lunes, 22 de abril de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Cuando Amanda llegó a su casa ya había oscurecido, ella tuvo una larga conversación con su esposo en el hospital. Él tenía cierto temor de lo que iba ha suceder o de lo que podían encontrar en el interior de su cuerpo cuando lo operen. 
-Gerardo- le decía su esposa para tranquilizarlo -tienes que serenarte y pensar que todo va a salir bien, yo sé que nunca te han operado  pero vas a estar muy bien-.
-Amanda recuerda que no he sido operado por alguna enfermedad, pero te has olvidado del atentado que sufrí donde casi pierdo la vida, estuve dos horas en la sala de operaciones- contestó el esposo.
-Si, es cierto había pasado por alto ese episodio tan terrible, perdona no fue mi intención, solo quería que te sientas más tranquilo- dijo Amanda a modo de reflexión.   
El Sargento guardó silencio,  no sabía que contestar solo quería que todo termine pronto para que él pueda regresar de nuevo de nuevo a su hogar. Se entregó a las manos de Dios, solo él sabía lo que iba ha suceder.
Amanda dejó a su esposo un poco inquieto en el hospital, no podía hacer más por él, solo quería  que todo termine lo más pronto posible.  Ya en su hogar se sentó frente al teléfono, dudó un instante no sabía si llamar a sus hijos, después de unos minutos en silencio, dijo en voz alta  -ellos tienen derecho a conocer cual es el estado de salud de su padre y saber también todo sobre su operación-. Levantó el teléfono y llamó primero a Felipe su hijo mayor, luego hizo lo mismo con Andrés, ambos vivían en Los Ángeles y trabajaban en grandes empresas. Los dos eran ingenieros de sistemas. Por último llamó a su hija Lucy que vivía en Roma, era enfermera y trabaja en un hospital muy importante de la ciudad. A los tres le habló de la salud del padre sin crear alarma, pero fue inevitable, los tres se preocuparon y le hicieron muchas preguntas. Lucy lloró al otro lado de la línea, ella era muy cercana a su padre, los varones también se preocuparon pero mantuvieron la calma. 
-¿Por qué me llamas recién madre?- exclamó Felipe -debiste hablarme de la salud de mi padre desde el principio.
-Hijo, no podía decir nada al respecto, porque tu padre se oponía a que los llame, él ahora ignora que yo me estoy comunicando con ustedes para hablar de su operación y su salud en general. Tú conoces a tu padre y sabes que a veces puede ser muy terco- contestó Amanda para explicar la situación.
Los tres muchachos le reclamaron por igual y ella les comentó a sus hijos cual era la realidad  sobre la salud del padre.
Cuando terminó de hablar por teléfono, se sintió agitada y cansada de explicar a cada uno de los hijos la verdadera situación, por primera vez sintió miedo de lo que podía pasar con su esposo. Recordó los buenos tiempos y los momentos felices cuando estaban todos juntos en el hogar. Amanda y Gerardo habían recorrido un largo camino para llegar donde habian llegado. Criaron a sus hijos con dedicación y les dieron lo mejor de cada uno. Ahora los tiempos habían cambiado y se vivía más rápido. La familia tenía que adaptarse a los nuevos cambios, por ejemplo en el caso de su hija Lucy, era la única que estaba casada y por su trabajo de enfermera no podía disponer de  tiempo libremente, pero prometió a su madre que viajaría con su bebé que tenía recién un año de nacido, las cosas se complicaban para ella. Primero debía pedir permiso en el hospital, ella haría lo imposible para viajar y estar junto a su padre. Con los hijos varones era diferente, su trabajo era más flexible y podían viajar sin problema. 
No, sus hijos ya no eran niños, eran adultos que resolvían sus vidas, ellos debían estar enterados de la salud de su padre y la operación a la que iba ser sometido. Amanda respiró profundamente, deseaba que su esposo pase una noche tranquila y no piense demasiado en su enfermedad.
En el hospital al día siguiente Gerardo se despertó muy temprano, había tenido una noche más o menos tranquila, se sintió descansado y decidió no pensar más en su operación ni en su enfermedad, total dijo en voz alta -me entrego al cielo que Dios disponga-.           
Se levantó de la cama para pasear por el corredor quería hacer un poco de ejercicios, caminar era mejor que estar toda la mañana tendido en la cama. Como siempre después de almuerzo y en su hora de descanso vino a visitarlo la asistente Elia Ruiz para continuar con la historia que había captado todo su interés.
-Señorita Ruiz- comentó es Sargento -buenas tardes, gracias por venir a escucharme no sabe cuanto me ayuda a olvidar mi enfermedad-.
Elia Ruiz sonrió y tomó asiento en una silla cerca a la cama para seguir escuchando la historia del Sargento Gerardo Sánchez.
-Como le comentaba el día de ayer, yo deje a mi tía Carmina una carta para mi padre, con eso me quede más tranquilo porque él estaría al tanto de mi paradero. En otra oportunidad que salí del cuartel con permiso, coincidimos los dos en casa de la tía, pude abrazarlo y hablar con él. Después de ese encuentro no volvimos a vernos, para los dos fue difícil y complicado. En el cuartel lleve la vida de un recluta, cumplía con dedicación mis tareas y asignaciones, los meses pasaban rápido y se acercaba el fin de año, pronto terminaría mi vida en el ejercito. Una mañana el General me llamó a su oficina, yo me presente de inmediato ante él, seguro quería asignarme una tarea como en otras oportunidades pero estaba equivocado, está vez era diferente, su pregunta fue directa: -Sánchez ¿qué va hacer usted después de terminar su servicio militar?-.
-No sé mi General- conteste -todavía no lo he pensado- me encontraba  abrumado porque era la verdad, no había pensado todavía, lo que haría después de terminar el año. 
- ¡Qué piensa usted vivir eternamente en el cuartel!- refutó en voz alta el General.
Nervioso respondí -no, no mi General, sé que eso es imposible, mi ciclo en el ejercito termina a fin de año-.
-Entonces comience a pensar en su futuro inmediato, el tiempo no espera y la vida tampoco- contestó con autoridad y luego me pidió que me retire. Desde ese día comencé a pensar en mi futuro, el General tenía razón que iba hacer después de fin de año. En ese momento todavía no me daba cuenta que  él, sin proponérselo habia marcado mi destino. Para mí, lo que quedaba del año transcurrió rápidamente y llegó a su fin. Dentro del cuartel cada soldado había escogido un oficio para estudiar. Yo terminé como técnico electricista, tenía mi cartón con mi título en la mano y era muy gratificante, sabía que con eso podía ganarme la vida muy bien. En aquel entonces cada uno de los soldados terminaba con una libreta de ahorro donde el estado durante un año depositó dinero mes a mes, no eran  miles de soles, era una cantidad a manera de propina pero era suficiente para sentirse reconfortado. Me sentí bien, tenía una libreta de ahorro con dinero que me ayudaría a empezar algo. Cada uno de los reclutas terminó el año con su título de una carrera técnica y una libreta de ahorro. El día de la despedida el General se dirigió a nosotros en el patio central, todos estábamos correctamente uniformados y en fila. Habló en voz alta y nos dio palabras de aliento para nuestro futuro, nos dijo que el camino correcto era el mejor camino y que debíamos siempre actuar con pundonor, honradez y energía para dirigir nuestra vida. Luego que se despidió de todos, yo pedí hablar con él quería despedirme personalmente y agradecer haberme recibido en el ejército. 
Toque la puerta de su oficina para entrar, después del saludo de reglamento dije -gracias mi General por haberme recibido como recluta en el ejército. He aprendido muchas cosas nuevas que me van a servir en la vida, nunca voy a olvidar su ayuda y apoyo, espero haber estado a la altura de sus expectativas-.
-Sánchez, solo voy a decirle esto, vaya siempre por el camino correcto. quiero escuchar de usted solo cosas buenas y piense que va hacer de ahora en adelante con su vida. Puede irse usted tranquilo- Cuando terminó de hablar, yo me despedí y salí de su oficina con el ánimo en alto, sus palabras habían sido un aliciente para mi. Cruce por última vez el gran portón del cuartel, ya me había despedido de todos los amigos con los que había convivido durante un año. Con mi título y mi libreta de ahorro en las manos me sentía el dueño del mundo. Era un joven que todavía soñaba en que haría con mi futuro.


CONTINUARÁ                  
 

  
        
  
 

domingo, 14 de abril de 2024

TRES HISTORIAS...¡5,500 MSNM!

