domingo, 28 de febrero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Guillermo Frederick Genscher, saludó a su amigo cuando le abrió la puerta, estaba sorprendido de lo bien que se veía y de la casa donde vivia. Ésta era pequeña pero contaba con todas las comodidades, en realidad era un departamento de los nuevos que se construían en la ciudad. 
-Guillermo porque no me avisaste que venías hubiera ido a recogerte al puerto- decía Ralph con gran entusiasmo al ver a su amigo.
-La verdad es que quería darte una sorpresa pero soy yo el que está sorprendido. Vives muy cómodo, espero no interrumpir nada importante en tu vida, ¿cierto?-- contestó Guillermo al recorrer la sala. 
-No hay nada que puedas interrumpir querido amigo, en este momento vivo solo y tengo una habitación extra donde puedes quedarte el tiempo que gustes, no tengo problema en recibirte-. 
Guillermo agradeció a su amigo, estaba muy cansado por el largo viaje para salir a buscar donde hospedarse. 
Ralph le mostró a Guillermo su habitación y comentó: -aquí puedes descansar luego de cenar, debes estar sintiendo mucho hambre  luego conversamos  sobre tu viaje-. 
Su amigo había adivinado como se sentía y le agradeció tanta atención y amabilidad.
-Puedes guardar tu ropa en este mueble  y después  vienes al comedor, yo voy a preparar algo en la cocina  para la cena-. contestó Ralph y dejó solo a su amigo en la habitación.
Guillermo siempre pensó que él era una excelente persona y que además le permitía quedarse en su casa, era un gesto delicado de su parte. La habitación era amplia y tenía al lado de la ventana un escritorio donde pensaba escribir a su madre la carta que le había prometido. Dio unos pasos  hacía la cama y se sentó en ella, del bolsillo de su chaleco sacó un pequeño reloj que su padre le había regalado cuando cumplió la mayoría de edad. Era una pieza fina de joyería, un reloj de bolsillo, se abría la tapa y tenía una inscripción que decía -Para Guillermo de su padre Joseph Genscher- así era él, directo y de pocas palabras. 
Guillermo lamentaba no haberse despedido de su padre, pero como estaban las cosas en su casa no hubiera sido posible. Puso el reloj sobre la mesita de noche y de su maletín  sacó la ropa que había traído, la guardó en el ropero, después salió de la habitación y fue a buscar a Ralph que estaba en la cocina preparando algo sencillo para la cena.
Guillermo y Ralph cenaban mientras conversaban de todo lo que les había ocurrido en los dos últimos años que no se habian visto. 
Su vida en el nuevo pais y en la nueva ciudad le agradaba a Ralph y le hablaba a Guillermo de todas las cosas que podía conocer -le gente es amable y estoy trabajando en una gran empresa, te voy a llevar al lugar para que conozcas al dueño es un compatriota nuestro y puede darte trabajo, si es que lo necesitas  ¿Qué te parece?-. preguntó Ralph.
-Por supuesto que estoy de acuerdo, yo no he venido a pasar vacaciones, me gustaría aprender pronto el idioma y trabajar- contestó Guillermo a su amigo que le ofrecía una oportunidad.
-Si deseas  puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que necesites, yo no tengo prisa que vayas a otro lugar, hay una habitación extra y es un alivio para mí tener a un buen amigo de Alemania cerca-  se levantó de la mesa y fue a un pequeño aparador de donde sacó una botella de vino: 
-Guillermo, yo estaba guardando esta botella para brindar en una ocasión especial y ahora es el momento de abrirla y celebrar nuestra amistad desde que éramos unos párvulos e íbamos al la escuela ¿te acuerdas?, que tiempos y que vida tan feliz.   
De esta manera comenzaba para Guillermo una nueva vida en el nuevo país. Todo para él era  novedad, las calles de la ciudad le parecían tranquilas, le gustaba todo lo que veía a su alrededor. 
Al día siguiente junto a Ralph conoció al dueño de la empresa para la que trabajaba. Otto Fischer era el propietario  de una de las importadoras más grandes de la capital, tenía muchos clientes, entre ellos a los dueños del Gran Almacén. 
Con mucho esfuerzo y trabajo había logrado construir su empresa; después de conocer a Guillermo y conversar con él sobre su vida en Alemania y a lo que se dedicaba, le ofreció un empleo en el almacén, él seria el encargado de  hacer el inventario de toda la mercadería que entraba, cada cosa debía estar registrada y bien clasificada.
Ralph en la empresa llevaba los libros de contabilidad, tenia su oficina en el segundo piso, al lado de la oficina de su jefe, más tarde éste comentaba: -que te pareció Guillermo, yo estaba seguro que te iba a dar un trabajo, el señor Otto es una persona muy seria, pero le gusta apoyar a un compatriota que recién llega. De ti va a depender hacer bien el trabajo, porque el jefe es exigente-.
Esa misma noche en la tranquilidad de su habitación, Guillermo se sentó al  escritorio para escribirle a su madre como le había prometido. En la carta le contaba sobre su viaje, el encuentro con su amigo y el trabajo que tenía, líneas más abajo antes de despedirse le decía: -Madre no te preocupes, estoy bien y espero que en algún momento nos volvamos a encontrar. Tu hijo Guillermo-. 
El verano en la ciudad era de sol pleno, el calor había aumentado, las calles del centro lucían brillantes, limpias y ordenadas. Las obras de construcción de nuevas avenidas seguían adelante.
Octavia en su casa había recibido los zapatos nuevos que mandó hacer para ella y Emiliana, se los había puesto para probar como le quedaban, en su habitación dio unos pasos para estar segura que no apretaban sus pies. Los pequeños botines eran cómodos, los pasadores lucían finos, en pocas palabras los sentía bien  pero ella extrañaba el toque artístico de buen diseño de Teófilo Ponce. Con tristeza dijo en voz alta: -Octavia tienes que acostumbrarte, el artista del calzado no está en la ciudad-.
Aníbal y Manuel llegaron de su viaje, Octavia los recibió con alegría por fin veía a su hijo pero no sabía como darles la noticia de lo que había ocurrido con la prima Blanca. Dio algunos rodeos, le preguntó a Manuel como había sido su estadía en el fundo. El joven le comentaba que estuvo entretenido ayudando a su padre y conociendo mejor el trabajo de éste.
Manuel pidió permiso para retirarse quería ir a su cuarto, Octavia le pidió que espere y le dijo que tome asiento junto a su padre: 
-Lamento darles esta triste noticia pero la prima Blanca ha partido a un viaje sin retorno- luego pasó a contarles lo sucedido. Su hijo como era de esperar se puso mal, el quería mucho a su tía y siempre la extrañó desde el primer día que se fue. 
-Madre no puede ser, ella siempre fue una persona tan buena y ahora no está más-. 
-Hijo debemos aceptar lo que sucedió y pedir al cielo por ella siempre- contestó Octavia al ver a la profunda pena que sentía su hijo. 
Manuel quería estar solo y sus padres le permitieron ir a su habitación. Aníbal estaba consternado y pidió a su esposa le cuente todo lo ocurrido con detalle, al igual que Octavia él nunca estuvo de acuerdo que se fuera a un viaje tan distante y lejos de la familia. 
-Octavia, siento un gran dolor por la prima, ella quería mucho a nuestros hijos y Manuel era su engreído, hasta hora no puedo comprender lo ocurrido-. comentaba el esposo con tristeza.
Manuel en la habitación se puso a llorar por su tía, ella siempre lo apoyó en sus proyectos y le traía pequeños regalos, era su forma de consentirlo.
Emiliana regresó del hospital y con mucha felicidad saludo a su padre, ya se había dado cuenta que él sabía todo sobre la tía Blanca y el pesar que sentía, era real.
Octavia los primeros días después de enterarse de la triste noticia, se torturaba pensando que su prima estaba sola en un pais lejano y que ella no podía visitarla, ni dejarle flores. En las noches tuvo pesadillas donde  buscaba el lugar en el que ella descansaba y no lo encontraba, lloraba con desesperación y se despertaba asustada.
Poco a poco con el paso de los días, fue aceptando la realidad de que Blanca nunca más volvería y rezaba con devoción al cielo por su alma.
En sus reunión con las Damas del Patronato algunas recordaban a Blanca y pedían a Octavia tenga serenidad para aceptar la realidad.
En la última reunión de las Damas, la novedad había sido el regreso de Hortensia después de pasar varias semanas con sus hijos en el norte en casa de su hermana. Se veía de mejor semblante y renovada. Todas conversaban con ella pero ninguna le preguntó por su hija Rosalina, si ella no quería hablar del tema era mejor así. Al principio las amigas temieron por la salud de Hortensia pero ahora que la veían recuperada no querían molestarla con temas del pasado. 
Otra felicidad para Octavia era la novedad de que Rubí había regresado de sus vacaciones en el campo con la religiosas. La niña comentaba con su madrina cuando ésta la fue a recoger, de todo lo que había hecho en esos días y lo feliz que había sido jugando con los conejos que parecían pompones de peluche que corrían de un lado a otro. 
La madre superiora llamó a Octavia para conversar con ella sobre un familiar que venía a visitar a la niña una vez por semana, era la infaltable tía de Rubí, la prima Renata -¿Octavia tú conoces a esta señora?- preguntó la religiosa.
-Si madre la conozco y en el pasado he tenido algunos problemas con ella, es una persona complicada-. exclamó.
-El tutor legal de Rubí, el abogado Panduro me advirtió sobre ella, por eso siempre hay una hermana cerca cuando esta señora viene a visitar a la niña- comentó la madre para que Octavia esté enterada de lo que ocurre, ella era su apoderada y tenía que estar al tanto.    
La vida continuaba su rumbo y la familia de Octavia se dedicaba a sus tareas del día a día. Emiliana se iba al hospital cuando era su día de ser voluntaria, sus zapatos nuevos también le quedaban bien y se sentía feliz de tenerlos pero lo mismo que Octavia extrañaba el arte de Teófilo Ponce. 
Aníbal había salido temprano y regresó a la casa al medio día con una novedad: -Octavia, no puedes imaginar con quién me encontré el las calles del centro, con Quinto López del Águila esposo de Rosalina. Me saludó con mucha ceremonia y me dijo que quería entrar al negocio de la compra de algodón. Yo le comenté que no es fácil competir con los grandes acopiadores que compran algodón hay que tener buen capital, pero él me aseguró que podía comenzar en la próxima cosecha-.
-Bueno esperemos que le vaya bien, no sabe donde se esta metiendo- contestó Octavia sin mucho interés, ella no quería hablar de Quinto y su familia. 
Ondina traía en sus manos una carta que venía de Arequipa: -señora acaba de llegar esta carta- comentó y se acercó a entregarla a Octavia en le pequeño salón. El remitente era su amiga Norma Valer. 
Aníbal se sentó en uno de los sillones y comenzó a leer el diario, mientras Octavia abría la carta. 
En ella Norma le contaba sobre su viaje y su estadía en la ciudad, para su amiga todo era nuevo y le gustaban los bellos paisajes y la hermosa catedral. Líneas después le comentaba sobre el compromiso de su hijo Héctitor con Emiliana:
-Octavia podemos planear el compromiso y la boda después, estoy esperando tu respuesta, nuestros hijos van a estar de acuerdo-.
Octavia terminó de leer la carta y sintió fastidio con la insistencia de su amiga sobre un compromiso en el que no estaba de acuerdo y menos lo iba estar Aníbal cuando lea la carta.
-Querido quieres leer esta carta es de Norma Valer nuestra amiga, la recuerdas- señaló.
Aníbal leyó la carta y luego comentó: -que sucede con esta mujer, en que momento hubo un compromiso de nuestra hija con su hijo, ha perdido la cordura- contestó el padre muy molesto.
Octavia tomó del cajón de su escritorio un papel de carta y comenzó a escribir a su amiga con la respuesta definitiva de que no aceptaba ningún compromiso de Emiliana con su hijo: 
-Estimada Norma- escribía -Ni Aníbal ni yo estamos de acuerdo con matrimonios arreglados para nuestra hija, estoy segura que Héctor es un joven de mucha valía y no tendrá problema en escoger una esposa. Debemos dejar que cada uno elija su camino, te pido por nuestra amistad y el bien de ellos no insistir en el tema. No estamos de acuerdo con elegir esposo para Emiliana- luego se despedía de su amiga esperando que comprenda su petición. 
Norma Valer nunca contestó la carta de Octavia y cortó su amistad con ella. Octavia sintió tristeza por la decisión de su amiga y dio por terminado el asunto.

