domingo, 13 de febrero de 2022

UNA CORTA HISTORIA

Mateo amaneció muy temprano en la mañana, quería aprovechar el tiempo, eran pocos días que tenía de permiso en el trabajo para respetar el duelo que vivía. 
Tomó desayuno en la cocina, Justa, la señora que ayudaba en la limpieza desde el tiempo de su madre estaba por llegar y él quería comenzar  cuanto antes el trabajo de desocupar la casa familiar. No iba hacer fácil despedirse de una etapa de su vida, de sus recuerdos y momentos familiares. 
En su agenda tenía el número de la señora del corretaje, la iba a llamar a partir de las nueve de la mañana, esa hora era adecuada para conversar con ella.
Se cambió y se puso una ropa sencilla que trajo para pasar los días que se quedaría a dormir en la casa de sus padres. Parecía algo extraño, él estaba habituado a su departamento y volver a la casa de su niñez y juventud era como retroceder en el tiempo cuando sus padres vivían y todo era más fácil. Mateo y su hermano no tenían preocupaciones de ninguna clase, solo la responsabilidad de estudiar. Ellos jamás se preguntaron de donde salían las cosas, era natural encontrar todo en casa y listo. Sus padres eran los que se preocupaban que Vicente y Mateo tuvieran a su alcance todo lo que necesitaban pero exigían a cambio buenas notas en sus estudios. 
Sonó el timbre de la puerta, era Justa, la señora del servicio que ayudaba a mantener todo limpio y en orden. Ella tenía la confianza de la familia y sufrió cuando partieron primero la madre y luego el padre. Justa era parte de la familia. 
-Joven Mateo, buenos días-  saludó -ya está preparado para comenzar el trabajo-.
-Así es Justa, ya estoy preparado y voy a comenzar por las cosas más pequeñas y luego me ocuparé de los muebles- dijo Mateo que sentía que era una tarea complicada por todos los objetos que habían.
Tomó una caja y abrió cajón por cajón para desocupar el aparador del comedor, muchas de las cosas de los cajones fueron a dar a una bolsa negra para ser luego despachadas. Justa observaba como se desocupaban los cajones y mencionó si podía llevarse algunas libretas que estaban nuevas. Mateo aceptó, él no las iba a usar.
Cuando el reloj marcó las nueve Mateo llamó a la señora del corretaje para que visite la casa y le de su opinión sobre la propiedad y si podía venderla. Amanda Roble aceptó visitar a Mateo.
-En una hora estoy llegando para conversar- contestó.
Mateo conocía Amanda Roble, ella le había conseguido el departamento que alquilaba cerca a su trabajo. Cuando sintió que era una realidad vender la casa de sus padres un apretón en el pecho lo sacudió porque en ella estaban todos los momentos familiares que vivió junto a sus seres queridos. Iba a ser difícil despedirse de todo aquello.  Por momentos se molestaba porque él se llevaba todo el trabajo y Vicente muy tranquilo en New York, solo esperaba su llamada para firmar los papeles. Cierto es que su trabajo lo retenía en esa ciudad y no podía viajar para ayudar a su hermano pero eso no  disculpaba el trabajo que iba a hacer Mateo. 
Su hermano mayor le había dado permiso para disponer de las cosas de su habitación: -Mateo no te preocupes tienes carta blanca para disponer de todas las pertenencias que puedas encontrar-.
Cuando acabe con el primer piso se iba a ocupar del segundo piso y las habitaciones, así lo había planificado. 
Siguió con su trabajo de seleccionar las cosas que encontraba en el aparador del comedor cuando volvió a sonar el timbre y fue abrir la puerta. 
-Mateo, buenos días- saludó Amanda Roble.
-Amanda buenos días y gracias por venir, para mí es importante conversar con usted y saber su opinión sobre la casa-.
-Bien Mateo, comencemos por el primer piso y luego por el segundo- comentó Amanda y acompañada  por Mateo comenzó su inspección.
Recorrieron juntos todo el primer piso, Amanda en una libreta apuntaba los detalles y observaciones sobre la casa.  Cuando terminaron subieron al segundo piso del mismo modo recorrieron habitación por habitación, el hall y los servicio. La azotea fue el último lugar y después bajaron por la escalera auxiliar al primer piso. Mateo le  pidió Amanda sentarse y conversar en la sala.
La pregunta de rigor: -¿Amanda dígame que opina de la casa y sus posibilidades?- dijo Mateo esperando una repuesta.
-Puedo decirte con toda seguridad que la casa está en muy buenas condiciones, todo se encuentra bien conservado, impecable y con pintura nueva. Puedes venderla con algunos muebles si deseas, la sala y el comedor están impecables. Esto era gracias a su madre que le gustaba tener los muebles bien conservados. Los sillones de sala habian sido tapizados en dos ocasiones con un tapiz fino y de buen gusto, del comedor no había nada que decir, eran clásicos sin ser demasiado serios y se encontraban bien tratado con un líquido especial para madera. Su padre se encargó de hacer pintar la casa un año antes de su enfermedad.
-Entonces se puede vender, deseo que usted se encarga de ello para mí seria estupendo que acepte- habló Mateo.
-Bien, te enviaré con mi agente el contrato para iniciar la venta, tú ya conoces mi seriedad y como trabajo-.
Mateo aceptó y quedaron de acuerdo con la cantidad en que se vendería la casa y los porcentajes. Amanda se pondría a trabajar de inmediato en la venta. Se despidió de Mateo no sin antes advertir.
-Los tiempos están difíciles en la economía del pais pero a pesar de ello siempre hay gente que desea invertir en una propiedad. Se puede demorar un poco pero saldrá la venta-.
No habian pasado ni diez minutos de la salida de Amanda Roble cuando el timbre volvió a sonar. Mateo con expresión de interrogación en el rostro -¡Quien es!-  exclamó.
-Mateo soy yo Lucinda- contestó.
 Al abrir la puerta la sorpresa de Mateo fue mayúscula, Lucinda traía en las manos  una fuente que estaba tapada.
-Mateo, mi madre te envía esta lasaña como agradecimiento por tu amabilidad y los obsequios de las figuras de porcelana. Gracias, me envió a decir-. 
Mateo podía saborear en su imaginación la lasaña de doña Ernestina.  Estas eran famosas en el vecindario, ella una época se dedicó a vender lasañas para ayudarse y poder pagar las medicinas de la enfermedad de su esposo. Todo el vecindario compraba el delicioso plato y siempre pedían más.
-No puede ser Lucinda porque se ha molestado tu madre, no era necesario hacer esto-  mintió estaba feliz con la lasaña -Por favor dale las gracias por tanta molestia-.
-Tú conoces a mi madre, ella es un pan de Dios y siempre le gusta decir gracias-. Si, Mateo conocía a doña Ernestina y sabía que eran ciertas las palabras de su hija. 
Lucinda se despidió de Mateo para dejar que siga con su tarea, recién comenzaba y tenía mucho que hacer. 
-Justa ya tenemos almuerzo, las lasañas de doña Ernestina son famosas por su exquisito sabor- comentó Mateo y ordenó a Justa guardar la lasaña, todavía era muy temprano para almorzar. 
Se dispuso a continuar toda la mañana  su tarea de desocupar los cajones y puertas del aparador, el tiempo pasaba y cuando el reloj marcó la 1 p.m Mateo y Justa se prepararon para almorzar en la mesa del pequeño comedor de la cocina. Justa calentó la lasaña puso la mesa y probaron el primer bocado, Mateo en la boca saboreó lentamente y dijo: -doña Ernestina no ha perdido su toque, esta lasaña es deliciosa, nada la puede superar- Justa le dio la razón, la lasaña era de un sabor exquisito.
Terminado el almuerzo Mateo volvió a sus tareas y Justa limpio y ordenó todo, después  de dos horas de trabajo se despedía: -joven Mateo ya me retiro, mañana es sábado, ¿quiere  usted que venga para ayudarlo con el trabajo de guardar las cosas? 
-No Justa, vaya usted a descansar el lunes nos vemos-contestó algo distraído Mateo.
-Joven quisiera pedirle algo si no es molestia- dijo Justa.
-Hable usted que es lo que desea-
-Si no va a necesitar la mecedora de su padre me la puede vender, yo quisiera llevarla. 
Mateo pensó unos segundos antes de contestar: -Justa, no puedo venderla y aun no se que voy hacer con ella cuando decida le prometo que voy hablar con usted- contestó Mateo para terminar la conversación.
Justa se retiró de la casa y Mateo se puso a pensar -no podía vender la mecedora, si decidía dársela se la iba a regalar era lo recomendable. Ella tenia años trabajando para la familia con mucha responsabilidad y su trabajo siempre fue impecable-.
En la noche Mateo tomó un descanso, había avanzado bastante con el comedor y pensó  llamar a su prima Aidé para saber si podía venir al día siguiente a la casa, ella se iba a dar con una sorpresa. 
Aidé contestó rápido el teléfono: -claro querido primo, estoy en tu casa en la mañana, te parece a las 10 a.m los niños se van con su padre a la piscina y yo puedo estar libre a esa hora-. 
Mateo estuvo de acuerdo, sabía que Aidé sería feliz, ella también disfrutaba coleccionar  figuras finas de porcelana, auténtica loza china.
Antes de dormir en su habitación fue a la habitación de sus padres, abrió la puerta y todo estaba impecable y ordenado, la cama lucía como en tiempos de su madre y su ropa estaba guardada en el closet. Su padre nunca había querido deshacerse de las cosas de su esposa, él las conservaba como un recuerdo. Mateo un día le dijo a su padre porque no llevamos la ropa de mi madre donde las hermanas de la Caridad y éste se molesto: -No te atrevas a disponer de las cosas de tu madre, déjalas donde están-. 
Mateo nunca volvió hablar sobre el tema y su padre para no mover las cosas de su esposa, se mudó al dormitorio de Vicente y ahí llevó su ropa y demás objetos personales. 
Sobre la cómoda estaba una imagen de la virgen y al otro lado, dos álbumes con fotos familiares que Mateo conocía de memoria.  En el closet en la parte alta se guardaba el joyero de su madre, Mateo lo sacó del lugar para ver si todo estaba en orden. Abrió la caja y en su interior guardaba los aros de boda de sus padres, dos anillos, cadenas y una medalla de la virgen todos estas joyas eran de oro. También habían dos relojes finos uno de su padre y otro de su madre eran de marca Cartier y un anillo de oro que pertenecía a su padre.
Estas joyas las iba a guardar para que Vicente escoja con que joyas se quedaría, como recuerdo de sus padres. Guardó todo en su lugar y se fue a dormir. Su habitación se conservaba igual como si él viviera en la casa, algunos objetos de su propiedad todavía estaban en su sitio. Mateo se sentía cansado y pronto se quedó dormido. 
Al día siguiente, tal como lo había prometido la prima Aidé se presentó en la casa. Ella era una persona agradable y quería mucho a Vicente y Mateo pero tenía un pequeño problema, cuando comenzaba hablar no había nada que pudiera callarla. Ella habla, habla y habla, Mateo tenía que interrumpirla para poder decir algo.
-Querido Mateo aquí estoy como lo conversamos ayer- lo saludó con un abrazo.
Mateo rápidamente explicó para que la había invitado a venir. Aidé dio un grito de felicidad.
-Querido primo no puede ser, gracias por pensar en mí, tú sabes que yo soy como mi tía Esther me encantan coleccionar adornos finos y delicados. Tu madre siempre fue una mujer tan distinguida, ella era mi tía favorita.... Y así podía hablar hablar y hablar. Mateo le señaló el comedor y en dos cajas comenzaron a guardar las bellas piezas. Mientras ella seguía hablando de los recuerdos de la tía Esther y sus bellos adornos. 
Mateo Interrumpió a su prima para decir -todo este grupo no lo puedes tocar, es mío y lo quiero como recuerdo de mi madre- Entre ellos estaba el plato de porcelana de Limoges que él apreciaba tanto.  
-Mateo ese plato es tan bello yo lo hubiera querido para mí pero no te preocupes yo respeto tu voluntad y tu amabilidad para conmigo.....y así la prima seguía hablando y hablando, mientras Mateo guardaba dentro de las cajas el resto de figuras.
Al terminar, la vitrina lucia  casi vacía, era un poco triste verla así pero había sido necesario, Aidé las cuidaría y Esther su madre estaría contenta al saber que sus piezas queridas quedaban en buenas manos.
-Primo, cómo puedo darte las gracias por tanta fortuna que me concedes, estoy anonadada y no sé que más decir, solo infinitas gracias por siempre....
Mateo volvió a interrumpir -no te preocupes por nada, solo te pido cuídalas, sé que así será-
Aidé seguía hablando mientras llevaba con Mateo las cajas a su camioneta. Al despedirse los dos primos, está le comentó -Mateo no quiero que pienses que soy una persona mal agradecida pero sería mucho pedir que me regales la mecedora del tío Aurelio, sería un buen recuerdo de su persona.
Mateo respiró era la segunda persona que le pedía la mecedora, no sabía que hacer y contestó: -Aidé todavía no sé que voy hacer con ella pero yo te llamo si decido algo- 
-Gracias primo siempre estaré agradecida decidas lo que decidas- contestó Aidé y subió a su camioneta para regresar a su hogar. 
Se iba feliz con los preciosos adornos de la tía Esther, ahora eran suyos y los cuidaría con esmero.
Mateo estaba cansado de tan solo escuchar a la prima hablar y hablar durante dos horas, tomó una pastilla para el dolor de cabeza.
Aidé era un encanto de persona pero podía ocasionar terribles dolores de cabeza con su imparable conversación.
Toda la tarde estuvo trabajando Mateo para preparar la casa, ya estaba decidido los muebles de sala y comedor se quedaban y la casa se vendería con ellos. 
Más tarde en la noche Lucinda y su madre fueron a visitarlo, este lucía un poco cansado pero las recibió como siempre amable y de buena disposición.
Los tres conversaban sobre el futuro y de lo que haría Mateo, después de vender la casa era un tema que lo ponía nervioso, por suerte doña Ernestina cambio de conversación.
-Mi estimado hijo, sé que vas a pensar que soy una persona que se pasa de la confianza pero crees que puede ser posible que me vendas la mecedora de tu padre me gustaría conservarla.
Doña Ernestina sabía muy bien que Mateo no le iba a vender la mecedora si no regalársela y éste pensaba para si mismo. Esa mecedora está comenzando hacer un dolor de cabeza ya son tres personas que la quieren  y él no sabia a quien entregarla. -¡Qué dilema, por favor!- pensaba en su interior.  


