Cuando Marcy llegó a su casa en el fundo, estaba triste y pensativa, tenía en sus manos el sobre de manila que los padres de Armando le habían entregado, se suponía que era para ellos pero el señor Bonifaz, no tuvo reparo en dárselo a Marcy, ella no sabía que pensar con respecto a la relación que había entre Armando y sus padres.
En el camino de regreso a casa Marcy no había abierto el sobre, en su habitación era el momento de hacerlo, abrió con cuidado la solapa que cerraba el sobre de manila y sacó la carta que no era tal, si no más bien una nota con cuatro o cinco líneas, en ella se podía leer "Padres no se preocupen por mí, me voy de viaje por la selva del Amazonas. Ustedes conocen a su hijo que no puede estar tranquilo en un solo lugar. No sé cuando volveré pero estoy seguro que estaré bien, este viaje para mí es un nuevo reto. Un abrazo de su hijo Armando"
Eso era todo lo que decía la nota, Armando no daba explicaciones del motivo de ese viaje, ni el tiempo que tomaría en realizarlo. Marcy terminó de leer la nota, dobló el papel y lo guardó de nuevo en el sobre. La joven no alcanzaba a comprender porque Armando quería hacer ese viaje, todos los pobladores en la región sabían los peligros que encerraba un viaje de esa naturaleza. Una persona en medio de la selva corría el riesgo de perderse, más aun si no tenía un guía. El paisaje era igual, en todas partes es decir habían árboles y más árboles, el viajero no sabía si estaba caminando en línea recta para avanzar o caminando en círculos que era lo más grave. El agotamiento y el calor también hacían el viaje complicado, los insectos jugaban un papel importante y el peligro de encontrarse con animales salvajes que lo podían atacar. Lo terrible e impensable, quedarse sin agua y la dificultad para conseguir el liquido elemento, porque podían pasar varios días sin llover. Los nativos que vivían en las profundidades de la selva, podían tener un comportamiento agresivo al verse invadidos por un extraño, ellos eran muy celosos a la hora de cuidar su territorio. Todo esto jugaba en contra de Armando, además de la distancia de cientos de kilómetros que debía recorrer para llegar a la frontera con Brasil, si es que lograba cruzar todo el territorio y sus dificultades. Aquellos que en el pasado intentaron realizar el viaje, no vivieron para contarlo. Marcy pensaba en todo eso y se preguntaba porque su amigo insistió en hacer el viaje a las profundidades de la selva, él conocía muy bien todos los riesgos, sabía la cantidad de complicaciones que existían. ¿Qué intentaba probar Armando? o solo era jugar con su propia vida. Él era el único que conocía las respuestas, solo Armando podía hablar y explicar sus razones.
Marcy decidió no contarle nada Anabella sobre la visita a la casa de Armando y menos sobre la nota que tenía en las manos, no deseaba hacer sufrir a su amiga, era mejor guardarla hasta el regreso de su amigo y dársela personalmente. No quería imaginar que podía perder un amigo de toda la vida a quien conocía desde la niñez, tenía la esperanza de volverlo a ver en algún momento.
Sonia entró en la casa para buscar a su hija, Marcy la escuchó caminar y salió a su encuentro, su madre molesta dijo: -hija estaba preocupada, saliste temprano y no sabía a donde, sabes bien que debes dejar una nota si yo estoy durmiendo para saber donde estás. No he podido ir al campo todavía porque no sabía nada de ti.
-Madre- contestó Marcy -perdona, salí tan rápido que no pensé en dejar una nota porque iba a regresar pronto-.
-Te pido que en otra oportunidad me escribas una nota con dos líneas, eso es todo. Me levante temprano y no te encontré, entonces que quieres, que no me preocupe-. dijo Sonia afligida.
-Madre no volverá a suceder, lo prometo- respondió la joven.
Sonia besó a su hija en la frente y salió para el campo más tranquila, no quería darle un sermón a su hija, ella confiaba en Marcy pero era su única hija y a veces el temor de que le pase algo la llenaba de miedo. Jamás comentó estos pensamiento con Marcy, no quería que crezca sintiendo miedo por la vida en cada paso.
En el pueblo de San Andrés la actividad comercial comenzaba temprano, el Bazar de Anabella no podía ser la excepción, alrededor de las nueve de la mañana ya estaban las puertas abiertas para recibir a las personas que deseaban comprar algún regalo o tal vez hilos, blondas etc. Anabella cambiaba el decorado de una de las vitrinas, le gustaba siempre arreglar la tienda para que invite a pasar a los clientes que deseaban comprar o tan solo ver las novedades de los adornos para el hogar. Su abuela siempre le decia "Anabella las vitrinas también son parte de la publicidad de la tienda, la gente pasa, las mira y sienten deseos de entrar a comprar". Recordaba las palabras de su abuela cuando recibió una visita inesperada, escuchó la voz de su amigo y giró en circulo para recibir a Horacio del Corte que solía visitarla de cuando en cuando en el Bazar. Él era el ingeniero jefe de la planta eléctrica de San Andrés, él muchas veces comentaba con su amiga sobre los aprietos en los que se veía cuando por las tardes alrededor de las cuatro, todas las amas de casa parecía que se ponían de acuerdo y comenzaban a planchar al mismo tiempo, las turbinas de los generadores eléctricos funcionaban con toda su capacidad que perecía que iban a estallar. A su amiga le dijo semanas antes: -no comprendo porque todas las señoras planchan al mismo tiempo, San Andrés necesita uno o más generadores para abastecer de luz eléctrica al pueblo que está creciendo con rapidez.