CONTINUARÁ           
   
      


 

domingo, 21 de febrero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Berlín Alemania, Guillermo Frederick Genscher sostenía una acalorada discucion con su padre:
-Por favor padre, no me obligues hacerme cargo de la farmacia, yo puedo apoyarte algunos días pero hacerme cargo, no quisiera. Tengo otros planes para mi vida, tú puedes contratar a un ayudante- señaló Guillermo.
Su padre levantó la voz: -no quieres hacerte cargo de la farmacia, pero que bien vives en mi casa y te sientas a mi mesa, no te falta nada tienes una vida regalada-. habló el padre con dureza.
-Joseph, como puedes hablar así a nuestro hijo- exclamó la madre.
-Nuestro hijo tiene que tener consciencia, él es ahora el mayor, su hermano está en el ejercito y Guillermo debe asumir su puesto-.
Guillermo no deseaba seguir discutiendo con su padre, se puso de pie y salió del comedor, fue a su habitación, cerró la puerta y del cajón de su mesa de noche, sacó un boleto, era un pasaje de barco que había comprado una semana antes; como él dijo a su padre, tenía otros planes para su vida. Este viaje lo había planificado desde hace un tiempo. 
Su hermano mayor estaba en el ejército y no quería saber nada de hacerse cargo de la farmacia.
Joseph Genscher padre de Guillermo, era farmacéutico y dueño de su farmacia, la cual le permitía a la familia vivir con mucha comodidad, tenían una buena casa y todo lo que podían desear. Guillermo conocía a su padre, no iba a cambiar de idea. Él era el segundo hijo de la familia, tenía una hermana menor que era muy pequeña para ayudar a su padre.
Una semana después de la discucion con su padre, Guillermo fue a buscar a su madre que estaba en su habitación:  -madre tengo hablar contigo ahora que mi padre no está presente, es importante lo que voy a decir, toma asiento por favor-  con la mano le señaló un sillón que estaba cerca.
La madre se alarmó, ¿Qué pasaba con su hijo?, tenía una voz muy grave -Guillermo ¿Qué sucede?,¿te encuentras mal de salud?-.
-No madre, estoy bien de salud, solo escucha lo que voy a decir. He comprado un pasaje en el barco que sale para América, estoy con el tiempo justo para partir, dentro de dos días estaré en altamar. Perdona si recién te hablo de este viaje, pero es necesario que me despida de ti si quiero tomar ese barco, de mi padre no puedo despedirme, tú sabes como es él-.
La madre se alarmó, no quería que su hijo parta a ese viaje, ella le habló y hasta le suplicó que lo piense bien, pero Guillermo estaba decidido, no tenía la intención de hacer sufrir a su madre.
-Madre, te pido me comprendas, es tiempo de partir, ya tengo 24 años, mi padre tiene razón cuando dice que tengo que tomar consciencia-.
Anja lloraba por su hijo, ella no deseaba que se vaya de la casa: -Guillermo tu padre ha dicho palabras que no siente, no puedes irte así-.
-Es necesario que me vaya,  está decidido, tengo mi pasaje, comprende-. rogó Guillermo.
Anja se secó las lágrimas, su hijo era como su padre no iba a cambiar de idea: -con que dinero vas a viajar-. preguntó.
-Tengo unos ahorros que espero sean suficientes-. contestó.
La madre de Guillermo se puso de pie, fue a su cómoda y de uno de los cajones sacó un pañuelo que envolvía un fajo de billetes -toma este dinero lo vas a necesitar-. 
-¡Madre no! ese es tu dinero, no puedo aceptarlo-. 
-Yo no lo necesito, aquí tengo todo, pero tú vas hacer un viaje muy largo y tienes que llevar dinero, por lo menos recibe esto para que yo me sienta tranquila de que no vas a pasar hambre- suplicó Anja y le entregó el dinero. 
Guillermo besó a su madre en la frente, la abrazó y le dio las gracias con todo el corazón, era un dinero que le daba tranquilidad para realizar su viaje. Antes de salir de su casa  prometió que iba a escribir para que ella sepa como había llegado a su destino.
Con un pequeño maletín en la mano con lo suficiente para embarcarse Guillermo partió, no quería demorar más la despedida, era el tiempo que necesitaba para llegar hasta el puerto de Frankfurt. Lamentó no poder despedirse de su padre, pensó que si lo hacía iba a tener otra gran discusión con él. En el fondo le daba las gracias, después de todo era su padre. 
Los sueños y el destino llevaban a Guillermo en un barco hacía altamar. Él tenía un amigo que le había escrito muchas veces sobre América, más preciso aún, Sudamérica. Ralph le decía en sus cartas -es una tierra nueva de oportunidades, aquí todo es distinto tienes que venir Guillermo-. 
El viaje en barco, no le sentó bien sentía el vaivén de la nave y unas ganas terribles de devolver el estómago, todavía tenía varios días para llegar a su destino Panamá, luego seguir viaje en otro barco hasta Sudamérica, el destino final el puerto del Callao-Perú y de ahí Lima su capital. 
Todo sonaba tan extraño y lejano, solo esperaba que su amigo lo pueda orientar en la nueva tierra que según él, estaba llena de oportunidades.
El viaje fue largo y cansado, llegó a Panamá, se quedó un día en la ciudad para despejarse y luego embarcarse a su próximo destino, no deseaba que pasen más días. No podía hablar demasiado solo conocía algunas palabras en español y comunicarse con otras personas era difícil.
Agotado por el viaje de Panamá al puerto del Callao, llegó al medio día. Se hospedó un pequeño hotel, le sorprendió el movimiento de la ciudad cuando caminaba por sus calles, pensó en quedarse una noche y partir al día siguiente, se sentía mal. Su viaje desde Alemania había durado muchos días, no quería escuchar que  le hablen  del mar.
Cuando llegó a la capital era de noche, no sabía como encontrar la dirección que tenía en las manos, estaba en el centro de la ciudad. Preguntó alguien por la calle Espaderos y éste lo llevó al lugar que decía  la nota. Frente a la puerta de la casa donde se supone vivía su amigo, tocó la campanilla y por fin la agradable sorpresa, era Ralph quien abrió y exclamó: 
-Guillermo, no puede ser, porque no me avisaste que venías- y lo hizo pasar.  
El nuevo día estaba lleno de sorpresas para Octavia, solía algunas tardes llevar una fuente de frutas y descansar a la sombra de un árbol en el huerto. Ella y Emiliana conversaban mientras disfrutaban de unos higos dulces. La temperatura del verano estaba  elevada y en el huerto se podía sentir el aire fresco de la tarde. 
Madre e hija conversaban sobre el taller que habían encontrado para mandar a hacer sus zapatos, solo esperaban no tener problemas con el nuevo calzado , ambas lamentaban la ausencia de Teófilo Ponce.
Ondina buscó a Octavia en el huerto: -señora en la puerta hay una señora que pregunta por usted, me dio esta tarjeta-. 
Octavia leyó la tarjeta: -Ondina hazla pasar de inmediato a la sala. Emiliana es mi querida amiga Norma Valer, ¿te acuerdas de ella?. Ve a la cocina y deja esta fuente, dile a Felicitas que prepare té y  pastelillos, para llevarlos después a la sala-. 
Emiliana obedeció las ordenes de su madre y Octavia, en su habitación se arregló y peinó el cabello, luego fue a saludar a su amiga que la esperaba en la sala.
-Querida Norma ¿cómo estas? es una sorpresa tu visita después de tantos años-.
-Octavia no sabes la alegría que tengo de venir a saludarte y conversar contigo, no nos vemos hace mucho tiempo- contestó la amiga y de su bolso sacó un bello abanico para refrescarse la cara -Octavia el calor esta muy fuerte en estos días, mi familia y yo venimos de Piura, es un horno no puedes imaginarlo-.
Norma Valer era amiga de Octavia desde sus tiempos de estudiantes, ella estaba casada y por el trabajo de su esposo tenía que viajar de una ciudad a otra.
-Tú sabes querida amiga que mi esposo por su trabajo en Hacienda tiene que ver todo con respecto a impuestos, es fiscalizador de tributos. Hemos estado primero en Cajamarca, después de cuatro años fue cambiado a Piura y cuando ya estábamos acostumbrados a la ciudad, lo cambian a Arequipa. Estoy solo de paso en Lima y espero no tener más cambios, mis hijos y yo estamos cansados de viajar-. comentaba Norma a su amiga.
Emiliana interrumpió la conversación y entró a la sala con la fuente de té y pastelillos: -disculpen por la interrupción-.
-Norma, ella es mi hija Emiliana, te acuerdas cuando estaba pequeñita-. comentó Octavia a su amiga.
-Si me acuerdo de ella y ahora es una linda joven, debes estar feliz Octavia.  Porque no arreglamos un matrimonio para nuestros hijos, Héctitor  mi hijo mayor tiene apenas dos años más que tu hija, serían la pareja perfecta ¡no te parece!- exclamó.
Octavia no podía creer la propuesta de su amiga, sonriendo dijo: -Norma debemos dejar que nuestros hijos escojan sus parejas, arreglos de matrimonio no es mi idea, nunca lo he pensado-. 
-Por favor, no me vas a decir que mi hijo no está bien para tu hija-. 
-No, no, jamás diría eso pero debes comprender que los tiempos han cambiado y ahora los jóvenes escogen con quien desean casarse-.
-No, querida amiga para mi es mejor arreglar el matrimonio de los hijos, ellos son jóvenes y no saben escoger-. concluyó Norma con un tono impaciente en la voz.
Octavia escuchaba con incredulidad las palabras de su amiga nunca hubiera imaginado que ella pensaba de esa manera. Cambió de tema para no iniciar una discucion que no iría a ninguna parte. Ella nunca escogería un esposo para Emiliana. 
El resto de la conversación transcurrió con recuerdos y buenos momentos que vivieron juntas. Ya oscurecía cuando Norma se despedía de Octavia e hizo un comentario final: -Octavia he hablado en serio cuando te digo que debemos arreglar el matrimonio de nuestros hijos, estoy segura que cuando Héctitor conozca a Emiliana quedará prendado de ella-.
Octavia sonrió a su amiga, no contestó, solo le deseo buen viaje y una feliz estadía en la ciudad de Arequipa. No deseaba perder la amistad de tantos años, pero si seguía con lo mismo tema tendría que hablar claro,  ella no estaba de acuerdo con matrimonios arreglados.
Norma se despidió de su amiga y de Emiliana: 
-Mamá, por favor tu no estás de acuerdo con lo que dice tu amiga ¿verdad?-. dijo Emiliana a su madre.
-No te preocupes, ella se va para Arequipa y no creo que hable más sobre el tema-. contestó Octavia y esperaba que su amiga comprendiera cual era su posición con respecto al matrimonio. 
El tiempo transcurría tranquilo en la ciudad, muchas obras comenzaban a hacer realidad, se planificaban nuevas avenidas para romper definitivamente el trazo colonial. Las marchas y protestas habían terminado y la ley del horario laboral era una realidad. Se podían iniciar las obras sin retrasos, ni cambios. 
Ondina regresaba de la calle  después de hacer unos mandados y entró a la cocina hablando en voz alta: 
-Madre en la calle hay un gran tumulto, pero esta vez es para ver pasar al presidente y su comitiva, ellos vienen en carros elegantes. La gente dice que van entrar por un costado de la iglesia, luego van pasar por la plazuela y por último tomaran la calle principal con dirección a las calles del centro y a palacio de Gobierno-.
-Ondina que estas diciendo, baja la voz-. contestó Octavia que estaba con Felicitas.
-Señora es cierto ya viene el presidente-.
-Madre, vamos a la plazuela para estar presente cuando pase el presidente-. rogó Emiliana.
Octavia pensó un momento: -seguro que eso va a demorar, no hubo ningún anuncio sobre el paseo del Presidente-.
Emiliana rogó de nuevo y Octavia terminó por aceptar -esta bien, vamos a la plazuela de la Reconciliación, espero sea verdad que  están cerca-. 
Octavia, Emiliana, Felicitas y Ondina salieron de la casa, caminaron solo unas cuadras para llegar a la plazuela. Ondina no había exagerado, el Presidente y su comitiva entraba por la avenida, todos los vecinos estaban al rededor  y lo saludaban, el Presidente sonreía, no era común que suceda este acto muy seguido pero él quería estar cerca de su pueblo después de tantas protestas y desorden. La gente lo  vio pasar en el carro presidencial. Era una nueva etapa de nuevos cambios. 

