todo se debe hacer correctamente si no la siembra puede fracasar-.
-Madre- contestó la joven -admiro tu dedicación y el amor al trabajo en el fundo, creo que yo nunca voy a poder igualarte-.
-No te preocupes mi querida, mientras yo pueda seguir con el trabajo no hay nada en que pensar, tú dedícate a terminar de estudiar y luego vamos a ver-contestó la madre con serenidad.
Madre e hija se sentaron en el portal a conversar, estaban muy unidas y Marcy agradecía que su madre no fuera demasiado entrometida en su vida. Sonia siempre le dio la libertad de elegir y cuando le daba algún consejo lo hacia sin imponer su voluntad.
-Marcy cuéntame ¿Cómo están tus amigas?, qué dicen Anabella, Beatriz y Ada- preguntó la madre.
-Puedo asegurar que todas ellas están bien- contestó la joven con voz nerviosa- no podía decir la verdad con respecto Ada, solo deseaba que esté bien, no sabía nada de ella desde que se fue a visitar a sus padres.
Ada se encontraba en la ciudad de La Merced estaba con sus padres en casa, ya casi anochecía cuando se sentaron a cenar. La joven comentó que pronto iba a partir a la capital para arreglar sus papeles y ponerse a estudiar diseño, era la carrera de su elección. Sus padres estuvieron de acuerdo y la cena transcurrió sin mayores incidentes. Cuando terminaron de cenar Ada le dijo a su madre que se vaya a descansar que ella iba a lavar los platos y limpiar todo. Después de terminar las tareas de limpieza en la cocina y comedor se retiró a dormir no quería molestar a su padre con conversaciones, él estaba ocupado con algunos documentos de su trabajo. Se acostó temprano y eligió un pasaje de la biblia para leer, le daba mucha calma y serenidad, las historias y pasajes del gran libro. En los últimos tiempos se había volcado hacia Dios para buscar la paz que tanto necesitaba y aprender a manejar esta nueva forma de vida, sus emociones a veces la rebasaban Se quedó dormida a la media hora de lectura, no sabía cuanto tiempo había transcurrido pero era muy de noche, en la casa todo estaba oscuro y en silencio. Una luz intensa la despertó, junto a la puerta estaba de nuevo la misma imagen que había visto cuatro días antes. Al verla se quedó paralizada y comenzó a llorar con desesperación y dolor, se negaba aceptar lo que iba a suceder. Quería gritar pero se contuvo, no podía asustar a sus padres, se abrazó a la colcha y lloró en silencio. ¡Por qué! ¡por qué! repetía, no alcanzaba a comprender lo que que pasaba y la imagen que veía.
Al día siguiente Ada se levantó un poco ojerosa, la experiencia de la noche anterior la dejo sin dormir varias horas. Se acercó a su padre y conversó con él en el comedor, estaban desayunando solo los dos.
-Padre, mañana parto a San Andrés, deseo despedirme de mis amigas y de mi tía, desde ahí voy a viajar a Lima. Como siempre me hospedaré en la pensión para señoritas de doña Herminia, ahí viviré mientras estudio en la capital, tú conoces muy bien la casa de pensión, siempre has mandado mi mesada a esa dirección- señaló Ada a su padre.
-Está muy bien hija, me siento feliz que hayas elegido una carrera. Conozco la casa de doña Herminia y me da tanto gusto que hayas decidido estudiar y pensar en tu futuro, el tiempo pasa muy rápido y no espera. Con respecto a lo otro te pido discreción y aceptación, tienes que hacer como la abuela Regia que vivió una larga vida con ese don, vamos a llamarlo de esa forma, confió en ti y en tu criterio- contestó el padre a su hija, luego se levantó de la mesa y le dio un beso en la frente.
La joven se despidio de su padre y se fue a su habitación para preparar el equipaje, ella no sabía que en San Andrés estaba Beatriz visitando a sus padres y que las cuatro amigas se iban a juntar de nuevo antes que cada una elija su propio camino y se vuelvan a separar. Ada necesitaba pensar con calma cuales iban hacer sus pasos en el futuro, debía aprender a vivir de nuevo.
En San Andrés, en el café Salón Azul, habían quedado en reunirse Anabella, Beatriz y Marcy, ninguna de ellas sabía que Ada llegaría al pueblo al día siguiente. Anabella y Marcy llegaron temprano al café, conversaban mientras esperaban a Beatriz que tardaba un poco en llegar, eran las doce del día y junto a unos deliciosos refrescos de fresa Anabella comentaba: -Marcy tengo que decirte que hace más de una hora llegó al Bazar a que no adivinas ¡quién!-
Marcy movió la cabeza en señal de no saber de quién se trataba, Anabella continuó: -llegó nuestro querido amigo Armando, me dio tanta alegría verlo de nuevo, desde hace meses él no se encontraba en San Andrés, es un viajero empedernido, tú sabes que es así-
Armando había estudiado junto a todas ellas en el colegio, se conocían desde niños, a Marcy también le dio alegría saber que su amigo se encontraba en el pueblo.
Anabella levantó el vaso de refresco y comentó: -brindemos por nuestro amigo y roguemos que se quede un largo tiempo en San Andrés.
Marcy sonrió e hizo lo mismo, levantó el vaso para brindar, ella sabía desde hace tiempo que Anabella se sentía enamorada de Armando pero era un sentimiento del que su amiga nunca hablaba.
En ese instante Beatriz llegó al Salón Azul, saludó con alegría a sus amigas y se sentó para pedir el mismo refresco de Marcy y Anabella.
Con voz triste habló: -tengo que decir con mucha pena que dentro de dos días debo regresar a la capital, el trabajo nos llama a Pancho y a mí, han surgido algunos inconvenientes que debemos resolver. Siento gran tristeza porque pensaba quedarme más tiempo en San Andrés y disfrutar de mi familia y de la compañía de ustedes- finalizó Beatriz con voz triste.
Anabella y Marcy lamentaron tal situación pero no podían hacer nada, era lo inevitable de la vida y la realidad del día a día. Cada vez era más difícil juntarse de nuevo y disfrutar de su amistad.
CONTINUARÁ


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