domingo, 15 de noviembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

En casa de la familia Cantero no podía existir más tensión, Quinto López del Águila había pedido hablar con Hipólito, padre de Rosalina. Hortensia estaba nerviosa algo sucedía, los minutos pasaban y en la sala los dos hombres seguían conversando. 
Rosalina en su habitación dormía era muy temprano para preocuparse por algún problema. 
Mientras Quinto conversaba con Hipólito, éste lo escuchaba con atención, algo quería decirle estaba seguro de ello. Quinto se detuvo un instante y luego habló 
-Señor Hipólito desde hace siete meses visito su casa, ahora pido a usted el permiso para que me conceda la mano de su hija Rosalina. Yo tengo intenciones muy serias y deseo fijar de una vez la fecha para la boda-.
Hipólito se sentía feliz, por fin Quinto tomaba la decisión que todos esperaban, pedir la mano de su hija, era un sueño hecho realidad y el deseo de él y de su esposa Hortensia. 
En medio de la sala Hipólito se puso de pie y contestó: -Quinto sus palabras me hacen el padre más feliz al saber que mi hija va contraer matrimonio con una persona seria y amable, claro que le concedo la mano de mi hija  Rosalina, sea usted bienvenido a la familia. 
Hipólito llamó a su esposa que se presentó en la sala tan rápido que hacía pensar que todo el tiempo estuvo cerca de la puerta. 
-Hortensia, Quinto acaba de pedir la mano de nuestra hija y yo le he concedido el permiso, ahora quiere fijar la fecha de la boda, tú que opinas-. preguntó Hipólito.
Hortensia feliz y nerviosa a la vez no sabía que decir, solo comentó -creo que Rosalina debe estar presente en este momento y decidir ella la fecha de su boda. Estoy segura que se sentirá feliz con la noticia-.
-Por supuesto Doña Hortensia, yo personalmente he venido para hablar primero con el padre y mañana al medio día deseo hablar con Rosalina para hacer la pregunta formal-. contestó Quinto.
Los padres de Rosalina estuvieron de acuerdo, al día siguiente se haría la celebración de la ceremonia formal con un almuerzo. 
Quinto se despidió de Hipólito y Hortensia luego se retiró de la casa para regresar al día siguiente.
Cuando se quedaron los padres de Rosalina solos se abrazaron de felicidad, su querida hija se iba a casar con un caballero. 
-Debemos darle la noticia a Rosalina- comentó Hortensia 
-Ve a su habitación y habla con ella para que se prepare, es importante que  esté lista para la ceremonia formal de mañana-. Hortensia salió de la sala  para conversar con su hija y darle la buena nueva. 
Rosalina aun dormía cuando su madre entró a su habitación: -hija despierta, es importante que escuches lo que tengo que decir- repetía su madre y sacudía la colcha de la cama -Quinto ha pedido permiso a tu padre para realizar la ceremonia formal de la pedida de mano-.
Rosalina se sentó en la cama lentamente, quería despertar para escuchar a su madre:-Quinto va a pedir mi mano, ¿es verdad lo que estás diciendo?- contestó incrédula, ella no se imaginaba en tal situación.
-Él va a regresar mañana por eso tienes que estar preparada para la ceremonia, hija me parece increíble que mi deseo se cumpla- decía feliz Hortensia, Quinto era para ella el yerno perfecto.
La madre dejó a su hija en la habitación, Rosalina estaba medio dormida, era cierto el deseo de Quinto de casarse con ella. Pensó en voz alta que es lo que iba a decirle a su novio en el momento de la pedida de mano.
Al día siguiente había un gran alboroto en la casa de la familia, por tener todo listo y preparado para el almuerzo, Hortensia corría de un lado a otro organizando la reunión.  Hipólito también estaba nervioso y los hermanos menores de Rosalina se sorprendían con todo el alboroto que se armaba.  
Rosalina en su habitación se alistaba, ella había escogido un vestido de organza color rosa pálido, este la hacia lucir angelical y dulce, era uno de sus preferidos. Peinó su cabello y lo ató con un lazo del mismo color del vestido, ella sabía que a Quinto le gustaba su cabello ondulado y sedoso.        
Las doce del día, Quinto llegó puntual a la reunión, Hipólito lo recibió en la sala: -buenos días mi estimado- lo saludo cortés y le pidió que se siente.
Quinto tenía en sus manos dos ramos de flores, uno para Hortensia y otro para Rosalina. 
En unos segundos más entraron a la sala, madre e hija, recibieron el saludo de Quinto y los ramos de flores para cada una  como presentes, una de las empleadas se llevó los ramos  para ponerlos en los jarrones y adornar la mesa del comedor. 
Quinto, amable, cortés y educado alabó a Rosalina por lo hermosa que se veía con su vestido, luego ante los padres de la joven explicó el por qué no venía con algunos  miembros de su familia a la reunión.
-Como ustedes saben, mis padres han fallecido hace algunos años y mis hermanos viven lejos en mi pueblo, no es tan fácil para ellos viajar, están muy ocupados con los trabajos de nuestras tierras,  por eso no han podido venir pero aquí estoy yo  para declarar mi eterno amor a mi querida Rosalina y las intenciones más serias de mi proceder-. 
Hipólito y Hortensia disculparon a Quinto, ellos no tenían ninguna duda de que él era un caballero a carta cabal. 
Entonces se procedió a la ceremonia, Quinto muy amoroso y correcto, sacó del bolsillo de su pantalón una pequeña caja que contenía un hermoso anillo que sellaba el compromiso. Tomó la mano de su novia y le hizo la pregunta: -Mi querida Rosalina ¿quieres casarte conmigo?-.
La joven sonrosada por su timidez contestó con voz dulce y emoción  ¡si quiero casarme contigo Quinto!.
La felicidad y la dicha del compromiso fue celebrado con vino para brindar por los novios y de inmediato se fijó la fecha de la boda, el novio no quería esperar demasiado. La boda sería dentro de dos meses, ni un día más.
El almuerzo del compromiso transcurrió en un ambiente de celebración y alegría, los novios se dedicaban halagos el uno al otro. La felicidad por la boda no podía ser más sentida por los padres de Rosalina, ella era la luz de sus vidas y ahora los hacía más felices con está boda. Aunque Quinto era mayor que Rosalina por diez años, ellos estaba de acuerdo con todo.  
En la siguiente reunión de la Damas del Patronato, Hortensia les contaba a sus amigas todos los detalles del compromiso de su querida Rosalina, la fecha había sido fijada dentro de dos meses, el novio no quería esperar más. 
Las señoras la felicitaban y Petra comentó:-Hortensia entonces la boda es para después de Navidad los primeros días de enero-.
-Si mi querida amiga y a ti quiero encargarte las invitaciones para que las hagan en tu imprenta, no será una excesiva cantidad,  tal vez cien o ciento veinte invitados-. contestó Hortensia
-Bien amiga nosotros encantados de la vida de hacer ese trabajo y además hacemos el servicio de entrega para las invitaciones, tú solo danos las direcciones y de lo demás nos encargamos nosotros-. exclamó Petra, feliz por su amiga.
Las Damas aplaudían de emoción por la felicidad de Hortensia y la boda de la bella Rosalina.
Cuando terminó la reunión y todas se retiraron, Octavia se sentía feliz por Hortensia y la boda de su hija pero todavía no quería imaginar a Emiliana en preparativos de boda, ella tenía que terminar el colegio primero, vivir la experiencia de sus estudios y prepararse para la clausura y graduación, la fecha estaba cerca y las diplomas también. 
Emiliana estudiaba con ahínco para sus exámenes finales y nada debía perturbarla. Las profesoras de su colegio eran muy exigentes con las jóvenes que estaban en el último año de la escuela y ella quería salir con notas excelentes para  orgullo de sus padres.
Octavia con la ayuda de Felicitas y Ondina comenzaron a preparar el nacimiento, en la casa de la familia era una tradición poner el nacimiento los primeros días de diciembre. Cuantos recuerdos felices para Octavia cuando con su madre armaban el nacimiento en una esquina de la sala, las figuras de José y Maria eran talladas en madera y medían casi un metro de alto, el niño tenía el  tamaño natural a un recién nacido. Todo el misterio ocupaba la mitad de la sala con los pastores y animales que lo adornaban, el cerro venía desde lo alto del techo, en cada detalle había un especial cuidado esa era la costumbre y Octavia deseaba conservarla.
Aníbal siempre se asombraba cuando veía el nacimiento terminado, para el era un deleite admirar cada detalle del bello misterio y decía que nunca uno era igual al otro, cada año era siempre diferente. 
El día de la clausura para Emiliana había llegado, ella pasó semanas estudiando en su habitación sin distraerse. Rubí en casa de su madrina los domingos se acostumbraba cada vez más a la familia y esperaba feliz el fin de semana. 
En el salón de actos del colegio Corazón de María se celebraba para las jóvenes del último año la entrega de libretas y diplomas de graduación ¡que felicidad para Octavia y Anibal!, su hija tenía diploma de honor por sus notas de excelencia. Ambos padres abrazaron a su hija para felicitarla y expresarle palabras de orgullo. 
La ceremonia terminó con un pequeño agasajo para todas las señoritas del último año, por fin decía Emiliana se acabó el colegio y puede descansar unos días antes de ir al voluntariado. 
Ese mismo día en la noche Octavia asistía junto con Felicitas a la clausura de Ondina, ella también se sentía feliz de terminar la primaria con buenas notas. Ahora toda la familia de Octavia podía celebrar el fin de año felices.
Rubí esperaba impaciente que su madrina venga a recogerla, ella pasaría navidad y año nuevo en su casa, la niña no podía sentirse más feliz con ello. Ella aun cursaba la primaria y debía seguir estudiando pero por ahora había terminado su año escolar. 
Cuando Octavia llegó al convento para recoger a su ahijada, la madre  superiora la esperaba junto a Rubí para hacerle una recomendación  -no olvides Octavia Rubí al día siguiente del año nuevo debe regresar al internado es nuestra responsabilidad cuidarla y no puede estar mucho tiempo fuera del convento-. 
Y al momento de retirarse Octavia contestó: -no se preocupe madre superiora, Rubí estará aquí el día convenido-. y de la mano ella y la niña caminaban por la avenida directo a la casa, conversaban y reían con las ocurrencias y desde el cielo, Octavia estaba segura que Aurora las contemplaba. 


