viernes, 28 de agosto de 2026

CAFE, MI CULTIVO DE CAFÉ

Dos días después de que Ada viera la imagen de su tía Graciela como ella la llamaba con cariño, recibió la visita de sus padres en la casa pensión de doña Herminia. Se sentía feliz con la visita.
Su madre comentó: -Ada, mi querida niña, estas cómoda en esta casa, tu habitación es agradable-.
-Madre- sonrió Ada -estoy bien no te preocupes la casa es muy bonita y agradable, además doña Herminia es una persona buena y solicita, no me puedo quejar en lo absoluto-.
La madre de Ada insistió: -no me digas que no me preocupe, eres mi hija y te extraño, me gustaría que estés viviendo con nosotros-.
-Hija- habló el padre - es verdad lo que dice tu madre, te extrañamos pero no podemos actuar de forma egoísta, tú tienes que hacer tu vida y vivir con libertad, nosotros no somos eternos y no vamos estar por siempre a tu lado-.
-Si, es cierto Norberto, tus palabras son claras pero la casa se siente tan vacía y peor ahora que tu hermano está en Alemania estudiando gracias a la beca que ganó, nos hemos quedado sin hijos, sé que es la vida y así tiene que ser- contestó la madre con tristeza.
-Madre por favor- respondió Ada -no te pongas triste, sabes bien que ustedes pueden venir a visitarme cuando quieran, conocen donde vivo y lo que estoy estudiando. Lo mismo prometo, ir a visitarlos cada vez que tenga vacaciones en el Instituto de Diseño, ustedes conocen que me gusta mucho crear y esta carrera me permite desarrollar mi imaginación. Ahora quiero enseñarles mi habitación para que vean lo agradable y espaciosa que es-.
Ada subió con sus padres al segundo piso y los hizo entrar al dormitorio que ocupaba, era muy cómodo y además tenía una gran ventana que daba a la calle: -Ya ven lo confortable que estoy en esta habitación y lo bonito que es el entorno que rodea la casa, a una cuadra hay un parque donde voy a caminar de tarde en tarde cuando el clima me lo permite. No puedo pedir más, esto es para mí un gran ambiente para estudiar-. La joven guardó silencio mientras sus padres caminaban satisfechos por la habitación, su hija estaba bien instalada podían sentirse tranquilos. Ada en cambio pensaba en no decir nada a sus padres sobre la tía Graciela, no pensaba comentar una palabra ni siquiera con su padre que sabía su secreto, es decir el secreto de familia. Pensó dejar que el cielo tome la decisión de la hora y el día, de lo que debía suceder, esto le causaba sufrimiento por tratarse de una persona muy querida.
El padre en un  instante comentó: -Ada has desayunado, si no es así, vamos a desayunar, he visto cerca un café que tiene escrito en un gran cartel, "Se venden desayunos"-.
-Si padre, en ese café preparan unos desayunos deliciosos con tamalitos que te hacen soñar, ya los he probado y puedo hablar con seguridad al respecto- contestó Ada sonriendo. 
Unos minutos antes los padres de Ada habían conversado con doña Herminia para saludarla y preguntar por su hija, ella les dijo que era una joven responsable y tranquila, no tenía problemas. Los padres estuvieron satisfechos de escuchar esas palabras, confiaban en su hija. Después de recorrer la casa y ver el jardín, la cocina y el comedor donde tomaban sus alimentos las jóvenes de la pensión, Ada y sus padres salieron para ir al café del que hablaba con tanto entusiasmo su hija.
Doña Herminia era una señora de carácter y personalidad fuerte que siempre buscaba llevarse bien con las jóvenes que hospedaba, pero dentro de los reglamentos de la casa, había una cláusula bien clara que decia, "Señorita que cause problemas o tenga mala conducta o actitud negativa debía retirarse inmediatamente de la pensión, con conocimiento de sus padres" esto era parte del reglamento que se le entregaba a cada joven que venía a vivir a la casa pensión de doña Herminia.
