domingo, 16 de junio de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

No podía creer que mi amigo, no mi hermano, se encontraba en ese estado, si no fuera porque su nombre estaba escrito en su historia clínica, no lo creería. Su rostro y su cuerpo estaban vendados, su vida corría peligro. Hablé con la enfermera para que permita acercarme a su cama y hablar con él, ella me contestó que por el momento no podía pasar, ¡nadie podía pasar!.
-Sargento, usted conocía bien a su amigo y seguía pensando que era una accidente- comentó Elia para aclarar sus dudas.
-Si señorita, yo estaba seguro que era un accidente, Cassolino era un hombre integro y de gran valor, él salvó mi vida en una ocasión- aseguró el Sargento Sánchez y comenzó a relatar su historia. 
Cassolino y yo habíamos terminado la escuela y fuimos destacados a la misma comandancia, estabamos felices porque comenzaríamos a trabajar juntos, ya nos conocíamos y entre nosotros teníamos mucha confianza. Patrullábamos juntos las calles de nuestra jurisdicción y todo parecía sencillo. El horario no era tan rígido y teníamos más tranquilidad, pero un día las cosas cambiaron, teníamos un nuevo jefe y nuestros horarios de trabajo se hicieron más estrictos. Teníamos dos veces por semana, horas de patrullaje toda la noche, fue en una de esas horas que viví una experiencia que jamás olvidaría. Ese día nos había tocado hacer guardia toda la noche, eran cerca de las 11 pm cuando avisaron de un asalto en un local, nosotros estabamos cerca y teníamos que ir a supervisar lo que sucedía. Llegamos muy pronto al lugar del asalto y vimos correr a tres delincuentes con unas cajas, corrimos tras de ellos, se notaba que conocían bien el lugar porque se perdieron dentro de una calle oscura, yo tomé la delantera a Cassolino y trepé en un techo para ver mejor a la distancia, no me di cuenta que había una casa medio derruida y de una de las ventanas con los vidrios rotos salió una mano con un arma y me disparó en el pecho, en ese instante caí al suelo, de no haber sido por Cassolino no estaría hablando aquí, él corrió hacia mí, exponiendo su vida y me arrastró hasta ponerme en un lugar seguro. Mi pecho sangraba y solo recuerdo que se desató una balacera. Cassolino respondió con su arma y pedía por la radio refuerzos, pero estos no llegaban, pensé que era nuestro fin. Había puesto a mi amigo al borde de la muerte porque yo olvidé la regla número uno de un policía, cual es, proteger su vida sobre cualquier circunstancia. Al subirme al techo me convertí en un blanco fácil porque mi cuerpo estaba al descubierto. El disparo que me lanzaron fue certero y me hirió  cerca del corazón, creí que moriría desangrado, a lo lejos podía escuchar la voz de mi amigo que repetía ¡llegaron los refuerzos! ¡resiste Sánchez,! ¡resiste!. Después de eso perdí el conocimiento, solo se que en una ambulancia me llevaron de emergencia al Hospital Central, pude sobrevivir aunque perdí mucha sangre,  unos días después, logré salir del peligro y recuperarme. Cassolino me salvó, él arriesgó su vida por mí para salvarme, de no ser así, ahora no estaría contando este pasaje de mi vida, estoy seguro que los delincuentes me hubieran dado el tiro de gracia para morir. 
Gerardo Sánchez se quedó unos segundos en silencio como recordando aquel episodio donde casi pierde la vida. Luego agregó, los delincuentes fueron atrapados por los policías que vinieron en nuestra ayuda y sé que el que me disparó hasta ahora cumple condena. Mi querido amigo fue valiente y arriesgó su vida por mí, por eso me dolió no poder hacer lo mismo por él cuando estuvo en peligro. Fui al hospital durante varios días, hasta que en el cambio de turno de enfermeras, una de ellas me permitió pasar después de rogarle que me dejará ver a mi amigo. Me proporcionó un mandil, una gorra para el cabello y zapatos de hule para no infectar la sala de cuidados intensivos con algún microbio. Me acerqué a su cama y comencé hablarle, no debía tocarlo, le dije quien era y como lamentaba encontrarlo en ese estado. Él no podía contestarme pero sabía que me escuchaba porque abrió lentamente los ojos por unos segundos. Lo inyectaban con fuertes sedantes para que el dolor fuera menos intenso, las quemaduras cubrían todo su cuerpo, el corazón me dolía al ver en ese estado a un amigo tan querido, pero no podía hacer nada por él. Lo acompañe por diez minutos que fue el tiempo que permitieron, luego pregunté a la enfermera cual era su diagnóstico, ella me contestó que no creían los doctores que iba a superar su estado, él se encontraba demasiado grave. Cuando llegué a casa le conté Amanda lo sucedido a Cassolino, sabía que ella le tenía gran estima, mi esposa tampoco podía creer lo que se hablaba sobre él. Fueron varios días de agonía para mi amigo, yo lo visitaba a diario y algunas veces lograba  hablar con él, después de una semana de sufrimiento falleció, la fuerza de su cuerpo no logró superar las quemaduras.                             
-Señorita Elia, lo digo en serio, cuando me enteré de su muerte lloré, fue un golpe muy grande para mí. Mi hermano se había ido y yo no pude hacer nada para salvar su vida- comentó el Sargento.
-Hicieron alguna investigación sobre su accidente, algo quedó en claro- Agregó Elia Ruiz. 
-Si, hubo una investigación sobre su accidente. El carro siniestrado tenía los cables del contacto directo expuesto, por eso al encender la máquina una chispa saltó e inicio el fuego. Un mes después de su entierro, su esposa nos contó que él estaba sufriendo un problema grave de salud, su páncreas, tenía serios problemas  y los doctores creían que solo tenía unos meses de vida. Al enterarme quedé paralizado, no sabía nada de sus problemas de salud, jamás me había hablado de ello. Tal vez él pensaba que era mejor así y no deseaba preocupar a nadie porque ni sus padres ni hermanos sabían nada. El accidente y la muerte de mi amigo me hicieron reflexionar sobre muchas cosas y lo difícil que es cuando uno tiene familia. Siempre voy a extrañar a Cassolino él era un gran hombre en todas sus dimensiones. Ahora que estoy con este problema de salud espero salir adelante y superar el mal con la operación que me van a hacer, deseo vivir varios años más.
-Por supuesto Sargento, usted va estar bien después de su operación y tendrá varios años de vida. Lamento en verdad lo sucedido a su amigo, seguro que él está en un lugar en el cielo. Su relato fue conmovedor- dijo Elia y se despidió ya era hora de regresar a su oficina para terminar su trabajo.
Amanda había regresado del hospital después de visitar a su esposo, los horarios eran muy estrictos estaba a punto de irse a la cama cuando sonó el timbre de la puerta, ella pensó -seguro es Nora que me viene a contar algo sobre su día-. Al abrir la puerta se dio la gran sorpresa de su vida, Eran sus hijos Felipe y Andrés que habían llegado de viaje sin avisar el día para darle una sorpresa a su madre. Amanda lloraba de felicidad  al abrazar a sus hijos a los que extrañaba demasiado. 


CONTINUARÁ    
 

        
 

domingo, 9 de junio de 2024

TRES HISTORIAS...¡5,500 MSNM!

