domingo, 10 de enero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Octavia trataba de parecer serena pero en el fondo de su corazón y su alma apenas podía mantenerse en pie, ver sufrir a su hijo era lo más terrible que le había tocado vivir. 
En el triciclo que llevaba a Manuelito, Cesáreo y Octavia llegaron al hospital de las Hermanas Cartujas de San Vicente de Paul. Entraron al recinto por emergencia y de inmediato fueron atendidos. 
La madre explicó  rápidamente a las enfermeras lo que había ocurrido con su hijo y éste fue ingresado de emergencia al hospital, a Octavia le pidieron que espere en la sala. 
Cesáreo se acercó a ella y dijo: -Señora con todo respeto, con todo respeto- volvió a repetir -no debe consentir tanto al joven, él necesita mas autoridad y disciplina lo que ha pasado pudo ser peor. Señora perdone que le diga esto- terminó de comentar Cesáreo con gran pesar por la suerte de Manuelito.
Octavia contestó: -gracias Cesáreo, sin su ayuda no sé que hubiera pasado, mi hijo no se detenía no me escuchaba, fue un lamentable accidente-. 
-¿Señora me puedo retirar, ya no me necesita?- pidió permiso Cesáreo para regresar a la casa y terminar su trabajo, en el hospital ya no tenía nada que hacer.
-Sí Cesáreo, puede usted retirarse, agradezco su ayuda infinitamente-. contestó Octavia.
Cesáreo se retiró del lugar muy apenado, él apreciaba a Manuelito. Octavia se quedó en la sala de espera al tanto de alguna noticia, lloraba por su hijo, no sabía ahora que iba a suceder con él-. 
Eda se acercó a su amiga: -¡querida Octavia!  ¿cómo estas? una amiga enfermera te reconoció y me avisó que estabas en la sala de emergencia ¿Qué ha pasado?-.
-Eda, amiga, que bueno verte, se trata de Manuelito ha sufrido un terrible accidente con fuego, se quemó el brazo. Lo han ingresado para atenderlo pero no se nada más-. contestó Octavia y las lágrimas bañaban su rostro.
-Espera aquí, voy ver que está pasando con tu hijo-. Eda se puso de pie y fue averiguar sobre el estado de Manuelito.
Después de media hora regresó al lado de su amiga con una expresión de gravedad en el rostro, entonces habló con ella. 
-Octavia están atendiendo a tu hijo con todos los tratamientos necesarios para pacientes con quemaduras, su brazo esta comprometido desde el hombro hasta la muñeca con heridas graves, no quiero exagerar pero la piel le colgaba completamente. Te pido tengas fe los médicos especialistas están haciendo lo imposible para tratar ese brazo. ¿Cómo fue que paso este lamentable accidente?-. preguntó Eda al final.
-Yo tengo la culpa, nunca debí dejar que tenga ese taller, debí ser más cuidadosa, no sabía que estaba usando un mechero con ron, con la llama de este se prendió la camisa y sucedió el accidente. Fue horrible Eda, en segundos su brazo ardía y él no escuchaba cuando le decía  que se detenga, corría por todo el patio. Cesáreo me ayudó a detenerlo-. mientras comentaba el accidente lloraba, el alma se le desgarraba de dolor por su hijo.
-Calma Octavia fue un accidente no debes culparte, los muchachos no miden el peligro-.
-Eda por favor, dime la verdad ¿Cuál sería el peor escenario para este accidente?  ¡dime la verdad te lo suplico!-. Octavia rogaba a su amiga.
-La verdad-  Eda dudó unos segundos, no sabía si decirle lo que podía suceder en caso de que las cosas no salga bien pero Octavia insistió y entonces ella habló: 
-El peor de los escenarios, es que, si no reacciona bien la piel del brazo al tratamiento, al primer olor a putrefacción tendríamos que abrir las vendas para ver que sucede con la posibilidad de cortar el brazo completo o parcialmente. No pienses en esto amiga, tu hijo va estar bien-. aseguró Eda a Octavia que no podía dejar de llorar y culparse con el accidente y con lo que recién escuchaba.
Octavia no podía soportar el dolor y menos la idea de algo así para su hijo, su amado hijo.
Eda insistió -no pienses en lo peor, los niños tienen una capacidad de recuperación asombrosa hemos visto milagros aquí en el hospital y eso va ha suceder con Manuelito. El doctor que va a seguir su caso hablará contigo una vez que termine de atenderlo, es seguro que se quede hospitalizado-.  
Eda se quedó acompañando un rato más a Octavia la veía tan destrozada por el dolor.  que no quería dejarla sola. Al poco rato el doctor se acercó a Octavia y preguntó si ella era la madre, entonces le explicó la gravedad de las quemaduras que había sufrido el niño: 
- Su hijo  debe quedar internado en el hospital, en este momento lo hemos sedado para aliviar su dolor. Señora, ahora solo queda esperar para ver como reacciona la piel del brazo al tratamiento que se le aplicó. Regrese más tarde, en este momento no lo puede ver, está dormido-. concluyó el doctor y se retiró para seguir atendiendo a otros pacientes.
-Octavia ve a tu casa y regresa a la hora de visita en la tarde, las religiosas son muy estrictas con el horario, de 2 a 5 p.m es la visita. Emiliana se encuentra en el pabellón que está al fondo del hospital yo le voy a comunicar lo sucedido con su hermano, ella termina su trabajo a las 3 p.m. Te prometo que estaré pendiente de Manuelito y de su recuperación-. concluyó  para animar a su amiga.
Eda acompañó a Octavia hasta la puerta de salida, le pidió calma y serenidad en estos caso es lo único que se puede hacer.
Octavia se despidió de su amiga y salió del hospital, caminaba por la avenida y tenía la sensación que flotaba, sus pies parecían no tocar el suelo, pero era solo una sensación debido a sus nervios y al dolor que sentía, no quería pensar en nada malo  para su hijo, pero era inevitable imaginar lo peor.
Al llegar a su casa Ondina y Felicitas no sabían como preguntar por el joven Manuelito, entonces Octavia al ver su sincera preocupación comentó sobre su hijo y la gravedad de sus quemaduras. Las dos mujeres estaban realmente consternadas y veían con tristeza el dolor de su señora que muchas veces las había ayudado a ellas y ahora no sabían que palabras usar para consolarla. 
A la hora del almuerzo Octavia apenas probó bocado, miraba el reloj con insistencia, estaba pendiente de la hora, ni bien fueran las dos de la tarde regresaría al hospital para ver a Manuelito.
Las campanadas del reloj en el comedor marcaron las 2 p.m, Octavia salió rumbo al hospital quería saber cómo seguía su hijo. Llegó a la hora indicada para las visitas y fue directo al pabellón donde se encontraba. El jovencito todavía dormía, tal vez era mejor así, el dolor no lo dejaría tranquilo y él era de carácter inquieto. La madre se quedó sentada en una silla muy cerca de su cama, a las tres de la tarde entró Emiliana y vio a su madre las dos se abrazaron y lloraban al ver a Manuelito tan quieto, con el brazo vendado y aun con la gravedad que significaba su estado.