CONTINUARÁ       

 




  
     
     
 


 

domingo, 6 de febrero de 2022

UNA CORTA HISTORIA

Mateo abrió la puerta de la casa familiar, su corazón y su espíritu estaban llenos de tristeza. El  padre había partido al viaje infinito y con ello se había cerrado, una etapa de su vida. 
La casa estaba en silencio no había nadie, su madre se había ido cinco años antes, después de una penosa enfermedad. 
Se dirigió hacía la sala, las piernas le pesaban y sus pasos eran lentos. Se detuvo y contempló la habitación, llena de muebles, ésta tenía grandes ventanas por donde entraba la luz natural que a su madre Esther  le gustaba tanto. Luego dio media vuelta y fue al comedor, en el lugar se podía ver una  vitrina con adornos y copas de cristal, Esther disfrutaba tanto coleccionar adornos finos y delicados. Luego sus pasos lo llevaron  al hall, abrió la puerta de vidrio que daba a un pequeño jardín interior. En una esquina donde el sol no caía con fuerza, su madre tenía en un estante   una colección  de violetas y begonias que ella cuidaba con dedicación. Había aprendido todo sobre el cuidado de estas flores y como mantenerlas vivas.  Cuando ella se fue, el padre no supo como cuidarlas y una a una fueron muriendo. Las que habían sobrevivido muy bien eran las rosas que el padre de Mateo cuidaba y mantenía siempre con riego. 
Cada rincón de la casa tenía recuerdos de celebraciones familiares, aniversarios y cumpleaños, no había duda, el corazón del hogar era la madre que organizaba todo y mantenía a su familia unida.
Cuando ella no estuvo más, la casa parecía un barco a punto de naufragar. El padre hacía grandes esfuerzos por manejarla  pero no era lo mismo sin su esposa.
Mateo regresó a la sala, se sentó cerca a la ventana que daba a un jardín exterior y podía recordar con claridad el primer día que entraron a la propiedad. Ese día fue su padre quien abrió la puerta, Vicente su hermano mayor tenía diez años y Mateo siete años. Los niños corrían por todos lados, subían y bajaban las escaleras pero él alcanzó a escuchar a su madre que le decía a su esposo: -Aurelio estas seguro que esta casa es nuestra-.
Su esposo contestaba con toda paciencia -si mujer, esta casa es nuestra, solo falta firmar los papeles de propiedad-.
El padre de Mateo había comprado una casa y veinte años de hipoteca. Su esposa estaba feliz y no podía creer que esa propiedad era su casa.
La casa de la familia quedaba dentro de la urbanización Los Cerezos, que estaba muy cerca de una gran avenida y arteria principal de la ciudad capital. La avenida Javier Prado tenía gran cantidad de tráfico.   
En el segundo piso Vicente y Mateo escogían sus habitaciones, el hermano menor pensaba -por fin iba a tener su propia habitación y ya no compartiría con su hermano mayor la habitación y su desorden. 
Mateo era muy ordenado y le gustaba cuidar sus cosas, Vicente era todo lo contrario donde caía su camisa o su pantalón, ahí quedaban hasta que su madre recogía todo para llevarlo a lavar.  
La casa había vivido momentos felices pero también momentos tristes, hubo un tiempo en que algunas veces encontraba a su madre llorando en la cocina, ella disimulaba y él no preguntaba, tenía miedo hacerlo. Con el paso del tiempo las cosas volvieron a la normalidad y se podía ver la alegría en el rostro de su madre. Mateo nunca supo que pasó entre sus padres y pensó que era mejor así. Eso era algo de lo que no deseaba enterarse.
Como era de comprender el padre sentía preocupación de que el dinero alcance para pagar la hipoteca y los demás gastos de la familia-.
Su esposa le decía -no te preocupes Aurelio vamos hacer ahorros, yo voy a coser todas las cortinas que necesita la casa, ésta tiene muchas ventanas-. 
Así fue, la madre cosió las cortinas de toda la casa y para ayudar al presupuesto familiar, ella cosía vestidos para niñas de cero meses a 12 años. Se había especializado en ese rubro y todas las madres del vecindario cuando se enteraron llegaban a la casa para que Esther confeccione a sus hijas bonitos vestidos de telas frescas y coloridas si era verano y en invierno de telas mas gruesas, la tela preferida era el terciopelo para los vestidos de manga larga que se usaban en las fiestas y matrimonios. Las niñas lucían felices sus vestidos nuevos que la madre de Mateo cosía para ayudar al presupuesto de la familia. 
Los vestidos eran de modelos diversos, con cuello bebe y mangas abullonadas, con corte en la cintura, en línea A o corte princesa, en la pechera les hacia los adornos de nido de abeja.  Mateo de eso no entendía nada pero veía como se iban las madres felices con los vestidos para sus niñas. 
Esther para hacer aun más ahorros, cosía las camisas de su esposo con la que iba a trabajar y para sus hijos hacia lo mismo. Entonces los hombres de la casa con sus camisas nuevas podía salir a visitar a los abuelos por parte de padre un domingo y a los abuelos por parte de madre, el otro domingo. La vida para ellos estaba completa.   
Una tarde entró Vicente al cuarto de costura de su madre y le dijo -mamá necesito zapatillas, me duelen mucho los pies. 
La madre sorprendida contestó -Vicente esas zapatillas las he comprado hace poco, ¡están nuevas!-.
-Lo sé mamá pero me duelen los dedos-
La madre comprendió al instante, los pies de su hijo habían crecido y las zapatillas no le quedaban, había que comprar unas nuevas, era el desarrollo y no había nada que hacer. 
La casa de la familia de Mateo estaba rodeada de otras casas que formaban el vecindario, muy pronto los niños se hicieron amigos de otros niños y salían a jugar a un parque dentro de la urbanización. En las tardes de verano eran infaltables los partidos de futbol.
Armando llegaba hasta la casa familiar  y llamaba desde la calle 
-¡Vicente, Mateo! necesitamos gente para el equipo, ¡vamos al parque!- 
Los dos niños salían corriendo de su casa para jugar los partidos y conversar con los amigos. Su madre siempre les advertía que antes de oscurecer ellos debían estar de regreso a la casa.
Luego llegó la adolescencia Mateo tenía diecisiete años cuando conoció a Dalila que tenía la misma edad y era hermosa como una flor de primavera. Sonrió al recordar sus primeras palabras: -mi nombre es Dalila pero no tengo nada que ver con la historia de Sansón y Dalila... ¡Si!-. 
Los dos jóvenes tomados de la mano paseaban por el parque se sentaban en un banco y hacían planes para el futuro como si a esa edad uno fuera dueño de su vida. Dalila era un dulce recuerdo para Mateo, sus conversaciones y sus planes los unían en un mismo pensamiento pero siete meses más tarde de haber comenzado su relacion, Dalila lloraba en los brazos de Mateo.
-Que vamos hacer ahora- decia sollozando.
Mateo contestaba -debe haber alguna solución, para esto-
-No, no hay solución para esto Mateo, mi padre por su trabajo debe ir con la familia a trabajar al norte y yo debo ir con ellos- lloraba Dalila como si la vida se hubiera terminado. 
Los jóvenes enamorados se separaron con la promesa de mantenerse comunicados, al principio fue así se escribían cartas y se llamaban por teléfono pero el tiempo y la distancia fue cobrando espacio y poco a poco la comunicación se fue cortando. La casa de los padres de Dalila se había alquilada y estuvo así por muchos años. 
Mateo estudio en la universidad y suponía que Dalila también. La vida siguió su rumbo y llevó a cada uno por un  camino diferente. Unos años después se enteró que Dalila vivia en Portugal y se había casado.
Ahora debía dejar los recuerdos aun lado, tenía una enorme tarea que realizar para desocupar la casa, con su hermano habian conversado y quedaron en que la iban a vender. Vicente vivia en New York y había venido solo unos días para despedir al padre, habló con su hermano -Mateo estas seguro que no quieres vivir en la casa familiar, en algún momento te vas a casar y la propiedad es muy cómoda para tener una familia-
-No, tu sabes que yo me mudé hace unos años a un departamento más cerca de mi trabajo, entonces para mi sería complicado vivir en la casa de nuestros padres-.
-Muy bien, entonces  tú encárgate de todo y me avisas cuando estén listos los papeles para la venta, yo vengo a firmar. No puedo quedarme más tiempo debo regresar a mi trabajo-.
Vicente se había vuelto un hombre práctico y no se hacía problemas ni complicaciones cuando tomaba una decisión.
Ahora Mateo debía pensar que hacer con los muebles, y las cosas de sus padres. Era mejor empezar habitación por habitación así seria más fácil. Los adornos de la sala y el comedor se los regalaría a su prima Aidé, ella tenía la misma afición que su tía Esther, le gustaba coleccionar  adornos y los cuidaba muy bien.
En ese instante sonó el timbre de la puerta, Mateo fue ha abrir y se encontró con Lucinda y su madre doña Ernestina, ésta última fue muy amiga de su madre Esther, además de confidente. Ellas vivían en la casa de a lado y siempre estaban pendientes de ellos. 
-Mateo- decia doña Ernestina -¿cómo estás? disculpa que lleguemos a molestarte pero quería darte el pésame por el adiós a tu padre- abrazó a Mateo y agregó -estuve en el sepelio pero no pude ir al cementerio-
-No se preocupe doña Ernestina, todo esta bien. Mi padre necesitaba descansar, su enfermedad lo había debilitado bastante y ya no había más que hacer- dijo Mateo con tristeza. Él visitaba la casa familiar los domingos para acompañar a su padre y almorzar juntos. 
Lucinda en una época salió con Vicente pero el romance no prospero y ambos quedaron como buenos amigos. Después él se fue a vivir y a trabajar a New York y ella se casó y vino a vivir con su esposo y sus hijos a la casa de su madre que había quedado viuda y era su única hija. 
Doña Ernestina y Lucinda conversaban con Mateo ellas estaban curiosas de saber que haría con la casa.
-Con mi hermano la pensamos vender- contestó Mateo.
-Es una pena pero comprendo la decisión cada uno tiene su trabajo y su vida- comentó doña Ernestina.
-Mateo la casa es amplia para tener una familia debes pensarlo dos veces antes de vender- agregó Lucinda.
-Hija por favor no intervengas en las decisiones ajenas, Mateo sabe lo que hace- contestó la madre como una reprimenda a su hija que estaba siendo impertinente.
-No se preocupe doña Ernestina, Lucinda lo dice con buena intención pero si en el futuro necesito algún consejo consultaré con ella-. Los tres rieron con la ocurrencia y continuaron  la conversación.
La madre de Lucinda unos segundos quedó en silencio y luego dijo -Mateo muero de vergüenza por lo que voy a pedir pero existe la confianza entre nosotros, si tú me dices que no, yo no me voy a molestar-.
-Hable mi señora que yo la escucho- contestó Mateo.
-Querido hijo, puedes regalarme algunos adornos de la vitrina que está en el comedor prometo cuidarlos con mucha esmero, me gustaría tener recuerdos de tu madre, mi gran amiga-.
-Doña Ernestina no faltaba más pasemos al comedor y usted escoja todos los adornos que desee yo no me opongo. Mi madre estaría contenta que su mejor amiga tenga sus recuerdos-.
-Solo serán algunos, pueden ser más de cinco- comentó en voz baja.
Mateo sonrió y dijo -pueden ser más de cinco no se preocupe-. 
La madre ordenó a su hija traer una caja para llevarlos con cuidado, abrió la puerta de la vitrina y escogió una por una las bellas figuras de porcelana de la madre de Mateo.
Fueron seis y Mateo comentó -Mi señora complete la docena, hay bastantes y yo solo me quedaré con algunos como recuerdo de mi madre.
Doña Ernestina casi estaba al borde de las lágrimas de alegría y agradecimiento a Mateo por tanta  gentileza de su parte. Ella escogió figuras estilizadas de damas antiguas y pastores todos ellos de porcelana fina. Entre las compras de Esther en una casa de antigüedades encontró un plato de porcelana de Limoges. Con ese plato se quedaría Mateo y algunas otras figuras. El resto se las daría a su prima Aidé, solo tenía que llamarla.
Lucinda llegó con la caja y las dos con mucho cuidado guardaron el tesoro que Mateo les había obsequiado. 
-Hijo me has hecho muy feliz, siempre tendré el recuerdo de mi gran amiga Esther y sus preciosas figuras de porcelana.
Madre e hija se retiraron de la casa muy agradecidas con Mateo por los regalos.
Mateo después de cerrar la puerta se sentó en la mecedora que estaba junto a una ventana, era de su padre. Él solía usarla en las tardes o para descansar un momento: -¿Qué haría con ella?- se preguntaba. Tal vez la lleve a su departamento como recuerdo de su padre pero aún no tenía la seguridad hacerlo. Al día siguiente comenzaría con el trabajo. Era una gran tarea  desocupar la casa de sus padres que por doquier tenía muebles y objetos que eran su herencia y parte de la historia familiar.