CONTINUARÁ                          
 

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Octavia se sentía feliz de tener noticias de su prima Blanca, en ese momento estaba terminando de escribir su carta de respuesta  en el pequeño salón que era su refugio para encontrar paz y dedicarse a resolver sus asuntos privados. 
Mientras leía la carta de Blanca,  pudo notar que su prima extrañaba mucho a la familia y a la ciudad. podía sentir su nostalgia y tristeza. Hasta un punto era lógico que extrañe,  para su prima era  un mundo nuevo y una ciudad diferente pero Blanca no lograba adaptarse a pesar que tenia varios meses  viviendo con la familia en Vevey-Suiza.
Octavia en su carta  le sugería que era mejor regresar, si no lograba acostumbrarse: -Querida prima si deseas puedo mandarte el pasaje de regreso a Lima- contestaba Octavia.
En otras líneas de su carta le recomendaba: 
-Blanca, debes hablar con la familia para decirles que quieres regresar, ellos son personas comprensivas, estoy segura que van aceptar, piensa bien tu decisión-.
Terminó de escribir sobre ello y en otros párrafos de la carta  comentaba los últimos acontecimientos sucedidos en la ciudad y la triste partida de Aurora, además de explicarle cual era la situación actual de su hija Rubí. 
Al terminar de escribir se despedía de Blanca con la esperanza de que ella pueda contestar lo más pronto posible. 
Luego de guardar la carta en un sobre y escribir la dirección de Suiza, abrió el cajón de su escritorio y tomó el rosario que Aurora le había obsequiado. Era una hermosa pieza y cada una de las cuentas de cristal brillaba con una luz especial. Cuantos recuerdo y cuantos años de amistad con su amiga.
Un breve silencio pasó mirando el bello rosario que tenia en sus manos, en seguida lo devolvió al cajón donde lo guardaba en una caja de terciopelo. Se puso  de pie, salió del salón para ir  a su habitación, entró en ella y cerró la puerta con seguro. Se acercó a su ropero, este era un hermoso mueble de caoba, a los costados tenía tallados unos grandes rosetones con hojas y ramas ondulantes, en la puerta había un fino espejo biselado en sus bordes. En conjunto era un mueble grande, hermoso y pesado que pertenecía solo a Octavia, pues Aníbal al otro lado de la habitación tenía su ropero, así cada uno podía guardar su ropa en el orden y espacio deseado. Debemos decir además que Aníbal era un hombre muy ordenado y metódico, él tenia sus sacos, pantalones y camisas en especial orden y  nadie debía desordenarlo.
Octavia en su ropero también tenía un buen orden con sus faldas, blusas y vestidos, para los dos era mejor así que cada uno tuviera su propio mueble, de esta manera no había discusión por el espacio o lugar donde se colgaba cada prenda.
Frente a su ropero Octavia abrió la puerta, ninguna persona podía imaginar y menos sospechar que este mueble tenía un falso fondo. Con la mano hizo un espacio entre la ropa y de uno de los costados jaló una pequeña madera casi imperceptible, la tapa del fondo falso se levantó, en ese lugar secreto  ella guardaba documentos importantes sobre sus propiedades, sus joyas y el cofre con las joyas de Aurora. 
Octavia lo tomó entre sus manos lo sacó y luego se sentó en una banqueta que había a los pies de su cama, giró la perilla del cofre para abrir la tapa. En su interior se guardaban las valiosas joyas, este cofre comenzaba a ponerla nerviosa por tenerlo guardado en su casa, el lugar donde estaba era  seguro pero por su valioso contenido tal vez era mejor, llevarlo a un banco pensó un instante.
Del cofre sacó un deslumbrante collar de esmeraldas que hacía juego con aretes y pulsera, cuantas veces vio lucirlo en el cuello de Aurora, a ella le gustaba usar las joyas que Benicio su esposo le regalaba.
Benicio Santa Maria fue un hombre exitoso en los negocios, el sabía donde y como llevar a cabo sus importaciones de todo tipo de materiales para la construcción, además de importar finas maderas para la fabricación de muebles, en aquellos tiempos era más fácil traer madera de Centro América que traerla de la selva peruana. Con su habilidad en los negocios logró tener una sólida fortuna que comprendía dinero y propiedades  que dejó a su esposa. De pronto todos estos recuerdos fueron interrumpidos cuando Ondina tocó la puerta de la habitación para decirle que Cesáreo el jardinero requería su presencia en el huerto. Octavia contestó que enseguida iba al huerto. 
Guardó el collar en su lugar, vio la lista con el inventario de las joyas que habían firmado las dos amigas. 
Aurora había pensado en todo con respecto a su hija y eso a Octavia le daba un gran alivio. Cerró el cofre, lo volvió a guardar en el lugar escondido de su  ropero, cerró la tapa del fondo falso, acomodó la ropa en su sitio y salió de la habitación para ir con Cesáreo. Era mejor olvidarse de la existencia de las joyas de su amiga hasta que se las entregue a Rubí en unos años. 
Anibal a esa hora de la mañana se encontraba en la sala conversando con un amigo que había venido a saludarlo y hablar sobre temas del algodón. Octavia no deseaba preocuparlo con asuntos domésticos de los cuales ella se encargaba.
Entró al huerto y preguntó a Cesáreo ¿qué sucedía? y este contestó:         
-Señora Octavia buenos días, quería decirle que debemos podar la buganvilia porque va caer sobre la higuera y la va asfixiar, además es tiempo de cosecha, las chirimoyas ya están maduras y ni hablar de las guanábanas, los higos y el árbol del pacay está con sus frutos a punto-.
-Cesáreo haga lo que se deba hacer para mantener hermoso el huerto y Ondina ve a traer una canasta que vamos a tener  una gran cosecha-. contestó Octavia que ya se imaginaba saboreando las deliciosas frutas. 
Felicitas vino con Ondina, cada una con su canasta para ayudar en la cosecha de abundantes chirimoyas, higos dulces y los cartuchos del pacay ni que decir. 
Cuando llevaron todas las frutas a la cocina Octavia le decía a Felicitas: 
-debemos hacer el dulce de higo que tanto gusta a la familia. Hay tanta fruta debes separar en una canasta una cantidad de ellas  para que Cesáreo lleve a su casa-. Octavia salía de la cocina feliz con la abundante cosecha del huerto, al encontrarse con Aníbal  con entusiasmo le contaba lo sucedido con la fruta.