-Van hacer días muy difíciles Emiliana tenemos que tener fuerzas para apoyar a tu hermano en estos momentos. Él no debe saber nada del peligro al que se enfrenta-. dijo Octavia a su hija y ella estuvo de acuerdo. 
-Si madre no te preocupes, voy a estar a su lado todo el tiempo que sea posible-. contestó Emiliana llorando de tristeza por lo ocurrido a su hermano.
En la noche del mismo día Octavia se encontraba  en su pequeño salón, era cerca de la media noche. Emiliana dormía en su habitación, Felicitas y Ondina hacían lo mismo en su habitación al fondo de la casa.
Octavia se debatía entre la culpa y la tristeza, se decía a si misma  -mañana temprano tengo que ir al correo ni bien abran las oficinas, debo mandar un telegrama para Aníbal y decirle lo sucedido con nuestro hijo, no puedo ocultar su accidente, es su padre y tiene que venir para estar a su lado- volvía a culparse y decir -Cesáreo tiene razón he consentido demasiado a Manuelito, no puede ser,  él necesita la autoridad de su padre-. 
Estaba sumida en la tristeza, de pronto en medio de la noche escuchó los pasos que ya conocía, estos entraron por la puerta principal, pasaron por la sala y se acercaban al corredor, la puerta del pequeño salón estaba abierta de par en par, Octavia se sentó cerca al escritorio que quedaba frente a la puerta, tenía miedo, los pasos se acercaban y el hombre que era dueño de esos pasos se quedó parado en medio de la puerta, giró y Octavia por primera vez en la vida vio su rostro, era pálido, sin expresión alguna. Ella sentía terror, quería hablar pero no podía, estaba petrificada en su asiento, el hombre seguía en el mismo lugar observándola, pensó  un instante que iba a entrar, fueron segundos que parecían eternos. Su vestimenta era la de siempre con el característico sombrero de copa que ella vio cuando era una niña. Seguro algo quería decirle o anunciarle pero ella no podía hablar, ni preguntar, de su garganta no salía una palabra.  
El hombre dio un paso atrás y luego siguió su camino por el corredor. Cuando Octavia pudo moverse salió del salón para buscar al hombre que ya se perdía en el huerto, ella le suplicaba y preguntaba  
-¿Que quieres decirme, tienes algún mensaje sobre mi hijo, habla por favor?-  Fue en en vano el hombre había desaparecido. 
Octavia tuvo que calmarse, iba a despertar a todas en la casa, regresó al salón, no podía dejar de llorar al creer que el hombre del sombrero le traía algún mensaje que no era bueno. Su miedo no la dejó actuar y ver el rostro del fantasma que su padre decía era un espíritu bueno la dejó consternada.
Al día siguiente ni bien abrió la oficina de correo Octavia escribió  "Aníbal tienes que venir Manuelito ha sufrido un accidente".  Era corto pero claro el padre debía saber lo ocurrido con su hijo.
De regreso a su casa las vecinas que estaban cerca, la detuvieron para darle su apoyo y preguntar por Manuelito, ella agradeció su preocupación y les comentó que hasta el momento todo iba bien, no quería dar detalles y se despidió de todas ellas. 
Al entrar a su casa Ondina salió a su encuentro  -perdón señora, no pude evitarlo sus amigas las Damas del Patronato están en la sala esperándola, ellas casi me atropellaron para entrar- pedía disculpas Ondina por lo sucedido.
-No te preocupes, trae a la sala refrescos y las galletitas de anís que compramos. Deja mi chal y mi bolso encima del escritorio-. luego camino hacía la sala donde esperaban sus amigas, ellas al verla entrar la rodearon y le expresaron su pesar y tristeza por lo ocurrido: -Octavia estamos aquí para ayudar en lo que necesites, sabemos que Manuelito está en el hospital- decían Ana Luisa y Petra.
-Gracias, gracias a todas por venir apoyarme, por el momento nada se puede hacer solo esperar, mi hijo ya recibió el tratamiento necesario, van hacer unos días difíciles y llenos de angustia-. comentó Octavia a sus amigas y les contó los detalle de lo ocurrido.
Las Damas escuchaban a Octavia y sentían gran pesar por su amiga -Todo va a salir bien con tu hijo Octavia, vas haber que así será y todo esto será solo un recuerdo-. Si, si repetían todas para animar a su amiga. 
Al final de la reunion Hortensia se acercó a Octavia para darle su apoyo -sé cómo te debes sentir, el caso de Manuelito es diferente al de Rosalina pero cuando tenemos un hijo que sufre nosotros sufrimos con él. No viene al caso pero es igual, no sabemos nada de Rosalina y ya son ocho días desde su boda y cambio de aros- comentaba Hortensia con Octavia -me voy querida amiga, no quiero llenarte de más preocupación, tu ya tienes bastantes-.
En su casa Hortensia hablaba con Hipólito, le contaba que había sucedido con el hijo de Octavia: -es terrible lo que ha pasado con Manuelito, no te imaginas como se encuentra ella-.
Hipólito se podía imaginar algo, pero el sufrimiento real solo lo podía presentir. Él había vuelto a contratar los servicios del mensajero que ya conocía el caso de su hija. Víctor Sifuentes tenía el encargo de vigilar la casa de Quinto y avisarles cuando llegaban de su luna de miel. El padre estaba preocupado por Rosalina no sabía nada de ella.
-Calma- le repetía Hortensia -están de luna de miel y es lógico que no se acuerden de nadie-. Aunque ella en su fuero interno también tenía la misma preocupación después de saber sobre la vida de Quinto.
Los padres ahora comprendían porque él no quería que se enteren de su vida pasada. 
El día estaba lleno de sol,  en el fundo de Aníbal había bastante trabajo, preparar la tierra para la siembra y controlar los gastos que significaba todo aquello. 
Un empleado se acercó a él -señor tiene un telegrama-.
Aníbal frunció el seño ¿un telegrama? preguntó, vio que era de Octavia, algo grave debía suceder se habian despedido hace solo tres días. Lo abrió y leyó -Preparen mi equipaje, regreso a Lima de urgencia-. comentó mientras a caballo regresaba a la casa familiar.
Su hermana Leonora se enteró del telegrama  -que sucede Aníbal-. preguntó a su hermano.
-No sé pero es grave, debo regresa a la capital. Que Sixto se encargue de preparar y supervisar el trabajo.- comentó y salió para la ciudad en un coche alquilado. 
Al llegar de noche a su casa con solo ver el rostro de Octavia y su sufrimiento supo que lo que sucedía no era nada bueno. Abrazó a su esposa y pidió: -cuéntame todo lo que ha pasado con nuestro hijo, querida-. la tristeza lo embargo mientras Octavia comentaba lo que había ocurrido con Manuelito y su accidente. 