Amanda y su esposo caminaron por el pequeño jardín, era temprano y el clima estaba agradable. El sargento Sánchez se detuvo un momento frente a una urna  que estaba en la pared con la figura de la virgen de Fátima 
-Amanda- comentó extrañado -yo recuerdo que este jardín era más grande, han construido un pabellón nuevo al costado y se han llevado un pedazo de jardín, lo único que permanece igual es la urna con la virgen que está en la pared. Esto es lamentable, un jardín siempre es necesario para que los enfermos puedan caminar y estar al aire libre- dijo con pesar el sargento y observaba todo a su alrededor.
-Si Gerardo, tienes razón, yo también he notado que el jardín a perdido varios metros es una lástima pero ¿Qué podemos hacer?, tal vez era necesario la construcción de ese pabellón para albergar más pacientes. Ahora es mejor que regreses a tu habitación, comienza a enfriar y tú no puedes enfermarte ni siquiera con gripe, si esto sucede tu operación  va a demorar más. Seguro el doctor mañana muy temprano cuando venga a revisarte, dirá la fecha de tu operación, ya no pueden demorar más días- finalizó.
Gerardo Sánchez entró en su habitación murmurando fastidiado por la situación, el era un paciente de riesgo, entonces  por qué de la demora no podía comprender. Al meterse en la cama preguntó  a su esposa si todo en la casa andaba bien, preguntó también por algunos vecinos y amigos. Todos ellos le mandaban saludos, estaban preocupados por él pero confiaban que todo terminaría bien y él estaría  muy pronto de regreso en su casa. 
Amanda se despidió de su esposo al terminar la hora de visita y salió despacio de la habitación, él dormitaba y no quería molestarlo. Al día siguiente muy temprano lo visitó el doctor como le había advertido su esposa, el Sargento no pasó una buena noche, se despertó  varias veces y se sentía cansado. 
-Buenos días Sargento Sánchez- saludo el doctor.
-Buenos días doctor, sabe usted si ya tengo la fecha de mí operación- la pregunta del Sargento fue directa.
-Si, ya tenemos la fecha de operación, es el día jueves de la próxima semana. Se han demorado un poco en darnos el día porque este es un hospital muy grande y hay varias operaciones esperando- el doctor terminó de examinar a su paciente y comentó -no hay cambios en su salud debemos cuidarnos para el día de la operación- se despidió amablemente y se retiró.
Gerardo Sanchez se quedó tendido en su cama, cuando llegó el desayuno solo comió un poco de avena, tomó el café con leche y un pan, la comida de hospital no le gustaba.
Ahora que ya tenia la fecha de su operación, sintió algo de temor, no sabía que podían encontrar en su cuerpo o que andaba mal en su interior. Decidió no pensar más en ello, era mejor esperar para saber  la verdad. 
No se levantó toda la mañana estuvo ocupado leyendo una revista que le había traído su esposa ésta tenia varios artículos interesantes y resolvió algunos crucigramas que lo entretenían. 
Después del almuerzo Elia Ruiz tocó la puerta de la habitación y entró saludando: -buenas tardes Sargento ¿cómo está?- preguntó.
-Señorita Ruiz adelante, ya la estaba esperando para continuar con la historia de cómo me fue en el cuartel-.
-Gracias, por permitir que escuche sus relatos, realmente estoy interesada en saber cómo termina todo- contestó Elia y tomó asiento en una silla cerca a la cama. 
El Sargento sonrió y dijo -como le comentaba, yo era un recluta muy responsable y cumplía con mis obligaciones sin dudar. El general pasaba revista todas las semanas y debíamos estar bien presentados e impecables, en la formación. Los tres primeros meses de reclutamiento no podía salir del cuartel, yo pensaba en mi familia y lo preocupados que debían estar al no saber nada de mi existencia por eso el primer domingo que tuve permiso para salir en la tarde a pasear por los alrededores yo me dirigí de inmediato a la casa de mi tía Carmina que era prima de mi padre. Ella vivía a las afueras de la ciudad, sabía que mi padre la visitaba de vez en cuando. Mi tía y su esposo se dedicaban a la fabricación de baúles forrados en cuero y labrados con bellas imágenes, eran verdaderas obras de arte, es lo que llamamos baúles repujados en cuero. Podían hacer baúles desde los más grandes hasta los más pequeños que se usaban como joyeros, los fabricaban solo a pedido y les iba muy bien. A mi tía Carmina le comenté que es lo que estaba haciendo y donde estaba viviendo, ella se sorprendió cuando le dije que estaba en el cuartel, no imaginó que hacia el servicio militar. Le dije además que si mi padre venía a visitarla le diga  que me habia visto y estaba bien,  que no se preocupe por mí. Le dejé una carta escrita para que se la entregue. Con esto me quedé más tranquilo al saber que él recibiría una carta con noticias de su hijo. Mi madre sabría que yo estaba vivo.
Con la carta que entregue a mi tía tuve un gran alivio, regrese al cuartel temprano para seguir con mi entrenamiento y mis clases. 
-Su padre fue a visitarlo en algún momento- preguntó Elia.
-No señorita, él no fue a visitarme, no eran fáciles las visitas, nosotros éramos reclutas y los domingos podíamos salir a visitar a nuestras familias. Como puede comprender para mí no era nada fácil llegar hasta mi hogar por la altura y la distancia en la que vivían y para mi padre también era difícil venir a la ciudad. Tengo que decir que tuve la suerte de coincidir un domingo con él y uno de mis hermanos  en casa de la tía Carmina, fue muy emotivo el encuentro después de varios meses sin vernos. Hablamos toda la tarde de como era mi vida en el cuartel y de cómo fue que logré entrar gracias a la buena voluntad del General. Nos despedimos con la esperanza de volvernos a ver pero no fue así, para mí era cada vez más difícil y supongo que para él también. En ese momento todavía no sabía como sería mi vida más adelante y que decisiones tomaría a futuro.       
-Señor- dijo Elia  -seguro que su padre lo extrañaba, usted era el mayor de sus hijos hombres y su ayudante en el trabajo-.
-Si, eso es verdad pero debo decirle que más adelante mis hermanas darían la sorpresa y ayudarían a mi padre en el trabajo de esquilar a los animales. Ellas no se quedaron atrás y mi hermana mayor Rosita se convirtió en una experta en cortar la lana de las alpacas, todas mis hermanas ayudaban cuando los varones mayores nos fuimos y los que se quedaron eran muy pequeños para realizar el trabajo.
-Que bueno que todas ayudaban con el trabajo-.
El descanso terminó para Elia, como siempre se despidió y Gerardo Sánchez se quedó a solas se preguntaba porque su esposa no llegaba ya era la hora de visita y era raro en ella no venir a visitarlo. 
Amanda estaba terminando un trabajo que una colega le había pedido cuando llegó de visita su hermana Nora, estaba feliz y radiante ¿Qué sucedía para que ella demuestre tanta felicidad?
-Amanda preguntó a su hermana-
-Tengo que contarte- respondió Nora -mi paciente Gracia Domínguez ha tenido ayer su bebé, es un lindo varón muy saludable y de casi cuatro kilos de peso, fue por cesárea, como el doctor Arena dispuso. No te imaginas la alegría que tiene toda su familia. La madre de Gracia fue la que me llamó para contarme, yo la felicité por el recién nacido y mande saludos a la madre del niño.
Amanda se puso seria y preguntó -¿tu otra paciente cómo está?
-Te refieres a la joven de dieciséis años- contestó Nora y suspiró profundamente -ella sigue adelante con su embarazo a estas alturas no hay nada más que hacer, pero en su momento voy a hablar con ella sobre su decisión de dar al bebé en adopción-     
- Tienes razón no se puede hacer más por la joven. En cambio siento mucha felicidad por el nacimiento del niño y la alegría de la familia de Gracia, pero ahora tengo que irme al hospital, ya voy con  retraso para el horario de visita-. Las hermanas se despidieron, Amanda tomó un taxi era lo más rápido para llegar a tiempo al hospital.
Llegó faltando veinte minutos para que se acabe las visitas, los esposos conversaron sobre los pormenores de la operación que sería la próxima semana y Amanda mientras Gerardo hablaba sobre el tema y la mala noche que había pasado, ella pensó que era el momento de llamar a sus hijos para hablarles sobre la salud de su padre y la operación que iba a tener.                                   


