lunes, 27 de abril de 2026

CAFÉ, MI CULTIVO DE CAFÉ

Habían pasado dos días desde que Ada llegó a La Merced  para visitar a sus padres. Su visita tenía un objetivo, deseaba hablar con su padre sobre el problema que la aquejaba y buscar su ayuda y comprensión. Norberto, el padre de Ada se encontraba en la cocina disfrutando de una exquisita taza de café, era sábado en la mañana, el cielo brillaba con los rayos del sol y él solía  sentarse frente a la puerta de vidrio que dejaba ver el pequeño huerto de hortalizas que su esposa y él habían sembrado para luego deleitarse con una gran cosecha orgánica.
Ada en su habitación se debatía en un mar de dudas, ¿su padre le creería? él daría crédito a lo que iba a decirle o tal vez pensaría que su hija habia perdido la cordura. Respiró profundamente, salió de su habitación y se dirigió a la cocina donde estaba su padre, tenía que hablar con él, ahora que su madre no estaba en casa, había ido de compras, ella siempre tenía la costumbre de tomarse varias horas en las tiendas y luego reunirse con sus amigas en la juguería que se encontraba cerca a la iglesia principal.
Ada dijo en voz baja: -es ahora o nunca- entró en la cocina saludó con un ¡buenos días! y agregó: -padre podemos conversar, tengo que decirte algo que es muy importante-.
Norberto se sorprendió con las palabras de su hija, tenía  la voz un tono grave, ¿qué pasaba con ella? se preguntó en silencio.
-Ada, por supuesto que podemos hablar- contestó el padre y agregó -supongo que se trata de lo que has elegido para estudiar, recuerda que el tiempo pasa y ya no puedes estar sin hacer nada, es necesario comenzar a pensar en tu futuro-.
-Padre- comentó Ada con acento afligido -tenemos que hablar de mis estudios y sobre todo de algo más grave que me está ocurriendo y torturando mi vida-.
¿Qué estaba sucediendo con su hija?- se preguntó el padre de nuevo -Ada, habla de una vez, me estás preocupando, sea lo que sea, tu madre y yo te vamos apoyar, sabes que puedes contar con nosotros en cualquier circunstancia por muy grave que sea-.
Ada se tomó las manos nerviosamente, se aclaró la garganta con suavidad y comenzó a contarle a su padre las experiencias que tenía, las imágenes de personas y ciudades antiguas como si en el pasado hubiera vivido en ellas, eran tan reales que la asustaban. Eran premoniciones a las que se veía obligada a presenciar. Mientras le explicaba a su padre lo que sucedía con ella, lágrimas de tristeza corrían por su rostro, trató de controlarse pero no lo conseguía, su miedo y sus nervios la traicionaban. El padre no hablaba solo observaba y escuchaba a su hija.
Ada podía imaginar lo que pensaba su padre, seguro no creía ni una palabra y lo más grave es que imaginaba que su hija estaba desvariando, que todo aquello era producto de una mente desbordada. Para terminar la conversación, Ada presionó a su padre: -di algo por favor, no me mires con cara de incrédulo, como si todo lo dicho fuera un invento-.
El padre observó por unos segundos a su hija y preguntó: -¿desde cuando tienes estás premoniciones?-.
Ada contestó más serena: -desde que estaba en el colegio, tenía doce o trece años-.
Norberto volvió a preguntar: -¿sabe alguien más sobre esto?-.
-La única que sabe desde que estabamos  en el colegio es Marcy, mi mejor amiga, ella ha guardado el secreto todo este tiempo y con nadie hablado sobre ello, de eso estoy segura- Ada sentenció cada palabra.
El padre observó el café en su taza, respiró con cuidado no deseaba alarmar a su hija. Ada interpretó el gesto como una señal de que no creía en sus palabras, pero estaba equivocada, su padre tuvo una respuesta que la dejó paralizada por el asombro.
-Mi querida hija, creo que es hora de que sepas la verdad, yo nunca he hablado de esto contigo ni con tu madre, es por seguridad, fue un pacto que hicimos mi hermana Bernarda y yo, nadie debe saber al respecto. Lo que voy a contar debe quedar entre las paredes de este ambiente, el tema es serio y por nuestro bien debe quedar con nosotros, sería muy peligroso que la gente sepa lo que ocurre- contestó Norberto con seriedad.
Ada seguía cada palabra de su padre, él creía su historia, eso significaba un gran alivio para ella: 
