domingo, 26 de abril de 2020

ALIDA Y GERVACIO

La casa de Thelma se sentía vacía después de la partida de sus hijas Serena y Amada, con el correr de los días nada parecía conformar a la madre, por momentos estaba triste pero en su soledad pensaba que no había actuado de manera equivocada.
Ella quería tener a sus hijas en la casa familiar, acaso no era obligación de una madre proteger a sus hijos de cualquier peligro, pero siempre se enfrentaba a la autoridad de su esposo que se oponía  a que Thelma mande sobre la vida de sus hijas sin tomar en cuenta su deseos y opiniones de lo que querían hacer para su futuro y en ocasiones cuando surgía alguna discusión, Thelma se repetía: 
-Santo, Santo, porque tienes que intervenir, yo soy su madre y tengo plena autoridad sobre ellas-  esto es lo que pensaba Thelma mientras se encontraba a solas en el salón principal de la casa.   
Albertina observaba a su madre y se llenaba de tristeza, ella también extrañaba a sus hermanas. en la casa ya no habían las conversaciones en la mesa familiar mientras desayunaban o almorzaban, ya no habían  risas, ni  bromas, la casa estaba en silencio y en las horas de reunirse en el comedor casi no se hablaba, Albertina buscaba más seguido la compañía de Alida para conversar  con ella y así no sentirse tan sola.
Alida, decía una mañana mientras subía a buscarla  al departamento y se sentaba en la pequeña sala junto Alida y le mostraba los dos álbumes de fotos que había traído, le señalaba cada foto explicando donde estaban: 
-Alida mira esta foto, aquí estamos mis hermanas y yo muy pequeñas en el cumpleaños de Serena, ella cumplia 5 años y yo soy la bebé que mi mamá carga en brazos, señalaba en la foto  a la bebé de meses que era gordita y sonreía a la cámara, aquí hay otra foto, estamos en la playa con mis papás- de pronto muy seria preguntó -¿Alida ya conocistes las playas de Tumbes?-.
-No Albertina, todavía no he conocido las playas y sé que aquí hay playas muy hermosas pero Sebastian está muy pequeño para exponerlo al Sol, tú sabes que no es bueno para un bebé, más adelante tengo la esperanza de conocerlas-. contestó Alida y señalaba una foto que llamó su atención.
-Esa foto- decía Albertina -es de Amada cuando salió de reina de la primavera en la escuela primaria, mi mamá cosió el vestido y la capa, se veía tan feliz-.
-Si, es una bonita foto y un bonito recuerdo-. comentaba Alida y las dos seguían viendo las fotos, Albertina le contaba la historia de cada persona que aparecía en ellas-.
Las amigas pasaban la tarde recordando a sus respectivas familias. Albertina cargaba a Sebastian, lo abrazaba suavemente y le cantaba canciones de cuna: -Alida este bebé está cada día más grande y más lindo, yo me lo voy a robar-  y luego reía por  su ocurrencia.   
En una de las visitas que también solía hacer doña Constanza conversaba con Alida respecto a la partida de las hijas de Thelma: 
-Yo te dije Alida que se iba a desatar una tormenta, conociendo a Thelma como la conozco era imposible que no suceda, es una madre controladora, es buena pero tiene sus complicaciones, yo no voy a visitarla desde que hablé con ella la última vez respecto al novio de Serena y fue muy descortés conmigo, preferí no intervenir, total son sus hijas. Al final tú conoces en que acabó, Serena y Amada se fueron lejos a estudiar-. decía Doña Constanza muy seria. 
Un día en la mañana que Alida salía con Sebastian vio pasar a Thelma llevaba prisa y apenas la saludo, la tomó por sorpresa porque siempre que se encontraban, Thelma se detenía un momento  para conversar, pero esta vez no fue así. Alida se preguntaba a donde iba Thelma con tanta prisa, más tarde se enteró por Albertina que Doña Constanza estaba grave en el hospital.
-Con razón tenía varios días que no venía a visitarme, Albertina estás segura de lo que dices, Doña Constanza esta muy delicada-. preguntaba Alida.
-Si, ella está muy mal, mi máma la fue a visitar al hospital en la mañana pero no pudo hablar con ella, solo conversó con su hija Elmira que es la última de todos sus hijos y es la única que vive con ella-. 
-Pero ¿qué es lo que tiene ?no te has enterado de ello-. 
--No Alida pero si deseas mañana podemos ir a visitarla y nos enteramos que es lo que ha sucedido-.
-Claro, vamos mañana cuando Gervacio venga al medio día le pido que se quede un momento con       Sebastian y nos vamos a ver a Doña Constanza, ella ha sido siempre muy buena conmigo y sus consejos me han ayudado demasiado-. contestó Alida 
decidida a visitar a su amiga al día siguiente.
En la noche después de cenar conversaba con Gervacio y le contaba sobre Doña Constanza: 
-Espero que pueda superar esta enfermedad, tengo miedo Gervacio que suceda lo peor-. 
-Alida ni lo pienses, ella es una mujer fuerte va a salir adelante-. decía esto para consolarla pero los dos sabían que podía ser muy grave por su edad.   
Como había quedado con Albertina, al día siguiente ella la fue a buscar para ir al hospital. Alida le pidió a Gervacio que se quede un momento con Sebastian y con Albertina fueron a visitar a Doña Constanza. 
Al llegar al hospital se enteraron que ella estaba en cuidados intensivos. Albertina presentó Alida con Elmira y comentó: -ella en muy amiga de tu madre-. Elmira les dijo  que si lo sabía porque Doña Constanza le habló de Alida y luego les contó que es la que había pasado con su madre y porque se encontraba en ese estado tan delicado, siendo ella una persona muy sana.
-Mi mamá es una persona muy independiente y le gusta hacer las cosas a su manera, tú sabes Albertina que yo trabajo en el municipio y no puedo estar al tanto de todo en la casa. Como en esta última semana, hemos vivido una ola de un calor intenso, mi querida mamá cuando regresaba a la casa luego de hacer alguna compra o visita, ni bien entraba se quitaba los zapatos, caminaba descalza sobre la mayólica fría, sentía que así se refrescaba. Yo en varias ocasiones le dije que no hiciera eso, tiene 85 años y a su edad cualquier cosa es peligrosa, no hizo caso y estuvo haciendo lo mismo varios días, hasta que una noche se sentía tan mal que no podía respirar y volaba en fiebre, la traje de emergencia al hospital donde el doctor después de examinarla me dijo que tenía neumonía y que debía ser hospitalizada de inmediato. Hace una hora volví hablar con el doctor y el me contestó que mi mamá sigue igual que no ha mejorado: 
-Elmira, en este momento hemos hecho todo lo que se debe hacer, tu madre es una mujer fuerte, tenemos que esperar, pero no quiero ser pesimista, si ella no supera este cuadro hay  que prepararse para lo peor- el doctor fue claro porque Elmira le pidió que le diga la verdad al respecto.
Alida y Albertina estaban preocupadas con lo que les decía no podían creer, Doña Constanza era una mujer bastante querida por todos los vecinos y Alida en poco tiempo le había tomado afecto. Elmira con la salud de su madre se sentía devastada, Alida la consolaba y decía que no debía  ser pesimista.
-Alida yo sé que debo ser optimista, pero si mi mamá sigue igual o empeora, voy a tener que llamar a mis hermanos para que se enteren y vengan a visitarla-.  
Los hijos de Doña Constanza vivian repartidos en varias ciudades del país donde trabajaban y tenían sus familias, de enterarse del estado de salud de su madre vendrían a verla,  esto era seguro. 
Alida y Albertina se despidieron de Elmira, en el camino de regreso casi no hablaron ninguna de las dos pensaban que Doña Constanza estuviera tan grave. 
Y como Elmira temía, su mamá empeoró en la noche y ella  tuvo que comunicarse con sus hermanos para decirles cómo se encontraba la mamá.
Casi de inmediato, uno a uno fueron llegando los hijo de doña Constanza, la primera en atender el llamado fue Azucena y su esposo, ellos vivian en Piura. Las dos hermanas se abrazaron y lloraban juntas, luego llegaron los demás hermanos, Elmira les explicaba cómo se había enfermado su madre.
Los hijos de Doña Constanza en silencio rodeaban a su madre, cada uno en su fuero interno se culpaba por no venir más seguido a visitarla, había mil pretextos pero en el fondo todos sabían que descuidaron  las visitas y rogaban a Dios la oportunidad de remediar aquello y  le devuelva la salud a su madre.  
Las horas de espera parecían una eternidad, la familia se juntaba después de varios años de no verse, todos juntos como cuando vivian en la casa familiar. Su padre había partido  un año antes y ahora no podían soportar la idea de quedarse sin mamá.
Pero los milagros existen y lentamente Doña Constanza reaccionaba, su gravedad fue cediendo y decía algunas palabras. El doctor pedía a todos no agotar a su madre, ella debe descansar tranquila y aislada porque todavía el peligro no ha pasado.
Cuando Alida se enteró que Doña Constanza se recuperaba pero aun estaba débil, pensó que lo mejor era no visitarla hasta que estuviera en su casa, ahora era un momento en familia y ya tenía bastante compañía, estaba feliz por ella y porque todos sus hijos la rodeaban, de pronto sintió la necesidad imperiosa de hablar con su madre y se comunicó con ella para conversar y saber como se encontraba, Alma siempre estaba feliz de hablar con su hija. 
En la noche sentados junto a la ventana admirando la hermosa luna, Alida comentaba:
-Gervacio es una noche mágica la luna y la estrellas son tan bellas- Gervacio le daba la razón, era una noche especial. Era tal vez una noche para el romance porque le amor  flotaba en el aire.    
                       