Amanda pasaba cada hoja del álbum  lentamente, su boda habia sido sencilla, cada foto le indicaba los acontecimientos de ese día. Su padre estaba delicado de salud pero insistió en que él la entregaría en el altar, eso nadie se lo podía negar. Amanda habló a solas con él para decirle que no se preocupe que ella entraría a la iglesia con uno de sus hermanos pero el padre le contestó: 
-Se, que no debo decirlo porque quiero a todos mis hijos por igual pero tú siempre has sido mi favorita y con la que podía conversar sobre todos los temas. No puedes negarme que entre contigo a la iglesia y te entregue en el altar, soy tu padre y tú mi hija mayor-. 
-Padre solo pienso en tu salud y lo agobiante que puede ser una boda, no quiero que te pase algo- contestó Amanda preocupada por la salud de su padre.
-No me va a pasar nada, estoy bien- refutó el padre con autoridad -solo prométeme que lo que acabo de decir nunca se lo cuentes a tus hermanos, esto es un secreto entre los dos-. 
-Si padre, no te preocupes no diré nunca nada, ellos te aman demasiado- agregó Amanda.
-Y yo a ellos también pero a veces es inevitable llevarse mejor con un hijo que con los demás-. contestó el padre y ambos con una sonrisa cómplice se prepararon para ir a la iglesia donde esperaba el novio.
En el camino a la iglesia dentro del carro, el padre de Amanda tomó su mano y le confesó algo que ella no sospechaba -hija debo ser sincero, cuando conocí la primera vez a Gerardo no me agradó, sentía que no era el hombre para mi hija. Cuando pasó el tiempo y lo fui conociendo más, cambie de idea y acepte que era el esposo para ti-.
-Padre, nunca me habías hablado de ese tema, me da gusto que ahora sea distinto y puedas apreciarlo en su verdadera dimensión-.
-Lo voy apreciar siempre y cuando sea un buen esposo, de lo contrario se las vera conmigo, él se lleva a mi joya más preciada- sentencio el padre muy seguro de lo que decia. 
Al entrar a la iglesia estaba el novio en el altar esperando a su amada, lo acompañaba su gran amigo Cassolino, él era el padrino de la boda. Después de la ceremonia familiares y amigos fueron a la casa de los padres de la novia para el almuerzo de celebración. Se habia decorado el patio con mesas y manteles blancos, flores por todos lados alegraban el ambiente y un gran toldo blanco los protegía del sol. El baile, el brindis, los saludos de familiares y amigos deseando que sean muy felices en su nueva vida. Amanda recordaba las lagrimas de su madre cuando partía a su luna de miel. -Mamá no llores, voy a estar bien-.
Su madre contestó -no mi hijita no son lagrimas de tristeza si no de alegría, vas a vivir una  nueva vida y yo te voy a extrañar, no me hagas caso, solo quiero que seas feliz-. 
Madre e hija se abrazaron como despedida y luego los novios partieron a su viaje de luna de miel. Solo fueron dos días, no tenían más permiso por el trabajo de ambos que era muy absorbente. Amanda sonreía con cada imagen de las fotos, podía recordar los detalle de su boda y no tenia queja alguna porque tuvo una vida serena y tranquila para formar su hogar y criar a sus hijos. Gerardo fue un buen esposo, padre  y gran apoyo para ella. Una de las fotos mostraba a Cassolino el amigo entrañable junto a los novios, que recuerdos que alegrías y tristezas junto a él. Amanda y la esposa de Cassolino eran muy amigas y los hijos de ambas también. Sin quererlo formaron una gran familia. 
Sonó el timbre de la puerta principal, Amanda estaba segura que era su hermana Nora. quien si no podía venir a esas horas: -querida Amanda- entró casi al atropello diciendo  -¡no sabes qué día! ¡qué día he tenido hoy! con las idas y venidas y un parto de ultimo momento. Tú sabes que no atiendo partos de esa manera pero este era una emergencia y no podía negarme. Llegaron a mi casa de un momento a otro y me rogaron que vaya a la casa de los vecinos que viven a cinco cuadras cerca al parque. La familia no quería que nadie se entere que pasaba porque su hija menor de quince años estaba en parto. Fue algo que no podía imaginar, sobre todo en estos tiempos con tanta información. Si te cuento todo esto es porque sé que de ti no va a salir una palabra. Nosotras sabemos que es así,  por eso te confió esto, yo he prometido a la familia silencio. Es un secreto profesional-. 
-Lo sé querida hermana, a veces ocurren situaciones que no esperamos pero suceden y debemos estar preparadas ¿Qué van hacer con la criatura recién nacida?- preguntó Amanda al final. 
-Se que van a mandar unos meses a la madre y a la bebé a la casa de un pariente en el interior del pais y luego va a regresar para criarlo en familia, eso es lo único que sé. La madre de la joven me ha confesado que no desean casarla, eso seria un grave error. Ella tiene que seguir estudiando-.
Las dos hermanas guardaron silencio y luego Nora reparó en el álbum de fotos de la boda de su hermana y comentó: -Amanda veo que estas con el álbum de tu boda, no te pongas nostálgica por favor, Gerardo va salir de esta y lo tendrás de nuevo en casa. Estoy segura que así será-.
Amanda contestó -Si, yo también sé que así será-.
Al día siguiente en el hospital todo parecía normal Gerardo habia amanecido de buen humor, ya estaba cerca el día de la operación y por fin esa pesadilla terminaba. Estaba cansado de esperar, salga bien o mal ya era hora de enfrentar la verdad sobre su enfermedad. Después de almuerzo como siempre la visita de la asistenta Elia Ruiz no se hacia esperar. 
-Sargento buenas tardes- saludó.
-Señorita Ruiz pase usted, que gusto verla de nuevo para seguir con mi historia-
-Créame- contestó Elia -todavía estoy impresionada con la historia de la familia de la niña, no he podido dejar de pensar en ello-.
-Yo le advertí- agregó el Sargento -cuando hay niños de por medio es más duro soportar una situación difícil, ese caso me tocó lo más profundo de mi ser. La vida tiene a veces caminos que no imaginamos pero suceden. Como el otro caso que le voy a contar, esto me tocó muy cerca y fue doloroso de aceptar para mí porque era una persona muy querida. 
-Estaba una mañana en la dirección general de la policía, tenia que hacer algunas gestiones cuando me encontré con Arredondo otro compañero de promoción de la escuela. -Sanchez- me saludo -¿cómo estás? no sé si te has enterado lo que sucedió a nuestro amigo Cassolino-. Mi primera reacción fue de sorpresa no sabia que habia sucedido con él, no nos veíamos desde hace varias semanas, estábamos trabajando en unidades muy lejanas una de la otra. Cassolino trabajaba destacado en la unidad de Barranca y yo seguía en Lima, nuestros trabajos nos tenían ocupados. Reaccione de mi sorpresa y pregunte -¿no sé nada de él hace tiempo que no lo veo?. -Mi estimado amigo- me dijo Arredondo -Cassolino está muy grave en el Hospital Central, dicen algunos compañeros que ha tenido un intento de suicidio-. Quede impactado con la noticia, no sabia nada y no podía creer que mi amigo, casi un hermano, hubiera hecho algo así, jamás seria capaz de eso. Yo conocía a Cassolino, el era un hombre integro y de gran valor. -Arredondo no puedo creer lo que me cuentas yo lo conozco, él no podría hacer algo así- agregue consternado. -Sánchez, yo te digo que él esta muy grave, tiene quemaduras de tercer grado en todo el cuerpo por un accidente con su carro, algunos dicen que no fue accidente-  finalizó Arredondo. Agradecí a mi amigo la información, terminé de hacer mis gestiones en la oficina de sub oficiales y salí corriendo al hospital Central de la Policía. tenia que ver a Cassolino en persona y hablar con él, no creía nada de lo que se hablaba a veces la gente dice cosas sin fundamento. Llegue al hospital y pedí permiso para visitarlo, mi amigo se encontraba  en cuidados intensivos y solo podía verlo a través de un vidrio. Estaba vendado de pies a cabeza. No sé que podía haber sucedido con él pero se encontraba inmóvil y apenas respiraba. Cassolino que ha pasado contigo porque estás así, me repetía varias veces.


CONTINUARÁ           
    
               
 

 

domingo, 2 de junio de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

¡Ernesto que vamos hacer! grite, mi esposo estaba aterrado con lo que sucedía a Larita, yo miré con a tensión sus manos y note que la piel comenzaba a tomar un color oscuro en algunas zonas. Mi niña lloraba desesperada, sus pequeñas manos parecían bultos. Ernesto me dijo: 
-Debemos llevarla al hospital, vístela ahora mismo, voy a sacar el carro del garaje-.
Mientras la señora Luisa  contando su historia, la niña en silencio escuchaba, estaba nerviosa con la que ocurría a su alrededor, aun ignoraba que habia pasado con su padre, su madre no la dejó salir a la calle después del terrible estruendo de la explosión.
El Capitán Márquez preguntó -señora usted vistió a su hija y bajó las escaleras para ir al hospital, su esposo en el camino hizo algún comentario al respecto-.
-No Capitán, él estaba en silencio, se le veía desesperado por la expresión de su rostro, sus manos temblaban en el volante y no podía articular palabras. Llegamos al hospital entramos por emergencia, una enfermera nos interrogó y examinó las manos de mi hija para ese momento y con la luz de los florecentes vimos que habian tomado un color oscuro. Larita se quejaba de dolor y la enfermera comentó que el doctor vendría a verla en seguida, nos hizo pasar a un apartado y nos dijo que acostemos a la niña en la camilla. Pasaron tal vez quince minutos cuando vino el doctor y examinó a Larita, unos segundos después muy serio nos dijo que debían hacerle algunos exámenes y radiografías. Nosotros comprendimos que tenia que ser así y dejamos que la enfermera se la lleve, mi hija lloró un momento pero después hubo silencio. Ernesto y yo nos quedamos solos, no podíamos hablar nuestras mentes estaba bloqueada por lo sucedido,  pasó una hora o tal vez más, suponíamos que la demora era porque estaban tratando las manos de mi hija para que vuelvan a su estado normal. Cuando regresó el doctor nos dijo que no habia otra salida debían cortar las manos de Larita, al escuchar sus palabras yo me tape la boca para no gritar y lloraba, mi esposo tomó al doctor por las solapas y lo zarandeo diciendo -¡No es posible! ¡No puede ser- gritó. Tuvo que venir el personal de seguridad del hospital para controlar a Ernesto. El doctor molesto nos explicó que la sangre no llegaba a sus manos y habia comenzado el proceso de gangrena.  Vayan al hospital que vayan les dirán lo mismo, los exámenes arrojan malos resultados, las manos han sido dañadas. Mi esposo cayó al suelo de rodillas. El doctor nos comentó que debíamos explicar que es lo que ha pasado con la niña para que sus manos estén en ese estado-. De mi garganta no salían palabras no podía hablar por el llanto y el dolor de la noticia, debíamos autorizar la operación. Larita estaba en una sala alejada de nosotros, -los dejo unos minutos a solas para que conversen y puedan firmar el documento que autoriza la operación- finalizó el doctor y se retiró. Mi esposo estaba como poseído solo repetía, yo soy el culpable, yo soy el culpable. Agotada por el llanto conteste -debemos decidir si operamos a Larita no hay opción, sus manos están dañadas, no tenemos otra salida. Sin darme cuenta mire las manos de Ernesto y vi que lleva puesto un anillo grande y grueso en la mano derecha con la que golpeo a nuestra hija. Tal vez ese anillo fue el que causó el daño. El doctor regresó a los minutos y tomamos la difícil decisión de autorizar la operación. Eran las doce de la noche cuando prepararon a mi hija para su operación, nosotros ya no hablábamos, no podía decir nada, sabia que Ernesto estaba desesperado  y yo deseaba morir.  La operación duró dos horas, cuando nuestra hija fue llevada a su habitación, permitieron que me quede con ella el resto de la noche. Mi esposo se fue a casa, yo no deseaba verlo, no deseaba hablar con él, condenaba su actitud y la tragedia que habia causado. En los días siguientes la vida en la casa se convirtió en una pesadilla, Larita tenia los brazos vendados desde los codos hasta las muñecas, mi esposo lloraba en cada rincón de la casa, se arrodillaba ante mi y me pedía perdón, su rostro tenia la expresión de una persona apunto de perder el equilibrio mental. Yo me encargaba personalmente de atender a nuestra niña, ella no podía hacer nada sola, la ayudaba a vestirse alimentarse y hacer sus necesidades biológicas. Teníamos que regresar al hospital en una semana, por supuesto que la policía vino a nuestra casa para investigar lo que habia pasado, les explicamos que todo habia sido un accidente, no existía en nuestro hogar maltrato infantil. Para terminar de empeorar las cosas Larita en su inocencia, cuando su padre se acercaba, ella preguntaba -¿papá cuando me van aponer mis manos? tenemos que regresar al hospital-. estas palabras desquiciaron a mi esposo completamente, ya no iba al trabajo, ni subía al carro, no quería saber nada de nada.
-Elia Ruiz- dijo -Sargento fue en ese momento que usted se dio cuenta que le faltaba a la niña-.
-Si señorita, como llevaba un polito de manga larga que le cubría los dos brazos, no repare bien al principio pero luego de las palabras de la señora nos dimos cuenta el Capitán y yo de la tragedia. Me estremecí de dolor, como le dije antes cuando en un caso hay niños, el dolor es intenso. El Capitán Márquez y yo teníamos hijos pequeños y sabíamos lo que significa el  drama de esta familia-.
La señora Luisa para terminar de contarnos lo sucedido nos dijo que su esposo ya no hablaba, salía a la calle y regresaba misterioso, hasta el día de hoy que sucedió la explosión y lo que ustedes han visto. Nosotros no entramos en más detalles, no deseábamos que la niña escuche que su padre no estaba más. El Capitán preguntó a la señora si tenia familia que la pueda ayudar y ella contestó que sus padres y hermanos estaban llegando para apoyarla. Nos despedimos y nos retiramos en silencio estábamos conmocionados con las palabras de la madre afligida que lloraba de dolor. Con el paso de los días las investigaciones arrojaron, que el padre habia comprado en el mercado negro cartuchos de dinamita, somos un pais minero no es difícil conseguirlos. Sacó el carro a la calle, tenia los cartuchos sobre las piernas, encendió las mechas y sucedió la explosión que fue aun más potente por la gasolina que tenia el carro. Ese fue el final del caso y de las investigaciones. La señora tuvo que ir a la jefatura para firmar su declaración - concluyó el Sargento.
Elia estaba sin palabras solo atinó a decir - Sargento estoy conmocionada, fue un caso muy triste de la niña y su madre, se imagina que fue de la pequeña sin sus manos. Luego supo algo de ellas-.
-No supimos más de la señora Luisa y su hija, la casa fue vendida y ellas se fueron a vivir con los abuelos de la niña. Siempre me he preguntado que fue de sus vidas-.
La hora de descanso habia terminado, Elia salió de la habitación del Sargento Sanchez a paso ligero estaba segura que le llamarían la atención, en el corredor se encontró con Amanda  y le dijo -señora buenas tardes, su esposo me ha contado una historia terrible y dolorosa estoy aturdida y no se si podre concentrarme en el trabajo. Amanda correspondió el saludo, ya sabia de que historia se trataba porque a ella le habia sucedido lo mismo cuando su esposo le contó sobre la tragedia de esa familia. 
El resto de la tarde los esposo conversaron sobre los hijos y los amigos, ya estaba cerca el día de la operación de Gerardo pero Amanda no habló del tema era mejor así.
En la noche en su casa Amanda fue directo al librero donde sabia que estaba guardado el álbum de fotos de su boda.  Se sentó cómodamente en su sillón favorito y abrió el álbum en la primera pagina estaba la fotos de los dos vestidos de novios, ella con un vestido de encaje blanco pero nada ostentoso y él con un terno oscuro, todo aquello le parecía tan lejano, recordaba cada detalle, por ejemplo las sonrisas nerviosas de Gerardo y la alegría de ambos se podían ver reflejada en cada imagen. 


