domingo, 14 de noviembre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Aníbal había llegado a su hogar después de un viaje largo y agotador, se sorprendió con la reacción de su esposa cuando la fue a saludar: -Octavia, ¿Qué sucede? ¿por qué este trato?- preguntó. 
Su esposa guardó silencio un segundo y luego le alcanzó  una hoja.
-De que se trata esto querida, no comprendo- contestó
-Es una carta notarial Aníbal, te pido por favor  que leas- dijo Octavia con serenidad.
Aníbal tomó en sus manos la carta notarial y comenzó a leer, estaba perplejo que clase de asunto  absurdo se leía en ella.
-Como puedes comprobar, mi casa ha sido vendida sin mi autorización porque yo jamás firme documento alguno. Es una estafa sin nombre y el vendedor es nada menos que tu hermano Sixto. En el contrato de compraventa aparece tu firma-.
Aníbal pensaba velozmente, en su cabeza trataba de ordenar las ideas. Ahora comprendía todo, no existía ninguna familia amiga que hizo un préstamo para el fundo, era su hermano el que fabricó toda la farsa para justificar el dinero que traía. Cómo Leonora y él fueron tan ingenuos al creer en sus palabras, por un instante quería tener el cuello de Sixto entre sus manos.  
Aníbal puso atención a las palabras de su esposa, en qué estaba pensando ella: -No puedes creer que yo tuve algo que ver en este asunto, Octavia por favor... ¡Jamás haría algo así!-. 
Octavia le alcanzó otra hoja que era el documento con las cinco clausulas: -Por favor firma este acuerdo-
Aníbal leyó en silencio el documento y reaccionó molesto: -¡Qué es esto Octavia! como quieres que firme, no estoy de acuerdo y no voy a firmar nada- levantó la voz -quieres que me vaya de tu casa, me voy, pero no voy a firmar lo que esta escrito en este papel. Aquí en la última cláusula dice que me cedes el fundo Piñonate que es de tu propiedad con tal que yo no reclame nada más. ¡Tu has perdido la cordura! no tienes que cederme nada de nada- contestó aun más molesto.
El fundo Piñonate quedaba a las afueras de la ciudad, era la propiedad de Octavia, su padre lo había comprado muchos años antes. Estaba alquilado en pequeñas parcelas a agricultores que sembraban productos de pan llevar. 
-Con este documento, estoy tratando de proteger mi patrimonio que va hacer la herencia de mis hijos en un futuro. Voy a entrar a un juicio del que soy inocente para salvar mi casa,  puedes comprender- contestó Octavia, levantando también la voz.
-No estoy de acuerdo y no voy a firmar. Emil ha redactado este documento, hablaré con él. Yo nada tuve que ver en esta transacción fraudulenta y lo voy a demostrar-. Aníbal puso el documento sobre el escritorio y salió de la casa.  
Emiliana y Manuel aún no habían salido para sus clases, fueron al pequeño salón al escuchar las voces de sus padres que discutían. 
-¿Madre qué pasa?- preguntó Manuel.
-Hijos ustedes no intervengan, este es asunto de su padre y mío- contestó.
-Madre, cómo quieres que no preguntemos, es nuestro padre el que se ha ido de la casa- dijo Emiliana.
Octavia se llevó las manos al pecho, no quería que sus hijos supieran del problema pero ahora no le quedaba otra cosa más que hablar con ellos y explicarles la situación a la que se enfrentaba.
-Los dos tomen asiento- les señaló un sillón  -voy a decirles lo que sucede- contestó su madre con tristeza.
Octavia habló con sus hijos sobre el problema y las terribles consecuencias que podían tener, se guardó algunos detalles para no crear más angustia. 
Manuel y Emiliana estaban incrédulos con las palabras de su madre, no podían creer lo que escuchaban.
-Mi padre, jamás haría algo así contra su familia, tienes que escucharlo- comentó Emiliana con gravedad.
-Madre estoy de acuerdo con mi hermana, nuestro padre nunca dejaria a su familia en medio de la calle, él dice la verdad-. 
Los dos jóvenes tenían que ir a sus clases, se despidieron de su madre, era insólito lo que sucedía en el hogar.
Al quedar sola Octavia comenzó a llorar, sentía como si sombras de la noche más oscura, hubieran caído sobre su casa. Estaba obligada a ser fuerte para salvar el hogar donde había nacido. De nuevo leyó el documento que Aníbal se negó a firmar. Lo rompió en pedazos no quería volverlo a ver.
Aníbal deseaba hablar con Emil sobre el documento y sus cinco cláusulas pero primero debía regresar al fundo, Sixto lo iba a escuchar. Recién había llegado a la capital pero no podía demorar más el viaje de regreso. 
Antonia y Lida estaban en la cocina, sentían miedo nunca habían escuchado a los señores discutir de esa forma: -Lida ¿qué va a pasar ahora?- preguntó Antonia.
-Nada, no preguntes nada, es mejor quedarnos en silencio- contestó. 
un minuto después entró Ítala con Lizel en brazos: -escucharon la discucion, fue terrible- comentó.
-Las dos, guarden silencio y vayan hacer sus tareas- dijo Lida molesta -es asunto de los señores y nosotras no debemos opinar, si la señora se entera se va a molestar y nos puede despedir- señaló y les pidió que salgan de la cocina. 
Ítala, llamó Octavia, ésta de inmediato se presentó en el salón: -atenta con Lizel, voy a salir un momento, no tardo- Ordenó a la nana. 
-Si señora, pierda cuidado, estaré junto a Lizel- contestó.
Octavia se dirigía a la oficina de Emil, quería ponerlo al tanto de la discusión con Aníbal y además saber como iba todo el tema con respecto a su casa.
-Emil buenos días, estoy aquí con gran tristeza para contarte sobre la situación en mi casa con Aníbal. Hemos discutido muy fuerte y no ha querido firmar el documento con las cláusulas. Tenías razón se puso demasiado furioso-.
-Te advertí Octavia, Aníbal no iba aceptar nada sobre el escrito-. 
-Bueno Emil, ahora cuéntame como van las cosas con respecto a mi casa y al juicio- agregó Octavia. 
Emil explicó a Octavia las acciones que había tomado para proteger su propiedad -ahora estamos esperando la respuesta de la parte contraria para saber si están de acuerdo o de todas maneras vamos a juicio. Estoy tratando de llegar a una conciliación para conversar y convencerlos de que tú no tuviste nada que ver en la venta fraudulenta de la casa. 
-Confió en ti Emil, tú eres mi abogado y sé que vamos a ir por buen camino para defender mi hogar- contestó más tranquila Octavia.
Al rededor de una hora conversaron Emil y Octavia sobre las acciones a realizar, si se daba el juicio: -tenemos que demostrar que tu firma es falsa y que por lo tanto esa venta es una estafa. 
Octavia salió de la oficina más tranquila, sabía que Emil estaba de su lado y que la iba ayudar a conservar su casa. Hasta ahora no podía creer lo que estaba viviendo, era parte de una pesadilla sin fin.
A la hora del almuerzo en el comedor, la madre estaba en silencio, sus hijos hablaban de otros temas y nadie quería tocar el asunto sobre la casa.
Cuando se terminó el almuerzo Octavia se retiró a su habitación, cerró la puerta, quería estar sola y pensar que todo se aclararía aunque se descubra al verdadero culpable. 
El reloj marcaba las tres de la tarde cuando Antonia tocó la puerta de su habitación: -señora una señora ha venido a buscarla, su nombre es Lucrecia Navarro-.
Octavia se puso de pie, ¿había escuchado bien el nombre de la visitante? abrió la puerta -Antonia ¿Quién dices que ha venido?-.
-Es la señora Lucrecia Navarro- volvió a repetir la muchacha -la espera en la sala-. 
-Bien, enseguida voy- contestó preocupada.
Lucrecia Navarro sentada en uno de los muebles, admiraba la sala de Octavia, era una bonita sala muy bien decorada con cuadros y adornos finos. La propiedad estaba bien conservada y arreglada.
Octavia se presentó  y saludó a su visitante: -buenas tarde señora Navarro-.
-Buenas tardes señora Octavia, me puede decir Lucrecia. Como usted sabe esta visita no debía darse por la situación en la que nos encontramos, pero he venido con el ánimo de llegar a un acuerdo sobre la propiedad que hemos comprado mi esposo y yo. Nosotros no deseamos llegar a un juicio,  queremos ocupar la casa lo más pronto, por lo tanto vengo a ofrecerle algo más de dinero para que usted y su familia desocupen la propiedad-. 
Octavia apenas podía contenerse, conservó la calma con respecto a la propuesta de la señora Navarro.
-Señora Lucrecia, mi casa nunca ha estado a la venta y no voy a recibir un centavo por ella, sus palabras son ofensivas y no las puedo aceptar. ¿Cómo han comprado una propiedad sin visitarla antes?- preguntó Octavia.
-Mi intención no es ofenderla, si no llegar a un acuerdo. Su casa es bien conocida como una buena propiedad, mi esposo tenía referencias de ella y nos pareció una buena inversión, por ese motivo cuando se presentó el vendedor no dudamos en comprarla. Nosotros obramos de buena fe- contestó Lucrecia.
-Lamento aclararle que han sido víctimas de un engaño, no acepto su acuerdo y mi casa no está, ni estuvo nunca  a la venta- aclaró Octavia. 
-Iremos a juicio entonces y lamentará no haber aceptado mi propuesta-. dijo Lucrecia airada. 
Octavia se puso de pie: -señora Lucrecia no tenemos nada más que hablar, le pido  por favor se retire de mi casa-. 
Lucrecia molesta contestó: -señora nos veremos en el juicio-.
-Antonia acompaña a la señora hasta la puerta- llamó Octavia.
Emiliana vio a su madre consternada cuando la fue a buscar al pequeño salón: -madre sé que la visita de esa señora no ha sido nada bueno, lo puedo ver en tu cara. No tengo palabras para consolarte el caso es grave y comprendo tu preocupación-.
-Emiliana vamos a salvar la propiedad, no puedo pensar otra cosa. Es mejor que vayas para estar junto a Lizel, yo tengo algunas cartas que escribir- comentó Octavia, no deseaba hablar de Lucrecia Navarro, su visita no fue grata y era mejor olvidar. 
Aníbal llegó muy tarde en la noche a su casa en la ciudad de Ica, fue directo a la habitación de Sixto que dormía profundamente. Lo levantó de las solapas de la pijama y le lanzó una bofetada. Sixto cayó al piso asustado. Aníbal en voz alta dijo: -cómo te has atrevido a vender la casa de una persona inocente y estafar a personas que obraron de buena fe. De que clase de patrañas te valiste para lograr esa venta fraudulenta. 
-Yo solo quería ayudar al fundo. Mi intención era devolver el dinero a Octavia después- contestó.
-Devolver el dinero ¿después de qué?, de engañar y cometer un delito, ¡estas loco!-
-Aníbal, esa casa también es tuya- respondió Sixto.
-Esa casa es de Octavia y tú no tenías derecho a venderla. Calla Sixto antes que olvide que eres mi hermano y te acabe a golpes-. contestó Aníbal lleno de ira, las palabras de su hermano lo enfurecían más y se acercó amenazador.   
Leonora se despertó al escuchar la voz de Aníbal, corrió a la habitación de Sixto: -Aníbal por favor cálmate, golpearse entre hermanos no va a solucionar nada, debemos pensar con serenidad que hacer- Rogó Eleonora.
-Mi querida hermana, tenemos un hermano delincuente, no te das cuenta. El problema que ha ocasionado perjudica a terceras personas, entre ellas a mi esposa. Si pierde el juicio pierde su casa y eso no lo puedo tolerar- gritó Aníbal.
-Te ruego Aníbal calma, vamos a conversar en la biblioteca para saber que hacer, ahí estaremos más tranquilos-. comentó Leonora.
Aníbal cerró la habitación de Sixto con llave no quería verlo pero tampoco quería que salga huyendo. 
Leonora y Aníbal se sentaron a conversar, éste la puso al tanto de lo que ocurría. -Si Octavia pierde el juicio, pierde su casa y si pierde el matrimonio Navarro, Sixto puede ir a prisión por estafador y yo puedo ir también porque nadie va creer que  no tuve nada que ver en el delito. Mi nombre y firma aparecen en el contrato de compraventa-.
Leonora comprendió que el problema era más grande de lo que imaginaba, pero hizo una propuesta: - Aníbal podemos vender esta casa en la ciudad y mudarnos a la casa del fundo, es más rústica pero con unos arreglos puede quedar muy bien. La familia Moreno siempre estuvo interesada en la casa porque esta bien ubicada y muy cerca a la plaza principal-. 
-Leonora, el dinero de la venta no alcanzaría para pagar la deuda, tendríamos que reunir más. La casa de Octavia es tres veces más grande que esta. Del dinero que trajo Sixto ¿queda algo?-. terminó de hablar Aníbal.
-No, ese dinero se utilizó todo en el campo para realizar la siembra. Sé que es duro lo que voy a decir  pero podemos ofrecer la ganancia de la cosecha de algodón de este año para cancelar la deuda y pagar los respectivos intereses.
Aníbal dudo unos segundos pero Leonora tenia razón, todo estaba en que Lucrecia y Factor Navarro acepten la propuesta y reciban el primer pago con la venta de su casa y luego el segundo pago con la venta del algodón. Era extremo lo que iban hacer, pero Aníbal movería cielo y tierra para salvar la casa de Octavia y salvar a Sixto de ir a prisión aunque unos meses encerrado le haría bien para que aprenda la lección.
-Leonora ocúpate de la venta de la casa y que Sixto y dos peones te ayuden con la mudanza. Yo debo regresar mañana temprano a la capital para llevar mi propuesta a la familia Navarro. Tengo que estar al lado de Octavia no la puedo dejar sola con semejante problema. Mi esposa cree que yo estoy involucrado en la estafa de la venta de su casa. Ella no me escucha- dijo Aníbal.
-Aníbal, si deseas viajo para hablar con Octavia y decirle que eres inocente en todo este problema- propuso su hermana.
-No, no, sería peor, Octavia diría que yo te he enviado y no escucharía, la conozco y se que sería en vano- contestó.
Aníbal no quería dejar sola a Octavia con tremendo problema ocasionado por Sixto. Él quería solucionar lo que su hermano ocasionó al estafar a Lucrecia y Factor Navarro.