CONTINUARÁ  
     
     
     
        



   
             
   
   

     


 

domingo, 14 de febrero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

No, ya no eran rumores, ni comentarios que la gente hacía en las calles y avenidas, esto era una realidad, así publicaban los diarios de mañana. 
El gobierno por fin promulgaría la   ley para la jornada laboral de ocho horas. 
Era un gran avance en el desarrollo del pais los cambios no podían detenerse, pensaba Octavia mientras leía en su pequeño salón la noticia que traían los diarios.
La ciudad volvería a tener paz y tranquilidad para seguir realizando las obras que se necesitaban y los obreros volverían a sus trabajos en las fábricas y en el puerto. La capital había paralizado sus obras a raíz de tantas protestas y desorden. 
Era un triunfo, la jornada laboral de ocho horas  ya existía en otros paises y en ciudades importantes, se debía estar al compás de los nuevos tiempos y con el nuevo siglo 
Octavia detuvo su lectura un instante, extrañaba Aníbal y a Manuel, ellos estaban bien según el telegrama que recibió días antes, el cual decía: -Octavia no te preocupes, estamos bien. Manuel ya no quiere regresar-  y ella sabía que Aníbal estaba bromeando. También extrañaba demasiado a Rubí que se  fue de vacaciones hace varias semanas a la casa de campo que tenían las religiosas. Seguro que la niña disfrutaba jugando con los conejos que criaban y las caminatas por la campiña. Era hermoso el lugar, en Santa Clara no muy lejos de Lima. 
La casa se sentía más grande y vacía, solo estaban Octavia, Emiliana, Ondina y Felicitas. Ella sentía triste al no haber ido a pasar unos días de playa en el balneario junto a la tía Esperanza, pero fue imposible por el accidente de Manuel y ahora con  Emiliana de voluntaria en el hospital los tiempos habían cambiado y la vida también. 
Hubiera sido tan bueno para Rubí pasar unos días con la familia en la playa, ella no conocía el mar. Pero era seguro que estaba feliz en la casa de campo de las religiosas. No hubiera sido bueno para la niña ser testigo de la  tristeza de su madrina por lo ocurrido con Blanca, ella hace poco tiempo había perdido a su madre. 
Rubí algunas veces comentó a Octavia: -madrina, yo sueño casi todos los días con mi mamá, la veo que  está feliz y sonriente-.
-Claro pequeña, ella siempre va estar contigo-. contestaba Octavia.
Cuando recordaba a su prima, Octavia la extrañaba, aun sentía mucho dolor por su partida, ella nunca debió viajar tan lejos:   -mi querida Blanca- se lamentaba y sobre la cómoda en su dormitorio tenía su foto para saludarla todos los días. 
En la última reunion con las Damas del Patronato, Octavia les contó sobre el deceso de su prima, todas ellas conocían a Blanca y lamentaban lo ocurrido además de darle el pésame a Octavia. Ella no vio la necesidad de entrar en detalles sobre su muerte, solo comentó que enfermó de fiebres malignas que no se podían curar. 
-Octavia- dijo Ana Luisa: -es terrible lo ocurrido a Blanca, era tan buena y amable que parece que fue ayer que estaba con nosotras en las reuniones y disfrutaba de buena salud-. 
-Si es verdad- decían todas a coro, hubo unos minutos de silencio en nombre de Blanca para honrar su memoria.
Otro de los grandes proyectos que comentaban Octavia y sus amigas era la construcción de la primera línea del tranvía: -es fantástico y una realidad, solo faltan algunos detalles en el acuerdo del Municipio con el Gobierno para que se comiencen las obras. Vamos a ser una ciudad del nuevo siglo- decía con entusiasmo Petra. Ella se había enterado por su esposo Pier, que siempre estaba al día con los acontecimientos en la ciudad  para luego publicarlos en su revista familiar e informar al público.
La ciudad capital con cuatrocientos mil habitantes crecía a un ritmo vertiginoso, seguro en los próximos años crecería aun más. El tranvía era una necesidad para transportar a la gente a sus trabajos.
La reunión entre amigas como siempre fue amena y la mañana pasaba sin sentirse, era la hora de terminar la visita y las Damas de regresar a su vida diaria.
Octavia unos días después de la reunión con sus amigas compraba en el Gran Almacén, cintas y blondas que necesitaba para Emiliana, en ese lugar se podía encontrar de todo y muchas de las cosas eran importadas, la tienda era el lugar donde compraba media ciudad, mientras hacía su pedido a una de las empleadas, se acercó a ella Rosalina: 
-Señora Octavia, ¡buenos días¡ ¿cómo está?- la saludo cortés.
Por unos segundos hubo silencio entre las dos, Octavia se sorprendió al encontrarse  con Rosalina, ella lucía elegante y bien arreglada, venía en compañía de su ama de llaves. 
-¿Cómo estás Rosalina? te veo muy bien- contestó después de reaccionar de la sorpresa.
Ambas hicieron comentarios sobre la tienda y lo maravilloso que era encontrar cosas tan bellas. Octavia quiso preguntarle por Hortensia pero guardó silencio. Rosalina en ningún momento mencionó a su madre, en cambio seguía conversando sobre la tienda y sus maravillas.
Octavia se despidió de la joven y en el camino de regreso sintió tristeza que una hija olvide así a sus padres que hicieron lo indecible por ella. 
Hortensia continuaba en el norte de vacaciones en la casa de su hermana. Rosalina seguro pensaba que Octavia ignoraba todo con respecto a su vida y el rechazo a sus padres. Estaba equivocada, no solo lo sabía ella, si no toda la ciudad y la condenaban por ello.
En la casa, Octavia le mostraba a Emiliana las blondas y cintas que había comprado para su vestido -Son hermosas madre, con ellas mi vestido lucirá perfecto-. 
Luego comentó con su hija el encuentro con Rosalina:
-Emiliana, Ella lucía bien elegante y arreglada, lo triste es que no mencionó a sus padres. Rosalina es una hija muy ingrata-.
-Madre, no me sorprende, en el colegio también se comportaba distante con las demás compañeras de su salón-. Rosalina era mayor que Emiliana pero estudiaron en el mismo colegio.
Aunque parezca algo trivial, Octavia mientras caminaba hacia su habitación sintió molestias en uno de sus zapatos, era ya necesario mandarse a hacer  zapatos nuevos. En esos días aun no existía el calzado hecho en serie, si la gente deseaba zapatos nuevos, debía mandarlos a hacer. Octavia iría a visitar el taller  de Teófilo Ponce para mandar hacer zapatos para ella y Emiliana de una vez. 
En la tarde después del almuerzo, Octavia y Emiliana salían para visitar el taller de calzado, pero encontraron que la puerta estaba cerrada, tocaron varias veces, nadie salía atender:
-Emiliana tenemos que regresar mañana, en el taller parece que no hay nadie- comentó con desilusión Octavia, quería ordenar de una vez la confección de sus zapatos, no deseaba sufrir un inconveniente con ellos por la calle, además se demoraba algunas semanas confeccionar un calzado.
Al día siguiente regresaron de nuevo al taller a una hora diferente y seguía cerrado: -que fastidio comentó Octavia, ella buscaba especialmente a Teófilo Ponce porque el tenía las hormas con las medidas de los pies de su familia y también porque era un artista en la confección del calzado hecho a mano. 
Una de las vecinas que las vio venir desde el día anterior conversó con Octavia: -señora, Teófilo no abre hace dos semanas su taller, nadie sabe donde está, es raro que él no atienda a sus clientes ya  han venido varios a buscarlo, dicen que alguien lo vio salir del taller a la media noche pero no sabemos donde está-. puntualizó la vecina.
Octavia agradeció la información, el inconveniente le creaba un problema, necesitaba zapatos, tendría que mandarlos hacer a otro taller y eso no le agradaba mucho.
De los rumores que corrían sobre la vida de Teófilo, algunos eran ciertos, siendo muy joven entró a trabajar al taller de los hermanos Venegas, estos eran maestros en la confección de calzado. 
Teófilo aprendió con ellos todas las artes y secretos para hacer buenos zapatos, con el tiempo y la práctica superó a sus maestros y estos se dieron cuenta de ello, lo felicitaron y lo ascendieron a jefe maestro del taller. Teófilo controlaba y corregía alguna mala confección de los demás artesanos. Comenzó a ganar buen dinero y a vestir buena ropa, tenía un sastre que le cocía los ternos y camisas cuando entraba al taller, vestía siempre elegante, los fines de semana era típico verlo pasear por las calles del centro con ropa y zapatos finos. 
Una mañana mientras trabajaba en el taller, vio que una hermosa joven entró a buscar a uno de los dueños, era la hija de Máximo Venegas, Teófilo no pudo evitar quedar prendado de ella, otro de los artesanos que observó a su amigo comentó: -maestro, tiene que mantener su lugar, la joven es la hija del dueño y está muy lejos de nosotros-. 
Teófilo aparentemente no escuchó las palabras del compañero y confió en que los dueños lo iban aceptar, al ser él un maestro y jefe del taller. Se empeño en conocer a la joven, averiguó donde vivía y se acercó a ella con palabras amables y atenciones, le contó que trabajaba en el taller de su padre y al parecer la joven aceptó su amistad. En los días que sigueron Teófilo y Marcela, así se llamaba  paseaban sin que el padre supiera sobre ellos. Él llevó a Marcela al estudio de fotografía más famoso de la ciudad por esos días, el Estudio Courret, quería tener una foto de los dos juntos, era su sueño.  
Solía hacerle regalos y compraba cajas de finos chocolates para ella, Marcela se sentía alagada siempre decía: -Teófilo no es necesario que gastes dinero en regalos para mí-.
-No te preocupes, yo quiero hacerlo, me gusta halagarte-. contestaba prendado de Marcela.
Pero la felicidad no podía durar mucho al menos no para la pareja, alguien había ido con chismes al padre sobre ellos. Una tarde mientras trabajaba en el taller, Máximo Venegas lo mandó llamar y en su oficina, daba de gritos cuando vio a Teófilo: 
-¡Qué te has creído tú un simple trabajador! acercarte a mi hija y pretender su mano, no puedes jamás volver a salir con ella y estás despedido desde este momento, toma tus cosas, no quiero volver a verte- gritaba enojado.
Teófilo quiso explicar la seriedad de sus sentimientos pero Máximo casi lo golpea, si no fue por el otro hermano que lo detuvo.
En el taller todos los artesanos escuchaban los gritos y vieron salir al maestro jefe. Teófilo fue a buscar a Marcela pero no podía tocar la puerta eso era demasiado, paso varios días haciendo guardia a la casa para ver si ella salía en algún momento pero el padre mando a su hija lejos, como castigo. Teófilo espero y espero varios días y nada, uno de los compañeros del taller le contó a su amigo: 
-Maestro, el padre ha mandado a su hija lejos, nadie sabe donde-. 
Teófilo sintió que su corazón sufría,  él quería a Marcela. Las semanas pasaron y el maestro contrató un pequeño local para comenzar a confeccionar zapatos a sus clientes, en uno de los estantes puso la foto de él con Marcela. Al comienzo todo parecía marchar bien, los clientes lo buscaban y él cumplía con los pedidos pero poco a poco fue decayendo, dejaba de ser cumplido y sus clientes se quejaban y a pesar de ello lo seguían buscando porque sabían que  él podía confeccionar el mejor calzado. 
Una noche algunos vecinos lo vieron salir del taller y perderse en las calles, nadie sabía donde se fue.
Por el dolor, Teófilo había olvidado que tenía arte en las manos,  nadie como él sabia trabajar el cuero hasta convertirlo en un material suave y flexible con el que confeccionaba los zapatos más cómodos, elegantes y de bello diseño en la ciudad, su acabado era de un artista.
Octavia lamentaba lo ocurrido con Teófilo, ella con gran pesar tenia que buscar otro taller para mandar hacer los zapatos que necesitaba no podía esperar más. 
Sabia que el maestro era un artista del calzado y solo deseaba que pueda regresar pronto para seguir confeccionando los zapatos más bellos y cómodos de la ciudad.