-Aníbal ¿qué sucede?,¿ porque esa cara de preocupación?- preguntó Octavia.
-Ven querida, vamos al salón para contarte lo que me acabo de enterarme por mi amigo que se fue hace un instante-. contestó Aníbal con voz grave a su esposa.
En el salón los esposos sentados, Aníbal comentaba: -recuerdas cuando fue el accidente de nuestro amigo Benicio donde perdió la vida, pues te puedo decir que no fue un accidente fue un atentado contra su vida, el amigo que estuvo en la sala, pertenecía al circulo más cercano de Benicio y me dijo que el sospechoso principal del hecho, era su más cercano competidor en los negocios, Santiago Paredes, el grave problema es que nunca se pudo probar si fue él o no el culpable y ahora que han pasado los años es más difícil aun probar algo-.
Octavia escuchaba a su esposo y no salía de su asombro, recién comprendía porque en esos años habían tantos rumores sobre el accidente de Benicio y lo paradójico fue que después de dos años de la muerte de éste, Santiago Paredes quebró de una forma tan terrible por hacer malas inversiones que no pudo seguir con sus negocios luego de un tiempo desapareció de la ciudad. Culpable o no nunca se sabría.
Aníbal y Octavia se quedaron conversando en el salón, todo aquello había vuelto a la luz a raíz de lo ocurrido con Aurora. Ambos lamentaban la tragedia que había envuelto a esa familia. De todo aquello nunca hablarían con Rubí, no tenía sentido atormentar a una niña con malos recuerdos.
Como lo prometió, Octavia se presentó en el convento para recoger a Rubí que la esperaba lista y feliz de saber que pasaría el día domingo con su madrina. Además estaba la promesa de volar la cometa que Manuelito había construido. Después de almorzar todos juntos fueron a la plaza de la reconciliación para volar la cometa, ya habían algunas personas en el lugar haciendo lo mismo, pronto el cielo se llenaría de color y de cometas de diferentes tamaños. Manuelito al lado de Aníbal hacían volar la cometa y una vez que estaba en lo alto del cielo le paso el mando a Rubí para que ella pueda manejarla, la niña le decía algo nerviosa -no te alejes Manuelito que yo no sé manejar bien el pabilo, tengo miedo que caiga la cometa-. Entonces el niño muy serio le daba las instrucciones de lo que debía hacer. Era la primera vez en su vida que ella volaba una cometa y la alegría en su rostro se podía ver. 
Toda la familia estaba feliz de ver sonreír a Rubí después de vivir tan trágicos eventos en sus cortos años.         
La semana siguiente estuvo llena de actividad para las Damas del Patronato se reunieron varios días para terminar de organizar la navidad de los niños del orfelinato, habían comprado juguetes pero el dinero quedado corto, entonces pedían a los amigos y familiares si podían donar juguetes en buen estado para los niños.
Emiliana donó otra de sus muñecas que estaba nueva y bien cuidada, Manuelito dio su camión de madera que con un poco de pintura quedo como nuevo, todos los juguetes se guardaron en casa de Ana Luisa hasta el día de la navidad. 
En una de las reuniones Hortensia seguía feliz con el compromiso de su hija Rosalina, así se los hacía saber a su familia y a las amigas -Creo que en unas semanas Quinto va a pedir la mano de mi querida Rosalina-. decía alegre Hortensia y no dejaba de alabar a su futuro yerno. -Él es tan atento con mi hija, siempre le trae flore y dulces, salen a pasear por el centro de la ciudad acompañados por alguien por supuesto-. 
Las damas la felicitaban al ver su alegría eran sinceras con ella y le decían -pronto habrá boda, que bueno por ti, por  Hipólito y Rosalina-.  Encontrar la felicidad para una hija no era fácil para los padres de la joven, ellos siempre la habían rodeado de todo, si Rosalina pedía algo enseguida se lo daban, era la luz de sus vidas.
Octavia y un grupo de Damas luego de esa reunión fueron a visitar al alcalde, querían desde ahora invitarlo para el desayuno de navidad, deseaban que esté presente para la entrega de los regalos. El alcalde las recibió, estuvo muy amable y lo más importante aceptó la invitación para el desayuno de los niños -voy apuntarlo en mi agenda ahora mismo para no olvidarlo-. contestó cordial.
Ana Luisa interrumpió la conversación y la demás la miraban con horror, ¿Qué iba a decir? para discutir con el alcalde como la vez pasada: -señor alcalde es verdad que la ciudad se prepara para construir la  primera línea del tranvía-. preguntó sonriente.
-Si, está en la agenda pero es un gran proyecto que requiere inversión. Si se concreta pasaremos hacer una ciudad moderna como muchas más en el mundo-. 
La Damas aplaudían que felicidad y decían  -alcalde ojalá se logre el proyecto- y antes que Ana Luisa diga algo más, se despedían de él para evitar que su amiga objete algo sobre la ciudad. 
El problema con Ana Luisa es que a veces no se medía, todo lo hacía con buena intención, esto era cierto pero se apasionaba y terminaba discutiendo, eso también era cierto. 
La ciudad por esos días estaba en paz no habían protestas ni disturbios y se esperaba que se mantuviera así todo el mes para celebrar  la navidad con la familia y en paz.
El año escolar también terminaba en unas pocas semanas y las diplomas para Emiliana y sus amigas estaban listas de todas ellas, era su último año escolar y el comienzo de su nueva vida. La clausura para las alumnas del quinto de media sería un evento especial con asistencia de sus padres.
Para Ondina también era la clausura y el final de sus estudios de primaria, ella había invitado a Octavia para que asista a su clausura que era en la noche con la asistencia también de su madre,  Felicitas 
-Por supuesto que voy asistir a la clausura de tu colegio Ondina- contestó Octavia feliz por la joven que terminaba un ciclo más de su instrucción.
La ceremonia de clausura de Emiliana era en la mañana así es que podía asistir a las dos ceremonias sin problemas y satisfecha de ver a dos jóvenes mujeres dar pasos adelante en su futuro.