CONTINUARÁ        

 

domingo, 7 de abril de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Caminé detrás del soldado que me conducía hasta la oficina del general,  no tenía la menor idea de como me recibiría el oficial superior que comandaba el cuartel. 
El soldado al entrar en la oficina saludó al general: -Mi general aquí traigo al joven de la puerta- unos segundos en silencio y luego ordenó que me hagan pasar. Al recibir la orden yo entré y estaba parado frente al escritorio del oficial superior. El general al verme frente a él dijo en voz alta -¿Qué es lo que usted pretende? ¡morir en la puerta del cuartel! o pretende armar un escándalo! , al decir esto último, golpeó con fuerza su escritorio. Yo apenas pude pronunciar unas palabras -Señor, yo solo deseo hacer el servicio militar, es una súplica- El general me miró fijamente y contestó molesto -no te has enterado que las inscripciones para el servicio militar se cerraron hace unos días. -Señor, supliqué, por favor no me deje en la calle, yo tengo una gran voluntad de servir a mi patria-. 
Elia Ruiz la asistente que escuchaba la historia del Sargento Sánchez no lo interrumpía, ella seguía con atención sus palabras. 
El general se puso de pie y dijo con energía -¿Qué ha creído usted?, que esta es una institución de caridad! ¡Qué recoge a todo aquel que se sienta en el portón! ¡Esto es un cuartel militar gráveselo bien! finalizó. -Señor- volví a suplicar con voz temblorosa, -yo quiero servir a mi patria, es un sincero deseo, el ejército no me puede dar la espalda-. La habitación se quedó en silencio, fueron segundos de tensión, no sé si el general se compadeció de mí al verme famélico y pálido o tal vez le llamó la atención de verse frente a un muchacho que quería hacer el servicio militar voluntariamente. El oficial superior dio unos pasos en silencio por la habitación, luego llamó a su secretario -Capitán Gonzáles venga a mi oficina- el capitán presuroso entró en la oficina y dijo -mande usted mi General-. Yo me encontraba a la expectativa de sus palabras, no sabía si me iba aceptar o iba a mandar llamar refuerzos para que me saquen a la fuerza del cuartel de sus palabras dependía mi futuro. Señalándome con el dedo dijo -aquí tenemos a un nuevo recluta ponga su nombre en la lista, explique al comando que hubo un error y su nombre fue olvidado pero ahora se ha corregido el error. Entréguele un uniforme e indíquele en cual de las barracas va a dormir. No podía creer lo que escuchaba, el general había dado la orden de recibirme en el cuartel, estaba sorprendido y no sabía como agradecerle el que me acepte como recluta. Por toda respuesta el General contestó -vaya con el capitán Gonzáles, él le va indicar donde ir y lo que tiene que hacer-. Salimos los dos de la oficina, seguí al capitán, entramos al almacén donde se guardaban los uniformes, me entregó el mío además de un par de botas y ropa de cama, luego me señaló el camino y dijo -sígueme-. Mi barraca era la última de una  fila de cinco barracas, entramos en ella y el capitán me indicó el catre donde dormiría. Antes de salir me ordenó -báñate, ponte el uniforme y preséntate en la cocina-. No repliqué ni dije una sola palabra pero estaba sorprendido, la orden era presentarme en la cocina. Cuando me quede a solas obedecí la orden del capitán, tal vez en la cocina podía comer algo, realmente moría de hambre. Cuando estuve listo y uniformado, me dirigía a la cocina un soldado me detuvo, -debes ir primero a la peluquería ahí te cortaran el pelo- cambie mi rumbo y llegué a la peluquería, efectivamente me esperaban para el corte de pelo como dice el reglamento. Después del nuevo corte de pelo, sentía mi cabeza más ligera, me habian rapado casi a coco, sonreí al verme en el espejo casi no me reconocía, agradecí al peluquero y salí del lugar para ir rápidamente a la cocina. Me presente ante el cocinero en jefe que al verme me ordenó -en esa esquina están las papas que tienes que pelar- gire sobre mis pies y vi un cerro de papas que me esperaban, no protesté ni me queje en lo absoluto, me había prometido a mí mismo ser un buen soldado y obedecer las ordenes que me daban, me senté en un banco y comencé  a pelar papas una tras otras sin quejarme, al terminar los dedos y las palmas de la mano me dolían. El cocinero me ordenó lavarlas y tenerlas muy limpias dentro de unas grandes ollas. Pase tres días pelando papas por orden directa del general, yo creo que el deseaba ponerme a prueba. En la mañana de ese día no pude comer nada, tenía que esperar la hora de almuerzo, ayude en algo en la cocina y después me mandaron donde el sargento que seria mi instructor. Llegué a su oficina, el cuartel era muy grande tuve que caminar dos cuadras, me presente con mis nombres y apellidos de ahí en adelante sería llamado Sánchez, solo por mi apellido, al medio día llegó la hora de almuerzo, comí con desesperación, el hambre me perforaba el estómago, en la tarde me presentaron en el patio como el nuevo recluta algunos se sorprendieron porque habían pasado varios días de haber cerrado el ingreso al cuartel pero mi historia no debía saberla nadie esa era una de las condiciones del general. Por todo argumento yo sostuve que me habían trasladado de otro cuartel y no sabía el motivo. Con el paso de los días me hice parte del regimiento y no llame más la atención. Lo que si puedo asegurar es que me convertí en el recluta más esforzado. A la hora del entrenamiento yo era el que más ejercicios hacía, el que más se aplicaba en los estudios y en el turno de hacer mis guardias era atento y muy avispado. Sabía que el general preguntaba por mí, debes en cuando y yo quería demostrarle toda mi gratitud por haberme dejado entrar. Con el paso de los días también extrañaba a mi familia, pensaba en ellos, lamentaba no poder comunicarme y contarles donde estaba, para ellos yo había desaparecido.                             
Mi vida ahora era el ejército y no saldría del cuartel pasado lo tres meses, eso en algo me aliviaba porque los domingos nos darían un descanso. Cuando fui conociendo más al general me di cuenta que era un hombre recto, un hombre a carta cabal, él honraba el uniforme que llevaba. Dirigía el cuartel con mano firme pero justa y sin problemas que pudieran manchar el uniforme.
Hice amigos dentro del cuartel, hubo el bautizo de recién ingresado pero nada grave, cumplía las ordenes que me daban y no tenía problemas con los horarios de levantarme al amanecer o hacer mis guardias como se esperaba. En los estudios cumplía con mis asignaciones y no dejaba de estudiar. Dentro del cuartel tenía una vida ordenada y estricta.
Elia Ruiz le sirvió al Sargento un vaso con agua se lo entregó diciendo -creo que por hoy es suficiente Sargento mi descanso ya termina y debo ir a mi oficina a seguir con mi trabajo, agradezco sus palabras- finalizó.
-Las gracias se las doy yo por escucharme- comentó -mañana continuaremos con la historia.  
-Señora Amanda buenas tardes- saludó Elia al ver entrar a la esposa del sargento, ya me despedía de su esposo. 
Amanda sonrió y también saludó, Elia era una joven formal y educada: -Gerardo veo que estás de mejor ánimo, no estás hablando demasiado, recuerda que debes reposar en las tardes.
-No Amanda, estar todo el día en esta cama es lo que me va a matar, ayúdame a levantar y dar unos pasos por el corredor eso me va aliviar. Amanda ayudó a su esposo a levantarse, salieron a caminar por el corredor hacia un pequeño jardin. el aire fresco de la tarde despejo su frente. 
-Amanda ya sabes cuando tengo la fecha de mi operación- pregunto el Sargento.
-No todavía no se nada al respecto pero debemos estar preparados en cualquier momento nos indican cuando es el día. Nora te manda muchos saludos, ella quiere venir a verte pero el problema es que solo dejan pasar a una persona- comentó Amanda
Gerardo Sánchez no contestó, el apreciaba a su cuñada pero a veces era un poco insistente con sus preguntas y él ahora solo deseaba paz y serenidad.