CONTINUARÁ                            
         

 
       
  
   
     



 

domingo, 7 de febrero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Octavia respiró profundamente y volvió a leer la dirección y el nombre del remitente, definitivamente no era Blanca la que escribía, las manos le temblaban, por fin logró abrir el sobre, extrajo de su interior  dos cartas varios documentos y su temor más grande un documento que al comienzo no entendía  de qué se trataba. 
Abrió la carta que escribía Beatriz De la Torre y Valle donde decía:
Estimada Octavia, lamento ser portadora de malas noticias pero es mi deber comunicarle que su prima Blanca dejó de existir hace pocos días.
-No, no no puede ser- repetía Octavia mientras las lágrimas bañaban su rostro -¡mi Dios, porqué! no lo puedo comprender- y quería gritar, a duras penas se contenía, por unos segundos soltó la carta para llorar.
-¿Por qué ella?- se preguntó varias veces y a lo lejos  parecía escuchar la voz de Blanca cuando eran niñas y jugaban en el huerto, ella la llamaba ¿Dónde estás Octavia? ¿Dónde estas? - y Octavia se escondía para que Blanca la siga buscando.
El dolor le desgarraba el alma y el corazón no podía seguir leyendo pero hizo un esfuerzo para comprender, cómo había sido su deceso. 
Tomó del escritorio la carta de nuevo y volvió a leer: -Octavia, su prima dio aviso muy tarde sobre su enfermedad, de inmediato fue conducida al hospital donde se le dio todas las atenciones, pero fue muy tarde, las fiebres infecciosas habían avanzado demasiado y a los pocos días ella dejó de existir. Lamento también decir esto pero su prima puso en riesgo la salud de mi familia porque pudo ser una enfermedad contagiosa. Yo deseo olvidar ese episodio y solo recordarla con cariño y amistad, ella era una persona fina y delicada que llegó a ser parte de nuestra familia, mis hijos la extrañan tanto y para mi era una amiga y una compañía. No se preocupe Octavia, Blanca recibió cristiana sepultura y descansa en el cementerio de la ciudad. Yo no tengo palabras para decir como me siento y sé que Usted también debe estar sufriendo al enterarse de la terrible noticia. En el sobre van todos los documentos sobre la enfermedad y una carta que su prima no terminó de escribir. Octavia me despido, cualquier pregunta o duda hágamela saber,  luego firmaba al final de la misiva.    
Octavia lloraba no encontraba consuelo, su querida prima se había ido, ella solo podía pensar que estuvo sola en los últimos momentos de vida y ahora descansa lejos en una ciudad donde ella no puede ir a visitarla y dejarle flores -¡oh mi Dios! ¿ por qué ella?- se lamentaba Octavia.
Blanca era una persona fina y educada, nunca tenia mal concepto de las personas, donde iba siempre tenia una sonrisa. Octavia no estuvo de acuerdo que su prima se fuera tan lejos, ella podía enseñar en cualquier colegio de la capital, estaba capacitada para ello. 
Abrió la carta que Blanca no terminó de escribir en ella comentaba algunos detalles sobre su trabajo, su rutina diaria y además escribía que se sentía mal -Octavia hace unos días me siento enferma y tengo fiebre, seguro debe ser una gripe pasajera. Ahí estaba escrito lo que decía Beatriz, ella no aviso a tiempo, pensaba que era una gripe. Líneas más abajo comentaba -me siento cansada, mañana termino la carta- Blanca, nunca pudo escribir el final.
Ondina escuchó el llanto de su señora y corrió a la cocina: -madre la señora Octavia está llorando sobre su escritorio después de leer el sobre que ha recibido  ¿Qué podemos hacer para ayudarla? la señorita Emiliana está en el hospital y no llega hasta las tres de la tarde-.
-Ondina, nosotras no podemos intervenir, solo debes estar atenta a su llamado por si algo necesita- recomendaba Felicitas a su hija con gran tristeza.
Octavia de nuevo leía la carta de Blanca y llamó a Ondina, esta se presentó de inmediato en el pequeño salón -mande usted señora- dijo con premura. 
-Ondina trae un vaso con agua de azahares- dijo Octavia con el rostro afligido por el dolor.
-Si señora- y salió del salón, en menos de unos segundos estaba de regreso con el pedido.
Ondina preguntó: -¿señora va almorzar en el comedor?-.
-No, trae mi almuerzo aquí a mi escritorio-. 
Ondina volvió a decir -señora disculpe pero Cesáreo ya terminó de trabajar en el huerto y se retira-.
-Bien, que Felicitas, le sirve el almuerzo y luego se puede ir- contestó y sacó de uno de los cajones del escritorio una pequeña talega con el pago a Cesáreo por su trabajo. -Entrega esto a Cesáreo- terminó de decir. 
Octavia almorzó sin mucho apetito, todavía no podía creer lo sucedido a su prima, ella era siempre tan cuidadosa. Vio la hora en el reloj y pensó que si se daba prisa podía encontrar a su abogado Emil del Muro en su oficina, ella quería pedirle un consejo legal, ¡quien mejor que él para decir cómo debe proceder!.
Octavia salió muy rápido de su casa, caminaba y tenía la sensación que flotaba en el aire, eran los nervios pensaba.
Llegó justo a tiempo, Emil estaba todavía  en su despacho y la recibió.
-Mi estimada Octavia, que milagro tu visita ¿cómo estás?- saludó Emil al ver a amiga.
-Emil sé que vengo con el reloj pero necesito tu consejo para proceder en una demanda-.
-Octavia ¿a quien quieres demandar?- preguntó preocupado y observó recién que estaba al borde de las lágrimas, entonces le alcanzó un pañuelo. 
-Deseo demandar a la familia De la Torre y Valle por negligencia en el tratamiento a mi prima- luego pasó a contarle todo con respecto a lo que había sucedido a Blanca, de su bolso sacó el sobre que había enviado la familia para que lo examine. 
Emil conocía a Blanca y sabía que trabajaba con la familia.
-Octavia lo que tú me pides es muy delicado, para hacer una demanda uno tiene que tener pruebas solidas y estar muy seguro que hubo negligencia. En tu caso ellos están lejos, viven en otro país, además es una familia que tiene mucho dinero, pertenecen a la alta sociedad aquí en nuestra ciudad, no tendrían razón para no atender a tu prima si así lo necesitaba. 
-Emil por favor, quiero saber si el documento de la partida de defunción es legal- contestó Octavia impaciente.
Emil examinó el documento y agregó: -esto a todas luces es legal, hasta tiene los sellos del consulado de Perú y viene acompañado de una traducción. Octavia necesito que te calmes, el dolor por lo ocurrido a tu prima está haciendo que veas las cosas más terribles. Te pido, déjame el sobre con todos los documentos voy a leerlos y estudiarlos con calma y con mi asistente te envió un mensaje mañana- finalizó Emil para consolar a Octavia. 
-Emil nosotros nos conocemos de toda la vida, tu padre fue abogado de mi padre y ahora tú eres mi abogado, yo confió en ti para todo proceso legal-.
-No te preocupes voy a ocuparme de la partida, tengo amigos en el cuerpo diplomático, ellos me van asegurar si es legal o no este documento-.
Era verdad, Emil y Octavia se conocían desde siempre y eran muy amigos, un tiempo sus familias pensaban que se iban a casar pero Octavia conoció Aníbal y se casó con él,  Emil conoció a Nina y se casó con ella. La amistad y la confianza los unía.  
Cuando Octavia regresó a su casa Emiliana salió a su encuentro, ella conversó con su hija y le contó lo sucedido a su tía, la joven lloraba de tristeza y dolor, Emiliana quería demasiado a Blanca, siempre le tuvo admiración. Octavia consolaba a su hija, ella era tan joven para vivir este dolor por un ser querido que se fue.
En la noche en su habitación, Octavia fue a su cómoda y del primer cajón sacó la ultima  fotografía que Blanca se había tomado en el Estudio Courret antes de viajar se veía tan feliz y sonriente, ella siempre creía en la bondad de la gente. La foto la colocó sobre su cómoda para verla todos los días. 
Aníbal estaba en el fundo trabajando con Manuel, no quería perturbarlo con la noticia, sabía que iba  a estar muy triste cuando sepa lo ocurrido a Blanca y su hijo ni hablar. el joven también quería a su tía, ella festejaba sus ocurrencias y bromas y lo animaba a seguir con sus inventos.
Fueron dos días interminables para Octavia, cuando Emil con un asistente le envió un mensaje para que se presente en su oficina. Ella salió de la casa ni bien terminó de leer la misiva, no quería perder más tiempo, se arregló, se peino muy rápido, se puso un poquito de polvos sobre el rostro que estaban muy de moda por esos días y partió.
Cuando llegó al estudio saludó a  Emil, éste fue muy directo para hablar con Octavia: 
-Mi querida amiga, lamento decir que en este caso una demanda a la familia no procede, he leído con calma todos los documentos con su debida traducción, es muy claro lo que explica Beatriz de la Torre y Valle, la señora ha querido aclarar desde el principio que Blanca dejó que la enfermedad avance, es más, tu prima también lo confirma en la carta que no terminó de escribir. Octavia, se que el dolor nos hace reaccionar de manera precipitada, pero este caso es claro no hay evidencias de negligencia y te puedo asegurar que la partida de defunción es legal lo he consultado con amigos que conocen bien este tipo de documento y aquí está el informe del doctor que la atendió y luego el informe de la autopsia-.
Octavia estaba sin palabras, las lágrimas caían por sus mejillas, Emil le dio su pañuelo: -debes calmarte y aceptar que fue algo terrible, Blanca no aviso o tal vez no pensó que era grave-. Emil trató de consolar a su amiga, sabía que su dolor era real.
-¿Qué me aconsejas que haga Emil?- preguntó.
-Responde la carta a la señora Beatriz, explícale como te sientes y si puede comentarte algo más sobre tu prima, sería bueno-. contestó Emil.
Emil entregó a Octavia el sobre con todos los documentos que envió la familia, el caso era claro y ella tenía que aceptarlo, Blanca había actuado con descuido sobre su enfermedad.
En la noche en su escritorio Octavia escribía a Beatriz, contándole como se sentía y lo difícil que era aceptar la muerte de su prima, líneas más abajo le pedía que por favor si fuera posible le envié los efectos personales de su prima, ella quería tenerlos como recuerdo.
Beatriz De la Torre y Valle fue diligente y de inmediato contestó la carta de Octavia, enviándole los efectos personales de Blanca en una pequeña caja que ella recibió a la vuelta de correo veinte días más tarde. En su interior tenía cartas que Octavia le escribió, cartas de sus amigas con las que había estudiado, el rosario que ella le regaló, una medalla de oro recuerdo de su madre, fotos de la familia y un diario que comenzó a escribir desde el primer día de su viaje. 
Octavia sintió curiosidad quería saber que decía el diario y comenzó a leer, en las primeras paginas hablaba sobre su travesía en el barco, sus primeras impresiones de la ciudad donde iban a vivir,  el trato delicado de la familia para con ella y demás detalles; pero unas hojas adelante habla sobre un caballero y un amor no correspondido. Ella sufría por eso y decidió poner un océano de distancia para no verlo cada día de su vida: -no puedo con este destino, él jamás va corresponder a mis sentimientos- escribía con tristeza. 
Octavia siguió leyendo, ¿Quién era ese caballero misterioso? al parecer un estudiante igual que Blanca pero no podía estar segura. Recién comprendía porque su insistencia de viajar. 
-Blanca ¿Por qué tomar una decisión así?- pensaba Octavia. Su prima siempre fue muy romántica, ella podía morir de amor, cómo le había sucedido. 
-Mi querida prima sé que estás en el cielo- se consolaba  para aceptar su partida. 
No quiso seguir hurgando más en la vida privada de su prima, sentía que estaba descubriendo secretos y sentimientos que sólo pertenecían a Blanca. 
Al día siguiente en la mañana, en el huerto Octavia encendió una pequeña fogata y en ese fuego puso las  cartas que recibió su prima y el diario. 
Emiliana encontró a su madre en el huerto  y preguntó: ¿Qué haces madre con ese fuego? ¡no te vayas a quemar¡-.
-No te preocupes solo quiero guardar para siempre los secretos y sentimientos de Blanca, ella merece descansar en paz y nosotras debemos dejarla partir-. contestó a su hija mientras veía como se convertían en cenizas las cartas y el diario.  