CONTINUARÁ

domingo, 19 de abril de 2020

ALIDA Y GERVACIO

Después del paso de los días y de los últimos acontecimientos, poco a poco volvió la paz y la tranquilidad a la ciudad. 
La gente se sentía más tranquila y la tensión había bajado. 
El ejército se quedó en la zona varias semanas hasta asegurarse que todo volvía a la normalidad. 
La frontera se  abrió de nuevo para el comercio pero la confianza de la población en general tardaría en regresar, no era fácil asimilar en poco tiempo que el peligro del conflicto había pasado.
Por varias semanas hubo un estatus quo en las tropas del ejército que seguian resguardando la frontera, las relaciones diplomáticas entre Perú y Ecuador todavía no se habían reanudado.  
En la ciudad se hablaba solo de paz, todos querían que los momentos difíciles queden en el olvido. 
El comercio entre ambas ciudades de frontera se reanudó, varios camiones cargados de todo tipo de frutas y objetos de plástico cruzaban la frontera y viceversa pero el pequeño comercio todavía demoraría en reanudarse. 
Muy temprano en la mañana en casa de Albertina, la familia terminaba el desayuno y comentaban los últimos acontecimientos con respecto a la paz que por fin se respiraba, la vida cotidiana se reanudaba día a día. El tanque de guerra todavía seguía en el puente pero la gente estaba más confiada.
Serena después del desayuno le dijo a su padre que no iría con él al fundo, tenía que hacer algunos arreglos y algunas llamadas. Thelma alcanzó a escuchar la conversación de su hija con su padre y se preguntaba a qué se refería Serena. 
Santo al despedirse de su esposa le advirtió -Thelma por favor deja que Serena haga lo que tenga que hacer y no intervengas- esto lo dijo muy serio para evitar discusiones y salió del hogar directo al fundo para trabajar en el campo.
Thelma observó a su hija mayor que cerraba la puerta de su habitación, no comentó nada y no intervino, ella estaba atenta a los pasos de Serena. 
En su habitación Serena fue directo al cajón de su velador y sacó  la carta de Edgardo que tenía guardada, la volvió a leer lentamente, el recuerdo seguía con ella y las lágrimas caían por su rostro al recordar lo que sucedió entre los dos, no había sido su culpa se decía a sí misma, luego la invadía una  furia al recordar la actitud de su madre. Se secó el rostro, guardó la carta dentro de un libro y la devolvió al cajón de su velador, salió decidida a comunicarse con la prima Ester necesitaba hablar con ella.
Thelma seguía  a su hija la escuchó que hablaba por teléfono.
-Querida prima ¿cómo estás?- preguntó Serena cuando escuchó su voz al otro lado de la línea -tanto tiempo ha pasado sin hablar,  después de los acontecimientos ocurridos-.
Por suerte la prima Ester fue cálida al contestar la llamada de Serena, la familia había decidido no romper las relaciones a pesar de los problemas entre los dos países. Las primas no hablaban de problemas políticos ni de límites de frontera para no romper los lazos familiares, se evitaba toda conversación al respecto.
-Prima Serena ¿como estás?- fue su respuesta
-Ester que bueno poder hablar contigo, quiero contarte que estoy preparando mi viaje para volar a Guayaquil y reanudar mis estudios, además de querer saber algo  de Edgardo... ¿dime sabes algo de él?-.
Un corto silencio al otro lado y luego Ester contestó -Serena no se nada de Edgardo, solo te puedo decir que sigue en el campo petrolero donde trabaja, me encontré con uno de sus hermanos hace unos días y eso fue lo que me dijo, en todo este tiempo él no ha regresado a su casa. Con respecto a tu viaje  a Guayaquil para retomar los estudios, te aconsejo demores tu regreso unos meses es mejor para no encontrar un clima adverso, tal vez espera hasta el próximo año para que puedas estudiar tranquila. Yo lo lamento pero las cosas están de esa manera-.
Serena se angustió al escuchar las palabras de su prima y agregó -pero ¿estas segura que no debo viajar?-  insistió con tristeza.
-Si es mejor esperar, tú sabes que aquí en la casa tienes la puertas abiertas, pero de ahí a más no te puedo asegurar- dijo Ester pensando que su prima estaba triste.
Serena se despidió agradeciendo sus palabras y deseando pronto volverse a encontrar.              
En su interior sentía tristeza y furia que         
apenas podía controlar, no deseaba ver a su madre, ella había creado todo el problema que ahora se veía insalvable.
Thelma vio a su hija volverse a encerrar en su cuarto, ella sentía  gran pesar al verla sufrir.  
Los sueños y proyectos de futuro  habían quedado paralizados, ahora ¿cuál sería la decisión?, Serena no deseaba estar tanto tiempo sin estudiar, se creaba para ella un dilema sobre su futuro inmediato. Al parecer Edgardo había tomado la decisión de no volver a verla. En la soledad de su habitación pensaba que era mejor hablar con su padre y lo haría esa misma noche, cuando él regrese del fundo.
El resto del día Serena lo pasó en su habitación ordenando sus cosas, recuerdo y regalos que Edgardo le había dado, lejos quedaban los momentos felices que habían vivido juntos. 
En la noche cuando su padre estaba de vuelta, Serena  pidió hablar con él, el padre se preocupó al ver la seriedad en las palabras de su hija, pero juntos fueron a la habitación donde estaba su oficina:
-¿Serena qué sucede ¿por qué tanto misterio?- preguntó.
-Papá quiero decirte que deseo ir a Lima para estudiar, no puedo estar tanto tiempo sin hacer nada, por el momento regresar a Guayaquil no es posible- y le contó la conversación que tuvo con la prima Ester: -papá como siempre necesito tu apoyo económico para seguir mis estudios-. 
-Eso, ni lo tienes que dudar, si tú estás segura de querer ir a estudiar a Lima, entonces asi será, además ya es tiempo que Amada vaya también a estudiar, las dos pueden ir juntas y hospedarse en casa de mi hermana Blanca hasta encontrar un departamento donde puedan vivir-. comentó Santo muy seguro de sus palabras. 
-Gracias padre, sé que siempre cuento con tu apoyo- luego Serena lo abrazó casi llorando. santo tranquilizó a su hija, él sabia que ella no iba a cambiar de opinión. 
A la hora de la cena la familia en el comedor comentaba las novedades del día, la única que no hablaba era Serena y cuando terminaron, ella fue la primera en ponerse de pie. 
Antes de ir a dormir Thelma preguntó a su esposo ¿que había conversado con Serena? y éste contestó: 
-Ella desea ir a estudiar a Lima y yo le dije que tiene mi apoyo, va ir con Amada, porque ya es tiempo que ella también vaya a estudiar, no puede estar sin hacer nada, he pensado además que Albertina unos meses después también vaya con sus hermanas. No te vas ha oponer a esto Thelma- dijo enfático Santo antes que su esposa diga algo.
Pero Thelma no podía quedarse callada y contestó: -cómo que se van a estudiar a Lima, la casa va a  quedar abandonada, ellas tienen que estar con nosotros. Tú no me has consultado nada sobre éste asunto-. dijo molesta con la decisión.
-No quiero discutir contigo, pero no puedes ser tan egoista y pensar que tus hijas tienen que pasar el resto de sus vidas con sus padres ¡qué sucede contigo Thelma!-. terminó por contestar y salió de la habitación para no seguir discutiendo. 
Thelma siempre habia pensado que sus hijas estarían a su lado, a cada una les había designado un rol, Serena según ella, se dedicaría al fundo al lado de su padre, Amada se dedicaría administrar los departamentos y sus alquileres, Albertina administraría la casa y todo lo que se refería a ello. En sus pensamientos todo estaba dividido y administrado, así no habrían  discusiones ni diferencias. 
Thelma habló con Serena al día siguiente para preguntarle porque la decisión de irse, ella no estaba de acuerdo.
-Madre ya hablé con mi papá y está decidido, solo hay que afinar algunas cosas y supongo que tomará algunos días para partir, nos vamos  Amada y yo, por favor no deseo tener que discutir mi futuro contigo, creo que es deber de todo padre apoyar a sus hijos, me disculpas, voy a salir- Serena fue distante con Thelma, no deseaba seguir la conversación.
Cuando Amada se enteró que ella también se iba, estuvo de acuerdo, ya era tiempo de hacer sus maletas para viajar y estudiar en Lima, lo que ambas hermanas lamentaban es que Albertina se iba a quedar un tiempo sola, pero luego iría a reunirse con ellas.
Los días pasaron muy pronto, los arreglos para la partida de las hermanas estaban listos, las maletas en la puerta las esperaban para ir al aeropuerto y tomar su avión con destino a Lima. Thelma no quiso acompañar a sus hijas, estaba todavía en desacuerdo con su partida pero no intervino y se despidió de ellas. Albertina y su padre fueron a despedirlas, Serena y Amada lamentaban en el fondo la actitud de su madre y tenían la esperanza que con el tiempo ella cambie de opinión. 
Cuando el avión levantó vuelo, Serena y Amada se despedían de Tumbes la ciudad donde habían vivido siempre, sintieron un poco de tristeza al partir pero adelante les esperaba nuevas oportunidades. Serena en su maleta llevaba guardada la carta de Edgardo, su recuerdo y los momentos vividos a su lado la acompañarían por siempre. 

CONTINUARÁ.   
         