CONTINUARÁ
   
  

 

lunes, 18 de marzo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Nora estaba realmente preocupada su timbre de voz sonaba desesperado y agitaba las manos nerviosa.
-Disculpa hermana que interrumpa tu tranquilidad pero es importante este tema. Antes de empezar cuéntame ¿cómo está tu esposo ya tiene fecha para su operación?-
-No, aún no tiene fecha de operación,  supongo que en estos días deben darle una fecha. Su estado es el mismo de hace unos días- contestó Amanda a su hermana.
-Todo va salir bien para Gerardo, él siempre ha sido un hombre saludable- luego agregó- Ven vamos a la sala para sentarnos y conversar sobre el caso que ha llegado a mi consulta hoy día en la mañana. Yo terminé de atender a una paciente, pasaron cinco minutos y entró una joven para pedir consulta. Le dije que tome asiento y después de acomodarse en la silla, comenzó a llorar, hasta ese momento no sabía que pasaba, experimenté desconcierto pero deje que se desahogue y ya más calmada comenzó a explicarme su situación. El caso es que tiene cinco meses de embarazo y ella no puede quedarse con la criatura.
-Nora- dijo Amanda -recuerda, nosotras traemos vida, no lo contrario-.
-No, no es lo que te imaginas, ella no desea interrumpir su embarazo, ella quiere dar la criatura en adopción. Su caso es más complicado de lo que parece porque el resultado de este embarazo no deseado es que fue tomada por la fuerza. Cuando ella le explicó a su madre, está no creyó en sus palabras y la despidio de su casa, una tía hermana de su padre la recibió y está viviendo con ella. La joven está realmente desesperada y no sabe a donde ir-.
Amanda estaba pensativa y en silencio escuchaba a su hermana sobre este caso que es más común de lo que dicen las estadísticas -Nora- dijo Amanda -es cierto que existen muchas parejas que no pueden tener hijos y deciden adoptar. Todo lo que hagas, debes hacerlo por la vía legal para que no tengas problemas en el futuro  ¿La joven ha dicho quién es el padre?-.
-No, no dice quien es el padre pero yo sospecho que es un pariente por la gravedad de sus palabras y  peor aun, ella no tiene padre. Él dejó la casa cuando era pequeña, está sola y no tiene quien vea por ella. Yo recuerdo que tú hace unos años tuviste un caso parecido y también el niño fue adoptado-
-Si, tuve un caso parecido, pero está joven fue tomada a la fuerza por un adulto que era su vecino, te imaginas el terror que sentía. El niño que dio en adopción actualmente vive feliz con sus padres que lo aman y lo tienen bien cuidado. El único detalle con este caso, es que el niño no sabe que es adoptado, sus padres no le han dicho pero bueno ese es otro tema. Lo que te puedo aconsejar es que dejes que continúe su embarazo hasta el final y luego la conectes con la fundación que se dedica en forma legal a las adopciones para que puedas estar tranquila tú y la joven, que la criatura va estar bien en un hogar que lo ama-.
-Si eso voy hacer, ya he hablado con ella para que se tranquilice y tú debes darme la dirección de la fundación para ponernos en contacto y saber que pasos legales vamos a seguir-.
-Si, no te preocupes, voy a traer mi agenda para darte la dirección y el teléfono, ellos son personas comprensivas y responsables que van a tomar el caso con la seriedad necesaria-.
Amanda le proporcionó la dirección a su hermana, ésta la guardó en su bolsillo y se despidio -sé que debes estar cansada pero te agradezco que me hayas escuchado y ayudado con tus palabras, yo estaba desconcertada con este caso, me pongo en el lugar de la joven-. termino de decir Nora. 
Las hermanas se despidieron, Amanda se quedó sola en su hogar, no podía dejar de pensar en la difícil situación de la joven y no podía comprender la reacción de la madre que la arrojó a la calle de manera tan cruel.
Dos de la madrugada en el hospital, Gerardo no podía dormir pensaba en su enfermedad y trataba de no sentir temor, él sabía que la noche no era buena consejera si no todo lo contrario. Cerró los ojos y se obligó a dormir, recién lo consiguió a las cuatro de la mañana, una hora más y comenzaría el amanecer. Desayuno unas tostadas y fruta, no tenía mucho hambre, una enfermera le dijo -señor Sánchez debe comer más para no debilitarse a la hora de la operación -. Movió la cabeza en señal de aceptación y sonrió a la enfermara dando la gracias. Las horas de la mañana pasaron lentamente. Después del medio día apareció la asistente Elia quería que el Sargento Gerardo Sánchez continúe con su historia la que le había interesado en demasía. 
-Sargento Sánchez, ¡buenas tardes! usted dirá que vengo a importunarlo pero me interesa saber como su historia se resuelve hasta el final-.
-Señorita Ruiz, no se preocupe yo le agradezco que quiera escuchar mi historia, que es real. Recuerdo que me quedé cuando estaba frente al cuartel, yo toqué el portón y al soldado de guardia le pedí que me deje entrar porque quería hablar con el jefe del cuartel. El soldado me contestó 
-¿Quien eres tú para querer hablar con el general? él no te va recibir, es mejor que te vayas-. Yo le dije que deseaba hacer el servicio militar y él se rió en mi cara  -el servicio militar, las inscripciones se cerraron hace una semana ¡vete de una vez!, ya te dije, el general no te va a recibir-. cerró con fuerza la pequeña ventana del portón y no me dejó explicar nada. Acto seguido me senté en el suelo pegado al portón, de ahí no me movería nadie, estaba decidido hablar con el general de cualquier manera. Tenía unos pocos soles en el bolsillo y dos panes en una bolsa, ese era todo mi capital. Pasaron dos horas, el soldado de guardia abrió la ventanita y al verme volvió a decir  -¡vete ya! ¡te he dicho que el general no va a recibirte!- Yo me puse de pie y casi le rogué que me lleve donde le general, pero él por toda respuesta me cerró la ventanita en la cara. Estaba desolado pero decidido, me senté de nuevo en el suelo y espere y espere hasta que casi era de noche. Hubo cambio de guardia y tuve algo de esperanza de que me dejen hablar con el general, pero estuve equivocado este soldado era igual que el anterior, no me dejaba pasar para hablar con su superior. Pase la noche apoyado en el portón casi me congelaba, el abrigo del poncho que traía no era suficiente, la temperatura había bajado a cero grados y yo estaba congelado, pensé que iba a morir. Al día siguiente el sol de la mañana comenzó a calentar mis huesos y sentí que la vida regresaba a mí, después de temblar de frío toda la noche, tuve algo de alivio. Para mi buena suerte paso un panadero vendiendo pan en su triciclo, compre algunos panes, ese era mi único alimento, no estaba dispuesto a moverme del lugar. De nuevo un soldado abrió la ventana del portón -¡vete ya! ¡no puedes hablar con el general! grito y cerró la ventana. Pase tres días con sus respectivas noches sentado en el piso y apoyado en el portón, al cuarto día pensé que estaba muerto cuando de pronto se abrió el gran portón. Un soldado renegando me dijo -pasa, el general te va atender- escuché esas palabras y pensé, ¡Por fin!  ¡gracias al cielo!. Respire aliviado.


CONTINUARÁ          
              

 

domingo, 10 de marzo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,5OO MSNM!

