lunes, 6 de abril de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Marcy, Anabella y Ada estaban reunidas en el café Salón Azul, comentaban sobre el clima que estaba cambiando y que el calor era cada vez está más fuerte.
Anabella decía a sus amigas: -en el noticiero de esta mañana escuché que se acerca una ola de calor, que debemos consumir muchos líquidos, sobretodo agua.
-Si, yo también escuché el noticiero y la verdad ya se siente el calor más abrazador- contestó Ada.
-Por eso amigas, estamos disfrutando de estos deliciosos helados para refrescarnos un poco- agregó Marcy y las tres reían juntas.
-Por favor hablemos de temas más serios, aunque debo admitir que el clima es un tema muy serio y es bueno estar siempre informadas sobre ello- aclaró Ada.
-Ahora que hablamos de tema serios- dijo Anabella -no saben la última, el pueblo de San Andrés va a tener su propia emisora de radio, ayer me comentó Horacio, que es  el encargado de la planta eléctrica. Él entró al Bazar para comprar unas láminas de recorte y me habló al respecto.  Se imaginan, vamos a tener nuestra propia emisora de radio y vamos a estar al día con las noticias que ocurren en el país y en el pueblo, además de eventos y programas, no sé quién es el dueño solo me habló de la emisora-.
Marcy se alegró: -¡Hey! es una muy buena noticia, creo que ya era hora que San Andres se mantenga al día con la modernidad, el pueblo está entrando a una nueva era, eso es saludable para todos-.
Mientras disfrutaban de sus ricos helados, la conversación giró alrededor de Anabella, ella comentaba con sus amigas: -saben, el día de ayer estuve revisando los documentos de propiedad de la casa y del Bazar que mi abuela me dejó como herencia. Estoy ordenando los papeles para tenerlos bien guardados y archivados. Amigas ustedes conocen mi historia y saben que mi abuela Isabel me salvó la vida, sin ella no sé donde estaría- Anabella quedó en silencio unos segundos, la voz le temblaba y no quería llorar. Ada y Marcy reconfortaron a su amiga, con palabras de ánimo para que no se ponga triste.
Anabella reaccionó diciendo: -gracias, gracias amigas por sus palabras, sé que no tengo derecho arruinar nuestro momento de conversación pero no puedo evitarlo, ahora ya me siento bien. Mi abuela fue todo mi mundo, ustedes lo saben-.
Marcy y Ada conocían la historia de vida de Anabella, sabían que al cumplir los dos años, su padre  abandonó a ella y a su madre. Anabella decía que se acordaba de él a lo lejos, pero lo que más recordaba era su voz cuando le hablaba y la tomaba en sus brazos. Nunca supo porque un buen día su padre abrió la puerta y se fue. La madre de Anabella tal vez presa de la tristeza y sin saber que hacer, llegó a San Andrés cuando Anabella había cumplido seis años y se la entregó a su madre Isabel con estás palabras "Madre yo no puedo mantener a mi hija, es mejor que tú la críe". Sin más explicaciones se alejó de la casa  de su madre, caminó sin mirar atrás ni escuchar el llanto desgarrador de su hija que la llamaba con desesperación. Su abuela en ese instante la abrazó y dijo: -no llores mi hijita ahora ya no estamos solas, yo estoy contigo y tú estás conmigo. No sé en que me equivoqué al criar a esta hija pero algo hice mal, contigo va hacer diferente mi niña-. Anabella siempre decía a sus amigas que creció junto a su abuela, ella le enseñó todo lo que sabía y además la protegió. Doña Isabel le dejó a su nieta como herencia su casa y su tienda para que tenga de que vivir. 
-No sé que habría sido de mi vida sin mi abuela- siempre comentaba Anabella -tal vez hubiera terminado en un orfelinato. Lo más triste de todo, es que no volví a extrañar a mi madre, no sé nada de ella desde hace años, reflexionaba Anabella.
La conversación continuó entre las jovenes que estaban en la primavera de sus vidas y nada parecía preocuparlas, salvo el delicado problema de Ada. En su momento cada una comentaba lo que pensaba hacer en la próximas semanas. 
Anabella decía: -tengo que viajar a la capital para traer mercadería que necesito en el Bazar, ya es tiempo de renovar varias cosas, es una tienda de regalos-.
Ada no sabía cuando iba a partir de regreso a la Merced junto a sus padres por eso agregó: -mi tía Bernarda hermana de mi padre, quiere que me quede el tiempo que yo desee, ella vive sola en su casa-.
-Yo, mis queridas amigas- dijo Marcy -estoy de vacaciones y me quedaré el tiempo necesario para acompañar a mi madre, por el momento no tengo prisa en regresar a la capital Mi padre sabe que siempre me tomo un tiempo para volver a la ciudad-.
Mientras disfrutaban de la conversación, Marcy recordó que una vez Anabella le comentó que lamentaba que su madre fuera de una manera extraña, cuando murió la abuela, ella no vino al entierro, no sé nada de su vida desde que me dejo en San Andrés. Anabella ignoraba si estaba viva y mucho menos sabía de la existencia de su padre desde que se fue, algunas veces se preguntaba ¿Dónde estaba o qué había sido de él?.