CONTINUARÁ                      
    

 

domingo, 26 de mayo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

La honda expansiva de la explosión se sintió diez cuadras a la redonda. El teléfono de la comisaria no dejaba de sonar con las denuncias de los vecinos, sobre lo que habia sucedido, pronto nos enteramos en que calle fue el atentado. Hasta ese momento creíamos que era un atentado. Cuando llegamos a la calle en mención el escenario era desastroso parecía una escena de guerra. Puertas y ventanas de las casas vecinas habian salido volando por la fuerza de la explosión, por toda la calle habia pedazos de carro esparcidos y lo más grave, pedazos de un cuerpo humano. esparcidos en la pista y veredas. Piernas, manos, brazos, tronco de un cuerpo y cabeza, fue aterrador observar todo aquello. Cerramos de inmediato la calle para evitar que los curiosos se acerquen y contaminen la escena. Nosotros no podíamos levantar los trozos del cuerpo, ni mover nada hasta que no llegue el medico legista y el fiscal para dar orden de levantamiento. Después que nosotros llegamos, llegó el equipo de agentes de la policía de investigaciones para investigar los hechos y lo que habia ocurrido. Yo conocía al Capitán del grupo de investigadores. Me acerqué a él y lo salude -buenas tardes mi Capitán- muy serio me contestó -¿qué ha sucedido aquí Sánchez? -Mi capitán habido una explosión y hemos llegado hace diez minutos, solo cerramos la calle y no hemos tocado nada hasta que se inicien las investigaciones- conteste un poco aturdido por lo sucedido. -Sanchez- me dijo el Capitán venga conmigo vamos a comenzar la investigación mientras llegan el fiscal y el medico. El Capitán Márquez organizó a sus agentes y luego me preguntó -¿Cuál es la casa de la familia a la que le pertenece este carro?-. Señor, es la casa del frente conteste y señale el lugar. La casa no tenia la puerta principal ni la del garaje, ambas habian estallado en pedazos por la cercanía de la explosión, lo mismo  pasó con las ventanas, era en verdad un escenario de guerra, apenas se podía caminar entre los escombros. En el interior del inmueble se encontraba una mujer joven y una niña de cinco años más o menos, a ellas no les sucedido nada, por suerte. El Capitán Márquez se presentó y la señora apenas podía hablar por el llanto. Tenia un pañuelo entre las manos con el que se secaba las lagrimas. En la sala donde estábamos, también habian volado los cuadros, adornos y algunos muebles estaban de cabeza. La primera planta de la casa se encontraba muy dañada, la madre y la niña por estar en la segunda planta no les sucedió nada, en caso contrario habrían sufrido daños. Hasta ese momento no me habia percatado bien en la niña pero después reparé que algo le habia sucedido, la pequeña estaba en silencio y la expresión de su rostro nos indicaba miedo y tristeza. El Capitán Márquez comenzó a interrogar a la señora para saber cuales habian sido los hechos y el por qué de la explosión. -Es usted pariente de la persona que ha sufrido el accidente- eso pensábamos, qué era un accidente pero en el transcurso de la investigación nos dimos cuenta que no era así. La señora contestó -él era mi esposo- dijo y la voz se le apagó por unos segundos.
Elia Ruiz comentó -Sargento pobre señora, el terror que debe haber vivido por la explosión-
-Si, eso es verdad- contestó el Sargento -mi estimada señorita, ella apenas podía hablar pero lo siguiente que nos dijo, nos dejo perplejos y conmocionados. El Capitán Márquez le pidió que relate lo sucedido para la investigación. Ella aceptó declarar y comenzó a contar lo ocurrido -todo lo que paso empezó un mes antes. Mi esposo llegó a la casa una tarde después del trabajo, estaba feliz porque lo ascendieron a gerente de una de las agencias de un banco importante donde él trabajaba. No cabía en su cuerpo de felicidad, 
-Querida- me dijo -me han ascendido a gerente en una de las agencias del banco que está muy cerca de nuestra casa, te das cuenta. Está es una promoción que yo esperaba-. Me abrazó y se puso a cantar de alegría, cargó a nuestra hija y reía junto a ella, dos días más tarde se apareció en casa con un carro nuevo. Recuerdo que entró en la casa, me tomó de la mano y dijo ven para que veas lo que he comprado. Era para él, la felicidad plena, un carro nuevo, con su puesto de gerente le habian aumentado el sueldo y no pensó en otra cosa que comprar un carro. Mujer ahora si vamos a pasear por toda la ciudad, iremos a donde tú  quieras, nuestra hija va a ser feliz en cada paseo. Ernesto comenté, vamos a poder pagar ese carro. ¡Si! contestó, no te preocupes todo está bien pensado y analizado, los pagos déjamelos a mí. El Capitán Márquez escuchaba sin interrumpir y yo un paso más otras también estaba atento, la señora continuo con su historia. Con el paso de los días mi esposo cambio, ya  no era el padre amoroso que jugaba con su hija, estaba más atento al carro que a nuestra niña. Yo le reclame su actitud, le dije que pusiera más a tención a nuestra hija pero no me hizo caso. Llegaba del trabajo, se cambiaba de ropa y en el garaje se ponía a lustrar y limpiar el carro varias veces, sacaba los pisos los sacudía los volvía a poner con cuidado para que la alfombra no se malogre y cuando salíamos a pasear teníamos que entrar en el carro en punta de pies, los zapatos no debían tener una sola mota de polvo y hay si por algún motivo cerraba muy fuerte la puerta, me gritaba como si ésta se fuera a desarmar.  El carro se habia convertido en el centro de su vida, le compraba todos los adornos que podía, era un exceso. Cuando su hija lo llamaba para jugar o le reclamaba su atención, él la resondraba, le decia ¡vaya con su mamá! la tomaba de la mano, la llevaba a la casa y cerraba la puerta. Luego regresaba junto al carro para seguir limpiándolo o lustrándolo en pocas palabras estaba obsesionado con él. Yo lamentaba su cambio porque él siempre fue un padre atento y un esposo cariñoso y ahora se habia convertido en un desconocido. Lo lamentable de todo esto vino después, era sábado, se suponía que íbamos a salir de paseo. Me aliste con mi ropa de deporte y aliste también a nuestra hija, le dije Ernesto ya estamos listas para pasear. Él habia abierto la tapa del motor y con medio cuerpo adentro me dijo que no podíamos salir a pasear porque le faltaba aceite al carro y además debía limpiar algunas piezas. Me quedé asombrada con lo que escuche, él fue el primero que habló de pasear todos los sábados. Molesta entre en la casa con mi hija, ella lloraba y yo trataba de consolarla, fui a servir un vaso con agua y mi niña no sé de donde sacó una chapa de una botella de  gaseosa, fue donde estaba su padre  y junto al carro, lloró y suplicó ¡papá, papá! porque no vamos a pasear. Su padre no la escuchó, entonces mi hija con la chapa que tenia en la mano comenzó a rallar con fuerza la pintura del carro. Ya puede imaginar usted Capitán Márquez la reacción de mi esposo, le quitó la chapa y le pegó muy duro en el dorso de cada mano, mientras levantaba la voz para resondrarla. Con el griterío salí de la casa y encontré a mi niña llorando desesperada, su llanto era de mucho dolor. Me moleste con mi esposo y subí la voz también para increparle porque le habia pegado a su hija. Cargue a Larita y entre en la casa, fuimos a su habitación y la  consolé para que no siga llorando, el resto del día no hablamos con su padre. En la noche pasó lo peor, las manos de mi niña se habian hinchado de tal manera que los dedos se le pegaban unos a otros, no podía cerrar la mano y hacer puño. Grite asustada, mi esposo subió a la habitación y también se asustó. ¡Qué le habia pasado a mi hija! repetía en voz alta y lloraba desesperada. ¡Ernesto que vamos hacer!.  


