domingo, 24 de febrero de 2019

DOS PUEBLOS...DOS VILLAS

El grupo que iba con Ángel Ripay avanzaba por el camino estrecho de la montaña, el viento helado los castigaba y la nieve hacia más difícil que pueden seguir adelante. 
Todos estaban decididos a llegar a la cumbre pero la falta de oxigeno podía ser su principal enemigo. 
Más abajo el grupo de Roberto Ripay esperaba, ellos no se sentían bien, el mal de altura les había afectado y los dos accidentados se reponían levemente.  
Para Roberto el panorama no era bueno, los heridos y los afectados por la altura necesitarían  ayuda para bajar de regreso al pueblo de Santa Emilia. Él pensaba en los que  habían seguido el camino adelante, si venía otra avalancha no tendrían lugar a donde correr o cubrirse para protegerse de la nieve. 
Por la radio intentó llamar a su hermano, quería saber cómo se encontraba él y su grupo pero no obtuvo respuesta, la señal se había cortado, no tenía forma de saber como estaban. 
Roberto mantuvo la serenidad no era la primera vez que vivían una situación parecida, él confiaba en Ángel, su experiencia y habilidad para llegar a la cumbre y luego regresar para bajar del Gran Nevado. 
Paul el doctor, habló con Roberto con el poco español que sabía, le dijo: 
-Uno de los heridos está con fiebre muy alta, pasar la noche en la montaña va hacer muy duro para él, creo que sería mejor pedir ayuda, estamos con poco equipo para protegernos del hielo y el frío en el Gran Nevado.   
Roberto le dio la razón a Paul e intentó comunicarse con Ángel de nuevo, pero fue en vano, no tenía señal para hablar con él. Antes de perder completamente la señal decidió llamar a la estación y pedir ayuda. 
La situación que tenía ante él no era buena, el malestar y la tristeza entre los montañistas holandeses se podía sentir. 
No era culpa de nadie, la resistencia de sus cuerpos  no fue capaz de soportar la altura, ahora cada uno sabía cuales eran sus condiciones para soportar los embates naturales.    
Todos ellos hubieran querido llegar a la cumbre, pero en esas circunstancias era imposible. Poner en riesgo su vida y la del grupo no tenía sentido.  
Roberto apretó el botón para hablar, pero el radio no respondía estaba con una señal débil, entonces apretó el botón de emergencia que significaba un S.O.S esperaba que la señal llegue a la estación para que sepan que estaban en problemas. 
Volvió a insistir apretando el botón de emergencia varias veces antes que su radio se quede sin señal, después de varios intentos éste quedó en silencio.   
Roberto no quizo alarmar al grupo, solo le dijo al doctor:
-Paul, nos hemos quedado sin señal, la radio no responde, solo espero que la emergencia haya sido escuchada. En la altura en la que estamos es comprensible quedarnos sin radio y además  no puedo comunicarme con el grupo de Ángel.    
La señal enviada fue débil pero había llegado a la estación de radio en Santa Emilia, el S.O.S  recibido, pronto  corrió por todo el pueblo ¿qué había pasado? ¿qué hacer y cómo ayudarlos? eran doce personas en peligro en lo alto del Gran Nevado.
La estación de radio trató varias veces de comunicarse con Ángel o con Roberto, ninguno de los dos contestaba, no había señal.   
El alcalde Teodoro Cerillo pronto se enteró de la emergencia, la gente de la alcaldía entró en pánico, los pobladores no sabían a quien recurrir, solo un helicóptero podía llegar hasta la zona donde se encontraban los montañistas con los hermanos Ripay. 
No existía cerca un destacamento del ejercito para pedir ayuda, la policía no tenia helicóptero, esta era una situación de peligro, Teodoro Cerrillo se comunicó con el alcalde de San Pablo, Lázaro Ventura para saber si él podía ayudar, pero éste no contaba con los recursos necesarios y comentó:
-Teodoro, la mina, ellos pueden ayudar, no creo que se opongan, voy a conversar con el gerente para ver cómo resolvemos.  
 Teodoro Cerillo agradeció la ayuda y esperaba que hubiera una respuesta positiva para rescatar a los montañistas. 
Rafaela en su casa comentaba con Celina que la había ido a visitar sobre la emergencia que estaba ocurriendo. 
-Rafaela que terrible situación, ahora que va a pasar no sabemos nada de como se encuentra el grupo.  Los hermanos Ripay son expertos en este tipo de emergencias, no comprendo que ha sucedido-  decía Celina con la esperanza de que todo termine bien.   Lo que todos ignoraban en el pueblo eran los  cambios de clima, éste había afectado la estabilidad de la nieve y el hielo, aunque el frío gélido en esas alturas era normal.
Con el clima nunca se podían saber, la naturaleza era imposible de controlar. 
El alcalde Lázaro Ventura habló de inmediato con los directivos de la mina, ellos se ofrecieron ayudar, tenían la facilidad de conseguir un helicóptero, pero este no llegaría hasta el día siguiente.
-No importa- contestó el alcalde Ventura -debemos pedir ayuda para que venga a Santa Emilia a rescatar a los montañistas. 
La ayuda se puso en acción, pero se tenía que esperar que llegue al día siguiente.  
Ángel Ripay y su grupo ignoraban los últimos acontecimientos, ellos avanzaban por la ladera de la montaña, Stuard comenzó a sentir más molestias, la nariz le sangraba y  sentía que los oídos le iban a estallar, pidió usar el oxígeno, con ello él sabía que quedaba fuera de la competencia, pero su resistencia llegó al límite, Ángel le alcanzó el pequeño balón de oxígeno y comenzó a sentirse mejor, los demás también empezaban a sentir los estragos de la altura pero deseaban seguir, su resistencia todavía soportaba los embates y la cumbre ya no estaba muy lejos, casi la podían ver, la montaña los había puesto a prueba y aún no estaban a salvo. 
El deseo unánime era seguir y llegar a pisar la cumbre, solo así podían sentirse tranquilos. Los montañistas holandeses habían venido desde lejos y querían coronar sus esfuerzos.
James, Lana, Mary y Jim estaban casi en sus límites cuando se acercaban a la cumbre, uno a uno llegaban al final de su extraordinaria aventura, las mujeres se abrazaron y lloraban de emoción, los hombres estaban felices y el grupo se tomó de las manos, lo habían logrado, estaban agotados y apenas podían andar y respiraban con dificultad, pero lo habían logrado.
Desde la cumbre todos podían ver el paisaje de la hermosa cordillera, las montañas vestidas de hielo mostraban su poder y fuerza natural. 
Los montañistas estaban sin palabras, rendidos ante tanta belleza. Era la mano de Dios la que podían sentir en ese instante.
Después de la alegría y emoción del triunfo, Ángel pidió a todos dar media vuelta para iniciar el descenso, era conveniente no hacer movimientos bruscos ni violentos para evitar desequilibrar  los cuerpos que se encontraban al límite.  
Esta experiencia nunca la iban a olvidar, con sus cámaras los holandeses se tomaban fotos para que quede la prueba de su triunfo y tomaban fotos de las montañas alrededor. 
Con cuidado todos giraban despacio para iniciar el camino de regreso, Ángel intentó comunicarse con su hermano pero no tenía señal. Él se encontraba bien, su naturaleza estaba acostumbrada a esas alturas, sus pulmones estaban preparados para la falta de oxígeno,  no era bueno exagerar y ponerse al límite de sus fuerzas, todavía tenía que guiar al grupo en el descenso.  
La caminata de regreso agotaba a los montañistas, ya oscurecía cuando Ángel dispuso pasar la noche en el lugar. Mary se alejó del grupo tenía mareos y comenzó a devolver lo que no tenía en el estomago, eran los males de la altura por esto Ángel recomendaba descansar y moverse lentamente para evitar los mareos y náuseas. 
Lana acompañaba a Mary para apoyarla, ella tampoco se estaba sintiendo bien, después de la euforia de llegar a la cumbre sentía cansancio y calambres en las extremidades. 
Ahora el desafío era pasar la noche con el poco equipo que tenían, las temperaturas heladas eran extremas. El grupo se junto para darse calor y soportar el frío de la noche.          
             