CONTINUARÁ     
                  



 

domingo, 1 de noviembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Cerca del medio día, en el pequeño salon de su casa Aníbal conversaba con Octavia sobre los últimos acontecimientos y noticias en el pais.
Aníbal era un hombre que le gustaba estar bien informado, leía diferentes diarios y luego comentaba con su esposa o sus amigos sobre ello. 
Sus palabras con respecto al algodón no habían sido dichas a la ligera. 
El algodón peruano se había salvado de la extinción y ahora se tenía que volver a comenzar de cero y esto significo para los agricultores de algodón grandes pérdidas económicas.
Todos ellos tuvieron que quemar sus cultivos para acabar en el campo con la plaga maligna que casi los extermina.  
Para el pais también significó un grave problema económico, ya que el algodón después del azúcar significaba un importante ingreso en las arcas del estado. Por esos años se buscó dar a la minería un marco legal para poder ser explotada y convertirnos en un pais minero por excelencia. Sacar de las entrañas de las grandes montañas el mineral significaba un despegue económico para todos pero esto era una gran inversión y se necesitaba el capital extranjero.
El boom del caucho continuaba en la selva amazónica, de la ciudad de Iquitos salían toneladas de este material que se convertía en útil materia prima. Todos hablaban del nuevo Dorado al referirse a la selva.  
Aníbal comentaba después de leer las noticias: -Octavia la actividad minera va a generar trabajo para mucha gente y la economía se va estabilizar. Nuestro algodón en el futuro también va a continuar generando  ingresos para el estado, pero ahora tenemos que recuperarnos y sembrar las nuevas plantas de este maravilloso algodón-.
Ondina interrumpió la conversación cuando entró al salón despacio y anuncio: -señora Octavia un señor Héctor la está buscando-.
Octavia se sorprendió, sabía quien era Héctor, pero ¿qué podía querer hablar con ella? 
-Ondina hazlo pasar a la sala, enseguida voy- contestó. 
Se disculpó con Aníbal y fue a recibir al visitante, Octavia lo había conocido en casa de Aurora, era el hermano menor de todos sus hermanos. Ella había conversado con él una o dos veces, pero lo recordaba bien y al menos en esos encuentros fue muy educado. Ahora no sabía que podía querer Héctor al visitar su casa. 
Se presentó en la sala y Héctor se puso de pie, saludo a Octavia con mucha ceremonia y galantería: 
-Octavia que gusto verla de nuevo, debo decir que usted está cada día más bella-. Octavia sonrió y agradeció el halago y le señaló el sillón para que tome asiento.
-Bien Héctor, usted dirá que es lo que desea-. contestó Octavia esperando su reacción.
-Octavia perdone que sea tan directo, pero yo deseo preguntar que sabe sobre el cofre de joyas de mi hermana, según mi prima Renata ese cofre esta perdido o guardado en algún lugar que la familia ignora, esto nos preocupa porque tiene un gran valor. Además deseo preguntar a usted porque es apoderada de mi sobrina y ella esta interna en un colegio teniendo a su familia-.
Aníbal en ese instante se presentó en la sala, saludo y tomó asiento, había escuchado la conversación y no quería que su esposa tuviera un altercado con esta persona.
Octavia después de presentar a su esposo contestó: -Héctor todas esas preguntas debe hacerlas al Doctor Panduro abogado de su hermana. Soy apoderada de Rubí además de su madrina porque Aurora así lo deseaba. Del cofre no se nada, por favor visite al abogado que él puede responder todas sus preguntas. Yo no tengo más que decir-.
Héctor sonrió no quería sostener una discusión con Octavia y menos delante de su esposo, tal vez pensó que él no estaba en casa: 
-Bien Octavia usted tiene razón el Doctor Panduro puede contestar  mis preguntas, yo quise conversar con usted además de saludarla-. se puso de pie y se despidió con igual ceremonia.
A Octavia le parecía tan fuera de lugar la visita de Héctor,  ella mintió con respecto al cofre, pero era un acuerdo con Aurora y el Doctor Panduro sabía muy bien sobre este acuerdo, era mejor para todos saber que el cofre estaba guardado en el banco y no se debía hablar más
-Octavia esta familia no puede quedarse en paz con lo que ha recibido por  herencia. Aurora fue generosa con ellos  que no debían recibir nada, porque ella tiene una heredera directa que es su hija. Esta cantaleta del cofre, no tiene cuando terminar, que puedes saber tú sobre ese tema-. comentó Aníbal muy  molesto.
-Calma querido voy hablar con el Doctor Panduro, él me advirtió sobre esto y me dijo que cualquier problema se lo comunique. Lo único que sé del cofre, que es muy valioso,  guarda todas las joyas de Aurora y te digo la verdad Aníbal son joyas valiosas y finas, de oro y piedras preciosas, para nada son de fantasía ni baratijas, cualquiera de su familia quisiera tener esas joyas en su poder. Ese cofre solo le corresponde a Rubí-. terminó de comentar Octavia. 
Todos sabían que Benicio su esposo le regalaba joyas Aurora por su cumpleaños, aniversarios de boda o le traía de sus viajes, él era muy bueno y generoso con ella. 
Octavia ese mismo día en la tarde visitó al Doctor Panduro y le contó sobre la visita de Héctor, el abogado le contestó que no se preocupe que él pondría fin a estas situaciones molestas si no querían ser desheredados.
Domingo 10 de la mañana según lo prometido Octavia y Emiliana se presentaban en el convento de las religiosas para recoger a Rubí, mientras Aníbal en la casa ayudaba a Manuelito a construir su cometa que según él, tenía que ser un barril aerodinámico para que vuele muy alto. 
Octavia saludo a la madre superiora que mandó a llamar a Rubí. La niña se presentó con un bonito vestido de domingo, un lazo ataba su cabello y sus zapatos blancos de hebilla completaban su atuendo.
-Octavia- dijo la madre superiora -no te olvides Rubí debe estar de regreso antes de la hora del Ángelus-. 
-Si madre, no se preocupe, así lo haré-. contestó Octavia, tomó a Rubí de la mano y con Emiliana salían del convento rumbo a su casa- 
-Ya en la calle Octavia decía a Rubí.
-Es muy bonito tu vestido-.
-Si madrina mi mamá me lo mando hacer, ella siempre me decía que era para ponérmelo en domingo. Extraño mucho a mi mamá-.
Octavia notó la tristeza de Rubí, se detuvo para abrazarla y decirle que su mamá siempre estaría con ella en su corazón, su madre no se había ido. La pequeña más calmada le comentaba todo lo que había hecho en el colegio en esos días.
Cuando llegaron a la casa, Rubí se alegró al ver casi terminado el barril de Manuelito era una cometa que volaría muy alto. Si en la tarde esta bien seca la cola, podían salir todos a la plazuela de la reconciliación para hacer vuelos de prueba.
En la familia todos trataban con cariño y atención a Rubí, querían que se sienta como en su casa, para Emiliana era su hermanita menor y Manuelito también era cuidadoso en su trato con ella.
Más tarde después del almuerzo vieron que la cometa no tenía seco el pegamento, era mejor dejar el vuelo para el próximo domingo, todos querían que Rubí este presente para verla volar. 
Aníbal y Octavia decidieron entonces llevar a su familia al nuevo local de moda en el centro de Lima, donde vendían los más deliciosos helados y pastelillos de la ciudad. Una copa de helado para cada uno sería exquisito probar. 
Listos y bien vestidos con sus ropas de domingo salieron camino a la nueva fuente de soda que todos comentaban. Ondina y Felicitas ya habían salido más temprano a su descanso de domingo para visitar a Eriberto y su pierna enyesada que se recuperaba más rápido de lo imaginado.
Fue un domingo divertido alegre y en familia todos estaban felices y de acuerdo, los helados del nuevo local  eran los más deliciosos que los antes probados. 
El reloj no se detenía y el tiempo tampoco, Rubí debía regresar al internado. Aníbal y Octavia la llevaron de regreso, como siempre, diez minutos antes de la hora del Ángelus. Una hermana salió a recibirlos, los saludo y luego puso sobre el cabello de Rubí un velo pequeño, el porque de esto, era la hora de rezar el rosario.
Octavia y Aníbal abrazaron a Rubí y se despidieron de ella con la promesa de recogerla el próximo domingo.
Lunes en la mañana, Emiliana y Manuelito se iban al colegio, ya faltaban solo unas semanas para finalizar las clases. Aníbal también saldría para ir al banco y ver algunos asuntos de dinero. 
Esa mañana, las Damas del patronato se reunirían en casa de  Octavia para organizar la navidad de los niños del orfelinato. Ellas estaban de acuerdo en visitar al alcalde para invitarlo al desayuno de navidad, él las había apoyado en su trabajo y querían que este presente en la entrega de los regalos para los niños.
Las Damas reunidas en casa de Octavia acordaban los detalles del evento y  recordaron a su querida amiga Aurora, rezaron por ella y luego continuaron, conversando sobre las actividades de la navidad y las vacaciones que tomarían luego para descansar del trabajo.
Hortensia que era una de las Damas, estaba feliz y habló para sus amigas sobre el compromiso de su hija Rosalina, todas la felicitaron y se alegraron por ella. Rosalina era la hija mayor de tres hermanos, había sido protegida y educada con esmero por sus padres. Estudió en el mejor colegio para señoritas, el mismo donde estudiaba Emiliana y era dos años mayor que la hija de Octavia.
Hortensia contaba que el pretendiente de su hija era todo un caballero y trataba a Rosalina con delicadeza y amor, no podía ser el novio más perfecto: -Hipólito y yo estamos felices aunque al comienzo desconfiábamos de él porque no lo conocíamos pero ahora es diferente. Tiene varios meses de visitar nuestra casa y lo conocemos mejor-.
El pretendiente de Rosalina se llamaba Quinto López del Águila, pertenecía a una familia de gamonales que eran dueños de extensos terrenos de cultivo muy cerca a la cordillera Blanca. Mostraba solvencia económica y vivía en una buena casa al otro lado de la ciudad. Los padres de Rosalina como es lógico no querían entregar a su hija a cualquiera que no tuviera un trabajo y solvencia. La joven era muy linda y graciosa siempre había estado cerca de sus padres y al parecer no le disgustaba la compañía de Quinto. No existía más dicha para sus padres que la felicidad de la bella Rosalina.                
Al quedar de acuerdo en todos los detalles sobre el evento de la navidad  de los niños y la invitación al alcalde, felicitaron después  a su amiga Hortensia por la buen noticia sobre su hija Rosalina, ella como madre no podía ser más feliz.
Petra antes de retirarse de la casa de Octavia le entregó la revista femenina que publicaban ella y esposo. 
-Octavia aquí te traigo la revista, La Familia-. 
Octavia siempre agradecía a su amiga por traer su revista  y la veía muy feliz porque la publicación tenia éxito entre el público y además había aumentado su tiraje. 
Las dos amigas se despidieron y Petra se fue para seguir entregando su revista a los demás suscriptores de la misma.   
Después de terminar un día más de clases Emiliana quería conversar con su madre, la llevó al pequeño salón, lugar preferido por la familia para conversar.
Madre e hija se sentaron muy cerca para hablar, Octavia vio la expresión seria en el rostro de Emiliana, se preocupó. 
-Dime hija de que deseas hablar-. 
-Mamá está muy cerca el fin de las clases en mi colegio, en unas semanas más será la clausura y el final de mi vida escolar. Quiero por un tiempo dedicarme hacer voluntaria en el hospital de la hermanas Cartujas, deseo saber si es mi vocación ser enfermera. 
Octavia se quedó unos segundos en silencio, nunca hubiera sospechado esta petición de Emiliana.
-¿Estás segura hija?, atender a los pacientes heridos es un trabajo de mucho cuidado y responsabilidad  ¿quieres que hable con mi amiga Eda para que ella te oriente?
-No mamá, quiero presentarme como una voluntaria más y luego hablar con ella para que me diga que  debo hacer.
Octavia se dio cuenta que su hija había crecido y ya no era la niñita que ella llevaba a pasear. Emiliana se estaba convirtiendo en una joven responsable con ganas de ayudar a los demás. 