   
        

domingo, 12 de abril de 2020

ALIDA Y GERVACIO

Las noticias eran alarmantes en el norte del país, Alma había escuchado los noticieros y en su casa conversaba con su hermana  Vera mientras los nervios y el miedo la consumían. 
Vera decía Alma: -¿has escuchado las últimas noticias de lo que está sucediendo en el norte?, yo hablé en la mañana con Alida y ella me ha asegurado  que todo está bien. Le he pedido que viaje de inmediato a Lima, pero ella insiste en decir  que no me preocupe, que todos están bien- y casi sollozando terminó por decir  -no sé porque esta hija mía se empeña en tenerme con los nervios deshechos y el corazón en la mano de la preocupación, porque no quiere entender el daño que me hace- decía esto mientras se secaba las lágrimas.
Como siempre su hermana Vera más tranquila comentaba: -Alma, si Alida te dice que está bien, es porque así es. Ella jamás se va exponer a algún peligro y menos con el bebé, además Gervacio tampoco lo permitiría. Tienes que ver las cosas con calma, no es fácil lo sé, seguro me dirás que Alida no es mi hija, pero no olvides que es mi sobrina muy querida y me preocupa su seguridad, no te crees más tensión, te hace daño-  Vera con estás palabras trató de calmar a su hermana  que sufría por su hija, Alma siempre se asustaba de todo lo que tuviera que ver con ella. 
Alida había conversado con su madre en los últimos días, ella sabía que con las noticias que llegaban a  la capital. Su madre se pondría nerviosa y preocupada, solo esperaba que ahora con la última conversación Alma no se preocupe más, pero Alida ignoraba como estaba su madre al imaginar a su hija en el peor de los escenarios, así de nerviosa era Alma y nadie la podía cambiar.
Los últimos acontecimientos habían puesto a la ciudad en gran tensión, todos se preguntaban qué iba a pasar en los próximos días.  
En la mañana muy temprano Serena se levantaba de la cama decidida a salir de su habitación, en el comedor la familia en pleno estaba en la mesa compartiendo el desayuno, Thelma al ver a su hija comentó: -que bueno que te levantes y tomes el desayuno con nosotros y todos estar juntos- la madre esperaba respuesta pero su hija no contestó.
Serena solo movió la cabeza y dirigiéndose a su padre dijo -padre me gustaría ir contigo al fundo, ahora que sales a trabajar- fue su respuesta, ella por el momento no deseaba conversar con su madre.
-Por supuesto hija, yo feliz de que quieras acompañarme y te involucres en el manejo del fundo, es algo que siempre he deseado que mis hijas me acompañen- dijo Santo con mucha satisfacción. 
La familia era dueña de un fundo de cincuenta hectáreas donde sembraba varios frutos con los se mantenía el hogar.     
Thelma no hizo comentarios,  por el momento era mejor no crear más conflictos de los que habían. A la hora que Serena terminó el desayuno se puso de pie y agregó:  
-Padre en un momento me alisto y nos vamos. Madre una vez que todo esto pase, voy a viajar a Guayaquil de regreso para terminar mis estudios y tener una conversación pendiente con Edgardo, quiero que sepas que nada hará que cambie de opinión, es mejor que ahora tengamos paz y quiero que me hables lo menos posible, es mi deseo en estos días- Serena tuvo un tono desafiante con su madre, pero fue directa no quería faltar el respeto solo deseaba dejar las cosas en claro.
Thelma, conocía a su hija tenía el mismo carácter que ella entonces para qué insistir y crear  discusiones.  
Amada y Albertina estaban en silencio y observaron a su hermana cuando se retiraba a su habitación, Santo también fue a prepararse para salir con su hija. Las dos hermanas en la mesa suspiraron profundamente, ambas se daban cuenta que la tormenta no se había terminado solo había un pequeño descanso.
En cada casa, en cada esquina y en todas las calles, los pobladores comentaban sobre lo que sucedía entre los dos países. Desde Ecuador las noticias eran cada vez peores y el clima  de amistad ya no existía ¿que iba a suceder ahora? los ciudadanos se preguntaban. 
Alida y Gervacio también conversaban sobre el tema, no eran muy alentadoras las últimas noticias.  
A la hora que se iban a dormir después de un día de trabajo, Alida fue a cambiar a Sebastian para que duerma, entonces Gervacio preguntó: 
- Si deseas mañana mismo compramos un pasaje para que viajes a Lima, no te preocupes por nada,  tu mamá debe estar muy nerviosa pensando en ti-.
-Gervacio estamos juntos y quiero seguir así, con mi madre he hablado y ella está más tranquila.Tú la conoces, siempre es así- ambos se abrazaron se dieron las buenas noches y se disponían a dormir. Al día siguiente los dos pensaban que sería mejor  el panorama que se avecinaba.         
 Cerca de las tres de la mañana Alida se despertó por los ruidos que venían de la calle, se asomó a la cuna de Sebastian, él dormía profundamente 
sin sentir la bulla. Luego Alida se acercó a la ventana que daba a la calle principal que se unía con el puente que estaba sobre el río y ahí, sin aliento casi por los nervios, se dio cuenta que el ruido se debía al  paso de camiones del ejército que transportaban armamento pesado y tropa, Gervacio también se levantó al ver a su esposa en la ventana.
-¿Qué sucede Alida?- preguntó 
-Gervacio mira-  ambos veían con asombro por la ventana la cantidad de camiones que pasaban. 
Alida abrazó a Gervacio y comentó: -Nos estamos preparando para una guerra-.
-No sé Alida, ahora no sabemos que puede suceder, lo que se viene es incierto, solo espero que no sea algo peor-  beso a Alida en la frente la abrazó de nuevo, mientras afuera en la calle seguían pasando los camiones del ejército.             
De regreso a la cama ninguno de los dos podía conciliar el sueño, lo que se venía no era nada bueno, casi lo podían presentir, ninguno hablaba para no perturbar al otro, ambos  pensaban en supuestos y en acciones que ellos imaginaban.
Al amanecer la realidad se mostraba sola, la ciudad había amanecido con un tanque de guerra que protegía el puente, este era el único nexo de la ciudad con el resto del país, en un supuesto conflicto armado la urgencia era defender el puente a cualquier precio, para el caso de tener que transportar más tropa y armamento.  Soldados a su alrededor custodiaban la máquina de guerra que había causado aún más impresión por las circunstancias que se vivían en esos días. 
Albertina conversaba con Alida que ya no podía acercarse al malecón por ser un área restringida en ese momento: -Alida te has dado cuenta de lo que está pasando, hay un tanque en el puente ahora que nos espera en las semanas que vienen-. 
-No lo sé Albertina, debemos esperar que todo se calme y que encontremos el camino a la paz, en estos días una guerra sería una tragedia- dijo Alida con temor por las posibles consecuencias.
Ahora la gente se sentía más alarmada pensando en el futuro. Doña Constanza cuando conversaba con Alida le contaba sobre el conflicto armado del pasado con Ecuador y ahora esos recuerdos volvían de nuevo. No había reunion en la ciudad donde no se hable del tema, se vivía el día día en una tensa espera. 
La consigna del General del ejército que comandaba las fuerzas del norte era la de esperar, la orden venia  de los comandos de Piura y Lima.
En Tumbes corría un sentimiento patriótico, nadie quería una guerra, pero si se iniciaba un conflicto la gente no estaba dispuesta a retroceder. 
La tropas fueron situadas a lo largo de la frontera donde ambos ejércitos de Perú y Ecuador se miraban con desconfianza y bastaba solo un disparo para desatar la guerra con consecuencias nefastas. La advertencia para la población era de que si se desataba la guerra y había un bombardeo todos debían correr a buscar refugio, pero no salir de la ciudad a campo abierto, ni correr por la carretera de salida, lo mejor era protegerse en lugares seguros. Las campanas de la iglesia sonarian para advertir a la población del peligro. 
En el país todas las fuerzas se unieron, no había discusiones y todos estaban de acuerdo con el ejército. Los políticos de las diferentes bancadas y sobre todo el presidente esperaban las noticias que llegaban del norte. 
Alida no perdía el tiempo y se comunicaba más seguido con su madre para tranquilizarla, no quería que se imagine que su hija vivía lo peor.                      

Serena salía con su padre todos los días al fundo, en la casa familiar no se hablaba de otra cosa que no sea la tensa situación del día y comentaban con esperanza cuando se iba resolver o que iba a suceder. La frontera estaba cerrada y el comercio que en otros tiempos era normal y fluido de compra y venta de ambos países, se había detenido y esto creaba problemas económicos. 
Como era inevitable los enfrentamientos entre ambos ejércitos se dieron en otro territorio pero no a campo abierto, en Tumbes. Las noticias del conflicto y de falsos territorios fue llamado el Falso Paquisha, hubieron bajas que todos lamentaban pero las consecuencias no fueron tan graves, los ánimos después de este enfrentamiento  comenzaron a calmarse,  el tema de límites de frontera  era un tema latente que quedaba expuesto con este conflicto.
Años más tarde volvería a ver otro enfrentamiento armado con Ecuador y esta vez quedaría sellado el límite de frontera definitivo entre los dos países, para que el futuro de Perú y Ecuador sea en un clima de paz y buena convivencia, con un gran desarrollo para ambos  países.