Roberto y su grupo también se disponían a pasar la noche, la temperatura había bajado aún más, a los heridos se les cubrió con mantas y los demás también se juntaron para calentarse con el calor de sus cuerpos.
La noticia de la emergencia de los montañistas llegó a los noticieros, algunos medios habían llegado a Santa Emilia para cubrir la emergencia. 
El helicóptero arribó muy temprano al pueblo para disponer la ayuda. 
Era un nuevo día y todos esperaban rescatar con vida al grupo. 
La embajada de Holanda ya estaba  enterada lo que le sucedía a sus compatriotas y envió a un encargado para apoyar en lo que fuera necesario. 
El nuevo día encontraba al grupo de Ángel, que estaba semi congelado pero con vida, todos se pusieron de pie con cuidado, nunca antes habían estado en esas condiciones. La noche les  había parecido eterna.  
Ahora tenían que seguir para descender por la montaña,  como siempre Ángel les recomendaba lo mismo, caminar con cuidado sin hacer movimientos violentos porque la altura seguía siendo un peligro.               


domingo, 17 de febrero de 2019

DOS PUEBLOS... DOS VILLAS

Los vecinos socorrieron a Doña Trinidad, ella había sufrido algunas contusiones pero nada de gravedad porque supo protegerse a tiempo  cuando escuchó ruidos extraños en el techo antes de caer.  Solo una parte de éste  fue la que se vino abajo
Su casa era una de las más antiguas del pueblo, casi con la fundación de Santa Emilia, ella no se percató  que las lluvias debilitaron el techo que no recibía mantenimiento desde hace buen tiempo. 
Todo lo sucedido fue un gran susto y ninguna vida que lamentar, ahora si tendría que reconstruir todo el techo para evitar nuevos percances. Sus vecinos más cercanos se ofrecieron para ayudarla, ella era muy apreciada por la comunidad.  
Este incidente ponía sobre aviso a todos aquellos vecinos que tenían sus casa antiguas, era de vital importancia hacer una inspección en sus propiedades para no sufrir lo mismo que la casa de Doña Trinidad. 
Los vecinos del pueblo sintieron  gran alivio de que la señora estuviera bien y no de gravedad, cómo exageraban algunos. 
Celina al enterarse de lo ocurrido fue a visitar a Doña Trinidad, ellas eran amigas al margen de lo  ocurrido con Adriano. Doña Trinidad y Celina conversaron casi toda la mañana el tema era inevitable, Adriano estuvo presente en la conversación, hablar de él y de lo que había sucedido entre ellos para tomar la decisión de separarse.  La madre de Adriano lamentaba sinceramente lo ocurrido, ella sentía por Celina un cariño especial.  
Rafaela también se enteró de lo ocurrido, quién en el pueblo no lo sabía, ella no podía salir de su casa pues estaban los obreros trabajando en la ampliación de la cocina pero llamó a Celina por su móvil y grande fue su sorpresa al enterarse que se encontraba en compañía de Doña Trinidad. Celina pasó el teléfono a la señora para que Rafaela pueda hablar unas palabras con ella  y decirle lo aliviada que se encontraba de saber que estaba bien. 
Hipólito Mancilla estaba en su casa a esas horas del día, cuando se enteró por su esposa que recién llegaba de hacer algunas compras, lo sucedido a Doña Trinidad. Él apenas escuchaba  lo que ella  decía, porque seguía lamentando su fallido proyecto sobre el aeropuerto.  
-Hipólito me estás escuchando- levantó la voz - parece que estás en otro mundo- dijo molesta su esposa. 
-Si, si te estoy escuchando y me alegra que no sufriera daño alguno la señora- luego guardó silencio.
Su esposa lo conocía muy bien, tenía que dejar que él mismo decida olvidar su proyecto para seguir adelante, en ese momento lo  mejor era no insistir. 
Celina de regreso a su hostal, se detuvo en la casa de Rafaela quería ver cómo iban los arreglos de su nueva cocina. 
-Rafaela, que bien va a quedar todo esto, con la ampliación van a tener más espacio y comodidad- luego le comentó la conversación que tuvo con la madre de Adriano -tú sabes que ella era para mí una persona especial y conversamos de su hijo...en fin, querida amiga tú conoces el tema.
Rafaela le dio la razón a Celina, fue bueno que hablar con Doña Trinidad, más aún si había esa amistad entre las dos mujeres.  
Las horas de la tarde pasaban con cierta lentitud, la gente en Santa Emilia iba y venía, cada uno dedicado a sus actividades, un viento helado recorría el pueblo y en la plaza principal algunas personas paseaban y conversaban sobre lo ocurrido a Doña Trinidad. Pudo pasar algo peor, decían algunos, la señora pudo desaparecer bajo los escombros del techo.
En lo alto del gran nevado los montañistas holandeses y los hermanos Ripay también sentían el viento helado que le azotaba el rostro, ellos seguían adelante en su camino. Había que aprovechar toda la luz del día. Los estragos del mal de altura comenzaban a sentirse, la pesades, el dolor de cabeza y alguna molestia para respirar eran los primeros síntomas.  
Cuando oscureció Ángel Ripay dio la orden de detenerse para pasar la noche. El grupo había llegado a una zona donde podían armar          
sus pequeñas carpas y protegerse del frío, todos estaban cansados y algunos no se sentían bien pero nadie decía nada al respecto, todavía querían seguir. 
Paul el médico del grupo dijo algunas palabras para asegurarse que todos podían seguir:
-Es importante que el grupo esté en buen estado físico porque lo que viene adelante es la prueba mayor de resistencia. En el camino, dar un mal paso por un mareo o por falta de oxígeno, puede significar la muerte o poner en peligro al grupo. Los que sientan que no pueden seguir, es el momento de hablar. 
Los montañistas seguían en silencio porque tenían la fuerza para seguir adelante. 
Bueno... Paul, el médico no dijo más, era el momento de descansar, al día siguiente sería la prueba más peligrosa de resistencia.
Las horas de la noche pasaban y el frío en las alturas del Gran Nevado lo congelaba todo. El silencio y el viento gélido en la inmensidad de la cordillera ponía a prueba a los montañistas. 
Con los primeros rayos de luz Ángel Ripay despertó para planificar cómo sería el día y por donde era mejor avanzar.  
Roberto su hermano comenzó a aplaudir para despertar a todos y aprovechar al máximo el día. El tiempo de descanso había sido suficiente, el grupo después de alistarse se preparó para partir, antes de ello Ángel se dirigió al grupo: 
-Como dijera ayer Paul el médico,  es importante decir si alguien se siente mal, yo sé que todos queremos llegar a la cumbre pero no podemos hacerlo a cualquier precio. El camino que viene es difícil y se estrecha más a cada paso, la altura puede complicar nuestro accionar y ponernos en peligro. 
Roberto dio unos pasos y vio lleno de estupor lo que se venía, alcanzó a dar la voz de alarma 
-¡Avalancha! ¡avalancha!- grito tan fuerte como podía. 
Era verdad una gran masa de nieve se venía sobre el grupo, a dónde correr no había, al frente tenían un gran abismo y al costado una roca saliente, algunos corrieron hacia ella y se cubrieron otros fueron hacia el camino estrecho. 
Los segundos de peligro fueron eternos, la gran masa de nieve paso cuesta abajo cubriéndolo todo. Cuando se despejo el peligro, todos vieron que el alcance de los daños era de terror. 
Dos montañistas  habían quedado enterrados, solo se podían ver sus brazos, todos los que estaban bien corrieron  a socorrerlos y juntos escarbaban en la nieve con las manos a toda velocidad para rescatarlos y no mueran asfixiados. 
Cuando fueron liberados los montañistas, todavía respiraban pero su pulso era débil, había que accionar con rapidez. Paul le daba a uno de ellos respiración boca a boca para hacerlo racionar, mientras otro se encargaba del otro compañero, era importante que reaccionen para poder darles a cada uno un balón de oxígeno pero cuando vieron a su alrededor la avalancha de nieve se había llevado parte de los equipos y con ello los balones de oxigeno solo habían quedado dos de ellos. 
Por unos segundos el pánico se adueño del grupo, Ángel con su hermano Roberto se encargaban de calmar a todos, pronto la tranquilidad volvió, era necesario pensar con serenidad para saber que hacer. 
                   
Los dos compañeros que habían estado enterrados reaccionaban lentamente, les dieron los balones de oxígeno para que puedan respirar con  calma.
La avalancha los había tomado a todos por sorpresa y ponía el panorama en  verdadera dificultad.
La cumbre del gran nevado todavía estaba un poco lejos y el camino de regreso casi había desaparecido porque la nieve lo cubrió todo, por suerte ninguno de los montañistas había sido arrastrado cuesta abajo o al abismo.
¿Qué hacer ahora? declararse en emergencia y pedir ayuda, ¿cuál era la opinión de la mayoría del grupo?.
En ese momento todavía nadie podía pensar con claridad. 
Quedaba una noche más ¿cómo podían pasarla sin el equipo necesario para protegerse de frío extremo?  La idea de los hermanos Ripay era pedir ayuda por radio para que los rescaten. 
Paul ayudaba a los heridos mientras se ponían de acuerdo si seguir adelante o pedir ayuda.  
Después de algunas discusiones se llegó a la decisión final de seguir, pero solo los que se sentían bien, los heridos y contusos se quedarían a esperar la ayuda. 
La avalancha les había cambiado el panorama, nadie imaginó que eso podía suceder. El mal de altura también cobraba sus primeras víctimas, la decisión final,  se quedarían los dos heridos y dos mujeres Mary Ann y Liz que no sé sentían bien por los mareos y las molestias al respirar. 
Paul se ofreció a quedarse para atender a los heridos, él era el doctor y sentía  que debía cumplir con su deber.
Los demás iban a partir para seguir adelante, el grupo que se quedaba iba a esperar. No había tiempo que perder, antes de partir Ángel Ripay hizo las últimas recomendaciones. 
-Recuerden que los que van a seguir hacia la cumbre no deben usar el balón de oxígeno para que sea válida su conquista de la cumbre... ¿están de acuerdo?. En caso de emergencia llevaremos uno de los balones que han quedado. La altura es de 6,000 metros, ninguno de ustedes ha llegado a ese nivel, ahora es la prueba final y la más difícil. 
Ángel, James, Stuard, Lana, Mary y Jim partieron a la prueba final mientras los compañeros esperaban. Roberto también se quedó con el grupo uno de los hermanos debía hacerlo, ellos conocían la montaña y lo que podía suceder. 
El grupo avanzó por la pendiente estrecha, atrás quedaban los compañeros, el Gran Nevado les daría la batalla final y ellos tenían que estar preparados. 
Todos llevaban la fuerza del espíritu humano que no quiere doblegarse ante el poder y la fuerza de los elementos naturales.