CONTINUARÁ                   
   
         
     
  


 

domingo, 3 de enero de 2021

PRIMAVERA DE 1900

Víctor Sifuentes dejaba atrás los hermosos paisajes de la región, la bella cordillera Blanca, la grande y confortable casa hacienda y todo aquello que había vivido en esos días. No podía quejarse no hubo maltrato a su persona, él podía movilizarse dentro de la casa y en las tierras de la hacienda con toda libertad pero estaba vigilado por guardianes que no lo dejaban ni un segundo solo, era imposible escapar del lugar. Ahora Fausto le había ordenado regresar a la capital con los suyos.
Se lamentaba no haber podido cumplir con su misión y pensaba en voz alta, a estas horas el señor Hipólito seguro lo daba por muerto o algo parecido, además su hija Rosalina ya estaba casada, su informe no llegó a tiempo. 
Tres días duró su largo viaje de regreso, se encontraba agotado cuando entró a su casa, su esposa e hijos salieron a su encuentro, ella lloró al verlo, felizmente estaba sano y salvo: -¿que sucedió por qué tardaste tanto? pensé que te había ocurrido algún accidente o un trágico asalto- comentaba llorando.
-Calma mujer estoy bien, solo muy cansado y con hambre, ¿tienes algo de comer?- preguntó mientras abrazaba a sus hijos que felices sonreían de ver de nuevo a su padre.
Su esposa fue pronto a la cocina a traer un plato caliente de estofado y un pan suave para saciar su hambre. Era ya tarde pensó Sifuentes, mañana iré a la casa del señor Hipólito, me siento tan cansado ahora. Nada va a cambiar hasta mañana y se quedó en casa a disfrutar de su cena y de la compañía de su familia.
En la ausencia del mensajero Lima no había cambiado, estaba en los días de verano y se podía disfrutar del clima soleado y agradable. La temperatura era más cálida.
A las nueve de la mañana del día siguiente Víctor Sifuentes tocaba la puerta de la casa de los padres de Rosalina, una empleada le abrió y anuncio su presencia a los señores. Hipólito fue al recibidor y miraba al mensajero como si fuera un aparecido que llegaba del otro mundo.
-¡Sifuentes!- exclamó -¿qué sucedió con usted en el camino? ¿por que ha tardado en regresar? nosotros esperábamos su informe, mi hija esta casada hace tres días y usted recién llega, ¡cómo es esto posible!-.
El mensajero espero que Hipólito termine  sus reclamos para poder hablar sin ser interrumpido, él tenía que ser claro con todo lo que vivió y paso en esos días. 
Hortensia al escuchar a su esposo fue al recibidor y la misma sorpresa al ver al mensajero -¡oh! exclamó -¡usted recién llega Sifuentes!-.
El mensajero tomó aliento y espero que se calmen para poder hablar una vez que hubo silencio dijo:
-No he demorado porque me fui a divertir, no fue así. La familia de Quinto es decir sus hermanos me secuestraron de la posada donde estaba hospedado y me tuvieron en su casa hasta hace unos días que me dejaron libre en el camino de regreso a la capital-. 
Víctor Sifuentes tomó la palabra y comenzó a contar detalladamente todo lo que vivió en la hacienda de la familia López del Águila. -Son gente importante en la región, tiene una bella casa, una bella hacienda y dinero. Fausto, el hermano mayor maneja todo con disciplina y orden-.
Hipólito quería escuchar sobre Quinto y Sifuentes fue muy claro al respecto, contó a los padres de Rosalina como era su yerno y los problemas que trajo a la familia en varias ocasiones, él solía enfrentar la autoridad de su hermano mayor y por supuesto el último gran problema sobre el linchamiento, donde casi muere si no fuera por sus hermanos que lo salvaron. Los campesinos casi queman la casa familiar. 
Sifuentes pidió disculpas varias veces a Hipólito y a Hortensia porque no pudo cumplir con la misión que le fue encargada esto se salió de  sus manos, él no podía hacer más. 
Hipólito lo interrogó exhaustivamente sobre Quinto y su actitud ante la familia, temía por su hija y lo que podía sucederle, ellos no sabían donde la había llevado de luna de miel, confiaron demasiado y ahora no podían hacer nada. 
Sifuentes habló -Señor Hipólito no creo que su yerno se atreva a maltratar a Rosalina, ella ahora es su esposa- dijo convencido que la joven no corría peligro. 
Hipólito no sabía que decir  y Hortensia comenzó a llorar -¡oh mi Dios! con quien hemos casado a nuestra niña- dijo con palabras de desesperación.  Su amada Rosalina, ellos, ahora estaban atados de manos.
El mensajero se retiró de la casa, muy a su pesar rogaba que Quinto no se atreva a maltratar a su joven y bella esposa que era  hija de familia, delicada como una flor, ella siempre había sido muy cercana a sus padres. En caso contrario, el único que  podía detenerlo era Fausto, se le enviaría de inmediato un telegrama para pedir su ayuda, pensó Sifuentes, mientras se iba caminando lentamente para el centro.
-Hipólito, ¿Qué hacemos en esta situación? nuestra niña esta en manos de una persona que no conocemos realmente- decía Hortensia y se secaba las lágrimas.
-Calma querida, el mensajero tiene razón, Quinto no se atrevería a maltratar a su esposa- esto esperaba Hipólito de su yerno que trate a su hija con amor.
Hortensia mas tarde salió de su casa para la reunión de cada semana con sus amigas, las Damas del Patronato. En la casa de Octavia ya habían llegado algunas de las amigas que como siempre tenían su reunion social, conversaban y disfrutaban de sus vacaciones. 
Hortensia llegó agitada por caminar rápido, quería estar temprano para ver si podía conversar un momento a solas con Octavia y Petra y así desahogar su dolor, pero al entrar en la sala ya habían varias de sus amigas entonces prefirió guardar silencio y escuchar el tema de conversación de lo que se hablaba en ese instante. Se le notaba nerviosa y fue Ana Luisa quien preguntó -¿Hortensia te sientes mal?- fue suficiente, ella comenzó a llorar y las amigas no sabían que hacer o decir -lo siento Hortensia no quise molestarte- dijo Ana Luisa con pena.
-No, no me has molestado, la verdad es que estoy preocupada por Rosalina, no sé nada de ella- contestó en  voz baja. 
Todas las Damas la consolaban y le decían -Querida, tu hija está en su Luna de Miel, no debes ser tan impaciente, Hortensia no me digas que vas a ser de esas madres que intervienen todo el tiempo en la vida de sus hijas-.
Hortensia sonrió y pensó que era mejor guardar silencio, habían cosas que no se podían decir. Tal vez al final de la reunión encuentre un momento para hablar a solas con Octavia, a la cual le tenia mucha confianza. 
Cuando terminó la reunión Hortensia buscó un pretexto para quedarse un rato más y comentar con Octavia sobre su hija y Quinto.
Ni bien quedó a solas en la sala con Octavia, Hortensia dejo escapar un sollozo y contó a su amiga todo lo que sabían sobre Quinto, sus hermanos sus tierras y los problemas que causó a la familia. 
Su amiga, la consolaba y le decía que no se precipite al pensar cosas negativas, seguro Rosalina está bien, solo han pasado unos días, la Luna de Miel es un momento de felicidad para los recién casados.
-No sabemos donde la ha llevado de viaje, tengo miedo Octavia- decía envuelta en lágrimas Hortensia.
-No, debes perder la calma Hortensia, en unos días más están de regreso, Quinto no puede dejar abandonados sus negocios y la casa donde vivirá con Rosalina-.
Era cierto Quinto debía regresar pronto, sus hermanos Segundo, Ángel y Teo, ya habían partido de regreso a sus tierras y a la casa, lo vecinos vieron que llegaban muebles y otros enceres de hogar, estos eran recibidos por el ama de llaves que era de toda su confianza.
Hortensia más tranquila de hablar sobre su hija con Octavia se despidió y se fue a su casa. Emiliana encontró a su madre en la sala pensativa y preguntó -¿madre qué pasa?-.
-Nada, nada querida- en su corazón daba gracias al cielo que su hija no piense aun en casarse o  en compromiso alguno por el momento, ella debía ocuparse de su futuro, era bastante joven y menor que Rosalina  - dime ¿cómo te fue? en la visita al hospital- preguntó Octavia.
Emiliana temprano se había presentado en el hospital de las Hermanas Cartujas para solicitar una vacante a voluntaria, ella quería comprobar si su vocación era ser enfermera.  
-Madre, me han aceptado las hermanas en el hospital, estoy verdaderamente feliz, tengo que ir tres veces a la semana y un domingo al mes. Me dieron este uniforme que debo usar cuando vaya al hospital, desde mañana debo comenzar-.
Octavia se puso de pie y abrazó a su hija, se sentía feliz por ello y seguro que cuando su padre se entere sentiría igual.
El día había amanecido pleno de Sol, Emiliana ya estaba lista para su primer día como voluntaria, buscó a sus padres en el pequeño salón, ellos al verla la felicitaron por estar preparada para ser voluntaria y dar un paso adelante en la vida. Con su uniforme se le veía tan linda, graciosa y gentil que Aníbal no dudó en abrazar a su hija y decirle. -Emiliana te acompaño al hospital para que estés segura-.
-Padre- contestó con gentileza  -no es necesario que me acompañes yo debo acostumbrarme a ir sola y tener mis propias responsabilidades, además el hospital esta a unas cuadras de la casa-. Besó a su padre en la frente, los mismo hizo con su madre y salió de su casa camino al hospital, no era bueno que en su primer día como voluntaria llegue tarde.
Aníbal comentó: -ya no es una niña está creciendo muy rápido, Octavia-.
-Si es verdad, ella es una joven responsable-. contestó la madre.
Sobre el escritorio Ondina había dejado una carta para Octavia de su prima Blanca, por fin pensó tenía noticias de ella. Tomó el sobre en sus manos y comentó: -Aníbal es carta de Blanca voy abrirla para leer en voz alta-. Su esposo estuvo de acuerdo, pero antes como era su costumbre leyó algunas noticias del diario. -no puede ser, de nuevo comienzan las protestas en la ciudad y no se van a detener hasta que sean escuchados. Esto debe encontrar una solución, así no se puede vivir y progresar-.
Cuando Aníbal terminó, Octavia leyó la carta de Blanca donde le comentaba como había sido la celebración de Año Nuevo en Paris: -Querida la ciudad lucía hermosa y a las 12 p.m los fuegos artificiales iluminaban el cielo, no puedes imaginar la emoción de recibir el nuevo año en la calle al lado de tanta gente. Hemos conocido la torre de Eiffel es hermosa y una bella Dama como todos la llaman, además de visitar en el día museos y todas las atracciones que te puedas imaginar. Tienes que viajar alguna vez a esta ciudad querida prima- la carta seguía con detalles sobre el viaje que duró una semana antes de regresar a Vevey-Suiza.
-Blanca tiene razón Octavia, es un viaje que nos debemos, que se arreglen todos mis asuntos en el fundo y nos vamos de viaje, es tiempo de disfrutar-. comentaba emocionado Aníbal imaginando la ciudad que describía Blanca en su carta.
Octavia terminó de leer la carta y Aníbal agregó: 
-Querida debo viajar al fundo, hace muchos días que no vigilo como van la cosas por allá, tú bien sabes que no puedo confiar en Sixto mi hermano menor-. 
Unos días después Aníbal partió al fundo algodonero propiedad de su familia, Octavia lo despidió muy temprano, luego se dedicó a sus tareas habituales,  mientras ordenaba sus blusas de verano encontró un pequeño prendedor que se le había caído, que hermosos recuerdos le traía esa pequeña joya que solía usar de vez en cuando. 
A esas horas Manuelito trabajaba en su taller al fondo de la casa. Él derretía pequeñas piezas de plomo sobre un mechero con ron para colocar después sobre su invento, sin darse cuenta pasó un brazo sobre el mechero y se prendió la camisa, el fuego avanzó velozmente sobre el brazo y salió corriendo del taller.   En medio de sus pensamientos Octavia escuchó unos gritos  que venían del patio, era Manuelito que corría de un lado a otro desesperado.
Octavia vio la escena, su hijo tenía uno de los brazos ardiendo con fuego, ella tomó de la mesa del comedor un mantel para apagar las llamas. El joven no se detenía y su madre no podía alcanzarlo, sus gritos eran terribles y Octavia gritaba más fuerte -¡Detente Manuelito!- pero él no la escuchaba y seguía corriendo. 
Cesáreo estaba  trabajando en el jardín cuando escuchó los gritos desgarradores del joven, fue al patio y encontró a Manuelito que uno de sus brazos ardía como una antorcha, lo agarró del otro brazo y lo tiró al piso recién Octavia pudo poner el mantel sobre su cuerpo y apagar el fuego. Manuelito lloraba de dolor y perdió el conocimiento. 
Octavia pidió a Cesáreo llevar pronto a su hijo en el triciclo al hospital, éste cargó en sus brazos a Manuelito y salió por un pasadizo al patio principal en la entrada, lo subió a su triciclo. Octavia lo seguía atrás cuando salían a la calle, los vecinos habían escuchado los gritos se asomaron a sus puertas para verlos pasar. Ondina y Felicitas lloraban en la cocina no sabían ahora que podía suceder con el joven Manuelito.