CONTINUARÁ   

 
         
           

 
 
     
       
           


 

domingo, 7 de noviembre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

El tiempo había pasado y la era del caucho llegaba a su fin. Solo en el futuro se podría medir el impacto ecológico y social que causó la sobre explotación de dicha materia. Ahora los pilares de la economía descansaban sobre el azúcar, el algodón y la minería, esta última actividad representaba muy buenos ingresos para el estado. La capital estaba cambiando, crecía  y el país había entrado en una actividad febril de construcción de caminos y viviendas. 
En la casa de Octavia, la vida tomaba su cauce desde los  trágicos acontecimientos, las actividades diarias de la familia cambiaron también. 
Emiliana en su nueva situación civil no deseaba cambios. Ella cerró su corazón a cualquier intento de enamorarse desde la ausencia  de Guillermo. Ahora se dedicaba completamente al cuidado de Lizel y a sus estudios en la escuela de enfermería. En los días de semana para asistir a la escuela vestía el uniforme de enfermera y los fines de semana se ponía vestidos negros de luto. Su madre trató de persuadirla a usar medio luto pero ella no deseaba hacerlo y seguía con el riguroso duelo. La sola idea de cambiar significaba un sufrimiento que no podía tolerar después del trágico accidente de esposo. Octavia no insistió más en ese tema, dejó que su hija siga sus deseos.
En cambio Manuel había terminado el colegio y a nadie le causó sorpresa que eligiera la escuela de ingeniería para seguir la carrera de ingeniero civil. Él deseaba ser constructor y así lo había manifestado en varias oportunidades. Construir caminos, puentes y viviendas era su sueño. Estaba más independiente y maduro, salía con sus compañeros a realizar diferentes actividades  de su escuela. Seguía firme en su deseo de viajar para conocer la selva amazónica al terminar la carrera. Era lo que siempre soñaba. 
Otra que sufrió los cambios del paso del tiempo fue Rubí se había convertido en una graciosa adolescente, ya no tenía dudas con respecto a su cuerpo y comprendia mejor su desarrollo. Octavia habló con ella al respecto y le explicó que todo cambio  era natural: -mi querida niña, las mujeres somos portadoras de vida y tenemos la gran responsabilidad de mantener viva la especie humana de generación en generación por eso cambia nuestro cuerpo y nuestra mente madura para prepararnos a estos grandes eventos- decía su madrina para tranquilizarla y no se alarme con los cambios. Unas semanas antes Rubí cumplió los quince años y sus padrinos le regalaron un bonito vestido de tela de organza con blondas, cintas y un par de zapatos que hacían juego con el vestido. Ella no podía ser más feliz, adoraba sus regalos y agradecía a sus padrinos. Con el crecimiento quedaron atrás todos sus  trajes del internado. Rubí por momentos se entristecía porque ya no podía ser la niña de las flores pero aceptaba que la vida no podía detenerse y que era el tiempo de seguir adelante. 
Lizel, la pequeña consentida de la casa ya caminaba estaba pronta a cumplir los tres años, como una bebé que despierta a la vida, todavía estaba en la época de investigar todo a su alrededor. Su curiosidad no tenia límites por ese motivo tenía a su nana Ítala que en todo momento cuidaba de ella, mientras Emiliana asistía a sus clases y Octavia supervisaba atenta su cuidado. 
Aníbal como siempre preocupado con su trabajo en el fundo y el cuidado de su familia que para él era importante, que todos se sientan bien y vivan tranquilos. 
Las fiestas de fin de año ya no eran las mismas para celebrar con alegría, Emiliana se recuperaba lentamente pero aun lloraba cuando veía la foto de Guillermo sobre el velador, nada era lo mismo y la familia respetaba su dolor. Salía temprano para la escuela pero antes se despedía de Lizel prometiendo su pronto regreso: -mi bebé no te preocupes voy a regresar lo más rápido- le hablaba  y la besaba en la frente, después le daba las recomendaciones del caso a Ítala para que no la descuide.
Se encontraba todas las mañanas con su amiga Lorena y juntas caminaban hasta la escuela, aunque su amiga estaba un año más adelantada que ella. Emiliana se sentía feliz con la elección de su carrera  estaba segura que ese era su camino. 
Octavia supervisaba que todo marche bien en la casa, había momentos en que salía para realizar alguna de sus actividades pero siempre regresaba  pronto. Cuando estaba en el pequeño salón jugaba con Lizel a tomar el té entre amigas, a la bebé le gustaba mucho el juego y disfrutaba  la conversación particular con su abuela y con su nana Ítala. 
La correspondencia de Berlín con Anja se mantenía, Emiliana y Octavia  le comentaban sobre Lizel, sus pequeñas travesuras y juegos, era una niña saludable y despierta. Anja correspondía las cartas y les comentaba sobre su familia y su vida diaria. La triste noticia fue que un año después de la muerte de Guillermo su padre había enfermado y murió una mañana de octubre extrañando a su hijo: -ha sido todo tan triste, él nunca se perdonó que Guillermo se fuera de la casa por su culpa, siempre me lo repetía- de esta manera escribía Anja y también comentaba que tuvo que cerrar la farmacia y eso significó un problema para su economía: -sigo adelante porque tengo una hija que todavía es muy joven y sufre la partida de su padre- le contaba  en sus cartas a Octavia.
Para la traducción de las cartas de Anja, siempre contaba con la ayuda de Genoveva, las dos se habían convertido en buenas amigas y confidentes. 
Ese día, la mañana amaneció despejada, en el cielo no habían nubes. Aníbal estaba en el fundo ocupándose del trabajo,  Emiliana en la escuela y lo mismo Manuel, Ítala cuidaba de Lizel y Antonia y Lida se dedicaban a sus tareas diarias. Cesáreo el jardinero había llegado a la casa para trabajar en el huerto. Octavia hablaba con él: 
-Cesáreo las azucenas deben sembrarse en este rincón que está vacío y no muy cerca de las rosas que han crecido y es necesario podar para que den más flores-.
-Si señora, como usted mande-. contestaba Cesáreo.
-¿Cuál es su opinión sobre los frutos del chirimoyo?- preguntó Octavia.
-En una o dos semanas, los frutos estarán listos para cosechar, lo mismo de la guanábana y los higos, tendremos una gran cosecha señora- contestó.
-Esa noticia es muy buena, Cesáreo, tendremos abundancia de frutos-  
Antonia buscó a su señora en el huerto y le entregó un sobre blanco. Octavia le dijo que lo deje encima de su escritorio y siguió con las indicaciones para Cesáreo, al cabo de media hora terminó de hablar con él y fue al pequeño salón para enterarse de que se trataba el sobre blanco.
Tomó asiento en su silla favorita y abrió el sobre, al leer el contenido de la carta quedó estupefacta ¡Qué clase de broma ridícula era esa! reparó unos segundos no podía ser una broma pues la misiva era una carta notarial. Usaba un lenguaje protocolar pero lo más importante era las líneas que decía lo siguiente: -Usted tiene 20 días para desocupar la casa, los nuevos compradores quieren tomar posesión de su propiedad- Octavia apenas podía respirar ¿Cuándo había vendido su casa? se preguntó, jamás había hecho tamaña locura. Era un delirio de alguien que no estaba bien. En la carta aparecían los nombres de los compradores, eran personas que ella no conocía.
Tomó su bolso pequeño, guardó la carta, puso sobre sus hombros el chal de fino hilo y llamó a Ítala que se ocupaba de Lizel: -Ítala, Antonia las dos atentas con Lizel, yo voy a salir un momento, no tardo-. terminó de decir y salió para visitar a su abogado Emil del Muro, él podría explicar y resolver este problema que no tenía nada que ver con ella. 
Su vecina Soledad la vio pasar se mantenía a distancia de Octavia pero como era su costumbre siempre estaba metida en la vida ajena de sus vecinos. 
Octavia llegó a la oficina de Emil después de los saludos y preguntas de como se encontraba, ella le explicó el problema que tenía y el porque de su visita.
-Emil disculpa que venga pero necesito a mi abogado que eres tú, quiero enseñarte esta carta que ha llegado hoy día a la casa-.