CONTINUARÁ                 
  

          
 
        
  
        


 

domingo, 31 de enero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Los días de sufrimiento y dolor habían pasado, la vida volvía a sonreír para Octavia y su familia. Ellos esperaban en el consultorio del doctor para que retire las vendas del brazo de Manuelito. 
Los padres del joven estaban a la expectativa de lo que podía suceder y lo que iba a decir el Doctor. 
Emiliana se encontraba en el hospital ocupada en sus labores pero igual deseaba saber de su hermano y los últimos resultados. 
El doctor entró  al consultorio y Manuelito estaba frente a él.
-Bueno, hoy es el día esperado por toda la familia para saber como está este brazo- comentó.
El Doctor se acercó al joven y comenzó a quitar la venda lentamente. Octavia no podía esperar y Aníbal se encontraba tenso.
-¡Increíble!- levantó la voz el doctor
 -la piel ha respondido muy bien al tratamiento, después de ver como estaba al comienzo. No hay cicatrices y está  completamente lisa, no lo puedo creer- repetía el Doctor -has tenido suerte jovencito, es una gracia que te ha concedido el cielo. Escúchame bien lo que tengo que decir- le advirtió -tú tienes que mantenerte lejos del fuego, lo que ha sucedido fue muy grave, pudiste perder el brazo, otro accidente así y puede que no tengas la misma suerte- señaló muy serio el Doctor, luego se dirigió a los padres.
-La piel del brazo ha quedado muy bien, en unos días más puede que aparezcan como sombreados en algunas partes del brazo, eso es normal después de las quemaduras que recibió. Esta piel es delicada, es una piel nueva, todavía debe estar el brazo vendado y lo más importante no puede recibir el sol directo, tiene que usar camisas de manga larga por un tiempo. No tengo más que decir, le damos de alta al paciente. 
Aníbal y Octavia agradecían al Doctor, les faltaba palabras para decir cuán felices se encontraban con los resultados y la acertada acción del galeno. 
Manuelito y sus padres salieron del consultorio felices y Emiliana les dio el encuentro casi en la puerta del hospital, ella estaba igual de feliz por su hermano que regresaba entero a la casa con el favor de Dios. No había alegría que se compare aquello.
Octavia se detuvo un segundo y le pidió Aníbal que se adelante, ella quería despedirse de su amiga Eda que tanto la había apoyado. Aníbal estuvo de acuerdo y salió con sus hijos del hospital. 
Octavia buscó a Eda en la sala de enfermeras y habló con ella para agradecerle todo su apoyo y luego preguntó: -Eda, ¿crees qué la madre que dirige el hospital puede concederme una audiencia en este momento? me gustaría hablar con ella-.
-Espera un segundo Octavia voy a ver si puede recibirte-. contestó Eda y fue a la oficina de la madre directora.
A los pocos minutos regresó -Octavia ven, la madre puede recibirte- entraron juntas a la oficina y después de las presentaciones, se retiró.
La madre directora miró unos segundos a Octavia y luego preguntó -¿qué es lo que deseas hablar conmigo?-.
-Madre yo quisiera agradecer al hospital, al cuerpo médico y enfermeras por la salud de mi hijo, deseo ayudar en algo ¿Qué es lo qué más se necesita ahora?-. preguntaba Octavia.
-Aquí en el hospital atendemos a todos los pacientes por igual, no es necesario dar las gracias, es nuestra obligación atender a los enfermos-.
-Madre insisto, por favor-. volvió a decir Octavia.
-El hospital necesita muchas cosas, pero en la sala de los pacientes de pocos recursos se necesitan frazadas, si puedes donar algunas, serán bien recibidas-. contestó la madre directora con serenidad.
-Bien madre, donaré algunas  frazadas-. agregó Octavia, se puso de pie y se despidió. 
Eda la esperaba al final del pasillo -¿qué hablaste con la madre?... Octavia- preguntó con curiosidad.
-Amiga al final de la semana te vas a enterar lo que hablé con la directora, ahora me despido tengo que regresar a mi hogar- Eda se quedó con la curiosidad de saber.
Octavia en el camino pensaba que tenía trabajo que hacer y esperaba que sus amigas las Damas del Patronato la ayuden en esta acción.  
En la casa, Aníbal hablaba muy en serio con su hijo respecto al accidente que había sufrido: -desde hoy día se acabó el taller, queda clausurado, además es tiempo de que asumas tus responsabilidades y tengas un castigo, todos hemos sufrido por tu descuido, nunca debiste usar un mechero de ron, el fuego es peligroso. Manuel vas a ir conmigo al fundo, yo tengo trabajo que hacer y se ha retrasado por ti-. 
Octavia alcanzó a escuchar estas últimas palabras de su esposo cuando entraba la pequeño salón.
-Aníbal ¿cómo es que te vas con Manuelito al fundo?- preguntó.
-Octavia ya hemos conversado sobre ese tema y tú misma me dijiste que era necesario más disciplina. No te preocupes no va estar expuesto al sol, ni va hacer trabajos pesados, en la casa del fundo hay muchas tareas que realizar y algo más, desde hoy no es Manuelito, su nombre es Manuel ya es un joven y los Manuelitos son para niños chiquitos-. sentenció Aníbal y no quiso hablar más y salió del salón.
Octavia se quedó de pie, mientras Emiliana y su hermano guardaban silencio. La madre le dijo a su hijo: -bien Manuel ya escuchaste a tu padre, no más taller-.
El joven sabía que su padre no iba a cambiar de idea, por lo tanto ya se imaginaba el largo viaje que le esperaba y la vida en el fundo no le hacía mucha gracia. 
Más tarde Ondina y Felicitas veían a Manuel y se sentían felices por su recuperación, ya sabían que no había niño Manuelito y que su padre lo llevaría al fundo. 
Muy temprano en la mañana del día siguiente Octavia y Emiliana despedían al padre y al hijo, por error Emiliana lo llamó Manuelito y Aníbal comentó -Manuelito no hay ningún Manuelito-.
-Disculpa padre quise decir Manuel, pórtate bien-. señaló la joven.
Octavia después de despedir a su esposo y a su hijo comentó con Emiliana  -tu padre esta bastante serio con Manuel, espero que todo vaya bien-.
-Si madre, no te preocupes, Manuel tiene que conocer como es la vida fuera de las comodidades de está casa-. contestó Emiliana, con la seguridad de que su hermano iba a estar bien al lado de su padre.