Mientras bajaba por el camino de la montaña pensaba en la tristeza de no despedirme de mis hermanos. Siempre habíamos estado unidos y ahora era yo el primero que se iba. Todavía tenía el rostro de mi madre llorando ante mi. Mi padre en todo momento guardó la calma pero al salir de la casa me dio un beso en la frente y dijo: 
-cuídate, no voy a estar cerca para apoyarte. Siempre se un hombre recto-.
El camino que me esperaba era largo, entonces abrí el pequeño atado de comida que me dio mi madre y tomé una papa, la mordí con avidez, tenía hambre. De cada uno de mis hermanos guardo muchos recuerdos, en ese momento todavía habían tres hermanos pequeños y un bebé que era el engreído de todos. Yo solía cargarlo y abrazarlo para que no tenga frio. En el camino me encontré con algunos vecinos pero nadie sabía que me iba de casa, todos imaginaban que salía por algún encargo de mi padre. Cuando me cansaba de andar me sentaba sobre alguna roca, tenía que ser cuidadoso con la comida porque debía durarme hasta llegar a la ciudad. Pasar la noche era lo más duro, el frio bajaba hasta cero grados y yo a la intemperie temblaba, me dolía la cara y las manos. Temía congelarme, pero gracias a Dios no sucedió. A esas alturas el frio es brutal. Me demoré dos días y medio en bajar de la montaña y llegar a la ciudad del Cuzco, me parecía que estaba en otro mundo, por suerte el día estaba lleno de sol y me calentaba. La  verdad, no era la primera vez que bajaba a la ciudad. En dos oportunidades acompañé a mi padre  para vender la lana. Él confiaba en mí, yo era el mayor de sus hijos hombres. La mayor de todos era mi hermana Rosita. Al comienzo caminé sin rumbo y un poco desorientado, no sabía que iba ha hacer ni donde trabajar. Me acerqué a una panadería y compré algunos panes, ya no tenía comida pero aproveché la oportunidad para preguntar si necesitaban un muchacho para trabajar Un hombre robusto me atendió y dijo que necesitaban un joven para la limpieza, de inmediato me ofrecí y me aceptaron, al menos ese día tendría donde comer. Trabajaba en la limpieza y en las noches hacía guardianía. Tenía un techo y una paga asegurada, los lunes descansaba y salía a pasear por la ciudad, dentro de mí había algo que me llevaba a necesitar algo más. Estaba contento con el trabajo, no podía quejarme pero sabía que no sería para siempre. Una tarde del día de mi descanso, paseando por la ciudad me paré frente a un cuartel, no lo pensé dos veces, ese sería mi siguiente paso y también sería mi último día de trabajo en la panadería, al día siguiente estaba parado frente a la puerta del cuartel pidiendo al soldado de guardia hablar con el jefe del cuartel. No sabía lo que me esperaba, mis amigos de la panadería cuando se enteraron que me iba me decían que era un loco, como quería presentarme en el cuartel. Yo mismo no sabía lo que me esperaba solo actúe y nada más. 
Elia Ruiz interrumpió al Sargento -disculpe señor Sánchez mi hora de descanso ha terminado pero como siempre, le prometo que regreso mañana a la misma hora, su historia me tiene atrapada-.
Gerardo Sanchez sonrió - estaba bien señorita, me alegra que mi historia le interese-.
Ya solo en su habitación se preguntaba porque su esposa no llegaba a la hora de visita, seguro su hermana Nora la tiene ocupada. El Sargento conocía a su cuñada, sabía que a veces podía ser una pequeña plaga pero la estimaba y pasaba todo por alto.
El esposo de Amanda no se equivocaba Nora estaba con su hermana preguntando sobre la salud de su cuñado y que opinaban los doctores al respecto.
-Nora, Gerardo tiene que ser operado, van a separar la sala de operaciones, pero hay varios pacientes antes, tenemos que esperar un poco. Tiene un cáncer en primera fase, de eso no sé más- contestó Amanda a su hermana.
-Que tremenda situación pero todo va salir bien, Gerardo es un hombre fuerte que ha llevado una vida ordenada por lo tanto va ha curarse, con los nuevos tratamientos los pacientes se curan y pueden llevar una vida normal- decía Nora para tranquilizar a su hermana. 
Amanda suspiró profundamente, tenía fe y esperanza que así sería, ella no pensaba en nada negativo. 
-Nora- agregó Amanda -¿cómo está Gracia tu paciente?, supongo que ya solo le quedan días para que salga de cuenta. ¿El doctor Arena la va operar? preguntó al final.
-Gracia Martínez está bien y solo le falta una semana para cumplir los nueves meses. El doctor Arena la va operar de todas maneras para evitar cualquier percance. Ahora tengo otra paciente que va muy bien y ella está dentro del rango normal de fertilidad así es que decidió tener su bebé en casa, todos sus registros de salud están perfectos y el bebé se encuentra colocado, no creo tener ningún problema a la hora del parto. Pero nunca hay que bajar la guardia, un parto siempre lleva algún riesgo que hay que controlar y evitar-. 
-Hermana me alegra que estés feliz con tu nueva paciente y que Gracia Martínez esté en manos del doctor Arena, él es un especialista en su campo y además muy humano a la hora de tratar a sus pacientes- exclamó Amanda -ahora debes perdonarme pero tengo salir para visitar a mi esposo, debe estar solo y preocupado porque yo no llego-.
Nora se apresuró a despedirse de su hermana y salió de su hogar para que Amanda pueda ir más rápido de visita al hospital.
En su habitación estaba el Sargento Sánchez, solo y pensativo cuando entró su esposa: -querido ¿cómo estas?, saludó.
-Bueno que puedo decir en estás circunstancias, trato de no derrumbarme para no enfermar mis nervios, lo que si puedo asegurar es que no siento dolor ni molestias. Estoy pensando ¿ no se habrá equivocado el laboratorio con mis exámenes?- terminó de hablar.
-No creo- dijo Amanda - estos son exámenes profesionales y serios, además en días anteriores te has sentido realmente mal-.
-Si... es verdad, he sentido malestar y debilidad-.
-Ten paciencia Gerardo, todo va salir bien. Además quiero preguntar si debería avisar a nuestros hijos sobre tu estado de salud- comentó la esposa. 
El Sargento Sánchez no espero un segundo para contestar: -Amanda ya hemos hablado de ese tema, no deseo molestar a nuestros hijos, ellos están bastante ocupados con sus trabajos y su vida. No debes decir nada por favor-
Para no exasperar más a su esposo Amanda no insistió, era mejor no ponerlo nervioso o de mal humor. Gerardo podía ser muy necio muchas veces. Al final pensó que ella tomaría la decisión en su momento si avisaba o no a sus hijos sobre el estado de salud del padre. 
Luego Amanda pasó a otros temas de conversación para distraer a su esposo, era mejor no hablar de la enfermedad y mucho menos de la  operación. Tenían que esperar que le den la fecha para operarlo mientras tanto se debía hablar de otros temas. 
Al final del horario de visita su esposa se despidio de Gerardo. Él más tranquilo le comentó.
-Debes comprender porque no deseo molestar a nuestros hijos, ellos nada podrían hacer viniendo a verme desde tan lejos y con sus trabajos del día a día es peor aun-
-No estoy de acuerdo contigo, ellos deben estar al tanto sobre tu salud pero no te preocupes no voy a decirles nada como tú lo deseas-.
Amanda se despidio de su esposo y en el camino de regreso a su casa pensó en todo lo que habian vivido y pasado  juntos, ahora se encontraban ante una nueva situación de la que saldrían bien, de eso estaba segura.
No había pasado ni media hora de haber llegado a su hogar cuando Nora su hermana llamó a la puerta.
-Amanda se que has llegado hace poco pero necesito hablar contigo sobre un tema que es importante, no quiero molestar pero no puedo esperar hasta mañana, Necesito saber tu opinión sobre este tema-.
Amanda a veces no podía soportar las premuras de su hermana, ¿por qué necesitaba su opinión? si ella era una profesional competente. ¿Qué le iba a decir o de qué se trataba el tema tan importante qué no podía esperar?


CONTINUARÁ        
       

  

 

domingo, 3 de marzo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5500 MSNM!