CONTINUARÁ.      
     
  
                    


domingo, 10 de febrero de 2019

DOS PUEBLOS...DOS VILLAS

Hipólito Mancilla, con el informe del proyecto del aeropuerto entre sus manos que le había entregado el ingeniero Seminario, caminaba de un lado al otro en su oficina. No podía ser, pensaba y se agarraba la cabeza, luego con una mano golpeó con fuerza el informe y dijo en voz alta:
-Esto es imposible, es un revés en mis planes cómo es que no se puede construir el aeropuerto. Usted Seminario ha investigado a fondo todas las posibilidades, ha recorrido hasta el ultimo rincón de  la zona- entonces señalo el mapa tamaño gigante que tenía colgado en una de las paredes de su oficina. 
El ingeniero Andrés Seminario se puso de pie y casi al borde de perder la paciencia contestó  
-Vayamos al mapa señor Mancilla-  se acercó a la pared donde estaba el mapa, con una mano señalo: 
-Aquí está Santa Emilia, al norte está San Pablo, al sur tenemos la ciudadela Pre- Inca, al este la cadena de montañas de la cordillera y al oeste fundos ganaderos y terrenos de cultivo, no hay manera de construir una pista de aterrizaje de la longitud que se necesita. Con la camioneta he recorrido la región y he ido  lo más lejos que se puede, observe que estamos rodeados de terrenos que tienen propietarios. Ahora bien la cercanía con la cordillera es una verdadera complicación, pues esto haría que los aviones tengan dificultades para girar y ubicarse en una supuesta pista de aterrizaje.
-¡No!- estalló Mancilla y arrojó el informe sobre su escritorio -esto es imposible- repetía una y otra vez - Tiene que haber alguna forma de solucionar el problema,  yo he puesto todo mi empeño, mis sueños en este proyecto y usted me dice que es imposible. 
-Andrés Seminario contestó con toda la paciencia que podía reunir -yo le advertí desde un principio que no había venido hacer milagros, si el aeropuerto se podía construir, usted sería el primero en saberlo, además supongamos que se construye la pista de aterrizaje, usted sabe cuantos terrenos se tendrían que expropiar para construirla, la gente no estaría contenta y eso costaría una fortuna y para complicar la situación la cordillera que está cerca es como una inmensa pared que no se puede mover porque no son pequeños montículos que adornan el paisaje-  terminó diciendo Andrés Seminario con algo de ironía.
Hipolito Mancilla se sentó cerca de su escritorio miraba con pesar los cuadernillos del informe realizado por el ingeniero especialista. ¿qué hacer? solo podía aceptar la realidad. 
El ingeniero Seminario agregó -usted puede contratar mil ingenieros más y todos le dirán lo mismo y si acaso alguno le dice que es posible está mintiendo, con una mentira tan grande cómo el Gran Nevado. Acéptelo señor Mancilla es imposible, toda la provincia esta ocupada. La región es un rico valle y así debe quedar. 
Mancilla respiraba fuerte, su sueño, su amado proyecto, había quedado en un imposible, ahora ¡qué hacer!... tendría que ir a buscar al alcalde Cerillo y decir lo que pasaba, era para estallar de la ira pero se contuvo, no se puede ir contra la naturaleza. Otra vez el Gran Nevado y las montañas que lo acompañaban habían ganado... según él. 
Después de unos minutos de duda, giró en su silla y de uno de los cajones del escritorio sacó el cheque que tenía preparado y se lo entregó al ingeniero Andrés Seminario como parte de sus honorarios por el trabajo terminado. Un silencio incomodo entre los dos hombres sello el final del trato. 
Andrés Seminario se puso de pie se despidió de Hipólito Mancilla y salio de la oficina rumbo al terminal de buses para tomar el primero y regresar a la capital. 
Cuando Mancilla quedo a solas en su oficina se puso de pie frente al mapa, nunca antes lo había observado con tal detenimiento, era verdad la geografía de la región era complicada para construir un aeropuerto. 
No, en ese momento no iría a buscar al alcalde Cerillo. Todo ese día no quería hablar con nadie. Su sueño de ver a Santa Emilia dar un paso al futuro se había perdido.
En el pueblo ya todos comentaban que habían visto partir al ingeniero en el primer bus que salia a la capital y comentaban cuál era el resultado y cuando se comenzaría a construir el aeropuerto. Los más escépticos no comentaban, ellos querían esperar para saber la verdad de los hechos.
La cordillera esa gigantesca pared que recorría la región de norte a sur era un obstáculo y a la vez una bendición para la los pueblos cercanos. 
El frío en lo alto del Gran Nevado lo sentían los montañistas en cada espacio de sus cuerpo, el terreno difícil y la altura comenzaba a cobrar algunas víctimas. Varios de ellos sentían pesades en el cuerpo  y dolor de cabeza, Stuard comenzó a sangrar levemente  por la nariz pero guardó silencio, no era nada grave él, sentía que podía seguir adelante.
Ángel Ripay sabía que ya habían superado  los 4,000 metros y ahora se iba a saber      cuanta resistencia tendrían los holandeses                   

para seguir escalando. Ellos hasta ese momento en su entrenamiento no habían subido más altura. 
De allí en adelante se iba a poner a prueba la resistencia y pericia de los montañistas.
Ángel hizo una señal a su hermano Roberto para detener a descansar, se acercaban a otra zona  de peligro, debían estar todos alerta, el lugar era bien conocido porque en el pasado algunos montañistas habían perdido la vida en ese lugar. 
Todavía tenían varias horas de luz para seguir escalando pero el grupo tomó asiento sobre un gran risco, si alguno sentí molestias no decía nada, no querían entorpecer la travesía. 
Ángel Ripay levantó la mano, está era la señal para continuar ya habían descansado lo suficiente.  Los montañistas se pusieron de pie con cuidado, el grupo estaba motivado y lleno de energía.
Unos metros más adelante se encontraron con un gran abismo, esta era la zona altamente peligrosa, todos avanzaban con rigurosa disciplina nadie perdía la calma, ni se distraía. El terreno era escarpado, utilizar la habilidad y fortaleza eran importante para seguir avanzando.  
El grupo había adelantado gran parte del camino pero todavía estaba en la zona de peligro, Roberto Ripay que iba con el segundo grupo observó a Jim uno de los montañistas  que estaban cerca, dudar para continuar.  Roberto tocó el silbato para  avisar a su hermano y detenerse. Jim tenía algunas molestias pero aseguró que podía continuar que no le faltaban fuerzas.     
En Santa Emilia, los pobladores ignoraban los peligros que pasaban los montañistas y solo comentaban las últimas noticias con pesar...no se construiría el aeropuerto... Todos lamentaban lo sucedido, el sueño se había terminado. 
Yo sabía, decían algunos...¡era imposible!, cómo siempre no faltaban los aguafiestas. Otros en cambio lamentaban, un aeropuerto significaba fuentes de trabajo para muchos y nuevos aires de prosperidad.  
En la oficina de la alcaldía, Teodoro Cerillo ya sabía las malos noticias, aunque él se había opuesto, la idea de un aeropuerto le empezaba a gustar y hubiera sido una buena propaganda para su campaña. Se preguntaba cómo estaría Mancilla con este revés para sus planes, ni lo quería ver, ni escuchar. 
Barzan ya se había despedido de Rafaela y partió muy temprano a la capital, él quería regresar con buenas noticias, para ello tenía que convencer a su padre de no vender el fundo. 
En San Pablo la gente también lamentaba lo del aeropuerto de todas maneras su construcción traería beneficios para todos en la región. 
Lázaro Ventura alcalde de San Pablo no celebraba el fallido proyecto, pero digamos que no estaba tan triste. Él calculaba que eso hubiera sido un gran avance en la elecciones municipales para Cerillo. 
Manuelita la secretaria interrumpió al alcalde Ventura. -Señor lo buscan, son los directivos de la mina.
Manuelita hágalos pasar -buenos días caballeros- dijo el alcalde y les indicó que tomaran asiento.
-Buenos días Lázaro- dijo el gerente principal de la mina -queremos solicitar permiso para la construcción de una oficina aquí en San Pablo.
-Pero ustedes ya tienen oficinas en los terrenos de la mina, para que quieren más oficinas.
-El trabajo en la mina está aumentando, este año hemos tenido una gran producción de cobre y los precios internacionales nos han favorecido.  Necesitamos más espacio para atender a nuestros visitantes. 
Lázaro Ventura no se oponía, la mina en muchas ocasiones había ayudado a San Pablo.
-Caballeros ustedes traigan los planos del proyecto y aquí vamos a conversar para saber que es lo que exactamente quieren.
La conversación fue breve y sin problemas, los directivos se retiraron, ellos volverían a visitarlo con los planos de su proyecto en las manos. 
El alcalde Ventura se sentía feliz, este proyecto no era como construir el aeropuerto pero era una señal que también en San Pablo se progresaba.                         
   