De su bolso sacó la misiva y se la entregó, Emil leyó el contenido y guardó silencio unos segundos: -Octavia esto es grave, es una carta notarial de aviso de desalojo-
-Emil te puedo asegurar que nunca he vendido mi casa, tú sabes bien que yo amo esa casa y jamás la pondría a la venta, tiene la historia de mi familia- 
-Mi estimada amiga, permíteme que haga las averiguaciones del caso, voy a ponerme en contacto con el abogado del matrimonio que se supone ha comprado tu casa. Sus nombres son Lucrecia y Factor Navarro, cuando tenga alguna noticia te aviso con mi asistente. Por el momento no te preocupes yo voy a ponerme en acción para saber de que se trata.   
-Emil te pido por favor, no tardes en comunicarme algo al respecto, tú eres mi abogado- contestó Octavia y antes de despedirse, le envió saludos para su esposa Nina. 
Regresó a la casa realmente preocupada ¿Qué podía haber pasado?, aún no tenía respuesta. Fue directo a su habitación, cerró la puerta con llave y abrió su ropero, destapó el fondo falso y sacó los documentos de los títulos de propiedad  de su casa, todo estaba en orden no faltaba nada. Pensó con calma, no le quedaba otra cosa más que esperar las noticias e investigaciones de Emil para que le explique de que se trataba el grave asunto. Por el momento era mejor no hablar con sus hijos sobre el tema, ellos no debían saber aún lo que se venía. Esa noche no durmió bien y sus hijos en el almuerzo y la cena la notaron preocupada, preguntaron que pasaba y ella inventó una excusa para que no se dieran cuenta. 
Al día siguiente Octavia recibió un aviso con el asistente de Emil, era urgente y debía presentarse en su oficina. De inmediato se arregló para salir y dio la misma orden a las empleadas -atentas con Lizel, ya regreso- fueron sus palabras y salió de la casa directo a la oficina de Emil. 
Al llegar casi no tenía aliento, saludo a Emil y éste la invitó a sentarse, con voz grave le dijo: -Octavia esto es más serio de lo que parece, tu casa ha sido vendida, he visto el contrato de compra venta en el aparecen las firmas de Aníbal y tuya. El matrimonio Navarro ya pagó el dinero por eso reclaman la propiedad-.
Octavia escuchó alarmada las palabras de Emil, se negaba a pensar que Aníbal estaba involucrado en un asunto tan serio con visos de estafa.
-Emil nunca he firmado ningún documento de compra venta, esa firma debe ser falsa, ¿cómo se ha logrado la venta si yo tengo los títulos de propiedad-. 
-Mi querida amiga ahí no queda el caso, el vendedor es nada menos que Sixto, el hermano menor de Aníbal y te puedo asegurar que se pueden falsificar los títulos de propiedad-.
Entonces su esposo estaba involucrado en este problema, pensó Octavia, no pudo más y comenzó a llorar: -Emil es inaudito, no puedo creer que Aníbal y Sixto cometieron un delito así- contestó 
Emil le alcanzó un pañuelo: -Aún hay más, el abogado de la parte contraria ha dicho que sus defendidos irán a juicio de ser necesario, ellos han comprado la casa y la quieren tener en su poder cuanto antes, si pierden en primera instancia, llevaran el juicio hasta la corte suprema, no se van a detener. Te imaginas el problema al que nos enfrentamos por lo pronto he puesto una acción de amparo para detener la orden de desalojo y así tener más tiempo para iniciar las acciones del caso- explicó Emil a Octavia
-Emil hagamos lo que este de nuestra parte para salvar mi casa de esta  estafa sin nombre. Es doloroso lo que me acabo de enterar no sé que voy hacer- contestó demasiado triste y llorosa. 
-Tranquila Octavia vamos a iniciar las acciones pertinente y llegar al fondo de todo, si es una estafa como parece, Aníbal y Sixto tienen un buen problema encima-. comentó Emil para consolar a Octavia su amiga de muchos años y ahora su defendida.
Triste y cansada regresaba Octavia a su casa eran demasiadas preguntas y ninguna tenía respuesta. No entendía cómo su esposo se había prestado a semejante delito y un engaño hacia ella.  Al estar en su casa tuvo que disimular delante de sus hijos, hablaba con naturalidad para preguntar ¿cómo les fue en sus clases respectivas? Emiliana comentaba sus nuevas experiencias en los cursos y Manuel hablaba de pesadas clases de cálculo matemático, pero no se quejaba era parte de su carrera. Lizel se sentía feliz al estar en brazos de su abuela. 
En la noche después de despedirse de sus hijos y de su bebé para irse a dormir, Octavia no podía conciliar el sueño. Se levantó de la cama y en su escritorio comenzó a escribir en una hoja de papel, que llevaría a la oficina de Emil, era importante llevársela cuanto antes.
Octavia salió muy temprano a la mañana siguiente para la oficina de su abogado, sus hijos habían partido a sus clases y Lizel terminaba de tomar el desayuno. Cuando llegó a la oficina de Emil le entregó en sus manos la hoja que había escrito: -Emil necesito que redactes este documento es para que lo firme Aníbal-. 
Su abogado recibió la hoja y leyó su contenido, habian cinco cláusulas cada una con los deseos de Octavia.
Muy serio Emil habló: -Estoy leyendo esta hoja y con estas cláusulas estas pidiendo la separación de cuerpos, Octavia quiero advertirte que en nuestro país todavía no existe la ley del divorcio. Aníbal no le va gustar esto, ¿estas segura de lo que pides? había una ultima clausula que era definitiva y no se podía negociar. 
Octavia más decidida contestó: -Emil... te pido por favor, redacta el documento yo me encargo de que Aníbal firme. ¿Con tu asistente me lo puedes enviar a mi casa?- preguntó.
Emil trató de persuadirla, era una decisión que no se estilaba en aquellos días pero Octavia se mantenia  firme en su decisión.  
En el fundo Aníbal y sus hermanos se preparaban para iniciar  la campaña de algodón, las tierras de cultivo estaban preparadas para recibir las semillas e iniciar la siembra. Después de una mañana de faenas en el campo Aníbal comentaba con sus hermanos sobre el trabajo y el dinero que se estaba acabando. Sixto interrumpió a su hermano para comunicarle que por el dinero no debían preocuparse, él había conseguido un préstamo de una familia de amigos que no tenían apuro en recuperar el dinero y que podían devolvérselo poco a poco. 
Leonora y Aníbal aplaudieron la noticia, no podían estar más felices, el dinero se necesitaba y el préstamo que había conseguido Sixto con todas las facilidades para pagar no podía caer en mejor momento. Ninguno de los dos sospechó ni sintió desconfianza de su hermano y el dinero. 
-Que bueno Sixto por fin te haces responsable del fundo-. comentó Leonora y Aníbal estuvo de acuerdo: -con ese dinero podemos sembrar y cuidar del campo muy bien-.
Sixto sonreía a sus hermanos: -Aníbal no es necesario que viajes pronto a la capital- dijo.
-Si, estaba vez me quedaré hasta que se termine de sembrar el campo y luego podré viajar para estar con mi familia a la que extraño mucho- contestó feliz por las buenas noticias de Sixto. 
Aníbal no sabía nada de la que había hecho su hermano, él era inocente de la estafa de Sixto y en del lío en el que había comprometido a la familia. 
La siembra de algodón en el fundo duro varios días, noventa hectáreas no se siembran en un día. El clima con el sol abrazador también complicaba la faena. 
Los peones tenían que descansar al medio día para no sufrir los efectos dañinos del exceso de calor por eso se empezaba a trabajar en el campo antes de las cinco de la mañana.
Cada hermano supervisaba treinta hectáreas de terreno para que las cosas se hagan bien. Al término de la siembra se tenía que controlar el riego y controlar las plagas y enfermedades que podían afectar las plantas de algodón. 
Aníbal preparó su viaje de regreso al hogar, seguro Octavia y sus hijos esperaban por él. Muy temprano se despidió de sus hermanos: -no sé preocupen voy a regresar pronto, ahora necesito estar con mi esposa y mis hijos- comentó 
El viaje del fundo a la capital era agotador, Aníbal llegó al día siguiente en la mañana  a su casa, su viaje había sufrido un percance en el camino. Su esposa estaba en el salón, entró a saludarla y quererla  abrazarla pero Octavia retrocedió -¿qué pasaba, porqué lo rechazaba de esa manera? nunca antes lo había tratado así. Ahora sentía que había demasiada distancia entre los dos. 