La reunión terminó cerca del medio día Ada, Anabella y Marcy habían conversado y pasado un momento agradable disfrutando de los helados y de la conversación. 
Marcy fue la primera en despedirse: -amigas, en estás reuniones nos hace falta Beatriz nuestra gran amuga, es lamentable que viva en la ciudad-.
Ada comentó: -si voy a Lima, de todas maneras la tengo que visitar-.
-¿Por qué vas a ir a la ciudad? ¿sucede algo?- preguntó Anabella.
Marcy miró Ada y está respondió nerviosa: -no sucede nada, solo iría para acompañar a mi madre, recuerda que ya tengo veintidós años y debo hacer algo con mi vida y mi futuro como dice mi padre-.
Marcy se despidio de sus amigas, ella debía manejar hasta el fundo, Anabella y Ada vivían a unas cuadras del café Salón Azul, no tenían problemas en llegar a sus casas. San Andrés todavía era un pueblo pequeño y acogedor donde la vida transcurria con calma y serenidad. 
Marcy tomó el camino de carretera en su jeep, seguro su madre la esperaba para almorzar aunque recordó que se había ido al campo con el tío Erick. Al llegar al fundo su madre todavía no estaba, quería esperarla para almorzar juntas. Se sirvió un vaso de limonada y de su dormitorio trajo el diario de la abuela Margarita, se sentó en los cómodos muebles del pórtico, a esa hora del día corría una suave brisa refrescante, colocó el vaso de limonada en la mesita de café y se dispuso a leer el diario.
30 de Mayo: -Harold a llegado puntual a nuestra cita, me saludó como siempre a una distancia prudente y se sentó en el sillón frente a mí, estaba alegre, yo diría eufórico, por unos segundos sonreía sin saber porque. Harold, pregunté ¿Sucede algo?, ¿Qué es lo que me tienes que decir?, él contestó sonriendo -¡Margarita estoy feliz! ¡me siento feliz!- Movía las manos de un lado a otro -mis amigos los hermanos Langy fueron a visitarme hoy en la mañana muy temprano para decirme que dentro de un mes se van a casar con la jóvenes con las que estaban saliendo desde hace casi un año, ellas son hijas de familias que viven en el pueblo, jóvenes muy agradables, quizás tú las conoces-. Estaba tan contento que yo me alegre por él y contesté -si, seguro las conozco, dime sus nombres- Él no se acordaba de los nombres según me dijo, se puso tan feliz con la noticia y alegre por sus amigos que no recordaba los nombres de las jóvenes, luego con voz grave me habló: 
-Margarita, deseo que me acompañes a la boda de mis amigos, los tres hermanos se van a casar el mismo día, a la misma hora y en la Iglesia principal  del pueblo- Harold estaba alegre mientras hablaba, por mi parte yo acepté acompañarlo siempre y cuando mis padres me den permiso, lo mío era un tema complicado de permisos y de vamos a ver, no podía decidir por mi misma. Luego Harold señaló -Margarita llega un momento en la vida de un hombre que desea formar una familia y asentarse en la vida, tener su descendencia y verla crecer, a mis amigos les ha llegado ese momento y yo estoy feliz por ellos-. Yo alegre contesté -Es bueno saber que te alegras por tus amigos y deseo acompañarte seguro va ser una boda muy bonita- después continuo -Mis amigos han alquilado un salón de baile para celebrar la fiesta después de la ceremonia en la Iglesia- dijo Harold un poco más sereno. 
Marcy detuvo su lectura e imaginó la boda con los tres hermanos Langy en el altar con sus respectivas novias, seguro iba hacer una ceremonia de mucha fe y luego sería el baile. En ese momento  vio a su madre llegar en la camioneta del tío Erick, entró en la casa y dijo:
-Marcy voy asearme y cambiarme de ropa para almorzar juntas-.
-Madre te espero en el comedor- contestó Marcy y luego fue a guardar el diario de la abuela.
Al cabo de media hora Sonia estaba lista y en el comedor la mesa se encontraba dispuesta para el almuerzo. 
Marcy comentó a su madre:-¿Qué tal todo en el campo? ¿no hay ningún problema?.
-Mi querida hija problemas siempre hay- respodio la madre -pero son situaciones que se pueden solucionar. Ahora mismo el campo esta lleno de gente trabajando para limpiar la tierra y prepararla para el cultivo, esto va tomar su tiempo-.
-Madre, tengo que confesar que no sé si en el futuro, yo pueda dedicarme con tanta pasión al fundo como lo haces tú y el tío Erick- señaló Marcy.
-Por el momento no te preocupes, estoy a cargo de todo y no hace falta más, en el futuro ya veremos que hacer-. 
Marcy sentía admiración por su madre y el sentido práctico que tenia para resolver las cosas, lo que lamentaba era que el matrimonio de sus padres no funcionó. Creía que era el momento de hablar sobre el tema con mayor seriedad y aclarar ciertos puntos que para ella habian quedado dentro de una nebulosa.


CONTINUARÁ               
    
                  
   
           
 





 

No hay comentarios:

Publicar un comentario