CONTINUARÁ
      
         
        
   
   
            


 

domingo, 25 de octubre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

La preocupación de Octavia era hacía Rubí y lo mismo sucedía con Aníbal. Él no estaba muy de acuerdo que la niña estudie en un internado si ellos podían tenerla en su casa, pero había una verdad, la familia de Aurora no los dejaría vivir en paz hasta tenerla en su poder.
-Es lo mejor Aníbal- decía Octavia -nuestra amiga quiere que su hija viva y esté tranquila estudiando, ella no desea que su hija sea motivo de pleitos y desacuerdos-.
Al atardecer del día siguiente, Octavia se dirigía a casa de Aurora, un viento fresco recorría la calle, pronto el cielo se vería inundado de cometas, era el mes de noviembre y era la época en que niños y jóvenes volaban sus cometas. En unos días más Manuelito comenzaría a construir una de ellas para hacerla volar en el cielo. Este recuerdo hizo sonreír a Octavia y en segundos su ánimo cambió al recordar que su amiga estaba postrada en cama con una grave enfermedad.
Octavia tocó la campanilla de entrada y Margarita la recibió, las noticias que tenía no eran buenas. Aurora se había debilitado y ya casi no podía hablar, por momentos perdía la conciencia: 
-Señora ya he llamado al doctor y él mando avisar que venía lo más pronto posible, además los hermanos de la señora Aurora vinieron en la mañana, tenía que avisarles. Los señores se molestaron conmigo porque no había hablado antes, pero yo les dije que eran ordenes de la señora Aurora y les entregue una carta que ella escribió unas semanas antes. Al leerla se quedaron más tranquilos y entraron a ver a su hermana, estuvieron con ella un par de horas y luego se fueron, al menos guardaron las formas-. 
Octavia escuchó a Margarita y estuvo de acuerdo con ella, después se acercó a la habitación de Aurora, ella dormía pero cuando escuchó  la voz de Octavia despertó, le pidió que se acerque y apenas con una tenue voz dijo: -por favor Octavia no olvides tu promesa, mi niña no debe quedar sola-. suplicó.
Octavia contestó rápidamente : -Aurora, Rubí nunca va estar sola, siempre estaré a su lado, es mi promesa, no te preocupes-. mientras decía estas palabras lloraba al ver a su amiga tan débil y sin aliento. 
Algo más quiso decir Aurora pero fue interrumpida por la llegada de su prima Renata que ya se había enterado de su estado de salud, su sorpresa fue mayor al encontrar a Octavia, con voz que simulaba amabilidad comentó:-Octavia tu aquí, que sorpresa, quien te ha permitido venir si no eres de la  familia-.
La voz de Aurora se escuchó -yo la he llamado- hizo un gran esfuerzo para hablar.
Renata disimuló su molestia: -querida prima como es posible que yo no sepa nada sobre tu salud ¿porqué no me has avisado¿- decía con una preocupación que no se sentía, ni se escuchaba sincera. Tomó su mano para seguir hablando de lo triste que estaba. Aurora no contestaba, ella ya no tenía fuerza.
Renata se puso de pie y se alejó de la cama, se acercó a la cómoda, parecía buscar algo y en un impulso impertinente abrió el primer cajón, rebuscó entre sus cosas, luego cerró con fuerza el cajón, Octavia era testigo de su comportamiento desagradable. Aurora no reaccionaba y ella hurgaba en los cajones de los muebles de la habitación y como si no fuera suficiente fue al ropero, lo abrió e igualmente buscaba con vehemencia algo que no encontraba.
Con el rostro lleno de ira preguntó a Margarita ¿dónde está el cofre con las joyas de mi prima? Margarita iba a contestar pero de nuevo sonó la campanilla de la puerta y fue abrir. 
Aurora ya no reaccionaba y Renata daba un espectáculo vergonzoso, no podía guardar respeto hacía su prima que estaba en los últimos minutos de su vida. En su rostro no había tristeza ni lágrimas. 
El doctor entró en la habitación e interrumpió a Renata y su desagradable comportamiento. Él se dirigió a su paciente y la examinó, movió la cabeza en señal de pesar, Aurora había dado su último aliento, ya no se podía hacer nada más.
Renata ordenó a Margarita traer a la Rubí, ella se la llevaría a su casa. Hasta ese momento Octavia había estado en silencio viendo la actuación de Renata, se dio cuenta porque Aurora desconfiaba tanto de ella. pero ahora era el momento de intervenir. 
-no Renata, Rubí se ira conmigo, soy su apoderada, tengo  ordenes de Aurora y voy a cumplirlas-. dijo con firmeza.
La prima Renata contestó que ella era su  familia y no iba a permitir algo así, volvió a ordenar a Margarita que traiga a la niña. Ésta no se movía, no sabía que hacer, fue el doctor quien habló en ese instante:
 -Señora Renata si usted no puede guardar  respeto por su prima, le exijo que salga de la habitación, la señora Octavia tiene razón, yo soy testigo de ello porque mi paciente muchas veces me  comentó al respecto- de esta manera  el doctor la invitó a salir. 
Renata ofendida y furiosa salió de la habitación, en ningún momento mostro tristeza por su prima y menos por la pequeña Rubí. 
-Margarita hay que proteger a la niña ve a traerla, este es un momento muy difícil para ella, tenemos que apoyarla- ordenó Octavia y Margarita fue a buscar a Rubí. 
Los instantes que siguieron fueron de dolor y tristeza, la niña cuando entró en la habitación y vio a su madre sin vida, se hecho a llorar, Aurora era en centro de su existencia. Ahora Octavia estaba junto a ella y el mundo parecía que se había detenido en ese momento de dolor, la vida parecía no tener sentido. 
El doctor y Margarita sentían gran pesar por lo sucedido y Octavia abrazaba a Rubí para consolarla. La noche quedó en penumbras, Octavia y Rubí salieron juntas para preparar la despedida final.  
Muy temprano en la mañana, en su casa, Octavia comentaba con Aníbal lo ocurrido, ella había traído a Rubí que aun dormía en la habitación de Emiliana. 
Todavía no había desayunado cuando recibió la visita de Renata que la esperaba en la sala. Octavia fue a ver que deseaba y ella  sin medir sus palabras la acusó de convencer a Aurora para que le deje todas sus bienes  y la custodia de su sobrina. -No sé como has convencido a mi prima pero no voy a permitir que te adueñes de sus cosas-.