CONTINUARÁ

   
  

  
      
     

 
 


 

domingo, 19 de diciembre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

El día no podía ser más claro ni brillante para Aníbal. El fundo había quedado liberado de toda deuda y ya les había dicho adiós a Factor y Lucrecia Navarro, la felicidad desbordaba su corazón. Con la venta de la cosecha de algodón se acabó el compromiso de pago. Él y sus hermanos tenían que volver a empezar desde cero pero daba gracias al cielo porque Octavia prestó el dinero para sembrar de nuevo las noventa hectáreas en el fundo y que éste vuelva a producir el precioso y fino algodón. 
Aníbal caminaba tranquilo por la calle del Naranjo, en las manos  llevaba un hermoso ramo de rosas cuando se cruzó en su camino la vecina Soledad. 
-Mi estimada amiga, ¡buenos días!- saludó.
-Aníbal, ¡buenos días!-contestó Soledad -hoy amaneció muy feliz, se puede ver en su rostro-.
-Si... es verdad, tengo muchos motivos y muy buenos para estar feliz- y del ramo que llevaba en la mano sacó una rosa y agregó  -para mi estimada vecina Soledad-.
-¡Oh, no Aníbal! las rosas son para Octavia y ella se puede molestar si falta una- contestó preocupada.
-No Soledad, Octavia no se va a molestar, de ello estoy seguro- contestó Aníbal e hizo una venia de despedida  y continuó su camino.
Cuando Aníbal entró a la casa, sus pasos lo llevaron hasta el pequeño salón, Octavia estaba ocupada ordenando los documentos y recibos de sus alquileres. Aníbal la distrajo un instante para decir: -mi querida Octavia aquí traigo rosas para la flor más hermosa de este hogar-.
-Querido, gracias por el halago y la rosas son preciosas- habló Octavia y llamó Antonia para que las ponga en agua en un fino jarrón de cristal y  que adornen la mesita de café del pequeño salón. 
-Octavia, debo confesar que de tu ramo saqué una rosa para regalar a nuestra vecina Soledad, espero no te molestes- comentó Aníbal.
-No te preocupes no me molesto, hace tiempo que no sabemos nada de Soledad, ella se ha mantenido distante y se lo agradezco, a veces era tan impertinente- señaló Octavia recordando la última vez que tuvo una discusión con ella. 
-Es verdad, Soledad puede llegar hacer una verdadera molestia si uno no le pone límite- contestó Aníbal con la serenidad que le daba el saber que los problemas tenían solución y las deudas también.
-Octavia, estoy algo preocupado por la decisión de Manuel de viajar a la selva amazónica ahora que ha terminado sus estudios, no sé si deba viajar a esa región que aún está poco explorada, puede haber algunos riesgos ¿no te parece qué es peligroso?- preguntó.
-Sí Aníbal, eso mismo pensaba yo, ordenando mi escritorio en el último cajón encontré la cartilla con las notas escolares de Ondina y recordé ese viaje con el que nunca estuvimos de acuerdo ¿qué será de Felicitas y Ondina? ¿Cuál habrá sido su destino?. Siento tristeza cuando las recuerdo y con el viaje de Manuel no estoy de acuerdo- dijo Octavia preocupada por su hijo.
-No podemos impedirle que viaje, es un joven adulto y puede tomar sus decisiones. Pensar que algo malo le puede pasar, es limitarlo- contestó Aníbal al pensar en el viaje.
Manuel desde hace varios días había anunciado a sus padres que se iba de viaje a la selva, que no se preocupen por él porque iba con un grupo de gente entre los que habían científicos y amigos, además tendría todos los cuidados del caso. Otro problema era Rosita, su novia, que lloró cuando le anuncio que iba a viajar: -Manuel yo tengo miedo que te ocurra algo, no te das cuenta que es una región peligrosa- decia la joven.
-Rosita nada me va a ocurrir, no voy solo, lo sabes muy bien- contestó.
-Si vas a esa viaje es mejor que te olvides de mí- señaló categórica la joven.
Manuel se puso serio, no podía creer la que escuchaba, con mucha paciencia contestó: -no puedes hablar así, este es un sueño que tengo desde antes de comenzar a estudiar en al escuela de ingeniería. El viaje durara alrededor de un mes y medio, después regreso a Lima y podemos volver a estar juntos, si así lo deseas-.
-No me gusta la idea Manuel,  el viaje es peligroso, solo puedo decir ten cuidado, no te separes del grupo. No sé si debo esperarte, tal vez sería mejor terminar ahora mismo- contestó Rosita para tratar de convencerlo de no hacer ese viaje. 
Manuel lamentó las palabras de Rosita, estaban saliendo juntos desde hace siete meses y ahora no comprendía su actitud: -Lamento tus palabras y es tu decisión si quieres terminar conmigo, yo no lo deseo pero no puedo dejar de hacer este viaje y pasado mañana voy a partir-.
El viaje de Manuel estaba planificado desde hace varios meses, no podía faltar, el grupo lo esperaba y llegado el día con una maleta ligera se despedía de sus padres con las recomendaciones del caso: 
-Manuel ten cuidado,  por favor siempre mantente al lado del grupo, no te distraigas por nada-. decia su madre.
-Hijo, debes estar atento a cualquier movimiento del follaje puede haber un animal oculto, es una región de jaguares y de más animales salvajes- comentaba su padre y lo abrazaba para no demorar más su partida.
Manuel un día antes se despidió de Rosita, ella estaba triste pero conocía a Manuel, no iba a dejar su viaje: -Voy a llevar un diario para escribir en él sobre las cosas que vivo día a día en la selva y luego tú puedes leerlo. ¿me vas a esperar?- preguntó Manuel. 
Rosita no muy convencida y triste se despidió de su novio, deseando su pronto regreso y le prometió que lo iba a esperar. 
Años más tarde, ese diario de viaje que escribiera Manuel, le sirvió de inspiración para escribir un libro sobre la selva amazónica que tuvo un gran éxito de librería.
Aníbal y Octavia estaban preocupados pero Manuel era un joven independiente que realizaba su sueño y ellos no podían negárselo. 
Emiliana estaba también preocupada por su hermano pero el viaje sería una experiencia maravillosa para él. A ella le hubiera gustado hacer un viaje igual, para conocer y descubrir nuevos horizontes. Lo que decían los libros nunca podía ser igual a vivir la experiencia en la selva. Emiliana ya había terminado su carrera de enfermera y trabajaba en el hospital del las Hermana Cartujas. Era una joven profesional muy responsable. Tímidamente se había quitado el luto y ahora vestía medio luto. Héctor la visitaba en su casa los fines de semana pero ella no sabía que hacer con su amistad, hasta que un día Héctor le habló: 
-Emiliana, no le puedes tener miedo a la vida ni al futuro, comprendo la terrible tragedia que viviste pero es tiempo de seguir adelante. La confianza y la amistad entre nosotros, puede dar  paso al amor. No te niegues esa oportunidad-  fue la declaración de Héctor. 
Emiliana lloraba, no quería olvidar a Guillermo, él estaba en su corazón pero tenía que vivir y no sabía como.
Una tarde habló con su madre al respecto y Octavia le dijo: -mi querida Emiliana, Guillermo siempre vivirá en el corazón de la familia, el jamás será olvidado pero Héctor tiene razón debes dar un paso adelante, tú estas viva. Estoy segura que desde el cielo Guillermo estaría de acuerdo conmigo- comentó su madre. 
Emiliana cumplió la promesa que un día le hiciera a Guillermo y matriculó a Lizel en el colegio alemán para que aprenda la cultura y el idioma de su padre, como él lo hubiera deseado. Su retrato sobre el velador de noche y su reloj serían la herencia de su padre para Lizel. Emiliana siempre le hablaba de su padre. Lizel era una pequeña muy amada por su madre y por su  familia, tenía la ilusión de escribir en alemán y mandar  muchas cartas a su abuela que vivía en Alemania para ella le cuente más sobre su padre.
Mientras Genoveva seguía ayudando a Octavia con las traducciones de las cartas de Anja y seria la profesora oficial de Lizel cuando estudie en el colegio.
La fecha en el calendario se cumplía y para todos fue una bonita sorpresa el anuncio de matrimonio. 
Lorena una semana atrás, se había casado en una pequeña capilla cerca a su casa. La boda fue sencilla y Emiliana y su familia asistieron a la ceremonia, en un momento aparte Lorena le comentó:
-Emiliana me voy a trabajar al norte con mi esposo, es una pena pero no tengo alternativa por el trabajo de él. Hay un pequeño hospital que recién han inaugurado, ahí voy a trabajar. Ya me despedí de Eda mi ángel guardián que me ayudo tanto-.
-Lorena te voy a extrañar pero supongo que vendrás de vez en cuando a la capital- decia Emiliana.
-Por supuesto mi estimada amiga, siempre puedo  viajar y además nos vamos a escribir muchas cartas para que me cuentes cómo estas y cómo va tu amistad con Héctor- contestó Lorena y se despedía de su gran amiga que formó parte de una etapa importante en su vida.
Domingo en la mañana era la ceremonia de clausura en el colegio de Rubí y de sus compañeras que terminaban la secundaria, después de la entrega de diplomas la madre superiora habló con ella en la oficina de la dirección.
-Rubí ahora que has terminado esta etapa de tu educación, debes tener cuidado para salir al mundo que es diferente a todo lo que has vivido aquí en el internado-. 
-Si madre, usted tiene razón, además debo agradecerle su infinita bondad, paciencia y enseñanzas para conmigo. En el internado viví la mejor época de mi vida, ahora voy a vivir otras experiencias pero siempre recordaré sus palabras- contestó Rubí para agradecer a la madre que había sido su guía y tutora.
Rubí fue a vivir unos meses con su madrina como le había comentado a la madre superiora pero llegó el momento de mudarse a su casa. Ella quería tomar posesión de la propiedad de sus padres. Lo demás sobre su herencia lo recibiría cuando cumpla la mayoría de edad, 21 años.   
-Mi querida niña- como le decía Octavia -¿estás segura que deseas mudarte?, en esta mi casa puedes quedarte el tiempo que desees, bien lo sabes. Vas a sentirte sola en tu casa-.
-No madrina, no voy a estar sola, mi tía Renata va a vivir conmigo. Ella y Margarita, el ama de llaves estarán en casa acompañándome. Mi casa no está lejos de su casa, siempre voy a venir a visitarla mi querida madrina- contestó Rubí. 
-Estas segura que quieres vivir con tu tía Renata?, ella es una persona complicada- agregó Octavia extrañada por la decisión de la joven.
-No te preocupes madrina, mi tía ha cambiado mucho ya no es la misma persona de antes y está sola en el mundo, apenas tiene dinero para mantenerse. Además tiene mi advertencia que no voy a tolerar chismes de su parte ni habladurías sobre usted.- contestó Rubí.
-Bueno, querida es tu decisión y creo que así debe ser, no esta bien que vivas sola-. dijo Octavia. 
Antes que la joven se mude a su casa y en presencia del abogado, el doctor Panduro apoderado legal de Rubí. Octavia hizo entrega del cofre con las joyas de Aurora, madre de la joven. Todas las joyas estaban según la lista que Aurora le había dado. 
Luego Octavia y Aníbal acompañaron a Rubí hasta su casa, en ella comprobaron que todo estaba en perfecto orden y bajo el cuidado de Margarita. La tía Renata aun no se mudaba y fue en ese preciso momento que Rubí les pidió a sus padrinos la ayuden con el contenido de la caja fuerte que se había mantenido en la oscuridad hasta ese momento. 
Al día siguiente con mucha discreción Aníbal y Octavia acompañaron a Rubí abrir una cuenta en el banco y guardaron el dinero de la caja fuerte. Los lingotes de oro y todas la joyas del cofre fueron guardadas en una caja de seguridad que se contrató en el banco. De esta manera, Rubí se sentía más segura que en su casa no hubiera objetos de mucho valor. 
Sus vestidos de niña que Margarita cuidó con esmero, fueron donados a las niñas del orfelinato, Rubí se sintió feliz al dar alegría a otras niñas que no tenían las posibilidades que ella ahora tenía.
Una semana después, Rubí visitaba a su madrina para contarle una última novedad: 
-Madrina que felicidad visitarla y poder hablar con usted para contarle lo que pienso hacer. Con mi tía Renata voy a viajar a Europa, es un viaje que siempre he deseado hacer y me parece que es una oportunidad para viajar ahora-.
Octavia estaba en silencio, ella no pensó jamás que Rubí quisiera viajar a Europa y menos con su tía: -Rubí vas hacer un viaje tan largo y en barco. No sé que decir, porque no esperas unos años que seas más adulta para viajar, eres muy joven- comentó Octavia.
-Madrina, sé que usted quiere protegerme pero no se preocupe, me siento capaz de hacer este viaje y será para mí algo nuevo, por favor me gustaría que esté de acuerdo conmigo-. contestó.
Octavia sintió que Rubí estaba decidida y no iba a cambiar de idea. Le habló, le hizo mil recomendaciones para su viaje  y que por favor le escriba cada vez que llegue a una nueva ciudad. La vida para la joven daba un giro de 180 grados y con el dinero que poseía era una oportunidad que no quería perder.
Octavia se despidió de Rubí que había llegado a su casa siendo una niña y ahora se convertía en una mujer que quería conocer el mundo. La abrazó y le dio sus bendiciones.
Cuando le comentó a su esposo sobre le viaje de Rubí, él se quedó pensativo y luego dijo: -los tiempos cambian muy rápido Octavia, ahora los jóvenes quieren vivir sus vidas, tomar sus decisiones y seguir adelante.
-Aníbal qué te parece la amistad de Héctor y Emiliana, tal vez se logren y puedan casarse- cambió de tema Octavia para conocer la opinión de su esposo.
-No te adelantes demasiado querida, nuestra hija está todavía muy triste con lo sucedido a Guillermo como para comprometerse de nuevo, déjalos que sean amigos y conversen sobre sus carreras, el tiempo dirá si son el uno para el otro.
Aníbal tenía razón, Emiliana por el momento solo pensaba en Lizel y su trabajo, pero aceptaba la amistad de Héctor que era una persona paciente y amable con ella. No deseaba que se pierda la confianza que había entre los dos.
Con las sombras oscuras y despejadas sobre su casa Octavia podía respirar tranquila, algunas veces se acordaba del antiguo dueño de la casa que aparecía de vez en cuando a pesar de las misas y oraciones. Octavia decidió olvidarse de él para siempre y ocuparse de nuevo del trabajo de ayuda social que realizaba con sus amigas las Damas del Patronato, no podía hacerlo a tiempo completo porque supervisaba el cuidado de Lizel con Ítala. 
Eda la enfermara que ya estaba retirada, se incorporó al grupo de las Damas, su carácter amable pero enérgico ayudó mucho en la obras de bien social y la amistad creció entre todas las mujeres que se dedicaban a estas tareas.
La tarde de Domingo, Emiliana y Lizel habían salido con Héctor, que adoraba a la niña. Aníbal en el pequeño salón leía el diario. Octavia fue a buscarlo y comentó:
-Aníbal la tarde está hermosa y primaveral porque no salimos a pasear como cuando recién nos conocimos y solo éramos tú y yo-. 
El esposo se puso de pie y contestó: -Octavia amada mía, vamos a donde tu quieras, la tarde es nuestra-. la besó y abrazó.
Octavia fue arreglarse a su habitación y al poco tiempo volvió aparecer, con una blusa nueva y al verla Aníbal asombrado agregó: -querida estas hermosa y ese broche y los aretes son del ámbar de nuestro pino, ¡qué joyas!- exclamó.
-Sí querido, son de ámbar-. contestó Octavia.
El juego de broche y aretes eran de ámbar, estaban  finamente trabajados en oro de 18 quilates. Jacobo Molldewer había visitado a Octavia unas semanas antes y le ofrecido el juego de ámbar: -para usted señora Octavia un precio especial- comentó el joyero y Octavia quedó prendada del broche y los aretes que no dudo en comprar. 
-Querida estamos elegantes, salgamos a pasear y tal vez a saborear unos deliciosos helados en la fuente de soda del centro de la ciudad.
Aníbal y Octavia del brazo de su esposo, salían a caminar por las calles del centro, amigos y vecinos los saludaban a su paso y ellos devolvían el saludo. Desde su ventana Soledad los vio pasar y sentío felicidad por ellos.
Para Aníbal y Octavia el presente era ahora, el futuro era una promesa que no deseaban perder. Ellos querían amar y vivir  nuevas experiencias, junto a su familia. El amor los completaba. 