Aníbal era un padre razonable con el que se podía conversar y ponía disciplina cuando tenía que hacerlo. La noche anterior había hablado con Octavia sobre su hijo y el error que estaba cometiendo al dejarlo un poco a su libre albedrío-. Octavia nuestro hijo está creciendo ya no es un niño chiquito, necesita de mi autoridad, ahora nada de consentimientos-. sentenció el padre.
Después de despedir a su esposo, Octavia llamó a Ondina para que entregue unos  mensajes a sus amigas Petra y Ana Luisa, donde les decía que avisen al resto de las Damas para reunirse en su casa hoy día en la tarde, era un favor que pedía con urgencia. 
Tres de la tarde marcaban las campanadas del reloj y las amigas de Octavia comenzaron a llegar a su casa un poco preocupadas por la urgencia del llamado. Todas se alarmaron, tal vez sucedía algo grave con su amiga. En la sala mientras esperaban  algunas comentaban sobre Hortensia y su tristeza con Rosalina -lo que debe estar sufriendo nuestra amiga- hablaban.
Octavia entró en la sala para saludar a todas: -queridas amigas gracias por acudir a mi llamado, no se trata de Hortensia ella está descansando en el norte en casa de su hermana. Sé que estamos de vacaciones pero quiero pedirles un gran favor, si pueden ayudarme a recolectar frazadas para donar al hospital de las hermanas Cartujas en nombre de las Damas del Patronato, ¿pueden hacerlo?-.
-Octavia no falta más, es una tarea que podemos hacer y dar nuestra ayuda. Creo que las demás están de acuerdo conmigo-. contestó Petra.
Si si dijeron todas, no es demasiado trabajo hablar con nuestras familias y amigos para pedir su colaboración- comentó Reyna otra de las Damas que era parte del grupo.
-Estaba segura que iba a encontrar su apoyo. Las frazadas deben estar en buen estado y si son nuevas mejor, debemos juntarnos otra vez con todas la donaciones antes que finalice la semana para llevarlas al hospital-. señaló Octavia con la certeza que sus amigas y ella iban a cumplir con la misión.
Y así fue, al día siguiente todas las Damas del Patronato estaban en acción, ellas pedían ayuda a sus familiares, a sus amigos y a los amigos de sus amigos, si podían colaborar donando una frazada. Su llamado tuvo eco y las frazadas comenzaron a llegar a las diferentes casa de las Damas.
Al final de la semana un día en la tarde, ingresaban por la puerta principal del hospital dos triciclos llenos de frazadas y se detuvieron en el patio. Octavia y sus amigas fueron a la oficina de la madre directora para pedirle que se vaya al patio y estar presente en la entrega de la donación.
A nombre de las Damas del Patronato se hacía entrega de las frazadas, Eda y las demás enfermeras junto a las auxiliares, llevaban las frazadas al almacén del hospital. La madre Directora estaba muy agradecida con la donación y dio las gracias a todas las Damas que habían hecho posible el trabajo. 
A la salida del hospital Octavia no podía estar más feliz y agradecida con la ayuda de sus amigas: 
- Gracias por apoyar en esta tarea queridas amigas-.
-Es nuestra labor Octavia, ayudar al que necesita- contestaron casi a coro. 
-Ahora podemos continuar nuestras vacaciones pero si alguien nos necesita, ahí vamos a estar- exclamó Ana Luisa, feliz.
Con el trabajo cumplido y ahora en descanso, Octavia, Emiliana y Rubí conversaban en el pequeño salón de como extrañaban a Manuelito, pero ahora era Manuel no había que olvidar. 
Era domingo y Rubí estaba con su madrina, ella no se había despedido del joven pero sabía que estaba recuperado del grave accidente que sufrió. Con Aníbal ya estaban más acostumbradas de verlo partir seguido al fundo, pero con Manuel era la primera vez.
Los días en el calendario pasaban rápidamente, era inevitable, el tiempo no se detenía. Felicitas había comentado a su señora lo que su hermano Eriberto decía, él todavía tenia conexión con sus amigos obreros -las protestas en las calles van a continuar hasta ser escuchados-. El centro de la ciudad era un tumulto de gente y desorden, nadie estaba libre de sufrir un accidente. El gobierno tenía que escuchar y resolver los pedidos. 
Octavia lamentaba toda la situación, ella como todos en la ciudad querían una pronta solución. 
La tarde se prestaba para escribir la carta que debía a su tía Esperanza, donde le contaba todos los detalles del accidente de Manuel y su recuperación. Lamentaba también no poder ir como todos los años a pasar unos días de vacaciones al balneario: -Manuel no puede estar en la playa y recibir el sol directo pero sin embargo, yo espero querida tía, su visita como siempre en el mes de julio para celebrar juntas las fiestas patrias-.  
Era verdad, la tía Esperanza siempre pasaba el mes de julio hospedada en casa de Octavia, su visita era bien recibida por la familia, ella era una persona alegre de conversación  amena, siempre tenía alguna anécdota interesante que contar. 
Temprano en el huerto Octavia dirigía algunos trabajos que deseaba que Cesáreo el jardinero realice. 
-Hay que podar ese pino y quiero sembrar estos geranios al rededor de la posa de agua para que se vea más decorada- señalaba Octavia el lugar donde los quería.
-Bien señora, lo haremos como usted manda-. contestaba Cesáreo.
-Todavía tenemos una última cosecha de chirimoyas, Cesáreo, voy a mandar a Ondina con una canasta para la fruta-. 
-Si señora todavía hay chirimoyas, este año el árbol a sido muy  generoso en dar sus frutos-.
-Ondina, Ondina ¿Dónde estás? llamaba Octavia, la joven venía de recibir la correspondencia que recién el cartero  había traído. Era un sobre que entregó a su señora. 
-Ondina lleva a Cesáreo la canasta para cosechar las últimas  chirimoyas-. ordenó Octavia.
Ondina se dirigió rápidamente a la cocina para llevar la canasta al huerto. 
El sobre que Octavia tenía en sus manos era grande, de camino al pequeño salón leyó el remitente, se extraño era la dirección de Vevey-Suiza pero no tenía el nombre de Blanca, el sobre venía con el nombre de la  familia para la que trabajaba su prima, De la Torre y Valle.
Las manos le temblaban mientras abría el sobre ¿Qué noticias traía este envío? ¿por qué Blanca no había escrito?  ella esperaba su respuesta desde hace varios días. Demasiadas  preguntas daban vueltas en su mente  y quería saber cuales eran las respuestas.


