Armando recibió la ayuda de su amigo Germán cuando fue a visitarlo después de dejar el camión que lo había traído a la ciudad de Puerto Bermúdez. Por sugerencia de su amigo se bañó, se cambio de ropa y se puso zapatos que que Germán le proporcionó. Se miró al espejo y vio a otro hombre, más delgado, ojeroso pero limpio.
Armando fue directo a la cocina donde Germán preparaba un sanguche con jamón y queso y un vaso de leche, éste al verlo comentó con asombro: -ahora eres un hombre nuevo, que gusto da mirarte- luego agregó -Esto es lo único que tengo para comer, es muy tarde y a esta hora no hay un restaurante abierto, lo siento-.
-¡Germán, cómo es que lo sientes!- exclamó Armando -no puedes decir eso amigo, yo aparezco en tu casa en medio de la noche a molestarte y tú vas a sentirte mal porque me ofreces comida. Yo tengo que agradecerte que me recibas, me prestes ropa, zapatos y me alimentes. Nunca terminare de darte las gracias-. dijo Armando con voz trémula.
Germán respondió: -no te preocupes, estoy seguro que si yo toco tu puerta en las mismas circunstancias, tú no dudarías en ayudarme y darme todo lo que este a tú alcance. Ahora contéstame, qué ha sucedido contigo para que estés de esta manera tan dramática-.
-Mi estimado amigo, es una historia larga pero te lo voy a contar- dijo Armando y comenzó a relatar su viaje a la selva. No omitió ningún detalle sobre lo que había vivido y la locura de llegar a pie a través de la selva hasta la frontera con Brasil. Habló también de su encuentro con los nativos y la ayuda que le brindaron, -tuvieron piedad de mí, porque de lo contrario no estaría hablando aquí contigo-. señaló Armando en unos segundos. Germán lo escuchaba sin interrumpirlo no alcanzaba a comprender porqué había actuado de esa forma. Mientras Armando comía con avidez el sanguche y tomaba el vaso leche, no dejó de hablar, se estremeció de tan solo pensar que a esas horas hubiera estado muerto. Lloró al recordar lo vivido en los últimos días.
Su amigo lo consoló: -calma Armando, ahora estás bien y te vas a recuperar aun más, lo único que puedo decir es que hiciste una locura ¿querías morir en ese viaje?. Solo así puedo entender que arriesgues tu vida en una empresa imposible y todavía viajando solo ¡En que estabas pensando!- exclamó con fuerza Germán.
-Lo único que puedo responder es que no pensaba, estaba lleno de euforia y vanidad, creí poder lograr tamaña empresa- contestó Armando con gran dolor.
-Bueno- dijo Germán -dejemos la conversación por el momento, tengo un cuarto pequeño de huéspedes donde puedes quedarte a dormir, ahora es tarde y necesitas descansar, mañana continuamos hablando- finalizó Germán y acompañó a su amigo para indicarle donde estaba la habitación. Al abrir la puerta Armando notó que la habitación era pequeña como había dicho Germán pero para él en ese instante era un palacio cómodo y agradable comparado con lo que habia vivido en la selva y en el camión que lo trajo a Puerto Bermudez-.
-Tengo que volver a decir gracias, muchas gracias por tu apoyo- comentó Armando.
Germán contestó impaciente: -un solo gracias más y tendré que sacarte de mi casa, no tienes que agradecerme nada ya te he dicho que tú harías lo mismo en mi caso-.
German se despidio de Armando para ir a dormir era tarde y mañana debía organizar el trabajo y ver como ayudaba a su amigo.
Amaneció con un sol pleno en el cielo, después de alistarse Armando y German salieron a desayunar, había un restaurante cerca, en pleno desayuno Germán dijo: -si te piensas quedar en Puerto Bermúdez te puedo ofrecer el trabajo de capataz, tu serías el encargado de la compra de madera, sabes que mi negocio es comprar y vender madera además de café. Mi empresa ha crecido y necesito un hombre de confianza para que se encargue del negocio-.