El doctor Montes saludó a los esposos y primero examinó al paciente antes de hablar sobre los resultados del laboratorio. Su seriedad ponía nervioso al Sargento Sánchez. Amanda su esposa guardaba la calma, ella estaba acostumbrada a trabajar con los doctores y sabía que ellos debían estar concentrados en su trabajo para poder diagnosticar con acierto. 
Al terminar el examen físico del paciente el doctor por fin habló.
-Según los resultados del laboratorio y los exámenes, debemos operar para hacer una exploración interna, hemos detectado un cáncer incipiente.
-Doctor- interrumpió el paciente -dígame toda la verdad, yo prefiero estar preparado para lo que venga-.
-Calma déjeme terminar de hablar para poder explicar bien cual es su cuadro clínico y no sé preocupe, usted exige la verdad y yo voy hablar con la verdad sobre su estado. Como decía vamos a operar y ver la realidad de su salud. No se preocupe usted, va estar informado en todo momento, ahora es necesario prepararlo para la operación y empezar un tratamiento para combatir esta enfermedad, todo va estar bien- El doctor se despidio del paciente y su esposa y salió de la habitación.
Gerardo Sánchez estaba inmóvil y mudo con la noticia, había sido demasiado para él, jamás pensó en un cáncer siempre pensó en algo menos fatal. Su esposa lo consolaba,     le decía que iba a estar bien,  
-En nuestro días la medicina está muy avanzada y hay cura para este mal, por favor no pierdas la fe, porque esa actitud es parte de la sanación- finalizó.
-Sí, tienes razón, debo mantener la serenidad- contestó el esposo y a los pocos minutos se quedó dormido.
Amanda aprovechó la oportunidad para salir de la habitación y buscar al doctor, ella necesitaba la verdad sobre el estado de su esposo. Lo encontró en el pasillo y fue directa al preguntar -¿doctor necesito saber la verdad sobre la salud de mi esposo, dígame usted cómo realmente se encuentra-.
-Señora Amanda, tranquila su esposo no esta en una fase terminal ni grave, pero debemos actuar, con la operación vamos a tener un diagnóstico más seguro. No se preocupe, usted debe transmitir a su esposo calma para que él este en todo momento con buen ánimo, eso lo ayuda a prepararse para la operación- el doctor no tenía más que decir y se despidio. 
Amanda regresó junto a su esposo, él dormía y ella se quedó a su lado un tiempo, dentro de poco terminaría la hora de visita y tendría que despedirse, pero no lo quería despertarlo, se marcharía en silencio.
A los minutos que su esposa se fue, Gerardo Sánchez despertó, sobre el velador encontró una nota que decía -querido no te desperté porque es necesario que descanses y trates de no pensar en lo que dijo el doctor, todo va salir bien y pronto vas a dejar el hospital y regresar a la casa de nuevo. Regreso mañana como siempre. Un beso-
No, no iba a pensar en las palabras del doctor, era demasiado para él y no quería angustiarse. Las horas pasaban y en medio de la noche sintió miedo y terror, ¿cómo era posible que sus exámenes dieran con esa enfermedad'. Era humano sentir miedo, él lo sabía, la oscuridad de la habitación no era buena consejera, toda su vida pasaba ante él y no podía remediarlo. Luchó para que vuelva el sueño y recién logró dormir a las tres de la mañana.
Al día siguiente cerca del medio día llegó la asistente Elia Ruiz, estaba de nuevo en su hora de descanso, no sabía si el Sargento quería seguir con su historia, después de todo lo que había dicho el doctor.
-Pase señorita, no se preocupe por mí, el seguir con mi historia despeja mi mente de preocupaciones y miedos.
-Disculpe señor Sánchez, tal vez venga otro día, no deseo que se esfuerce- contestó Elia.
-No, ahora es mejor seguir con mi historia, después de operado no voy a poder hablar. Como seguía diciendo era mejor esperar que mi padre y mis hermanos comencemos a trasquilar a los animales, mi sueño podía esperar unas semanas más. Trabajé con dedicación para ayudar a terminar rápido el trabajo.
El mercader como siempre llegaba puntual para comprar la fina lana de los camélidos. Cuando se terminó el trabajo  todos podíamos descansar y respirar más tranquilos. Era el momento de hablar, mi padre estaba de buen ánimo por la venta de la lana y el precio que le dieron. Solo yo tenía que buscar un instante a solas para tocar el tema, no sabía cual iba a ser su reacción-.
-Sargento, ¿le tenía miedo usted a su padre?- preguntó Elia.
-No, miedo no, respeto. Mi padre necesitaba a todos sus hijos para las tareas del trabajo. Un hijo que se iba eran menos brazos para las tareas del campo. Una semana después de la venta de la lana se presentó la oportunidad. Me acerqué a mi padre, estábamos solos y ahí fue que hablé con él de frente -Padre deseo irme de la casa-. ¿A donde quieres irte y porque deseas hacerlo?, no me digas que piensas casarte con la vecina con la que conversas en las tardes-. No padre, ella es solo una amistad yo necesito hacer algo diferente con mi vida, quiero encontrar mi camino. Al comienzo se opuso, me negó varias veces el permiso pero yo insistí, estaba decidido y nada me iba a detener. Mi padre notó mi terquedad y agregó -¿sabes donde vas a ir? ¿cómo vas hacer para sobrevivir en la ciudad? no es fácil sino tienes un techo. Voy a estar bien padre, soy joven y puedo trabajar de lo que sea, pero siempre por el buen camino, no te preocupes. Mi padre dijo serio -por el momento no vamos a decir nada, cuando estés listo para partir vamos hablar con toda la familia, tu madre es la que más me preocupa, ella se va entristecer y preocupar, ninguno de sus hijos ha dejado el hogar-  Si, era verdad, a mi madre le gustaba estar rodeada de todos sus hijos y yo era el primero que se iba. Sentí dolor al imaginarla, pero no pensé más en ello, ya había hablado y no iba a retroceder. Pasaron las fiestas de fin de año yo estaba listo para partir una semana más tarde, mi padre muy serio llamó a todos sus hijos. Reunidos alrededor de la mesa mi padre me llamó a su lado y dijo con voz entrecortada -su hermano se va de viaje y no sabemos cuando va a regresar, él ha decidido marcharse mañana muy temprano- no puede ser decían mis hermanos y mi madre sollozaba  ¿por qué... por qué? me preguntaba. Me acerqué a ella y la abracé, -así debe ser madre, cuando pueda yo voy a venir a visitarlos- solo pude decir esto, las palabras se ahogaban en mi garganta y no podía hablar más. Mis hermanos no me interrogaron, todos ellos lloraban en silencio. Al día siguiente justo al amanecer  y antes de salir, mi padre me dio algo de dinero de lo poco que tenia -esto te alcanzará tres días para que comas algo, no tengo más- Yo comprendia mi padre tenia que alimentar a varios hijos-. Mi madre lloraba, me abrazó y me dio un pequeño atado de papas sancochadas y carne seca para el camino. Mis hermanos todavía dormían cuando salí de casa, no sabía que me esperaba más adelante, pero tenia la esperanza de que todo iría bien, de allí en adelante estaba por mi cuenta y debía resolver yo solo. El frio de la madrugada pelaba mis huesos, me abrigue con el poncho de alpaca que mi padre me  regalo un año antes. Me envolví en el poncho de alpaca y partí por el camino que me llevaba montaña abajo. 



CONTINUARÁ   
             
         
 


 

domingo, 25 de febrero de 2024

TRES HISTORIAS...¡5,500 MSNM!

Como había prometido la asistenta social Elia Ruiz al día siguiente se presentó ante el Sargento Sánchez para terminar de tomar sus datos personales para su historia clínicas y además seguir escuchando los relatos sobre su vida que la habían sorprendido, en un pueblo en lo alto de los Andes. 
-Buenos Días Sargento Sánchez- saludó la asistente -¿cómo amaneció y ¿cómo se siente?-.
-Amanecí más o menos señorita y ¿cómo me siento?, no muy bien en esta cama que no quiere dejarme. Estoy esperando que llegue mi esposa a la hora de visita-contestó el sargento con pocas palabras.
Elia Ruiz sonrió y preparó sus hojas para terminar de tomar los datos, era el reglamento del hospital al que debía  ceñirse. Luego de terminar los apuntes, ella le recordó al Sargento que había dejado en suspenso su historia el día anterior y éste rápidamente comenzó a contar a la asistente que lo escuchaba con atención y curiosidad. Estaba en su hora de descanso y nadie la iba a necesitar por el momento.  
Gerardo Sánchez observó el interés de la señorita y comenzó su relato -como le comentaba ayer los pumas solían merodear la zona donde vivía y aunque usted no me crea dos días después que el vecino nos avisara que había un puma merodeando, yo tuve un encuentro con este felino. Nos miramos frente a frente me quedé paralizado y las piernas me temblaban, no podía moverme, el animal atento podía sentir mi respiración nerviosa, casi jadeaba. Sabía que si me movía o corría, él se lanzaría sobre mi con tanta rapidez que yo no estaría aquí conversando con usted. Estático no atiné a nada, por suerte el puma decidió irse sin hacerme daño. Creo que ese día fue mi día de suerte, él estaba a solo un metro de distancia las consecuencias pudieron ser fatales. Los pumas son sumamente fuertes, mi encuentro duro solo unos segundos pero fueron suficientes para que yo caiga desmayado de la impresión y del miedo. Me da vergüenza decirlo pero llegué a mojar los pantalones. Uno de mis hermanos me encontró tendido en la nieve que ya casi se derretía porque el invierno terminaba.
-Pero señor Sánchez- insistió la señorita -usted debía gritar o tratar de asustar al fiero animal-
-No, jamás se debe hacer algo así, estos animales son ágiles y fuertes y por salvar su vida pudo matarme en segundos, en ese entonces yo era muy joven recién había terminado el colegio- contestó el sargento con la seguridad de quien conoce a estos felinos salvajes. 
Sánchez continuó su historia -después de ese encuentro tenía mucho temor de alejarme de la casa, mi padre estaba preocupado y una mañana me habló. No debes alejarte demasiado del hogar y si vas hacerlo que uno de tus hermanos te acompañe. Yo acepté porque era lógico que me cuidara pero para ese entonces dentro de mí guardaba una inquietud que no me dejaba y en cada instante venía a mi mente. Tal vez mi encuentro con el puma solo me ayudó a tomar la decisión que venía pensando desde hace varias semanas y que no me atrevía a decírsela a mis padres. Todas las mañana me levantaba al amanecer salía de la casa, caminaba unos pasos hasta un acantilado y miraba el paisaje, era tan bello que me sentía pequeño e insignificante ante la fuerza y belleza de esas montañas. Pero también quería conocer y ver que había más allá de las montañas, mi vida se hallaba en un terrible dilema por un lado estaba mi familia y por otro lado estaba la idea de partir para buscar nuevos horizontes y elegir mi camino. Me angustiaba dejar a mis padres y hermanos con todo el trabajo, en ese entonces tenía muchas dudas. Nosotros somos cinco hombres de los doce hermanos todavía habían dos bebés que no podían ayudar, todo eso pesaba para mí. 
-Cuando fue que tomó la decisión de hablar con su padre- preguntó Elia.
-No, todavía demore algunas semanas en hablar con él, pronto comenzaría la primavera y debíamos empezar a trasquilar a los animales para vender su lana. No me atrevía a decir palabra con todo el trabajo que se venía. Pensaba que al terminar de trasquilar a los camélidos, era el mejor momento para hablar-.
En medio de la conversación llegó la esposa del Sargento Sánchez.
-Gerardo ¿cómo estás? veo que te sientes un poco mejor porque la conversación esta muy amena-.
-Me siento bien Amanda y si, estoy contando a la señorita un poco la historia de mi vida, tú la conoces muy bien y sabes todas la situaciones que tuve que pasar para llegar donde estoy- comentó el Sargento a su esposa mientras besaba su mano.
-Señorita- habló Amanda -voy a interrumpir un momento la conversación porque deseo preguntar si ya están los resultados de los análisis  y exámenes médicos de mi esposo han pasado tres días y nadie dice nada-.
-Señora la parte clínica, la parte médica las ve el doctor Montes, yo no estoy autorizada a decir nada sobre ese tema, yo solo veo el lado administrativo- contestó Elia Ruiz.
-Sargento Sánchez, ya faltan diez minutos para que termine mi hora de descanso debo retirarme, sigo con mucho interés sus relatos, puedo regresar mañana a la misma hora para seguir con  la historia.
-Señorita...venga usted a la hora que desee, yo estoy aquí y prometo no irme a ningún lado para continuar nuestra conversación- dijo riendo el Sargento.
La asistenta se despidio de los esposos y se fue a seguir con sus tareas. Amanda estaba un poco celosa por la atención que recibía Elia Ruiz.
Gerardo se dio cuenta de la actitud de su esposa, volvió a tomar su mano la beso y le dijo: -Amanda... tú sabes que eres la única mujer en mi vida, no hay nadie a quien yo pueda amar más-.
La esposa sonrió, conocía a su esposo, sabía que era muy galante.
El doctor Montes entró de súbito en la habitación con los resultados de los exámenes y análisis realizados al Sargento, la expresión de su rostro no hablaba de nada bueno. Amanda y su esposo no lo esperaban, pensaban que demorarían un día más los resultados. ¿Qué les diría el doctor Montes? ¿qué había encontrado y por qué estaba tan serio?. 
     