Rafaela supervisaba en su casa, la ampliación de la cocina que era importante para el negocio, previa autorización del municipio. Ella comentaba con el arquitecto Merino sobre los detalles de la ampliación y de cómo debían ser. 
-No te preocupes Rafaela todo se hará conforme al diseño que te mostré y que tú aprobaste.
-Si por favor, es importante que se cuide el detalle para trabajar con comodidad, en este lugar se van a elaborar las mermeladas de doña Elvira.
-Si, conozco  la fama de ese delicioso producto- contestó  el arquitecto despidiéndose de Rafaela. 
Doña Elvira se encontraba en la tienda organizando los pedidos del día y atendiendo al público cuando vio entrar a la esposa del señor Mancilla, ella de cuando en cuando visitaba la tienda para comprar. 
Ahora la tienda lucia renovada, tenía nuevos productos como, galletas, palillos y fruta seca todos productos naturales y orgánicos que cada vez ganaban más adeptos entre la población de Santa Emilia. 
Todo esto era para darle un mayor impulso al o negocio y crecer. 
-Elvira, mi esposo esta con un ánimo insoportable, tú ya debes estar enterada de que no se construirá un aeropuerto, yo le digo que ya se olvide, que descanse que la preocupación no le hace bien- decía la esposa de Mancilla con pesar. 
-Bueno todos conocemos a Hipólito Mancilla, él se toma las cosas con demasiada seriedad y eso no es bueno, debe pasar la hoja-  comentaba doña Elvira dándole la razón. 
En ese instante entró Juanito en la tienda e interrumpió la conversación, casi se atropellaba con las palabras  -¡doña Elvira! ¡doña Elvira! hay una alarma en el pueblo, se ha caído el techo en la  casa de doña Trinidad madre de Adriano, creo que la señora esta grave, son los comentarios de los vecinos de alrededor...eso fue lo que escuché-  comentaba Juanito preocupado porque  él conocía Adriano.
Así corrían las noticias en Santa Emilia buenas o malas, ni el diario local era tan rápido. 

CONTINUARÁ  
            
   


domingo, 3 de febrero de 2019

DOS PUEBLOS... DOS VILLAS



Los hermanos Ripay y los montañistas holandeses llegaron a la pequeña meseta cuando ya había oscurecido, en ese lugar pasarían la noche. Todos los miembros del grupo estaban agotados, el esfuerzo físico había cansado los músculos.  
Las mujeres se acercaron a Lana para reconfortarla, ella estuvo cara a cara con la muerte, conservó la calma para estar atenta y porque además era una mujer entrenada, pero el miedo y el peligro la habían hecho llorar en silencio. 
Los hombres también se acercaron a ella y al final todos juntos se abrazaron para apoyarse, la travesía cada vez se hacía más dura y el camino difícil.  
Más adelante venía lo peligroso, no en vano el coloso de nieve y hielo se había ganado el nombre de una montaña rebelde y difícil de escalar. 
Cada montañista se acomodo en su lugar, no muy lejos uno del otro, era conveniente estar cerca, cada uno traía consigo unas carpas individuales donde entraba una persona, era el tipo de carpa pequeña, portátil que se pueden llevar en la cintura, estas se ponen en el piso y se abren permitiendo a la persona protegerse del frío. 
Ángel Ripay habló con el grupo para explicarles como sería la caminata del día siguiente, porque lo que venía era cada vez más complicado, no solo por el terreno sino porque se ganaba más  altura con cada paso que se daba, debía tener cuidado. Él pidió a todos mantenerse alertas y ante el peligro conservar la calma porque el grupo no los iba abandonar.
Luego se despidió y todos se fueron a dormir, el frío helado no permitía más conversación, lo mejor era protegerse para estar en buenas condiciones físicas al amanecer  y seguir el camino a la cumbre.
Cada montañista se cubrió dentro de su carpa, el cansancio los venció y pronto todos ellos entraron en un profundo sueño, que debía ser reparador para estar listos con la nueva luz del día.  El gran coloso los esperaba y los retos también.
A la primera hora del día, el grupo se despertó y se alistaba para seguir adelante. De desayuno comieron unas barrita energética, las mismas de la noche anterior, no debían comer demasiado, no era bueno para escalar y mantenerse ágiles. 
Cada uno se aseo con la nieve, no había otra manera de hacerlo, luego alistaron su equipo de escalar y volvieron amarrarse la cuerda a la cintura para iniciar la travesía.  
Con las últimas advertencias de Ángel Ripay todos avanzaron cuesta arriba. Esta vez en el grupo de Roberto, Lana iba detrás de él, quería asegurarse de que no tuviera ningún inconveniente. 
La mañana era propicia para seguir el camino, la luz del día los acompañaba y ahora todos confiaban en su destreza y habilidad pero también en la unión del grupo para estar a salvo.
El cielo parecía más azul que nunca, la nieve más blanca.  
El frío helado golpeaba sus cuerpos y los mantenía alerta, cada uno pisaba las rocas con cuidado y se agarraban  de ellas para no caer. 
La altura aún no los afectaba porque no habían superado los cuatro mil metros, cada montañista se sentía ágil y fuerte, todos con la misma consigna, seguir adelante y lograr dominar al Gran Nevado. 
En Santa Emilia nadie había olvidado a los montañistas, algunas comunicaciones por radio que Ángel Ripay tenía con su estación los ponía en alerta y aviso de como se encontraban. En el pueblo todos esperaban que no falte la comunicación.
Rafaela mientras tanto en su casa, trazaba como iba hacer la nueva ampliación de la cocina para preparar las mermeladas y demás. Ella le indicaba al maestro albañil como debían ser los arreglos. 
Doña Elvira estaba de acuerdo con su hija, ya no ponía objeción alguna, eran nuevas ideas y un tiempo nuevo para el negocio. 
Barzan llegó a visitar a Rafaela y no traía  muy buena cara, las noticias no eran buenas para él.        La noche anterior había hablado con su     
padre por teléfono y éste tenía la intención
de vender el fundo. 
Barzan no estaba de acuerdo y le comentó a Rafaela que quería viajar a Lima para hablar con su padre personalmente y convencerlo de no vender el fundo, que su producción iba muy bien y no había motivo para venderlo, además ahí estaba enterrado el abuelo.
Rafaela lamentó la decisión del padre y apoyó a Barzan.
-Si tienes que viajar para hablar con tu padre, es mejor tratar el tema cuanto antes- dijo Rafaela tratando de tranquilizar a Barzan.
-Viajo mañana temprano, necesito convencer a mi padre de no vender, el fundo significa mucho para mí, ahora que conozco bien su funcionamiento y la producción va en aumento. Pensar que en las primeras semanas no quería  estar aquí y ahora no deseo irme.
Ambos enamorados se abrazaron, ellos entendían el lenguaje del amor, nada los iba a separar. 
Al otro extremo del pueblo el ingeniero Andrés Seminario recorría la zona en la camioneta que Hipolito Mancilla le había prestado para que estudie el lugar y de su opinión sobre la construcción del aeropuerto. 
Él estudiaba todos los ángulos del territorio y ver sus posibilidades, no solo cerca de Santa Emilia sino además de San Pablo y alrededores. No quería adelantar juicios y en su libreta apuntaba cada lugar, cada medida del terreno y de la región, por momentos recurría al mapa para saber donde con exactitud se encontraba situado. 
Cuando en la tarde llegaba a la casa de Hipólito Mancilla, éste le preguntaba que pensaba, cuál era su opinión pero Andrés Seminario decía -todavía no tengo una opinión segura, espere unos días y le entregaré un informe completo de la situación.
Esto para Mancilla era exasperante él quería  ya su opinión, él soñaba y vivía en los últimos tiempos con la esperanza de hacer realidad el aeropuerto.
Lázaro Ventura alcalde de San Pablo seguía de cerca los incidentes en Santa Emilia con respecto al aeropuerto, ¿cuál sería la conclusión final? se preguntaba y que haría él para equiparar un proyecto así. 
Por otro lado había conversado con con el secretario del partido, Ernesto Monteagudo y se habían definido las cartas sobre la mesa, él fue el autor de los terribles panfletos, algo que por supuesto nunca  aceptó. La conversación entre los dos hombre no fue nada cordial y días más tarde se enteró que el secretario iría en campaña para las próximas elecciones por la alcaldía, esto en el fondo había sido el móvil de la campaña con los panfletos. ¡Monteagudo quería ser alcalde!.
Lejos de esos conflictos Mariano Arias estaba concentrado en la ampliación de su fábrica de ceramios y souvenirs, los que cada vez eran más apreciados por sus vistosos colores y sus diseños.
Su fundo ganadero producía muy bien y la vida para él era tranquila y amable, solo le faltaba la presencia de su hijo Mariano Jr.  No quería nada más en este mundo que tenerlo cerca y abrazarlo. 
Otro día más había terminado y otra noche encontraba a los montañista en lo alto del Gran Nevado, estaba vez no era una meseta donde pasar la noche, el terreno donde se encontraban era inhóspito y algo incomodo, pero debían detenerse a descansar.   
                   