CONTINUARÁ         
  

domingo, 5 de abril de 2020

ALIDA Y GERVACIO

Mientras las altas temperaturas abrazaban  la ciudad, dos días más tarde de la partida de Edgardo a Guayaquil, Serena y su padre llegaban a la ciudad de Tumbes.  
Thelma, Amada y Albertina los recibieron con alegría: -¿qué tal el viaje?- preguntó Thelma a los recién llegados -seguro todo muy bien y renovados con energía nueva- terminó de comentar.
Serena abrazó a su madre y contestó -todo nos fue muy bien, la tía Blanca te manda muchos saludos, pero ahora quiero preguntar si Edgardo ya ha venido a recogerme o todavía tengo que esperarlo- se hizo un silencio en la sala, Amada temerosa  miró Albertina y Thelma  fue quien contestó:
-Edgardo vino hace unos días, pero se fue porque iban a cerrar la frontera y después tendría problemas para salir, luego quiso cambiar la conversación pero Serena insistió.  
-Cómo que se fue, si él vino a recogerme para regresar juntos a Guayaquil, no puede haberse ido sin mí- y giró hacía su padre para decir  -yo no quería ir a Lima pero tú insististe en quedarte unos días más sabiendo que  tenía que regresar  para encontrarme con Edgardo, no puede ser posible que esto esté ocurriendo-. luego fue a tomar el teléfono para comunicarse con él, era inútil al otro lado no había respuesta Serena se angustió que iba hacer ahora. 
Albertina y Amada estaban en silencio, cuando su hermana regresó a la sala para decir que no podía comunicarse con Edgardo. 
Thelma contestó para tranquilizarla -seguro más tarde, si vuelves a llamar vas a comunicarte con él, ahora no te preocupes guarda tu maleta y descansa- Serena de no muy buen agrado obedeció a su madre, ella volvería a insistir en comunicarse con Edgardo, no podía creer lo que estaba viviendo. 
Cuando Serena no estuvo presente Santo habló con su esposa, se preocupó cuando Thelma le contó todo lo sucedido en su ausencia: -cómo se te ocurre actuar de esa manera, ¿en que pensabas? ¿por qué no lo recibiste?, qué va a pasar cuando tu hija se entere, vas a hacerla sufrir- comentó muy molesto. 
Una hora más tarde Serena volvió a llamar a Edgardo, pero no tenía respuesta, entonces se le ocurrió comunicarse con la prima Ester que vivía en Guayaquil y lo conocía,  al hablar con ella le preguntó si sabía algo de Edgardo porque Ester vivía cerca de su familia. La prima contestó: 
-Serena no sé nada de Edgardo, pero seguro ha viajado al campamento petrolero donde trabaja, eso es lo único que te puedo decir, en estos días no lo he visto, además se supone que tú regresabas por estos días-. Serena conversó con su prima  y le explicó que por el momento se demoraría en viajar unos días, luego se despidió de ella y mandó saludos a toda la familia en Guayaquil. En el silencio de su habitación pensaba  que iba hacer, estaba confundida. 
Albertina comentaba con Amada y las dos estuvieron de acuerdo en no decir nada, ellas esperaban que las cosas se calmen dentro de la familia, no era necesario arrojar más leña al fuego. 
A la hora del almuerzo Serena casi no probó bocado, estaba molesta y quiso salir a la plaza para caminar un poco y tomar algo de aire.  Fue inevitable al salir encontrarse con una de las vecinas que le contó con todo los detalles lo que había ocurrido con Edgardo, esto fue lo que desató la tormenta.
Serena regresó a su casa y llena de furia preguntó a su madre porqué no había recibido a su novio, preguntó varias veces  y ésta no contestó, solo trató de restar importancia a la situación 
Luego  dirigiéndose Amada y Albertina les dijo -ustedes sabían lo que había ocurrido y no decían nada ¡porqué! no quiero pensar que mi viaje a Lima fue un teatro para evitar que me encuentre con Edgardo, no es casualidad que en los exámenes  médicos mi padre esté más saludable que yo- decía todo esto llorando y levantado la voz. 
Thelma trató de calmarla pero fue peor, su hija mayor se molestaba aun más: -no madre no trates de callarme porque sé que el fondo tú haz estado detrás de todo esto- entonces se encendió aun más la discucion, al punto de que Santo el padre tuvo que intervenir para calmar los ánimos: 
-Serena ve a tu habitación- dijo molesto.
Su hija levantando la voz y contestó -si esto se pone peor nunca voy a perdonar que  hicieran algo así  a Edgardo- luego se retiró a su habitación tirando la puerta llena de furia y rencor. 
En la sala Santo le increpaba a su esposa -tú y tu manía de querer controlarlo todo y querer manejar la vida de tus hijas.     
Se había desatado la tormenta en la casa familiar, Thelma no contestó a su esposo- Amada y Albertina nunca estuvieron de acuerdo con su madre. Santo salió de la casa quería respirar y calmarse después de tener tremenda discucion con su esposa y su hija.              
Albertina sin que nadie se de cuenta salió de la casa y subió al departamento a buscar Alida, cuando entró estaba nerviosa, no podía articular palabra. 
Alida al verla en ese estado preguntó -¿qué sucede Albertina porqué estás así?-.
-Alida, Alida- repetía su nombre y no decia nada más.
-Calma por favor y dime qué sucede-  le señaló un sillón para que se siente. 
-Alida no sé que va a pasar ahora en mi casa, mi padre y Serena llegaron de viaje y se a desatado una discucion terrible, mi hermana ya sabe todo con respecto a Edgardo y está molesta con mi mamá, se puso a llorar, oh mi Dios, fue terrible pero ahora viene lo peor- y sacó de su bolsillo la carta que Edgardo le había dado: -está carta es para Serena pero no sé si dársela o destruirla, nadie sabe de su existencia-. se quedó en suspenso sin saber que hacer.
-Albertina si pides mi opinión, esa carta le pertenece a Serena y debes dársela, solo ella puede decidir que hacer-.
-Alida no sé qué dice la carta, pero si su contenido¿ sirve para crear más conflicto?, tú no imaginas el ambiente horrible que hay en este momento, nunca antes hemos vivido algo así. Tengo miedo entregarla-. dijo más calmada. 
-Espera solo dos días para que todo se calmen y antes de entregársela le dices que tome las cosas con calma, que no se moleste, sea lo que sea que diga la carta. No quiero opinar sobre asuntos familiares pero tu madre no hizo bien al no querer recibir a Edgardo- contestó Alida.
-Mi mamá siempre quiere hacer las cosas a su manera y muchas veces no puedo comprenderla, tienes razón, voy a esperar un par de días  para entregar la carta y que sea lo que Dios mande.
Albertina se despidió de Alida y fue a su casa, en su habitación escondió la carta por el momento era mejor así, nadie debía enterarse todavía  de su existencia. 
En la noche a la hora de la cena, Serena no quiso salir de su habitación y Amada se ofreció a llevarle la cena, era mejor así para evitar más conflictos. Amada entró en la habitación y encontró a su hermana llorando, -Serena aquí traigo la cena, es tu plato favorito y de postre un budín de chocolate, dicen que el chocolate lo cura todo-  Amada decía esto para hacerla sonreír.
-No tengo ganas de probar alimento, es mejor que te lleves la bandeja- contestó Serena de mal humor.
-No te castigues, con no alimentarte, lo único que vas a conseguir es enfermar y después como vas a tomar decisiones para tu futuro- agregó sonriendo Amada y le extendía la bandeja con la cena.
-Serena sé que ahora estás molesta con lo que ha pasado,  con el paso de los días vas a pensar con calma para tomar tus decisiones, además allá afuera están pasando cosas muy graves, se han roto las relaciones diplomáticas entre Perú y Ecuador y no sabemos que va a suceder, no te encierres en tu mundo y ten calma- conversaba Amada con su hermana para hacerla reflexionar.        
La ciudad por esos días vivía un clima de tensión, las noticias que venían del otro lada de la frontera no era buenas, habían fuertes comentarios y ánimos de enfrentamiento, la tensión crecía entre ambos países. 
Cómo Albertina había decidido, pasado los dos días, sacó la carta de su escondite y fue a la habitación de Serena que en todos esos días no había salido para estar junto a la familia, era su forma de protesta por lo ocurrido.
Albertina tocó la puerta y entró, Serena estaba en cama -buenos días querida hermana tengo que hablar contigo- dijo esto para ver qué le contestaba.
-Albertina no tengo ganas de conversar con nadie, retírate por favor, estoy esperando mi desayuno-.
-Si el desayuno ahora lo trae Amada- se dio cuenta que su hermana no estaba de muy buen humor pero continuó -te aseguro que lo que voy a decir te va interesar solo debes prometerme que no vas a reaccionar mal o te vas a molestar, esto es muy serio-.
-Albertina tu siempre con tus exageraciones, pero prometo no molestarme- contestó Serena un poco fastidiada e impaciente.
Albertina se sentó en la cama y de su bolsillo sacó la carta y comentó -recuerda que prometiste no molestarte, esta carta es de Edgardo me la dio para ti antes de partir, hasta ahora no te la di  porque quería que te calmes para que pienses con tranquilidad-. 
El rostro de Serena cambio, ella estaba segura que esa carta tenía la explicación a los acontecimientos sucedidos en su ausencia.  Ella no quería que su novio piense que habia demorado los días de su viaje a propósito.
Albertina la dejó sola en la habitación y fue a buscar Amada para decirle que no lleve la bandeja del desayuno tan rápido.     
Serena abrió la carta y empezó a leer, Edgardo despues de algunas líneas generales le explicaba que mejor era tomarse un tiempo y cada uno seguir adelante  -Serena tal vez en el futuro nos volvamos a encontrar creo que tu familia no está de acuerdo con lo nuestro- en otras líneas decía -la vida nos ha deparado diferentes caminos, por el momento dejemos pasar el tiempo- después comentaba cuanto la quería y se despedía con un beso y terminó diciendo  -adiós mi amada Serena-. Las lágrimas caían por su rostro, mientras leía la carta de Edgardo, él se estaba despidiendo, seguro confundido por la actitud de Thelma.
En las afueras de la casa familiar, en la ciudad se vivían  momentos difíciles. Los acontecimientos internacionales no eran buenos y la tensión había llegado a un punto muy alto. La prensa internacional informaba del problema sobre límites de frontera entre Perú y Ecuador, en todos los hogares, en las calles y lugares públicos la gente comentaba el problema que aumentaba aún más la tensión  con las noticias negativas al otro lado de la frontera.
La preocupación en toda la ciudad causó más tensión al ver que una mañana los soldados del ejército pintaban una cruz roja gigante en el techo del hospital, que según las reglas internacionales de guerra es un lugar que no debe ser bombardeado en caso de un conflicto  por ser éste, un centro hospitalario. 