-¡Anabella! ¿cómo estás?- saludó Horacio en segundos al entrar en la tienda.
Anabella sonrió a su amigo y contestó: -Horacio que gusto verte, hace varios días no sé nada de ti, te fuiste de viaje-.
-No, no nada de eso, lo que sucede es que he tenido mucho trabajo, recuerdas que hace semanas te comenté que llegaba a San Andrés una emisora de radio, es decir van a instalar una emisora y el pueblo va estar conectado con la realidad del país y con la realidad de la región, eso es bueno para el desarrollo de la comunidad- respondió Horacio.
-Si, eso es bueno para la región y para la gente-. comentó Anabella.
Horacio era un joven ingeniero que había llegado a San Andrés dos años atrás contratado para manejar la planta eléctrica y diversas instalaciones que eran del estado. Desde que conoció Anabella la visitaba con regularidad en el Bazar, la joven no sabía si tenia algún interés romántico con ella o solo la consideraba su amiga, él nunca hablaba de algo más serio, por eso Anabella lo consideraba un amigo y nada más.
Anabella escuchaba a Horacio que comentaba que en pocos días iba a llegar el dueño de la nueva emisora de radio: -no voy a decir su nombre porque me pidió que no lo devele hasta el día de la inauguración que ya esta cerca-.
-No te preocupes no voy a preguntarte por el dueño- dijo Anabella sin mucho interés.
Los dos jóvenes amigos conversaban sobre la tragedia vivida en el pueblo y la tristeza que generó tal accidente, además de la rapidez con la que crecía el pueblo.
En un momento de la conversación Anabella se puso seria y dijo: -lo que no me agrada del rápido crecimiento del pueblo es que viene gente extraña que apenas conocemos y no sabemos si realmente son buenas personas o no-.
-Eso es parte del crecimiento y futuro del pueblo, nada podemos hacer para cambiarlo-. respondió Horacio pensativo.
La visita de Horacio duró una hora y antes de irse comentó: -Anabella guárdame el secreto hasta el día de la inauguración, de acuerdo-.
La joven prometió ser discreta y no comentar con nadie sobre el tema, aunque Marcy ya lo sabía pero ella era una persona de confiar.
Marcy se encontraba en su casa y se acordó que ese día no iba a ir al pueblo para visitar a su amiga Anabella. Deseaba descansar y no pensar en más problemas ni tristezas, bastante tenía con lo que había ocurrido a sus amigos, se preguntaba como estaría Armando en su viaje a la selva que peligros iba a enfrentar y si saldría ileso de esa situación. Ella no sospechaba que Armando ya enfrentaba la primera dificultad, donde pasaría la noche y si era conveniente prender una fogata, con la luz en la noche podía llamar la atención de los nativos que habitaban el lugar, ellos no eran hospitalarios con los extraños, si no todo lo contrario.
En su casa del fundo Sonia conversaba con su hija: -Marcy ya no veo el entusiasmo en leer el diario de los abuelos, que a pasado, no sientes deseos de enterarte de algo más-.
-Si madre claro que quiero seguir leyendo la historia de los abuelos pero me he tomado un descanso después de tanta tragedia no podía concentrarme en la lectura, ahora más tarde voy a seguir leyendo el diario-.
-Debemos seguir adelante Marcy, la vida no se detiene y a ti te espera pronto el inicio de clases en la capital-sentenció la madre que notaba la tristeza de su hija al perder a su amiga tan querida y la despedida de Armando para hacer ese viaje tan extraño.
Terminada la cena Marcy se despidio de su madre para ir a dormir.
En su cuarto ya con la pijama y después de volver a leer la nota de despedida de Armando. Tomó el diario de la abuela Margarita y comenzó a leer.
Julio 10: -después de varias semanas desde que mi padre se negó a permitir el compromiso con Harold, mi distancia con él es notoria, lo saludo con respeto pero no hay más palabras de mi parte, Harold me dice que debo olvidar ese incidente y comenzar de nuevo hablar con él: -es tu padre Margarita debes hacer caso y volver a tener una relacion de confianza padre e hija. Yo no puedo perdonarlo con facilidad aunque sé por mi madre que él quiere hablar conmigo. Mi madre y hermanos han congeniado muy bien con mi novio, las puertas de la casa están abiertas para él y nosotros seguimos saliendo juntos todos los domingos después de asistir a misa. Paseamos, reímos y hemos vuelto a creer en el futuro juntos. Cuando mi madre entra en la sala conversa con Harold y pasamos un momento alegre de risas y recuerdos-.
El otro día mi padre me detuvo en la puerta de mi habitación y dijo: -hija mía no podemos seguir así, si actúe como actúe es porque soy tu padre y quiero lo mejor para ti. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla -Eres mi hija pequeña y como padre deseo que seas feliz, puedes perdonarme- yo no pude más y comencé a llorar, sus palabras llegaron a mi corazón y contesté -Eres mi padre y se que quieres lo mejor para mí- nos abrazamos y todo lo demás quedó olvidado.
Marcy sonreía y pensó en el bisabuelo Lorenzo Villacorta, después de todo era un padre que amaba a su hija.
CONTINUARÁ


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