No hubo incidentes graves que lamentar en este día, si bien es cierto el terreno por momentos era difícil y escarpado, en otras momentos podían caminar porque el terreno así lo permitía. 
Los montañistas holandeses como siempre estaban agotados, la montaña seguía siendo un desafío y un entrenamiento para ellos, era importante saber cuanta altura podrían resistir y como reaccionaban sus cuerpos al terreno donde se encontraban. 
Todo aquello era parte de lo que vendría después para  escalar el monte Everest. 
La noche los acompañaba en las alturas del gran coloso, donde todo era silencio y solo el viento silbaba y golpeaba las pequeñas carpas donde estaban refugiados los montañistas. De lejos se podían ver como si fueran hongos que crecían sobre la blanca nieve. 
El paisaje de la cordillera era abrumador, la cadena de montañas eran testigos de la presencia de los holandeses y desde ese lugar se observaba la fuerza y belleza del paisaje que los envolvía y hacía sentir a todos que eran muy pequeños comparados con esas grandes montañas.

CONTINUARÁ           

domingo, 27 de enero de 2019

DOS PUEBLOS... DOS VILLAS

Los montañistas en ascenso, subían por el Gran Nevado que era una montaña difícil de escalar.  
De pronto unos metros más arriba encontrarían  una gigantesca grieta que hacia más peligroso y difícil el camino.
Todo el grupo estaba atento a lo que sus guías indicaban. 
Desde esa altura se podía ver la fuerza y belleza de las grandes montañas de la cordillera. Nadie debía distraerse, un mal paso podía convertirse en una tragedia. 
Con una señal Ángel Ripay avisó al grupo que iban a detenerse, era necesario descansar un momento para orientarse y seguir el camino. Cada montañista desde su lugar observaba la nieve y las montañas a su alrededor, el paisaje los dejaba sin aliento nunca antes habían venido a la cordillera de la Andes. 
Ángel Ripay también observaba el paisaje que él tanto conocía. Un viento helado soplaba con fuerza, ésto complicaba el camino, pero había que seguir. 
Los holandeses estaban cada vez más seguros que llegarían a la cumbre, su entusiasmo no había decaído, y sus fuerzas tampoco.
El descanso terminó, Ángel Ripay daba la orden de continuar. El grupo tenía más de medio día escalando la montaña, era importante aprovechar la luz del día, para avanzar y llegar a una pequeña meseta donde podían pasar la noche. Escalar de noche sería un suicidio. Ángel conocía muy bien lo que podía suceder.   
Roberto, el hermano de Ángel también indicaba a su grupo que tenían que seguir. 
La montaña, el frío helado y la peligrosa grieta los rodeaban, ahora la naturaleza ponía aprueba a los montañistas holandeses. 
En Santa Emilia las expectativas por la hazaña de los montañistas, seguían en pie, algunos hasta hacían apuestas de si lo lograrían. Muchos comentarios eran positivos, otros no tanto, pero todos en general estaban de acuerdo en que ellos eran deportistas profesionales y tendrían éxito, pero algunos escépticos sabían que la naturaleza y el Gran Nevado les darían una batalla que no olvidarían jamás. 
Hipólito Mancilla en medio de todas estas especulaciones  seguía con sus planes de un aeropuerto para Santa Emilia, ya había recibido al ingeniero especialista que se encargaría de estudiar la posibilidad de su proyecto. 
El ingeniero Andrés Seminario se hospedó en casa de Hipólito Mancilla, éste quería tenerlo cerca para conversar con él y explicarle lo que deseaba hacer. El ingeniero Seminario lo escuchaba atentamente, ambos hombres reunidos en la sala principal de la casa conversaban.  
Después de las explicaciones Hipólito Mancilla preguntó si era factible tal proyecto.
-Señor Mancilla, antes de contestar esa pregunta tengo que estudiar el pueblo, los terrenos de los alrededores, en resumen, tengo que estudiar la región para sacar mis conclusiones, lo que si le puedo asegurar que yo no he venido hacer milagros, si existe la posibilidad de hacer un aeropuerto se lo diré y si no se puede construir, usted también lo sabrá.  Permitame recorrer la zona estudiar bien  la región y después de unos días hablaré con seguridad cuál es la verdad del proyecto. Pero le aseguro que por el momento no puedo decir nada.
Hipólito Mancilla se quedó desconcertado, él quería los resultados ¡ya! se supone que había contratado al mejor especialista y entendido en el tema, por el momento sólo le quedaba tener paciencia y esperar. 
Mientras, como era común en Santa Emilia, corrían por el pueblo los comentarios de que ya había llegado el ingeniero que iba a estudiar la construcción de un aeropuerto.
La mayoría de los pobladores aceptaban la idea del aeropuerto y el alcalde Cerillo prestaba oídos a todos los comentarios, él ya pensaba que no sería mala idea apoyar el proyecto, con ello ganaba más votos para las próximas elecciones  
En su oficina, Teodoro Cerillo hacia planes de cómo sería su campaña y se sobaba las manos con entusiasmo.         
Que maravilla pensaba, ahora si podía tener  la campaña asegurada.    
-Señor alcalde, el señor Mancilla       
ha venido a buscarlo- interrumpiendo su alegría, Teresa la secretaria.
Sin esperar el permiso Mancilla entró en la oficina del alcalde.
-Mi estimado alcalde Teodoro Cerillo- decía con demasiado entusiasmo  -estoy aquí primero para saludarlo y luego para decirle que ya está en Santa Emilia el ingeniero que va hacer el estudio de nuestro proyecto.
-Un momento- dijo el alcalde levantando la voz. 
-Nuestro proyecto... no Mancilla, de las arcas del municipio no saldrá un centavo para pagar a ese ingeniero que usted ha contratado.
-Calma Teodoro, el ingeniero que va estudiar el terreno de Santa Emilia yo le voy a pagar, en eso habíamos quedado. 
- De nuevo, Mancilla, usted está equivocado no he comprometido mi palabra en nada todavía, hay que ver la posibilidad y luego se verá. Construir un aeropuerto por muy pequeño que éste sea cuesta, como usted comprende no se trata de construir un jardín de niños que también cuesta- dijo algo molesto el alcalde.
Mancilla sonreía con las palabras del alcalde y agregó -no se preocupe Teodoro vamos a esperar al ingeniero que nos de su opinión y después hablaremos del proyecto. Imagine lo bueno que sería un aeropuerto en Santa Emilia tendríamos tantos visitantes y muchas facilidades pero sobretodo seria un paso al futuro para el pueblo. 
-Si, todo lo que usted dice Mancilla esta bien, pero no es lo más urgente, el proyecto puede esperar, además ahora el entusiasmo de los pobladores está con los montañistas que han venido a Santa Emilia, toda la prensa internacional y nacional da cuenta del hecho, estamos en los noticieros- el alcalde dijo esto para distraer las palabras de Mancilla que daba por hecho el aeropuerto. 
Mancilla no quería discutir con el alcalde, un conflicto entre los dos no era bueno para sus planes, entonces contestó:
-¡Si!... ¡es verdad! ¡los montañistas! ahora Santa Emilia es más conocida y la prensa no tardará en venir para estar cerca de la noticia- dijo esto sonriendo para calmar los ánimos del alcalde. 
Era verdad, la prensa ya estaba enterada de los hechos y no tardarían en llegar al pueblo. Los montañistas eran un suceso en su país y se debía informar. La pregunta que todos se hacían ¿lo lograrían? ¿llegarían a la cumbre?.
Los hermanos Ripay seguían el camino que conocían, Ángel señalaba que ya estaban cerca de la grieta peligrosa, todos debían estar atentos. Lana una de las mujeres montañistas iba en el grupo de Roberto, ella estaba al último pero avanzaba a igual paso que los demás, en un sobresaliente de una roca  puso un pie, quería estar segura que no era peligroso, después apoyó los dos pies, todo iba bien pero al colocar sus manos en otra roca está se aflojó y Lana cayó suspendida de la cuerda. 
Stuard que iba adelante de ella, se aferró con fuerza a la roca para sostener el peso de Lana y no caer también. Ella suspendida en el aire se mecía como si fuera un péndulo y no podía evitarlo, no tenía de donde agarrarse, conservó la calma y la serenidad. 
Roberto Ripay se dio cuenta del peligro que corría Lana, mientras Stuard hacía grandes esfuerzos para sostenerla. 
Hay una ley no escrita que conoce todo montañista, si uno del grupo pone en peligro a los demás, él que está cerca tiene la potestad de cortar la soga y dejar caer al compañero. Por supuesto que Stuard no tenía la intención de hacer aquello y se sostenía para ayudarla. 
Roberto Ripay giró lentamente y con la soga que llevaba al hombre arrojó uno de los extremos a Lana, el primer intento falló, el segundo intento también falló, el movimiento en péndulo hacia más difícil que ella pueda sostener la soga, todo el grupo contenía el aliento, no querían pensar que podía tomarse la terrible decisión con Lana. 
Roberto conservaba la calma y lanzó por tercera vez la cuerda que Lana pudo sujetar por fin entre sus manos, con ella y suspendida en el aire, Roberto comenzó a tirar de la cuerda para acercarla a la roca, una vez segura, ella escaló algunos metros para ponerse al mismo nivel de sus compañeros y   

dijo en voz alta -¡estoy bien, estoy bien! gracias Roberto, gracias Stuard- ambos hombre levantaron la mano en señal de aceptación.
Lana en silencio se aferró a la roca y unas lágrimas rodaron por sus mejillas, ella había estado en un terrible peligro de caer al vacío. Los montañistas holandeses y los hermanos Ripay podían respirar tranquilos y seguir el camino. 
Pasaron sobre la grieta peligrosa y de lo profunda que era, el fondo no se podía ver.  Era el primer obstáculo que pasaban, más adelante encontrarían otros. El Gran Nevado todavía tenía otras sorpresas. 
En Santa Emilia la gente seguía su rutina, Rafaela y Doña Elvira planificaban cómo iba hacer la ampliación de la cocina para aumentar la producción del negocio. 
Rafaela tenía algunos planes, Doña Elvira por fin había aceptado las ideas de su hija. 
Celina en el hostal "Bienvenidos" revisaba algunas cuentas, cuando su teléfono sonó, era señal de un mensaje, este decía -Celina nos vemos en unos días ya casi se va la señal- era James el que había escrito el mensaje. 
Celina pidió al cielo que todo el grupo esté bien, ella confiaba en los hermanos Ripay, todo el pueblo confiaba en que los hermanos lleven con bien a los montañistas pero todos ignoraban que el clima estaba cambiado, las heladas se habían adelantado y la gran montaña era cada vez más difícil de escalar. 
El día ya casi había terminado y la noche estaba cerca, era necesario llegar pronto a la pequeña meseta para descansar. 