Ada pasó todo el día junto a sus padres, regreso a la pensión alrededor de las siete de la noche, había sido un día intenso. Con sus padres visitó diversos lugares, además de ir al cine a ver una película de estreno. Ya había cenado, no tenía necesidad de comer algo más, saludo a doña Herminia y le dio las buenas noches, se encontraba cansada y deseaba ir a la cama temprano, saludó también a sus nuevas amigas que ocupaban la habitación  junto a la de ella. Quería descansar porque al día siguiente iría al Instituto de Diseño que era muy famoso y reconocido en la ciudad, luego en la tarde se encontraría de nuevo con sus padres para despedirse ellos, tenían que regresar a la ciudad de La Merced donde vivían. Se aseo y se puso la pijama, recordaba a sus padres y las preciosas horas que pasaron juntos, fue divertido tenerlos cerca y conversar. Recordaba también a sus amigas Anabella y Marcy, que tristeza estar lejos y no poder reunirse, de pronto su rostro se ensombreció al recordar que tal vez por mucho tiempo no las volvería a ver y aun más recordó a Beatriz la siempre querida amiga que estuvo en aquella reunión por última vez, lloró por todo aquello. Del velador junto a su cama tomó el rosario de su madre para rezar y pedir por la querida tía Graciela. Ahora más que nunca debía concentrarse en su nueva vida en la capital y asumir su realidad.
En cambio en San Andrés en el fundo de la familia Prodanovich, Marcy también recordaba a sus amigas, sabía que Ada estaba muy bien en la capital y que pronto comenzarían sus clases y Anabella la veía casi a diario pero no dejaba de preguntarse por Armando ¿qué sería de él y cómo estaría? tal vez sus padres ya sabían algo o quizás Armando estaba perdido en medio de la selva boscosa expuesto a tantos peligros. Marcy no le había contado Anabella sobre la nota que dejó Armando a sus padres, por el momento era mejor no decir nada. 
Lo que las amigas ignoraban era que Armado estaba a salvo, los nativos lo dejaron vivo y en la oscuridad de la noche se encontraba en la aldea donde el hombre del bote que lo había dejado, Armando hablaba con el jefe del lugar para que lo oriente como seguir viaje, él debía llegar a Puerto Bermúdez, ciudad donde tenía amigos que podían ayudarlo y darle trabajo, desde ese lugar les mandaría un telegrama a sus padres para contarles que estaba bien, sabía que no lo extrañaban pero igual les iba a escribir. Era una manera inconsciente e indirecta de decirle a sus amigas que estaba vivo y que no lo esperen en mucho tiempo por si alguna de ellas se acercaba donde sus padres para preguntar por él. 
El jefe de la aldea escuchó Armando, él le contestó que pasado mañana venía un bote trayendo algunos víveres y en ese bote podía viajar: - No sé exactamente hasta donde puede llegar ó a que ciudad más próxima lo dejaría, tendría que hablar con el dueño del bote-.
Armando agradeció sus palabras y caminó por la aldea en medio de la noche, uno de los habitantes le dijo que no era bueno andar en la oscuridad porque salen a buscar alimento animales nocturnos que no siempre son buenos y lo pueden atacar, es mejor que se vaya a dormir. Armando agradecio el consejo, ahora comprendía porque la gente de ese lugar dormía tan temprano y se despertaba antes que saliera el sol. 
Al despuntar el alba Armando ya estaba levantado, se fue a una pequeña fuente de agua donde no era peligroso bañarse  o encontrarse con algún animal que lo pueda atacar. Su desayuno fue lo mismo  del día anterior, plátano verde sancochado y tiras de carne seca cocida, eran un manjar delicioso, lo mejor que había comido en varios días de estar perdido en la  selva, se acordó de su experiencia de terror y el pánico de pensar que era hombre muerto. A media mañana se acercó un bote desconocido para los aldeanos, Armando no dudo en querer viajar en ese bote, habló con el dueño para seguir viaje río arriba y llegar a la ciudad de su destino. El jefe de la aldea le advirtió que no conocía a ese hombre: -si usted quiere viajar es su responsabilidad-.
Con su vestimenta típica del lugar, Armando lucía original, se despidio de los aldeanos les dio las gracias a todos, le dio la mano al jefe de la aldea y dijo: -nunca voy a olvidar su hospitalidad y generosidad para acogerme, siempre voy a estar agradecido, no se preocupe por mí voy a estar bien-.
Como era su costumbre, la gente de la aldea se reunió en la orilla del río para despedir al forastero que habia vivido un día con ellos, éste se subió al bote y con la manos en alto les hacia adiós, fue inevitable soltar algunas lágrimas a medida que se alejaba. Volteó y se sentó en una esquina del bote, el dueño le indicó que debía sentarse en el medio para no desequilibrar la pequeña nave y se voltee. Armando no tenía nada que podían robarle, confiaba en ese hombre que lo llevaba por el río, ignoraba que su travesía duraría varios días.


CONTINUARÁ       
   
   
                    

 

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