CONTINUARÁ 

        
        

domingo, 29 de marzo de 2020

ALIDA Y GERVACIO

Alida escuchaba en silencio la historia de Doña Constanza, no tenía palabras que decir y hasta un punto comprendia la situación, ella no se atrevía a juzgarla.
Doña Constanza se puso de pie y comentó -ahora siento algo de alivio al contarte esta historia, pero no olvides me has prometido no contarle a nadie, confío en ti. Me despido debo irme. 
Alida cómo siempre la acompañó a bajar las escaleras hasta la calle y se despidió de su amiga. 
A la hora del almuerzo conversaba con Gervacio sobre temas generales pero no comentó en lo absoluto la conversación que tuvo una hora antes con Doña Constanza, era su promesa y debía cumplirla.
Tres días después de la visita de doña Constanza mientras Alida se peinaba frente al espejo para salir de paseo con Sebastian al malecón,  recordaba los días que vivió en la selva amazónica y después su terrible enfermedad. Ahora tenía el cabello largo y saludable y no se lamentaba de todo lo vivido y de todo lo aprendido en la selva. Siempre iba a recordar a los amigos con los que convivió en el campamento científico, ella y Gervacio.  
La temperatura en la ciudad era bastante fuerte a esa hora del día, entonces vistió a Sebastian con ropa muy fresca,  ella se puso un vestido de rayas celestes y blancas de tela ligera y ajustado en la cintura con falda amplia hasta la rodilla, cargó al bebé, tomó el cochecito, cerró la puerta del departamento y escaleras abajo salió a la calle camino al malecón que era un lugar fresco. 
Alida y Sebastian llegaron cerca al puente, ella se sentó en una de las bancas, la brisa que corría refrescaba el ambiente y entonces escuchó una voz conocida que la llamaba... ¡Alida!. Era Albertina que se acercaba a saludarla.
-Sabia que te iba encontrarte en este lugar, subí a buscarte al departamento y no estabas, entonces pensé, seguro ha ido al malecón-  y sin esperar respuesta Albertina continuó -Alida te cuento que hoy día en la mañana mi hermana Serena y mi padre se han ido a la capital porque él quería hacerse un chequeo médico y le pidió a mi hermana que lo acompañe. Ellos se van a hospedar el la casa de su hermana, mi tía Blanca. Serena al comienzo no estaba de acuerdo porque dentro de una semana viene a recogerla Edgardo, su novio y ella tiene que estar preparada. Mi padre le ha prometido que no se van a demorar, una semana es suficiente para su visita al doctor. 
-Que bueno Albertina un viaje siempre es agradable para visitar a la familia y apoyar a tu papá con su visita al doctor-  dijo Alida para  darle la razón.
-Si, eso es bueno, pero a mí me hubiera gustado ir con ellos, mi papa le pidió a Serena que lo acompañe. Ahora no importa pero el próximo viaje yo voy con él de todas maneras, solo espero que esten a tiempo para cuando llegue Edgardo. Lo que llama mi atención es que mi padre quizo viajar a Lima cuando aquí hay buenos doctores y atención en el hospital- Albertina movía la cabeza y decía esto con algo de duda. 
Alida sonriente comentaba lo hermoso que se veía el río y lo grande que era, realmente estaba impresionada. 
-El río es nuestro elemento principal, él le da vida a la ciudad pero también suele castigarla cuando crece y se desborda, es terrible como destruye todo a su paso, aunque en los últimos tiempos está tranquilo porque no hay exceso de lluvias. Este río llega a hasta la frontera y cruza el territorio ecuatoriano donde toma otro nombre que es Puyango- Albertina tomó algo de aliento y agregó: 
-Como te comenté hace algún tiempo, nosotros tenemos familia en Guayaquil, la historia comienza con mi abuela cuando ella era una jovencita y conoció a mi abuelo que también era joven, no tanto como ella. En aquel tiempo no había noción de límites, ni de fronteras y la gente iba y venía de un lado a otro sin mayor control. Mis abuelos, se enamoraron y se casaron, después de siete años mi abuelo Francisco se fue a Guayaquil, según él, solo por unos días pero pasaron tres meses y no regresaba. Los hermanos de mi abuela viajaron para buscarlo pensando que algo malo le había sucedido, pero se dieron con la sorpresa que él tenía otra familia y esto era antes de casarse con mi abuela, entonces el matrimonio con ella no tenía valor. El abuelo Francisco se quedó en Guayaquil y los hermanos de mi abuela regresaron para darle la noticia y decirle que no podían obligarlo a regresar. Con toda  esta tragedia mi abuela sufrió demasiado    
porque ella se quedó con tres hijos, entre ellos mi madre. Fue muy duro  salir adelante con tres niños, felizmente sus hermanos la apoyaron. Unos años más tarde cuando el abuelo Francisco falleció, sus hijas de Guayaquil vinieron a conocer a los hijos de Tumbes y es así como se inicia la relación de familia, algunas veces ellas vienen aquí y otras veces nosotros vamos a visitarlas. Todos los hijos decidieron olvidar que eran medios hermanos y se tratan con mucho afecto como hermanos, por eso Serena se hospeda en casa de una de las primas.
-Es toda una historia familiar y sobretodo prima la comprensión y el ser hermanos es lo más importante- decía Alida para recordar la importancia de la familia.    
Albertina se quedó mirando extasiada a Sebastian que dormía en su cochecito -cuanto ha crecido el bebé, el clima de esta ciudad le hace bien a todos y espero que te quedes a vivir muchos años aquí-.
-No se cuanto tiempo viviremos en este lugar pero no me puedo quejar, es una ciudad muy agradable, solo extraño a mi mamá con la que me comunico siempre, ella se preocupa por nosotros- decía Alida con tristeza.
Los días de calor había aumentado, esto era algo normal en la ciudad y todos los pobladores estaban acostumbrados y en medio de las alta temperaturas y  al finalizar la semana llegó a la ciudad Edgardo en su camioneta para recoger a Serena tal como lo había prometido, se estacionó al frente de la casa y se acercó a tocar la puerta la señora que ayudaba en la casa abrió y le comunicó:
-La señorita Serena no se encuentra, ella y su padre viajaron a la Lima y doña Thelma no está en este momento-. fueron frías las palabras y Edgardo solo comentó:  -voy a esperar para hablar con Thelma, gracias- cruzó la calle y espero dentro de su camioneta. 
En el interior de la casa Amada y Albertina hablaban con su madre: -porqué estas actuando de esta manera, no te das cuenta la grosero que es- decía  Amada molesta  y Albertina agregó: 
-Madre que va a decir Edgardo, él viene de tan lejos para recoger a Serena-. recapacita por favor. 
Thelma levantó la voz para poner orden -nadie debe dar su opinión  y ordenó a sus hijas no salir de la casa, sé lo que estoy haciendo- y luego camino a su habitación. 
Las dos hermanas estaban molestas con su madre, era inconcebible su actuación, no podían entender porqué que hacia eso.  
Edgardo esperó todo un día para ser recibido por la familia de Serena y no tuvo respuesta, los vecinos murmuraban y no estaban de acuerdo con la actitud de Thelma.
Doña Constanza al enterarse de lo sucedido fue hablar con ella y hacerla recapacitar, cuando las dos estuvieron frente a frente doña Constanza le habló con dureza. 
-Thelma porque haces esto, nadie comprende tu proceder, como vas a conocer al muchacho si no lo recibes y conversas con él. Tu necedad y las ganas de querrer controlar la vida de tus hijas te hace actuar de esta forma. No digas después que no te advertí, crees que Serena no se va enterar, ¿qué vas a decirle cuándo te pida una explicación?- Doña Constanza  se dio cuenta que no la escuchaba y que su presencia estaba demás, se puso de pie y se retiró de la casa sin despedirse. 
El segundo día de espera fue igual, Edgardo no fue recibido y la situación comenzaba a ser insostenible. Además de estas complicaciones, desde hace algunas semanas el clima de amistad  entre Perú y Ecuador había cambiado, no eran buenas las noticias que llegaban del otro lado de la frontera, la prensa internacional comentaba posibles enfrentamientos diplomáticos y la prensa nacional hacia lo mismo.  Habían palabras de enemistad en los noticieros de Ecuador. 
Al tercer día de espera por parte de Edgardo, la presión fue demasiada, el panorama se tornaba difícil entre los dos países y habían rumores de que la frontera se iba a cerrar por problemas políticos. 
Ese mismo día en mañana Albertina salió de su casa sin ser vista por su madre, ella quería hablar con Edgardo y explicarle la situación:
Cuando se acercó a la camioneta comentó -Te pido disculpas por el comportamiento de mi madre, pero fatalmente no te va a recibir. Serena no está en la ciudad e ignora todo lo que está sucediendo, debes irte Edgardo, van a cerrar la frontera y va hacer complicado para ti salir del país- comentaba Albertina con tristeza por  la situación.
-Albertina gracias por acercarte a hablar conmigo, quiero que le entregues esta carta a Serena, sé que ya no la voy ver,  gracias por ser la mensajera-. Edgardo se despidió y partió. 
Albertina cruzó la calle de nuevo y vió como la camioneta  se alejaba, sintió preocupación ¿qué iba a pasar cuando Serena se entera de todo?. Tal vez está era la tormenta a la que se refería doña Constanza, pero se avecinaba una tormenta peor, un clima de desavenencias entre dos países que eran vecinos. 