Octavia no podía escuchar más, se puso de pie y contestó molesta -sal de mi casa, no voy a permitir que tú me acuses y asegures cosas sin fundamento-. llamó a Ondina y le dijo -acompaña a esta señora y nunca más le abras la puerta, ella no puede entrar a mi casa-. terminó de decir. 
Aníbal fue a la sala y encontró a su esposa molesta por la visita desagradable de Renata:
-Calma querida, esa señora es un verdadero problema, Aurora tenía tanta razón con respecto a ella-.
Octavia, su familia y la pequeña Rubí se prepararon para los funerales donde asistieron las Damas del Patronato que sentían un gran dolor por perder a su amiga, además estaban las religiosas y todas las amistades que apreciaban Aurora. Sus hermanos en silencio acompañaban a su hermana Aurora y la infaltable prima Renata estaba también presente.  
Fueron dos días interminables. Octavia, Aníbal, Emiliana y Manuelito acompañaban a Rubí que se sentía protegida al lado de su madrina.
Al final del entierro la madre superiora se acercó a Octavia para decirle que se llevaría a Rubí y ella le pidió que la deje unas horas más, la niña se encontraba desolada nunca más volvería  a ver a su madre.  
-Madre quiero preparar a Rubí y hablar con ella sobre su nueva vida, le prometo que en la tarde antes de la hora del Ángelus la estaré llevando al colegio-
La madre superiora aceptó y contestó: -recuerda que ahora somos responsables de la pequeña Rubí, confió en tus palabras.  
-Si madre, no se preocupe, estaré puntual en el colegio-. contestó Octavia.
Cuando ya se retiraban del cementerio el Doctor Panduro se acercó para decirle a Octavia que en dos días más se daría lectura al testamento -Octavia debe estar presente para acompañar a mi protegida Rubí, la niña tiene que estar en la lectura de los últimos deseos de su madre para que sepa cuales son sus derechos-.
-Doctor Panduro yo no quisiera, he tenido el otro día un fuerte altercado con Renata y ella va estar presente-.
-No sé preocupe Octavia, yo conozco a la señora y he tomado la precaución de tener a dos asistentes en caso de que surja algún problema-.
No muy convencida Octavia aceptó tenía que estar al lado de Rubí. El doctor Panduro se despidió de ella y de Aníbal. Éste comentó -Octavia si deseas yo te acompaño a la lectura del testamento, soy el padrino de Rubí-.
-Anibal es mejor que no, tu presencia puede levantar suspicacias que no tienen fundamento, no te preocupes Rubí y yo vamos  a estar bien-.
Todos partieron a sus respectivas casas, los amigos que apreciaban Aurora sentían pesar por Rubí, su vida había cambiado en forma drástica.
En la casa todos rodeaban a Rubí conversaban con ella para animarla, Emiliana le regaló su muñeca, que tenía un lindo vestido y era su preferida. Almorzaron todos juntos en familia y mas tarde Octavia le hablaba como iba hacer su vida de aquí en adelante: -no tengas miedo las Hermanas de la Caridad van ha cuidar muy bien de ti y yo estaré a tu lado para lo que desees, todos los domingos iré a recogerte a las diez de la mañana para estar juntas en familia, tu vida va ser diferente pero vas estar rodeada de personas que te quieren de verdad-.
Rubí comprendía las palabras de Octavia y solo contestó -si madrina yo voy a esperar por usted todos los domingos-.
Octavia y Rubí acompañadas por Aníbal partieron hacia el convento de las religiosas, había llegado el momento. Diez minutos antes de la hora del Ángelus, Octavia entregaba a Rubí en las manos de la madre superiora, ella le hizo la salvedad que vendría a recogerla en dos días más para la lectura del testamento, la madre superiora estuvo de acuerdo, luego se despidió de Rubí con un abrazo y un beso, lo mismo hizo Aníbal que sentía tanto la partida de Aurora y ahora la despedida de Rubí.
Dos días más tarde Octavia y Rubí se hacían presentes en casa de Aurora para la lectura del testamento, ellas llegaron temprano, así lo había preferido Octavia, era mejor esperar hasta que llegue el doctor Panduro. Una hora después todos los familiares se encontraban en el salón de recibir, el resto de la casa estaba con las puertas cerradas.
El doctor Panduro inició la lectura del testamento, una vez que se comprobó que todos los interesados estaban reunidos. Dio lectura algunas clausulas y en un de ellas decía que a sus hermanos la señora Aurora les dejaba la casa que ellos actualmente ocupaban  y a mi prima Renata le dejo la colección de relojes finos que tanto le gustaban y dos relicarios de plata.  Estando yo presente le di a ella como adelanto de herencia una cantidad de dinero. El doctor Panduro continuo leyendo las demás clausulas y para terminar a mi hija Rubí la declaro heredera universal de todos mis bienes que le serán entregados a su mayoría de edad cuando cumpla los veintiún años. Esta casa quedará cerrada y nadie podrá entrar en ella, salvo mi hija Rubí y su madrina.
Murmullos en la sala, Renata se puso de pie para decir en voz alta que el cofre con las joyas de Aurora estaba desaparecido.
-No está desaparecido ese cofre señora- contestó el doctor Panduro -se encuentra guardado y a buen recaudo y le será entregado a Rubí cuando cumpla los dieciocho años. Nadie puede oponerse a los deseos de la Señora Aurora de Santa Maria porque de inmediato quedará separado del testamento-. terminó de decir el abogado para dar fin a la lectura.  
Renata dijo algunas palabras pero ya no había nada que hacer, todo estaba dicho. El doctor Panduro pidió a todos desocupar la sala porque la casa iba a ser cerrada. Se despidió de los presentes y de Octavia diciéndole a ella que cualquier problema  que tuviera de inmediato se acerque a su estudio.
Al salir de la casa Octavia dio un paseo con Rubí antes de dejarla de nuevo en el convento, hablaron sobre Aurora y los buenos momentos que vivieron junto a ella, después la dejo con las religiosas, al despedirse le dijo: -nos vemos el domingo no te olvides-. luego la abrazó.
En el camino a su casa se le apretaba el corazón en el pecho, hubiera sido tan bueno para Rubí que viva con la familia pero la realidad era diferente y nada se podía hacer.                                                