FIN      
                            
                                                 
 
      

 
  
  
   
          
  
  


 

domingo, 12 de diciembre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Un mes había transcurrido desde que Aníbal dio el pago de la primera cuota sobre la deuda con la familia de Factor y Lucrecia Navarro. Trabajaba de sol a sol para olvidar sus problemas pero era inútil, el recuerdo de su familia estaba con él todo el tiempo. Había días en los que hablaba con Leonora sobre los planes del siguiente año para el fundo. Sixto estaba en otro ambiente, él no participaba de las reuniones entre hermanos.
Una mañana Aníbal lo llamó a la biblioteca para hablar y definir su papel dentro de la familia. Conversaron por casi dos horas sobre las tareas que debía realizar en su trabajo dentro del fundo.
-Pronto, tenemos que limpiar la mala hierba que esta creciendo alrededor de las plantas de algodón, debes organizar a tu gente para hacer el trabajo, no lo olvides- señaló Aníbal.
Ya no deseaba más discusiones sobre el problema del fundo Sixto, sabía que no debía hacer nada sin el conocimiento de sus hermanos.
En la noche antes de la cena Aníbal comentó a Leonora: 
-Ha pasado más de un mes, es hora de regresar a la capital y conversar con Octavia sobre nuestra situación para definir de una vez nuestra vida. No se puede seguir con aguas tibias-.
-Si Aníbal, ve a buscar a Octavia y arreglen su vida lo mejor que puedan- contestó Leonora. 
Todavía era de madrugada cuando Aníbal se despidió de su hermana  y partió en su viaje a Lima, era el momento de definir la situación y hablar claro. Llegó muy tarde en la noche a la ciudad, se hospedó en la casa pensión del centro. Al día siguiente iría a la casa de Octavia para hablar con ella sobre sus vidas y sobre el hogar. Era muy tarde y estaba cansado, lo mejor era ir a dormir.
Nueve de la mañana del día siguiente, Octavia se encontraba en el huerto con Antonia y Cesáreo, estaban cosechando los frutos de los árboles de chirimoya, guanábana y también los deliciosos higos que ya estaban maduros y dulces como miel.
La campanilla de la puerta principal sonó y Antonia fue abrir, en pocos minutos regresó al huerto y dijo: -señora es el señor Aníbal, la espera en la sala quiere conversar con usted-. 
Octavia se quedó un instante inmóvil, no sabía que hacer, solo pensó que le parecía raro saber que Aníbal estaba en la sala y no pasaba al huerto para buscarla como en otras ocasiones. 
-Bien, Antonia y Cesáreo ustedes sigan con la cosecha que vamos a tener fruta dulce y madura por muchos días. Ítala atenta con Lizel, ella también quiere ayudar en la cosecha- dijo Octavia y salió del huerto para ir junto Aníbal.
Cuando entró a la sala para saludar, Aníbal se puso de pie y la saludó -Octavia buenos días, estoy aquí para conversar sobre nosotros-. 
-Es verdad, estas aquí y debemos hablar. Sé por Emil que has solucionado el problema que pesaba sobre mi casa, recién pude comprobar que no tuviste participación alguna en el problema- contestó Octavia y tomó asiento en un lugar distante de Aníbal.
-Octavia hablemos de nosotros, sabes bien que no tuve que ver nada en el problema que ocasionó mi hermano. No te parece que ya nos hemos castigado bastante. Yo vengo para decirte que deseo regresar a mi hogar y prometer que jamás haré nada que pueda hacerte daño- terminó Aníbal y esperaba la respuesta de su esposa para quedarse en la casa familiar. 
Octavia se acomodó en el asiento y contestó: -Aníbal primero debo confesar que tuve miedo y sentí dolor de que tú estuvieras involucrado en el problema con respecto a mi casa. Ahora sé fehacientemente que no fue así. Yo no estoy segura si debo recibirte de nuevo en mi hogar porque siempre estaré  pensando en que momento Sixto va hacer algo contra mí-
-Octavia- interrumpió Aníbal -Sixto nunca va a volver hacer algo contra ti, él está advertido y sabe muy bien que una próxima, yo mismo lo llevo a prisión. Te pido no dudes de mis palabras y perdona a mi hermano que está arrepentido por el lío que ocasionó y no tiene cara para venir y hablar contigo. Al final el único castigado resultó ser el fundo con una deuda que debemos pagar. Sixto hizo mal las cosas por querer ayudar según él, pero resultó peor. Octavia dime si puedo regresar al hogar-.
Octavia no sabía que hacer estaba en duda, no sobre Aníbal si no de la situación. Entonces decidió:
-Aníbal... ¡si puedes regresar!, tus hijos te extrañan demasiado y yo no puedo dejarlos sin  su padre-. 
Silencio en la sala Aníbal se puso de pie se acercó a Octavia, la tomó de una mano para que se ponga de pie, la abrazo y beso con pasión y ternura: -mi querida Octavia no sabes como te he extrañado y a mis hijos igual. En el fundo, en las noches pensaba que nunca más podría vivir de nuevo en mi hogar y eso me atormentaba-.
Octavia sonrió: -sabes que debo poner algunas condiciones para tu estadía en casa-.
-Dime lo que sea, yo cumpliré tus condiciones-. contestó Aníbal y la abrazó con ternura.
-Aníbal eres muy amable en decir que cumplirás mis deseos pero quiero llevarte a un lugar- tomó de la mano a su esposo y caminó con él.
-¿A donde vamos querida?- preguntó
Silencio de parte de Octavia, entraron al huerto y Aníbal vio a Lizel, la cargó y abrazó a su bebé consentida que no estaba cerca de él desde hace varias semanas. Antonia e Ítala saludaron al señor,  en sus manos tenían sendas canasta llenas de fruta para llevar a la cocina y  dejarlas ahí. Octavia de manera discreta llevó Aníbal al fondo del huerto y lo hizo parar frente al hermoso pino que lloraba. 
-No entiendo Octavia ¿qué hacemos aquí? ya conozco este árbol-.
-Aníbal toca la corteza del pino- 
Con Lizel en sus brazos Aníbal obedeció: -y ahora que hago Octavia, ¿hay algún truco en esto?-
Su esposa sonrió y y habló en voz baja: -lo que tocan tus manos es ámbar, el joyero Jacobo Molldewer me lo ha confirmado- Octavia contó a su esposo los detalles del hallazgo y que aún no sabía que iba hacer, ella no tenía la intención de destruir la belleza del pino. 
-Promete Aníbal que nunca vas hablar de este tema, ni siquiera con nuestros hijos, nadie debe saberlo para evitar problemas a futuro. Solo cuando me vaya de este mundo mis hijos lo sabrán y que ellos decidan- esas eran las palabras de Octavia y sus deseos.
Aníbal primero estaba sorprendido -¡ámbar en el huerto! Exclamó,  luego prometió a su esposa cumplir sus deseos y no decir nada de nada. Los dos, junto a Lizel se retiraron al pequeño salón, lugar de sus tertulias y conversaciones. 
-Ítala- llamó Octavia -cambia de vestido a Lizel que se ha ensuciado con la cosecha de frutas- 
Ítala obedeció de inmediato a su señora,  Aníbal y Octavia se quedaron solos.
-Aníbal, si bien es cierto estoy tranquila con le tema sobre mi casa pero no me siento feliz con lo que sucede en el fundo. Yo quiero que aceptes un préstamo de mi parte para arreglar los problemas-.
-Octavia por el momento no hay nada que hacer solo esperar la cosecha y terminar de pagar la deuda, después de ello, mis hermanos y yo comenzaremos desde cero en el fundo-.