CONTINUARÁ             

domingo, 20 de enero de 2019

DOS PUEBLOS...DOS VILLAS

Cinco de la mañana, los turistas holandeses se preparaban para partir a su gran expedición, escalar el Gran Nevado. 
Todos estaban descansados y aclimatados a la zona, ahora sí, no había tiempo que perder, el desafío los esperaba. 
Con el equipo de escalar preparado y la ropa especial para montañismos  uno a uno iban subiendo al mini-bus que los llevaría al lugar cercano en la montaña para iniciar la expedición. 
Roberto y Ángel Ripay los hermanos y guías iban con ellos en el bus, todos en silencio y en sus asientos partieron a la montaña, minutos antes James hablaba con Celina para comentar que se iban unos días y que sus habitaciones quedaban reservadas, ella no debía preocuparse porque las cuentas se pagarían en orden.
Celina agradeció las aclaraciones de James les deseo a todo el grupo buena suerte en su travesía y se despidió de sus amigos, los hermanos Ripay.
Para ella era una aventura de cuidado la que iban a realizar todos ellos, pero confiaban en los guías y en que todo salga bien. 
El bus partió a hacia la montaña mientras Celina desde la puerta del hostal "Bienvenidos" los observaba, les hacia adiós con la mano a todos ellos especialmente a James con el que más había conversado, se habían hecho amigos. 
El bus tomó la carretera entre San Pablo y Santa Emilia rumbo al Gran Nevado, relajados y tranquilos viajaban los montañistas, algunos conversaban y otros simplemente miraban el paisaje de los alrededores del camino, después de un poco menos de una hora de viaje llegaron al punto de partida. La gran montaña estaba frente a ellos, se alzaba orgullosa al cielo, su belleza era asombrosa nadie podía negarlo, ella sola imponía respeto. 
Mientras todos bajaban del bus la montaña parecía observarlos. Los holandeses miraban al gigante que tenían al frente, era imponente y un peligroso desafío.
Una vez todos reunidos al pie del Gran Nevado, Ángel Ripay hizo las últimas recomendaciones:
-Por favor todos deben llevar lo necesario para escalar, ustedes como profesionales montañistas saben que el equipo debe ser liviano para no estorbar los movimiento a la hora de escalar. También es importante conservar la calma en caso de algún peligro, no deben dejarse llevar por la desesperación, por último, todos somos un equipo y nos vamos apoyar mutuamente- entonces a manera de unión, todos se tomaron de las manos y dieron un grito para animarse. 
Ángel Ripay comandaría el grupo, él iría adelante después de cinco de los montañistas iría su hermano Roberto seguido por los otros cinco montañistas.  Cada uno dejaba  un espacio al otro. El grupo iría unido por una cuerda amarrados en cintura.   
Preparados los equipos, listos con lo necesario, se acercó el grupo al Gran Nevado e iniciaron el ascenso. Con los nervios templados, la fuerza y la concentración daban sus primeros pasos sobre esta gran mole de gigantesca belleza. 
Los hermanos Ripay siempre tenían un ritual a la hora de ascender por la montaña, ellos comían un poco de nieve para asegurarse de estar unidos al gigante.  
El bus partió dejando a los montañistas iniciar su nueva aventura. 
En el pueblo de Santa Emilia y San Pablo la gente estaba a la expectativa, los pobladores confiaban en que el grupo iba a lograr su hazaña, los hermanos Ripay conocían el camino, era expertos y llevarían a los holandeses a la cumbre. 
La gente del pueblo comentaba sobre la expedición, les deseaba el éxito y pronto regreso.  
En los primeros cien metros de altura la situación estaba controlada, el grupo se sentía seguro y confiado, todavía el terreno era fácil.             
Ángel Ripay daba las indicaciones y                 
señales al grupo. 
Los montañistas  se aseguraban de pisar bien el terreno para no dar un traspiés. Eran deportistas profesionales y sabían como  actuar en caso de algún peligro.  
La ropa que llevaban era liviana especial para escalar, con ella se protegían del frío. Los guantes protegían las manos pero no estorbaban a la hora de escalar. 
Nadie tenía idea cuanto duraría la travesía pero si no había algún inconveniente y se aprovechaban bien los días podía ser entre cuatro o cinco días o tal vez más. Todo iba a depender del grupo, su resistencia y el clima. 
Ángel y Roberto estaban comunicados entre ellos por radio y también se podían comunicar con la estación central de radio en Santa  Emilia. 
Los dos hermanos confiaban que no hubieran percances que lamentar,  todos seguían el camino del ascenso a hacía la sima.
En Santa Emilia la vida continuaba, doña Elvira comentaba con su hija Rafaela sobre la expedición:
-En todos estos años que he vivido en el pueblo nunca tuve la intención de escalar la montaña, soy muy temerosa de las alturas y siento muchos mareos y nervios. Los 6000 metros del Gran Nevado son de respeto y eso sin contar lo difícil del terreno. 
Rafaela era de la misma opinión de su madre, ella con Barzan solo habían subido unos pocos metros y eso era todo, para ella lo mejor era estar con la pies en la tierra. 
Comentarios parecidos o diferentes recorrían todo el pueblo, algunos de los pobladores habían escalado la montaña pero nunca demasiado alto. 
En Santa Emilia la gente estaba acostumbrada a ver exploradores de diferentes países que venían a vivir el reto de escalar el Gran Nevado, algunos habían logrado subir hasta la cumbre pero esos no eran pocos y todo estaba documentado en las páginas de la WEB.
Celina en su hostal, organizaba a sus empleados con el trabajo del día, la vida continuaba mientras los montañistas subían por las faldas de la montaña.
El sonido de su celular la distrajo de sus pensamientos, cuando vio la pantalla era una llamada de Adriano, ella decidió no contestar, era mejor así, los dos debían quedar en paz. 
En la noche en casa de Rafaela, conversaba la familia reunida, no era domingo pero Tadeo, sus esposa y sus pequeños estaban en la sala comentando los últimos acontecimientos con respecto a los montañistas. Barzan también se encontraba presente, él se había vuelto uno más de la familia y todos lo sentían así.
Aparte de los comentarios sobre la expedición, otro comentario del que hablaba la gente era que Hipólito Mancilla había contratado un profesional para que estudie la posibilidad de construir un aeropuerto en Santa Emilia. Esto ya no era un secreto todo el pueblo lo sabía y comentaban, algunos estaban de acuerdo, era una posibilidad de dar un paso al futuro y la facilidad de viajar para ahorrarse tantas horas de viaje por tierra. Otros no se sentían muy seguros de que Santa Emilia tuviera un aeropuerto, pero en general era una buena noticia.
Mancilla ya había hablado con el ingeniero que contrato, él llegaría al pueblo en dos días. 
Barzan y Rafaela se veían viajando en avión, la posibilidad los hacia reír y comentar lo fácil que seria viajar a la capital.            
      
Nada en el pueblo podía quedar en secreto por mucho tiempo, de todas maneras la gente siempre terminaba enterándose.
A San Pablo también había llegado la noticia sobre el aeropuerto en Santa Emilia.
Por el momento todos estaban distraídos comentando sobre los montañistas pero a su alcalde ya se le ocurría algo para competir con el pueblo vecino.
Los montañistas holandeses y sus guías seguían en su  ascenso por la montaña, Ángel Ripay que iba adelante notaba que el clima estaba cambiando,en el lugar corría un viento helado que complicaba el camino, no era el tiempo de estas heladas, pero con el clima nunca se podía estar seguro. 
En el grupo nadie hablaba, todos estaban unidos por una cuerda resistente y  concentrados para no dar un paso en falso, Roberto que iba en medio del grupo era responsable de que nadie quede rezagado. 
A mediada que subían, el viento helado soplaba con más fuerza, por momentos empujaba a los montañistas. Ángel sabía que unos metros más arriba se acercaban a una de las grietas que él había comentado al grupo, en ese lugar se tenía que extremar el cuidado para no tener percances una distracción, un mal movimiento, podía ser fatal. 
Ángel advirtió a su hermano para que avise al resto que se acercaban a un lugar peligroso, Roberto hizo una señal de advertencia al grupo que lo seguía. La fuerza de voluntad y el espíritu estaban en alto, los montañistas querían llegar a la cima.