          
CONTINUARÁ    


 

domingo, 18 de febrero de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Gracia doblaba con cuidado la ropa de su bebé y la ponía sobre la cama, no sabía aún que decisión iba a tomar, tenía tantas dudas... Su madre irrumpió en la habitación y preguntó. 
-¿Gracia a qué hora tienes la cita con la obstetra? ¿quieres qué te acompañe?- la madre se quedó esperando la respuesta de su hija.
Gracia contestó al instante -Madre, debo ir a mi consulta a las diez de la mañana y sí, deseo que me acompañes, es mejor que me ayudes a decidir porque todavía tengo algunas dudas-.
Prudencia, la madre de Gracia se acercó a su hija, se sentó en la cama y con voz pausada dijo: -hija no debes tener dudas o miedo, la señora obstetra tiene razón cuando dice, que es mejor ir al hospital y en tu caso no hay que dudar ni esperar más tiempo, estamos yendo contra el tiempo. ¿Qué doctor te va atender con  ocho meses de embarazo?. Piensa con cuidado, primero está el bebé que has deseado tanto-. 
Gracia no contestó a su madre pero reconocía que sus palabras decían la verdad ¿porqué dudaba tanto? no tenía respuesta para aquello.
-Entonces hija, prepárate de una vez que yo voy hacer lo propio- contestó Prudencia al ver que Gracia no habló, su madre salió de la habitación.
La hija guardó en la cómoda la ropa doblada del bebé y comenzó a cambiarse. Nadie podía decir que ella no disfrutó de su embarazo, se sentía feliz y se compró varios vestidos de maternidad y varios pantalones y blusones amplios para lucir su estado. Gracia no había perdido las ganas de arreglarse a pesar del malestar que sufrió los primeros meses, ni de lucir su barriga que guardaba el tesoro más preciado, su bebé. Desde un comienzo no quizo saber el sexo de la criatura, deseaba que fuera una sorpresa para todos. Al principio su esposo no estuvo de acuerdo pero luego aceptó la situación. Él siempre decía -nunca se debe contrariar a una mujer embarazada, eso no le hace bien al bebé ni a la madre-. Toda la familia estaba de acuerdo y estaban felices de que Gracia espere a su primer hijo. Algunos tíos y tías, comenzando por su propia madre pensaban que no iba a salir embarazada pero nadie hacía comentarios para no herir sus sentimientos. No es fácil para una mujer que desea ser madre, el no poder concebir.
Prudencia y Gracia, llegaron puntuales al consultorio  a la hora de su cita. Amanda como un favor especial a su hermana Nora estaba con ella para revisar a la paciente. Esto se debía a que Amanda había cerrado su consulta para dedicarse de lleno a la atención de su esposo enfermo, el sargento Gerardo Sánchez.
Amanda revisó a Gracia y tenía razón Nora, su embarazo iba por buen camino, ella era una mujer saludable que se alimentó bien durante los meses de espera.  Además los exámenes médicos decían que estaba en perfecto estado de salud ella y el bebé.
Ahora se debía tomar la decisión definitiva de ir al hospital. Amanda conversó con la futura madre, le comentó sobre los riesgos que podían presentarse y la seguridad de ser atendida en el hospital.
-En este caso no se debe dudar- comentó Amanda -no debemos perder más tiempo, ya conoces los riesgos que se pueden presentar, toma la decisión para ir de inmediato al hospital-.
Gracia pensó unos segundos y luego aceptó con todo su pesar ir al hospital, ella desde un comienzo quería tener al bebé en su hogar pero reconocía que en ese recinto hospitalario estaría bien atendida y si había una emergencia sabrían que hacer.  Era la mejor decisión y la felicidad para todos. 
-Has tomado el camino correcto, Nora te va a llevar al hospital  con el doctor Samuel Arena, él es especialista en casos como el tuyo. No debemos perder más tiempo, ahora mismo Nora lleva a la paciente y preséntala con doctor. Él va a decidir si se hace una cesárea o no pero en tu caso es más seguro lo primero- con estas palabras Amanda puso fin a la consulta se despidio y se retiró para ir a su casa y de ahí partir a visitar a su esposo en el hospital.
Amanda llegó diez minutos tarde del horario en que comenzaba la hora de visita. Encontró a Gerardo tranquilo, sentado en la cama, leyendo el libro que ella le había traído para que se distraiga y no piense demasiado en su enfermedad.
-¿Porqué te has demorado tanto?- preguntó su esposo.
-Solo son diez minutos de retraso, creo que exageras un poco- contestó Amanda 
-Solo diez minutos que parecen una eternidad, estar en esta cama me hace pensar que nunca voy a salir de ella- agregó el esposo con tristeza. 
-No hables así, no es bueno para tu recuperación, pronto estarás bien y todo esto será un mal recuerdo-.
El sargento iba a contestar pero fue interrumpido por la asistenta social que se acercó a su cama.
-Buenas tardes Sargento Sánchez, mi nombre es Elia Ruiz, soy la asistenta social y estoy aquí para recopilar sus datos y hacerle algunas preguntas que el protocolo del hospital exige.
-Muy bien señorita Ruiz haga usted las preguntas pertinentes- respondió el sargento. 
Elia Ruiz comenzó por preguntar su nombre, su edad, su estado civil, donde había nacido y es en ese momento fue que el Sargento de la policía, se detuvo un instante como recordando algunos episodios de su vida.
-Usted me pregunta donde nací, yo le contestó que no se puede imaginar donde vine al mundo- Gerardo Sánchez sonriendo agregó -yo nací a 5,500 msnm en lo alto de la cordillera de los Andes, mi pueblo está perdido en las alturas de la cordillera  porque no aparece en los mapas. Es un lugar hermoso pero frío, sumamente frío y en las temporadas de invierno sopla un viento debajo de cero grados que hiela hasta los huesos. El paisaje es abrumador puede dejar sin palabras al más experimentado explorador. La fuerza y la belleza de la cordillera se luce en todo su esplendor. Pero existe un problema grave, a esas alturas no crece nada productivo solo una hierba llamada ichu que es consumida por los camélidos de altura como llamas, vicuñas y alpacas. Mi familia, era una familia de campesinos dedicados a la crianza y venta de la lana de camélidos. Disculpe si la estoy aburriendo ocupando su tiempo- se detuvo el sargento.
-No, no es nada de eso señor Sánchez, al contrario llamó mi atención el lugar donde usted nació, esa parte de la cordillera en que provincia queda- preguntó con sorpresa la asistente.
- En la provincia del Cuzco, en lo más alto- contestó con serenidad el sargento -mi familia consta de mi padre, mi madre y doce hijos. Yo soy el segundo hermano de los doce, tengo una hermana mayor que todavía vive en mi pueblo. También debo añadir que éramos una familia pobre y humilde pero trabajadora, nuestro día comenzaba a las cinco de la mañana y terminaba cuando el sol se ocultaba. Era un tiempo de trabajo y serenidad en la que vivíamos todos juntos. Mi madre trabajaba sin descanso para criar doce hijos, la comida no sobraba pero nunca faltó en la mesa las papas o la carne seca que se come en la altura. El olluco era una delicia cuando mi madre lo preparaba con carne seca. Los mayores ayudábamos a mi padre a cortar y juntar la lana para luego venderla al mercader que la compraba. Yo tenía recién cumplidos los dieciocho años cuando una mañana cuidando los alrededores de nuestra casa un vecino se acercó para avisarnos que habían visto a un puma merodeando por el lugar. Teníamos que estar atentos porque es una zona donde habitan pumas, considerados los reyes de las alturas en la cordillera. Ellos se acercaban a las casas sigilosamente para encontrar algo de comer o cazar algún animal. Demás esta decir que son animales sumamente hermosos, agiles, fieros y veloces 
Elia Ruiz se disculpó con el sargento por interrumpirlo pero le prometió que regresaría al día siguiente en su hora de descanso para terminar de tomar apunte sobre sus datos pero además quería que él continúe contando sobre su vida en las alturas de la cordillera, donde ella jamás podía imaginar que existía un pueblo.