CONTINUARÁ                         

 

domingo, 19 de mayo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

El Sargento Sánchez por un instante quedó en silencio, Elia Ruiz la asistente estaba nerviosa y asustada al ver que el paciente no hablaba y apenas respiraba.
Luego de unos segundos Gerardo Sánchez se recompuso y dijo -calma señorita, ya estoy bien fue una pequeña descompensación nerviosa al recordar episodios de mi vida que son tristes, amargos y me llenan de culpa, el más grande de ellos es haber sido un hijo ingrato-. Elia quiso interrumpir al Sargento pero éste volvió a decir: -sí, tengo que decirlo, he sido un hijo ingrato y esa es una carga que llevo de por vida. Cuando bajé de la montaña y me despedí de mi familia, nunca volví a regresar, siempre estaba ocupado, nunca tenía tiempo, siempre era el trabajo o algo más. Ni siquiera cuando mis padres murieron fui a despedirme de ellos. Me considero un mal hijo y estoy lleno de culpa y tristeza. Sabía como estaba mi familia por uno de mis hermanos que bajo de la montaña años después y ahora es doctor, él vive en Ayacucho, en esa ciudad ejerce su carrera de medicina. Con él estuve siempre conectado, él me buscó para decirme como estaban nuestros padres. Nada justifica mi descuido, nada justifica el olvido a mis padres y hermanos. Es una culpa que llevo y en muchas ocasiones me aprieta el corazón- terminó de decir el Sargento con voz triste y guardó silencio.
-Elia- respodio -usted no debe atormentarse de esa manera, es cierto que cometió un grave error, pero debe saber que los padres perdonan las faltas de sus hijos y yo estoy segura que ellos antes de dejar este mundo ya lo habían perdonado porque sabían que usted estaba luchando solo en la ciudad para abrirse camino y eso no es fácil de lograr cuando no se tiene la ayuda de la familia. No sea demasiado duro con usted y cuando rece por sus padres, pídales perdón. Donde ellos están ya lo han perdonado. Además la vida de un policía no es fácil, el trabajo que tienen es difícil y complicado y las horas de trabajo no son siempre de 9 a 5 pm. 
-Gracias señorita Elia- dijo el Sargento -mi esposa dice lo mismo que no debo juzgarme con dureza. Ahora voy a continuar con mi historia. Como le comentaba mi vida en la escuela era muy parecida a la del ejército salvó por los estudios que teníamos para formarnos como buenos policías. El trabajo en las calles muchas veces es muy peligroso. En los dos años de la escuela estudié y trabajé fuerte para lograr mis objetivos, también hice buenos amigos entre ellos Andrés Cassolino, mi segundo hijo lleva su nombre como muestra de nuestra amistad y además él era su padrino. Habló en pasado porque después voy a contarle que pasó con este querido amigo. En la escuela y en el trabajo nosotros éramos Cassolino y Sánchez esa era la costumbre y así nos quedamos. En cuanto a mi querida Amanda la vida nos volvió a juntar. Yo habia terminado mis estudios y era el día de mi graduación, toda la promoción estaba lista para salir y ejercer su trabajo, recuerdo que Cassolino y yo fuimos destacados a la misma Comandancia, estábamos felices. Después de la ceremonia de graduación y las palabras de los Comandantes y Generales, hubo una pequeña celebración en la casa de la familia Cassolino, disfrutamos de la alegría, de las felicitaciones de la familia, amigos y vecinos, hasta ese momento había cumplido mis sueños. Al día siguiente fue una casualidad encontrar Amanda en mi camino, ella me saludó y felicitó por mi graduación, me sorprendió su actitud amigable y cortés. No me atreví a invitarla a salir porque no deseaba recibir un no por respuesta. Me contó que todavía le faltaba unos meses para terminar su carrera de obstetris. Me alegre por ella y también la felicite, entonces me dijo: 
-Gerardo si deseas podemos ir a tomar un jugo, conozco un pequeño restaurante que tiene mesitas en la calle y es muy agradable el ambiente, preparan unos deliciosos jugos, tal vez ahí podemos conversar-. Me quedé sorprendido estaba escuchando correctamente o era una alucinación. Reaccioné de mi estupor y conteste rápidamente, por supuesto Amanda podemos ir donde tú desees. En la juguería conversamos de temas varios, ella tenía razón los jugos en el lugar eran deliciosos y se convirtió en nuestro lugar de encuentro siempre que podíamos hacernos un tiempo, yo por mi trabajo y ella por sus estudios. Recuerdo en una oportunidad que ella llevaba un libro de anatomía, me dio el libro y dijo: 
-sabes cuantos músculos entran en acción a la hora del parto, el cuerpo humano es asombroso-.  El destino nos había juntado de nuevo y no iba a desaprovechar, esta oportunidad. Cuando Amanda terminó su carrera y se gradúo comenzó a trabajar en un hospital, sus horarios también eran complicados pero los fines de semana eran nuestros, siempre que no nos tocará trabajar haciendo guardias en nuestros respectivos trabajos. El noviazgo fue una época muy buena, nosotros estábamos enamorados y soñábamos con casarnos y vivir juntos  Cuando cumplí los 29 años le pedí matrimonio, ella era un año menor y aceptó mi propuesta solo con una condición, que iba a seguir trabajando y ejerciendo su carrera. Yo no debía impedir aquello, estuve de acuerdo, pensé que no en vano había estudiado tanto para luego quedarse de sin hacer nada. Nos casamos como lo habíamos planeado, mi amigo Cassolino fue el padrino de boda. Después vinieron nuestros hijos, juntos hemos vivido tiempos buenos pero también momentos difíciles, logramos salir adelante hasta llegar a estos días. Ha sido grato y feliz compartir mi vida con Amanda y mis hijos. En cuanto a mi carrera como policía he visto y vivido de todo y puedo decir que no siempre eran cosas buenas. Recuerdo un caso que me afectó demasiado porque cuando hay niños de por medio esto se vuelve más complicado y triste, nunca te llagas acostumbrar.                            
Era mediados de la década del setenta yo trabajaba en la comisaria de Lince. Habían pasado más de diez años que había salido de la escuela, mi amigo Cassolino fue cambiado a otra comisaria, ya no trabajábamos juntos pero siempre nos visitábamos, para ese entonces él también estaba casado y nuestras esposas eran buenas amigas,  nuestros hijos jugaban juntos y la vida parecía no tener fin. Si mal no recuerdo era el mes de octubre y el invierno frío y gris había terminado. En la comisaria todo estaba tranquilo, parecía que iba hacer un día normal, con algunas capturas de delincuentes menores, quejas de algunos vecinos por disturbios en la vía pública, además de papeletas con multas de tránsito. El Mayor de la comisaria me llamó -Sánchez donde está su informe sobre las detenciones a los delincuentes menores, lo quiero en mi escritorio en un hora-. Tenía que darme prisa para escribir a máquina el informe que deseaba el Comisario. Sentado en mi escritorio comencé a redactar el informe, en la tercera linea fui interrumpido por uno de mis compañeros que dijo: 
-Sánchez tienes que ocuparte de este caso-. No puedo contesté, voy a escribir mi informe. Pero mi compañero insistió, me puse de pie y fui averiguar de que se trataba, era un hombre joven que entró en la comisaria, había sido asaltado en una de la calles del distrito muy cerca a la jefatura, estaba en ropa interior y sin zapatos, le dieron algunos cortes por resistirse. Fue lamentable lo que le había sucedido apenas podía hablar de la indignación y el miedo que sentía. Le dimos una manta para que se cubra y tomamos su denuncia y la descripción de lo que había pasado, luego en un carro patrullero lo llevaron a su casa. Terminado el papeleo del caso, volví a mi escritorio para ocuparme del informe. De pronto un terrible estruendo sacudió las ventanas y puertas de la comisaria, mi escritorio se movió. ¡Qué había sucedido!  ¿Era un atentado?  ¡una bomba!. Fue muy cerca de la comisaria el estruendo, el ruido habia sido fuerte, todo el cuerpo policial se puso en alerta y nos dispusimos a salir para buscar el lugar donde habia ocurrido el atentado. 