CONTINUARÁ 

          
    

domingo, 13 de enero de 2019

DOS PUEBLOS...DOS VILLAS

Celina salio de su oficina al encuentro de los turistas holandeses, éstos eran un total de diez personas, seis hombres y cuatro mujeres, ella no pensó que fueran tantos pero su hermana que vivía en Europa ya le había advertido sobre el viaje. 
La hermana de Celina siempre promocionaba el turismo del pueblo de Santa Emilia y describía todos los atractivos de la región y del hostal de sus padres, así llegaban hasta el lugar turistas que querían conocer los atractivos del pueblo. 
Pero este grupo de personas no solo eran turistas que venían de paseo, ellos eran deportistas profesionales en montañismo que venían para escalar el Gran Nevado y conquistar la cumbre. Esto formaba parte de su entrenamiento que estaban haciendo desde hace dos años, hasta ese momento habían escalado montañas de 4,000 msnm ahora ellos quería subir hasta los 6,000 metros. Todo esto era parte de su preparación, porque el objetivo final era escalar el monte Everest y llegar a la cumbre. 
Para los turistas holandeses era la primera vez que iban escalar una montaña de esa altura, por eso era importante prepararse bien, entre el grupo había un doctor que los acompañaba que también era deportista. Ellos venían con  equipos especiales para escalar y pequeños tanques de oxígeno para la altura, aunque sabían que el reto era llegar a la cumbre  sin el uso de los tanques de oxigeno, esa era parte de la condición para declararse campeones de montañismo. 
Con este entrenamiento querían saber como reaccionaban sus cuerpos y  fuerzas a más de 4,000 metros.  
Celina de inmediato saludos a los turistas, ella sabía un poco de ingles y no le fue difícil comunicarse con ellos. A cada uno le señalo su habitación que eran de camas dobles.
Los holandeses llegaban agotados después de un largo viaje de varias horas en bus. Todos se acomodaron en sus respectivas habitaciones para relajarse y descansar. 
Celina habló con James que era el vocero del grupo, con él hizo los arreglos del hospedaje y le indicó los horarios del comedor para el desayuno y otros alimentos, le comentó además que las personas que eran sus guías vendrían más tarde para hablar con ellos; por el momento lo mejor era descansar y aclimatarse al lugar. 
Luego que los turistas se retiraron a descansar, Celina con uno de sus empleados hizo llamar a los guías que llevarían al grupo a las alturas del Gran Nevado. 
Los guías eran los hermanos Ángel y Roberto Ripay, dos expertos escaladores de montaña y conocedores del camino en el Gran Nevado. Ellos mejor que nadie sabían que hacer para llegar a la cumbre, todos los pobladores de la región los conocían, los hermanos habían nacido en medio de esas montañas y las conocían muy bien.  
Cuando Ángel Ripay el hermano mayor llegó al hostal "Bienvenidos" para hablar con Celina, ésta le comentó sobre la llegada de los turistas, pidiendo que más tarde hable con ellos y  les explique como sería el viaje de expedición. 
-Ángel por ahora los turistas están descansando del viaje, en la noche regresa para que te presentes y puedas hablar con ellos, es importante que les expliques como va hacer el viaje, ellos piensan quedarse una semana. 
-Celina- dijo Ángel -¡si!... es muy importante hablar con ellos, es necesario explicarles los detalle de como va ser el viaje para que se preparen, por el momento deben quedarse un par de días descansando para aclimatarse a la zona. Yo más tarde regreso para presentarme.  
Ángel se despidió de Celina, ellos eran amigos de siempre, no era la primera vez que se hospedaban en el hostal turistas que querían escalar la montaña y que Ángel y su hermano fueran sus guías.        
Ahora Celina y su personal tenían mucho trabajo, el hostal  estaba lleno con otros turistas, era necesario organizarse para atender bien a los residentes.             
Cómo habían quedado, Ángel y su hermano, se presentaron en el hostal a las 8 p.m, a esa hora las celebraciones en el pueblo habían terminado y todo quedaba limpio para iniciar la vida cotidiana al día siguiente, a esa ahora la gente guardaba sus mesas y sillas y  desocupar las calles principales. 
En el hostal "Bienvenidos" Ángel y Roberto se presentaban ante los turistas para conversar, la reunión tenía lugar en el comedor del hostal: 
Ángel tomó la palabra, James el vocero del grupo traducía todo lo que éste decía:
Comenzó primero diciendo su nombre:
-Buenas tarde mi nombre es Ángel, mi hermano Roberto y yo vamos hacer los guías para escalar la gran montaña.  Ante todo quiero explicarles que la montaña que vamos a escalar no es una montaña fácil,  no solo por la altura que todos ya conocen y sé que para ustedes es la primera vez que van a subir a este nivel. Bien, quiero decirles que el Gran Nevado es una montaña rebelde, que no es fácil de escalar porque el camino hacía la cumbre esta lleno de grietas que pueden tener de trecientos a cuatrocientos metros de profundidad, caer en una de ellas es desaparecer para siempre, por ello debemos mantenernos juntos para seguir el camino correcto y no equivocarnos o llegar hasta un gran abismo que rodea toda la montaña y que no nos conduce a la cumbre. 
Otro punto importante son las consecuencias del mal de altura, la falta de oxigeno y el frío por suerte hay un doctor en el grupo, pero si las consecuencias de la altura comienzan hacer mella en el grupo, detendremos la expedición de inmediato. 
Se escucharon algunos murmullos entre los holandeses cuando se enteraron de los detalles, pero la decisión era unánime, ellos habían venido con el propósito de escalar la montaña, por lo tanto estaban ahí... para hacerlo.
Ángel prosiguió con su explicación sobre los detalle de como sería la escalada. -el equipo no debía ser pesado, todos debían tener lo necesario y nada más, los pequeños tanques de oxigeno solo serían usados en caso de emergencia, la escalada tenía que ser sin ayuda de los tanques para que tenga validez como deporte.  
Para finalizar Ángel dijo -sugiero que descansen en el pueblo un par de días para acostumbrarse  al clima y a la altura, su estado físico y psicológico debe ser óptimo, escalar el Gran Nevado requiere de fuerza, destreza y concentración. No les digo todo esto para asustarlos porque ustedes como profesionales saben que este es un deporte de fortaleza y un gran desafío. Les comento estos detalles para estar  preparados y subir a 6,000 msnm en una montaña difícil de escalar. 
Silencio en el comedor, los turistas estaban asombrados pero ya habían leído en algunas páginas de Internet sobre el Gran nevado y esto no los tomaba por sorpresa.
Finalizada la reunión los hermanos Ripay se despidieron y retiraron. Mientras los turistas comentaban entre ellos la nueva información que tenían y se disponían a cenar.
Celina preparó el comedor para la cena. El grupo de montañistas conversaba animadamente sobre su próximo desafió, mientras degustaba los ricos platos de la región. 
Más tarde todos se retiraron a descansar, al día siguiente querían ir de visita a la ciudadela Pre-Inca que también aparecía el las páginas de Internet. 
Para esta excursión el hostal contaba con un mini bus que los llevaría por la nueva pista a la edificación Pre-Inca.
Celina se encontraba en los últimos arreglo en el hostal cuando llegaron de visita Rafaela y Barzan, querían visitar a su amiga y saber como se encontraba después de la despedida de Adriano. 
Ella agradeció a sus amigos por la preocupación pero había decidido por el momento cerrar ese capítulo, entonces comentó -ahora estoy más tranquila y con las manos llenas de trabajo, como saben tengo el hostal lleno de turistas y deportistas de montaña, casi no tengo tiempo de pensar en nada más. El trabajo es una gran terapia para los dolores del corazón-  Celina dijo esto con una leve sonrisa.
Sus padres le habían dejado toda la responsabilidad de la administración, ella era la principal encargada.      
Rafaela y Barzan se quedaron un tiempo más conversando con su amiga, ella les contaba sobre los turistas holandeses y su desafío de escalar el Gran Nevado. Todos los pobladores en la región conocían que era una montaña difícil, el respeto que sentían por ella era real. La montaña era el vigía y el celoso guardián del valle.  El paisaje no seria el mismo sin ella.   
                
Al día siguiente y después del desayuno como estaba programado los turistas holandeses partían en el mini bus del hostal hacía la ciudadela. 
James comentó con Celina que regresarían para el almuerzo, ninguno de ellos debía hacer grandes esfuerzos ni caminatas excesivas porque tenían que estar bien descansados y preparados físicamente para su escalada. 
En la ciudadela los turistas recibieron la información del guía sobre el lugar y  la antigüedad que éste tenía. 
Se creía que era una cultura que tenia algo más de 3,000 años había recibido influencia de la cultura Chavin, otra cultura un poco más antigua, esto era por las cabezas clavas que adornaban las paredes. 
Las personas que un día habitaron el lugar rendían culto a sus dioses, trabajaban la cerámica y sus tejidos con gran arte, esto se podía ver en los vestigios que se habían encontrado en el lugar.   
Ellos también  defendían su ciudad y sus tierras de las invasiones de los pueblos vecinos. Lo que nadie podía explicar hasta el momento era porque la ciudadela aparentemente había sido abandonada y quedó como testigo del tiempo pasado de esta cultura.   
Los holandeses habían quedado sorprendidos por la ciudadela, su historia era muy interesante. Recorrieron el lugar y admiraron el paisaje de los alrededores, estaban más que fascinados por las historia que escuchaban.  El día era perfecto para una caminata, pero nadie quería excederse en esfuerzos físicos, tenían que ser cuidadosos y estar listos para  el desafió que los esperaba. 

