lunes, 11 de mayo de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Marcy en su habitación continuaba leyendo el diario de la abuela Margarita, sentada frente al gran ventanal, estaba tan entretenida con los comentarios y sonreía con los detalles sobre la boda de los hermanos Langy.
-Tengo que decir- escribía Margarita 
-que la ceremonia en la iglesia fue muy bonita y las palabras del padre Diego claras y emotivas, todos en San Andrés lo conocían y le tenían mucha estima y confianza. Al terminar la ceremonia en la iglesia, los novios ahora ya esposos eran acompañados por el padre Diego y los invitados, todos caminaron hasta el salón donde se iba a celebrar el almuerzo y la fiesta de los recién casados. A su paso por la calle la gente aplaudía y le arrojaban arroz, como señal de buen augurio. El salón había sido decorado con buen gusto por la esposa del dueño. A la hora de comenzar la celebración las palabras de los novios y de los padres de las novias también fueron muy sentidas, la gente aplaudía con cada discurso. Harold se acercó a sus amigos y los felicitó con estas palabras -es el comienzo de una nueva vida, ustedes pórtense bien con sus esposas y ellas los amaran por siempre- luego se acercó a mí, me tomó de las manos y las beso, mi hermano Anselmo nos miró con expresión sería pero no dijo nada, creo que se dejo llevar por la emoción del momento, yo sonreí y él comprendió la situación. La comida estaba a la altura de la celebración, todo era exquisito y el vino de calidad excelente traído desde la capital en grandes barriles completaban el almuerzo. Se celebró el matrimonio con alegría, cada pareja de recién casados bailaban llenos de felicidad. Harold me invitó a bailar,  quedé sorprendida, sabía llevar muy bien el ritmo y sus pasos iban acorde con la música, tengo que decir que bailamos sin parar, creo que nunca me había divertido tanto en mi vida. En su rostro se podía ver la felicidad que sentía por la boda de sus amigos que él  consideraba su familia. Mi hermano Anselmo también se divertía sacando a bailar a todas las jóvenes solteras, él siempre fue alegre, divertido y le gustaba bailar muy diferente a mi hermano mayor. En esa boda conoció a Florencia, la  joven que más  tarde sería su esposa. Comimos, bailamos y nos divertimos hasta las doce, a esa hora Anselmo se acercó a mí y me habló -Margarita debemos regresar a casa, nuestro padre me advirtió claramente que debía llevarte a casa máximo a las doce y ya es la hora- sentí un poco de pena dejar la fiesta, pero era mejor obedecer para no tener problemas con don Anselmo Villacorta, que era muy estricto. Harold estuvo de acuerdo -Margarita, es mejor obedecer las reglas para no hacer enfadar a tu padre- debo admitir que tenía razón, no deseaba que después mi padre le cierre la puerta de casa y no me deje verlo nunca más.
Marcy detuvo su lectura, al sentir los pasos de su madre en la sala, cerró el diario lo puso en el velador y salió del dormitorio a su encuentro, al verla comentó: -madre debo contarte que mientras no estabas, vino un agente del aserradero Saldívar, ahora entiendo porque tu molestia por estas personas que son tan insistentes, con respecto a la venta de los árboles del abuelo Harold-.
-Mi querida Marcy que bueno que comprendas, ellos saben muy bien que no vamos a vender los árboles e insisten y vuelven a insistir, a pesar de que hay un gran cartel en la entrada del fundo. Tal vez pretenden que al insistir van a conseguir su cometido. Aunque mi hermano Erick un tiempo estuvo de acuerdo con vender los árboles pero gracias al cielo después desistió de tal acción, fue un momento difícil y el dinero escaseaba, logramos salir adelante y nos prometimos que nunca más pensaríamos en la acción de vender los arboles- contestó Sonia.
Marcy recordó: -madre fue aquella época que hubo una tremenda sequía en la región ¿verdad?-
-Si, fueron aquellos días en que casi perdimos los cultivos y eso hubiera significado la ruina- asintió con la cabeza Sonia 
-¿Madre donde estabas? te busqué por toda la casa y no te encontré - preguntó Marcy-
-Fui un momento donde tu tío Erick, quería entregarle mi presupuesto de los gastos para el compromiso de las tierras de Malva, le dije que venga a cenar, su esposa Inés y sus hijos todavía se encuentran en Villa Rica- respondió la madre. 
-Me parece excelente, el tío Erick es muy divertido cuando cuenta sus anécdotas. Madre antes que me olvide, mañana voy almorzar en casa de Anabella, vamos a estar con Beatriz que ha llegado a San Andrés hace dos días con su esposo e hijos,  es posible que me quede a dormir en su casa, no quiero manejar de noche en la carretera, tú sabes que es peligroso. Te prometo llegar muy temprano para desayunar juntas- señaló Marcy a su madre.
Desde el incidente que vivió en la carretera, hace más de un año donde quisieron asaltarla, Marcy evitaba manejar de noche, no quería que le vuelva a suceder lo mismo.
-No me has contado como está Beatriz, que novedades trae- dijo su madre.