CONTINUARÁ                  
 

lunes, 13 de mayo de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Era de noche y Amanda en su casa conversaba con Nora su hermana, ella vivía a solo una cuadra, por ese motivo visitaba a su hermana Amanda con frecuencia. Las dos habían terminado de cenar y tomaban un café caliente en la sala. Las noches eran cada vez más frías, el invierno se anunciaba. 
-Amanda- decía Nora -ahora que ya saben la fecha de la operación ¿cómo se encuentra Gerardo? seguro está preocupado y nervioso pero todo va a salir bien querida hermana, tu esposo va salir del hospital sano y caminando. Todo lo que sucede ahora va ser parte del recuerdo en unos días- 
-Si, lo mismo pienso yo- contestó Amanda con seguridad  de que así sería -en este momento Gerardo está preocupado y trata de ser optimista pero lo conozco y sé que no quiere que yo me preocupe demasiado por  él-.
-Cambiando un poco el tema, te cuento que está semana para mí fue muy difícil y de bastante trabajo. Tuve tres partos, dos de ellos duraron varias horas, las madres primerizas demoran y el tercero se complicó un poco, pero gracias al cielo, los tres bebes dos mujercitas y un varón nacieron bien y sin contratiempos. Me aseguré que no quede rastros de placenta en el útero para evitar infecciones y complicaciones. La verdad es que las dos sabemos que siempre, un parto es de cuidado y hay que tomar todas las medidas de seguridad sanitarias para que después no existan consecuencias, peor aún, si se tiene el bebé en casa- terminó de decir Nora.
Amanda agregó -ya te has puesto en contacto con la institución que se va encargar de la adopción del bebé de tu joven paciente-
-No, aun no he hablado con ellos, pues recién va a cumplir cinco meses y hay varias semana de espera, lo que si te puedo asegurar es que su embarazo va muy bien, ella es joven y fuerte- dijo Nora al final.
Entre Amanda y Nora había mucha confianza, una era confidente de la otra y viceversa. Hablaban de todas sus cosas sin temor de que la otra pueda comentar con otras personas sus secretos. Eran dos hermanas muy unidas. 
Cuando Nora se despidió, Amanda se dispuso ir a dormir después de darse un baño, se puso su camisón preferido  y se animó a ver la televisión, había dejado a la mitad una serie policial que estaba viendo con su esposo, porque tuvo que llevarlo al hospital con dolores que venían desde la espalda hacía adelante hasta el bajo vientre. Gerardo fue internado y así comenzó su odisea para detectar cual era el mal que lo aquejaba. 
La casa que poseían los esposos ya había sido cancelada la hipoteca, los papeles de propiedad en orden y en algún momento Gerardo conversó con Amanda sobre todo aquello a lo que tenía derecho en caso de que él falleciera. Amanda se estremeció, no quería pensar en nada negativo, ella no necesitaba más dinero del que recibía por su pensión de retiro que le otorgaba el gobierno por sus treinta años de servicio como obstetra. Quería a su esposo de regreso en la casa para vivir una vida tranquila y llena de paz. Habían pasado juntos muchas situaciones difíciles y ahora se merecían un descanso sin sobresaltos. 
La noche no era buena consejera eso lo sabía muy bien el Sargento Sánchez, tendido en la cama del hospital no quería pensar en nada que signifique preocupaciones, se levantó y se acercó a la ventana a través de los vidrios miraba hacía el jardin, las luces del alumbrado creaban sombras sobres las plantas dando una sensación de apariciones, pero no tenebrosas sino tranquilizadoras. Estuvo de pie un buen rato, mirando por la ventana, que lejos parecían esos tiempos de su vida en lo alto de la montaña, casi no podía creer que alguna vez había vivido en la altura junto a su familia. El cansancio de estar de pie lo venció y se fue a dormir. mañana temprano sería otro día sin muchos cambios y la misma rutina en el hospital. 
Al día siguiente muy temprano tomó un desayuno ligero pero primero vino la ronda médica para controlar su estado de salud, no había cambios, todo estaba igual, solo había que esperar el día de su operación para definir de forma segura que pasaba con su cuerpo que se negaba a funcionar correctamente.
Transcurrió la mañana sin ningún incidente, conversó con algunos pacientes que como él esperaban el día de su operación. En la tarde después del almuerzo mientras dormitaba, entró en la habitación, Elia Ruiz para seguir conversando sobre su historia pero al verlo que dormía se dio media vuelta para salir de la habitación. En ese instante escuchó la voz del Sargento que decía: -Pase señorita Ruiz no estoy durmiendo-.
-¿Cómo esta Sargento? pensé que dormía y no quería molestarlo- contestó la asistente.
-No se preocupe, no me molesta, es todo lo contrario. Usted es una persona que sabe escuchar y eso me alivia y me hace olvidar mi enfermedad. Bueno en que nos quedamos. ¡Si!, ahora recuerdo, yo había ingresado a la escuela de Sub Oficiales de la Policía. Mi Vida en la Institución, no fue muy diferente a la vida en el ejército, era la misma disciplina y orden, salvo los estudios  sobre leyes, el trato con los ciudadanos, nos enseñaban cómo debían ser las intervenciones policiales con los civiles y cómo actuar frente a la delincuencia y otros temas policiales. En la escuela hice muchos amigos que eran mis compañeros de promoción. Hay conocí Andrés Cassolino, él se convirtió en mi mejor amigo y cuando nos recibimos de policías, juntos hicimos intervenciones y capturas a la delincuencia.  En el primer año de la escuela no podíamos salir durante tres meses, teníamos que aprender y acostumbrarnos al régimen policial, luego de ese tiempo salíamos los fines de semana. Como yo no tenía parientes en la capital, mi amigo Andrés me ofreció una habitación en su casa, con su familia. Estaba tan agradecido que insistí en pagar una renta no deseaba abusar de nuestra amistad. El dinero que ganaba haciendo trabajos y arreglos eléctricos me servían para pagar la renta. Su madre era una señora muy buena y su padre lo mismo, me hacian sentir que estaba en familia. Yo no puedo olvidar ese tiempo con la familia de mi amigo y mi vida en la escuela. Tengo que agradecer a los vecinos que los fines de semana que estaba libre solicitaban mis servicios como técnico electricista, muchos de ellos me recomendaban con sus amigos y así no me faltaba trabajo, podía tener dinero que era muy necesario para vivir en la ciudad. También conocí en ese tiempo algunas jóvenes con la que salía a pasear de manera amistosa, yo estaba tan concentrado en mi carrera que no quería distraerme con nada que no fueran los estudios. En el segundo año de escuela conocí Amanda, ella me impresionó por su delicadeza, su forma de actuar, además de ser muy atractiva. Pero ella no se fijó en mi, en lo absoluto y no es porque fuera orgullosa sino que estaba tan dedicada a sus estudios de obstetra que no tenía tiempo para nada más. Recuerdo que insistí en invitarla varias veces pero ella siempre me decía lo mismo -tengo que estudiar, lo siento no puedo distraerme-. Eso me ponía triste hasta que dejé de verla por un tiempo y continúe mi vida en la escuela con mis estudios, iba por otros lugares donde sabía que no la encontraría. 
En la capital estaba lejos de mi familia, los extrañaba sobretodo el primer año, pero luego fui acostumbrándome a la vida en la ciudad. 
La voz del sargento por unos segundos se apagó, no podía seguir hablando. Elia se asustó pensó que había entrado en crisis debido a su salud. 
-Sargento... ¿qué sucede? ¿qué pasa?  ¿desea qué llame a una enfermera?-.
Gerardo Sánchez levantó la mano para decir que no, trataba de recomponerse y seguir hablando pero unas lágrimas cayeron por sus mejillas. ¿Qué recuerdos lo atormentaban?... Elia no lo sabía, se sentía culpable al ver al Sargento en ese estado. 


CONTINUARÁ                      
            

 

domingo, 28 de abril de 2024

TRES HISTORIAS...¡5,500 MSNM!