CONTINUARÁ                                    


 

domingo, 27 de diciembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

La celebración del Año Nuevo había terminado, la ciudad recobraba su habitual rutina. Los días se hacían más largos, el verano calentaba los termómetros y el entusiasmo de la gente por vivir el nuevo año se hacia más notable.
Octavia acompañó a Rubí para dejarla en el internado como la madre superiora lo había ordenado. 
Antes de despedirse comentó: -no te preocupes mi niña, los días pasan muy rápido y pronto será de nuevo domingo, yo vendré a recogerte para ir a la boda de Rosalina, recuerda que sin la niña de las flores no hay boda-. Abrazó a Rubí con la promesa de regresar por ella el próximo domingo. 
La niña contestó: -si madrina, yo desde temprano voy a estar lista esperando por usted-. Octavia la besó en la frente y se retiró del convento con tristeza en el corazón, hubiera sido tan bueno que la pequeña viva con la familia, pero eso no podía ser y había que aceptarlo. 
Cuando llegó a su casa como siempre fue directo a su pequeño salón, tenía que revisar algunos documentos y hacer las cuentas del mes, Felicitas pidió permiso para entrar y organizar con su señora el almuerzo y la cena del día, Octavia conversaba con ella, de pronto Ondina interrumpió la conversación, venía cargando en sus brazos dos cajas grandes: -señora llegaron los vestidos- decía con emoción.
-¡Que bueno!, Ondina pon las cajas sobre mi escritorio y ve a llamar a Emiliana. Felicitas ayúdame abrir las cajas-. contestó Octavia  y se puso de pie.
La modista había enviado con un mensajero los vestidos que Emiliana y Rubí iban a usar el día de la boda, eran un sueño como bien comentó Hortensia en la reunión de las Damas días antes.  
Emiliana entró al salón y exclamó -madre los vestidos son preciosos, el color, la tela y el modelo ni que decir-. exclamaba con entusiasmo la joven, mientras levantaba su vestido.
Los dos vestidos eran bellos y estaban bien confeccionados, los acabados impecables. Emiliana y Rubí estarían a la altura de la ocasión con sus vestidos de un suave color melón. 
Manuelito al escuchar todo el alboroto que se armaba en el salón fue a ver que pasaba y pensó, tanto ruido por unos vestidos ¡qué hacer!.
-Ondina, acompaña a Emiliana para guardar los vestidos es importante que no se arruguen-. Ondina y Emiliana se llevaron los vestidos en sus cajas, estaban felices y comentaban en el corredor.
Octavia se quedó con Felicitas para seguir organizando el menú del día. 
Hortensia en su casa daba los últimos toques a los detalles de la boda, la sala que era bastante grande y el comedor habian sido despejados y decorados para la fiesta, nada debía quedar sin su aprobación. 
Un asistente de Hipólito llegó hasta la casa para traer unos documentos que su jefe necesitaba, Hipólito lo hizo pasar a la biblioteca y en el escritorio examinaba los documentos y un informe escrito por el asistente, unos segundos se mantuvo paralizado, esa letra él la conocía y podía compararla, abrió un cajón de su escritorio y sacó uno de los anónimos que tenía guardado, entonces exclamó en voz alta.
-Tú, has sido tú el autor de los anónimos-  se acercó a él, lo tomó del saco y lo zarandeó con fuerza 
-todo el tiempo has estado cerca de mí, cuales eran tus intenciones al enviar estos anónimos-.
El asistente contestó nervioso:- señor Hipólito cálmese por favor, yo no he querido faltar a su familia lo único que yo pretendía era pedir la mano de su hija, no quería que se comprometiera con nadie-.
-Todo este tiempo hemos vivido en zozobra y preocupación, hemos pensado mal de Quinto y tú jugabas a los anónimos. ¡Fuera de mi casa! si no quieres que llame a la policía y te denuncie, es inconcebible tu actitud, yo te di toda mi confianza, jamás te hubiera dado permiso para cortejar a mi hija- gritaba con ira y lo empujaba a la puerta de la calle -ya veré que voy hacer contigo-  gritaba más fuerte. 
Hortensia escuchó a su esposo y se acercó a la biblioteca solo para ver salir al asistente a toda prisa, mientras Hipólito lo seguía atrás. 
-¿Qué sucede por favor, por qué gritas así?- preguntaba a su esposo.
A una de las empleadas le pidió que traiga un vaso con agua cuando vio a Hipólito que se sentaba en una de la sillas del zaguán y se aflojaba el cuello de la camisa. Entonces Hortensia pensó ahorita le da algo a este hombre.
-Calma Hipólito ya no puedes respirar-  decía preocupada por él y le alcanzó el vaso de agua.
Hipólito tomó el vaso y contestó -Ya, ya estoy bien, solo necesito calmarme, lo que me acabo de enterar es tan inverosímil - luego contó a su esposa sobre  su asistente y los anónimos, ella por una parte estaba indignada con el asunto  pero por otra parte sentía un  gran alivio que las cosas se aclaren y no sean más graves.
-Mi Dios Hipólito, que tranquilidad saber quién es el autor de esos anónimos, pero no debemos decir nada a Quinto, imagina lo que podría hacerle a ese joven, es mejor guardar silencio y contar los días que faltan para la boda-. comentó Hortensia y su esposo estuvo de acuerdo.
Las palabras de Hortensia fueron reales, los días pasaron tan rápido que ya era domingo día de la boda. Su casa esa mañana era un verdadero ir y venir, la madre ayudaba a Rosalina con sus arreglos y  a ponerse el vestido, la joven se veía deslumbrante el traje era hermoso y ella lucía más bella aun.
-Rosalina, mi niña estás perfecta con el vestido y le entregó en las manos un precioso bouquet de novia especialmente hecho para ella, Sí, era verdad Rosalina lucía perfecta y bella.
Octavia y su familia también se preparaban para la boda, Emiliana se puso su vestido con ayuda de Ondina mientras a Rubí la ayudaba su madrina, las dos niñas lucían lindas con sus trajes Octavia las miraba y se sentía feliz: -madrina ahora si soy el Hada de las flores- y se dio una vuelta completa para lucir su vestido. Octavia colocó en el cabello de las dos jovencitas flores, según lo convenido con Hortensia.
La familia se reunió en la sala, Aníbal y Manuelito lucían impecables y guapos con sus ternos, Octavia con un vestido fino de encaje también se veía bella, Emiliana y Rubí estaban perfectas con sus vestidos para acompañar a la novia en la iglesia. 
Ondina y Felicitas partieron a su día de descanso y la familia salía de la casa para la iglesia de San Pedro donde se iba a realizar la ceremonia religiosa a las doce del día. Un coche alquilado para llevarlos a la iglesia los esperaba. 
En la iglesia los invitados esperaban a la novia y su séquito. Quinto de pie junto al altar estaba nervioso, se escuchaba un murmullo general  entre los asistentes, ¿Quiénes eran esos caballeros que acompañaban al novio?, por fin todos se enteraron que eran los hermanos de Quinto que vinieron para acompañar a su hermano. Lucían impecables en sus ternos y el novio se había esmerado especialmente en su arreglo. Segundo, Ángel y Teo llegaron un día antes de la boda, el mismo Quinto estaba sorprendido y agradecido por su visita. Segundo traía una carta de Fausto el hermano mayor que se había quedado en la hacienda al frente del trabajo. En una de las líneas de la carta, Fausto le recomendaba a su hermano que se maneje con cuidado, él no lo iba ayudar siempre -Quinto de aquí en adelante es tu responsabilidad, no quiero oír problemas de tu parte- luego lo felicitaba por su boda y  le deseaba lo mejor. 
La novia entró a la iglesia espléndida con su vestido bello y romántico, adelante del séquito iba Rubí que traía en sus manos una pequeña canasta con pétalos de rosas y los arrojaba al aire, la seguían las damas de honor con Emiliana entre ellas, cada una lucia muy linda con sus vestidos. Rosalina del brazo de su padre sonreía, mientras avanzaban por el pasadizo central hacia el altar. Quinto recibió a la novia de los brazos de su padre, éste le advirtió -te entregó a mi hija, debes cuidarla con amor-. Él prometió que así lo haría. 
El sacerdote que oficio la ceremonia habló y aconsejó a los novios, sus palabras fueron escuchadas con atención por todos los feligreses que no dejaban de sorprenderse por la visita inesperada de los hermanos del novio. Al terminar la ceremonia religiosa, el padre felicitó a los ahora esposos, les deseo dicha y parabienes.
Después de salir de la iglesia los recién casados, los padres e invitados se dirigían a la casa de la familia donde se iba a festejar la boda con un almuerzo, baile y brindis. 
La casa estaba llena de invitados, familiares, amigas de Hortensia, algunos invitados de Quinto y sobretodo  sus hermanos a los que Quinto agradeció en voz alta cuando habló y agradecio también a los padres de la novia.  
Cuando los nuevos esposos abrieron el baile todos los invitados los siguieron, Teo no dejó de bailar con Emiliana, él tenía muchas atenciones con la joven, Aníbal estaba atento a cada paso de su hija. Octavia sonreía al ver a su esposo cuidar a su niña. Manuelito comía dulces y bocaditos al lado de Rubí y Hortensia se acercó a Octavia en un momento para decirle -querida amiga por fin puedo descansar tranquila ya sabemos quien era el autor de los anónimos y cuál era su intención-. Petra y Ana Luisa también escucharon el comentario y se alegraron por su amiga.
Octavia recomendó a Rubí y a Manuelito no comer tantos dulces porque se iban a empachar y enfermar.
La fiesta duró hasta la media noche, se bailó, se brindó por la felicidad de los novios, Quinto se sentía feliz, Rosalina ya era su esposa. Los recién casados antes de la media noche se despedían de los invitados y familiares y se marcharon a su luna de miel con rumbo desconocido. Los invitados hicieron lo propio y agradecían a los dueños de casa por la invitación.
Aníbal Octavia y sus hijos también se despedían de Hipólito y Hortensia, los felicitaban porque la fiesta había sido perfecta y Rosalina había estado muy bella.          
En su casa Aníbal y Octavia comentaban los detalles de la fiesta y lo felices que se veían los padres de Rosalina después de vivir varios días de preocupación. 
Hipólito y Hortensia antes de irse a dormir conversaban sobre el destino del mensajero ¿Qué había sucedido con él se preguntaban?. El padre de Rosalina se sentiría culpable si le ocurriese algo malo a Víctor Sifuentes... el mensajero.
Pero Hipólito no tenía conocimiento que él estaba en la hacienda bien vigilado y sin las posibilidades de poder salir a sitio alguno. 
Fausto al día siguiente de la boda de su hermano, habló con Sifuentes: -mañana temprano puedes irte de la hacienda, Hernán mi hermano menor y dos empleados te acompañaran hasta el camino que lleva a la capital, fuiste nuestro huésped pero es tiempo de regresar con los tuyos- y antes que el mensajero pueda hablar le ordenó retirarse de su presencia. 
Al día siguiente al despuntar el alba, Víctor Sifuentes, acompañado por Hernán, Quispe y Rodo sus vigilantes salían de la hacienda, lo acompañaron hasta el camino general y ahí lo despidieron, no se movieron del sitio hasta ver que el mensajero y su caballo desaparecían a lo lejos en el camino. 