CONTINUARÁ         
     
            
           
    
       
  


 

domingo, 31 de octubre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Cada mañana amanecía con un hermoso brillo solar, esto  anunciaba que el invierno pronto llegaría a su fin. 
Octavia amaba esta época del año cuando el frío disminuía y el calor era suave y no sofocaba. Se vestía con blusas más ligeras y sus faldas de tela  gruesa que eran de invierno ya estaban guardadas en un baúl. 
La nota de felicidad y alegría en la casa la ponía Lizel que estaba más graciosa cada día Octavia sonreía al recordar a su nieta con su carita redonda y sonrosada, pequeños rulos adornaban su cabeza y los trajecitos de vivos colores con los que Emiliana  la vestía hacían de ella una pequeña dulzura.
Sobre su escritorio en el salón, se habían juntado las cartas que Octavia debía contestar a sus amigas. Tomó su pluma y comenzó a escribir la respuesta a la carta de Beatriz que venía de Vevey- Suiza. En ella le comentaba los últimos acontecimientos sufridos por su familia y la tristeza que lentamente parecía abandonar la casa familiar. Le decía además que Emiliana sufría por la tragedia vivida y su dolor era muy grande. 
Antonia interrumpió su escritura: -señora ha venido a visitarla la señora Rosalina-.
Octavia se sorprendió por la visita, ella no solía frecuentar su casa, salvo que necesite algún favor. Puso la pluma cerca al tintero en el escritorio  y fue a la sala para recibirla.
Rosalina al ver entrar a Octavia se puso de pie: -Señora Octavia perdone que venga sin anunciarme- se acercó y besó sus dos mejillas luego agregó: -el motivo de mi visita es para despedirme porque mañana temprano me voy de viaje con mi hijo y mi ama de llaves a la casa de mis padres. Usted no sabe como le agradezco que consiguiera la dirección de ellos que ahora viven en Paita y para mí es importante viajar para pedirles perdón por mi proceder. He sufrido mucho con la muerte de Quinto y no sabía que hacer ni a quien recurrir, solo usted me podía ayudar. La casa es muy grande para mí y en cada rincón me parece ver a Quinto-. terminó de hablar Rosalina con resignación.
Octavia al principio dudó en darle la dirección, ella había sido cruel con sus padres y olvido a quienes le habían dado todo, después cambio de idea. Sentía que Rosalina estaba arrepentida por su conducta y quería a pedirles  perdón. 
-Me alegra Rosalina que por fin te reúnas con tus padres, ellos estarán felices de recibirte y de poder conocer y abrazar a su nieto- contestó Octavia. 
Rosalina también comentó sobre Fausto y su ayuda con la manutención de su hijo -él ha sido muy bueno conmigo y ha prometido que enviará el dinero para su sobrino. Fausto y sus hermanos han sufrido demasiado con la pérdida de Quinto, no sabe como lloraron cuando lo llevaban de regreso a su hacienda. Su cuerpo fue acomodado con cuidado sobre una carreta para transportarlo. 
-Puedo imaginar cómo se sentían, es muy doloroso perder a un hermano, comprendo su dolor y tristeza- señaló Octavia y le alcanzó un pañuelo a Rosalina que comenzó a llorar al recordar a su esposo, ella había sido poco independiente después de su matrimonio, hacia solo lo que Quinto decia.  
Emiliana con Lizel en brazos entró en la sala para saludar a Rosalina, las dos jóvenes estaban en la mismas circunstancias y una comprendia a la otra. Las tres mujeres conversaron en la sala por más de una hora, luego Rosalina se despidió, era el momento de retirarse.
-Señora Octavia gracias por todo, por favor me despide de su esposo, él fue siempre amable con Quinto- después abrazó a Emiliana besó a Lizel -es una bebé muy linda- comentó y abrazó a Octavia entre lágrimas. 
Emiliana y su madre la acompañaron hasta la puerta principal, donde le deseaban lo mejor en unión de sus padres.
-Ha cambiado Rosalina, la veo más amable y madura- agregó Emiliana.
-Si, querida hija, así es, esta tragedia que ha vivido ha sido un duro golpe para ella, como para ti con lo ocurrido a Guillermo- contestó Octavia y tomó en brazos a Lizel que tenía como adorno un precioso lazo en su cabecita. 
Octavia volvió a su escritorio para seguir escribiendo la carta que interrumpió con la llegada de Rosalina. Pensó en Hortensia e Hipólito, iban a estar felices con su hija y nieto, era lo que habían deseado siempre. En su carta le escribía a Beatriz las novedades en la ciudad y las noticias sobre el país. Se detuvo un instante, había algo que la molestaba y preocupaba aun más, no llegaba a la casa la respuesta a su carta de la madre de Guillermo, podía presentir como estaría y el dolor que debía sentir con lo ocurrido a su hijo.
A la hora del almuerzo la familia reunida en el comedor comentaban sobre la visita de Rosalina y su viaje a Paita para vivir con sus padres: -después de lo ocurrido con Quinto me parece muy bien que vaya con ellos. Los padres siempre perdonan a sus hijos y los reciben con los brazos abiertos- decía Aníbal.
Manuel en silencio escuchaba la conversación de sus padres y no se atrevía a comentar sobre Emiliana para que no se sienta triste, pero ella estaba triste y ese dolor solo se podía curar con el tiempo.
Aníbal también comentó:-Octavia debo viajar al fundo ya he dilatado demasiado mi regreso, la cosecha comenzó y no puedo dejar a mis hermanos todo el trabajo, hay que estar atentos y resolver todos los problemas que se presenten-. 
El fundo de Aníbal y sus hermanos, tenía buena producción pero nunca faltaban los problemas a la hora de la cosecha y la venta del algodón.
La familia terminó de almorzar, Emiliana llevó a Lizel para hacer la siesta y Manuel tenía que hacer sus tareas. En la sala mientras tomaban café los esposos conversaban, Octavia escuchaba las noticias que Aníbal leía y luego comentaban. El precio del algodón en el mercado había subido un poco pero no era el que deseaba Aníbal, él nunca estaba conforme con el precio y la cantidad del producto a la hora de la cosecha podía ayudar. Según Sixto y Leonora se iba a obtener una buena cosecha. Las siguientes noticias eran sobre la continuación de nuevas obras en la ciudad y algunas carreteras en el país: -Aquí, Tarciso tenía razón- señaló  Aníbal -las obras van a continuar y se va a necesitar grandes cantidades de material de construcción. El negocio parecía interesante pero nuestro amigo, no es muy serio a la hora de trabajar, además yo no puedo disponer del capital que utilizo para el fundo. Las nuevas avenidas a construir abrirán el espacio en la calles del centro. El futuro, Octavia, está a la vuelta de la esquina con nuevas avenidas y calles-. decía Aníbal no muy convencido de si era bueno a malo. Los cambios siempre traían algunos inconvenientes. Aunque, él siempre era partidario de las buenas obras. 
Aníbal partió para el fundo antes que termine la semana. Después de despedir a su esposo, Octavia en la cocina hablaba con Lida sobre el menú a prepararse. A ella le gustaba planificar los almuerzos y las cenas para ya no tener que ocuparse de que se iba a cocinar. Lida atenta le decia a su señora las cosas que faltaban para preparar los alimentos. 
-Señora Octavia esta carta acaba de llegar- dijo Antonia y entregó en sus manos la misiva.
Era la carta que tanto esperaba Octavia, venía de Berlín. Anja por fin había contestado y podía imaginar su contenido.