-Te pido por favor dejes a un lado tu orgullo y aceptes mi propuesta, no es agradable hablar de temas comerciales entre esposos, mi préstamo sería sin intereses y sé que tu cumplirías con los pagos-.
-No es orgullo Octavia pero en su momento vamos a decidir que hacer y te prometo aceptar el compromiso de préstamo-
Ítala entró de nuevo al salón con Lizel y su hermoso vestido tejido a crochet de color rosa, con esto se compró a los abuelos que solo tenían abrazos y besos para ella. 
-Señora debo lavar la ropa de la bebé puedo retirarme- 
Octavia dio su consentimiento y ellos se quedaron con su dulce nieta.
A la hora del almuerzo la familia junta no podía sentir más felicidad. Emiliana y Manuel abrazaron a su padre para darle la bienvenida de nuevo al hogar: -padre nunca dudamos de ti- decía Manuel.
Emiliana comentaba : -te hemos extrañado demasiado y Lizel preguntaba todo el tiempo por su abuelo-.
Octavia en silencio observaba la escena familiar y sentía alegría de estar todos juntos en casa, después de los problemas que nunca debieron suceder. 
Con el paso de los días todo parecía volver a la normalidad, las amigas de Octavia las Damas del Patronato visitaban su casa y comentaban: -no sabes como disfrutamos las reuniones en tu hogar mi querida Octavia, sentimos tanta alegría que todos tus problemas lleguen a un final feliz. No te imaginas cómo los chismes de amigos  y vecinos iban y venían-. decía Reyna.
-No amigas, por favor no deseo me cuenten nada de eso, no quiero saber que decían o que dejaban de decir, la gente siempre habla demás. Para mí es un tema olvidado y punto- habló Octavia para evitar más comentarios. 
Una tarde en el salón, mientras Octavia en compañía de Genoveva traducían la carta que había llegado de Berlín:
-Octavia, aquí en estas líneas Anja te agradece la encomienda que le enviaste, ella dice que no te hubieras molestado pero te da las gracias infinitas, todo estaba perfecto. Dice además que se muda la próxima semana a la ciudad de Stuttgart: -Octavia cuando reciba esta carta yo estaré viviendo con mi hermana, ella ha sido muy buena para recibirme a mi hija y a mí en su casa, usted sabe que debo partir pronto, yo le enviaré la dirección en mi siguiente carta- escribía Anja.
-Que tristeza tener que dejar su casa que al parecer la ha vendido y con ese dinero piensa vivir con su hija.-. comentó Octavia.
-Si debe ser de esa manera, aunque en sus cartas no escribe nada sobre aquello. Ella tiene un hijo mayor que está en el ejercito, no lo menciona, tal vez esta destacado muy lejos de Berlín- especulaba Genoveva pero no llegaba a saber si esto era verdad o no. 
Una semana después Octavia recibió otra carta era de Hortensia, donde le decia que estaba feliz con Rosalina y su nieto -este pequeño se ha convertido en mi adoración y Rosalina ha cambiado tanto que perece otra hija, me ayuda en todo y cuida a su niño con esmero.
Octavia pensaba que la vida volvía a tomar el cause perfecto, sus amigas y su vida familiar estaban bien, eso era un motivo de felicidad para ella. 
Su esposo ya había regresado a casa y trajo con él su maleta de la casa pensión, al menos los comentarios habian cesado. Los vecinos los saludaban si los veían pasar.
En la mañana del día domingo Octavia se presentaba en la dirección del colegio de Rubí, la madre superiora quería hablar con ella: -Octavia en poco tiempo Rubí va  terminar el colegio, estoy preocupada porque se debe mudar a su casa y estará sola. ¿Cómo podemos resolver esta situación?- comentó la madre.
-Bueno madre, yo también he pensado con respecto a esa situación y creo que ella puede estar en mi casa el tiempo que desee hasta que sea mayor de edad. Le prometí a su madre que nunca su hija iba a estar sola, siempre voy a estar cerca de ella. No debe preocuparse, Rubí va estar bien- señaló Octavia.
La madre Superiora y Octavia también hablaron de las notas del colegio, eran excelentes. -Ella puede estudiar lo que desee, después de acabar el colegio- agregó la madre. 
Octavia nunca se había separado de Rubí y se sentía muy unida a ella como si fuera una hija más. Aníbal la recibió en la casa como si fuera su hija también, él aprecio mucho a los padres de Rubí cuando estos vivian. 
En la mañana del día lunes, Aníbal en el pequeño salón leía como siempre las noticias de los diarios y después comentaba con su esposa: -Octavia escucha esto, van a seguir abriendo caminos en la parte central de pais es decir de Huancayo hacia la selva, esto es muy bueno se deben hacer más caminos para unir todo el pais. Pronto se inaugura el segundo tramo del ferrocarril del centro, es una gran noticia-.
-Aníbal tengo una preocupación con respecto a Rubí, cuando ella decida mudarse a su casa, la caja fuerte puede ser un problema- comentó Octavia a su esposo y lo distrajo de su lectura. 
-No te preocupes querida en su momento se puede solucionar eso, ahora es muy temprano para resolver aquello-. contestó Aníbal y siguió leyendo el diario con las noticias frescas del día. 
En la noche después de la cena toda la familia descansaba. Solo Emiliana estudiaba en su habitación mientras Lizel dormía después de un día lleno de juegos. 
Emiliana leía sus notas del cuaderno para el examen del día siguiente, se distrajo un momento al encontrar el libro de anatomía que Héctor le regalara unas semanas antes. Lo abrió, leyó la dedicatoria era un gesto muy fino de su parte. Con respecto a su amigo tenia sentimientos encontrados no sabia como resolver dicha ecuación, tal vez era mejor no pensar y seguir estudiando. 
Con Lorena no había comentado nada al respecto, sentía que debía guardar silencio. A veces se encontraba con Héctor ambos hablaban de algo pasajero y después cada uno seguía su camino.
Antes de dormir y después de terminar de estudiar Emiliana sacó el reloj que Guillermo le diera antes de su viaje, lo cuidaba y le daba cuerda como si fuera su corazón que latina día a día. 
Se quedó dormida muy rápido, no deseaba distraer su mente en otra cosa que no fueran sus estudios y su pequeña Lizel.
La sorpresa de la semana para la familia fue dada por Manuel, él siempre un joven serio y estudioso, trajo a la casa a su novia Rosita, una joven de carácter alegre y conversadora. A todos les causó sorpresa porque Manuel nunca había hablado de ella. Siempre había mantenido en silencio su relación con Rosita.
-Octavia que gusto conocerla, Manuel siempre me habla de usted-
-Aníbal, también es un gusto conocerlo y digo lo mismo, Manuel habla mucho de sus padres- decia Rosita mientras les daba la mano después de las presentaciones. 
Toda la familia fue presentada a Rosita, ésta se sentía como si fueran sus conocidos de toda la vida.  
Emiliana no hacia comentarios y escuchaba a la novia de su hermano, Octavia y Aníbal sonreían, la joven les agradaba porque era educada y desenvuelta.
En la noche en su habitación, Aníbal comentaba: -¿qué te pareció la sorpresa de nuestro hijo con su novia Rosita?-
-Fue una sorpresa que nos presente a la joven, nadie sabia de ella. Manuel es a veces demasiado cayado con sus cosas- contestó Octavia. 
Manuel estaba tranquilo de traer a su novia a casa, no pensó que su familia se iba a sorprender tanto con la presencia de Rosita pero estaba seguro que les había agradado. 