CONTINUARÁ

    
    
                           


 

domingo, 20 de diciembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Faltaban solo dos días para celebrar el Año Nuevo. Octavia en su pequeño salón volvía a leer la tarjeta con los saludos de navidad que su prima Blanca había enviado a la familia. 
Que felicidad para ella, celebrar el nuevo año en París, al parecer  su prima por fin se estaba adaptando a su nueva vida, pensaba Octavia.
Ondina fue a buscar a su señora para comunicarle que su amiga, la señora Hortensia había venido a visitarla y estaba en la sala.
-Gracias Ondina, puedes llevar a la sala unos refrescos, por favor-.
-Enseguida señora- contestó la joven y fue directo a la cocina-.
Octavia entró en la sala para saludar a su amiga -¡querida Hortensia que gusto!- exclamó
-Octavia, espero no haber interrumpido nada importante en esta mañana- Hortensia se acercó y abrazó a su amiga
-No te preocupes no estaba ocupada, tomemos asiento- Octavia se sentó cerca.  
-Querida, el motivo de mi visita es pedirte si es posible que Emiliana sea una de las damas de honor en la boda de Rosalina-. Hortensia dijo esto a la espera de su respuesta.
-Claro que es posible, estoy segura que a Emiliana le va encantar acompañar a Rosalina en ese día tan importante, mi hija estará de acuerdo-.
-Que felicidad que aceptes mi pedido Octavia, porque también quisiera pedir, si Rubí puede ser la niña de las flores para entrar a la iglesia- Hortensia no estaba segura si Octavia iba aceptar este ultimo pedido.
-No puedes haber escogido mejor, ellas estarán felices de acompañar a Rosalina en su boda-. contestó Octavia feliz de imaginar a Emiliana y a Rubí acompañando a la novia. 
-El modelo de los vestidos está en el taller de la modista Concepción, hemos escogido una tela de gasa  muy bella y el color es melón en un suave tono pastel, no me vas a creer es un sueño. Tú conoces muy bien que el protocolo de una boda, la única que puede vestir de blanco es la novia. Octavia sería mucho pedir que esta misma tarde vayas al taller de la modista, los días pasan muy rápido y el tiempo nos queda justo-. apunto Hortensia.
-No te preocupes esta tarde iré con las dos niñas para las medidas y pruebas de los vestidos, todo va estar bien-. 
-Estoy con el tiempo justo y Quinto quiere una boda por todo lo alto, así se lo hizo saber a Hipólito- agregó Hortensia con nerviosismo -aún no sabemos nada del mensajero y yo tengo que seguir con los preparativos de la boda. Espero que no  halla sufrido algún accidente, eso sería terrible-
Ondina entró con los refrescos y esto fue un alivio para Octavia porque su amiga estaba al borde de las lágrimas, la incertidumbre de no saber nada la desesperaba.
-Querida Hortensia debes tener paciencia, sé que es fácil decirlo, pero no hay otro camino- Octavia se sentía  preocupada por su amiga, ella no deseaba estar en su lugar.
Lo que Hipólito y Hortensia no sabían es que el mensajero estaba en la casa de la familia de Quinto y no podía salir de ahí, era vigilado a todas las horas del día, además si conseguía escapar solo lo haría  a pie, así nunca llegaría a ningún lado, los hermanos lo encontrarían muy rápido. 
Fausto el hermano mayor, había mandado con Segundo, el hermano que seguía después de él, un telegrama a la capital para avisar a Quinto que el mensajero estaba hospedado en la casa familiar, luego mandó llamar Atanasio Quispe uno de los guardianes que custodiaban a Víctor Sifuentes.
Quispe se presentó ante Fausto -buenos días señor, usted me mandó llamar-.
-Quiero que averigües si Toribio Ludeña ha viajado en estos días-. ordenó Fausto.
-Señor le puedo asegurar que no, su mujer  acaba de tener  un hijo y él ha estado todo el tiempo a su lado- agregó Quispe seguro de lo que decía.
-Entonces ve a buscarlo, necesito hablar con él- contestó Fausto. 
Quispe salió de la casa, él sabía donde encontrar a Ludeña a esas horas de la mañana, seguro estaba  en el campo en plena faena. 
Fausto lo había mandado a llamar porque sabía que él entre todos los campesinos que trabajaban en la hacienda, era el único que sabia leer y escribir, esto era gracias al padre Isaías que le había enseñado. Ludeña conocía muy bien a Quinto y podía ser el autor de los anónimos.
Una hora más tarde cuando Toribio Ludeña estaba frente a Fausto, este lo interrogó sin descanso quería  estar seguro de que no era el autor de los hechos.
Toribio Ludeña en todo momento negó haber escrito algún mensaje -como podría hacerlo señor, si yo vivo aquí y no he viajado a ningún otro lugar- contestó  finalmente. 
Al terminar el interrogatorio Fausto le señaló la puerta para que se retire, se dio cuenta que no mentía, sus palabras mostraban mucha seguridad. Si Ludeña no había sido el culpable, el autor debía estar en Lima y no en la hacienda como se podía pensar. 
Después del almuerzo le tocaba a Quispe como todos lo llamaban custodiar al mensajero, reemplazó a Rodo, otro de los guardianes. 
Quispe era más amigable y conversador, Sifuentes le había tomado confianza y fue a éste al que preguntó sobre la historia de la familia y sobre Quinto.
Quispe fue convencido de hablar y comenzó su relato: 
La familia está formada por seis hermanos, ellos son Fausto, Segundo, Ángel, Teo, Quinto que al igual que Segundo debían sus nombres al orden de nacimiento y por último Hernán el más pequeño de los seis. Sus padres habían muerto unos años antes y Fausto tomó el mando de la hacienda, él dirigía con mano firme, era le única forma que el trabajo rindiera sus frutos. Todos los hermanos estaban solteros,  fue Quinto el primero en tomar la decisión de casarse en Lima. 
Quispe contaba a Sifuentes que siempre fue Quinto un problema para la familia, en varias oportunidades había enfrentado la autoridad de Fausto y éste tenia que ponerlo en su sitio con fuerza, en más de una ocasión casi llegan a los golpes, si no fuera  por la intervención de sus otros hermanos que lo impedían. 
Quinto se paseaba a caballo como amo y señor de sus tierras, era conocido por su mal carácter y no tenía reparos en castigar con dureza a los campesinos que trabajaban en la hacienda, en su camino nadie podía cruzarse, porque hacia uso y abuso del látigo y no le importaba si eran hombres o mujeres. La gente le tenían miedo y lo llamaban  "Quintito malo". Pero un día cansados de tanta injusticia y atropello, un grupo de campesinos se unió para rodear a Quinto cuando éste iba a castigar con su látigo a uno de ellos, lo bajaron a golpes del caballo y ahí sin piedad lo seguían golpeando. Quinto rogaba por su vida pero no era escuchado, ahora era él el que sufría el castigo y las cosas se pondrían peor. 
Todos juntos lo llevaron arrastras hasta la plaza del pueblo, lo ataron a un poste para lincharlo, sus hermanos, las autoridades y el padre Isaías llegaron justo a tiempo para salvarlo.
Los campesinos estaban enardecidos y llenos de ira, no querian detenerse, el padre Isaías mediaba en el conflicto y hablaba con Toribio Ludeña para que calme a su gente. Éste era considerado un líder dentro del grupo pero nadie quería escuchar, Ludeña y los demás deseaban linchar a Quinto y  acabar con sus excesos después irían a la casa hacienda para prenderle fuego porque consideraban que era ahí donde comenzaban todos sus males. 
Fausto habló en voz alta para ser escuchado, prometió a sus trabajadores que nunca más volverían a ver a Quinto, él sería desterrado de la región y muchas cosas en el trabajo cambiaría. Se dirigió a Toribio para decirle: -tú vas a ser el representante de tu gente, así unidos vamos a cambiar las cosas-. 
Fue de esta manera que Fausto logró calmar a los campesinos y se comprometió con ellos para iniciar una nueva etapa. Los ánimos se calmaron, Ludeña aceptó el trato, pero dio un plazo, a partir de ese día  cambiaron muchas cosas en la hacienda, Fausto cumplió su palabra.  
Quinto fue desatado del poste por sus hermanos y llevado a la casa familiar, estaba casi muerto apenas podía hablar y era mejor así, porque Fausto estaba casi al borde de él mismo, propinarle una paliza.
-Has tirado el nombre de la familia al piso y  comprometido nuestra casa a la que por poco le prenden fuego, mil veces te advertí  que no actúes de esa forma. No son promesas al viento las que yo acabo de hacer, tú te vas para siempre de la hacienda y no volverás a poner un pie en ella-. dijo Fausto en voz alta y agregó -vayan a traer al doctor para que lo atienda-. En ese momento hablar con Fausto, era inútil, estaba demasiado molesto. 
A Quinto le tomó varias semanas recuperarse  y no le fue permitido hablar con su hermano mayor, después de sanar, Segundo Ángel y Teo lo acompañaron hasta el camino que lo llevaba a la capital. Fausto fue muy claro en su advertencia de no regresar, porque él no lo volvería a salvarlo. Así fue como Quinto llegó a la capital y se dedicó al negocio familiar.  
Víctor Sifuentes se quedó pensando, esto debía saberlo el señor Hipólito para que tome la decisión de detener o no la boda pero como avisarle, era difícil hacerlo. Quinto no gozaba de buena reputación. 
En Lima la vida continuaba, la ciudad se alistaba para celebrar el Nuevo Año, la gente se sentía feliz y hacían planes para la fiesta de fin de año.
Los únicos que estaban intranquilos y preocupados al no tener noticias de Víctor Sifuentes eran los padres de Rosalina. Quinto continuaba visitando la casa y contaba los días para su boda. Él y Rosalina salían a pasear y hacían planes para su nueva vida. El novio se sentía seguro, el mensajero se encontraba en la hacienda, bajo custodia.
Hortensia tenía casi terminados los últimos detalles para la boda, los vestidos de las damas y la niña de las flores estaban listos y la iglesia también. La fiesta sería en la casa y estaría adornada con flores y hermosos detalles.  