-La única novedad que puedo contar- Marcy habló con énfasis -es que tiene un segundo hijo que es un bebé pequeño y hermoso. Lo lamentable es que Ada no va estar en la reunión, ella está visitando a sus padres-.
-Bueno, ya conversaremos más tarde las novedades después de tu reunión- contestó Sonia con tono reflexivo. 
En la noche cuando vino el tío Erick, lo recibieron Marcy y su madre juntos disfrutaron de una cena sencilla pero deliciosa, Josefa siempre sabía como halagar a las visitas. Sonia y su hermano conversaban del presupuesto y como iban a distribuir el dinero, luego comentaron sobre la visita del agente del aserradero, la conversación fluyo con tranquilidad y al terminar de cenar Erick se despidio: -Me van a disculpar mi querida hermana y sobrina, todo ha estado delicioso pero debo retirarme, estoy cansado el trabajo en el campo ha sido agotador y recién empezamos-.
Sonia y Marcy estuvieron de acuerdo y le dieron las buenas noches. Erick se despidio y cerró la puerta principal de la casa. Sonia fue tras de él para asegurar con los cerrojos la puerta. 
Marcy también estaba cansada, le dio las buenas noches a su madre y se retiró a su habitación. Después de asearse y ponerse la pijama, se acordó de Ada, esperaba que esté bien y que su padre comprenda el dilema que estaba viviendo su hija. El diario de la abuela Margarita descansaba en el velador, tomó el pequeño libro y leyó:
-Unos días después de la boda de los hermanos Langy, mientras ellos se encontraban de luna de miel, Harold me habló con tono misterioso una tarde que vino a visitarme -Margarita, debo viajar a la capital tengo que hacer unos mandados y arreglar unos documentos- no me contó más, yo no insistí para que me explique de que se trataba, imagine que debía  poner en orden su estatus migratorio, no me dio más explicaciones y a mí me pareció imprudente preguntar-.
Marcy no alcanzó a terminar de leer la página, el sueño la vencía, volvió a dejar el diario en su sitio y se quedó profundamente dormida. Al día siguiente encontró una nota de su madre en el velador, la nota decía: -Marcy he tenido que salir con Erick al amanecer, tenemos que controlar el trabajo en el campo, desde hoy nos dividimos las hectáreas de terreno para la siembra. Si vas donde Anabella ten cuidado, que disfrutes tu reunión-. Mi madre, siempre tan dedicada y apasionada por su trabajo y el fundo.
Marcy ocupó parte de la mañana para arreglar algunas cosas en su habitación, más tarde se alistó para ir almuerzo y pasar con sus amigas una tarde de conversación y recuerdos. Por el momento no tenía más preocupaciones que dedicarse a disfrutar sus vacaciones. Al llegar a casa de Anabella ya estaba Beatriz, se abrazaron con emoción, las amigas estaban de nuevo juntas, no había apuros ni angustias, solo una tarde de amigas. Lamentaban la ausencia de Ada pero aceptaban que su familia estaba primero y que era bueno estar con sus padres. 
Anabella trajo la botella de champán que estaba en el refrigerador, con las copas listas brindaron por la amistad de siempre y por la reunión que las mantenia unidas.
Beatriz fue la primera que comentó sobre su vida con Pancho y sus hijos en la ciudad: -ha sido un poco difícil adaptarme a otra etapa de la vida pero que puedo hacer, debo seguir adelante- dijo con resignación -extraño a mi familia, mi casa en el fundo y a mis padres, era la época donde no había prisas ni preocupaciones y menos responsabilidades de cuidar una familia. 
Anabella y Marcy la escuchaban, algo parecido sucedía con ellas pero aceptaban la realidad que les tocaba, es más, no se podían quejar, tenían todo y nada les faltaba. La realidad de Anabella era de privilegio, poseía su propio negocio y disfrutaba de una vida cómoda, su abuela le había enseñado como manejar las finanzas y el Bazar. Marcy igual, tenía todo lo que necesitaba y a veces de más, grandes preocupaciones no existían en su vida. 
Ada, de las cuatro amigas era la que estaba viviendo una realidad que parecía sacada de otra dimensión, sus premoniciones amenazaban con destruir sus nervios, a pesar que la conversación con su padre le trajo un poco de tranquilidad para comprender que sucedía con ella y lo más importante no estaba perdiendo la cordura. Aprender a vivir con ello y saber asimilarlo era el siguiente paso. En ese momento se encontraba sola en su casa, tenia unas bandeja en las manos que iba a guardar en el mueble del comedor, cuando se detuvo en seco, no podia respirar ni articular palabras, sus pies estaban pegados al piso, sus manos soltaron la bandeja que sostenían, las palabras que por fin salieron de su garganta fueron: 
-¡No, no, por favor! ¡por favor no, no!- repetía esas palabras y exclamaba en voz alta, lagrimas corrían por sus mejillas, lo que estaba viendo era algo que la llenaba de miedo de tristeza y dolor. 


CONTINUARÁ             
       

     
               

 

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