-Antonia tienes que ir de inmediato al colegio Alemán para buscar a la profesora Genoveva Kraft, debes llevar esta carta y una nota de mi parte- terminó de hablar  y en su escritorio escribió unas líneas en la nota donde la pedía que por favor realice la traducción de la misiva. Antonia salió presurosa para cumplir la orden de su señora.
Octavia no sabía que hacer ahora con las noticias que traía la carta de Berlín, mejor era esperar para saber el contenido. Podía imaginar mil cosas pero en lo que si estaba segura que la madre de Guillermo sufría por su hijo. Por el momento no deseaba hablar con Emiliana sobre la carta, no queria llenarla de angustia antes de tiempo, ella ya tenía un dolor en el alma.
La espera de Octavia por la carta no parecía terminar,  al día siguiente en la tarde se presentó Genoveva en la casa de la familia. Traía una expresión seria en su rostro, Genoveva ya había realizado la traducción y sabía muy bien que decía la carta.
-Octavia buenas tardes, no quería demorar más con la traducción de Berlín sé que estas esperando las noticias de Anja -. comentó Genoveva.
-Gracias, amiga, no puedes imaginar como estoy de nerviosa sobre esta carta. Seguro Anja sufre por su hijo, ella está tan lejos y para una madre es demasiado doloroso no poder estar cerca de su hijo y ayudarlo- contestó Octavia y Genoveva le alcanzó la hoja de carta con la traducción. 
Octavia se sentó en uno de los sillones cerca a su escritorio e invitó a Genoveva a sentarse. 
Desdoblo la hoja y comenzó a leer. El dolor y sufrimiento de Anja era evidente en cada línea escrita, ella le decía que desde hace varias semanas no tenía noticias de su hijo. Parece que Guillermo no había escrito a su madre sobre el cambio de trabajo y su viaje a Chile. Para la madre fue un golpe muy grande saber su deceso y le escribía -Octavia no puedes imaginar como me siento, mi hijo y yo éramos bastante unidos, él me contaba sobre su nueva vida, su esposa, su bebé y la familia política, él los apreciaba mucho. Usted me dice en su carta  que él descansa en el camposanto de Antofagasta en Chile que dolor y que tristeza está lejos de ustedes también. Lloro todo el tiempo porque aún era tan joven y no merecía un final así. El padre de Guillermo no sabe nada aun sobre su hijo. Él cree que está bien y yo no me atrevo a contarle  al respecto. Sé que va a reaccionar muy mal se sentirá culpable- Líneas más abajo se despedía de Octavia y agradecía su carta con noticias sobre su hijo. En su posdata escribía: -de una madre a otra Octavia se que entiende mi pena y dolor por todo lo ocurrido, no sé ahora como voy a vivir. Me gustaría seguir manteniendo correspondencia con usted para saber de mi pequeña nieta que es lo único que me queda de Guillermo. Se despidió y su tristeza era evidente.
-Genoveva que dolor lo que me escribe Anja, ella esta tan lejos. Te parece si de una vez escribo la respuesta para su respectiva traducción ¿estás de acuerdo conmigo? así evitamos las idas y venidas-. 
Genoveva estuvo de acuerdo y Octavia sacó del cajón de su escritorio una hoja y comenzó escribir su respuesta. Resolvió algunas dudas de la madre de Guillermo y le dijo que los sentimientos de su familia hacia él, eran de cariño y estima -Guillermo fue  un joven brillante y lleno de entusiasmo, mi hija está devastada con su partida, aquí en nuestro hogar lo extrañamos mucho. Mi esposo lo tenía en muy alta estima. La carta continuaba y sus deseos de seguir escribiendo cartas para Anja en el futuro eran iguales -Anja sé que vamos hacer muy buenas amigas y mi hija también escribirá con noticias sobre de Lizel- comentó en unas líneas. 
Octavia se despedía deseando pronto tener nuevas noticias sobre Anja y la familia en Alemania. 
-Genoveva aquí está mi carta con la respuesta para Berlín-. comentó Octavia y la profesora Kraft comenzó de nuevo a traducir la escritura de Octavia. Para no interrumpir su trabajo fue a buscar a Emiliana, para que lea la carta de la madre de Guillermo con la traducción. 
En su habitación Octavia encontró a su hija cambiando  a Lizel con ropa más abrigada, el viento de la tarde podía enfriarla.
-Emiliana,  aquí esta la carta de Anja es bueno que la leas y en el futuro escribas tú también con notas sobre Lizel. Recuerda es su abuela y ella quiere saber sobre su nieta.
Emiliana leyó la carta con tristeza, la madre de Guillermo era una persona fina y delicada se podía ver a través de su escritura. 
-Madre es demasiado dolor lo que siente Anja, imagina no poder visitar el camposanto donde reposa su hijo es una tragedia- señaló y lágrimas caían por sus mejillas, se acordaba de su esposo y lo feliz que fue a su lado mientras estuvieron juntos. Secó sus lagrimas y le devolvió la carta a Octavia. 
Octavia la consoló -debes ser fuerte, sé que no es fácil- contestó.  
Genoveva terminó de traducir la carta que Octavia enviaría al correo al día siguiente. La invitó a tomar el té y pastelitos, las dos conversaban sobre la situación difícil de Anja y del padre cuando se entere que sucedió con Guillermo. 
Ambas mujeres con el tiempo serían muy buenas amigas y compartirían sus experiencias familiares.
El domingo en  casa de Octavia se disfrutaba de un día tranquilo, Rubí en la habitación de Emiliana jugaba con Lizel, había traído la caja de música de Octavia para que la bebé escuche la melodía. Su madrina estaba en el salón terminando de escribir sus cartas. 
-Rubí no debes jugar con la caja de música de mi madre sabes bien que ella no desea que la tomes como un juguete, es recuerdo de su madre- decía Emiliana para llamarle la atención. 
-Prometo que solo una vez voy a tocar la melodía de la caja y luego la guardo, a Lizel le gusta tanto escuchar la música. 
Era verdad lo que decía Rubí, a Lizel le gustaba escuchar la música de la caja mágica como la llamaba.
Emiliana del cajón de su velador tomó el reloj que le diera Guillermo antes de partir a su viaje, sus recuerdos volaron, sus días con él fueron felices. Ella se abrazaba a esas ideas. Sobre la mesa de su velador tenía la foto de su esposo, ella solía conversar con él sobre sus planes, podía sonar extraño pero eso la consolaba.  
Su idea de estudiar enfermería, no era un sueño, ella se iba a presentar en la Escuela Nacional de Enfermería,  esa era la carrera que escogió 
En sus manos tenia el fino reloj, era una joya, le daba cuerda todos los días para mantener vivo el recuerdo de Guillermo. Lo guardaba envuelto en un pañuelo para que no se arruine, se conserve y en el futuro lo pueda heredar Lizel. 
Octavia entró en la habitación de su hija y le pidió a Rubí que devuelva la caja de música a su lugar.
-No es un objeto para jugar, lo sabes muy bien- Rubí obedeció a su madrina y  fue a dejar la caja a su habitación.
-Emiliana- agregó Octavia -quieres que yo guarde la carta de Anja o deseas guardarla tú-
-No madre es mejor que tu la guardes para tener un registro ordenado de las cartas de la abuela de Alemania y cuando Lizel sea grande las pueda leer y conocer más sobre su familia de Berlín- contestó a su madre.
En el futuro la idea de Emiliana sería matricular a Lizel en el colegio Alemán para que estudie ahí y aprenda el idioma de su padre tal como le había prometido a Guillermo y pueda mantener correspondencia con sus abuelos de Berlín. 


CONTINUARÁ
       

          
      
   
             


 