CONTINUARÁ       

          
     
       

        
          


 

domingo, 24 de enero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Los días pasaban y todavía no se tenía la certeza de que Manuelito hubiera salido del peligro. La familia en pleno lo visitaba todos las tardes.
Aníbal comentaba con Octavia que al menos no habían malas noticias. A través de las vendas no se sentía el olor que hiciera pensar que algo andaba mal, eso era una esperanza y un alivio para todos. 
Una tarde cuando llegó la hora de visita, el doctor con una enfermera llamó a los padres del joven, quería hablar con ellos. 
Aníbal y Octavia con la preocupación del momento fueron al consultorio donde los esperaba el doctor.
Al recibirlos les indicó que tomen asiento luego agregó: -los he llamado para hablar sobre la salud de su hijo, debo decir que podemos confiar en su completa recuperación, todo va por buen camino, no hay motivo de alarma. Estamos asombrados que después de tantos días de preocupación por lo que podía suceder, ahora les puedo asegurar que su hijo va a estar bien, solo quiero advertir que aún no sabemos si el brazo va a recuperar su movimiento normal y cómo va a quedar la piel, todavía debe seguir vendado. Es temprano para hablar de ello- terminó de asegurar el Doctor Gonzáles que era el médico que veía el caso de Manuelito.
Octavia y Aníbal no sabían como agradecer las palabras del doctor y la esperanza que les daba sobre la real  recuperación de su hijo. En ese momento era lo más importante. 
Al salir del consultorio del doctor y caminar hacía pabellón donde se encontraba Manuelito. Octavia casi lloraba de felicidad, repetía varias veces -Gracias, gracias mi Dios por el milagro- Aníbal también daba gracias por el milagro concedido. 
Por el momento los padres no le dirían nada a su hijo hasta estar seguros de su completa recuperación. Era mejor de esa manera, no sabían como iba a quedar el brazo. 
El cuerpo y el brazo derecho de Manuelito no habían sufrido quemaduras fue el otro brazo,  el afectado por el fuego. Nunca hubieran imaginado todo el dolor que podían sufrir al ver a su hijo en  estado de gravedad y el peligro que se cernía sobre él. Ahora podían sonreír o al menos sentir un gran alivio.
Cuando la visita terminó y se despedían, éste preguntó a sus padres que les había comunicado el doctor, Aníbal contestó: -hijo todavía vas ha quedarte unos días más en el hospital, el doctor nos dijo que no sabía cuando sería la fecha para ordenar tu salida- el padre no habló mas, lo besó en la frente, Octavia hizo lo mismo y ambos salieron de la habitación.
Al día siguiente en la mañana, mientras una enfermera examinaba el brazo de Manuelito, éste en silencio esperaba que termine y saliera de la habitación.  No había comentado con sus padres que cada día se sentía mejor y que el brazo no le dolía, además podía moverlo lentamente pero aún no podía apoyarse sobre él.
Manuelito se levantó de la cama, se sentía con fuerzas y buen ánimo, quería conocer el hospital e investigar cada lugar como él decía, no podía con su carácter inquieto y curioso. Caminó por el pasillo y la primera impresión fue la limpieza y el orden, salió a los jardines y pasó por diferentes pabellones, todo era impecable, los pisos brillaban. Bajo al sótano donde se encontraba la lavandería,  en su interior habian máquinas industriales para el lavado de toda la ropa que se usaba en el hospital, al otro lado estaba  el cuarto de costura donde se cosían sábanas, fundas, batas de los doctores para la sala de operaciones, toallas, cubrecamas y toda la indumentaria propia de un hospital. Manuelito miraba con  admiración al encontrarse en un lugar tan aseado y bien organizado. Fue una enfermera la que lo encontró y de inmediato lo llevó a su habitación, haciendo la advertencia que no debía levantarse de la cama: -jovencito- le dijo -debes cuidar tu brazo todavía está delicado, un golpe o una caída sobre él y todo el tratamiento puede echarse a perder- exclamó la enfermera muy sería. 
Manuelito muy a su pesar tuvo que quedarse en cama y no levantarse hasta que el doctor ordene su salida. 
En la mañana de reunion en casa de Octavia, las Damas del Patronato estaban felices por su amiga que comentaba con todas que su hijo estaba fuera de peligro, ella sentía un gran consuelo y felicidad después de vivir días de pesadilla y dolor sin saber que podía suceder. Luego el comentario general  y la sorpresa entre ellas fue que Hortensia no había asistido a la reunión, se asombraron porque nunca faltaba y siempre era una de las primeras en llegar.
Pero esta vez Hortensia estaba en su casa y no asistió a la reunion porque  había tomado una decisión, ya no quería esperar más, tenía que saber que pasaba con su hija, ¿porqué no venía a visitarlos?: 
-Hipólito ya no voy a esperar más, son diez días desde que Rosalina y Quinto llegaron de su viaje con muchas maletas, voy a ir a su casa para ver que sucede con ellos, si tú no vienes no importa-. 
Hipólito exclamó: -es mejor esperar Hortensia-.
-¡No Hipólito!  no voy a esperar más, estoy al borde de un colapso no sabemos si nuestra hija esta bien o está mal-. Hortensia salió de prisa a la calle y fue directo a la comisaria. Hipólito iba  tras de ella, no quería que se forme un escandalo. 
En la comisaria la madre presentó una denuncia de secuestro y maltrato, pidió al comisario los acompañe a la casa de su hija donde se encontraba encerrada. Hortensia exageró con sus palabras porque quería que el comisario y algunos policías vayan con ellos para prever si se presentaba un problema con Quinto. Hipólito estaba escandalizado por el proceder de su esposa pero al final cedió, él también quería saber de Rosalina.
Los padres de Rosalina, el comisario y dos policías llegaron a la casa de Quinto. La primera impresión de la casa era una fachada austera, tenía una pared muy alta y un portón macizo que parecía impenetrable. Hortensia tocó la campanilla y a los dos minutos el ama de llaves abrió la puerta más pequeña. La madre no esperó palabra alguna y empujó al ama de llaves, entró seguida por los demás. En el interior se abría un hermoso jardín lleno de bellas plantas y flores, las puertas y ventanas de la casa rodeaban al hermoso jardín.
Hortensia llamaba en voz alta -Rosalina, Rosalina somos tus padres- entró a un gran salón lleno de muebles finos y luego a un comedor elegante, después de unos segundos  Rosalina salió a su encuentro.
-Madre como te atreves hacer este escandalo y has traído contigo a la policía, esto es demasiado-. contestó Rosalina molesta con su madre.