Salí del cuartel que había sido mi casa por un año, no voy a negar que me sentí un poco triste porque en aquel lugar hice amigos y aprendí cosas nuevas que me servirían de sustento para el futuro.
-Sargento- interrumpió Elia -usted volvió a encontrarse con el General que lo ayudó en sus inicios-.
-No, lamentablemente no volvimos a vernos. años más tarde lo busqué pero él ya no estaba en este mundo- contestó con tristeza el Sargento.
Pero ahora déjeme continuar con la historia. Elia Ruiz levantó la mano y dijo -continúe usted, no lo voy a interrumpir-.
Como le decía, salí del cuartel y hasta ese momento no sabía donde iba a ir, di algunos pasos inseguros en la vereda frente al cuartel, luego decidí ir a la casa de la tía Carmina para pedirle por favor me de hospedaje por unos días, hasta saber a ciencia cierta que iba ha hacer más adelante. En los primeros pasos de la vida un hijo necesita el apoyo de sus padres, los míos por estar lejos no podían darme su ayuda, por ese motivo tuve que molestar a la tía que muy feliz me recibió. Yo comenté con ella que serían unos días hasta encontrar donde vivir y buscar trabajo. Mi tía me habló sobre su vecina que alquilaba habitaciones y luego agregó -puedes encontrar trabajo en el taller del señor Cleto, como su ayudante y técnico electricista. Yo le agradecí el consejo y prometí que buscaría al señor Cleto para hablar con él. Tenía un poco de dinero con el que podía pagar una habitación y luego con mi trabajo comprar comida, no deseaba por nada de este mundo incomodar a mi tía y a su familia por muchos días. Era diciembre y las fiestas de fin de año se acercaban. Mi tía Carmina me preguntó si iba a subir a la montaña por esos días para visitar a mi familia. Fui directo, le contesté que no, que no podía, ya tenía decidido lo que iba hacer. -Querida tía- exclamé -mañana parto a Lima, a la capital tengo que hacer algunas gestiones en la ciudad-. Ella contestó confundida -hijo, no pienses que te estoy botando de mi casa, solo estaba preguntando-. Yo agregué rápidamente -No se preocupe tía, sé que usted no me está botando sino todo lo contrario quiere ayudarme pero tengo que viajar a la capital, para mí es importante averiguar y hacer unas gestiones-. Es cierto que como técnico electricista podía trabajar y ganar un dinero, pero a mí me habia gustado la vida en el ejército y quería continuar en eso. Me gustaba el orden, la disciplina y servir a los demás. Ese mismo día compré mi pasaje para Lima. Al día siguiente me despedí de la tía Carmina, de su esposo e hijos, agradecí su ayuda, ella me dio un beso en la frente y sus bendiciones. A ella le entregué una carta para mi padre, donde explicaba el por qué de mi de viaje.  Me despedí de la ciudad del Cuzco y partí a la capital, con este viaje se abría una  nueva etapa para mi futuro, aunque éste se tornaba incierto, yo tenía que seguir adelante. El viaje por tierra fue largo y cansado, llegue a Lima con el cuerpo adolorido de estar tantas horas en la carretera. Nunca antes había estado en la capital, no conocía nada, todo era nuevo. Debía conseguir un lugar donde hospedarme que fuera cómodo y sencillo, no podía derrochar el poco dinero que tenía. En la misma agencia de viajes averigüé que había un hospedaje cerca, me dirigí al lugar, era sencillo pero limpio y el precio económico, lo tomé en el acto y luego de cambiarme de ropa me dispuse averiguar donde podía ubicar la escuela de policía. Estaba decidido, yo no tenía mucho dinero, no podía perder tiempo para averiguar como era el ingreso a la escuela. Fui hasta el lugar donde quedaba, mi sorpresa fue grande al saber que podía presentarme a la Escuela de Suboficiales para ser policía. Como era licenciado del ejército tenía algunas ventajas porque conocía como era la vida militar.       
Además el dinero no me alcanzaba para más. Mi inscribí para el ingreso y mientras no empezaba la escuela trabajé como técnico en un taller, gané algún dinero que me fue muy útil para mantenerme mientras esperaba dar los exámenes. Ingresé a la escuela con un examen impecable, había estudiado en el ejército y aquello me sirvió para presentarme. Con los ejercicios y la vida disciplinada en el ejército había ganado talla y fuerza muscular. Nada era nuevo para mí, en la vida de la escuela. 
-Sargento- preguntó Elia -hasta ese momento usted había cumplido sus deseos pero al llegar a la capital no sintió temor o desconfianza, no tenía amigos, ni familia, no conocía a nadie-.
-Señorita Elia- contestó el sargento -claro que tenía miedo, pero mis deseos de seguir adelante me daban valor, poco a poco fui aprendiendo cómo era vivir en una ciudad grande-.
Amanda esposa del Sargento Sánchez, interrumpió la conversación, el tiempo había pasado muy rápido y la hora de descanso de Elia Ruiz terminaba.
-¿Señora cómo está usted?- saludó Elia -estaba atenta, escuchando la historia de vida de su esposo. ¡Qué bueno! que tengan fecha para operación de su esposo-.
-Si, es bueno saber cuando se va operar. Veo además que está muy interesada en la vida de Gerardo-. contestó con una sonrisa Amanda. 
Elia Ruiz se despidió de los esposos y se fue a su oficina a seguir con su trabajo.
-Amanda- refutó su esposo -no sabes lo bien que me hace olvidarme un rato de mi enfermedad, la señorita es una persona fina y muy seria-.
-Lo sé Gerardo, no te preocupes, ella tiene la misma edad de nuestra hija Lucy- agregó Amanda.
-A propósito, nuestra hija llamó a noche para saber como estábamos. No le dije nada sobre tu enfermedad, ni operación-. Amanda mintió para no alterar a su esposo, ella lo conocía y lo menos que deseaba era iniciar una discusión. El padre no sabía que sus hijos iban a llegar en unos días para estar junto a él.
Hablaron de temas generales y de la familia, terminada la hora de visita Amanda se despidió, faltaban todavía unos días para la operación pero las dudas y la incertidumbre, estaban presentes. ¿Qué podían arrojar los resultados de la operación?, no se sabia.


CONTINUARÁ 

               

 

lunes, 22 de abril de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Cuando Amanda llegó a su casa ya había oscurecido, ella tuvo una larga conversación con su esposo en el hospital. Él tenía cierto temor de lo que iba ha suceder o de lo que podían encontrar en el interior de su cuerpo cuando lo operen. 
-Gerardo- le decía su esposa para tranquilizarlo -tienes que serenarte y pensar que todo va a salir bien, yo sé que nunca te han operado  pero vas a estar muy bien-.
-Amanda recuerda que no he sido operado por alguna enfermedad, pero te has olvidado del atentado que sufrí donde casi pierdo la vida, estuve dos horas en la sala de operaciones- contestó el esposo.
-Si, es cierto había pasado por alto ese episodio tan terrible, perdona no fue mi intención, solo quería que te sientas más tranquilo- dijo Amanda a modo de reflexión.   
El Sargento guardó silencio,  no sabía que contestar solo quería que todo termine pronto para que él pueda regresar de nuevo de nuevo a su hogar. Se entregó a las manos de Dios, solo él sabía lo que iba ha suceder.
Amanda dejó a su esposo un poco inquieto en el hospital, no podía hacer más por él, solo quería  que todo termine lo más pronto posible.  Ya en su hogar se sentó frente al teléfono, dudó un instante no sabía si llamar a sus hijos, después de unos minutos en silencio, dijo en voz alta  -ellos tienen derecho a conocer cual es el estado de salud de su padre y saber también todo sobre su operación-. Levantó el teléfono y llamó primero a Felipe su hijo mayor, luego hizo lo mismo con Andrés, ambos vivían en Los Ángeles y trabajaban en grandes empresas. Los dos eran ingenieros de sistemas. Por último llamó a su hija Lucy que vivía en Roma, era enfermera y trabaja en un hospital muy importante de la ciudad. A los tres le habló de la salud del padre sin crear alarma, pero fue inevitable, los tres se preocuparon y le hicieron muchas preguntas. Lucy lloró al otro lado de la línea, ella era muy cercana a su padre, los varones también se preocuparon pero mantuvieron la calma. 
-¿Por qué me llamas recién madre?- exclamó Felipe -debiste hablarme de la salud de mi padre desde el principio.
-Hijo, no podía decir nada al respecto, porque tu padre se oponía a que los llame, él ahora ignora que yo me estoy comunicando con ustedes para hablar de su operación y su salud en general. Tú conoces a tu padre y sabes que a veces puede ser muy terco- contestó Amanda para explicar la situación.
Los tres muchachos le reclamaron por igual y ella les comentó a sus hijos cual era la realidad  sobre la salud del padre.
Cuando terminó de hablar por teléfono, se sintió agitada y cansada de explicar a cada uno de los hijos la verdadera situación, por primera vez sintió miedo de lo que podía pasar con su esposo. Recordó los buenos tiempos y los momentos felices cuando estaban todos juntos en el hogar. Amanda y Gerardo habían recorrido un largo camino para llegar donde habian llegado. Criaron a sus hijos con dedicación y les dieron lo mejor de cada uno. Ahora los tiempos habían cambiado y se vivía más rápido. La familia tenía que adaptarse a los nuevos cambios, por ejemplo en el caso de su hija Lucy, era la única que estaba casada y por su trabajo de enfermera no podía disponer de  tiempo libremente, pero prometió a su madre que viajaría con su bebé que tenía recién un año de nacido, las cosas se complicaban para ella. Primero debía pedir permiso en el hospital, ella haría lo imposible para viajar y estar junto a su padre. Con los hijos varones era diferente, su trabajo era más flexible y podían viajar sin problema. 
No, sus hijos ya no eran niños, eran adultos que resolvían sus vidas, ellos debían estar enterados de la salud de su padre y la operación a la que iba ser sometido. Amanda respiró profundamente, deseaba que su esposo pase una noche tranquila y no piense demasiado en su enfermedad.
En el hospital al día siguiente Gerardo se despertó muy temprano, había tenido una noche más o menos tranquila, se sintió descansado y decidió no pensar más en su operación ni en su enfermedad, total dijo en voz alta -me entrego al cielo que Dios disponga-.           
Se levantó de la cama para pasear por el corredor quería hacer un poco de ejercicios, caminar era mejor que estar toda la mañana tendido en la cama. Como siempre después de almuerzo y en su hora de descanso vino a visitarlo la asistente Elia Ruiz para continuar con la historia que había captado todo su interés.
-Señorita Ruiz- comentó es Sargento -buenas tardes, gracias por venir a escucharme no sabe cuanto me ayuda a olvidar mi enfermedad-.
Elia Ruiz sonrió y tomó asiento en una silla cerca a la cama para seguir escuchando la historia del Sargento Gerardo Sánchez.
-Como le comentaba el día de ayer, yo deje a mi tía Carmina una carta para mi padre, con eso me quede más tranquilo porque él estaría al tanto de mi paradero. En otra oportunidad que salí del cuartel con permiso, coincidimos los dos en casa de la tía, pude abrazarlo y hablar con él. Después de ese encuentro no volvimos a vernos, para los dos fue difícil y complicado. En el cuartel lleve la vida de un recluta, cumplía con dedicación mis tareas y asignaciones, los meses pasaban rápido y se acercaba el fin de año, pronto terminaría mi vida en el ejercito. Una mañana el General me llamó a su oficina, yo me presente de inmediato ante él, seguro quería asignarme una tarea como en otras oportunidades pero estaba equivocado, está vez era diferente, su pregunta fue directa: -Sánchez ¿qué va hacer usted después de terminar su servicio militar?-.
-No sé mi General- conteste -todavía no lo he pensado- me encontraba  abrumado porque era la verdad, no había pensado todavía, lo que haría después de terminar el año. 
- ¡Qué piensa usted vivir eternamente en el cuartel!- refutó en voz alta el General.
Nervioso respondí -no, no mi General, sé que eso es imposible, mi ciclo en el ejercito termina a fin de año-.
-Entonces comience a pensar en su futuro inmediato, el tiempo no espera y la vida tampoco- contestó con autoridad y luego me pidió que me retire. Desde ese día comencé a pensar en mi futuro, el General tenía razón que iba hacer después de fin de año. En ese momento todavía no me daba cuenta que  él, sin proponérselo habia marcado mi destino. Para mí, lo que quedaba del año transcurrió rápidamente y llegó a su fin. Dentro del cuartel cada soldado había escogido un oficio para estudiar. Yo terminé como técnico electricista, tenía mi cartón con mi título en la mano y era muy gratificante, sabía que con eso podía ganarme la vida muy bien. En aquel entonces cada uno de los soldados terminaba con una libreta de ahorro donde el estado durante un año depositó dinero mes a mes, no eran  miles de soles, era una cantidad a manera de propina pero era suficiente para sentirse reconfortado. Me sentí bien, tenía una libreta de ahorro con dinero que me ayudaría a empezar algo. Cada uno de los reclutas terminó el año con su título de una carrera técnica y una libreta de ahorro. El día de la despedida el General se dirigió a nosotros en el patio central, todos estábamos correctamente uniformados y en fila. Habló en voz alta y nos dio palabras de aliento para nuestro futuro, nos dijo que el camino correcto era el mejor camino y que debíamos siempre actuar con pundonor, honradez y energía para dirigir nuestra vida. Luego que se despidió de todos, yo pedí hablar con él quería despedirme personalmente y agradecer haberme recibido en el ejército. 
Toque la puerta de su oficina para entrar, después del saludo de reglamento dije -gracias mi General por haberme recibido como recluta en el ejército. He aprendido muchas cosas nuevas que me van a servir en la vida, nunca voy a olvidar su ayuda y apoyo, espero haber estado a la altura de sus expectativas-.
-Sánchez, solo voy a decirle esto, vaya siempre por el camino correcto. quiero escuchar de usted solo cosas buenas y piense que va hacer de ahora en adelante con su vida. Puede irse usted tranquilo- Cuando terminó de hablar, yo me despedí y salí de su oficina con el ánimo en alto, sus palabras habían sido un aliciente para mi. Cruce por última vez el gran portón del cuartel, ya me había despedido de todos los amigos con los que había convivido durante un año. Con mi título y mi libreta de ahorro en las manos me sentía el dueño del mundo. Era un joven que todavía soñaba en que haría con mi futuro.