 Aníbal y Octavia no pensaban asistir a fiesta alguna, se quedarían en casa para celebrar fin de año con sus hijos, no habían hecho planes, querían pasar las fiestas  en la tranquilidad de su hogar. El recuerdo de Aurora todavía estaba presente.
Emiliana y Rubí ya sabían que sus vestidos para la boda estaban confeccionados con tela fina y casi listos, la modista los enviaría a la casa pronto.
-Mamá siento un poco de pánico entrar a la iglesia como dama de honor, nunca antes lo he hecho-.
-No te preocupes no vas a estar sola, contigo van a estar otras damas de honor que son tus amigas-. contestó Octavia.
Rubí se encontraba jugando en el huerto, lugar donde ella dejaba volar su imaginación, caminaba entre las flores e imaginaba que era el Hada de las flores y con su toque mágico florecía todo el huerto. Era una niña con una imaginación muy vivaz.
El día de Año nuevo llegó, lo marcaba el calendario, en la mañana la casa de Octavia tenía una gran agitación para alistar la cena y los arreglos de la noche. 
Todos lucían sus ropas nuevas había algarabía por la fiesta y la cena, La hora avanzaba en el reloj y la familia reunida estaba lista para decir todos juntos "Feliz Año Nuevo" y brindar.
Aníbal atento al reloj contaba los segundos que faltaban para las doce y recibir el nuevo año. Las campanadas en el reloj del comedor dieron las doce y la familia todos juntos se abrazaba y brindaba. 
Ondina y Felicitas estaban presentes en la sala para brindar, la única que no pudo resistir el sueño fue Rubí que se había quedado dormida en uno de los sillones. Emiliana y Ondina la llevaron a la habitación.
Toda la familia completa se reunió al rededor de la mesa para cenar y festejar el nuevo año. Aníbal deseaba a su familia dicha y felicidad en este año que comenzaba, mientras disfrutaban juntos de una exquisita cena.


CONTINUARÁ                           
 
        
  
  


 