Los días pasaban y la vida tomaba su propio curso, Las Damas del Patronato se preparaban para un nuevo trabajo, la navidad de los niños del orfelinato. 
Comprar los juguetes y preparar el desayuno de navidad para los pequeños era prioridad. 
Todas extrañaban a Aurora pero debían continuar trabajando, además pensaban invitar al alcalde para el desayuno de navidad con los niños.
La población  en general esperaba que en los días cercanos a la navidad la ciudad se encuentre sin disturbios ni protestas al menos por esos días para celebrar el nacimiento de Jesús en el mundo. Todos apoyaban las protestas de los obreros por ser justas, pero al menos por esos días se necesitaba paz.
Octavia aparte se preparaba para el final del año escolar  de Emiliana, ella terminaba sus estudios y se alistaba  para comenzar una nueva  etapa en su  vida. Tenía excelentes calificaciones y ella podía decidir su futuro. Octavia hasta ese momento no había hablado seriamente con su hija de lo que iba hacer después del colegio. 

CONTINUARÁ    

domingo, 18 de octubre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Las Damas del Patronato se habían reunido en casa de Ana Luisa,  la tesorera, para tomar decisiones.
En primer lugar irían al orfelinato de  niños para entregar los víveres y ropa  que habían comprado con el dinero recaudado de la rifa y en segundo lugar irían al asilo de ancianos desamparados para entregar víveres y frazadas que eran por esos días lo que más necesitaban en esa  casa. 
La señoras se organizaron y se formaron  dos grupos. Un grupo llevaría la ayuda  a la casa de los niños y el otro grupo al asilo de ancianos. Aurora que era la presidenta del comité no estaba presente, tomaría su lugar Octavia y Petra sería la secretaria, la tesorera siempre era Ana Luisa. Ninguna de las señoras preguntó por Aurora, todas estaban preocupadas por su amiga, pero tenían que seguir adelante con su trabajo.
Octavia como había prometido no comentó nada sobre la salud de Aurora, ella sabía que es lo que pasaba con su amiga. 
En triciclos repletos de sus compras, cada grupo se dirigía a su destino, Octavia iba con el grupo de señoras a la casa de los niños sin hogar. Petra, Ana Luisa y otras señoras al asilo de ancianos. Era un momento grato poder ayudar a estos hogares, en uno, donde la vida comenzaba y el otro donde el invierno de la vida terminaba, parecía una ironía pero era así y para este grupo de damas se convertía en  una felicidad poder ayudar con su trabajo a los que más necesitaban. 
Las damas habían guardado una cantidad de dinero para comprar más tarde juguetes, la navidad no estaba muy lejos  y se tenía que pensar en la compra de juguetes para el hogar de los niños, ellos esperaban con alegría sus regalos de navidad. 
Cada grupo de señoras llegó a su respectiva casa con los triciclos llenos de sus compras, la directora de la casa de los niños y el personal recibieron a las damas con aplausos, ellas eran bien venidas con la ayuda para el hogar. De igual manera sucedió en el asilo de ancianos, las damas fueron recibidas con alboroto y aplausos. En ambas casas la ayuda era una bendición que llegaba en el momento que más se necesitaba. 
Las gracias a las damas por todo el trabajo que hacían fue la respuesta. La directora de la casa de los niños no tenía palabras para agradecer por los presentes. 
Las Damas del Patronato se retiraron del hogar de los niños muy contentas, no podían expresar con palabras lo que sentían al ayudar.  El otro grupo también se retiró del asilo de ancianos, satisfechas y felices de entregar la ayuda para esta casa que tanto necesitaba. 
Después de esta jornada de trabajo se volvieron a reunir en casa de Ana Luisa para comentar sus experiencias, ellas no tenían descanso porque ya planeaban  el trabajo de navidad. 
Cuando Octavia llegó a su casa, sus hijos salieron a recibirla estaban contentos de almorzar con su madre y conversar con ella sobre su trabajo a la casa de los niños.
Por unos instantes Felicitas pidió hablar con Octavia y ella la recibió en el pequeño salón. 
-Señora mi hermano Eriberto ya salió del hospital, quiero pedir su permiso para ir a verlo en la tarde, él todavía no puede valerse por si mismo, tiene la pierna enyesada. Ondina se encargaría de terminar mi trabajo-.
-Que bueno Felicitas que tu hermano ya esté en su casa, en una vianda llévale almuerzo es importante que se recupere y para ello tiene que alimentarse bien- contestó Octavia para sorpresa de Felicitas. 
-Gracias señora por darme su permiso y llevar comida a mi hermano. La señora Eda antes de salir del hospital le hizó serias advertencias a Eriberto para que se cuide y no esté corriendo de la policía por las calles, Ella fue muy estricta al decirle que su pierna tenía que ser cuidada si la quiere conservar. Eriberto le prometió que así lo haría.
Emiliana y su madre conversaban en el huerto sobre algunas flores que querían sembrar antes que se  termine la estación. 
Ondina fue al huerto y se acercó a ellas para decirle: -señora este telegrama ha llegado y también está aquí mi cartilla con las notas del colegio-. 
-Bien Ondina déjame ver esa cartilla, tienes excelentes notas te felicito, sigue así para que el próximo año termines la primaria- y en sus manos le entregó la cartilla de notas.
Emiliana también felicitó a Ondina y las dos salieron conversando juntas del huerto. Cuando Octavia se quedó sola, abrió el telegrama que era de Aníbal, éste decía: Mi querida Octavia llegó a la casa el jueves.
El huerto lucía bien cuidado, Cesáreo el jardinero venía una vez al mes a podar las plantas y limpiar la maleza era tan grato estar cerca de la naturaleza con las flores y los árboles que la rodeaban 
De tarde en tarde Octavia iba a visitar a su amiga Aurora, veía con gran pesar como la enfermedad la debilitaba. Su doctor la visitaba un día si y un día no, los cambios que notaba eran alarmantes pero Aurora ya sabía lo que pasaba con ella y se resignaba, aunque su dolor crecía al pensar en su hija Rubí. Ella sufría porque no quería dejarla sola y Octavia le aseguraba que estaría siempre a su lado para velar por su seguridad.
-Aurora- decía Octavia una tarde que fue de visita -es necesario preparar a Rubí con respecto a tu enfermedad, ella no sabe toda la verdad, tenemos que hablarle de una forma delicada para que comprenda  y  después no sea peor para Rubí 
-Si, tienes razón, creo que es el momento de hablar con mi hija, ella piensa que pronto me voy a curar. Margarita trae a Rubí a mi habitación-. ordenó Aurora. 
Iba hacer un momento doloroso para la niña, pero  debía saber la verdad.
Unos minutos más tarde, Rubí entró a la habitación de la mano de Margarita, saludó a su madrina con un abrazo y un beso, ella le devolvía el cariño, después se acercó a la cama donde su madre descansaba.
Aurora inició la conversación con su hija explicando en forma serena cual era su enfermedad y que pasaría con ella  al final, Rubí abrazó a su madre y comenzó a llorar. Entre Octavia y Aurora calmaban a la niña para que pueda comprender que su madre siempre estaría a su lado cuidándola desde el cielo. Para todas fue un momento difícil ver el sufrimiento y desesperación de la pequeña que a tan corta edad se quedaba sin padre y sin su madre que era todo su mundo. 
-Tu madrina va estar cerca, ella  va  cuidar de ti pero tienes que estudiar interna por tu tranquilidad querida mía, yo te he explicado alguna vez sobre nuestra familia-. 
Octavia le aseguró que así sería, que siempre estaría cerca de ella. La pequeña Rubí un poco más serena hablaba con su madre y su madrina, envuelta en su tristeza trataba de entender lo que pasaría con  su madre después. 
Una hora más tarde Octavia se despedía de Aurora y Rubí, la niña estaba más tranquila, abrazada a su madre conversaba con ella cuando Octavia salía de la habitación. 
Fue un momento difícil y triste hablar con Rubí pero fue necesario preparla, porque si no  el sufrimiento para la niña sería más grande llegado el momento.
Los días pasaban y aún no se habían apagado los ecos de las protestas de los trabajadores en el puerto con las consecuencias que todos conocían cuando los trabajadores de la industria textil iniciaban su huelga y protestas. Las calles volvían a ser un polvorín, pero el gobierno aún no escuchaba a la población que clamaba su reconocimiento y aceptación.
Jueves al medio día llegó Aníbal lleno de entusiasmo, ¡Octavia! llamaba a su esposa en voz alta: 
-Aníbal que bueno tenerte en casa- saludó Octavia a su esposo. Él la tomó en sus brazos y le dijo feliz 
-Vamos a bailar, hoy día es un día especial-  dio unos pasos de baile junto a ella.
Octavia preguntó: -querido porque tanta felicidad, no comprendo-.
Aníbal se detuvo en ese instante y contestó -mi querida esposa, si bien es cierto que problemas graves existen en el fundo, solo hemos podido salvar la tercera parte del cultivo de algodón y hay un desastre económico. Las pruebas de investigación del señor Fermín Tangüis, están dando buenos resultados entonces nuestro precioso algodón va ser salvado de la extinción y puede seguir teniendo el país uno de los algodones más finos del mundo. Octavia dime si no es para estar felices y bailar- reía Aníbal por las buenas noticias. 
-No quiero acabar con tu alegría querido pero tengo que decir algo que es muy serio- contestó Octavia con una expresión de tristeza en el rostro.
Aníbal se alarmó -¿que sucede? ¿pasó algo con los niños?- contestó de inmediato.
-No, no, no es nada con nuestra familia pero si con alguien a quien queremos y estimamos-. dijo Octavia -ven vamos al salón para conversar-.
En el pequeño salón Octavia puso a su esposo al tanto de la salud de Aurora y lo que sucedía con ella, su enfermedad era grave y no tenía mucho tiempo de vida.                                              

Aníbal no salía de su sorpresa -no puede ser- decía -nuestra querida amiga Aurora, estas segura Octavia-comentó.
-Si Aníbal, todo lo que te he contado es verdad y el doctor lo ha confirmado-.
Aníbal en el pasado había sido muy amigo de Benicio Santa María esposo de Aurora. Él sintió mucho su muerte y ahora era su esposa Aurora, acaso era cruel el destino con esta familia. No comprendía, aún más si estaba de por medio una niña pequeña que iba a sufrir la ausencia de su madre, como en su momento sufrió la del padre.
-Aníbal solo te pido no comentes con nadie lo que acabo de contarte, ella no quiere que su familia se entere todavía, ya te explicado el porqué-.
-No, no te preocupes Octavia no diré nada, debemos respetar la voluntad de nuestra amiga. No puedo comprender, no, no- decía Aníbal lamentándose de la noticia. 
-No quería acabar con tu alegría pero tenías que saberlo,  nosotros somos los padrinos de Rubí y yo he prometido estar siempre a su lado para protegerla-. decía Octavia a su esposo.
Aníbal contestó -si Octavia estoy de acuerdo contigo, nosotros siempre vamos a proteger a Rubí-. 
En el pequeño salón hubo un largo silencio, Octavia y Aníbal sentían un gran pesar por Aurora y era inevitable la tristeza y el dolor que sentían por su querida amiga. 