CONTINUARÁ 
  

   
   
           

         
           


 

domingo, 5 de diciembre de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Cuando llegaron a la calle del Naranjo, Octavia y Héctor entraron a la casa y pasaron a la sala: -Señora Octavia siempre me gustó su casa, es una bella propiedad. Recuerdo cuando mi madre la visitaba y yo venía con ella, era solo un niño pero corría al huerto para jugar y subir a todos los árboles, fue tan divertido ese tiempo. Emiliana se asustaba con la bulla que armaba y con lo alto que trepaba a los árboles- comentó Héctor recordando sus travesuras.
-Si, recuerdo todo aquello y el susto que pasábamos cuando estabas en lo alto del árbol del chirimoyo y tu madre te ordenaba bajar con el miedo a que caigas de la rama donde estabas subido. En aquel tiempo no medías el peligro de caer y hacerte daño- contestó Octavia y agregó -voy a ver si Emiliana se encuentra en casa-.
Octavia se retiró para buscar a Emiliana que estaba en el huerto jugando con Lizel y en compañía de Ítala.
-Mi querida hija ha venido Héctor a visitarte, ¿te acuerdas de él?-.
-Si madre, me acuerdo de él, el otro día lo encontré cuando salía del hospital donde hago mis prácticas-.
-No me comentaste nada al respecto. Héctor ahora está en la sala y quiere conversar contigo-. dijo Octavia y  señalaba la puerta de salida del huerto.
Emiliana contestó con voz grave: -no madre, por favor, te suplico no me obligues a salir, tú sabes que yo estoy de luto y no puedo recibir visitas ni invitaciones, dale alguna disculpa o inventa una excusa, te lo ruego- terminó de decir Emiliana.
-Hija, no puedes pedirme que mienta, ve a recibir al amigo de la niñez-. contestó Octavia muy seria para que reaccione.
-Te ruego madre, comprende cuál es mi situación-. volvió a rogar Emiliana.
Octavia dio media vuelta para salir del huerto, de nada valía insistir, estaba molesta con su hija pero no era el momento para una discusión. 
Cuando regresó de nuevo a la sala dijo: -Héctor disculpa pero Emiliana no está en casa, la muchacha del servicio me lo acaba de decir- Octavia se sentía  un poco incómoda por la mentira que había inventado.
-No se preocupe señora Octavia, yo voy a regresar otro día y tal vez la encuentre- Se despidió Héctor con toda cortesía.
-¡Que muchacha!- exclamó Octavia. Obligar a su madre a decir una mentira, era el colmo. 
Manuel recién llegaba de su escuela de ingeniería, encontró a su madre molesta, comentó que se había encontrado con Héctor en el camino -¿vino de visita a la casa madre?-
-Si hijo, vino  para visitar a Emiliana pero ella no lo recibió y yo no la puedo obligar- contestó
-Tienes que comprender que Emiliana está todavía de luto y no desea hablar con nadie- dijo Manuel para que su madre no se altere.
-Sí, sí, lo sé pero eso no significa que no haya sido un momento desagradable para mí- señaló Octavia 
-También quería decirte madre que fui a buscar a mi padre a la casa pensión y no estaba, él ha viajado al fundo-. dijo Manuel para ver la reacción de su madre.
-Si estaba enterada, Emil mi abogado me lo dijo. Tu padre fue para arreglar algunos asuntos con respecto al fundo-.
Manuel estaba triste porque se acordaba de su padre y quería verlo. En ese momento Emiliana con Lizel de la mano entró al pequeño salón: -madre Lizel te trajo una chirimoya que sacamos del árbol, está madura-.
-Emiliana, no me hables por favor, estoy tan fastidiada por tu conducta, no puedes pasar como una persona sin educación. Héctor va a regresar, te pido por favor lo recibas y le expliques cuál es tu situación y porque no puedes recibir visitas, eso es de gente educada- comentó Octavia reprochando la conducta de su hija. Abrazó a Lizel y la tomó en sus brazos, la pequeña era un ángel y traía un regalo para su abuela. 
-Madre perdona- fue lo único que contestó Emiliana y se fue del salón para ir a su habitación. Octavia se quedó jugando con Lizel y Manuel sonreía a su sobrina que era su adoración. 
En la tarde del día siguiente Héctor sorprendió a la familia con su visita, Octavia no pensó que tan pronto regresaría. Esta vez Emiliana se presentó en el salón para saludarlo, él se sorprendió cuando la vio entrar vestida de negro.
Octavia se retiró un instante para pedir a Lida que prepare té y pastelitos. Héctor y Emiliana conversaban:
-Héctor sé que te ha sorprendido verme vestida de negro pero debo explicarte que estoy de luto y que no puedo recibir visitas o invitaciones. Tal vez no lo sepas pero yo me casé y tengo una niña de tres años, perdí a mi esposo en un terrible accidente y desde ese momento he quedado con el corazón hecho pedazos. Espero comprendas cual es mi situación actual- explicó Emiliana.
-Lo siento, no sabía que te habías casado y lo terrible que es quedar viuda. Mi familia perdió contacto con la tuya y es por eso que no sabía nada de lo sucedido. ¿Cuándo fue el accidente?- preguntó Héctor al final.
-Cuando Lizel tenía seis meses, ese tiempo fue muy difícil para mí y la sola idea de vivir algo parecido no podría soportarlo-. contestó Emiliana y se quedó unos segundos en silencio.
-No tienes porque pensar así, las cosas no pueden ser iguales con otra persona. Siento mucho, tu dolor y pérdida, seguro eran muy unidos-.
-Si, éramos muy unidos y su recuerdo está siempre conmigo- dijo Emiliana segura de sus palabras.
Héctor reflexionó y luego contestó: -el motivo de mi visita también era para traer este libro sobre Anatomía humana que va ser muy útil en tu carrera-.
-Gracias, es un detalle muy fino de tu parte, yo prometo leerlo y luego te lo regreso-. dijo Emiliana mientras abría el libro.
-No es necesario que me lo devuelvas, es un regalo de mi parte, en la primera página hay una dedicatoria para ti- contestó Héctor.
Emiliana leyó la dedicatoria de su amigo que decia: -Con toda mi amistad para Emiliana, una amiga de la infancia, de su amigo... Héctor-.
-¡Oh! es tan fino tu regalo... muchas gracias- exclamó Emiliana emocionada. 
Octavia entró en la sala con la bandeja del té y compartió con ellos la tarde, sabía que Emiliana estaba un poco incómoda por su comportamiento del día anterior. 
Cuando Héctor se fue, Emiliana solo comentó con su madre sobre el libro y que Héctor fue muy agradable con su conversación: -le hablé sobre mi luto y lo referente a las visitas que no puedo recibir.
Octavia no comentó al respecto, no quería obligar a su hija en nada, ella debía decidir sobre su vida. 
La semana estaba por terminar, cuando Aníbal regresó del fundo con el dinero de la venta de la  casa familiar en Ica y fue a visitar a Emil para decirle que todo estaba listo y que por favor prepare el documento donde se realizaba el primer pago de la deuda al matrimonio Navarro y luego el compromiso para el segundo pago después de la cosecha.
Emil preparó el documento de compromiso de pago, el dinero estaba en el banco y no había problema para que sea cobrado mediante un cheque por Lucrecia y Factor. El día fijado en el calendario se realizó la reunión. Se firmó el documento previa lectura por el abogado de la parte contraria, no hubo objeciones y las firmas se estamparon sobre el papel. Todo quedó conforme y se volverían a reunir en unos meses para el segundo pago y cancelación.