domingo, 13 de diciembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Fausto llegó al pueblo temprano, fue directo a la tienda para comprar algunas cosas que se necesitaban en la casa, luego mandaría a recogerlas con uno de sus empleados. Después se acercó a la oficina de correo para ver  si había alguna correspondencia.  El empleado cuando lo vio  dijo que tenía algunos sobres y un telegrama de Quinto. Esto último llamó su atención, ¿un telegrama? se preguntó, lo abrió de inmediato y leyó el contenido "detener al mensajero"... que significaba eso y en que nuevo lio se había metido Quinto, movió la cabeza como señal de su disgusto.
Salió del correo y caminó unos pasos, la única posada que había en el pueblo estaba cerca, entró al lugar y preguntó al conserje si alguien se había hospedado en los dos últimos días. Fausto era bien conocido y no se le negó la información, el conserje contestó que sí y le proporcionó el nombre, Víctor Sifuentes. 
El hermano mayor de Quinto hizo hincapié de no mencionar al huésped sobre sus preguntas, él pasaría a buscarlo al día siguiente, quería darle una sorpresa. 
El conserje estuvo de acuerdo pensó que eran amigos y no había problema alguno, por eso amable contestó:
-No se preocupe señor, no diré nada-. 
Fausto agradeció el gesto y se retiró del lugar, por un día dejaría al mensajero en la posada pero mañana mandaría por él, estaba preocupado, ¿de que se trataba todo esto?
Víctor Sifuentes había salido de la posada temprano para hacer sus primeras pesquisas, el primer lugar que iba a visitar sería la iglesia, hablar con el párroco del lugar le parecía un buen comienzo, ellos siempre están bien informados con respecto a los habitantes de cada pueblo.
Encontró la iglesia abierta y entró, se acercó al altar donde estaba el padre Isaías: -buenos días padre- saludo con cortesía.
El padre Isaías volteo y contestó -que deseas hijo, es muy temprano para entrar a rezar, eres nuevo en el pueblo-.  
-Si padre soy nuevo en el pueblo y venia a conversar con usted, quería preguntar si conoce a la familia López del Águila, ¿ellos viven cerca del pueblo?-.
-¿Quién pregunta?- contestó el padre
-Mi nombre es Víctor Sifuentes y preguntó por la familia porque vengo para trabajar con ellos-. dijo el mensajero atentó a las palabras del sacerdote.
-La familia López del Águila es una familia muy importante en la zona, todos los habitantes de Santa Rita los conocen, ellos son dueños de la hacienda más grande de la región y su padre y abuelo han sido altas autoridades de la provincia-.
-Padre y que me puede informar sobre Quinto-.
-Estas haciendo muchas preguntas y lo único que voy a decir sobre Quinto es que en su momento fue un gran problema para la familia, ahora no vive con ellos y por último te voy a dar un consejo. No te conviene meterte con la familia López del Águila, ellos tiene muchas influencias con las autoridades y siempre será tu palabra contra la de ellos, ahora retírate porque tengo que guardar estas biblias y cerrar la iglesia-. terminó de decir el padre Isaías y le señalo la puerta. 
Sifuentes agradeció al padre y se retiró, se dio cuenta que él no diría una palabra más, parece que conocía bien a la familia, para comenzar con algo no estaba mal, ahora debía continuar al parecer Quinto no mentía cuando decía que su familia era muy importante. 
Caminó por las calles del pueblo para buscar alguien más que quisiera hablar sobre la familia. Mientras desde la calle principal se podía contemplar a lo lejos la hermosa Cordillera Blanca que adornaba el paisaje, el clima a esas horas de la mañana era perfecto 
Fausto llegó a la casa y se reunió con sus hermanos Ángel y Teo, los demás habían salido a sus faenas en el campo, a ellos les comentó sobre el telegrama de Quinto y pidió que mañana vayan por el mensajero: -por hoy día vamos a dejarlo que pasee por el pueblo y mañana lo traen a la hacienda quiero saber de que se trata este asunto-.
Sus hermanos estuvieron de acuerdo y se prepararon para salir al amanecer, el mensajero estaba en la posada, sería fácil de ubicar. El resto del día no se habló del tema, habían asuntos más importantes que tratar. 
Temprano, muy temprano Ángel y Teo salieron, querían llegar a la posada antes de que el mensajero salga de ella y darle una sorpresa, todo debía ser bien ejecutado para no levantar sospechas. 
Cuando llegaron a la posada después de un largo recorrido preguntaron al conserje por Víctor Sifuentes, éste no se alarmó eran los hermanos de Fausto y les señalo la habitación. Los hermanos entraron sin tocar la puerta, levantaron a Sifuentes que aún dormía y le dijeron que se vista para ir a la hacienda: -querías conocernos, bien, ahora vas a estar con la familia en nuestra casa- exclamó Ángel y más rápido de lo que Sifuentes imaginó estaba sobre un caballo camino a la hacienda de los López del Águila. 
Fausto vio llegar a sus hermanos y al mensajero y los recibió en la puerta. 
-Señor Sifuentes, buenos días, permitame que me presente soy Fausto el hermano mayor de Quinto-. 
-Ustedes me han traído contra de mi voluntad, me han privado de mi libertad-. contestó airado Víctor Sifuentes a Fausto.
-Se equivoca señor Sifuentes, usted no ha sido privado de su libertad, usted es nuestro huésped, nuestro invitado por unos días,  puede caminar por la hacienda y tener libertad dentro de la casa-.
Fausto tenía razón, el mensajero podía ir a cualquier lugar dentro de la hacienda y estar en la casa con toda libertad pero siempre estaría acompañado por un guardián las 24 horas del día, él no debía estar solo, esa era la orden.
En el comedor, la mesa estaba servida para el desayuno, lo invitaron a pasar y los demás lo acompañaron, Sifuentes se sentó a la mesa y antes de probar bocado Fausto preguntó ¿porqué estaba en el pueblo? él quería saber sobre el asunto de su hermano, por supuesto no comentó nada al mensajero sobre el telegrama de Quinto.
Sifuentes antes de contestar pensaba ¿cómo sabía la familia su nombre y su presencia en el pueblo? acaso Quinto les había comunicado algo, imposible él no sabía nada de su viaje al menos eso creía él: -soy un enviado del señor Hipolito, futuro suegro de Quinto, él quería que yo averigüe todo sobre su vida y su familia. Unos anónimos habian comenzado a llegar a su casa para impedir la boda de su hija con Quinto. Ustedes no saben que su hermano se va a casar-. concluyó
Unos anónimos quien podía escribirlos, alguien que conocía a su hermano y tenía otras intenciones: 
-Claro que sabes que Quinto se va a casar, no podemos asistir a la boda porque hay demasiado trabajo en la hacienda en estos días y él lo sabe, pero ahora tal vez sea necesario hacer un viaje para apoyar a nuestro hermano- contestó Fausto pensativo, el autor de los anónimos podía ser Toribio Ludeña, ese nombre de nuevo salía a la luz.
-Ahora desayunemos señor Sifuentes, más tarde vamos a recorrer la hacienda para que vea el trabajo que realizamos- contestó sonriente Fausto y le señaló la mesa servida con el abundante desayuno.
A esa misma hora en la capital Hipólito en su casa recién se levantaba, estaba nervioso, no sabía nada del mensajero y los días pasaban, Sifuentes tenía la advertencia de mandar un telegrama ni bien sepa algo que no era bueno en la vida de Quinto. Solo esperaba que no hubiera sufrido un accidente eso sería terrible para él y para la boda de Rosalina. 
Una empleada interrumpió sus pensamientos, señor, el señor Quinto lo busca está en la sala. -¡qué quería a esas horas de la mañana!-  exclamó.
Hipólito fastidiado se presentó en la sala vio a Quinto y saludo -buenos días- dijo.
Quinto se puso de pie y muy solícito contestó -señor Hipólito perdón por presentarme a estas horas tan inusuales para una visita pero deseo hablar con usted sobre la boda-.
Tal vez iba a desistir casarse con su Hija pensó Hipólito y le pidió que tome asiento. Quinto del bolsillo de su pantalón sacó un sobre y lo puso sobre la mesita de café: - por favor acepte este sobre, es para colaborar con la boda, se que los gastos son onerosos y deseo apoyar en algo-.
Hipólito sorprendido contestó -no es necesario que usted nos de algún dinero-.
-Insisto, por favor, es mi boda y deseo que se celebre por todo lo alto, señor Hipólito- contestó muy serio.
A Hipólito no le quedó otro camino más que aceptar la ayuda por la insistencia de Quinto, luego éste le pidió que salude a Rosalina y que le comunique que no iba a visitarla en la tarde como siempre porque debía ir al puerto a recoger una mercadería que le había llegado del extranjero para sus negocios. 
Se puso de pie y se retiró muy amable. Hipólito en todo momento lo observó correcto, amable, educado, ¿cómo un hombre así podía ser una mala persona?. Los anónimos  ya no llegaban a la casa y esto lo ponía más nervioso ¿Qué había hecho Quinto para evitar los anónimos?. No, no quería adelantarse a pensar mal sobre su futuro yerno.
Hortensia entró nerviosa a la sala -Hipólito ¿Qué sucede? porqué vino Quinto tan temprano-.
-No te preocupes mujer,  Quinto quiere ayudar con la boda, insistió tanto que no tuve opción. Ya no sé que pensar, es mejor esperar al mensajero y sus investigaciones-.
Hortensia seguía con los arreglos de la boda, era un trabajo grande pero quería que todo sea perfecto y el día de la reunion  en casa de Octavia con las Damas, conversaba sobre el tema y las amigas felices le hacían todo tipo de preguntas. Ella contestaba cada una y se concentró en el vestido: -no se imaginan lo hermoso que ha quedado, mi Rosalina va lucir esplendida con él-. 
Ondina, ha pedido de Octavia servía refrescos y galletitas y la amena conversación continuaba. 
Al otro lado en el pequeño salón, Emiliana leía un libro y Rubí hacia su tarea de caligrafía, en unos instantes preguntó a Emiliana -¿una boda es tan complicada?-.
-Si, parece que así es, hay que estar atentos a mil detalles y la señora Hortensia es perfeccionista- contestó. 
Al final de la reunión Hortensia se quedó a solas con Octavia, quería comentar con ella sobre el mensajero y los últimos acontecimientos: -no sabemos nada de Víctor Sifuentes y yo sigo con los preparativos de la boda, no sé que hacer, estoy nerviosa-. comentaba tocándose la frente.
-Calma Hortensia recuerda que estamos en un campo de especulaciones y ya estás condenando a Quinto-. dijo Octavia para tranquilizar a su amiga-.
-Si, tienes razón Octavia, debo calmarme y esperar, es mejor no adelantarse a nada-. luego se despidió de su amiga y salió para su casa.
Octavia entró en su pequeño salón y exclamó feliz -¡que bueno ver a mis mujercitas ocupadas con sus tareas!-. 
-Madrina ya casi termino mi caligrafía-. 
-Muy bien Rubí, te felicito-. contestó sonriente
Manuelito irrumpió en el salón traía en las manos una tarjeta, era de la prima Blanca había llegado un poco tarde pero no importaba.
-Manuelito abre el sobre y lee para todas la tarjeta por favor-. 
-Si madre- el joven abrió el sobre y leyó los saludos de Navidad de la prima y en letras pequeñas en la parte de abajo de la tarjeta, se leía. -Nos vamos con la familia a Paris para celebrar el año nuevo, en mi siguiente carta te cuento los pormenores-.
Todos se asombraron, Paris, Paris repetían, debe ser emocionante viajar a esa ciudad y en general por toda Europa. Para ellos eran ciudades tan lejanas y seguro muy bellas.  
Cerca del medio día llegó Aníbal, era la hora de almorzar y la familia se preparaba para disfrutar de una deliciosa comida preparada por Felicitas.
Manuelito comentaba con su padre sobre la tarjeta de la prima Blanca y su viaje a Paris, entonces  Aníbal dijo: -Octavia nos debemos un viaje como ese, en algún momento debemos hacerlo, ¿te parece?
Octavia estuvo de acuerdo, sería emocionante viajar por el mundo pero eso seria más adelante, ahora la familia tenía que crecer un poco. 


CONTINUARÁ  
   

   
    
  
 
         


 