CONTINUARÁ               
   
            


domingo, 22 de marzo de 2020

ALIDA Y GERVACIO

La fiesta de cumpleaños de Amada recién comenzaba. Sus amigas habían llegando hasta su casa y  parte de la familia como tías y primas también. A ella se la veía feliz y agradecía a todas por su asistencia. 
Serena salió segundos después de su habitación para compartir con su hermana la reunión por su cumpleaños. Luego se acercó a saludar a Doña Constanza y ésta a su vez le presentó a Alida. 
Serena muy sonriente la saludó y comentó sobre su bebé, Alida agradeció los cumplidos. 
Serena era una joven muy agradable y cayó en simpatía con Alida. 
Doña Constanza comentó lo divertida que estaba la reunión y la cantidad de amigas que habían venido a felicitar Amada. Serena estuvo de acuerdo con ella y contestó:
-Si todas son conocidas de Amada. Me disculpan mi madre me está llamando-  y fue ayudar a su madre y Albertina  para  atender a las invitadas y a su  familia. 
Doña Constanza observaba a Thelma y a sus hijas luego comentó con Alida:
-Mi querida amiga aquí se va a desatar una tormenta de proporciones, conociendo como conozco a Thelma. Ella es una excelente madre, pero quiere dirigir la vida de sus hijas y a cada una les tiene destinado un rol. Yo tengo la  suficiente confianza y autoridad para hablar con ella, siempre he sido directa. Conocí a su madre y fuimos muy amigas, sé que Thelma me escucha, pero también es muy terca y muchas veces solo escucha  sus palabras-. decía con seriedad doña Constanza.  
Alida no sabía a que se refería exactamente su amiga, tal vez eran solo un comentario y nada más, ella era muy apreciada por la familia, eso se podía ver desde lejos. 
La reunión estaba en todo su apogeo, se había decorado la sala con muchos globos, la mesa estaba llena de bocaditos y en el centro una linda torta de chocolate esperaba para cantar el cumpleaños.   
La gran cantidad de regalos fueron llevados a la habitacion de Amada, ésta no podía sentirse más feliz con la reunión. Junto a sus amigas se tomaba fotos y era la anfitriona perfecta. 
Santo, el padre se hizo presente un momento para saludar y luego se fue, la sala de la casa estaba llena y ya no había  espacio para tanta gente. 
Alida estuvo en la reunión hora y media y después se puso de pie, era el momento de despedirse, Sebastian pronto reclamaría su atención. 
Se acercó primero a Thelma y luego Amada para desearle lo mejor en su día, se despidió de Doña Constanza, Albertina la acompaño hasta la puerta.
-Que pena que tengas que irte tan pronto Alida, pero comprendemos que tienes que atender al bebé, él está primero-. con una sonrisa muy grande le dio un beso a Sebastian y le dijo adiós.
Alida caminó solo unos pasos y subió a su departamento, era suficiente el tiempo que pasó en la reunión, con tanta gente nueva Sebastian se ponía ansioso, era solo un bebé y no estaba acostumbrado a tanta gente a su alrededor.
En la noche conversando con Gervacio, le contaba como había sido la fiesta de cumpleaños de Amada  -son tres hermanas muy unidas y se apoyan mutuamente, eso se puede ver. Thelma estaba feliz celebrando el día especial de su hija. Yo estuve al lado de doña Constanza que es muy amiga de la familia-. decía Alida y se disponía hacer dormir a Sebastian que ocupaba muchas horas de su día.  El siguiente fin de Semana Gervacio llevó Alida a conocer los Manglares de Tumbes, alistaron al bebé como siempre con todo lo necesario que podía necesitar y partieron a su dia de excursion.
Al llegar al lugar se presenta un paisaje exótico,  como un bosque que está protegido, son los Manglares que es una  zona de reserva natural.  Alida y Gervacio paseaban por el lugar, ella estaba sorprendida, con tanto bosque, nunca antes había visto un paisaje  tan asombroso, es el hogar de muchas aves y animales de tierra. Según cuentan los lugareños, viven en sus aguas los cangrejos que son fuente de trabajo de muchas familias.                
Gervacio no dejaba de explicar a Alida como se había formado el Manglar, la cercanía del mar también hacia de éste un paisaje único.  
El calor del día cada vez era más fuerte y tenían que regresar.  Siempre estos paseos eran temas de conversación entre los esposos. 
Llegaron a la ciudad más allá del medio día, por lo general el domingo era tranquilo donde  todos se dedicaban a pasear,  a descansar y a estar en familia.  
Una semana después del santo de Amada, Doña Constanza llegó a visitar a Alida. ambas comentaban lo agradable de la reunión la que duró varias horas después de que Alida se había ido: 
-La celebración del cumpleaños de Amada fue muy alegre, sus amigas del colegio y la familia le cantaron la canción de cumpleaños. Thelma es una madre orgullosa de sus hijas, ella se sentía muy a gusto rodeada de tanta gente- doña Constanza decía esto con mucha sinceridad  y aprecio por la familia. 
Después Alida sacó su cuaderno donde apuntaba las nuevas recetas que le dictaba doña Constanza eran remedios naturales para la crianza y el cuidado de su bebé, ella las apuntaba para no olvidar los detalles y reconocía  que eran efectivas.  
Doña Constanza de pronto se puso seria, su timbre de voz cambio y comentó: 
-Mi querida amiga guarda tu cuaderno, te voy a contar algo que no debe salir de esta habitación, tienes que prometerme que no lo vas a comentar con nadie, ni siquiera con tu esposo, esto ocurrió hace mucho tiempo, es algo que cometí y está  fuera de la ley-. 
Alida estaba desconcertada,  por qué tanto misterio. -Doña Constanza me está asustando, que es lo que ha pasado en su vida-. agregó  preocupada. 
-Alida primero tienes que prometerme que no  hablaras de esto con nadie, en mi familia no lo sabe  ni mi esposo, ni mis hijos- repitió doña Constanza con expresión grave. 
-No se preocupe no voy a decirle a nadie, lo que usted me diga quedará entre estas paredes pero me está asustando-. contestó Alida  por la actitud de su amiga.
-No te asustes que no he matado a nadie pero reconozco que fue algo contra la ley- miró pensativa como recordando cada detalle del pasado y comenzó su relato. 
-Sucedió hace muchos años cuando mi hija, la mayor de todos mis hijos tenía 17 años, era una joven muy linda y teníamos mucha confianza entre las dos. Azucena, ese es su nombre, me ayudaba con los quehaceres de la casa,  algunas veces la mandaba hacer las compras de lo que necesitábamos para el día. Mi esposo en ese entonces solía ir a las oficinas donde funcionaba el Ministerio de Agricultura en esa época, ellos asesoraban a los agricultores en diferentes temas sobre sus cultivos, en esas oficinas había un joven que lo atendía y era muy solicito con cualquier pedido que mi esposo hacía, él rápidamente lo ayudaba. Un día conversando con el joven, mi esposo se enteró que había llegado hace unos meses a Tumbes como empleado del Ministerio. En ese entonces la ciudad era más pequeña y todos se conocían-. La señora tomó un respiró de su relato  y le pidió Alida un vaso con agua, ella con rapidez le alcanzó una fresca limonada.
Doña Constanza un minuto después continuó con su historia -este joven del que te hablo, un buen día se apareció en la casa trayendo unos documentos que había solicitado mi esposo, tiempo después me enteré que ese había sido un pretexto para acercarse a nosotros. ¿Cuál era su intención?, pedirnos permiso para cortejar a nuestra hija Azucena. Él se había averiguado que mi esposo era su padre y al parecer había visto varias veces a mi hija cuando salía a hacer algún mandado.  Nosotros aceptamos, pero primero pregunté a mi hija si estaba de acuerdo, ella me contestó -es un joven agradable, es mejor conocerlo primero-. Esto le dijo mi esposo al joven  -si mi hija no está de acuerdo, todo queda en una simple amistad- Sergio estuvo de acuerdo y desde ese día visitaba la casa de tarde en tarde, los dos paseaban por la cuadra de una esquina a otra esquina.
De nuevo doña Constanza se detuvo para beber otro  sorbo de limonada ella por momentos se sonrojaba y siguió con su relato - como sucede muchas veces, toda la ciudad sabía de los nuevos enamorados. Un día me encontré con una amiga que trabajaba en el correo y me dijo, Constanza ese joven que pretende a tu hija escribe y recibe cartas todos los meses. Yo tomé atención de lo que mi amiga  me decía, en ese momento no dije nada pero al día siguiente la visité en el correo y le pedí por favor si tiene una carta para Sergio que me la entregue, ella guardó silencio un segundo y contestó -por tratarse de ti y para ayudarte lo voy hacer, en este momento no ha recibido carta, pero tengo una carta que el está enviando y a escondidas me la entregó con la advertencia  -llevala a tu casa, la lees y luego la traes hoy mismo porque mañana temprano sale el correo con las cartas para su destino-. 
Doña Constanza tomó un respiro y otro sorbo de limonada, unos segundos para recordar detalles exactos  y después agregó 
-Alida, con la carta en mi bolso me sentía como una delincuente camino a mi casa, sé que es un delito violentar el correo ajeno pero esto yo la hacía por mi hija, para protegerla yo no sabia quién era este joven y si tenía algún compromiso en otro sitio o estaba casado y por último, cuales eran sus  verdaderas intenciones. Mi hija solo tenia 17 años y él 27, entonces que podía hacer. En mi casa abrí la carta con cuidado con el vapor de la tetera y leí su contenido. Hice esto por varios meses y me enteré que a quien le escribía era a su madre. En sus cartas le hablaba de Azucena, de lo bien que se sentía en su compañia y también le contaba sobre  nosotros y la gran familia que eramos. Cuando mi hija cumplió 20 años se casó con Sergio y ahora puedo decir que todos mis yernos son buenos pero Sergio es mi favorito. 