Armando aceptó de inmediato, él necesitaba trabajar y devolverle el favor a su amigo que le daba toda su confianza: -Amigo, aceptó el trabajo, no tengo reparos y me voy a quedar en la ciudad, solo deseo mandarles a mis padres un telegrama para que sepan donde estoy- sentenció Armando seguro del paso que iba a dar. No iba a regresar a San Andrés en mucho tiempo o tal vez en años. Germán estuvo de acuerdo y luego de terminar el desayuno lo acompañó a la oficina de correo. Armando solicitó enviar un telegrama en el cual decía -Padres estoy bien. Me quedo a vivir en Puerto Bermúdez, no se preocupen por mí- esas fueron la únicas palabras que escribió y luego envió el telegrama para que llegue lo más pronto, sabía que no estaban preocupados por él pero sentía que debía decir al menos que estaba vivo.
Desde la puerta de la oficina de correo se podía dominar la plaza principal de la ciudad, Armando se paro unos segundos a contemplar las calles, esta sería su nueva ciudad y su nuevo hogar. No deseaba pensar en Anabella y Marcy sus queridas amigas para no extrañarlas, Su decisión era firme y no iba a cambiar.
En San Andrés en cambio Anabella y Marcy extrañaban a su amigo, su conversación sus ocurrencias y sus bromas siempre de buen gusto, ellas seguían preguntándose ¿cómo estará Armando?.
En la ciudad, la nueva estación de radio habia tenido un buen impacto, la gente prendía sus radios para escuchar la noticias y la música. Anabella no era la excepción, le gustaba estar enterada de las últimas noticias del país y del mundo, luego escuchaba los programas de música en un volumen moderado para que sea una compañía y no un estorbo.
Marcy a las diez de la mañana, entró al Bazar para visitar Anabella y preguntar si tenía alguna noticia de Armando. Anabella no sabía nada de él, conversaron de lo último que había sucedido en el pueblo y luego Anabella comentó que estaba teniendo bastante trabajo con la nueva mercadería que había llegado.
-Marcy, no te imaginas todo lo que tengo que clasificar y ordenar, a veces quisiera vender la tienda y mi casa e irme a otro lugar para comenzar de nuevo-.
-No puedes hacer eso Anabella- dijo Marcy con apremio -el Bazar es tu fuente de ingresos y tu casa es donde vives, si vendes todo donde vas a ir y además de que vas a vivir, seguro tú me dirás de la plata que te paguen por la venta de todos tus bienes pero el dinero se acaba y después qué- sentenció al final Marcy.
-Lo sé, lo sé, tienes razón amiga es que a veces quisiera conocer más cosas, más mundo y viajar a otros sitios donde todo sea nuevo- comentó Anabella.
-Te comprendo, no creas, siempre queremos salir de la rutina y romper con todo lo conocido pero en tu caso debes tener cuidado, el Bazar es un buen negocio que te proporciona una vida cómoda. Piensa bien antes de hacer algo que después lamentes. Viajar, puedes hacerlo sin descuidar el Bazar que quedaría a cargo de Soledad tu asistente-. agregó Marcy.
-Sé que tienes razón, todo esto se lo debo a mi abuela que me enseñó el ABC del negocio- dijo sonriendo Anabella.
Marcy se despidio de su amiga, le aseguró que volvería mañana, tenía una idea y todavía no quería comentarla con Anabella, más adelante le diría lo que iba hacer. La joven estaba decidida a visitar a los padres de Armando y preguntar si sabían algo de su hijo.
Caminó algunas cuadras, Marcy se dirigía a la ferretería de los padres de Armando que eran los dueños, entró al local que era bastante grande y el más importante de San Andrés. En el mostrador se encontraba la madre de Armando, fue directo hacía ella, se presentó y preguntó si sabía algo de Armando.
La señora la miró con desdén y contestó con fastidio: -señorita yo no sé que problema tiene usted con mi hijo pero nosotros no vamos a solucionar nada que Armando haya hecho-.
Marcy se molestó pero se controló para no responder a la señora con frialdad: -señora yo no tengo ningún problema con su hijo, solo estoy preocupada por él, nos conocemos desde niños y pensé que Armando podía haber escrito algo a ustedes-.
-Si, Armando envió un telegrama, él no va regresar- le extendió a Marcy el papel que envió Armando
-si desea se lo puede llevar, nosotros no lo vamos a conservar- fue lo único que comentó.
Marcy recibió el telegrama, leyó rápidamente y sintió alegría porque Armando estaba vivo y saludable pero salió de la ferretería con un sabor amargo. La madre era una persona desagradable y tenía sus dudas si quería realmente a su hijo. Ahora podía comprender mejor la decisión de su estimado amigo de irse lejos de San Andrés.
CONTINUARÁ


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