CONTINUARÁ                  
 

  
        
  
 

domingo, 14 de abril de 2024

TRES HISTORIAS...¡5,500 MSNM!

Amanda y su esposo caminaron por el pequeño jardín, era temprano y el clima estaba agradable. El sargento Sánchez se detuvo un momento frente a una urna  que estaba en la pared con la figura de la virgen de Fátima 
-Amanda- comentó extrañado -yo recuerdo que este jardín era más grande, han construido un pabellón nuevo al costado y se han llevado un pedazo de jardín, lo único que permanece igual es la urna con la virgen que está en la pared. Esto es lamentable, un jardín siempre es necesario para que los enfermos puedan caminar y estar al aire libre- dijo con pesar el sargento y observaba todo a su alrededor.
-Si Gerardo, tienes razón, yo también he notado que el jardín a perdido varios metros es una lástima pero ¿Qué podemos hacer?, tal vez era necesario la construcción de ese pabellón para albergar más pacientes. Ahora es mejor que regreses a tu habitación, comienza a enfriar y tú no puedes enfermarte ni siquiera con gripe, si esto sucede tu operación  va a demorar más. Seguro el doctor mañana muy temprano cuando venga a revisarte, dirá la fecha de tu operación, ya no pueden demorar más días- finalizó.
Gerardo Sánchez entró en su habitación murmurando fastidiado por la situación, el era un paciente de riesgo, entonces  por qué de la demora no podía comprender. Al meterse en la cama preguntó  a su esposa si todo en la casa andaba bien, preguntó también por algunos vecinos y amigos. Todos ellos le mandaban saludos, estaban preocupados por él pero confiaban que todo terminaría bien y él estaría  muy pronto de regreso en su casa. 
Amanda se despidió de su esposo al terminar la hora de visita y salió despacio de la habitación, él dormitaba y no quería molestarlo. Al día siguiente muy temprano lo visitó el doctor como le había advertido su esposa, el Sargento no pasó una buena noche, se despertó  varias veces y se sentía cansado. 
-Buenos días Sargento Sánchez- saludo el doctor.
-Buenos días doctor, sabe usted si ya tengo la fecha de mí operación- la pregunta del Sargento fue directa.
-Si, ya tenemos la fecha de operación, es el día jueves de la próxima semana. Se han demorado un poco en darnos el día porque este es un hospital muy grande y hay varias operaciones esperando- el doctor terminó de examinar a su paciente y comentó -no hay cambios en su salud debemos cuidarnos para el día de la operación- se despidió amablemente y se retiró.
Gerardo Sanchez se quedó tendido en su cama, cuando llegó el desayuno solo comió un poco de avena, tomó el café con leche y un pan, la comida de hospital no le gustaba.
Ahora que ya tenia la fecha de su operación, sintió algo de temor, no sabía que podían encontrar en su cuerpo o que andaba mal en su interior. Decidió no pensar más en ello, era mejor esperar para saber  la verdad. 
No se levantó toda la mañana estuvo ocupado leyendo una revista que le había traído su esposa ésta tenia varios artículos interesantes y resolvió algunos crucigramas que lo entretenían. 
Después del almuerzo Elia Ruiz tocó la puerta de la habitación y entró saludando: -buenas tardes Sargento ¿cómo está?- preguntó.
-Señorita Ruiz adelante, ya la estaba esperando para continuar con la historia de cómo me fue en el cuartel-.
-Gracias, por permitir que escuche sus relatos, realmente estoy interesada en saber cómo termina todo- contestó Elia y tomó asiento en una silla cerca a la cama. 
El Sargento sonrió y dijo -como le comentaba, yo era un recluta muy responsable y cumplía con mis obligaciones sin dudar. El general pasaba revista todas las semanas y debíamos estar bien presentados e impecables, en la formación. Los tres primeros meses de reclutamiento no podía salir del cuartel, yo pensaba en mi familia y lo preocupados que debían estar al no saber nada de mi existencia por eso el primer domingo que tuve permiso para salir en la tarde a pasear por los alrededores yo me dirigí de inmediato a la casa de mi tía Carmina que era prima de mi padre. Ella vivía a las afueras de la ciudad, sabía que mi padre la visitaba de vez en cuando. Mi tía y su esposo se dedicaban a la fabricación de baúles forrados en cuero y labrados con bellas imágenes, eran verdaderas obras de arte, es lo que llamamos baúles repujados en cuero. Podían hacer baúles desde los más grandes hasta los más pequeños que se usaban como joyeros, los fabricaban solo a pedido y les iba muy bien. A mi tía Carmina le comenté que es lo que estaba haciendo y donde estaba viviendo, ella se sorprendió cuando le dije que estaba en el cuartel, no imaginó que hacia el servicio militar. Le dije además que si mi padre venía a visitarla le diga  que me habia visto y estaba bien,  que no se preocupe por mí. Le dejé una carta escrita para que se la entregue. Con esto me quedé más tranquilo al saber que él recibiría una carta con noticias de su hijo. Mi madre sabría que yo estaba vivo.
Con la carta que entregue a mi tía tuve un gran alivio, regrese al cuartel temprano para seguir con mi entrenamiento y mis clases. 
-Su padre fue a visitarlo en algún momento- preguntó Elia.
-No señorita, él no fue a visitarme, no eran fáciles las visitas, nosotros éramos reclutas y los domingos podíamos salir a visitar a nuestras familias. Como puede comprender para mí no era nada fácil llegar hasta mi hogar por la altura y la distancia en la que vivían y para mi padre también era difícil venir a la ciudad. Tengo que decir que tuve la suerte de coincidir un domingo con él y uno de mis hermanos  en casa de la tía Carmina, fue muy emotivo el encuentro después de varios meses sin vernos. Hablamos toda la tarde de como era mi vida en el cuartel y de cómo fue que logré entrar gracias a la buena voluntad del General. Nos despedimos con la esperanza de volvernos a ver pero no fue así, para mí era cada vez más difícil y supongo que para él también. En ese momento todavía no sabía como sería mi vida más adelante y que decisiones tomaría a futuro.       
-Señor- dijo Elia  -seguro que su padre lo extrañaba, usted era el mayor de sus hijos hombres y su ayudante en el trabajo-.
-Si, eso es verdad pero debo decirle que más adelante mis hermanas darían la sorpresa y ayudarían a mi padre en el trabajo de esquilar a los animales. Ellas no se quedaron atrás y mi hermana mayor Rosita se convirtió en una experta en cortar la lana de las alpacas, todas mis hermanas ayudaban cuando los varones mayores nos fuimos y los que se quedaron eran muy pequeños para realizar el trabajo.
-Que bueno que todas ayudaban con el trabajo-.
El descanso terminó para Elia, como siempre se despidió y Gerardo Sánchez se quedó a solas se preguntaba porque su esposa no llegaba ya era la hora de visita y era raro en ella no venir a visitarlo. 
Amanda estaba terminando un trabajo que una colega le había pedido cuando llegó de visita su hermana Nora, estaba feliz y radiante ¿Qué sucedía para que ella demuestre tanta felicidad?
-Amanda preguntó a su hermana-
-Tengo que contarte- respondió Nora -mi paciente Gracia Domínguez ha tenido ayer su bebé, es un lindo varón muy saludable y de casi cuatro kilos de peso, fue por cesárea, como el doctor Arena dispuso. No te imaginas la alegría que tiene toda su familia. La madre de Gracia fue la que me llamó para contarme, yo la felicité por el recién nacido y mande saludos a la madre del niño.
Amanda se puso seria y preguntó -¿tu otra paciente cómo está?
-Te refieres a la joven de dieciséis años- contestó Nora y suspiró profundamente -ella sigue adelante con su embarazo a estas alturas no hay nada más que hacer, pero en su momento voy a hablar con ella sobre su decisión de dar al bebé en adopción-     
- Tienes razón no se puede hacer más por la joven. En cambio siento mucha felicidad por el nacimiento del niño y la alegría de la familia de Gracia, pero ahora tengo que irme al hospital, ya voy con  retraso para el horario de visita-. Las hermanas se despidieron, Amanda tomó un taxi era lo más rápido para llegar a tiempo al hospital.
Llegó faltando veinte minutos para que se acabe las visitas, los esposos conversaron sobre los pormenores de la operación que sería la próxima semana y Amanda mientras Gerardo hablaba sobre el tema y la mala noche que había pasado, ella pensó que era el momento de llamar a sus hijos para hablarles sobre la salud de su padre y la operación que iba a tener.                                   