CONTINUARÁ          
                  
      
 


     
 

domingo, 11 de febrero de 2024

TRES HISTORIAS

5,500 MSNM: En la cama número 28 del hospital Central el sargento Gerardo Sánchez se debatía entre la vida y la muerte. Su esposa Amanda se encontraba junto a él a la espera del doctor Santiago Montes que como todas las mañanas pasaba revisión a todos sus pacientes. Al llegar a la cama 28 el sargento Sánchez lo saludo con voz quejumbrosa -Buenos días doctor-.
El doctor correspondió el saludo y después de leer su historia medica, comenzó a examinarlo en silencio.
Amanda la esposa del sargento miraba atenta cada movimiento del doctor, cuando éste terminó el examen preguntó -¿doctor, por favor dígame como se encuentra mi esposo, cual es su diagnóstico?-.
El doctor le pidió que espere un momento, tenía que escribir algunas notas en la historia clínica  del sargento, después muy serio se dirigió al paciente y a su esposa. 
-En este momento no puede dar un diagnóstico claro sobre el estado del paciente, debemos esperar el resultado de los examines médicos para tener mayor seguridad y un diagnostico claro. Con esa información podré dar mi opinión- después de decir estas palabras se despidio y fue atender a otros pacientes.
Por unos segundos hubo desconcierto y silencio entre los esposos. Amanda tomó la mano de su esposo y comentó: -Gerardo, el doctor tiene razón hay que esperar el resultado de los exámenes, es mejor tener paciencia en estos casos-
-Tienes razón Amanda, es mejor esperar, aunque tengo que decir que el doctor podía adelantar algo para estar más tranquilo- habló con impaciencia, el sargento.
-Los doctores no trabajan así, ellos quieren estar seguros para dar su opinión- contestó su esposa para tranquilizarlo.
El Sargento ya no quería hablar más, se sentía cansado, su esposa le alcanzó un vaso con agua para calmar su sed, luego de terminar de beber se quedó dormido. Amanda se sentó en la silla que estaba al lado de la cama, faltaba media hora para que termine el horario de visita. Al retirarse no despertó a su esposo, lo mejor era dejarlo dormir. 
En el camino de regreso a su casa Amanda no podía dejar de pensar en la salud de Gerardo, por unos segundos pensó en lo peor, pero luego se calmó, tenía la esperanza de que pronto iba a estar bien y todo aquello sería solo un recuerdo. Su esposo nunca fue un hombre enfermizo, si no todo lo contrario era saludable y fuerte.  
El matrimonio tenía tres hijos, todos ellos vivían y trabajaban en el extranjero. De acuerdo con su esposo no llamaría a sus hijos para no preocuparlos. Amanda no estaba de acuerdo con esto, los hijos tenían que estar enterados sobre la salud de su padre, pero el sargento insistió.
-Amanda no vas a llamar a los muchachos, ellos están ocupados, trabajan y cada uno tiene su vida- 
-No estoy de acuerdo contigo- contestó fastidiada su esposa - tú eres su padre y ellos deben saber la verdad-.
El esposo fue categórico -no vamos a decir nada a nuestros hijos por el momento-. Su esposa no insistió, era en vano. Gerardo podía ser muy obstinado cuando quería algo. 
Cuando llegó a su casa ya era de noche. Abrió la puerta, dejó sus llaves en la mesita auxiliar y a medida que caminaba prendía las luces de cada ambiente. La casa la sintió más grande y pesada pero en realidad no era así, era una casa pequeña con tres habitaciones que había albergado a su familia por muchos años. La compraron ella y su esposo con muchos sacrificios, la casa estaba ubicada dentro de una urbanización que pertenecía a los miembros suboficiales de la policía. ¡Qué recuerdo alegres de familia! no se podía quejar tuvo una buena vida dentro de su ambiente familiar. A cada hijo les dieron una carrera para que puedan tener una mejor vida.
Los años habían pasado rápidamente y de pronto la salud de su esposo se había complicado con una enfermedad que hasta ese momento no sabían con certeza que era.
Distraída en sus pensamientos, escuchó que sonaba el timbre, fue abrir la puerta y era su hermana Nora que vivía muy cerca de ellos. 
-¿Cómo estás Amanda y cómo está mi cuñado?- preguntaba esto mientras abrazaba a su hermana -¿Los doctores han dicho algo sobre su enfermedad?-. Nora no dejaba de preguntar, con sus palabras presionaban a su hermana para que le diga algo sobre la salud de su cuñado.
Amanda le señaló que tome asiento en uno de los sillones de la sala y comenzó a contarle lo que sabía sobre la salud de su esposo, el doctor Montes no llegaba todavía a una conclusión.
Nora atenta escuchó a su hermana y movió la cabeza en señal de desconcierto y preocupación, cuanto más se demoraban en llegar a un diagnóstico era más peligroso para su salud de su cuñado.
-Amanda- dijo Nora con cierto temor y duda -Yo quisiera hablarte de otro tema y necesito tu ayuda y opinión-.
Amanda miró a su hermana, qué se traía entre manos y que le iba a pedir ahora, por su tono de voz era algo serio.
-Necesito que me ayudes con un diagnóstico con respecto a una paciente que estoy atendiendo- comentó preocupada a la espera de lo que diría su hermana.
Amanda y Nora eran obstétrices de carrera, ellas atendían pacientes que deseaban dar a luz en sus casas. Amanda había trabajado por años en el hospital y ahora estaba retirada, pero seguía atendiendo pacientes en forma particular. Muchas mujeres querían tener sus hijos en la comodidad de su hogar, pero no en todos los casos era posible  tenerlos en la casa. Nora explicó a su hermana de que se trataba el caso. Era una paciente primeriza que tenía 38 años.
-Nora- contestó Amanda en el momento -es un caso delicado, la paciente es una mujer mayor y primeriza. Es muy posible que después de este embarazo no vuelva a tener otro debido a sus años, esto no es una ley absoluta pero el porcentaje de embarazos a esa es edad es mínimo y de cuidado. Ella no es una paciente para tener su hijo en el hogar, debes derivarla al hospital con el doctor Arena especialista en estos casos. Recuerda "Mujer mayor, feto valioso" , si sucediera alguna emergencia en el hospital la atenderían de inmediato. En su casa no hay lo necesario para un caso de emergencia. Tu sabes muy bien todo esto- luego preguntó -¿cuántos meses tiene?-
-Ocho meses y su embarazo ha ido bien hasta el momento, yo deseaba pedirte que la examines para que me des tu opinión. Tú tiene mucha experiencia y yo confió en ti-.
-Nora, tienes todos los exámenes sobre su estado de salud. Puedo examinarla pero insisto, ella debe ir al hospital, su caso es seguro para una cesárea. Debes ser clara con esto y decirle los problemas que se pueden presentar- contestó Amanda para no dejar dudas sobre su opinión.
-Tengo un problema con respecto a eso, mi paciente insiste en alumbrar en su casa junto a su madre y esposo- Nora habló con desanimo. 
-Voy a ser directa contigo mi querida hermana, en este caso la paciente no manda, tú eres la profesional y sabes los riesgos que existen. ¡Nora! por favor habla claro con tu paciente sobre los riesgos que corre si quiere tener su hijo en casa. Si no entiende dile que busque otra profesional-  
Nora sabía que su hermana Amanda tenía razón en todo lo que decía, la paciente se había cerrado con tener su hijo en casa. Ahora debía decidir si la iba atender en su hogar o derivarla para ser atendida en el hospital.


CONTINUARÁ