-Lo que me acabas de decir no es nuevo para mí, conozco muy bien lo que te sucede, es una herencia que viene por el lado de mi familia, mas exacto por la línea materna, solo las mujeres heredan este don, si así podemos llamarlo. Mi madre y mi hermana Bernarda no heredaron este don, parece que saltó dos generaciones y llegó hasta  ti. Mi abuela Regia, madre de mi madre, tenía  el don, ella aprendió a vivir y  saber manejar su vida con la premoniciones. Cuando pasaron los años yo di por sentado que  había acabado esta herencia con mi abuela, pero no era así. Nunca hablé de este tema contigo para no meter ideas en tu cabeza o que te sugestiones con el tema. Lo que estás viviendo es algo serio y lamento que antes no hayas venido a buscarme para hablar. Te hubiera ayudado a entender lo que sentías y además de contarte la historia de la familia. 
Ada respondió entre lágrimas: -una vez comenté de esto con mi madre y ella no me creyó, me dijo que eran ideas mías-. Al decir esto la joven se sintió aliviada, su padre creía su historia y seguro iba ayudarla a encontrar la manera de llevar esta realidad que representaba un gran peso para ella. No quiso decirlo en voz alta para no herir a su padre, pero  era como una maldición, presentir el destino final de las personas.
El padre lleno de estupor dijo: -con tu madre nunca hablé de este tema porque sin quererlo ella puede comentar con sus amigas y eso sería trágico, esto debe quedar con nosotros, nadie debe saberlo. La abuela Regia tuvo este don desde muy joven, según contaba mi madre, cuando ocurría y venían las imágenes a su mente, prendía una vela pequeña y decía una oración por la persona que veía, parece algo simple pero eso le daba paz y la hacía sentir mejor, sabía que no podía cambiar su realidad. Tanto la abuela como tú, no tienen la culpa de esta situación es algo de lo que no puedes renegar es inexplicable a la mente humana. Sé que las mujeres de mi familia por varias generaciones han vivido con este don y tú ahora eres una de ellas-.
-Padre no quiero que imagines que esto me sucede todos los días y que me levanto viendo imágenes, a veces pasan varios día y no sucede nada. Lo que me alarmó y me lleno de terror es que de unas semanas acá veo imágenes de ciudades antiguas como si hubiera vivido en el pasado, eso es nuevo para mí-. comentó Ada.
-También es nuevo para mí- respondió el padre -lo que puedo decir es que hagas lo que la abuela Regia hacia, prender una vela, supongo que cada una de ustedes es diferente, de sentir lo que siente. No pierdas los estribos ni te llenes de miedo, tienes que aprender vivir y a manejar la situación, nada de lo que sientes o ves en tu mente puedes cambiar, entonces debes vivir con ello-.
Ada se sintió aliviada con las palabras de su padre, había encontrado la manera de entender lo que sucedía con ella. El único camino que tenía era aceptar que su vida sería de esa forma y que debía vivir con ello. La abuela Regia tuvo una larga vida y vivió con las premoniciones de vidas ajenas.
-Padre te molesta si salgo a caminar, necesito tomar aire y pensar en todo lo que hemos hablado en otro momento hablamos de mis estudios y mi futuro- señaló Ada.
-Ve, sal a caminar para pensar y aliviar tu mente, solo voy a pedir algo que tienes que cumplir. Nunca me digas si me ves en tus imágenes, no quiero saber cuando es el final de mi vida-.
Ada se acordó que lo mismo le dijo Marcy: -no te preocupes padre nunca diré nada al respecto, tú mereces vivir tu vida feliz y tranquila-.
El día estaba espléndido para caminar y sentir la vida en cada rostro de la gente que pasaba a su lado.  Ada se acordó de sus amigas Marcy y Anabella, ella no sabía que Beatriz había llegado a San Andrés. Pensó que volvería unos días para despedirse de sus amigas antes de viajar a la capital para arreglar sus documentos y sus estudios, por el momento no tenía la necesidad de consultar con un profesional de salud para tratar lo que sucedía con ella, mañana iría por unos días a San Andrés, deseaba estar con sus amigas y conversar de todos los temas.
Marcy, Anabella y Beatriz disfrutaban de un almuerzo en el café Salón Azul, conversaban, reían y recordaban todos los momentos vividos tiempo atrás. Lamentaban que no estuviera Ada con ellas pero sabían que iba a regresar al pueblo por unos días. Terminado el almuerzo se despidieron con la promesa que la próxima reunión sería en casa de Anabella. 