domingo, 24 de octubre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

En la casa familiar todo estaba preparado para el viaje de Emiliana y su padre. Octavia y Manuel se despedían de ellos con la emoción de esperar pronto su regreso. Emiliana vestida con un traje negro y una capa gris sobre sus hombros para abrigarse, parecía más delgada. Su cabello corto resaltaban aun más las facciones finas y el contorno suave de su rostro; con su madre,  comentaba: 
-Gracias por quedarte a cuidar a Lizel, es muy pequeña para hacer este viaje en barco. Con mi padre estaremos de regreso en unos días-. 
-Querida, no te preocupes estoy triste y a la vez feliz de quedarme con mi bebé, parece una contradicción pero me hubiera gustado hacer este viaje en circunstancias diferentes de las que vivimos ahora- contestó Octavia mientras abrazaba a Emiliana y besaba sus mejillas.
-Aníbal debes cuidar bien de nuestra hija- así se despedía Octavia de su esposo y lo abrazaba.
Manuel hizo lo propio con su padre y hermana al despedirse. A él le hubiera gustado hacer ese viaje pero sus padres le dijeron que no podía faltar al colegio. 
Emiliana cargó a su hija y le prometió que pronto estaría de regreso para volverla ha abrazar. Beso a Lizel y se la entregó a su madre. Tomó el bolso en el que llevaba lo necesario para el viaje y dijo: -padre ya estoy lista, debemos partir, si no el barco nos puede dejar-.
Aníbal besó a su esposa para despedirse y recomendó a Manuel cuidar a su madre y a Lizel. 
Octavia desde la puerta principal se despedía de ellos, no podía acompañarlos hasta el puerto porque sería muy pesado el regreso sin su compañía.
-Madre cuanto tiempo van a demorar en regresar mi padre y hermana- preguntó Manuel.
-El tiempo que necesiten para hacer este viaje, ellos nunca han viajado al sur- contestó Octavia y entraba en la casa con Lizel en brazos  junto a Manuel para iniciar el día y ocuparse de lo que necesitaba la bebé.
Camino al puerto padre e hija estaban en silencio, no hacían comentarios. Aníbal observaba a Emiliana, era tan joven para vivir esta tragedia. La vida la estaba poniendo a prueba y el resultado final solo en el futuro se sabría. 
Llegaron al puerto y esperaron abordar el barco en el mismo lugar donde Emiliana se había despedido de Guillermo meses antes. Tembló su cuerpo al recordar el episodio, su esposo le había prometido volverse a reunir y cumplió su palabra.
A la hora de partir padre e hija subieron al barco, su destino Valparaíso y luego Antofagasta. Que lento parecía todo, el tiempo se había detenido o tal vez era solo una sensación. 
En pleno viaje los dos observaban desde el barco la inmensidad del océano, parecía infinito, pero no, en realidad no era infinito. El viaje resultó pesado para la hija porque el vaivén del barco le ocasionaba náuseas. Aníbal se sentía un poco mejor para él no era su primer viaje sobre el mar. 
Después de una larga travesía, llegaron a Valparaíso al día siguiente en al noche. Descansaron en una posada cerca al centro de la ciudad, estaban agotados y ya en tierra aun sentían bajo sus pies el vaivén del barco.
Amanecieron muy temprano y partieron de inmediato a la ciudad de Antofagasta, la prisa por llegar al destino final, era prioridad. 
Arribaron a la ciudad muy tarde, en la noche, el viaje por tierra transcurrió sin inconvenientes. Dormirían en una posada que el cochero les recomendó. La ciudad a esas horas lucía oscura solo algunas luces mortecinas alumbraban las calles. Mejor fue cenar algo ligero que les ofrecieron los dueños del hospedaje y después irse a dormir.
Descansados y con mejor ánimo desayunaron a la mañana siguiente. Al dueño de la posada le preguntaron de como podían llegar el camposanto de la ciudad, ahí descansaba un familiar, fue la explicación que dio Aníbal. Éste les dio las instrucciones para llegar al lugar y les explicó que ahí existía una pequeña caseta donde podían preguntar por la tumba de su difunto. Emiliana no podía hablar, su voz se quebró al recordar a su esposo. 
En el camino al cementerio compraron flores era un ritual doloroso pero Emiliana sentía que debía hacerlo, ella necesitaba conocer el lugar donde los restos de Guillermo reposaban. En la pequeña caseta les dieron las instrucciones de como llegar a la tumba que buscaban. Mientras caminaba sintió que las fuerzas la abandonaban, se sostuvo del brazo de su padre -hija, si deseas podemos descansar en ese banco que esta cerca a nosotros- sugirió Aníbal. 
-No padre ya estamos cerca, hemos realizado un largo viaje para llegar y debemos seguir para encontrar a Guillermo- contestó Emiliana recuperando las fuerzas para seguir adelante.
No costo demasiado ubicar el lugar donde estaba su lápida. Aníbal se retiró unos metros para darle a su hija la intimidad que necesitaba de hablar con el esposo que amaba. Emiliana se acercó y con un pañuelo limpió la lápida, puso las flores en los recipientes para ello. Hablaba con Guillermo entre sollozos, le decía que necesitaba saber donde se encontraba y que había recibido cristiana sepultura. Le prometía que siempre lo llevaría en el corazón y que nunca lo olvidaría. Hablaba en alemán algunas palabras de amor que él le había enseñado y además le prometió que Lizel aprendería el idioma de su padre como lo deseaba. Sus lágrimas caían por su rostro, ella jamás imaginó un destino así. Rezó con fervor algunas oraciones para pedir por su alma que seguro estaba en un lugar feliz. Aníbal se acercó a su hija, la abrazó -Debes aceptar esta realidad, sé que no es fácil. Guillermo se fue en el mejor momento de sus vidas- habló el padre para consolar a su hija.
Estuvieron en el cementerio cerca de dos horas, Emiliana le dijo a su padre: -antes de partir de la ciudad tenemos que regresar para despedirme-. Aníbal aceptó la propuesta de su hija, sabía que no sería fácil volver para visitar a Guillermo.
Con Emiliana más repuesta de su dolor, el padre le propuso al salir del cementerio visitar las oficinas de la empresa donde trabajó Guillermo -hija ya estamos aquí, debemos hablar con el director de la minera para que nos explique algunas preguntas que deseo hacerle.
Padre e hija visitaron la oficina de la empresa, el director los recibió conversó con ellos y explicó con detalle lo sucedido en el accidente. La conversación fue cordial y despejo las dudas de Aníbal, todo fue un lamentable accidente que la empresa no pudo evitar, una cadena de hechos sucedieron con los  resultados fatales. 
El director entregó a Emiliana un cheque con el dinero del seguro que la empresa le daba a los familiares, ella era la esposa y eso le correspondía. Tomó el cheque lo dobló y guardó en su bolso, no quería leer ni saber de que cantidad se trataba, nada podía devolverle la vida a Guillermo.
Padre e hija se retiraron de la empresa, agradecieron al director haberlos recibido, el resto del día pasearon por la ciudad y sus alrededores. al día siguiente antes de partir volvieron al camposanto para despedirse de Guillermo. Emiliana habló con él sobre sus planes de estudio y le ofreció su amor por siempre. Se despidió de su esposo, con gran dolor, sufría al no saber cuando volvería a regresar y eso le causaba demasiada tristeza. Aníbal abrazó a su hija y juntos se despidieron de Guillermo con gran pesar. 
Partieron de Antofagasta y en Valparaíso padre e hija se quedaron dos días, antes de continuar el viaje, pasearon por la ciudad para conocer los lugares más importantes, luego fueron al puerto para embarcarse y regresar a Lima donde los esperaba la familia. Emiliana se despidió de la ciudad, todo ese recorrido que había hecho junto a su padre, lo había realizado Guillermo la primera vez que llegó a Chile, ella siempre recordaría eso.