CONTINUARÁ   
 

domingo, 11 de octubre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Octavia lentamente se acercó a su amiga, Aurora le señaló un pequeño sillón que estaba muy cerca de la cama y le dijo: - Por favor toma asiento, cómo te vuelvo a repetir mi enfermedad no es contagiosa-. 
Octavia tomó asiento donde le señalaba su amiga y  preguntó: 
-Aurora ¿Cómo estás? ¿qué es lo que tienes?-.
-Querida amiga, primero quiero que me cuentes como fue el evento de la rifa, salió todo bien como esperábamos. Yo estaba tan preocupada pero no podía hacer nada, mírame aquí estoy, todo el día en cama-.
Octavia contestó a su amiga lo que deseaba saber: -Aurora el evento fue todo un éxito. El público acudió a nuestro llamado, el salón de la Beneficencia que nos prestó el alcalde estaba repleto de gente y la emoción por el premio lo hacía todo más sorprendente, fue una señorita presente en la sala quien ganó el collar, la gente aplaudía cuando ella subió al escenario y mostró a todos el premio, en realidad fue un momento de algarabía, de emoción. Recolectamos la cifra récord de tres mil soles gracias a tu donación del collar. Imagina cuanto vamos a poder  ayudar con esa cantidad de dinero-.
Aurora sonreía mientras escuchaba a su amiga que con entusiasmo contaba los detalles del evento. 
-Que alegría me da escuchar todo aquello, para mí fue una gran tristeza no poder asistir a la celebración de la rifa pero mi situación es delicada- por unos segundos hubo silencio y luego Aurora prosiguió.
-Octavia, la enfermedad que yo tengo es grave, lo que está creciendo dentro de mi se lleva lentamente mi vida. Según el doctor que me está tratando es un tumor y es maligno-. las palabras de Aurora se quebraron por el llanto, Octavia no sabía como consolar a su amiga pero le pidió calma.
-Aurora seguro que es algo que se puede curar, tú siempre has sido una persona muy sana muy activa-.
-No Octavia, esto es algo muy malo, yo le rogué al doctor que me diga la verdad  y él me explicó todo sobre la enfermedad,  es realmente grave por unos días pensé que se podía curar sola por eso no decía nada pero esto es imposible-. 
Octavia estaba preocupada por su amiga, no podía creer que ella estuviera tan mal, pero su semblante pálido y demacrado, además de haber perdido peso confirmaba lo que Aurora decía.
-Por favor, quiero pedirte que me escuches Octavia, para mí es muy importante lo que voy a decir-. 
-No te preocupes estoy atenta a tus palabras- contestó Octavia mientras su amiga le entregaba el cofre que tenía en las manos.  
Octavia lo abrió y quedó sorprendida con su contenido. En su interior, el cofre estaba lleno de  joyas que eran propiedad de Aurora, esto fue sorprendente, Octavia estaba desconcertada.
-Aurora que voy hacer con esto, no comprendo que es lo que deseas-. preguntó al ver el valioso contenido.
-Deseo que las guardes y cuando mi pequeña hija Rubí cumpla los dieciocho años le entregues el cofre,  yo confió mucho en ti, tú eres su madrina y sé que la quieres de verdad-.
Rubí era la hija pequeña de Aurora, ella solo tenía diez años y su madre sufría al saber que a tan tierna edad se quedaría sin padre y sin madre.
-Si, es verdad, yo quiero mucho a Rubí  pero esto es demasiada responsabilidad, son tus joyas y yo no se si debo tenerlas, tal vez alguien de tu familia puede guardarlas-. contestó  Octavia para que su amiga cambie de opinión.
-No, yo no confió en nadie de mi familia, me duele decir esto pero es verdad y la más peligrosa es mi prima Renata, ella nunca le daría a mi hija el cofre. Mi familia no sabe nada sobre mi enfermedad, si lo supieran estarían aquí como aves de rapiña esperando mi último aliento y se lanzarían sobre mi dinero, mis propiedades y a mi pequeña Rubí no le dejarían nada. Como dije antes me duele decirlo porque es mi familia, pero tengo que hablar con la verdad-. Octavia estaba sin palabras era real la enfermedad de Aurora y ella le estaba entregando sus joyas. 
-Está bien Aurora acepto guardar el cofre, solo con una condición que hagamos una lista en este momento de las joyas que hay en él y al final firmemos las dos y Margarita tu empleada como testigo para que de fe de lo que me estas entregando a guardar y luego dárselo a Rubí cuando ella cumpla los dieciocho años.                
 Aurora estuvo de acuerdo y de inmediato
se hizo la lista con las joyas que tenía el cofre tales como: cadenas de oro y medallones, collares, pulseras llenas de dijes, sortijas con algunas piedras preciosas todo aquello eran regalos de su esposo cuando éste vivía.  Al terminar la lista, firmaron las dos y Margarita fue testigo. 
Octavia guardó el papel en el cofre que mantendría bajo su custodia  para su ahijada.
-Ahora, Octavia deseo contarte que he escrito un testamento junto con mi abogado el doctor Panduro para que se cumplan mis últimos deseos. Es mi voluntad dejar todos mis bienes a mi hija Rubí, como tu sabes mi esposo Benicio me dejó una considerable fortuna y propiedades que no pueden caer en manos de mi familia, necesito asegurar el futuro de mi pequeña y tu Octavia me tienes que ayudar a que se cumpla todo mi testamento. Escúchame por favor-. 
Octavia iba a interrumpir a su amiga pero no dijo palabra, Aurora le hablaba de algo muy serio que era el futuro de su hija.
-Mi abogado es el tutor legal de Rubí, pero quiero pedirte que tu seas su apoderada que se encargue de hacer cumplir toda mi voluntad para proteger a mi niña. Sé que puedo confiar en ti por eso es que te cuento todo, además de entregarte el duplicado de mi testamento, el original lo tiene mi abogado el doctor Panduro, él sabe que yo cuento contigo-.
Margarita entregó en las manos de Octavia el testamento que indicaba Aurora. Ella le estaba entregando el testamento y el futuro de Rubí. 
Aurora le comentó a Octavia las clausulas principales del testamento - Como tu bien sabes, yo tengo una propiedad que está muy cerca al portal de Botoneros, es una casa muy grande que he cedido a las Hermanas de la Caridad con la condición de que le den la educación completa a mi hija en el colegio que ellas dirigen. Rubí estudiará interna con las religiosas. Al principio pensé pedirte que viva contigo pero mi familia te haría la vida imposible con tal de llevarse a la niña poniendo como pretexto que son familia, en cambio con las religiosas no van hacer capaces de enfrentarse. Rubí puede pasar contigo los domingos y las fiestas de fin de año ¿verdad?-
Octavia aceptó encantada de traer a  Rubí a su casa cuantos días sean necesarios, ella tenía por la niña un cariño sincero.
Aurora secó sus lágrimas con un pañuelo y continuó hablando sobre sus últimos deseos: 
-Esta casa va a quedar cerrada y Margarita se encargará de cuidarla para ser entregada a Rubí junto con las demás propiedades y también el dinero que hay en el banco cuando ella cumpla la mayoría de edad y pueda administrar sus bienes. Solo tú  y Rubí pueden visitar la casa para asegurarse que todo esté en orden. Como tú bien sabes yo sufrí mucho para quedar embarazada de mi pequeña y cuando ella nació fue la alegría de nuestro hogar, años más tarde la tragedia volvió cuando Benicio partió de este mundo por causa de un accidente en uno de sus viajes de negocios. Ahora soy yo la que sufre por está enfermedad y pienso todo el tiempo en mi hija, ella va a quedar sola en este mundo.
-No Aurora, ella no va estar sola, yo voy a velar por ella y va estar bien-. Octavia hacía esta promesa a su amiga en el lecho de su enfermedad, era un serio compromiso pero era lo menos que podía hacer por la pequeña que era su ahijada.
-Me prometes Octavia cuidar de ella hasta su mayoría de edad- suplicó Aurora.
-Te prometo querida amiga, así será- contestó Octavia muy seria y comprometida.
Aurora por momentos respiraba con dificultad debido a la enfermedad que la debilitaba, ella tenía que tomar pequeños lapsos de descanso para seguir hablando. 
Sobre su velador tenía un rosario de cuentas de cristal azul que Benicio le trajo de uno de sus viajes. Lo tomó en sus manos y dijo: -Octavia quiero regalarte este rosario, es fino y es muy bonito para mí es especial deseo que tú lo tengas-. 
-Gracias amiga pero no es necesario que me regales nada, creo que debe estar en manos de Rubí- contestó Octavia para que su amiga no se ofenda, no era su intención rechazar el  regalo. 
Aurora insistió y Octavia tuvo que aceptarlo -lo tendré guardado en un lugar especial en mi casa- agregó Octavia y Aurora sonrió. 
La hora había corrido en el reloj, Octavia se despedía de su amiga cuando vio que ella se cansaba al hablar. Era mejor dejarla dormir.           
Lee el testamento Octavia para que te enteres de toda mi voluntad y apoyes a mi pequeña Rubí-.           

Octavia prometió que así lo haría y que estaría siempre cerca de Rubí, Aurora se quedó algo más tranquila al saber que Rubí estaría con su madrina cuidándola. 
Antes de retirarse de la casa por voluntad de Aurora, Octavia tenía que recorrer toda la propiedad para que vea  como queda todo y así debía permanecer.
Junto a Margarita recorría cada habitación, cada ambiente donde todos los objetos y muebles que habían eran fino y de buen gusto. 
Octavia recordaba las fiestas, almuerzos y reuniones a las que había asistido con Aníbal en esa casa. Benicio era un hombre que le gustaba la vida social y agasajar a su esposa e hija. Tuvo tiempo de hacerlo y disfrutar a su familia.
Camino a su casa Octavia llevaba en su bolso el cofre con las joyas de Aurora y el rosario de cristal. Todo aquello sería guardado en un lugar seguro hasta que pueda estar o en manos de Rubí.
Cuando llegaron del colegio Emiliana y Manuelito, Octavia se encontraba en su pequeño salón como era costumbre, sus hijos fueron a saludarla y Octavia los abrazó y besó varias veces, Emiliana preguntó:
-Mamá estas triste que sucede-.
-Nada hija solo quiero abrazarlos y estar cerca de ustedes-. Octavia había prometido no decir nada sobre la enfermedad de Aurora, pero la invadía una tristeza al pensar que su amiga tenía poco tiempo de vida. 

CONTINUARÁ