CONTINUARÁ                            

domingo, 15 de marzo de 2020

ALIDA Y GERVACIO

La felicidad en la casa de Alida era plena, Sebastian cumplía ese mismo día cuatro meses. Sus padres no podían estar más orgullosos, su hijo estaba creciendo sano y ya comía sus primeras papillas. Gervacio lo cargaba y habla con él sobre todo lo que harían cuando él sea más grande.  
Alida lo mimaba en sus brazos y el pequeño reaccionaba a la voz de sus padres. 
Alida había decorado el departamento a su gusto, con cuadros y adornos, además de cortinas nuevas, ahora sentía que era su hogar. Los muebles grandes pertenecían al departamento pero todo lo concerniente al decorado era de Alida. En el hogar Gervacio sabía que su esposa era la Reina. 
Gervacio en la mañana muy temprano salio a trabajar, necesitaba ir bastante lejos de la ciudad para hacer algunos trabajos de investigación.  
Alida cambiaba a su bebé cuando llamaron a la puerta,  ella fue a abrir y se encontró con Albertina, la que algunas mañanas pasaba a visitarla para ver como estaba Sebastian y lo bello que crecía.  
-Alida tú no sabes- decía con alegría -mi hermana Serena ha llegado de Guayaquil para sus vacaciones de medio año, hay un tremendo alboroto en mi casa, todos estamos felices con su arribo, además de ello, viene con Edgardo al que ha presentado como su novio oficial. Mi papá recibió la noticia serio. Los papas siempre son serios con los novios de sus hijas y el mío no es la excepción. Edgardo ha tenido la delicadeza de traernos un regalo para cada uno, parece una persona muy educada y agradable, no es estirado ni distante, él es de Guayaquil y ha traído a mi hermana en su camioneta desde su ciudad.  Debe estar realmente enamorado de ella para tomarse tantas molestias y de paso conocer a la familia, pienso que el romance va en serio, además tú no lo sabes, pero nosotros tenemos familia en Guayaquil, otro día te cuento la historia porque es muy larga. Mi hermana Serena se hospeda en casa de mis primas. 
Alida sonreía mientras escuchaba a Albertina, ella guardó  silencio un instante y luego agregó:
-Edgardo como desea que lo llamen, se va quedar un día en Tumbes y mañana parte de regreso a Guayaquil por este motivo mi mamá quiere invitarlo a cenar en la noche para agradecer tanta molestia, se nota que él es una persona sencilla-  y como si hubiera olvidado algo volvió a decir: 
-¡Alida! recién me acuerdo,  pasado mañana es el santo de Amada y mi mamá desea invitarte a la reunión en mi casa, está prohibido faltar y debes traer al bebé Sebastian. La reunión será a las 5  de la tarde-. 
Albertina se acercó Alida y le quitó de los brazos al bebé para abrazarlo mientras lo mecía suavemente y le cantaba una canción, ella realmente quería a Sebastian, él le había robado el corazón en poco tiempo.
Al despedirse volvió a repetir mientras bajaba las escaleras -¡Alida!... no te olvides de la reunión por el santo de Amada-.  
Alida se despedía de Albertina con el bebé en los brazos, pensaba que la habían aceptado como amiga de la familia  y esa era su primera invitación. 
Cuando Albertina entró a su casa Thelma disponía de todo para el almuerzo, daba sus indicaciones a la señora que la ayudaba.  Serena conversaba con Edgardo en la sala y luego pasaron al jardín, ella quería mostrarle que al fondo de este,  tenían un vivero lleno de plantas tropicales, como: hermosos helechos, pequeñas palmeras, y una colección de violetas de todos los tamaños y colores. El vivero estaba bien cuidado y lo manejaba Amada, a ella le gustaban las plantas y las cuidaba con dedicación, además de ser su pasatiempo preferido mientras esperaba el momento de irse a estudiar. 
La casa de la familia era de dos pisos muy espaciosa y decorada con buen gusto, Santo el padre en la mañana se iba a controlar su fundo y regresaba al medio día. Era la primera vez que él se sentía un poco incómodo por el novio de Serena, era un padre preocupado por sus hijas y solo quería lo mejor para ellas.
Edgardo se despidió de la familia antes de la hora del almuerzo, él se iba a registrar en un hotel y no quería molestar, sabía que su invitación era para la cena en la noche. Serena la acompaño hasta la puerta donde los novios se despidieron. 
Cuando la familia se sentó almorzar, Serena les comentaba como había conocido a Edgardo: 
-Fue en una reunion, donde nos vimos por primera vez, luego el me invitó a salir y desde ese día, no nos hemos separado, salvo cuando el tiene que viajar al campamento petrolero de la empresa para la que trabaja, él es ingeniero de petróleo, es muy considerado y amble conmigo-.
Thelma escuchaba a su hija y no hizo comentario alguno, ella estaba feliz de tenerla en casa. 
Ahora su preocupación era la cena de la noche y la reunión del santo de Amada.       
En la noche a la hora de la cena la casa de la familia se preparaba para recibir a su invitado.            La mesa la habían decorado con elegancia y buen gusto, la encargada  de ellos fue Albertina mientras Amada colocaba algunas flores. 
Serena se alistaba en su habitación para recibir a Edgardo. 
Y cuando el reloj marcaba las 7p.m tocaba la puerta muy puntual el invitado.
Dio los saludos protocolares a la familia y  entregó un vino  que traía  en la mano. Serena salió a recibirlo mientras Santo abría la botella de vino para tomar un aperitivo antes de la cena. 
El ambiente estaba más relajado y se podía conversar con tranquilidad, el novio de Serena contaba algunas anécdotas de su trabajo y cómo era su día a día en el campamento. 
En un momento a solas Edgardo pidió permiso a Santo para cortejar a su hija, al padre le agradó ese gesto y le indicó -mientras mi hija sea feliz te concedo el permiso, no hay nada definitivo-.
Luego Thelma indicó pasar al comedor, la cena estaba servida, todos tomaron asiento en sus respectivos lugares. La comida era exquisita con platillos propios de la región. La cena transcurrió en un ambiente agradable de amistad. 
Edgardo lamentaba no tener más tiempo para quedarse  y conocer la ciudad pero  tenía que regresar pronto a su trabajo, solo tenía permiso de dos días. 
A la hora de despedirse cuando el reloj marcaba las 10 de la noche Edgardo agradeció la invitación, de la mano con Serena fueron hasta la puerta para despedirse porque él salía al día siguiente muy temprano.
Serena decía Edgardo -Gracias por todo, tu familia es muy agradable y me han recibido bien, la comida excelente. Yo voy a  regresar por ti  dentro de un mes para recogerte y volver a Guayaquil, espérame y no te preocupes por nada, disfruta el tiempo con tu familia-. la pareja se despidió y Serena no podía estar más feliz de que sus padres conocieran a Edgardo.
Al día siguiente Albertina comentaba con Alida cómo había sido la visita del novio de Serena y la cena. 
-Pasamos un momento muy agradable, Edgardo estaba feliz al lado de Serena y mis padres lo han aceptado, por mi parte estoy tranquila porque veo a mi hermana contenta a su lado-.  Alida  mientras preparaba a Sebastian para salir a dar un paseo al malecón, contestó
- Que bueno que todo salió bien y que tus padres estén contentos con el novio de tu hermana, de no ser así sería una complicación-.
Albertina ayudó Alida a bajar con el cochecito y Sebastian, ella se iba a pasear con su hijo al malecón y Albertina se fue con dirección opuesta, tenía que hacer un encargo de su madre. 
Solo a  tres cuadras de su casa quedaba el malecón, era el lugar más fresco de la ciudad y la gente solía pasear algunas horas al día.  
El rio Tumbes era majestuoso y su corriente dominante, pasando la línea de frontera en territorio ecuatoriano cambiaba de nombre y se llamaba Puyango, había un proyecto para ejecutar entre Perú y Ecuador, era un tratado de amistad y buena voluntad. 
Alida disfrutaba  admirar el río y de cuando en cuando pasaba una barcaza navegando, a esa hora no había mucha gente, el lugar era tranquilo y se podía disfrutar del fresco de la tarde, esto era bueno para Sebastian que se mantenía fresquito en los brazos de su madre.       
La mañana del santo de Amada, había demasiado movimiento en la casa, a la hora del desayuno su familia la saludó y sus padres Thelma y Santo le entregaron los regalos, Serena y Albertina también. Amada se sentía feliz, era su día y en la tarde sería la reunion con sus amistades e invitados. 
La segunda hija de Thelma y Santo, de las tres hermanas era la más seria y callada, siempre estaba ocupada haciendo algo y dedicada a su vivero pero no dejaba de ser una persona agradable y amistosa.       
     
Alida en su casa conversaba con Gervacio sobre la reunión por el santo de Amada, un día antes le había comprado el regalo para ella.  -Tengo que asistir a la reunión, sería de mala educación no presentarme, la familia es muy amable conmigo-. decía Alida. 
Gervacio contestó -si, tienes que ir para saludarla, todos ellos son personas agradables y además va ser la primera invitación de Sebastian a una fiesta solo  espero no nos salga muy bailarín- dijo esto último riendo mientras abrazaba a su hijo.  
A las 5 de la tarde, Alida puntual se presentó en casa de Thelma, llevaba puesto un fresco vestido de verano de colores alegres y estampado de flores, con ella estaba Sebastian que lucía un atuendo de fiesta, pues él también era un invitado. 
La dueña del santo abrió la puerta, Alida la saludó, le deseo un feliz cumpleaños y entregó su regalo, Amada sonrió feliz y agradeció su presencia y el regalo, la hizo pasar a la sala, ella pensó que era la primera invitada en  llegar, pero ya había una invitada y era doña Constanza que no podía faltar, la familia le tenía mucha estima.
Alida saludó a doña Constanza y se sentó a su lado, Amada les alcanzó unos refrescos helados y conversaba con ellas. Thelma salió a saludar y  Albertina también, en ese momento volvieron a tocar la puerta, los invitados comenzaban a llegar. 
Doña Constanza comentó con Alida  -mi querida amiga, ahora que veo a Sebastian, tan lindo, estás siguiendo mis consejos sobre su cuidado-. Alida se apresuró a contestar. 
-Si, claro que si, doña Constanza sus consejos me están sirviendo de mucho-. Esto era verdad Alida había puesto en practica muchos de sus consejos.