Aníbal comentó con Emil después que se despidieron Lucrecia y Factor Navarro: -debo regresar al fundo mañana temprano, hay demasiadas cosas que ordenar. ¿puedes decirle a Octavia qué ya no debe preocuparse por su casa?-.
-Si, Aníbal, no te preocupes yo informaré a Octavia al respecto- contestó Emil y vio que Aníbal se marchaba rápidamente. 
En la mañana del día siguiente Emil citó a Octavia para contarle los detalles de la reunión. Juntos en su oficina Emil decía: -Mi estimada amiga, tu casa a quedado libre de todo compromiso, no existe nada que la pueda afectar. Aníbal trajo el dinero para el primer pago y el segundo se hará después de la cosecha de algodón. Como garantía, presentó el fundo-.
Octavia se alarmó, para ella era grave esa situación. 
-No, te preocupes Aníbal y sus hermanos no van a perder el fundo porque el algodón está en el campo y después de su venta quedará todo solucionado- dijo Emil para tranquilizarla. 
-Por unos segundos me asusté pero  estoy preocupada y me siento mal, todo por el problema que creó Sixto. Emil me siento tranquila por la solución sobre mi casa, pero no estoy feliz por la situación de Aníbal y del fundo. Ahora no es momento de hablar con mi esposo es mejor darnos un espacio para reflexionar- comentó Octavia con tristeza.
-Si, es lo mejor Octavia, Aníbal viaja mañana temprano al fundo para arreglar sus asuntos- contestó Emil. 
Octavia se despidió de Emil y le agradeció por todas las molestias: -Emil, sé que siempre puedo confiar en ti para estos asuntos con la ley, eres mi mejor amigo-. Puso sobre el escritorio un sobre blanco con el pago de sus honorarios. 
-Estoy a tus órdenes para lo que necesites, mi estimada amiga- contestó Emil.  
Octavia regresó a su casa, no deseaba hablar sobre el tema, ya no existía un compromiso de venta, había sido una pesadilla que llegaba a su fin. Recorrió los diferentes ambientes de su hogar y recordó todos los eventos vividos en él. No estaba feliz, es verdad, pero se sentía tranquila.  
Emiliana y Manuel ya sabían que el problema de su casa se había solucionado, estaban agradecidos por ello, pero les faltaba su padre. Manuel pensaba viajar unos días al fundo para verlo.
-Separa bien tus tiempos, recuerda que todavía estás en clases y los exámenes están cerca- le recordaba a su hijo su responsabilidad.
-Si madre, lo sé, eso es lo que me detiene, si no ya estaría en el fundo-. contestó un Manuel atribulado. 
Los días tomaban su propio curso, las amigas de Octavia visitaban la casa para animar a su amiga, ellas estaban siempre atentas a cualquier cosa que necesite.
-Octavia, todas nos sentimos contentas que el problema de tu casa tuviera un final feliz Tu rostro luce sereno y ya no estas triste- comentó Ana Luisa. Reyna y todas las demás estuvieron de acuerdo con sus palabras. Como siempre Octavia les agradecía su amistad y compañía en esos momentos difíciles. 
Rubí por fin podía conversar con su madrina, semanas antes ella estaba tan preocupada que casi no hablaba. No hizo comentario alguno sobre el aparecido como prometió a Emiliana. No deseaba darle más dolores de cabeza a su madrina, con el problema de su casa tenía suficiente. La conversación entre las dos fue respecto al colegio y a la famosa caligrafía que por fin había dominado y la madre superiora la había felicitado: 
-Rubí debo felicitarte ahora tu caligrafía es excelente y tu letra casi se dibuja con claridad sobre el papel. De tus notas no puedo quejarme, son altas y vas a tener unas buenas vacaciones por ello- dijo la madre para alentar a la joven que ya no era una niña.
Como era de esperar las cartas de sus amigas en el extranjero llegaban a la casa de Octavia, ella se pasaba algunas tarde contestando sus misivas. Petra estaba feliz en París junto a Pier, Beatriz de la Torre y Valle en Vevey-Suiza, le comentaba lo bien que a su esposo le iba en el negocio y Anja desde Berlín le hablaba sobre su vida junto a su hija y de algunos apuros económicos que tenía: -nada grave mi  estimada Octavia, las dos estamos bien-. decía en su carta.
Una tarde que Genoveva estaba con Octavia en el pequeño salón haciendo la traducción de la nueva carta que había llegado de Berlín comentaba: -Octavia en esta carta Anja escribe que se va a mudar de Berlín, no sabe aun cuando pero su destino será la ciudad de Stuttgart, según dice, ahí vive su hermana- señaló Genoveva.
-Seguro está pasando apuros económicos y no desea dar problema. Genoveva crees que estaría mal si le envío una encomienda con algunas cosas útiles para ella-. comentó Octavia.
-No creo que sea malo o lo tome a mal Anja. En sus cartas se lee que es una persona fina y comprensiva-. 
Sin perder tiempo al día siguiente con ayuda de Antonia y Emiliana preparó un baúl como encomienda para Anja, donde enviaba ropa de abrigo y alimentos no perecibles para que puedan recibirlos en Berlín. 
Junto a Manuel, Emiliana y Antonia fueron hasta el puerto del Callao para mandar el baúl por barco. 
Había sido una lucha contra el tiempo pero la encomienda ya se hallaba en altamar dentro del barco rumbo a Berlín, con su cargamento y cartas de Octavia, Emiliana y fotos de Lizel. 
El destino insistía y algunos días después se encontraban de casualidad Emiliana y Héctor, ambos conversaban por breves minutos y después se dependían. Héctor no hablaba de visitas y Emiliana no tocaba temas familiares. Sus conversaciones eran sobre temas de sus respectivas carreras.
Aníbal en el fundo trabajaba para arreglar las cosas que faltaban completar, conversaba con Leonora sobre asuntos del fundo y como organizarse para el siguiente año:
-Debemos tener cuidado y sembrar solo cuarenta hectáreas, el dinero no da para más- decia Aníbal serio.
-Si, después de vender esta cosecha y pagar la deuda no alcanzará para más. No importa vamos a comenzar de cero pero con el tiempo volveremos a ser el fundo más productor de la región, ¿no te parece?- contestó Leonora que veía Aníbal triste y cabizbajo.
-Tú siempre tan entusiasta Leonora este fundo no hubiera sobrevivido sin ti-.
-No exageres mi querido hermano porque tú haces un trabajo excelente al dirigir y organizar todo en el campo y salvo  Sixto, por su tontería de hacer algo malo, también trabaja duro-. completó Leonora y comentó  a su hermano mayor de qué se había válido para hacer los documentos falsos de la casa de Octavia. Con la ayuda de un escribano inventó documentos y falsificó firmas de Octavia que encontró en tu escritorio de la biblioteca, se supone que el era el apoderado.
Aníbal se lamentaba de todo lo sucedido con Sixto, pero iban por buen camino para resolver el pago de la deuda y acabar con ello.
-Leonora te confieso que tuve la tentación de llevar a Sixto unos meses a prisión, creo que con eso aprendería su lección- decia Aníbal a su hermana.
-Sé que no hablas en serio, pero debemos estar atentos. Sixto está arrepentido de su accionar y espero que no vuelva con un problema así nunca más y cambiando el tema ¿Cuándo vuelves a tu hogar? nunca te has quedado en el fundo más de tres semanas- preguntó Leonora.
-Todavía no, sé que pasaré un tiempo en el fundo para ver  crecer las motas de algodón y esperar algo nuevo-.
Aníbal estaba en el campo o en la casa, trabajaba todo el día pero en el fondo de su corazón extrañaba a su familia y quería estar en su hogar junto a Octavia y a sus hijos.

CONTINUARÁ