En Lima la familia recibió a los viajeros con alegría, Emiliana estaba más serena pero su rostro lucía demacrado y su tristeza solo el tiempo podía, tal vez aliviar. 
La semana después del regreso de Emiliana y su padre transcurrió sin grandes novedades. Octavia y Aníbal conversaron sobre los detalles del viaje y el cheque del seguro que Emiliana todavía no había cobrado en el banco. Sus planes eran abrir una cuenta de ahorro para el futuro y lo que Lizel pueda necesitar, le costaba hablar de dinero nunca lo había necesitado, en su hogar siempre tuvo todo.
Aníbal preparaba su viaje de regreso al fundo, había salido temprano para comprar algunas cosas que necesitaba y cuando llegó al hogar estaba pálido, blanco como un papel, Octavia al verlo se asustó:
-¿Qué sucede?- preguntó -tienes el rostro pálido es mejor que te afloje el corbatín. ¿Te sientes mal?- volvió a decir.
-Querida no puedes imaginar lo sucedido, nunca podrías hacerlo, yo mismo no comprendo qué sucede en estos días de tantos cambios y tragedias-.
Octavia, se alteró ¿de que hablaba su esposo?,¿ qué sabía? ¿por qué la tristeza lo embargaba? ¿era algo sobre la familia?-  se preguntó.
-Aníbal me estas asustando, habla de una vez por favor...te lo pido-.
-Cuando salía para hacer las compras de las cosas que necesito para el fundo, me encontré en el centro con un gran barrullo ¿qué sucedía? pregunté y uno de los amigos que estaba cerca me contó lo sucedido y porque la gente estaba reunida. Habían encontrado un cuerpo en un terreno baldío a las afueras de la ciudad, eso fue a las ocho de la mañana por eso es que no salió publicado en los diarios. La persona que encontraron era Quinto López del Águila, nuestro amigo, al parecer fue asaltado y él puso resistencia, una daga estaba cerca a su cuerpo. La policía dice que Quinto murió a las dos de la mañana. 
Octavia no sabía que decir o hacer solo pronuncio unas palabras: -pobre hombre, a nadie le debe pasar algo así- terminó de decir con tristeza y pensó en Rosalina.
-Todos sabían que Quinto andaba con fuertes cantidades de dinero en los bolsillos, lo más grave es que andaba solo por las calles- contestó Aníbal.
-¿Qué hacia Quinto a esas horas de la noche?- preguntó Octavia a su esposo.
-Querida, hay cosas que los hombres no comentamos pero desde hace varias semanas sabía que Quinto se estaba dedicando al juego, apostaba números grandes en un salón del centro, yo deduzco que él salía a la calle después de ganar una partida de dinero, pero muchas veces también perdía. Seguro lo siguieron y paso lo que pasó. Fausto no debe saber nada de esta actividad de su hermano. Siento mucho esta tragedia, Quinto era un amigo-.
-Es lamentable lo sucedido, a estas horas Rosalina debe saber lo ocurrido a su esposo y su desesperación debe ser mayor- contestó Octavia.
Rosalina sabía ya la triste noticia y fue hablar con el comisario, éste tuvo cuidado al darle la noticia y los detalles, pero fue inevitable hablar con ella. Llena de angustia y llanto se dirigió al correo para enviar un telegrama a Fausto con la mala noticia, no sabía que hacer, solo lloraba y lloraba. En su vida todo se lo resolvian primero sus padres y luego su esposo.  
En la casa de Octavia la familia ya sabía la mala noticia, Emiliana comentó con su madre -pobre Rosalina, ella que vino hablar contigo sobre lo ocurrido con Guillermo. ¡te acuerdas!-.
En la tarde del mismo día, Rosalina fue a buscar a Octavia quería saber donde estaban sus padres, llorando, rogaba que le diga donde vivían.  
Muy seria Octavia le dijo que no sabía nada sobre Hortensia e Hipólito, ella mintió en ese momento porque ahora recién se acordaba que tenía padres después de hacerlos sufrir tanto, ahora si los necesitaba. Sentía dolor por Rosalina y le dijo que averiguaría la dirección de sus padres con sus amigas, las Damas del Patronato, seguro ellas conocen la dirección.   
Rosalina suplicó y pidió a Octavia que le avise pronto sobre la dirección y se despidió. Emiliana no salió a saludar porque todavía se sentía mal y lo ocurrido a su amiga era demasiado para ella.
Octavia aun molesta por la actitud de Rosalina, fue ella misma al correo para mandar un telegrama a sus padres y pedir su autorización para darle la dirección a su hija. Que dolor, que tragedia como dijo Aníbal. Quinto buscó el final por ser tan descuidado y también por ostentar demasiado el dinero, era algo que iba más allá de su carácter. 
Primero Fausto envió un telegrama pidiendo a Rosalina que preparen el cuerpo de Quinto para ser embalsamado, él con sus hermanos vendrían a la capital para llevárselo y enterrarlo en la hacienda de la familia. Luego Hortensia envió un telegrama a Octavia con el permiso de darle la dirección a Rosalina. Antonia fue la encargada de llevar el encargo de los padres a Rosalina.
En la hora de la cena Aníbal comentó a Octavia: -hiciste bien en darle la dirección de sus padres a Rosalina. Ella tiene que pedirles perdón de todas las formas habidas. No darle la dirección hubiera sido cruel-.   
En el hospital por encargo expreso se preparó el cuerpo para que dure varios días sin ser enterrado. Rosalina agradeció al comisario su ayuda con está gestión que sería pagada al hospital. 
En el pequeño salón sobre el escritorio, Octavia tenía las cartas de sus amigas Petra y Beatriz,  aún no había abierto los sobres, por el momento la carta que más le interesaba, era la de Anja madre de Guillermo pero no había noticia alguna de ella, eso la preocupaba demasiado. 
Fausto, Segundo y Ángel llegaron a la ciudad. Hablaron con Rosalina que estaba al borde de un colapso, le dijeron que se calme que nada había sido culpa de ella. Después de un breve descanso por el largo viaje los hermanos fueron hablar con el comisario. Él les contaría los detalles de la muerte de Quinto, detalles que Rosalina ignoraba.
Fausto escuchó en silencio al comisario, después le hizo algunas preguntas. Su hermano Quinto era imprudente y no le agradó nada saber que estaba jugando el dinero de la empresa familiar, decidió olvidar ese detalle. La primera vez lo había salvado de ser linchado en la hacienda pero esta vez no pudo hacer nada por ayudarlo de su vanidad y torpeza para manejar su vida. Los hermanos estaban tristes por lo ocurrido y preparaban su viaje de regreso con el cuerpo de Quinto embalsamado y tratado con cuidado para hacer un largo viaje.
Fausto como el hermano mayor habló con Rosalina antes de partir:
-Estimada Rosalina, a mi sobrino no le va a faltar nada para su manutención y estudios, nosotros enviaremos un dinero mensual para que lo puedas criar sin angustias hasta que sea un adulto de provecho. Solo te pongo una condición que una vez al año, lo lleves a la hacienda, el pequeño debe conocer a sus tíos, hermanos de su padre. ¿Vas a seguir viviendo en la casa?- preguntó al final.
-No Fausto es seguro que vaya a vivir con mis padres, a ellos les tengo que escribir para contarles lo ocurrido- contestó.
-Bien, una vez que este instalada en tu nueva casa, me envías  la dirección para saber donde mandar el dinero-. contestó Fausto y se despidió de ella, Segundo y Ángel  también se despidieron. Los hermanos se llevaban el cuerpo de Quinto a la hacienda donde pueda  descansar en paz. 
Al terminar la calle, los hermanos se alejaron de la ciudad y tomaron el camino que los llevaría de regreso a su hacienda. Fausto y sus hermanos lamentaban lo sucedido pero ¿Qué podían hacer?, Quinto vivió siempre a su manera y encontró a su manera el final.  