Hipólito y Hortensia estaban alarmados con las palabras de su hija, pero la madre insistió: -hija no sabíamos nada de ti, como es posible que no nos visites desde que has llegado a la ciudad para saber  cómo estabas. Ahora dime, es el momento de hablar, está la policía presente que te puede proteger. ¿Quinto no te deja salir o hay algún maltrato de su parte? puedes regresar en este momento con nosotros a la casa, habla Rosalina, por favor-. decía Hortensia a su hija con voz suplicante.
-Porque me haces pasar por esta vergüenza, yo estoy bien y esta es mi casa no tengo otra y no necesito nada más-. contestó con frialdad.
Los padres veían a una hija que no conocían, es verdad lucia bien arreglada, bien vestida y se veía saludable pero su actitud era otra y no se parecía en nada a la Rosalina que salió de su hogar vestida de blanco a la iglesia.  
Quinto no estaba en la casa, había salido más temprano pero llegó en ese preciso instante al ver tanta gente en su casa  exclamó a viva voz: -¿qué sucede aquí?  ¿por qué esta invasión a mi hogar que es propiedad privada? Hipólito, Hortensia que hacen ustedes aquí-  ellos  ya no eran los padres de su esposa, ni señor, ni señora. Quinto les pidió que salgan de inmediato de su propiedad no de muy buena manera.
El comisario intervino: -Señor Hipólito, señora debemos retirarnos, aquí no hay señales de maltrato ni secuestro. El señor López del Águila tiene razón, es una invasión a su propiedad- concluyó invitándolos a salir.
Hortensia casi rogó a su hija, ella fue indiferente, no contestó. 
¿Rosalina había caído bajo el carácter dominante y controlador de Quinto? podía ser.  Ella era otra y no tuvo consideración por sus padres.
Quinto iba a decir algo más pero el comisario lo detuvo -cuidado con lo que va a decir señor López del Águila, los padres de su esposa tienen derecho a saber sobre su hija y ya se retiran, debe usted respeto a ellos y a la autoridad.
Quinto se quedó en silencio no quería que hubieran más intercambio de palabras.
-Hortensia es mejor ir a nuestra casa, Rosalina ha sido muy clara al decir que esta es su casa y no desea saber de nosotros- agregó Hipólito mostrando el camino a su esposa. 
-Si, vámonos Hipolito, aquí no tenemos nada que hacer ni que decir, a nuestra hija ya no la conozco ¿es esta joven que tenemos al frente, Rosalina?- preguntó Hortensia y avanzó por la sala para salir al jardín y dejar la casa de Quinto.
La puerta de entrada se cerró tras de ellos cuando salían. Hipólito agradeció al Comisario y pidió disculpas por la escena desagradable: -no sé preocupe nosotros tenemos que acudir al llamado para imponer  justicia- comentó el Comisario y con sus agentes se alejó.
Los padres de Rosalina caminaban por la avenida principal hacia su casa, no podían hablar, no sabían y no comprendían que había pasado con Rosalina, ni porque actuaba de esa manera.
Al entrar en su hogar Hortensia se puso a llorar, su llanto era de dolor, jamás hubiera imaginado que su hija les diera la espalda.
-Calma Hortensia, nuestra hija al parecer ha tomado la decisión de alejarse de sus padres, tal vez algún día comprenda que nosotros solo queríamos su bienestar y que sea feliz- habló Hipólito con decepción por la actitud de ella.
-Nos ha negado como sus padres, tanta influencia tiene ese hombre  sobre ella que hace que reniegue de su familia. ¿En que nos equivocamos al criar a nuestra hija Hipólito?- contestó Hortensia a su esposo.
-Nuestro error fue darle todo, consentirla demasiado que ella ahora no tiene reparo en dejar a sus padres en el camino- contestó lleno de tristeza.
-Ojalá algún día Rosalina se de cuenta de su error y no sea demasiado tarde- agregó su esposa.
-Hortensia porque no vas con nuestros hijos menores a visitar a tu hermana al norte, ellos son felices jugando con sus primos en la playa y a ti te haría mucho bien- comentó Hipólito a su esposa que estaba con los nervios destruidos por Rosalina.  
Hortensia tenía una hermana en Paita que visitaba con regularidad, ella era siempre bien recibida por su hermana y pensó que Hipólito tenía razón, cambiar de aire le haría bien y alejarse de los problemas sería mejor. 
Rosalina con el tiempo solo sería conocida como esposa de Quinto y siempre estaría a su lado, él la dominaba completamente, ellos no hacían vida social. Él se ocupaba de los negocio y luego se quedaba en casa.
Unos días más tarde, Hortensia fue a visitar a Octavia para contarle la visita a la casa de Quinto y la horrible experiencia con su hija. -Mi hija no se da cuenta que su familia de sangre es lo más importante, ella está dominada por su esposo, no puedo comprender como sucedió y en que mala hora conoció a Quinto, él con malas artes convenció a Hipólito para entrar a nuestra casa. Recién me doy cuenta que mi hija no tiene el carácter para poner a Quinto en su lugar. 
-Hortensia siento tanto pesar por lo que sucede que no sé que decir para aliviar tu dolor o al menos reconfortarte, es muy difícil lo que acabas de vivir-. 
-Octavia no te preocupes tengo que aceptar que la vida es así y que mi hija se alejó de nosotros por su propia voluntad. Te pido me despidas de nuestras amigas, a estas horas ya deben saber todo lo relacionado con mi hija, tú sabes como son los comentarios. Yo me voy todo el verano a casa de mi hermana-. Hortensia se despidió de Octavia, tenía el dolor dibujado en el rostro, ella no era feliz. 
Al salir de casa de Octavia agregó: 
-Sé que nunca voy a conocer a mis nietos, querida amiga, es una verdad-.
En la noche cuando la familia descansaba, Octavia en el pequeño salón escribía una carta a su prima Blanca contando los pormenores y detalles del accidente de Manuelito y su lenta recuperación. En la carta le decía -Blanca no te imaginas el dolor por el que hemos pasado, fue una pesadilla pero ahora podemos al menos estar tranquilos no hay más peligro sobre la salud de mi hijo- y continuaba con los pormenores y además le escribía sobre la desdicha de Hortensia y el problema con Rosalina. 
-Quiera Dios, mi querida prima que yo nunca tenga que pasar por algo así con Emiliana- terminó de escribir y se despedía de ella esperando su pronta respuesta.
Con la partida de su esposa Hipólito llamó al mensajero para hacer el trabajo de otra diligencia que nada tenía que ver con Rosalina. Víctor Sifuentes en un pequeño silencio en la sala comentó: -Señor Hipólito¿ porque no le enviamos un telegrama a el hermano mayor de Quinto?, Fausto, él es el único que sabe como poner a su hermano en su lugar. Él puede venir y va haber como Quinto se porta bien-. 
-No, Sifuentes, mi hija ha querido alejarse de sus padres y eso no lo va cambiar ni el mismo Fausto-. contestó el padre. 
Hipólito estaba decidido a pasar la hoja con respecto a Rosalina y solo pedir a Dios que la proteja, como estaba seguro lo hacía Hortensia también.  

CONTINUARÁ