domingo, 6 de diciembre de 2020

PRIMAVERA DE 1900

Octavia y su familia habían regresado de celebrar el servicio religioso de la misa de gallo en la iglesia de la Reconciliación, muy cerca de su casa. Ella y Aníbal saludaron a las familias vecinas con las que se encontraron al llegar a su casa, los niños estaban cansados y se fueron a dormir. 
La familia, todos juntos cenaron más temprano por los niños que no podían resistir su hambre hasta la media noche. 
Aníbal abrazó a sus hijos y a Rubí que ya era parte de la familia. Octavia hizo lo mismo con el abrazo de Navidad para ellos. Al día siguiente se les daría sus regalos.
En la sala más tranquilos brindaban los esposos, Aníbal le dio a su esposa una pequeña caja: 
-Querida este es mi regalo-  y en sus manos puso la pequeña caja. 
Octavia abrió el estuche y sorprendida comentó: -Aníbal estos aretes son preciosos, gracias por el regalo, es un lindo detalle-. comentó
-Quiero que te los pongas en este momento-. contestó feliz Aníbal al saber que a Octavia le había gustado su regalo-. 
Octavia dio unos pasos y frente al espejo que había en la sala, se colocó los bellos aretes de oro, la verdad eran una pieza fina y delicada.
-Gracias Aníbal son demasiado hermosos, no debiste hacerlo- contestó Octavia feliz.
-Para mi esposa lo mejor, y este regalo quería dártelo en esta noche de Navidad-. comentó Aníbal mientras abrazaba a su esposa que lucía especialmente bella para la ocasión. Los esposos se abrazaron después de brindar con sus copas de vino, se sentían tranquilos, una hora más tarde se fueron a dormir. 
En la habitación mientras se cambiaban Octavia comentaba con Aníbal que se sentía tranquila porque la familia de Aurora  estaba en paz. La prima Renata no daba señales de vida y los hermanos en silencio se habían quedado.
-Es un alivio saber que no  están merodeando, el Doctor Panduro debió  haberles dado una dura advertencia para que se queden en paz-.
-Si, así debió de ser querida, esa familia es de temer, Aurora los conocía bien por eso quiso que su hija vaya al internado y esté lejos de ellos-. contestó Aníbal antes de quedar profundamente dormido bajo los efectos de varias copas de vino. 
Las celebración de Navidad para la familia habian terminado, fue una noche buena llena de  regocijo y felicidad.  
En la casa de Hortensia e Hipólito también se celebró la Navidad con una gran cena y brindis después de asistir a misa, Quinto estaba especialmente amable con la familia, brindaba y deseaba felicidad para todos. "Por mis futuros suegros" repetía a cada instante y alzaba su copa, Hipólito le agradecía los buenos deseos. 
Alrededor de las 2 de la mañana  se despedía de Rosalina y de sus padres, al mismo tiempo que comentaba: -espero que todavía esté en pie la invitación para almorzar mañana-.
-Por supuesto mi estimado, mañana lo esperamos al medio día-. contestó Hipólito muy cortés.
Quinto salió de la casa y tomó el aire fresco de la noche, era una noche especial y él se sentía feliz pero también  pensaba que hacer con la nueva situación que se presentaba. Rosalina sin querer lo había puesto en alerta y él tenía que moverse rápidamente. Lamentó que el día que comenzaba  fuera feriado, pero ni bien pasen los festejo, mandaría a sus hermanos un telegrama, todo aquello lo maquinaba con precisión mientras caminaba hacía su casa. Era un asunto delicado y debía resolverlo con premura.
Al día siguiente Octavia y Aníbal entregaban sus regalos a los niños, todos ellos felices comentaban la agradable sorpresa, aun en pijamas abrían sus regalos. Octavia beso a sus hijos y dijo: -Aníbal debo ir al desayuno de los niños en el orfelinato, no se preocupen desayunen ustedes y más tarde nos vemos. 
Antes de salir en el pequeño salón reunió a Felicitas y a Ondina para darles sus regalos de Navidad, las dos agradecían la sorpresa. 
Envuelta en su chal de seda, Octavia salía de su casa, la mañana estaba fresca y soleada, caminaba con prisa, debía llegar temprano para el desayuno con los niños, ellos no podían esperar demasiado, tenían que desayunar temprano.
Al llegar a la casa hogar estaban presentes Petra, Ana Luisa y otras Damas que habían comenzado a organizar todo para el evento, a los pocos minutos se hizo presente el alcalde, con él se comenzaría a entregar los regalos. Los pequeños no podían esperar, en sus caritas se dibujaba la alegría y la emoción de recibir su regalo.
La ceremonia comenzó sin grandes preámbulos, los niños en fila recibían sus presentes de las manos del alcalde que les daba un abrazo de Navidad.
Luego en el comedor los esperaba el desayuno especial con chocolate y pan dulce. Las Damas del Patronato con esta actividad habían cumplido con cerrar su año de actividades. Ellas se sentían satisfechas de llevar alegría a la casa hogar y las encargadas del lugar se lo agradecían, los niños no podían estar más alegres con la celebración y sus juguetes.
El alcalde se despedía de los niños y del personal de la casa, agradeció a las Damas por la invitación al desayuno.
Hortensia llegó un poco tarde al lugar cuando las Damas se retiraban, ella pidió disculpas pero la celebración de noche buena había durado más de lo conveniente. Petra a su lado comentó en voz baja: -¿Todo está bien en casa querida amiga?- 
-Si, todo está bien- contestó algo nerviosa -Hipólito decidió enviar a un mensajero a las tierras de Quinto, él debe estar llegando mañana al pueblo con ello vamos a conocer a la familia y la comarca-. 
Petra comentó: -creo que es lo mejor, así pueden salir de dudas y conocer mejor a Quinto, ¿él sabe algo de esto?
-No, ni pensarlo, aunque eso me preocupa, si después se entera. Hipólito me dijo que él mismo le diría después del regreso del mensajero, Quinto tendrá que comprender la preocupación por nuestra hija-. 
La conversación entre Petra y Hortensia quedó ahí, las Damas se retiraban de la casa hogar, todas acordaron reunirse antes de la celebración  del Año Nuevo.  En el verano ellas se tomaban un descanso para salir de viaje o paseo y luego retornar a sus actividades al comenzar el invierno. 
Octavia llegó a su casa y la familia comentaba en la sala sobre sus regalos, Rubí leía sus cuentos Emiliana se había puesto su vestido nuevo y Manuelito revisaba una a una las herramientas de su caja, Aníbal al igual que Emiliana tenían puesta su camisa nueva, era un cuadro tan alegre y familiar que Octavia no pudo evitar emocionarse con la felicidad de cada uno.
Se sentó junto a ellos que le agradecían sus regalos y a su padre también.
Manuelito se puso de pie, quería probar algunas herramientas en su taller que quedaba al fondo de la casa, Aníbal le advirtió: -ten mucho cuidado al usar las herramientas hijo, son de principiante pero igual puedes hacerte daño-.
-Si papá no te preocupes tendré cuidado-. salió de la sala para ir al taller.
Emiliana feliz con su vestido nuevo le decía a su madre que había acertado con su talla.
Rubí leía entretenida sus cuentos sentada en el sillón y Octavia conversaba con Aníbal con respecto al desayuno de los niños  en la casa hogar -todo salió muy bien y felizmente el alcalde llegó temprano, no hubo inconvenientes, los niños felices con sus presentes tomaban el desayuno-.
La familia en general se preparaba para un día tranquilo de celebración, con un almuerzo. Mas tarde Ondina y Felicitas saldrían de descanso para visitar a Eriberto y saludarlo. 
Como se esperaba Quinto llegó puntual al almuerzo en la casa de Rosalina, se encontraba alegre, vivaz y muy conversador, llevó vino y un pastel relleno de manjarblanco como postre. 
En la casa nadie imaginaba lo que Quinto planeaba,  Hipólito y Hortensia ignoraban que su hija le había hablado sobre el mensajero. 
Almorzaron en un ambiente alegre y relajado, Hipólito conversaba sobre los acontecimiento en la ciudad y la tranquilidad que se respiraba. Quinto le daba la razón y le decía que todo debía mantenerse así, las protestas solo traían desorden. Esa era su opinión y nada lo haría cambiar, por un momento sus palabras fueron ásperas pero de inmediato cambio y volvió a sonreír. 
Hipólito por un instante quedó en silencio, él sabía que en la ciudad toda la gente apoyaba a los obreros y sus reclamos con respecto al horario de ocho horas. Él no quiso entrar en polémica con su futuro yerno, a veces hablar de política solo llevaba a discusiones alteradas y sin sentido. 
Después del almuerzo Quinto en la sala de la casa conversaba con Rosalina:-¿querida, no les dijiste nada a tus padres verdad?-.
-No, Quinto, aunque me siento un poco mal por ello, mis padres solo quieren conocerte un poco más- contestó Rosalina.
-No te preocupes de eso, yo estoy tranquilo y me alegra que quieran saber más sobre mi familia-. 
Quinto no dejaba de sonreír, y se retiró de la casa cuando comenzaba a oscurecer. Al día siguiente no tardaría en enviar un telegrama a sus hermanos. 
En la mañana, ni bien abrieron las oficinas del correo, Quinto ya estaba esperando para enviar su telegrama, en la misiva pedía a sus hermanos "Detener al mensajero hasta después de mi boda"... Quinto.
Víctor Sifuentes, el mensajero, llegó al pueblo después de tres días de viaje, primero a caballo y luego a lomo de bestia como se viajaba por esos lugares en los caminos de herradura. Se sentía agotado, se hospedó en la única posada que existía.
Santa Rita era un pueblo pequeño pero agradable, al frente tenía la bella Cordillera Blanca, el paisaje en general era hermoso. Por lo que sabía muy cerca se encontraban las tierras y la casa hacienda de la familia de Quinto, Los López del Águila. 
Sifuentes decidió descansar ese día, el viaje había sido duro y agotador, mientras descansaba en su habitación pensaba: -mañana saldré para hacer mis primeras pesquisas sobre Quinto y su familia, ahora sería imposible, casi no puedo estar de pie-.
En la comarca la gente solía levantarse al amanecer y Fausto hermano mayor de Quinto no era la excepción, de la casa hacienda salió muy temprano, a caballo para el pueblo, eran dos horas de viaje por eso viajar al alba era mejor. Tenia planeado pasar por el correo como lo hacía en sus visitas quería saber si había alguna carta o telegrama para la familia, Quinto escribía a sus hermanos con regularidad para informar como iban los negocios.

CONTINUARÁ