CONTINUARÁ  
        
   
      
                                
    


 

domingo, 17 de octubre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

En la casa familiar, la mañana se llenaba de esperanza. Emiliana se había levantado de la cama cuando escuchó a su padre decir que Lizel estaba enferma. 
El instinto materno de protección por su hija era la voz interior que le dio fuerzas para salir de la cama después de varios días y correr al lado de Lizel que necesitaba a su madre.  
Aníbal llegó con el doctor para que examine a su nieta, preocupado la bebé lo había traído rápido.
El doctor Domingo, otro especialista revisó a Lizel, con el rostro serio y en silencio, hizo el examen físico para comprobar que no fuera nada más grave que una fiebre. 
Después de algunos minutos que parecían eternos para la familia, el doctor habló con voz serena.
-No parece nada grave, solo es una fiebre de estación pero hay que cuidarla. La bebé esta saludable y bien alimentada, va a superar este malestar. Es conveniente darle estas gotas para bajar la fiebre y este jarabe para sanarla. En dos días debe estar bien de lo contrario debemos llevarla al hospital. Los bebés son muy fuertes y suelen recuperarse con rapidez-. señaló el Doctor y entregó a Octavia las medicinas. -Debe tomar el jarabe tres veces al día- terminó de hablar y se despidió de la familia.  Aníbal lo acompañó hasta la puerta de principal y le agradeció por la visita médica. 
En la habitación Emiliana lloraba y cargaba a Lizel: -madre, es mejor que la lleve a mi habitación para darle la medicina, cuanto antes la tome será mejor para bajarle la fiebre, yo la quiero cuidar y estar a su lado-. 
Octavia estuvo de acuerdo y en su fuero interno daba gracias al cielo por el milagro concedido. Emiliana estaba de pie y dispuesta a ocuparse de su hija como toda madre. Aníbal regresó al lado de Lizel, Emiliana y Octavia. Se sentía más tranquilo con la visita del doctor, su nieta se iba aliviar de esa fiebre que trajo tanta preocupación a la familia. 
En su habitación, Emiliana acostó a Lizel con cuidado sobre la cuna para darle la medicina, ella le hablaba y repetía que pronto iba a estar bien.
Octavia sentía que un peso había caído de su espalda, acompañaba a Emiliana y estaba pendiente de la reacción de Lizel. 
-Madre no te preocupes, ahora yo me hago cargo de mi bebé. Tú ve a descansar o hacer lo que debes hacer, cualquier cambio te avisaré de inmediato. 
El doctor Domingo tuvo razón, dos días pasaron y como toda bebé sana Lizel reaccionó muy bien con la medicina y volvió a sonreír. La familia respiraba aliviada la bebé estaba feliz y con su sonrisa conquistaba a todos.
Manuel y Rubí podían estar tranquilos como todos en la casa, ellos también se preocuparon por Lizel y ahora que la veían sonreír no había más palabras que decir.   
Emiliana como madre era la más feliz con la reacción de su hija y en un momento le dijo a Octavia. 
-Madre que bueno que Lizel esté bien, la fiebre se ha ido, ahora puedo sentir alivio. Aparte de lo sucedido, deseo pedirte un favor, Guillermo me dejó un dinero antes de partir a su viaje. Con ese dinero deseo comprar tela negra para mandar a confeccionar dos vestidos, solo dos son suficientes para guardar luto por mi esposo-. 
En esa época las mujeres que quedaban viudas, solían guardar luto riguroso y muchas vestían de negro hasta el final de sus vidas.
Preocupada por su hija Octavia contestó: -no es necesario que me des dinero para comprar la tela, guárdalo para algo que pueda necesitar Lizel, yo compraré la tela y se la mandaré a la costurera para que confeccione los vestidos, por suerte ella tiene tus medidas ¿qué modelos deseas?- preguntó al final Octavia 
-Un modelo sencillo nada elegante. Madre, elije los modelos para los dos vestidos, confió en ti. Lo que elijas va a estar bien- completó Emiliana con tristeza, era su nueva realidad y estaba dispuesta aceptarla aunque sentía un gran dolor en el corazón.
Más tarde Octavia salió para comprar en el gran almacén la tela que su hija necesitaba. Emiliana aprovechó la ausencia de su madre y como estaba sola tomó del cajón de su cómoda las tijeras y se cortó el cabello hasta la altura de la nuca. Su hermosa cabellera que caía como una cascada sobre los hombros no estaba más. 
Al cabo de una hora cuando Octavia regresó de sus compras, fue a la habitación de su hija para mostrarle la tela que había comprado, cuando entró vio a Emiliana con el cabello corto, de la impresión de las manos se le cayó la tela fina y exclamó -¡Emiliana qué has hecho!-.
-Madre no quiero reproches, no deseo escuchar nada sobre mi cabello- contestó tajante.
-No voy a decir nada pero al menos deja que te arregle el cabello, en la parte de atrás no ha quedado muy bien- la madre recogió la tela que había caído al suelo y la puso sobre la cama, tomó las tijeras y comenzó arreglar el cabello con pequeños cortes para que se vea parejo-. Octavia no quería llorar, escondía sus lágrimas, el precioso cabello de su hija estaba regado en el piso junto a ella. 
Uno instante le tomó arreglar en algo, el corte de cabello que había realizado Emiliana, luego al terminar comentó: -sobre la cama está la tela que he comprado, más tarde la voy a llevar donde la modista para que comience de una vez la confección de los vestidos- Octavia dejó las tijeras sobre la mesa de noche y salió de la habitación. No había palabras que decir, su hija estaba reaccionando al  dolor de perder a Guillermo y era una situación nueva para ella. 
Aníbal llegó a la casa a la hora del almuerzo, Octavia conversó con él sobre la actitud de Emiliana y su corte de cabello, le pidió que no haga comentario sobre el hecho y a Manuel le pidió lo mismo. 
-Debemos dejar que haga lo que debe hacer para lidiar con su dolor- recomendó y todo la familia junta se sentó en el comedor para almorzar. 
Se habló de diversos temas pero ni un comentario sobre el cabello de Emiliana, ella se sintió aliviada de no tener que dar explicaciones sobre su nueva apariencia. 
Octavia habló sobre el bautizo de Lizel y la importancia de separar la fecha en la iglesia, debía ser lo más pronto para que la bebé reciba el sacramento.
Emiliana aceptó la sugerencia y comentó a su madre: -por favor, puedes encargarte de todos los arreglos yo tengo que ocuparme de Lizel. Tú siempre sabes como hacer las cosas. El vestido para el bautizo está bien y me agrada-.
Octavia aceptó el encargó de su hija. Emiliana había terminado de almorzar y se disculpó para levantarse de la mesa y salir del comedor.
La familia se quedó en silencio nadie comentó ni habló del tema. 
El bautizo sería una ceremonia sencilla y solo la familia estaría presente. En la  casa familiar nadie tenía ánimo para celebraciones ni fiestas. Lizel sería bautizada y eso era lo más importante.
Octavia se dedicó a preparar los arreglos para el bautizo, en el salón de su escritorio tomaba algunas notas, Antonia interrumpió su trabajo: -señora han llegado estas cartas- se acercó al escritorio y se las entregó a Octavia. Una de las cartas era la respuesta de la empresa para la carta de Aníbal y la otra carta dejó congelada a Octavia -no puede ser, no puede ser... ¡qué es esto!- decia y sus manos apenas podían sostener el sobre. Leyó la dirección del remitente y las lágrimas caían por su rostro, la carta era de Guillermo... ¡una carta de Guillermo!- exclamó.
En su desesperación rompió el sobre tenía que saber de que se trataba. La carta iba dirigida a Emiliana, como siempre le dedicaba dulces palabras de amor a ella y cariños a su hija. Le comentaba además que ya había encontrado la casa donde iban a vivir: -Mi amada, la casa no es muy grande pero es cómoda para empezar nuestra vida, en esta nueva ciudad- luego con la carta le mandaba los pasajes en barco para ella y Lizel -te voy a esperar en la ciudad de Valparaíso cuando llegues. No vayas a confundir la fecha del viaje. Estaré feliz de verte de nuevo con nuestra hija-. luego continuaban palabras de amor y después se despedía. 
Octavia se desplomó sobre el asiento al leer la fecha de la carta que había sido escrita y enviada tres días antes del accidente con las terribles consecuencias. ¿Qué hacer? se preguntaba, Guillermo era  un hombre que deseaba amar y formar una familia ¿por qué esta tragedia tenia que suceder en su vida?. No dejaba de llorar, sus nervios la traicionaban cuando su esposo fue a buscarla al pequeño salón: 
-Octavia ¿qué pasa? ¿qué sucede? ¿por qué estas llorando?- le preguntó, él no sabía como consolarla  -querida, creo que lo peor ya pasó y Emiliana se recupera lentamente- agregó.
-Aníbal esto parece una terrible situación del destino, lee la carta que ha llegado... es de Guillermo. ¿qué vamos hacer? si ahora se la damos a Emiliana se va a desmoronar y seguro no va a seguir adelante con su recuperación-. señaló Octavia a su esposo.
Aníbal leyó en silencio la carta sintió un gran pesar al recordar a Guillermo y toda la ilusión que tenía con su esposa e hija: -Octavia por el momento no podemos darle esta carta a Emiliana, tienes razón cuando dices que va a sufrir y no sabemos que puede hacer. No podemos cambiar el destino pero al menos guardemos esta carta unos días, sé que Guillermo estaría de acuerdo. No es fácil ver sufrir a nuestra hija- puntualizó Aníbal y con tristeza dobló la carta para que Octavia la guarde.
Aníbal después leyó la carta de respuesta que había enviado la empresa, en ella aclaraban como habían sucedido los hechos que ocasionaron el lamentable accidente con la pérdida de vidas. Se disculpaban y aseguraban que fue un desafortunado accidente. 
Aníbal lamentó todo aquello y Octavia guardó esa carta también. No podían decir nada por el momento, era un acuerdo.  
El bautizo de Lizel se realizó un domingo. Los hermanos de Aníbal habian llegado del fundo para abrazar a Emiliana y estar juntos en familia. Los padrinos de Lizel eran Lorena y Sixto el hermano menor de Aníbal. La ceremonia se realizó en la iglesia muy cerca de la casa de Octavia. Emiliana con su vestido negro de luto cargaba a Lizel, los padrinos juntos recibían a la bebé para rociar su frente con el agua bendita.
La sencilla ceremonia terminó y la familia se dirigió a la casa para el almuerzo como celebración, no hubo festejos ni bullicio, todo fue sencillo en memoria de Guillermo.
Leonora y Sixto conversaban con Emiliana y lamentaban todo lo sucedido, se disculparon por no venir antes pero el trabajo en el fundo los retenía: -comprendemos que Aníbal no pueda viajar para encargarse del trabajo en el fundo pero sabemos que tiene que estar con su familia en estos días- comentó Leonora.
La vida en la casa familiar recuperaba su rutina. Los hermanos de Aníbal se despidieron y regresaron al fundo. Emiliana se dedicaba a su bebé y recibía las vistas de Lorena de vez en cuando, su amiga le comentaba sobre sus estudios y la vida que pasaba afuera de la casa. Parecía que todo iba por buen camino y la vida transcurria con calma. Emiliana no salía, se había encerrado tras la paredes de su casa y su deseo era estar junto a Lizel. Octavia y Aníbal no insistían a su hija para que salga respetaban su silencio. 
Tres semanas habian transcurrido desde que llegó la carta de Guillermo. Emiliana más repuesta de su duelo, en el huerto comentaba con su madre mientras admiraban las rosas que florecían  en los rosales: -son hermosas estas rosas madre, llenan de color el huerto. Siempre la naturaleza se abre paso ¿no te parece?-. Octavia escuchaba a su hija y le daba la razón.
-Madre- volvió a decir Emiliana -a veces pienso que Guillermo en la distancia se olvido de mí-.
-¡Cómo puedes decir eso!... siempre recibiste sus cartas. Guillermo nunca se olvido de ti- contestó su madre.
-¿Cómo puedes saberlo? hablas con tanta seguridad, no puedes pensar por él-. respondió Emiliana molesta.
-Yo te aseguro que tu esposo no se olvido de ti y te lo voy a demostrar-. Octavia fue al salón y de su escritorio sacó la carta de Guillermo, se la llevó a su hija y dijo:
-Esta es la prueba de lo que digo, no te la dimos antes porque estabas todavía muy dolida por la partida de Guillermo. Nada puede cambiar la realidad-.
Emiliana tomó la carta, leyó la escritura de su esposo, sus palabras y vio los pasajes del barco. Lloró, su recuerdo estaba fresco y dolían sus palabras: 
-Madre él nunca me olvido- dijo muy   despacio y convencida del amor de Guillermo. Contrario a lo que creían sus padres, su hija tomó la carta con serenidad y la guardó por siempre.
Una semana después mientras Lizel dormía, Emiliana se presentó en el pequeño salón donde sus padres conversaban.
-Que bueno que los dos estén juntos porque deseo hablar con ustedes-.
Octavia y Aníbal escuchaban a su hija con atención.
-Necesito su apoyo para  estudiar en la escuela de enfermería, he decidido que  es lo mejor para mí pero antes de comenzar mis estudios, debo saber donde está Guillermo, tengo que visitar el camposanto donde descansa. Ruego su ayuda para realizar el viaje,  tengo conocer el lugar y estar junto a él- decía Emiliana entre lágrimas para que sus padres la ayuden -¿madre te puedes quedar unos días con Lizel? mientras yo viajo-. preguntó.
-Emiliana claro que te vamos ayudar y no vas a viajar sola, yo iré contigo- contestó su padre -voy a comprar los pasajes para hacer el viaje.
-No te preocupes por Lizel yo me quedaré con ella hasta que regresen- aclaró Octavia para apoyar a su hija.
-En cuanto a los estudios, me parece excelente que decidas por la escuela de enfermería, va ser una gran experiencia para ti-  Octavia se alegró por la decisión de su hija. 
Emiliana cuando fue a su habitación del cajón de su mesita de noche sacó el reloj que Guillermo, le diera el día de su viaje, estaba sin cuerda desde hace varias semanas, ella lo había dejado olvidado. Abrió la pequeña tapa y comenzó a darle cuerda para ponerlo al día y desde ese momento contaría las horas que faltaban para realizar el viaje que la llevaría cerca al hombre que la había acompañado en las primeras experiencias de amor en su vida. Necesitaba saber donde estaba, hablar con él y despedirse para no olvidarlo, nunca. 

CONTINUARÁ