CONTINUARÁ        

 

domingo, 7 de abril de 2024

TRES HISTORIAS... ¡5,500 MSNM!

Caminé detrás del soldado que me conducía hasta la oficina del general,  no tenía la menor idea de como me recibiría el oficial superior que comandaba el cuartel. 
El soldado al entrar en la oficina saludó al general: -Mi general aquí traigo al joven de la puerta- unos segundos en silencio y luego ordenó que me hagan pasar. Al recibir la orden yo entré y estaba parado frente al escritorio del oficial superior. El general al verme frente a él dijo en voz alta -¿Qué es lo que usted pretende? ¡morir en la puerta del cuartel! o pretende armar un escándalo! , al decir esto último, golpeó con fuerza su escritorio. Yo apenas pude pronunciar unas palabras -Señor, yo solo deseo hacer el servicio militar, es una súplica- El general me miró fijamente y contestó molesto -no te has enterado que las inscripciones para el servicio militar se cerraron hace unos días. -Señor, supliqué, por favor no me deje en la calle, yo tengo una gran voluntad de servir a mi patria-. 
Elia Ruiz la asistente que escuchaba la historia del Sargento Sánchez no lo interrumpía, ella seguía con atención sus palabras. 
El general se puso de pie y dijo con energía -¿Qué ha creído usted?, que esta es una institución de caridad! ¡Qué recoge a todo aquel que se sienta en el portón! ¡Esto es un cuartel militar gráveselo bien! finalizó. -Señor- volví a suplicar con voz temblorosa, -yo quiero servir a mi patria, es un sincero deseo, el ejército no me puede dar la espalda-. La habitación se quedó en silencio, fueron segundos de tensión, no sé si el general se compadeció de mí al verme famélico y pálido o tal vez le llamó la atención de verse frente a un muchacho que quería hacer el servicio militar voluntariamente. El oficial superior dio unos pasos en silencio por la habitación, luego llamó a su secretario -Capitán Gonzáles venga a mi oficina- el capitán presuroso entró en la oficina y dijo -mande usted mi General-. Yo me encontraba a la expectativa de sus palabras, no sabía si me iba aceptar o iba a mandar llamar refuerzos para que me saquen a la fuerza del cuartel de sus palabras dependía mi futuro. Señalándome con el dedo dijo -aquí tenemos a un nuevo recluta ponga su nombre en la lista, explique al comando que hubo un error y su nombre fue olvidado pero ahora se ha corregido el error. Entréguele un uniforme e indíquele en cual de las barracas va a dormir. No podía creer lo que escuchaba, el general había dado la orden de recibirme en el cuartel, estaba sorprendido y no sabía como agradecerle el que me acepte como recluta. Por toda respuesta el General contestó -vaya con el capitán Gonzáles, él le va indicar donde ir y lo que tiene que hacer-. Salimos los dos de la oficina, seguí al capitán, entramos al almacén donde se guardaban los uniformes, me entregó el mío además de un par de botas y ropa de cama, luego me señaló el camino y dijo -sígueme-. Mi barraca era la última de una  fila de cinco barracas, entramos en ella y el capitán me indicó el catre donde dormiría. Antes de salir me ordenó -báñate, ponte el uniforme y preséntate en la cocina-. No repliqué ni dije una sola palabra pero estaba sorprendido, la orden era presentarme en la cocina. Cuando me quede a solas obedecí la orden del capitán, tal vez en la cocina podía comer algo, realmente moría de hambre. Cuando estuve listo y uniformado, me dirigía a la cocina un soldado me detuvo, -debes ir primero a la peluquería ahí te cortaran el pelo- cambie mi rumbo y llegué a la peluquería, efectivamente me esperaban para el corte de pelo como dice el reglamento. Después del nuevo corte de pelo, sentía mi cabeza más ligera, me habian rapado casi a coco, sonreí al verme en el espejo casi no me reconocía, agradecí al peluquero y salí del lugar para ir rápidamente a la cocina. Me presente ante el cocinero en jefe que al verme me ordenó -en esa esquina están las papas que tienes que pelar- gire sobre mis pies y vi un cerro de papas que me esperaban, no protesté ni me queje en lo absoluto, me había prometido a mí mismo ser un buen soldado y obedecer las ordenes que me daban, me senté en un banco y comencé  a pelar papas una tras otras sin quejarme, al terminar los dedos y las palmas de la mano me dolían. El cocinero me ordenó lavarlas y tenerlas muy limpias dentro de unas grandes ollas. Pase tres días pelando papas por orden directa del general, yo creo que el deseaba ponerme a prueba. En la mañana de ese día no pude comer nada, tenía que esperar la hora de almuerzo, ayude en algo en la cocina y después me mandaron donde el sargento que seria mi instructor. Llegué a su oficina, el cuartel era muy grande tuve que caminar dos cuadras, me presente con mis nombres y apellidos de ahí en adelante sería llamado Sánchez, solo por mi apellido, al medio día llegó la hora de almuerzo, comí con desesperación, el hambre me perforaba el estómago, en la tarde me presentaron en el patio como el nuevo recluta algunos se sorprendieron porque habían pasado varios días de haber cerrado el ingreso al cuartel pero mi historia no debía saberla nadie esa era una de las condiciones del general. Por todo argumento yo sostuve que me habían trasladado de otro cuartel y no sabía el motivo. Con el paso de los días me hice parte del regimiento y no llame más la atención. Lo que si puedo asegurar es que me convertí en el recluta más esforzado. A la hora del entrenamiento yo era el que más ejercicios hacía, el que más se aplicaba en los estudios y en el turno de hacer mis guardias era atento y muy avispado. Sabía que el general preguntaba por mí, debes en cuando y yo quería demostrarle toda mi gratitud por haberme dejado entrar. Con el paso de los días también extrañaba a mi familia, pensaba en ellos, lamentaba no poder comunicarme y contarles donde estaba, para ellos yo había desaparecido.                             
Mi vida ahora era el ejército y no saldría del cuartel pasado lo tres meses, eso en algo me aliviaba porque los domingos nos darían un descanso. Cuando fui conociendo más al general me di cuenta que era un hombre recto, un hombre a carta cabal, él honraba el uniforme que llevaba. Dirigía el cuartel con mano firme pero justa y sin problemas que pudieran manchar el uniforme.
Hice amigos dentro del cuartel, hubo el bautizo de recién ingresado pero nada grave, cumplía las ordenes que me daban y no tenía problemas con los horarios de levantarme al amanecer o hacer mis guardias como se esperaba. En los estudios cumplía con mis asignaciones y no dejaba de estudiar. Dentro del cuartel tenía una vida ordenada y estricta.
Elia Ruiz le sirvió al Sargento un vaso con agua se lo entregó diciendo -creo que por hoy es suficiente Sargento mi descanso ya termina y debo ir a mi oficina a seguir con mi trabajo, agradezco sus palabras- finalizó.
-Las gracias se las doy yo por escucharme- comentó -mañana continuaremos con la historia.  
-Señora Amanda buenas tardes- saludó Elia al ver entrar a la esposa del sargento, ya me despedía de su esposo. 
Amanda sonrió y también saludó, Elia era una joven formal y educada: -Gerardo veo que estás de mejor ánimo, no estás hablando demasiado, recuerda que debes reposar en las tardes.
-No Amanda, estar todo el día en esta cama es lo que me va a matar, ayúdame a levantar y dar unos pasos por el corredor eso me va aliviar. Amanda ayudó a su esposo a levantarse, salieron a caminar por el corredor hacia un pequeño jardin. el aire fresco de la tarde despejo su frente. 
-Amanda ya sabes cuando tengo la fecha de mi operación- pregunto el Sargento.
-No todavía no se nada al respecto pero debemos estar preparados en cualquier momento nos indican cuando es el día. Nora te manda muchos saludos, ella quiere venir a verte pero el problema es que solo dejan pasar a una persona- comentó Amanda
Gerardo Sánchez no contestó, el apreciaba a su cuñada pero a veces era un poco insistente con sus preguntas y él ahora solo deseaba paz y serenidad.


CONTINUARÁ