En el jeep de regreso al fundo, Marcy pensaba en su amiga Ada, ¿cómo habría sido la reunión con su padre?, rogaba que creyera sus palabras y que la ayude a buscar una solución. No era fácil lo que ella vivía día a día.
Marcy llegó al fundo y entró en la casa, su madre estaba en la sala, la saludó y dijo: -¿madre cómo estás? te noto un poco molesta, ha sucedido algo con el tío Erick-.
-No, no es con Erick la molestia, no tengo razón de molestarme con él. El problema es otro, se trata de los agentes que mandan la empresas para ver si vendemos nuestros árboles, creo que voy a poner un letrero muy grande a la entrada del fundo que diga "No están en venta los árboles, por favor no insistir"- finalizó Sonia.
En toda la región existían empresas que eran aserraderos, tres o cuatro eran las más importantes, ellos penetraban en el monte para talar árboles de caoba y cedro, este último era bien escaso. El negocio de la madera era cada vez más complicado porque vender madera en el extranjero no era fácil porque debía ser certificada. Esto era una regla para conservar el monte y los bosques de la selva. Tener tan cerca árboles de caoba eran una tentación para dichas empresas.  
Los árboles de los que hablaba la madre de Marcy eran árboles de caoba, cuando recién el abuelo Harold Prodanovich adquirió el terreno, sembró esos árboles en forma lineal en un rincón del fundo para que dieran un poco de sombra a la casa, el no conocía que clase de árboles eran, fue un agricultor del lugar que vio los seis plantones, le dijo -señor Prodanovich usted acaba de sembrar árboles de caoba, ellos van a crecer muy alto-. El abuelo, no pensó que en el futuro serían importantes, él solo pretendía tener un poco de sombra para el fuerte calor de la zona. Habían pasado más de cuarenta años y los árboles crecieron entre treinta o cuarenta metros, eran hermosos y se encontraban en todo el esplendor de su madurez, la familia no pensaba vender jamás esos bellos arboles, no solo por el recuerdo del abuelo Harold, si no por la belleza la energía y la sombra que proporcionaban en el fundo alrededor de la casa.      
Marcy sonrió por las palabras de su madre, sabía que tenía razón, estos agentes se convertían en una molestia cada cierto tiempo aparecían para querer comprar los árboles: 
-Madre- dijo Marcy  -me voy a leer un rato, hace varios días que no leo el diario de la abuela-.
-Hija no me has contado como te ha ido en la reunión con tus amigas- exclamó la madre.
-Te parece que a la hora de la cena, mientras estamos en la mesa te cuento todo lo que deseas saber- Marcy le mandó a su madre un beso en el aire y se fue a su habitación, Sonia movió la cabeza sonriendo y pensó -mi querida hija nunca cambies-.
La joven entro en su habitación, tomó del velador el diario se acomodó en el sillón cerca a su ventana y comenzó a leer lo que escribió su abuela.
1 de Junio escribió Margarita: -estoy emocionada y feliz solo falta una semana para que se celebre la boda de los hermanos Langy, amigos de Harold, eso va ser el pretexto para salir elegante y de largo a una fiesta. Mi hermano Anselmo ha prometido acompañarnos, sin él no podría salir con Harold y eso sería una tristeza. Parece algo frívolo preocuparme por el vestido, pero no lo es, tengo que ir a la boda bien arreglada para celebrar con los hermanos y mi novio. Es la primera vez que escribo la palabra novio en mi diario. Harold y yo vamos hacer testigos de los novios, por esa razón debemos estar a la altura de la celebración.
Marcy se alegró por su abuelo, cada día la familia de la abuela Margarita confiaba más en él, era un avance para sus deseos de casarse en el futuro con la joven más linda del pueblo. 
Sonia entró en la habitación de su hija y preguntó si ella había sacado del baúl de su madre el álbum de fotos familiares.
-Si madre- contestó Marcy -yo tomé el álbum de fotos del baúl, quería ver fotos de la boda de mis abuelos y conocer también la boda de los hermanos Langy. Cuéntame algo sobre dicha celebración, supongo que la abuela te contó algo sobre esa fiesta-.
Sonia hizo el gesto de estar recordando las historias que su madre le contó: -fue una fiesta por todo lo alto, medio pueblo estuvo invitado- la madre de Marcy recordaba poco a poco como fue la boda en la iglesia y luego el festejo de la fiesta.


CONTINUARÁ         
  

   
     
 

    
     
 

 
   


     
    
          

 

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