CONTINUARÁ          

domingo, 8 de marzo de 2020

ALIDA Y GERVACIO

El fin de semana había llegado, Alida y Gervacio se preparaban para su primer día de excursión al bosque seco a  dos horas de la ciudad de Tumbes. Todo estaba preparado, Sebastian iba  en su portabebé con todo lo necesario para protegerlo. El día se anunciaba luminoso y el calor era de 35 grados en la ciudad. 
Con todo lo necesario partieron rumbo al bosque seco, salieron de la ciudad y en el camino se encontraban con pequeños poblados alrededor.  
Sebastian viajaba cómodo en su portabebé nada lo perturbaba, después de haber sido alimentado y cambiado con ropa fresca para enfrentar el calor, dormía profundamente. 
La camioneta en el camino cruzaba algunos pueblos rurales, donde había pequeños burros, animales de mucha utilidad en la campiña de Tumbes, era inevitable detenerse a ver la belleza de estos pequeños, Alida se quedaba ensimismada porque los animales parecían muñecos de peluches, salidos de algún cuento campirano. Sus cuerpos estaba cubierto de un suave pelaje de recién nacidos, era pequeños y hermosos. junto a sus madres formaban un cuadro que sobresalía en el campo. Los campesinos cuidaban mucho a sus animales pues estos era de gran utilidad en el trabajo del campo.  
Faltaban pocos kilómetros para llegar al bosque seco, alrededor del camino se podía ver algunos campos con sembríos de pan llevar, y otros productos que eran el sustento de los agricultores.
A la entrada del bosque seco la primera impresión era que los arboles estaban aparentemente sin vida, por doquier se veía árboles secos y sus ramas sin hojas pero esto es solo una característica porque en la estación de las lluvias el bosque recobra vida y se llena de verdor, es como si despertaran de un largo sueño, donde nada parece afectarlo. Alida estaba encantada caminaba al lado de Gervacio mientras este le daba unas lecciones de botánica con respecto a las características de estos árboles.
Gervacio decía -estos bosque son el producto de la adaptación de millones de años de la naturaleza al clima seco de la región en determinadas épocas del año, cuando empieza la estación de las lluvias florecen y se llenan de hojas para después guardar su energía para el siguiente año y sobrevivir a la sequía. Este lugar es el hogar de muchos animales y aves que buscan refugio en la época de lluvia cuando el bosque recobra vida, parece un bosque sin vida y es único en la región, se encuentra protegido como una reserva nacional.
Alida estaba impresionada nunca antes había visto algo así, recorrieron con Gervacio una zona extensa, cuando ya era la hora de regresar Sebastian cargado en su portabebé dormía, pero pronto sería la hora de su alimento y entonces había que regresar. 
En el camino de regreso Gervacio comentaba con Alida que toda esta región de Tumbes en el pasado  perteneció al reino de los Tumpis que primero fueron incorporados al dominio Chimú y después en el incario a la región del Chinchaysuyo y años más tarde fue en esta zona donde  los Trece de la isla  del Gallo al mando de Francisco Pizarro, clavaron su estandarte en la caleta de Cruz como símbolo de la conquista. 
Alida se sentía feliz con todo lo que conoció en su primera excursión, se llevó una buena impresión del campo y del bosque seco, además de un poco de la historia del pasado de la ciudad. 
El fin de semana fue tranquilo para Alida y Gervacio, estaban conociendo a los vecinos que vivían cerca y los saludaban amablemente. 
En la tarde de domingo cuando Alida salió, se encontró con Albertina la hija menor de Thelma, ella era la más amigable y conversadora de las hermanas, le comentaba sobre los vecinos, donde vivía cada uno  y todos sus comentarios al respecto eran amables, esto hablaba muy bien de ella. 
Mientras conversaban pasó cerca de ellas, doña Constanza, que era una señora de 85 años muy respetada por sus vecinos, todos la consideraban casi una institución en el vecindario. Ella pertenecía a una de las familias más antiguas de la ciudad.         
Albertina presentó a doña Constanza con Alida,  ambas se saludaron, ella  se sorprendió al ver a la señora que a pesar de su edad era una persona bastante fuerte,  completamente, lúcida y caminaba sin necesitar ayuda.  
Doña Constanza iba a visitar a Thelma como lo hacía cada tarde de domingo, ellas eran muy amigas.  Después de la presentación se despidió y siguió su camino hasta la casa de Thelma.  
Alida también se despidió de Albertina porque tenía  que hacer algunas compras, mientras Gervacio se quedaba con Sebastian. 
Las tardes de domingo solían ser tranquilas en la ciudad, era como si el calor dejara sin energía a la gente, todos preferían descansar para salir a pasear después de las cuatro de la tarde. A esa hora  la plaza principal se llenaba de gente que solía tomar refrescos en las distintas fuentes de soda que rodeaba la plaza para aplacar la sed. La ciudad a esa hora cobraba vida. 
Por esos días todos ya sabían que Alida y Gervacio eran los nuevos vecinos de la ciudad y vivían en los departamentos que Thelma alquilaba. 
Los días pasaban en una tranquila rutina, Alida había hecho amistad con Albertina y cada vez que se encontraban conversaban sobre su tema favorito,  el bebé Sebastian: que si había crecido. que si era un ángel, que dormía toda la noche, que estaba sanito y cosas por el estilo. No se le podía culpar, ella era una madre orgullosa de su bebé. 
Alida también hizo amistad con doña Constanza, cada vez que se encontraban en el parque o el malecón había un tema de conversación,  la señora conocía  bien la historia de la ciudad desde su fundación, su familia se contaba entre las primeras familias de la ciudad. 
Doña Constansa había tomado confianza con Alida, por eso una mañana paso a visitarla a su departamento, cuando tocó la puerta, Alida fue a abrir y se quedó sorprendida en como habia subido las escaleras. Doña Constansa se dio cuenta de la sorpresa de Alida y comentó -todavía puedo subir escaleras sin problemas, no te sorprendas querida,  ¿puedo pasar o interrumpo?- Alida se disculpó y la hizo pasar de inmediato.
Sebastian estaba en los brazos de su madre y doña Constansa dijo -es un bebé muy tranquilo, cualquier duda que tengas al respecto de su crianza cuéntame, yo te puedo ayudar con algunos consejos, tengo mucha experiencia con los bebés, he criado catorce hijos y todos están vivos-  de pronto la voz se le quebró, guardó silencio unos segundos, Alida se puso de pie y le alcanzó un vaso con agua para que tome y se reponga, con la expresión de tristeza en el rostro doña Constansa comenzó  a contar su historia:
-Eran otros tiempos, otra vida y las costumbres también eran diferentes, yo me casé muy joven y casi al momento comencé a tener hijos, como dije antes todos están vivos excepto el tercero que murió cuando tenía dos años. Mi tristeza y dolor eran tan grandes que no podía mantenerme en pie, cuando los vecinos venían a darme el pésame yo no quería hablar ni ver a nadie, entonces me metí bajo de la cama y ahí lloraba por horas. Mi esposo me disculpaba con todos y tuvo que ponerse fuerte para obligarme a salir. Él me decía, "tú no eres la única que está sufriendo y además tienes otros hijos que te necesitan" tuve que sobreponerme aunque nunca he olvidado a mi bebé. Desde ese momento me prometí que jamás volvería a perder un hijo y así fue-. 
Mientras doña Constanza contaba su historia no dejaba de llorar y Alida no sabia cómo calmarla, luego ella prosiguió -no te preocupes ya estoy más tranquila solo quiero decir que ningún hijo reemplaza a otro, si tienes alguna duda consultame yo te puedo ayudar- y entonces comenzó a darle recetas caceras  para aliviar el dolor de estomago y decía -si quieres que el bebe tenga la piel sana debes echarle maizena eso es lo mejor para él-  comentaba con tono de voz más calmado. Luego de unos segundos siguió comentando -entre los catorce hijos que tuve, en mi sexto embarazo nacieron gemelos que eran univitelinos eso me dijo el doctor, con ellos me pasa algo curioso, un gemelo vive aquí y ayuda a su padre en la chacra y el otro vive en Lima, cuando el gemelo que está aquí se siente mal, el gemelo que vive en Lima está enfermo eso siempre es seguro por eso yo me comunico de inmediato con Lima para saber cómo está- esto lo decía  calmada.             


Cuando doña Constansa  se despidió, Alida la ayudó a bajar las escaleras al principio ella se negó, pero Alida insistió, su temor era que podia tropezar o algo parecido y caer escaleras abajo.
 En su departamento de nuevo Alida no podía imaginar como era criar catorce hijos y no haber muerto en el intento, cada niño es un gran desgaste para la madre y el riesgo que ella  corrió fue muy grande. 
Doña Constanza lo había dicho eran otro tiempos, otra vida e indudablemente ella era muy fuerte. 
Alida sintió el deseo de comunicarse con su madre, cada tanto la llamaba para saber como estaba, su preocupación por ella era constante.
Al otro lado de la linea contestó su madre conversaron media hora, Alma estaba bien y muy tranquila por suerte para alivio de Alida.
Más tarde al llegar Gervacio a casa Alida le contó como había sido su día y la conversación que había tenido en la mañana con doña Constanza, Alida decía -no puedo comprender hasta ahora  como ha tenido tantos hijos, ella es una mujer muy fuerte y tiene mi admiración- Gervacio en esto le daba la razón. 

CONTINUARÁ