CONTINUARÁ
     
   

domingo, 6 de enero de 2019

DOS PUEBLOS...DOS VILLAS

El día había llegado, el momento especial que tanto esperaba Santa Emilia y el alcalde Cerillo era una realidad, todo estaba listo para la gran  inauguración de la nueva pista.   
La noche se encontraba iluminada por los cientos de antorchas que portaba la gente. La alegría, la emoción, eran latentes en la noche de antorchas, todos los pobladores se habían dado cita para estar presentes en el festejo.  
Teodoro Cerillo invitó a los pobladores y con un pequeño discurso cortó las cintas de la nueva carretera que los llevaría en poco tiempo hasta la ciudadela Pre Inca.  
La gente marchaba con las antorchas y con los cantos, todo era alegría y felicidad. San Pablo y Santa Emilia estaban unidos en los festejos, nada más era importante en esta noche. 
La caminata se prolongó varios kilómetros y al llegar al lugar, la gente en orden y respeto rodeo la ciudadela como señal de cuidado y protección. 
La ciudadela Pre Inca estaba ahora más iluminada y la gente cantaba y festejaba en ella.  
La ciudadela quedaría como un símbolo para el futuro y las generaciones venideras podrían conocerla y estudiarla más a fondo para descifrar todos los misterios que rodeaban la construcción de piedra  Pre- Inca.   Los cantos, los bailes, se prolongaron hasta muy tarde. La gente quería celebrar el pasado del lugar y la esperanza de un futuro.
Rafaela, Barzan, Celina celebraban la alegría de la inauguración, Adriano no se encontraba con ellos, él había viajado a la capital, esto entristeció a Celina pero muy pronto se repuso porque era una ocasión  especial.  
La fiesta de antorchas le daba a la noche algo de magia, algo especial, la alegría rodeaba el lugar, el pasado se hacia presente y la ciudadela construida en piedra, hasta ese momento desafiaba el tiempo y se mantenía en pie.     
Teodoro Cerillo rodeado de la gente no podía ser más feliz, la inauguración era un completo éxito, entre cantos y bailes prometió que la edificación Pre Inca siempre estaría protegida. 
Pasada la medianoche algunos pobladores comenzaron a regresar a Santa Emilia o San Pablo según era el caso, muchos se quedaron celebrando hasta el amanecer. 
Rafaela, Barzan y Celina regresaban al pueblo a las 2 a.m, reían y cantaban en el camino, era un momento único pero tenían que prepararse porque al día siguiente en el pueblo seguían los festejos con la feria gastronómica, se esperaba gran afluencia de público. 
Barzan se sentía cansado por la caminata y los festejos, por esta noche se quedaría en el hostal "Bienvenidos" de Celina para celebrar al día siguiente la feria. Él venía preparado para ello, con un pequeño equipaje.
Al llegar a la casa de Rafaela se quedó un rato más para conversar sobre los festejos y los momentos que pasaron junto, por primera vez hablaron sobre sus planes a futuro juntos. Tal vez la magia de la noche los había contagiado y sentían el calor de sus sentimientos.
Doña Elvira descansaba, no había estado en la inauguración pero seguro hubiera estado contenta con tanto festejo. Se fue temprano a dormir porque al día siguiente le esperaba un día  de trabajo agotador.
Barzan se despidió de Rafaela con la promesa de encontrarse al día siguiente, para seguir los festejos. 
En el hostal de Celina se sentina cómodo, era un lugar limpio y agradable, además le quedaban pocas horas para dormir ya que pronto amanecería. 
Unas horas más tarde el pueblo de Santa Emilia amanecía  lleno de adornos, la gente se preparaba para festejar a lo grande la feria; mesas y sillas habían tomado las calles principales del pueblo y se preparaban diversos platos exquisitos para los paladares más exigentes.
Doña Elvira ya estaba en su tienda atendiendo los pedidos que se habían multiplicado, Juanito apenas se daba abasto para hacer las entregas.                     
Tal vez Rafeada tenía razón, pensaba doña Elvira, tal vez era necesario hacer algunos ajustes para aumentar la producción, ya se quedaba corta              
y los pedidos cada vez eran más abundantes.
Doña Elvira se aferraba a la tradición y Rafaela traía consigo ideas nuevas que harían más productivo el negocio. Eran dos generaciones que pensaban distinto pero que podían convivir si llegaban a un acuerdo. 
Las calles de Santa Emilia estaban llenas de turistas, que paseaban admirando los deliciosos platos y productos de la región, por doquier había festejos.
El alcalde de San Pablo Lázaro Ventura quería también pasear por el pueblo vecino, quería disfrutar de la feria. Nada escapaba de su atención. Pensaba que su colega Cerillo se había anotado un gran punto con este festejo y estaría listo para la siguientes elecciones municipales, cómo siempre el alcalde Ventura todo lo llevaba a la competencia entre los dos pueblos. 
Desde la ventana en lo alto de las oficinas de su empresa de transporte Hipolito Mancilla observaba los festejos de la feria, para él no era un buen día, para él era un día de profunda tristeza, su hija Ángela cumpliría treinta años y la familia estaría celebrando. 
Con todo su trabajo, con todos sus proyectos, él no se había olvidado de su hija, como padre la seguía buscando con desesperación. Su esposa muy temprano ese día se había ido a la iglesia para pedir por su hija, para pedir que se encuentre bien donde sea que pueda estar. Hipolito Mancilla la veía salir en silencio, en ese día ella no le dirigía la palabra porque tal vez en el fondo le echaba la culpa de lo ocurrido a su hija. Si no la hubiera presionado hasta ponerla al punto de la desesperación. Como padre nunca comprendió que era joven y que la unía a Mariano Arias Jr. un amor juvenil del que no quería separarse. Mancilla no se atrevía a decir nada, ni romper el silencio que su esposa sentía. Él no quería desatar una tormenta de dolor por la ausencia de su hija. 
Hipolito Mancilla podía ser un hombre fuerte en los negocios, pero con respecto a su hija era un padre desesperado por el dolor de su ausencia y el no saber donde y cómo estaba viviendo. Se negaba a pensar que su hija no estaba en este mundo, no quería perder la esperanza de volverla a ver y abrazar sin hacer ningún reproche. 
Los festejos continuaban en Santa Emilia, las calles llenas de turistas y parroquianos  que paseaban y probaban los deliciosos platillos de la comida de la región.  
En el hostal "Bienvenidos" Celina también estaba ocupada preparando el comedor para la gente que desee probar su comida, cuando uno de sus jóvenes empleados se acerca y le entrega una carta, era de Adriano...una carta pensó, en estos tiempos de emails ¿una carta? que extraño.
En el salón de su hostal Celina abrió la carta y comenzó a leer, era una carta de pocas líneas  que decía:
Querida Celina: en estos días de mi estadía en la capital he tomado la decisión de quedarme en la ciudad un tiempo muy largo, necesito pensar y planificar mi futuro. Creo que será mejor para los dos seguir nuestro camino, perdón por despedirme así, pero pensé que sería lo mejor. Luego dos líneas más de despedida y eso fue todo.  
Las lágrimas rodaban por sus mejillas, ella jamás imaginó una despedida así, siempre tuvo fe en Adriano y en su relación, pero parece que él no  tomaba con la misma seriedad lo que pasaba entre los dos.                    
Celina secó sus lágrimas, si era el fin mejor ahora que nunca, se sentía en paz, amaba a Adriano y si esa era su decisión, bien aceptaría sus términos y ya. 
Otra carta era recibida por el alcalde Cerillo, el tema era diferente se trataba de su renuncia a la alcaldía, Adriano le pedía disculpas por su accionar de las últimas semanas y le comentaba que se quedaría en la capital un largo tiempo. 
El alcalde Cerillo fue muy directo y solo comentó -granuja así me pagas, después que te apoye tanto, bien pasemos la hoja y no vuelvas a aparecer ante mí porque puedes desatar mi violencia-  ni siquiera tienes el valor de decírmelo en mi cara, pensaba el alcalde mientras arrojaba por pedazos  de la carta  al tacho. 
Mientras tanto, entre los festejos de música y alegría en el pueblo Rafaela se tomaba un descanso, no había un lugar que ella  le agrade más que sentarse un momento en el parque principal, ahí en su banca favorita y a la sombra de un árbol podía disfrutar de un momento de paz y sosiego. Sus pensamientos eran serenos, tranquilos y admirar el volar de las aves la llenaba de calma. 
Algo muy diferente pasaba con Celina, ella estaba triste desconcertada, la actitud de Adriano le había estremecido el alma. 
En ese momento entró en su oficina uno de los empleados que le decía -señorita Celina, acaban de llegar los turistas holandeses que esperábamos mañana ¿qué hacemos?- decía el joven con desesperación y nerviosismo. 
Celina sacudió su tristeza y contestó - ¡qué vamos hacer! pues, recibirlos seguro han adelantado su viaje- comentó algo nerviosa, ella ante todo era una profesional y tenía que cumplir con su trabajo.  

CONTINUARÁ